miércoles, 26 de mayo de 2010

Por coherencia y por justicia

Por fin se ha confirmado que Antonio Alvarez será el entrenador del Sevilla la próxima temporada. Era algo que se veía venir, por mucho que algunos se empeñaran en rellenar páginas en sus medios con rumores sobre otros técnicos. No hay más que ver la política de la directiva en los últimos años. Una política que define al Sevilla como una empresa en la que las decisiones se toman en función de los objetivos cumplidos. Jiménez cumplió el año pasado y renovó. Alvarez lo hace este año, y continúa en el cargo. A eso se le llama coherencia, y es algo imprescindible en cualquier proyecto. Los integrantes del mismo deben saber cuáles son las reglas. Si haces esto, pasa esto. Y si no lo haces, pasa esto otro. De ese modo, todo el mundo sabe lo que tiene que hacer y se concentra a ello, porque no hay lugar a sorpresas o elucubraciones que hagan volar las mentes de las personas.

Pero es que, además, es una cuestión de justicia. Antonio Alvarez se merece ser entrenador del Sevilla. Ha demostrado que puede valer para ello (otra cosa es lo que haga en adelante), y es justo que le den un voto de confianza. Cogió al equipo en un momento pésimo, con el marrón que eso supone, y lo sacó adelante. Eso después de tener que tragarse la decepción que le supuso la elección de Manolo Jiménez en su día, cuando él como segundo de Juande era otro de los principales candidatos. No se fue del club entonces, como muchos otros hubieran hecho, sino que se mantuvo a disposición de lo que mandasen los dirigentes y llevó a cabo su nueva labor con dignidad. Por fin le llegó la oportunidad, y la aprovechó, de eso no le cabrá duda a nadie. Por eso es justo que siga en el puesto.

Aparte de todo esto, en mi opinión hay más factores a tener en cuenta a la hora de aceptar que se trata de una decisión acertada.

Primero, Alvarez cuenta con el respeto de los pesos pesados del vestuario: Palop, Escudé, Renato, Navas, Kanouté... la vieja guardia de los cinco títulos. Eso es imprescindible para el buen funcionamiento interno de la plantilla. A lo largo de una temporada hay que tomar decisiones complicadas, como dejar en el banquillo a una estrella, o meter las cabras en el corral cuando alguno de los futbolistas se sale del tiesto. Esto, con el apoyo de los capitanes, es mucho más fácil de hacer.

Segundo, cuenta con la cantera. No se le caen los anillos por sacar como titular a un tal Luna en el partido más importante de la temporada (Almería), ni en la final de la Copa del Rey. Ni tampoco en confiar en Rodri en el momento más delicado. El chaval le dio la razón con el gol que nos metió en Liga de Campeones. En los escalafones inferiores del club hay un buen número de futbolistas pegando muy fuerte, y es fundamental que el técnico del primer equipo sepa cómo contar con ellos para que así no se estanque su progresión. Hablo de los Cala, Valiente, Luna, Luis Alberto, Jose Carlos, Rodri, etcétera.

Pero, por encima de todo esto, hay algo de lo que he apenas he escuchado hablar, y que a mi me parece muy importante. El Sevilla, por como tiene organizada la estructura del club, necesita a un entrenador dócil. Y cuando digo dócil, me refiero a que aquí no cabe un Mourinho de la vida, que venga exigiendo futbolistas y modos de trabajar. Aquí, los futbolistas los pone Monchi y su equipo. Y el modo de trabajar viene dado por los dirigentes desde hace años. Esto de entrenador dócil es algo que fue muy criticado cuando era Jiménez el técnico. Le echaban en cara que siempre decía si a todo lo que venía de arriba. Puede que fuera así, y puede que a veces sea necesario rebelarse un poco. Pero el entrenador tiene que aceptar las directrices dadas. Los éxitos son de todos, y los fracasos también.

Dicen que Juande no se fue del Sevilla sólo por dinero (que también, sobre todo eso), sino porque no le permitieron meter mano en la parcela de fichajes. Eso era lo que él quería. Jugar al "Fútbol Manager" en la vida real con el Sevilla. Ser un Benítez, un Wenger o un Ferguson a la española. Justo eso le ofrecieron en Londres, y justo por eso fracasó allí. En Inglaterra se dieron cuenta de que el responsable del éxito del Sevilla no fue Juande, sino el propio Sevilla. Su estructura organizativa.

Bien. Pues Antonio Alvarez cumple a rajatabla con ese perfil. Y está claro que para traerse a Manzano, a Quique o a cualquiera de estos, pues es mejor quedarse con Alvarez. Otra cosa sería fichar a un gran entrenador, de los grandes de verdad, como podría haber sido Laurent Blanc. Pero, como ya he dicho muchas veces, estos tipos no están al alcance del Sevilla. Ni Benítez, ni Ancellotti, ni Mourinho, ni Guardiola..., ni tampoco Blanc, nada menos que el próximo seleccionador de Francia. No de Albania o Bielorrusia, no. De Francia. Casi nada.

Por todo ello, considero la renovación de Antonio Alvarez como un gran acierto. Y me alegro muchísimo por él. Y también porque siga siendo un gran sevillista quien lleve el timón de la nave.

Por cierto, ¿alguien va a dar alguna explicación después de la terrible vara que nos dieron con lo de Gregorio Manzano? Sí hombre, en la víspera del partido en al Ono Stadi, con Jiménez aún en el banquillo. Cuando en el blog personal de Manzano se publicó esa especie carta de despedida que estos interpretaron como que lo tenía hecho con el Sevilla. En esos momentos ni siquiera se pensaba en Antonio Alvarez.

¡Qué manera de inventarse historias!

Que cosa más ridícula. 

domingo, 23 de mayo de 2010

La hora del balance

Una vez terminada la temporada, y pasada la celebración del título de Copa obtenido, es el momento de hacer balance con serenidad.

Esta ha sido una de las temporadas más difíciles que se recuerdan el los últimos años, como también lo fue la 2007/2008, tras la muerte de nuestro añorado Antonio Puerta y la marcha por la puerta de atrás de Juande Ramos. Y eso que comenzó de un modo magnífico, con el equipo metido en la pelea por el primer puesto, y desplegando un fútbol de altura, tanto en Liga como en Champions. Pero las cosas se torcieron a partir del partido contra el Málaga, en el cual, caso de haberlo ganado, nos hubiéramos encaramado a la segunda posición. Tras ese encuentro, el equipo entró en una dinámica negativa de la que apenas hemos conseguido salir hasta el final. Un sinfín de lesionados, un debate interno acerca de la figura del entrenador, y una racha de malos resultados acabaron por hacer descender nuestras expectativas de un modo drástico, hasta el punto de celebrar casi como un título un cuarto puesto conseguido in extremis y de milagro, siendo nuestro rival directo un equipo en teoría inferior como el Mallorca. Y eso que se nos daba al principio como alternativa a los dos grandes. Afortunadamente, el curso terminó con los objetivos mínimos cumplidos, y con un título de Copa que nos ha hecho olvidar todos los sinsabores anteriores.

Pero todo esto nos ha hecho aprender mucho. Nos ha hecho crecer, porque no hemos permitido que una temporada complicada acabase por hundirnos. Eso le ocurrió a otros equipos en los últimos años. Me acuerdo del Valencia de Koeman. O del Deportivo de la Coruña, que ya no se parece en nada a aquel Superdepor. También de la Real Sociedad, por ejemplo, que pasó del subcampeonato de liga, a un descenso a Segunda División. O del Zaragoza, que parecía candidato a ganar la UEFA el año después de nuestro éxito en Glasgow, y que acabó con sus huesos en la categoría de plata. Incluso este año, equipos como el Atlético de Madrid o el Villarreal han fracasado estrepitósamente en Liga. Pero nosotros no. Nosotros hemos sabido sobreponernos a las dificultades y mantenernos en las posiciones de privilegio. No nos hemos hundido. Hemos aprendido a sufrir. A ganar también cuando las cosas no vienen rodadas. Eso también es ser grandes. Es más, eso es más motivo para considerarnos grandes que lo hecho con Juande Ramos en el banquillo. Porque hemos aprendido que somos capaces de ganar en cualquier circunstancia, y jugando de la manera que sea.

También hemos aprendido a comprender que no siempre se puede jugar bien. Y que no es necesario hacerlo para ganar. Al menos, yo lo veo más o menos claro. Durante este año se ha desarrollado un debate alrededor del juego del equipo que ha provocado hasta la división del Sevillismo. Sin embargo, al final esa división no se ha dado. Al contrario, todos fuimos a una en pos de la cuarta plaza y del título de Copa. Y ambas cosas se han conseguido. Porque el Sevillismo unido es invencible, está más que demostrado. Y eso que el juego del equipo tras la marcha de Jiménez no mejoró ostensiblemente. Pero es que no se trata de jugar bien. Se trata de ganar bien. Con Jiménez en equipo ganaba mucho, pero daba la sensación de poder perder en cualquier momento. Con Alvarez, el equipo ganó mucho también, pero sin jugar mejor. No obstante, ganaba bien. No jugaba de maravilla, pero tampoco daba la sensación de que en cualquier momento la cosa se podóa ir al garete (como contra el Getafe en Copa, por poner un ejemplo). Eso hemos aprendido. No podemos pretender que el equipo arrase siempre, pero sí que se comporte como un grande. Que, cuando no se pueda jugar bien, se sepa tirar de oficio para sufrir lo menos posible. De aquel debate de la primera parte de la temporada, ni unos ni otros teníamos razón.

Y creo que eso nos lleva a avanzar en la búsqueda de nuestra nueva identidad. Del equilibrio necesario para saber exigir al equipo lo justo. Ni más ni menos. La afición debe estar unida porque eso, ya digo, nos hace indestructibles. Y este año hemos aprendido la forma de conseguirlo.

Otra cosa que me ha llamado mucho la atención es la actitud de algunos jugadores. En mi opinión, en este equipo sobran futbolistas, no por su calidad, sino porque esta sin actitud no vale para nada. Yo ya estoy harto de escuchar a algunos diciendo continuamente que se quieren ir. O dejándolo entrever, o presionando para conseguir algo. Yo creo, por ejemplo, que Luis Fabiano tiene que ser vendido ya. Se le ha sacado mucho partido, es un extraordinario jugador, pero sólo rinde cuando le da la gana, y siempre pensando en si mismo y en sus intereses. Luis Fabiano no es un ídolo de la afición. Ni debe serlo. Todo el mundo entiende que los futbolistas quieren progresar en su carrera (como decía Dani Alves), pero siempre partiéndose el pecho por quien le paga, no faltando al respeto. Y O Fabuloso va a cumplir treinta años. O le sacamos partido ya, o se nos escapa la oportunidad de hacerlo.

Otro que me tiene un poco harto es Adriano. Con Capel y Perotti por delante de él, este año sólo ha pensado en sus opciones de ir al Mundial, empeñándose en jugar de lateral izquierdo no porque eso fuera bueno para el equipo, sino porque esa es la posición menos clara en la selección de Brasil. Al final se perdió entre lesiones, malas actuaciones y alguna que otra expulsión que no venía a cuento. Para colmo, este es otro que deja entrever que se iría de aquí con gusto. Un equipo como el Sevilla necesita de la implicación total de sus futbolistas para conseguir sus objetivos, porque por presupuesto no podemos competir con nuestros rivales directos. Y el que no esté implicado, no nos vale. Se entienden las lesiones, las malas rachas, incluso los problemas personales, que los futbolistas no dejan de ser personas. Pero hay otras cosas que no son de recibo.

Han habido otros jugadores con actitudes un tanto dudosas, como Konko, Negredo o Romaric. Y estoy convencido de que la dirección deportiva debería tomarse esto en serio, porque la cantera viene pegando muy fuerte. Y yo tengo muy claro a quien daría oportunidades y a quien no. A quien ya no más, quiero decir.

Y ahora comienza el debate acerca de la figura del técnico que debe dirigir nuestros intereses a partir del próximo año. Yo tengo más que claro que renovaría a Antonio Alvarez. Si defendí la renovación de Jiménez el año pasado, no tendría sentido no hacer lo propio con Alvarez ahora. Y no sólo es una cuestión de coherencia. Alvarez ha demostrado templanza y oficio, aparte de sabiduría aunque esta ya se le conocía. Pero es que, además, tiene el respeto de la plantilla, algo imprescindible para el éxito. Y también el respaldo mayoritario de la afición. Para colmo, ha cumplido con su cometido con solvencia. Cogió a un equipo desenchufado y destrozado tanto física como anímicamente. Y ha logrado el cuarto puesto y el título de Copa. Para colmo, estoy convencido de que, si el equipo hubiese estado mejor, el juego hubiese sido mucho más vistoso. Pero es que los jugadores estaban como estaban. Tantas lesiones han pasado factura en lo físico, y el final de la temporada se ha hecho eterno. Más no se podía hacer.

Que, por cierto, lo de las lesiones es algo que se debería mirar. No tengo ni idea de si se ha tratado de un tema de mala suerte, o si es verdad que dicen algunos que se ha debido a una mala preparación física, y también que el equipo médico no ha sabido diagnosticar y tratar del modo que debería. Insisto que no tengo ni idea, pero los que sí que lo sepan que hagan algo, si hay algo que se pueda hacer, porque la rémora que hemos sufrido este año a cuento de eso ha sido verdaderamente escandalosa.

Con todo, una vez más, es inevitable mrar al futuro con optimismo. Creo que el Sevillismo se ha quitado de encima el peso de ese convencimiento que muchos tenían de que lo de aquel año mágico de los cinco títulos podía quedar en algo anecdótico en la historia del club, y que nos vendríamos abajo otra vez sin remedio. No nos hemos venido abajo, y hemos vuelto a ser campeones en nuestra nueva situación. Ahora sabemos que los éxitos pueden seguir llegando, y que el proyecto es serio. Indestructible que diría Del Nido. Creo que ya nadie pedirá al equipo que quede campeón de Liga, n que gane cinco títulos en quince meses. Y eso nos quitará un punto de presión que puede hacernos incluso más fuertes.

Por lo pronto ya tenemos un nuevo fichaje. El francés Dabo. Y al más puro estilo Monchi de los mejores tiempos. Un jugador joven, desconocido pero con algo de caché (una convocatoria con Francia no es algo extraordinario, pero si algo que hace albergar esperanzas), y además ha llegado gratis. Para colmo, es polivalente, y puede cubrir dos de las posiciones más frágiles del equipo. Los dos laterales.

Como comienzo no está nada mal. Aún se oyen los gritos de la celebración de la Copa, y ya tenemos el primer fichaje entre manos.

Y por ahí siguen otros dándole vueltas a eso de los sueños. Yo sí que tengo sueños.

jueves, 20 de mayo de 2010

Y por fin cayó el mito

Don Ramón Sánchez Pizjuán, el mejor presidente de la historia del Sevilla hasta que don José María del Nido le sustituya, falleció el 28 de octubre de 1956. Dirigió los destinos de nuestro club desde 1932 hasta el mismo día de su muerte, con un paréntesis de por medio. Murió con la camiseta puesta, como quien dice. En ese periodo de tiempo, el Sevilla logró todos los títulos que poseía hasta mayo de 2006. Y no sólo eso, sino que se consagró como uno de los grandes del fútbol español, gracias a una descomunal racha de resultados y de sensacionales temporadas que incluyeron tres subcampeonatos. Y también algún que otro título liguero mangado por los árbitros, que eso de los mangazos arbitrales no es nuevo de ahora. Esa temporada en la que don Ramón falleció, el Sevilla continuó con su inercia ganadora, proclamándose subcampeón de liga por cuarta ocasión, y clasificándose por vez primera para la Copa de Europa.

Pero desde que don Ramón falleció, el Sevilla se fue viniendo abajo hasta caer incluso a la segunda división, convirtiéndose en el club mediocre que la inmensa mayoría de nosotros recordábamos... hasta mayo de 2006. Parecía como que sin él, el Sevilla nunca volvería a ser tan grande como en aquella época. Incluso se le llegó a poner su nombre al estadio que se estaba construyendo por entonces, y que se inauguró en 1958. Nuestro estadio, nuestra casa. La Bombonera de Nervión.

La grandeza del Sevilla se convirtió en mito, en leyenda, en algo lejano en el tiempo. Pero ese mito cayó el 23 de abril de 2006, con el gol de la Zurda de Diamante. Y el Sevilla volvió a ser grande. Más incluso que en aquella otra época. Llegaron los títulos, la borrachera de títulos, y ese fútbol primoroso que asombró a todo el mundo. Era el Sevilla de Del Nido, de Monchi, de Juande Ramos... de Antonio Puerta

Pero, al igual que ocurrió con don Ramón, un fallecimiento trucó esa época tan gloriosa. Fue el de Antonio Puerta, el que marcó el gol que nos cambió la vida. Este también murió con la camiseta puesta. Y desde que Puerta falleció, el Sevilla no volvió ni a parecerse a ese tan grandioso de tan poco tiempo atrás. Parecía que sin él, el Sevilla nunca volvería a ser tan grande como entonces. Incluso se le llegó a poner su nombre a la Ciudad Deportiva de donde tantos y tantos jugadores han salido. Incluído él mismo.

Aquel Sevilla de los cinco títulos se convirtió en un mito, en leyenda, en algo que, a pesar de ser cercano en el tiempo, parecía que nunca más se volvería a repetir.

Pero, caprichos del Destino, ese mito también ha caído. Cayó anoche, el 19 de mayo de 2010. Gracias a Dios, no tuvmos que esperar otros cincuenta años para verlo. Sólo tres.

Anoche, el Sevilla fue otra vez campeón. Sin don Ramón Sanchez Pizjuán, y sin Antonio Puerta. Y, para colmo, el gol que nos abrió las puertas de la gloria tuvo que ser del "16" (no del eterno como contra el Schalke, sino del actual), del extremo izquierdo del equipo, del jugador salido de la Ciudad Deportiva que se llama "Antonio Puerta" que acabó por sustituir al gran jugador que puso nombre a esas instalaciones. A nuestra "Fábrica de los Sueños". Y el gol vino tras una jugada de Jesús Navas, y con un disparo desde fuera del área. Igual que el de Puerta.

Si eso no son caprichos del Destino, que venga Dios y lo vea.

Por fin cayó el mito. El otro mito. Ahora sabemos que el Sevilla no necesita de mitos para ser campeón. Ni tampoco de años mágicos, ni de Juandes Ramos. Ni siquiera de hacer un fútbol primoroso que asombre al mundo entero. No necesitamos ser el mejor equipo del mundo ni, además, ganar todo lo ganable salvo lo que los árbitros nos impidan, como aquel día en Mallorca.

Este año el Sevilla ha crecido más que en los últimos diez. Y mira que el los últimos diez hemos crecido. Esta año hemos aprendido a ganar cuando la inercia es negativa. Cuando se juega mal. Cuando se tienen tantas lesiones que el equipo llega al final de la temporada fundido. Cuando el entorno crea un ambiente tan negativo y pesimista. Cuando incluso se destituye a un entrenador por primera vez en... yo qué se en cuando tiempo.

Ahora somos más grandes. Muchísimo más grandes. Ahora somos uno de esos equipos que salen a ganar a pesar de tenerlo todo en contra. Anoche se vio claro. Ocho bajas, seis de ellas en defensa, y un puñado de chavales casi debutantes en la convocatoria. Fuimos dominados y asediados. Estábamos fundidos, hundidos físicamente, destrozados. Pero ganamos. Mientras veía, con el corazón en un puño, cómo el Atlético de Madrid se desfondaba, intentando una y otra vez abrir la lata de nuestra defensa, no podía evitar acordarme de la cantidad de veces que nosotros fuimos el Atlético de anoche, y nuestro el rival este Sevilla. La de ocasiones en las que "jugamos como nunca y perdimos como siempre". La infinidad de partidos contra equipos grandes en los que demostramos merecer más, pero que nos fuimos con la derrota porque los grandes siempre ganan. Estén bien, mal o regular. No importa. Siempre ganan. Por eso son grandes.

Anoche, los grandes fuimos nosotros. Y el Atlético el equipo menor que se partió la cara intentando ganarnos, que igual hasta lo mereció, pero que perdió ante el grande porque los grandes siempre ganan. Por eso son grandes.

Madre mía, ¡qué gustazo!

Hoy quiero dar la razón a esos que dicen que el Sevilla ha terminado un ciclo. Sí señor. Es completamente cierto. Pero el ciclo que ha terminado no es ese que empezó con la borrachera de títulos. No. Ese terminó en agosto de 2007 con la muerte de Antonio Puerta. El ciclo que ha terminado es ese que ha servido de transición entre el inicio de un nuevo mito, y su definitiva caída. Anoche terminó el ciclo. Anoche cayó el mito.

Y es justo aquí cuando me quiero acordar de Manolo Jiménez. El entrenador que tuvo los cojones y el sevillismo de llevarnos por esa travesía del desierto que fue ese ciclo que anoche terminó. Haciéndolo en contra de todo el mundo, y manteniendo al Sevilla en lugares de privilegio. Esta Copa es del Sevilla, no de nadie en particular. Pero, dentro del Sevilla está Manolo Jiménez. Y no sé cuanto tiempo pasará, pero llegará el día en que se reconocerá al de Arahal la enorme labor que hizo en unos momentos tan complicados. Él no derribó el mito, pero impidió que el Sevilla cayera por culpa del mismo. Como le pasó la otra vez.

Y a partir de ahora comienza una nueva era. Ahora somos más grandes, ya lo dije antes. Ahora sabemos mucho más. Ahora somos conscientes de que otro título como el conseguido ayer puede llegar en cualquier momento. Sin necesidad de mitos. Sin necesidad de hacer un juego primoroso. Sin necesidad de grandes líderes en forma de jugador, presidente o entrenador.

Sólo siendo nosotros. El Sevilla Fútbol Club.

Por que los grandes ganan. En cualquier circunstancia.

Por eso son grandes.

CAMPEONES



ENHORABUENA A TODO EL SEVILLISMO

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martes, 18 de mayo de 2010

Olvidando los orígenes

yer hablaba de que no me sorprendía en absoluto el tener que leer las cosas que desde Madrid se dicen en la previa a la final de la Copa del Rey. Pero lo que no me podía imaginar es que fuera Jose Antonio Reyes el que entrase al trapo en ese sentido.

Vaya tela lo que ha dicho esta criatura.

"No llevo mal cruzarme con el Sevilla. Si marco un gol no será el peor de mi carrera, si no uno de los más recordados, sobre todo si conseguimos traernos la Copa a Madrid"

"La ilusión que nosotros tenemos no la tiene el Sevilla"

Yo soy de los que piensan que lo peor que le puede ocurrir a una persona es olvidarse de sus orígenes. Lo que es hoy día Reyes, mucho, poco o regular, lo es gracias al Sevilla. De hecho, si aún tiene algo de caché es porque aún se recuerda lo que hizo aquí, porque si nos fijamos en su trayectoria desde que se fue...

Yo entiendo que los jugadores tienen que partirse la cara por el equipo que les paga, porque para eso lo hacen. Si yo fuera futbolista, me comportaría así sin ningún género de dudas, fuera quien fuera el rival. Pero lo que tengo más que claro es que al último equipo al que quisiera ver en una final sería al Sevilla. No me haría ninguna gracia tener que esforzarme por hacer que pierda el Sevilla. No celebraría un gol contra el Sevilla porque a mi me enristece que el Sevilla encaje un gol, no me alegra. No vería el motivo para la calabración. Lo marcaría si pudiese porque sería mi obligación. Pero cumplir con la obligación de uno no es motivo para celebrar nada. Yo no alzo los brazos ni grito cuando en mi trabajo hago las cosas bien.

Además, no se qué mal puede hacer decir algo amable hacia el club que le dio todo. Aunque no sea verdad, pero sólo por mostrar un poco de respeto. Porque Reyes se lo debe todo al Sevilla. Si no fuera por el Sevilla, ¿qué sería de Reyes hoy día?

Y a todo esto, yo me pregunto, ¿no será verdad eso que dicen las malas lenguas de que en verdad Reyes es bético?

De modo que Dani Alves va a retrasar su marcha a Brasil para ver al partido en directo y apoyar al Sevilla, y este Reyes se desmarca con estas declaraciones tan poco agradables. Igual es que eso de vivir tanto tiempo en Madrid le ha pegado un poco de la aversión que por allí nos tienen. A mí me parece patético todo esto, sobre todo después de la forma en la que la propia afición atlética lo insultaba cuando saltaba al campo hace no tanto. ¡Qué triste!

¿Y eso de que al Sevilla no le hace tanta ilusión la final como a ellos?

Pero, ¿tú que sabes, alma de cántaro? ¿No te has enterado de que el sevillismo le debe un título a Antonio Puerta? Ese que no pudimos ganar porque él se fue. ¿Te parece poca ilusión? ¿Acaso tiene algún aficionado atlético ni pajolera idea de lo que estoy hablando?

Que pena. Que decepcion tan grande me he llevado con el chico este. Hasta el punto que me ha recordado a un tal Jose Mari. Que, por cierto, acabó arrastrándose por los campos de fútbol, jugando en el Betis.

Anda y que te vaya bien allá por donde vayas. Espero que no marques ningún gol, y que no te lleves la copa a Madrid. Mejor que se venga a Sevilla, tu tierra, no lo olvides. ¿O es que eso ya lo has hecho? Acaso si. Y que la final la gane el Sevilla, el equipo que te lo dio todo. También has olvidado eso, ¿verdad?

Que cada uno haga lo que tenga que hacer. Que los profesionales se partan el pecho por el escudo que les paga. Y mucho. Pero olvidarse de los orígenes y faltar al respeto de quien te lo ha dado todo es lo más triste que le puede pasar a una persona. La lucha en defensa de unos colores no está reñida con el reconocimiento hacia el lugar de donde ha salido uno.

Y luego hay quien habla de grandeza y señorío.

lunes, 17 de mayo de 2010

Otra vez desestabilizando

Como era de esperar, no creo que esto sorprenda a nadie, ya están desde Madrid tocando las narices en la previa de la final de la Copa del Rey.

¿De qué otra manera se puede esplicar esta noticia que hoy publica as.com?

Según estos tipos, el Liverpool de Benitez quiere fichar a Navas, y ofrecen 17 millones de euros por su traspaso.

A mi lo de esta gente me escandaliza cada día más. Es que no se cortan los tios. Es que no falla. Como alguno de sus equipos protegidos se juegue algo medio importante, los rumores inventados y los intentos de desestabilización para con los rivales (no sólo el Sevilla, claro) son inmediatos.

Pero es que hay veces que las cosas rayan lo ridículo. 

Vamos a ver. Lo del Liverpool de Benitez está por ver que siga siendo así, porque el Liverpool ha fracasado estrepitosamente esta temporada, en la que ha sido eliminado de la Liga de Campeones en la fase de grupos y  en Liga no se ha clasificado para jugarla el año próximo. Por tanto, Rafa Benítez está seriamente discutido allí. Si el Sevilla echó a su técnico estando quintos y siendo finalistas de la Copa del Rey, ¿qué se puede esperar de un club tan grandísimo como el Liverpool? Puede que un poco más de dignidad y señorío con respecto a su entrenador, pero también una medida similar a la tomada aquí. Eso sí, al final de la temporada.

Pero supongamos que Benítez, el teórico valedor del fichaje, sigue allí al año que viene. ¿De verdad estos tipos creen que Navas se va a ir a vivir a Liverpool? Una persona que hasta hace poco era incapaz de pasar quince días de pretemporada en La Antilla con sus compañeros, ¿se va a ir a vivir a Liverpool? No a Cádiz, o a Huelva, no, no. A Inglaterra nada menos. Una persona que hasta hace unos meses era incapaz de acudir una semana a una concentración con la selección. Es cierto que Jesús ha avanzado una barbaridad en la solución de sus problemas. Y eso es una noticia extraordinaria porque, antes que futbolista, mucho antes, Navas es una persona que lo ha pasado francamente mal. Y ya pude hacer esas pretemporadas. Y ya puede también ir con la selección. Puede incluso irse un mes a Sudáfrica a jugar un Mundial. Pero de ahí a trasladarse a vivir a Liverpool... A ver, si fuera a Madrid, por ejemplo, tendría mis dudas. Madrid está ahí al lado, a tiro de piedra de su casa, de su familia, del ambiente en el que se siente seguro. Me podría creer que hubiese superado sus problemas hasta el punto de poder irse a jugar con el Real Madrid. No lo creo, pero me lo podría llegar a plantear. Pero Inglaterra...

No me parece serio en absoluto plantear una posibilidad así, pero supongamos que se pudiera dar.

Así que, suponiendo eso, con el trabajo que cuesta hacer algo así, ¿de verdad se creen estos tipos que el Sevilla iba a dejar ir a Navas por 17 millones de euros? No 30, o 40 o 50 no. 17. Su cláusula de rescisión es de 60 millones, y el Sevilla lo vende por 17. Después de traspasar a Sergio Ramos por 27, a Baptista por 20, a Reyes por 25, A Alves por 35..., vendemos nada menos que a Navas por 17. ¿Pero es que estos tíos son tontos? ¿O pretenden hacernos tontos a nosotros? O lo que es peor, ¿se creen que los del Liverpool son así de imbéciles? ¿Os imaginais las carcajadas que se podrían echar Del Nido y compañía si Rafa Benitez les dice que les ofrece 17 millones por Navas? ¿Es que a estas alturas aún no conocen a José María del Nido?

Todavía si el equipo se hubiese quedado fuera de Liga de Campeones, se podría decir que estamos muy necesitados de dinero. Ni aún así, pero bueno, se podría esgrimir ese argumento. Pero, ¿sacar este bolo el día siguiente de certificar nuestra clasificación? Si además el Liverpool no va a jugar la máxima competición continental el año que viene.

Esta noticia es un sinsentido, una estupidez, algo histriónico, desquiciado, absurdo. Una soberana mierda, vamos. La firma un tal Cristo Martín. Pues que venga Cristo y lo vea.

Esta noticia es el enésimo intento de desestabilizar al rival de un equipo madrileño. Desde que acabó el partido contra el Real Madrid no se ha vuelto a hablar del interés de los merengues por el palaciego. Es que no han tenido ni la verguenza de darle a esa mentira un poquito de continuidad para si acaso disimular un poco. Es que ni eso. Acaba el partido, y la desestabilización concluye. Y con ella el recorrido de la noticia. Y luego Monchi es un desquiciado que ve fantasmas y conspiraciones por todas partes cuando denuncia esta práctica tan común de los medios centralistas. Semanas más tarde se volvió a producir lo mismo con el Valencia y con David Silva. Y, acabado el partido entre madridistas y valencianistas, cómo no, la noticia va al cubo de la basura. Porque no era otra cosa si no eso: basura.

Anda que vaya tela lo que tiene uno que aguantar. Que digo yo que, al menos, se podrían currar un poco más este tipo de rumores. Hombre, por lo menos que ofrezcan 30 o 40 millones, algo que de verdad sea serio.

Claro que, para eso, deberían conocer el concepto de seriedad. Con comportamientos así, a uno le da por pensar que no tienen ni idea de lo que eso significa.

domingo, 16 de mayo de 2010

Lo conseguido, y lo que nos queda

Pues, por fin, ya está todo hecho. Después de un épico partido contra un extra motivado Almería (ole con ole ese hermanamiento andaluz güeno ahí), el Sevilla ha obtenido su pasaporte para jugar la ronda de play off de la Liga de Campeones. No voy a entrar desde aquí a valorar el juego del equipo, ni tampoco a opinar acerca de la temporada que acaba de concluir (eso lo haré después de la final de Copa).

Sólo decir que estoy que me salgo del pellejo por el orgullo. Por fin se vio al equipo de la casta y el coraje. Un equipo incapaz de imponer su estilo a lo largo de todo el partido (estaban fundidos, ya hace semanas que lo están), pero que nunca, jamás, cejaron en su empeño (en la medida de sus posibilidades), y siempre creyeron en la victoria.

Por fin se vio la ACTITUD. Esa que, si hubiera aparecido en otras fases del campeonato, igual el rival directo sería el Valencia y no el Mallorca.

Por cierto, mención aparte merece lo de Rodri. Ni Chevantón, ni Koné, ni Negredo, ni gastarse un dineral en un delantero de por ahí. Yo estoy convencido de que el relevo a los Luis Fabiano y Kanouté entrena todos los días al lado de Montequinto. Ese gol no lo mete un tipo cualquiera. Ese gol es de delantero centro bueno de verdad. Ojalá le den las oportunidades que se merece, que la cantera del Sevilla ha demostrado ya de sobra su capacidad para sacar figuras del fútbol.

Y a la espera de que se juegue la guinda de la temporada, me ha dado por preguntarme qué es lo que nos espera allá por el mes de agosto. O sea, está muy bien eso de meterse en la fase previa de la Champions, pero esa fase previa hay que pasarla. ¿Eso es así de sencillo como decirlo, o es algo que se nos puede atragantar hasta el punto de darnos un disgusto?

Pues he investigado un poco, y esto es lo que me he encontrado.

En la Champions hay cuatro rondas previas, divididas en dos partes. Una para los equipos campeones de sus ligas (según qué ligas, claro), y otra para los que no lo son. Los campeones de las ligas menores y los que no lo son pero se han clasificado en las ligas mayores no se pueden enfrentar entre si en las previas. Por eso hay dos rutas.

Lo que nos interesa a nosotros es lo siguiente. El Sevilla se ha clasificado para jugar la última ronda de la ruta de los no campeones. ¿Cuáles pueden ser nuestros rivales?

Pues, primero, pueden ser los que salgan vencedores de la ronda anterior: Y esta ronda la disputan:

CSKA Moscú, Shaktar Donetsk, Ajax, Unirea Urcizeni, Sporting de Braga, Bursaspor o Fenerbahçe (2º de la liga turca, aún por decidir), Olimpiakos, Celtic de Glasgow, Brujas y Grashoppers.

Los cinco vencedores se cruzarán con Sevilla, Tottenham, Sampdoria, Auxerre y Bayern Leverkusen.

Hay que tener en cuenta que se establecen cabezas de serie, en función del ranking UEFA. En este sentido, y teniendo en cuenta los equipos mencionados, ese ranking parcial sería:

1. Sevilla (7) – 2. Shaktar (16) – CSKA Moscú (21) – 4º. Tottehham (30) – 5º Ajax (32) – 6º Olimpiakos (33) – 7º Fenerbahçe (34) (si se clasifica finalmente en su liga) – 8º B. Leverkusen (46) – 9º Sp. Braga (48) – 10º Celtic (53) – 11º Brujas (57) – 12º Sampdoria (69) – Auxerre – Grashoppers – Unirea

(Entre paréntesis la posición de cada equipo en el ránking UEFA total. Los que están entre los 100 primeros)

Es decir, que el Sevilla jamás se podrá enfrentar a Shaktar, CSKA, Tottenham ni Ajax (son cinco eliminatorias con cinco cabezas de serie). No está mal, pero quedan otros equipos muy fuertes, como podemos ver. ¿Queremos otra emliminatoria contra el Fenerbahçe o la Sampdoria? ¿O preferimos al Bayern Leverkusen o al Olimpiakos?

De todos modos, hasta que no se sepan los resultados de la primera eliminatoria, esa en la que no juega el Sevilla, no sabremos exactamente los cabezas de serie de la eliminatoria final. Puede que Olimpiakos, Fenerbahçe o Bayern Leverkusen sean cabezas de serie, si Shaktar, CSKA o Ajax (que juegan esa primera eliminatoria) caen eliminados. O si el Fenerbahçe no se clasifica para la Champions, que aún está por ver. O si, clasificándose, no pasa esa eliminatoria anterior que, al igual que Olimpiakos, también juega.

Está claro que hay mucho por decidir aún en este sentido, pero también lo está que, si no nos acompaña un poco la suerte en forma de resultados de estas eliminatorias, nos podemos encontrar con un verdadero coco en la ronda previa. De todos modos, y a nada que nos acompañe un pelín la fortuna, el rival debe ser asequible (Sp. Braga, Celtic, Brujas, Unirea, Auxerre, Grashoppers...). Tampoco es cuestión de echarse a temblar ahora.

La ronda previa a la que disputa el Sevilla se juega entre la última semana de julio y la primera de agosto. El sorteo posterior en el que ya entramos nosotros es en Nyon el 6 de agosto. Y nuestra eliminatoria se disputa el 17-18 de dicho mes, la ida, y el 24-25 la vuelta. El sorteo de grupos será en Mónaco el 26 de agosto.

Lo que si que sabemos seguro es que, si la conseguimos pasar, volveremos a pertenecer al bombo 1 de la máxima competición continental. Somos séptimos en el ránking UEFA, y los cabezas de serie son los ocho primeros.

Por si os pica la curiosidad, el ránking está de esta manera:

1. Barcelona - 2. Manchester Utd. - 3. Chelsea - 4. Arsenal - 5. Liverpool - 6. Bayern Munich - 7. Sevilla - 8. Milan - 9. Inter - 10. Lyon - 11. Werder Bremen - 12. Hamburgo - 13. Real Madrid - 14. Roma - 15. Oporto.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Las dos Españas

Según los historiadores, el origen de este manido concepto se produjo en 1808, con la invasión de Napoleón y la Guerra de la Independencia. En España se abrió un debate, que posteriormente derivó en más de una guerra civil (la del 36 al 39 no es la única que nuestro país ha sufrido). En la época los bandos se llamaban absolutistas (leales al rey depuesto, y conservadores), y liberales (defensores del "afrancesamiento", o sea, de convertir a España en un país moderno. Los progresistas, vamos)

Hoy día se recurre a esto de las dos Españas para definir el bipolarismo existente en política entre conservadores y progresistas. Esto es algo que carece de demasiado sentido a estas alturas, pero es que a veces somos tan simples que es más fácil reducir la realidad a dos conceptos antes que detenerse a estudiar pormenorizadamente las cosas. Aquí, o eres de derechas o eres de izquierdas. O del PP o del PSOE. O monárquico, o republicano. O extrmista religioso, o absolutamente ateo.

O del Madrid, o del Barça.

Este post no va de política ni de religión sino de fútbol, os lo aseguro. Porque, a lo que voy es a que el periodismo deportivo sigue en sus trece de eliminar todo reducto de diversidad en nuestro país, para reducir el debate futbolístico a lo que suceda con los dos grandes de nuestra liga. E incluso deslizan un paralelismo político en esta distinción. Los madridistas son conservadores, españolistas y de derechas, y los barcelonistas son progresistas, huyen de las banderas y tiran a la izquierda.

Son así de simples. Ellos, y los que se dejan llevar por esa corriente.

E igual que en 1808 todos estaban a favor de la independencia del país, estos tipos sólo fomentan la unión entre españoles cuando entra en acción la selección. Y a vender, que por lo que de verdad se mueven.

Viendo el otro día el Sevilla - Barcelona por televisión, el comentarista no se cansaba de repetir que nuestra liga no tiene nada que ver con la escocesa, porque según él, por mucho que aquí haya dos grandes, y que estén a años luz del resto, la emoción que tiene nuestro campeonato no tiene parangón. Y además, que los mejores jugadores del mundo juegan aquí.

Y yo pensaba que, cuando el río suena, agua lleva. O sea, que cuando empiezan a mentar la bicha de la liga escocesa, es porque van viendo venir el peligro de que la nuestra se convierta en algo parecido a la de ellos. Y han de defenderse de eso, naturalmente. Para seguir vendiendo, claro.

Comparando nuestra liga con la de otros países, el argumento cae por su propio peso. En Inglaterra hay cuatro grandes, Chelsea, Arsenal, Manchester y Liverpool, a los que se intentan unir Tottenham y Manchester City. En Italia, destacan Inter, Milan y Juventus, pero este año, por ejemplo, se ha metido en la lucha la Roma. Otras veces son la Fiorentina, la Sampdoria, el Parma..., según el estado de forma de cada uno. En Alemania, el grande es, sin duda, el Bayern Munich, pero año tras año hay varios equipos más peleando por el título. Werder Bremen, Hamburgo, Wolfsburgo, Schalke 04, Bayern Leverkusen, Borussia.... En Francia ha dominado durante años el Lyon, pero el año pasado le surgió un competidor en el Burdeos, que acabó ganando el título. Este año, estos dos equipos se han llegado a enfrentar en los cuartos de final de la Champions, pero la liga gala se la ha llevado... el Olympique de Marsella. En Holanda, los clásicos son el Ajax y el PSV, seguidos de cerca por el Feyenoord. Pero el año pasado ganó el AZ Alkmaar, y este año el Twente.

Es decir, la lucha por el título en las distintaas ligas europeas se va distribuyendo cada año entre un mayor número de equipos. ¿Y qué pasa en España? Pues que los dos grandes les van a sacar al tercero alrededor de 30 puntos. Es decir, vamos en dirección opuesta a la tendencia del fútbol mundial. Al menos, del europeo, que es el más importante del planeta. El que marca dicha tendencia.

Y aquí, en vez de reconocer que tenemos un problema grave, lo que se hace es tratar de defender lo indefendible.

La liga española no tiene emoción. Lo único que interesa es ver si el Madrid o el Barça fallan en un momento determinado, o si el rival de cada uno de ellos hace el partido de su vida para aspirar a ganarles. Pero en ningún momento cabe la posibilidad de que otro que no sean ellos dos pelee por el título. Pero ni por asomo. Hasta hace no mucho, equipos como el Valencia, el Sevilla, o anteriormente el Deportivo de la Coruña, soñaban con que Madrid y Barça hicieran una temporada un poco por debajo de sus expectativas para aspirar a dar la camapanada. Alguna vez lo consiguieron. Pero, actualmente, si los dos grandes rinden un poco por debajo de sus posibilidades, en vez de noventa y pico puntos harían ochenta. Todavía quedan unos diez puntos de diferencia respecto al tercero. Es imposible. El título no tiene más emoción que lo poco que fallen los dos grandes. Y esa tendencia va a más, no a menos.

Es la desgracia de las dos España. Y de la estrechez de miras de los que aquí tienen poder, ya sean políticos, medios de comunicación, o líderes sociales sea cual sea su índole o campo de actuación. Para colmo, el pacto de estado para la educación no llega, con lo que las generaciones futuras tendrán un lamentable nivel cultural, ideal para que esta manipulación de los que mandan se siga produciendo.

No quiero ser pedante. Ni creerme más culto o refinado que el resto. En absoluto. Pero me niego a darle la espalda a esta realidad. Esto no puede ser. Una sociedad no se puede reducir al bipolarismo. Una sociedad es algo muchísimo más complejo que eso. Se puede ser de centro, no de izquierdas o de derechas. De hecho, lo ideal es coger lo mejor de cada una de las ideoligías y crear un estado basado en eso, como hacen los escandinavos (allí son capitalistas, pero el estado controla tantas facetas de la vida, que quien menos a paga de impuestos se le aplica un 50%. El máximo en España es el 43%). Se puede ser creyente, pero no fanático. Se puede votar a un partido que no sea PP o PSOE (yo voto a UPyD, hala, ya sabéis algo más de mi).

Y se puede ser de otro equipo que no sea Madrid o Barça. ¿Qué os voy a contar yo a vosotros?

Si no defendemos esto, nos veremos abocados al inmovilismo. A facilitarles las cosas a los que tratan de manipularnos en favor de sus intereses. Para ellos, es mucho más fácil hacerlo manejando dos conceptos, que ocho o diez.

Por eso, en lo que a fútbol se refiere, ¡Viva el Sevilla FC!

Porque hay vida más allá de los dos grandes.

Esperemos que por mucho tiempo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Ya casi está

Pues bien, ya lo tenemos en la mano.

Después de una temporada desquiciante plagada de dificultades, y también de otras cosas que no hicieron más que agravar la situación creada por esas dificultades, los objetivos marcados al inicio de la misma están a tiro de piedra de un sólo partido.

Si fuéramos vascos, tendríamos la certeza de haberlos conseguido ya. Al menos en Liga. Todos sabemos como se ayudan entre si los equipos vascos en circunstancias como las que tenemos nosotros entre manos ahora. Sobre todo si uno de ellos no se juega nada en el envite. Pero no somos vascos, sino andaluces, o sea, cainitas. Y yo estoy convencido de que el Almería, aparte de primado hasta los ojos, saldrá al campo la semana que viene absolutamente volcado en el empeño de privar a sus paisanos del éxito. Por mucho, ya digo, que no se jueguen nada en el envite.

El verdadero partido del Sevilla esta noche se jugaba, en mi opinión, en Riazor. Pensar que podíamos ganarle a un Barça que se jugaba lo que se jugaba era casi una quimera. Por supuesto que los partidos hay que disputarlos, que son once contra once y todas esas milongas. Por supuesto. Pero eso no quita para que una quimera sea una quimera. Y bien que lo hemos podido comprobar por la actitud de los jugadores. Saltaron derrotados al campo, y de ese modo salieron del mismo. En ningún momento se vio la posibilidad de poder hacer algo positivo, y menos encajando un gol en el minuto cuatro. Así es imposible.

Pero es que el rival es el Barça. Yo no le puedo exigir a mi equipo que le gane a este Barça, y menos teniendo en cuenta la importancia que para estos tenía el partido. Si al menos tuvieran pendiente la final de la Liga de Campeones... Pero no. Esta noche se jugaban toda su temporada. El único título al que aún aspiran. No así nosotros, que todavía tenemos pendiente de jugar una final. La derrota era el resultado más probable. Por eso, todas mis esperanzas estaban puestas en Riazor. Y allí las cosas salieron bien. Por una vez nos sonrió la suerte. Bueno, por una vez no. Ya hemos tenido suerte en otras ocasiones este año. Sobre todo en Copa. Pero es que esto es un juego, y en todo juego la suerte tiene un papel muy importante. Nosotros hemos perdido varios puntos en el último minuto. Atlético de Madrid, Real Madrid, Xerez... Ahí la suerte nos fue esquiva. Esta noche nos ha sonreído.

Lo he dicho muchas veces. La suerte te da unas veces lo que otras te quita. Al final, por pura estadística, lo uno acaba compensando lo otro. Y después de esa compensación, el Sevilla es cuarto y depende de si mismo para disputar la ronda previa de la Liga de Campeones.

Llevo un par de semanas sin escribir, y en ese intervalo se produjo la brillante victoria de Santander. Después de eso, se dijo que el gran Sevilla había vuelto, y por Barcelona hubo muchas piernas que empezaron a temblar. Les tenían verdadero pánico a este partido, y eso se ha visto claro por el modo en que pedían la hora al final. Pero eso a mi no me interesa. Lo que me interesa es el Sevilla. Y el gran Sevilla del que hablan algunos no ha vuelto. El gran Sevilla de los cinco títulos pasó una vez en la vida, y yo tuve el enorme privilegio de vivirlo. Ahora mismo, ese gran Sevilla no existe. Ahora mismo tenemos a otro gran Sevilla, uno de los mejores de la Historia, pero no tanto como aquel. Estaría bien que dejásemos de una vez de tratar de emular lo que hicimos allá por 2006 y 2007, y nos centrásemos en lo que tenemos entre manos. Que no es tantísimo como entonces, pero sí muchísimo más de lo que la mayoría de nosotros soñaba en 2005. Y no digo nada en 2000.

El Sevilla está a punto de terminar la segunda mejor temporada de la Historia. Pongamos la tercera. Digamos que la mejor fue la 2006/2007. Y que la segunda fue aquella en la que ganamos el título de liga, por la importancia que tiene ese éxito. Aparte de eso, nunca antes hicimos en una misma temporada un cuarto puesto y una final de Copa. además de los octavos de Champions. Esto es para disfrutar, señores. Pero para eso no debemos seguir comparándonos con el único año en nuestra vida en el que nos fue mejor. Tenemos 105 años de Historia (o 120, quién sabe). En 104 (o 119) lo hicimos peor que este año. Y en uno, sólo en uno (pongamos dos si queréis incluir el año en que se ganó la liga) las cosas fueron mejor.

Es como si a mi me toca la lotería, y paso el resto de mi vida amargado porque nunca más volví a ganar tanto dinero como ese año. Absurdo, ¿verdad? Pues a ver si nos aplicamos el cuento de una vez, y comenzamos a recuperar un poco el sentido común.

El día que hagamos eso, volveremos a la senda del crecimiento. Volveremos a subir peldaños y mejoraremos aún más nuestros resultados. Porque con el ambiente creado este año, y la actitud que hemos adoptado, nada de eso se producirá. ¿No es eso lo que queremos todos? Pues tengamos claro lo que somos, de donde venimos, y lo que tenemos que hacer para llegar lejos. Más lejos aún.

El Barcelona nos ha ganado porque eso es lo que ha hecho el Barcelona con la inmensa mayoría de los equipos con los que ha jugado en los dos últimos años. Y el Sevilla es cuarto porque actualmente es uno de los mejores equipos de España. Por plantilla y por resultados. No digamos nada por gestión, que ahí muy pocos nos pueden discutir nada.

No quiero terminar sin referirme por un momento a Federico Fazio. He de reconocer que se me han puesto los pelos de punta cuando lo he visto pegándole puñetazos al suelo por la rabia que le ha causado el volverse a lesionar. Yo no sé si somos conscientes del pedazo de futbolista que la suerte nos está privando de disfrutar. Si os fijáis, Fazio ha sido casi siempre titular cuando ha estado a tope. Lo que pasa es que las malditas lesiones le han impedido estar a tope en la mayoría del tiempo que lleva en la primera plantilla. ¿Qué tipo de jugador sería hoy día este argentino de haber tenido una pizca de continuidad? Se me parte el alma por ver el gesto de impotencia de un luchador que ha peleado durante meses contra una lesión, y que ve cómo vuelve a caer justo cuando ha recuperado el sitio en el equipo. Que abandona el campo llorando por ese motivo.

Ánimo, chaval. Vuelvo a decir. La suerte te da unas veces lo que en otras te quita. Si sigues luchando así, algún día acabarás triunfando en el fútbol.

Hoy, al verle retirarse del terreno de juego así de hundido, no he podido dejar de acordarme de un ral Inti Podestá. Sé que los casos, y las lesiones, no tienen nada que ver. Ojalá tampoco lo tenga el final de las historias de cada uno.

Porque, igual que el uruguayo, Fazio puede llegar a convertirse en un pedazo de futbolista.

Que así sea.

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