jueves, 30 de septiembre de 2010

Lo mejor que nos podía ocurrir

Decía en mi anterior post que el Borussia Dortmund era de lo peor que nos podía suceder en la situación en la que nos encontrábamos. Bien, pues ahora no me queda más remedio que admitir que el resultado obtenido es justo lo contrario. Es de lo mejor que nos podía pasar.

Antes del parón por las selecciones (quince días para que nuestro nuevo entrenador se asiente y comience a imponer sus conceptos), el Sevilla tenía que enfrentarse a los alemanes y al Atlético de Madrid, dos partidos difícilimos, pero con un grado de importancia muy diferente. Si un mal resultado contra los colchoneros es perfectamente superable dado que se trata sólo de la sexta jornada de liga, una derrota contra el Borussia significaba tener un pie fuera de la Europa League. Y esto sería lamentable. Si depués de quedar eliminados de la Champions se nos ponen las cosas así de difíciles en la UEFA...

Pero todo ha transcurrido de un modo tan distinto como inesperado.

Del partido voy a decir muy poco, yo no soy cronista. Sólo que el sufrimiento y la angustia han sido casi insoportables. Creo que le he quitado unos cuantos meses de vida a mi corazón con tanta tensión. Fuimos inferiores en la primera parte contra once. Fuimos inferiores en la segunda parte contra diez. Tuvimos la enorme suerte de marcar en el descuento antes del descanso. Y, también, de que expulsaran injustamente a su lateral izquierdo. Y, también, de que Kagawa enviara ese balón al palo. Y, también de que Cáceres sacara ese balón de dentro. Sufrimos lo indecible, fuimos inferiores... pero ganamos. Estábamos en un momento crítico, con un equipo hundido y un entrenador nuevo que aún está haciéndose a la idea del lugar al que ha venido a trabajar. No esperaba otra cosa. Bueno, sí, esperaba otra cosa. Esperaba todo eso y, además, perder.

Pero ganamos. E igual que me aguanto cuando jugamos mejor y nos quedamos con las ganas, ahora me alegro por haber sido peores y habernos llevado la victoria. Y, mucho más, en un partido tan importante. Porque nuestro próximo rival es la cenicienta del grupo (en teoría), mientras que los otros dos se enfrentan (y se destrozan) entre si. Si ganamos al Karpaty, habremos dado un paso de gigante en nuestras aspiraciones. Esas que este mediodía estaban tan maltrechas. Y ganarle al Karpaty es mucho más fácil que ganarle al Borussia. Por mucho que ya no haya enemigo pequeño, que hasta el más tonto te puede hacer un siete y que no se puede uno confiar con nadie. Eso es así. Falta certificarlo, pero es así.

Y dicho esto, lo siguiente que tengo que recalcar es que toda esta alegría se debe a que, ahora, Gregorio Manzano va a poder trabajar con mucha mayor tranquilidad. Y eso es magnífico porque trabajo le queda tela. Pero tela marinera. Lo del Sevilla hoy ha sido una vergüenza. Lamentable, patético, desastroso. No le echo la culpa a Manzano, eso es evidente, él no ha podido hacer nada. No le ha dado tiempo, eso es de sentido común. De hecho, tengo puestas muchísimas esperanzas en él. Y me alegro que le haga tanta ilusión el proyecto del Sevilla, porque lo que le queda por delante es de coco y huevo. A mí personalmente no se me ocurre una solución. Gracias a Dios, yo no soy entrenador. Imagino (sólo imagino) que es una cuestión de confianza (de los jugadores) y, también, un poco de colocar a ciertos futbolistas algo mejor en el campo. El caso de Cigarini es muy comentado en la blogosfera. Todos vemos que el italiano tiene que jugar unos metros más atrás, que ahí tan adelantado se pierde. Ese es el caso más flagrante, pero hay otros. Seguro que hay otros. No me corresponde a mí ver eso, ya tengo bastante con controlar a mi corazón. Pero confío en que Manzano lo haga. Confío mucho.

Ahora me voy a la cama, a ver si el corazón de me "boca" un poco. ("Boca" como antónimo inventado de desboca, para ir aclarando). Creo que todos hemos visto el partido y hablar más en el estado de tensión en el que aún me encuentro es un ejercicio de redundancia que no me viene nada bien. Y me voy a dormir feliz por seguir estando vivos en la competición que tanta gloria nos ha dado y esperanzado en que el nuevo técnico sepa qué hacer para solucionar todo este desastre. Al menos, ya lo puede hacer con mayor tranquilidad.

Para terminar, tres detalles.

1. Vaya pedazo de jugador de es Martín Cáceres. Eso es un buen fichaje, ¿no?
2. ¿Qué coño le pasa a Negredo de cara al gol? Más trabajo para Manzano, esta vez en su versión psicólogo.
3. El cambio de Kanoute por Cigarini cuando vamos ganando fuera y el rival tiene un jugador menos tiene una pinta extraordinaria. No el cambio en sí, sino la actitud del entrenador que hace ese cambio. Me dio muy buen rollo. No nos dio mayor poder atacante, pero dice mucho de Manzano. Era exactamente lo que necesitábamos. Ya os digo, me dio buen rollo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El Borussia Dortmund, de lo peor que nos podía ocurrir

Para cualquiera que recuerde el fútbol de los 90 como si fuera ayer (Dios mío, cómo pasa el tiempo), sólo el escuchar la palabra "Borussia" hace que le tiemblen las piernas y le pique el estómago.

Durante la última década del pasado siglo, el Borussia Dortmund (distinto del Borussia Moenchengladbach que fue grande en los 70) fue uno de los equipos más competitivos del continente. Ganó dos ligas alemanas, llegó a una final de la UEFA, que perdió contra la Juventus de Turín, pero se tomaron cumplida venganza de los italianos al ganarles la final de la Champions en 1997. Aquella era la Juve de Zidane, Deschamps, Del Piero, Boksic y Vieri.

En aquellos años, el equipo de Dortmund era entrenado por Ottmar Hitzfeld y contaba en sus filas con grandísimos jugadores como Reuter, Riedle, Chapuisat, Kohler, Paulo Sousa o Andreas Moller. Y, sobre todo, con Matthias Sammer que, si no recuerdo mal, fue el primer jugador de la Alemania del Este que jugó con la selección de la Alemania unificada. Y lo hizo para acabar sustituyendo nada menos que a Lothar Matthaus. Sammer fue más de 70 veces internacional con los germanos (una vez reunificados), ganó la Eurocopa de Naciones de 1996 y, ese mismo año, se le otorgó el Balón de Oro. No estamos hablando de ninguna tontería. Aquel equipo era, de verdad, temible y sólo los muy muy grandes del continente podían aspirar a derrotarlo.

Como rescoldos de aquella época tan gloriosa quedó la final de la UEFA de 2002 (con Sammer de entrendor), que perdieron contra un Feyenoord que era entrenado por Bert Van Marwijk (actual seleccionador holandés) y que contaba en sus filas con gente tan buena como Robin Van Persie o John Dahl Tomasson.

Después de aquello, el Borussia se vino abajo tanto deportiva como económicamente, llegando a amenazar con la bancarrota en varias ocasiones e, incluso, viéndose forzados a reducir los sueldos de los jugadores un 20%. Mientras nosotros asombrábamos al mundo con nuestras dos UEFAs tan brillantemente conseguidas, ellos pasaban por el peor momento de su historia, hasta casi descender a segunda por primera vez en la temporada 2007/2008. Por el camino, tuvieron que desprenderse de sus mejores jugadores, como Tomas Rosicky, que fue traspasado al Arsenal, o Odonkor, vendido al Betis. Porque Odonkor era un buen jugador que llegó a jugar la Euro 2006 con Alemania. Lo que yo no sé si será gafe, porque equipo que pisa, equipo que se hunde. Qué curioso.

Sin embargo, en estos dos últimos años, han invertido la tendencia. En la 08/09 fueron 6º en la liga. Y el año pasado, 5º, lo que les valió la clasificación para la Europa League.

Y, este año, están que se salen. Después de perder el primer partido de la liga contra el Bayern Leverkusen, su trayectoria posterior ha sido demoledora. Cinco victorias en cinco partidos: 1-3 al Sttutgart, 2-0 al Wolfsburgo, 1-3 al Schalke 04, 5-0 al Kaiserslautern y 1-3 al Sant Pauli. Están en un momento verdaderamente temible, lo peor que nos podía suceder dada nuestra situación.

Son equipo muy joven. Dice Monchi que el más joven de la Bundesliga, lo cual yo no lo sé con exactitud, pero si lo dice Monchi, así será. Y están jugando de maravilla, a pesar de que uno de sus mejores jugadores, el egipcio Mohamed Zidan, es baja de larga duración por una grave lesión de rodilla.

Entre sus mejores jugadores se pueden mencionar a Neven Subotic (defensa internacional serbio de sólo 21 años), Mats Hummels (defensa internacional alemán de apenas 21 años), Patrick Owomoyela (también defensa, que llegó a ser internacional con Alemania a pesar de su apellido), Sebastian Kehl (medio centro de contención, que fue internacional germano, aunque creo que es baja para este partido), Nuri Sahin (mediocampista internacional turco que fue el jugador más joven de la historia en debutar en la Bundesliga, hoy tiene 24 años), Robert Lewandoski (delantero internacional polaco de 22 años) y, sobre todo, Lucas Barrios, el delantero paraguayo que tan bien lo hizo en el pasado mundial. También me gustaría destacar a Kevin Grosskreutz, un joven delantero que ya ha debutado con la selección germana.

Estamos hablando de un equipazo que no para de crecer en los últimos años. Mucho mejor, en mi opinión, que el Sttutgart al que ganamos el año pasado en Champions y en el que jugaba, entre otros, el  actual jugador del Real Madrid Sammi Khedira, muy soblevalorado como todos los fichajes merengues. Y por eso digo que enfrentarnos a ellos en un partido tan importante es de lo peor que nos podía ocurrir en estos momentos. No debemos confundirnos por el hecho de que sus jugadores no sean demasiado conocidos porque no lo son, aún. Y no me gusta nada lo que se nos viene encima porque, además, su estadio, el otrora Westfallenstadion hoy llamado Signal Iduna Park por motivos de patrocinio, es famoso por convertirse en una verdadera caldera. Es el más grande de Alemania y dicen que el ambiente que allí se crea haría palidecer a griegos y turcos.

Ojalá no sea para tanto y nos traigamos un buen resultado de allí, pero, ya digo, a mí no me gusta nada lo que se nos viene encima.

martes, 28 de septiembre de 2010

Una de conspiraciones

Desde este blog, nunca hemos ocultado la admiración que sentimos por Jesús Alvarado. Más que nada por ser el pionero de algo tan magnífico de lo que podemos disfrutar hoy día como es la blogosfera sevillista. Y, también, claro está, por esa pasión incondicional con la que defiende los colores, que hace levantar los ánimos a un muerto cuando llega la hora de las derrotas.

No obstante, han habido veces en las que he considerado desmesurada la vehemencia con la que defiende sus posturas. Es su forma de sentir el sevillismo, como él mismo dice, y a mí me parece muy bien. Más que nada porque pocos como él son capaces de argumentar sus tesis con tanta contundencia y rigor. El caso es que yo no soy mucho de conspiraciones y cosas por el estilo. Por eso, en algunas ocasiones, he pensado que tampoco son para tanto ciertas cosas de las que él tanto se queja.

Dicho esto, no puedo evitar reconocer que, así mismo, hay otras de esas ciertas cosas con las que alucino. Con las que acabo por pensar que Alvarado tiene más razón que un santo. Y eso que yo no soy mucho de alucinar, y menos en colores. Pero hay veces en las que, contra mi voluntad, alucino en colores, en estereo, en Hi-Fi o alta fidelidad y hasta, incluso, en HD o alta definición con un mogollón de píxeles de resolución.

Y esta de la que quiero hablar hoy es una de ellas. 

Lunes por la mañana, con el "cadáver" de Antonio Alvarez aún en el velatorio (aún no se había desvinculado del Sevilla) y con Gregorio Manzano aún sin haber llegado siquiera a Sevilla (no ya sólo antes de ser presentado) ya había medios de comunicación comenzando a cargar contra el que, según dicen los de las ideas conspiratorias, será (o ya es) el siguiente objetivo de esos que sólo buscan destrozar el actual entramado de dirección del Sevilla FC. Hablo, claro está, de Monchi, con José María del Nido en capilla para cuando caiga el León de San Fernando. ¿A ver si Alvarado va a tener razón?

Y cargan contra Monchi diciendo que no basta con echar al entrenador (quieren más carnaza), que él no es el culpable final de la situación (ni este ni el anterior) y que hay que mirar más hacia arriba, hacia quien ha hecho tan mala planificación deportiva, no este año, sino en los últimos dos o tres, con fichajes tan malos que han reducido drásticamente las prestaciones del equipo. 

¿Es que no saben distinguir entre un jugador malo y un jugador que no rinde a su nivel? Porque para tener nivel no se puede ser malo. Vamos, que el jugador malo no tiene nivel al que rendir o no.

No sé vosotros, pero yo aquí veo una contradicción de bulto. Vamos a ver, llevamos años escuchando cosas como eso de que Jiménez no sabe sacar partido de los jugadores que tiene. Que los sobrecarga de trabajo para que al final no sean capaces de rendir. Que la preparación física es de pena y que por eso los futbolistas están fundidos. Incluso, que esa es la razón por la que se lesionan tanto y, claro, con tantas lesiones es imposible rendir. Pero las lesiones no son mala suerte o excusas, sino consecuencia directa de la mala labor de la parcela física y técnica. Que Jiménez no está preparado para dirigir al Sevilla, que la plantilla le queda grande, que no tiene nivel ni experiencia, que no sabe plantear los partidos, que no sabe hacer cambios, que no sabe colocar a los jugadores en su posición, que no sabe motivarlos, que no sabe ganarse su respeto, que pasan de él.... Y, últimamente, con Alvarez, que no han hecho la pretemporada que se debía, que está siempre cruzado de brazos, que pone a dos delanteros, que pone a un delantero, que no hace bien los cambios (este tampoco), que los hace a destiempo, que no tiene experiencia, que... ¡yo qué sé! Todos sabéis de lo que hablo.

Teniendo en cuenta todo esto, ¿no es coherente pensar que el argumento principal con el que han cargado contra los entrenadores es que hay plantilla para más y que no se consigue más porque los entrenadores no valen? ¿A qué viene ahora poner en duda los fichajes de Monchi cuando, al fin y al cabo, la suma de todos ellos son los que conforman el 80% de la plantilla del Sevilla? Si el equipo no juega porque los entrenadores no son capaces de sacar rendimiento a la plantilla es porque la plantilla es buena y los entrenadores no. Entonces, ahora que no están los entrenadores, ¿a qué viene cargar contra la plantilla? ¿Contra la calidad de los jugadores?

Otra vez, ¿será verdad que Alvarado tiene razón?

Yo no voy a entrar a valorar si la plantilla actual es mejor o no que la de hace tres años. Pero a mí no me cabe la más mínima duda de que es lo bastante buena como para estar entre los cuatro primeros, que es el objetivo final de la planificación deportiva. Lo de poner a Alvarez al frente fue un error, pero ha sido subsanado a tiempo. Se han equivocado, bien, sin duda, pero de ahí a llamar a Del Nido y a Monchi un lastre para el Sevilla como se ha dicho por ahí me parece escandaloso. Vamos, de conspiración. De esas cosas en las que yo no creo, pero que, a veces... no sé..., uno ya no sabe ni lo que pensar.

Vamos a ver, la plantilla del Sevilla no es mala. Los jugadores no son malos. Por poner algunos ejemplos de los más criticados. Fernando Navarro no es malo. No puede serlo. Fernando Navarro fue campeón de Europa con la Selección Española en 2008. Otra cosa es que no haya rendido a su nivel, pero ¿por qué no podemos pensar que, con un buen entrenador, volverá a hacerlo? ¿No era eso lo que decían estos "expertos" para cargar contra los entrenadores? Por cierto, Gregorio Manzano fue el entrenador que más partido supo sacar a nuestro lateral izquierdo cuando ambos estaban en el Mallorca. Hasta el punto que el catalán fue internacional y campeón de Europa, ya digo. ¿Es eso un mal fichaje? Sinceramente, por muy poco que haya rendido, ¿es eso un mal fichaje?

Algo parecido podemos decir de Negredo. O de Konko, que ha desmostrado en algunos partidos que es bueno. Necesitará un buen entrenador que le sepa sacar partido. Ya tenemos ese técnico con experiencia que tanto se reclamaba. Tengamos un poco de fe. Joder, si es lo que todos reclamábamos. ¿A qué viene ahora eso de mirar arriba buscando más carnaza?

Yo no voy a negar que lo de Koné, lo de Chevantón o lo de De Mul fueron sonados fracasos. Por cierto, también lo de Kerzhakov, pero de este no habla nadie. Claro, como fue Juande quien lo pidió. Porque, para el que no lo sepa, a quien quería traer Monchi era a su compañero de ataque en el Zenit, un tal Arshavin. En fin, ¿qué queréis que os diga?

Además, ¿por qué no hablamos de los buenos fichajes? O mejor, de los que sí que han rendido. Perotti, Zokora, Squilachi... a estos también los trajo la dirección deportiva. ¿O no? Y no me hablen de Acosta, que a este no lo ha visto jugar nadie aún, con lo que nadie sabe si es bueno o malo.

Y voy más allá, con estos malos fichajes jugando por debajo de su nivel, por culpa de malos entrenadores, y con tres años de calamitosa dirección deportiva, el Sevilla está instalado en la planta noble de la Liga Española y gana títulos. ¿Por qué no podemos aspirar a mantenernos ahi e, incluso, superarnos ahora que tenemos un entrenador con experiencia? ¿Por qué, en vez de eso, tenemos que empezar a mirar más arriba buscando carnaza en Monchi o en Del Nido? ¿Por qué, señores "expertos" periodistas? ¿Por qué, si eso sería lo más coherente con todos los argumentos que vosotros mismos lleváis años soltando?

¿O es que, al final, Alvarado va a tener razón con eso de las conspiraciones?

Yo, personalmente, me fio mucho más de Alvarado que de estos tipos.

Y, por supuesto, ninguno de ellos va a ser capaz de quitarme la ilusión. En mi opinión, el problema actual del Sevilla está en el banquillo. Error de los directivos. Error subsanado a tiempo.

Y, ahora, a mirar hacia adelante.

No hacia arriba, buscando más carnaza.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Una idea maquiavélica

Cuando el año pasado, siendo aún Manolo Jiménez nuestro técnico, ya se rumoreaba que Gregorio Manzano podría ser su sustituto, yo me preguntaba si el jiennense sería capaz de mejorar lo hecho en el Sevilla por el de El Arahal. Y ponía en seria duda que tal cosa pudiera ser posible. Sin embargo, si esa comparación se hace con Antonio Alvarez las cosas cambian de un modo absoluto.

Si el presidente del Sevilla se llamara Nicolás Maquiavelo, uno se podría preguntar si la etapa de Alvarez en el banquillo sevillista no ha sido un "astuto" plan prediseñado para quitar presión al verdadero sustituto de Jiménez, de modo que no se le comparara con este último (como le ocurrió a este último con Juande), sino con otro de, digamos, un perfil más bajo.

Sé que habrá alguno que parta de la risa al leer esto. Sé que muchos piensan que cualquiera a quien se compare con Jiménez puede salir fácilmente beneficiado. Bueno, cualquiera, no. Alvarez, por ejemplo, no. Pero creo que todos sabemos a lo que me refiero. Que muchos piensan que la etapa de Jiménez en el Sevilla fue calamitosa y que mejorar eso no es nada del otro mundo. Olvidan, claro, que Jiménez ha sido el segundo técnico más laureado de la historia moderna del Sevilla F.C., sólo superado por Juande Ramos. Claro que Juande fue su predecesor, Jiménez fue peor que su predecesor y eso le desmejora mucho (aparte de otras consideraciones futbolísticas, pero eso es otro tema)

Pero, con Jiménez, el Sevilla fue tercero en Liga, finalista en Copa (el título se ganó con Alvarez) y octavofinalista de Champions. Sólo superado por Juande, con quien también se fue tercero en Liga (casi campeón), finalista en Copa (el título también se ganó con él) y campeón de la UEFA... dos veces.

Si a Gregorio Manzano se le compara con su predecesor, y este es Jiménez, tendría que llegar al menos a eso que consiguió Jiménez, lo cual no es nada fácil (por eso mi pregunta del año pasado cuando se hablaba del jiennense como sustituto de Jiménez). Pero, ahora, su predecesor es Alvarez. Y eso sí que es más fácil de superar. Alegrar al sevillismo ahora es mucho más fácil que hace unos meses.

Maquiavélico, ¿no?

Sin duda, aquí, quien tiene malos pensamientos soy yo, no la directiva. Pero es que el partido del Sevilla contra el Hercules terminó a las nueve de la noche, y muy pocas horas después, apenas comenzada la madrugada, ya se estaba anunciando oficialmente la contratación de Manzano. Vamos, que Manzano ya estaba contratado de antes y se estaba esperando el momento "idóneo" para sacarlo a la palestra. Yo no entiendo demasiado bien el por qué de la espera. Sé que es la costumbre en el fútbol, esperar a un motivo en forma de resultado para cambiar el entrenador. No se puede echar a nadie cuando el equipo está imbatido, aunque sólo sea en Liga. Pero, para mí, eso es maquiavélico o estúpido. Y a mí no me gusta llamar estúpido a nadie.

Pero bueno, dejemos de divagar de una vez.

A mí me gusta Gregorio Manzano. De primeras, es un tipo que me cae bien porque a mí me caen bien las personas que se han ganado con el sudor de su frente hasta la última gota de éxito del que disfrutan. Manzano es uno de esos que se merecen una oportunidad como la que tiene ahora mismo porque se la ha currado a pulso.

Durante los años 80 y 90, este personaje al que apodan "El Profesor" (qué curioso, como a Bilardo), se curtió de fútbol del de verdad, del que no sale en los medios de comunicación, entrenando a equipos como el Iliturgui, el Ubeda, el Martos, el Talavera, el Jaen o el Toledo. No fue hasta el año 1999, después de más de 15 años de carrera, cuando consiguió un banquillo de algo de nivel. El del Valladolid.

A partir de ahí, pasó por el Rácing y el Rayo Vallecano hasta llegar al Mallorca, donde se proclamó campeón de la Copa del Rey. Luego vinieron un par de patinazos. El del Málaga y el del Atlético de Madrid, aunque este último no me vale, porque por el Atlético de Madrid de la época pasaron tantísimos entrenadores que creo que sería injusto valorar lo hecho por ninguno de ellos en un club tan convulso como ese.

Y, por fin, llegó su gloriosa etapa en el Mallorca, su segunda etapa en el club bermellón y eso que dicen que segundas partes nunca fueron buenas, coronada por la casi consecución de plaza Champions del año pasado, arrabatada en el último minuto por un tal Rodri, que juega en el filial del equipo en el que Manzano trabajará a partir de hoy.

Manzano es un tipo de aspecto elegante, pero que en su gesto se aprecia de alguna manera que es un tío curtido en mil batallas. Dicen que es un buen psicólogo, lo cual le puede venir genial a gente como Luis Fabiano o Romaric. Pero, sobre todo, es alguien a quien debe ser difícil mirar a los ojos y no agachar la cabeza a continuación. Al menos, eso es lo que a mí me ocurre cuando me enfrento a una persona con tanta experiencia en la vida (y, en este caso, en el fútbol) que la mía comparada con la suya resulta hasta ridícula.

A mí me gustan los currantes. Mucho más que los sabihondos y engreídos de esos que hay tantos en el mundo del fútbol. Me refiero a esos que no saben lo que es entrenar en campos de tierra. A esos que tienen una estrella en la cabeza (o una flor en el culo) y que todo les ha venido rodado desde siempre. Algunos no han hecho nunca nada, pero tienen un prestigio enorme y la gente les da micrófonos para que emitan sus sabias (y a menudo incomprensibles) sentencias y opioniones.

Y es curioso, pero el entrenador más laureado de la historia del Sevilla tenía, cuando llegó aquí, un perfil muy parecido al de Manzano al día de hoy. Incluso, tienen casi la misma edad (sólo 18 meses les separan).

Ojalá sea un buen presagio.

A Antonio Alvarez quiero darle las gracias por lo que ha hecho con nosotros, y también decirle que para mí seguirá siendo uno de los ídolos futbolísticos de mi niñez. El Mariscal del Area.

A Gregorio Manzano... que mucha suerte y muchos éxitos. Porque tu suerte y tus éxitos son, a partir de hoy, también los míos. Los de todo el Sevillismo.

Y a Maquiavelo... que vaya daño has hecho a la Humanidad poniendo a ignorantes como yo esas ideas tan absurdas en la cabeza.

viernes, 24 de septiembre de 2010

La paciencia y la ansiedad

Cuando, el año pasado, yo defendía con tanta vehemencia a Manolo Jiménez, lo hacía sobre la base de que era necesario tener paciencia con él porque era un entrenador novel que necesitaba tiempo para hacerse grande, de igual manera que un futbolista de la cantera necesita partidos para acabar de madurar. Y tenía esa paciencia porque, mientras los resultados llegasen y el equipo cumpliera con sus objetivos, no me importaba tanto el hecho de que no se jugase bien y, sobre todo, de que no se me quitara esa sensación de que el equipo podía dar mucho más de sí.

Con Jiménez, un importante sector de la afición, con su buena parte de razón (puede que equivocándose en las formas), exigía más a la plantilla y se acabó hartando de tener paciencia. En cuanto los resultados dejaron de llegar, el entrenador se fue a la calle. Insisto en que las formas no fueron las más correctas y es algo que me apena mucho porque Jiménez no es un cualquiera. Es un histórico, un grande del sevillismo. Pero estaba claro que algo había que hacer, que las cosas no iban bien y que la cuerda siempre se rompe por el mismo sitio.

Bien. Perfecto. De acuerdo. Pero el cambio debería haber sido otro y ahora se está demostrando. A mí me gustaría que alguien me explicase qué diferencia hay entre lo que se veía con Jiménez y lo que se ve ahora con Alvarez. Que me explicase cómo es posible que hasta en "Muchodeporte" se diga que Alvarez empeora al peor Jiménez, con lo que "Muchodeporte" le dio a Manolo Jiménez.

Con Jiménez nos hartamos de tener paciencia. ¿Cómo es posible que, ahora, con Alvarez, se nos vuelva a pedir lo mismo? Si es una cuestión de paciencia, ¿para qué destituir a Jiménez cuando, con Jiménez, al menos había resultados? El equipo jugaba a la italiana, desplegaba un futbol feo, directo, brusco, arcaico, aburrido. Pero jugaba a algo, a eso, a controlar los partidos, a ahogar al rival, a no encajar goles y esperar que sonara la flauta. Nos merecíamos más, pero algo teníamos. ¿Qué tenemos ahora?

A Jiménez se le crucificó por caer en octavos de final de la Champions contra el Fenerbahçe y contra el CSKA de Moscú, que es mucho mejor bajage que caer en la previa contra el Braga. Pero muchísimo mejor. A eso me refería con lo de los resultados. Octavos de Champions es buen resultado. Y a eso me refería con lo de la sensación de poder dar más de sí. Esos dos rivales de octavos eran asequibles para nosotros, ambas eliminatorias las tuvimos en la mano (no como la del Braga) y las dejamos ir. Una pena. Era eso lo que queríamos cambiar para mejorar. Subir ese peldaño, algo para lo que parecía que Jiménez no estaba preparado (aún, por eso lo de la paciencia).  Y el cambio se hizo. ¿Qué tenemos ahora? Con Jiménez no se jugaba, pero había resultados. Con Alvarez, ni se juega ni se obtiene de eso otro.

Con Jiménez fuimos terceros en Liga, batimos récords de puntuación, nos llamaron "alternativa a los grandes". ¿Y ahora qué? Jiménez era comparado con Juande, con su antecesor, como es natural. Los logros de Jiménez eran comparados con los logros de Juande y la gente quería volver a lo que había con Juande. Ahora, a Alvarez se le compara con Jiménez, con su antecesor. Y sale mal parado. Pero yo no quiero volver a lo de Jiménez. Yo lo defendí porque lo creía justo, pero vi razonable el cambio. Pero los cambios son para mejorar, no para hacer lo mismo con otra persona. Para eso, no. Para eso, no entiendo el cambio. Porque si con Jiménez no se mejoró a Juande, y con Alvarez no se mejora a Jiménez, la conclusión es de lo más triste. El equipo que más ha crecido en España en los últimos años está empezando a hacer todo lo contrario. A decrecer. Afortunadamente, aún estamos a tiempo de arreglar las cosas.

A mí, no me gusta Antonio Alvarez. Y mira que defendí su renovación porque, de igual manera, también la consideraba justa tras cumplir con sus objetivos el año pasado. Pero no me gusta. No me gustó nada que apelara a lo que se llamó "el espíritu Juande" en sus primeras declaraciones. Eso se llama demagogia. Palabras vacías. Humo. Y así lo dije. El movimiento se demuestra andando y, actualmente, andar se anda poco y mal. Tampoco me gustó que no se hiciera referencia a los méritos que tuvo Jiménez en la consecución de los éxitos del año pasado. Eso no se hace. Eso es indigno. Las cuitas personales son cuitas personales, pero la dignidad es otra cosa. Parecía como si Alvarez quisiera huir de todo lo que sonara a Jiménez como medio para, así, ganarse el respeto. Insisto, eso no se hace. El respeto se consigue por méritos propios, no apoyándose en los deméritos ajenos. Y a cada uno hay que darle lo que se merece. Si Jiménez no conseguía los resultados, se le destituye, del mismo modo que se le mantuvo cuando estos llegaban. Pero, otra vez, a cada uno hay que darle lo que se merece. Y Alvarez no lo hizo. Poca dignidad y mucha demagogia. Pero le di un voto de confianza.

¿Y esa sensación que da de hacer lo que los "expertos" dicen que hay que hacer? Eso de hacer ver que siempre jugará con dos delanteros y dos centrocampistas y montar una plantilla con siete de estos últimos y sólo tres de aquellos primeros. Comenzar jugando con dos puntas y ahora hacerlo sólo con uno, hasta el punto de dejar a Luis Fabiano en la grada. Que yo no digo que el brasileño se lo merezca o se lo deje de merecer, pero no me negarán que un poco incoherente sí que es.

Y llegó el verano y comenzaron las cosas raras. Lo de ceder a Cala, ¿es cosa de él o de la dirección deportiva? Si es cosa de él, maldita metedura de pata. Y si es cosa de la dirección deportiva, ¿qué significa eso de que es un entrenador "incómodo" que dijo el otro día? Y, durante el verano, ocurrió lo que ocurrió. Ridículo en la Supercopa y debacle en la previa de la Champions. Sin lesionados (las excusas de Jiménez), con tiempo para haber trabajado (el perdón que se le daba a Alvarez en el tramo final de la liga anterior era que no había tenido tiempo de imponer su "estilo"), sin nada ni nadie (en forma de presión inhumana en el entorno) que le entorpeciese o limitase.

Y el colmo fue lo de anoche, cuando dijo eso de que nota ansiedad cuando se juega en el Sánchez Pizjuán. ¿Ansiedad, por Dios bendito? Si lo de anoche fue ansiedad, ¿cómo se puede llamar a lo que sufría Jiménez el año pasado un partido sí y otro también? ¿Ansiedad, Antonio Alvarez? Si la afición se portó de maravilla. Si fue lo mejor del partido. Si, a pesar de lo poco que gustas, la gente se vuelca con el equipo. ¿De qué estás hablando?

Una de las máximas más importantes en la vida es que el tiempo pone a cada cual donde se merece. Yo siempre dije que con Jiménez se fue injusto y que el tiempo le pondría en su lugar. Pero, con eso, no me refería a que llegase un entrenador peor que hiciera bueno al otro, sino que, con el paso de los años, ya con la cabeza fría y sin los sentimientos del momento a flor de piel, la gente sería capaz de valorar en su justa medida lo hecho por el de Arahal. Que el Sevilla siguiera creciendo y que, con el tiempo, después de conseguir más títulos y más éxitos con otro inquilino en el banquillo, la gente dijera algo así como que si Jiménez no hubiera sabido gestionar bien el marrón que le cayó en lo alto, nada de lo logrado después hubiera sido posible. Que Jiménez no fue capaz de conseguir los éxitos requeridos, pero que allanó el camino para que otro técnico (quizás mejor) lo acabase por alcanzar. Eso era lo que esperaba.

Y ahora, unos pocos meses después, "Muchodeporte" dice que Alvarez empeora al peor Jimenez.

Y la sensación que me da es que, igual que Jiménez despertaba pasiones, tenía entregados defensores y acérrimos detractores, con Alvarez no hay debates. Es como si todo el sevillismo estuviera sentado en la vera de un río esperando ver pasar el tronco de su cadáver. Incluso, animando a la directiva para que cumpla con ese trámite lo antes posible.

Jornada 4 de liga.

Aún estamos a tiempo de todo.

De todo.

martes, 21 de septiembre de 2010

Lautaro Acosta y los errores de Monchi

Hace ya un tiempo que parte de la prensa deportiva sevillana (y parte, también, de la afición) viene incidiendo en los errores que Monchi está (supuestamente) cometiendo a la hora de hacer fichajes y de planificar las temporadas. Y lo hacen dando por sentado que, anteriormente, era una mina de hacer grandes adquisiciones a coste bajo, o cero, y que ahora que dispone de más dinero la está pifiando demasiado.

En este análisis, obvian por completo el hecho de que, en sus primeros tiempos, nuestro director deportivo tenía por objetivo conformar una plantilla para mantenerse en primera. Y lo hizo. Luego, para clasificarse para la UEFA. Y, también, lo hizo. Más tarde, para meterse en Liga de Campeones, y de no ser por la pifia, no de Monchi, sino de otros, este año hubiéramos jugado la máxima competición continental por tercera vez en cuatro años. No se pueden comparar los fichajes de Martí, Casquero, o el Dani Alves de sus primeros años (por poner algunos ejemplos) con los actuales, ya que ninguno de ellos hubiese venido al Sevilla de hoy. Bueno, Alves seguro que sí, pero fijo que no hubiese triunfado porque se le hubiese pitado desde el segundo partido. Ya se hizo en aquella época, con lo que figuraos ahora.

No voy a negar que Monchi se ha equivocado. Por supuesto que lo ha hecho. Pero también se equivocaba en los inicios. ¿Cómo si no se pueden juzgar los fichajes de gente como Hornos, Jesuli, Sales, Machlas, Cotelo, Samways, Antonio Lopez, Aranda o Hinkel, por poner varios ejemplos? Claro que los errores a coste cero son menos vistosos que los errores millonarios. Pero es que el Sevilla de aquella época no tenía dinero para permitirse el lujo de cometer errores millonarios. Lo que quiero decir es que Monchi es igual de bueno (o malo) que en sus inicios en el cargo que ocupa. Tiene grandes aciertos e importantes errores. Antes y ahora, como todo hijo de vecino, como todo ser humano. Lo importante, en mi opinión, es que los objetivos de su gestión se siguen cumpliendo. Antes, sin dinero, y ahora con él. Por tanto, no se puede demonizar ahora su gestión con la misma vehemencia con la que se la ensalzaba unos años atrás. En mi opinión, todo sigue igual. Con fichajes baratos el Sevilla se mantuvo en Primera y se metió en la UEFA, y con fichajes caros nos instalamos en las alturas de la clasificación. Y los errores de entonces eran los mismos que los de ahora. Igual que los aciertos. Porque en la época de vacas gordas también han habido aciertos. Keita, Poulsen, Zokora, Perotti, Squilachi...

Y que no me venga nadie ahora con eso de que se ganaron dos UEFAs con esos fichajes baratos. Esas dos UEFAs se ganaron con un equipo sin la décima parte de presión que se tiene ahora. Aquel equipo no ganaría absolutamente nada ahora porque la exigencia que se tiene ahora es infinitamente mayor que la de entonces. Bueno, y el entrenador que teníamos entonces también era mejor. Pesetero, mezquino, ruin y traidor... pero mejor. Al César lo que es del César. Se llame Juande o Monchi, seamos justos, seamos serios.

Pero lo que más me llama la atención de todo esto es la libertad, o libertinaje mejor, con la que se elaboran esas listas de fracasos de Monchi en los últimos años. Porque fracasos, por supuesto, han sido los Chevantón, Koné, Mosquera, De Mul, Romaric, incluso, Konko, aunque este yo creo que va a acabar triunfando. Pero hay un caso que se incluye siempre en esta lista, y a mí me parece sangrante que se haga. Me refiero a Lautaro Acosta.

Vamos a ver, ¿quién puede decir que Acosta no vale para este Sevilla? ¿Quien puede decir que es un fracaso de Monchi? ¿Quién puede decir que es mal jugador? ¿Ni tampoco bueno? Nadie puede decir nada de eso porque nadie lo ha visto jugar. Es que Acosta no ha jugado. Pero este no es un caso como el de De Mul, Koné o Chevantón, que tuvieron mil oportunidades y nunca demostraron el nivel necesario. Estos tres últimos ejemplos no jugaron porque otros demostraron ser mucho mejores. Vale que hubo lesiones de por medio, pero tuvieron esas oportunidades, se les dieron minutos, en algunos casos hasta continuidad.

Pero... Lautaro Acosta.... Lautaro Acosta no ha jugado porque no ha podido. Es increíble, pero lleva dos años lesionado. En ningún momento nadie en el Sevilla ha podido demostrar que es mejor que él, porque él en ningún momento ha sido capaz de competir por el puesto, simplemente por estar lesionado. ¿Cómo se puede juzgar a un jugador en esas condiciones? ¿Cómo se puede calificar la gestión de Monchi a la hora de ficharlo de ese modo? Me parece de lo más cínico y torticero utilizar el nombre de Lautaro Acosta para cargar contra Monchi.

De verdad os digo que estoy deseando ver jugar a este futbolista. No me creo que un cualquiera pueda ser campeón del mundo con Argentina, aunque sea sub'20. No me lo creo. Algo tiene que tener para que Monchi se fijase en él. Lo que pasa es que no lo hemos podido ver, no nos lo ha podido demostrar porque no ha dejado de estar lesionado. Insisto, nadie en el Sevilla ha podido dejar claro que es mejor que él porque nunca ha estado en condiciones de competir por un puesto.

Ojalá se recupere de una vez y nos enseñe qué tipo de futbolista es. Y ojalá resulte ser un extraordinario jugador. Ojalá. De todos modos, si jugando no lo hace, yo mismo lo meteré en el mismo saco que a De Mul, Koné, Chevantón y compañía.

Pero, por favor, vamos a ser serios y sensatos. Esperemos a que el pobre chico pueda jugar antes de juzgar su fichaje o de decir que no tiene nivel para este Sevilla. Es que eso, a estas alturas, no lo puede saber nadie.

Ni el más "experto" de todos los "expertos".

lunes, 20 de septiembre de 2010

El sistema

Dicen que un buen entrenador no es aquel que hace jugar más bonito al equipo ni el que consigue unos buenos resultados, sino el que saca el mayor rendimiento posible a la plantilla de la que dispone. No todas las plantillas pueden conseguir los mejores resultados, y estos no pueden llegar siempre unidos a un juego florido y preciosista.

Una vez cortado de raíz el debate del año pasado acerca de aquello de Jiménez sí, Jiménez no, la prensa deportiva sevillana ya ha sacado otro a la palestra con el que rellenar en sus páginas ese hueco que su imaginación y su pericia y buen trabajo es incapaz de cubrir. El debate del sistema de juego que debe utilizar el equipo. Que si 4-4-2, que si 4-5-1, que si 4-3-3.... La cuestión es tener algo estéril de lo que hablar para evitar que el Sevilla pueda trabajar tranquilo, para que haya algo sobre lo que polemizar. Si las aguas bajan tranquilas en el equipo, si se quiere mantener la paciencia y dar un voto de confianza al cuerpo técnico... siempre habrá los que se inventen algo para seguir dando palos.

Dicen los "expertos" que el Sevilla tiene que jugar SIEMPRE con dos delanteros. SIEMPRE. Y que cualquier otra cosa es un error de bulto. Luego, los resultados que se dan en función de la táctica empleada no parecen tener mayor imporancia. Y lo peor es que nuestro técnico parece bastante preocupado por lo que se diga al respecto. Al menos, contra el Málaga parece que fue capaz de imponer su criterio. No me está gustando demasiado lo que está haciendo Antonio Alvarez hasta ahora, pero tras el último partido albergo esperanzas positivas.

En mi opinión, el Sevilla ha de jugar con un solo delantero. No siempre, claro, eso es en función de cada partido, y también del desarrollo de cada partido. Pero, para mí, el planteamiento base está claro cual debe ser. Si un buen entrenador es aquel que saca el mayor rendimiento posible a su plantilla, habrá que tener en cuenta la plantilla de la que se dispone para llegar a una conclusión. Y la realidad es que en la plantilla del Sevilla hay tres delanteros contrastados y de garantías: Kanouté, Luis Fabiano y Negredo. Y no creo que diga ninguna barbaridad si afirmo que disputar tres competiciones con la más alta exigencia teniendo tres delanteros y basándose en un sistema base de dos puntas es, cuando menos, una temeridad. Por no decir suicida. A nada que uno se lesione, le sancionen, esté en baja forma, sea convocado por su selección o cualquier otra circunstancia tendríamos un grave problema.

El Sevilla tiene que jugar con cuatro defensas, tres centrocampistas, dos extremos y un delantero. Así lo recomienda la plantilla que tenemos, así lo sabe Antonio Alvarez y así lo impone el fútbol moderno. Sí, el fútbol moderno, el fútbol que triunfa en la actualidad, el que desarrollan los equipos más admirados y más laureados del momento.

¿Acaso no es así como juega el Barcelona de Guardiola? Tres centrocampistas: Busquets, Xavi e Iniesta. Dos extremos: Messi y Pedro. Y un delantro: Villa.

También jugó así la Selección Española en el Mundial: Tres centrocampistas, dos jugadores de banda y un delantero. El problema en la Roja fue cómo complementar con ese sistema a Villa y a Torres. Fácil. El asturiano a la banda y santas pascuas. Busquets, Xavi Hernández y Xabi Alonso en la media. Iniesta por la derecha, Villa por la izquierda y Torres arriba. Y, así, ganamos el Mundial.

Incluso Holanda, esa selección que tan famosa ha sido siempre por su buen fútbol, se ha plegado a esta forma de jugar. Y mira que le han llovido palos en su país. Pero llegaron a una final por primera vez en veinte años. En la Eurocopa de 2008, enamoraron con su juego con dos centrocampistas (De Jong y Snejder), dos extremos (el reconvertido para la causa Van der Vaart y Robben) y dos delanteros (Van Persie y Van Nistelrooy). Jugaron como los ángeles y cayeron en cuartos de final por 3-1 contra Rusia. En Sudáfrica, jugaron con tres medios (De Jong, Van Bommel y Snejder), dos extremos (Robben y Kuyt) y un sólo delantero (Van Persie). Su juego se volvió tosco y bronco, pero muy efectivo. Recibieron multitud de críticas desde casa, pero lograron el mayor éxito desde la época de Rijkaard, Gullit y Van Basten.

Utilizar ese sistema no significa jugar bien o mal. El Barça juega como los ángeles, y a esta última Holanda daba pena verla. Pero yo pienso que es evidente que es hacia ahí hacia donde se dirige el fútbol moderno. A nadie se le ocurre hoy día jugar con cinco delanteros, por mucho que el Madrid ganara seis Copas de Europa con esa táctica. Ni jugar cómo se solía hacer en los años noventa, con tres centrales y dos carrileros. ¿Recordáis aquel Sevilla? Unzué en la portería, Prieto, Diego y Martagón en defensa, Rafa Paz de carrilero derecho, Soler o Jiménez por el izquierdo, Marcos, Simeone y Bango en la media... ¿hace falta que siga? El delantero centro era un tal Davor Suker y el otro punta un tal Gabi Moya ¿A que os acordáis?  Y de portero suplente, un tal Monchi.

Pero no es sólo cuestión de plantilla o de fútbol moderno. El Sevilla, desde que es tan grande como hoy día, sufre, partido tras partido, a rivales que se encierran atrás para salir al contragolpe. Es la forma ideal de jugarnos, y eso lo saben ya en cualquier escuela de entrenadores no ya de España, sino incluso de Europa. Los ejemplos más recientes: Braga, Deportivo y PSG. Todos nos jugaron así, y todos sacaron algo positivo. Por tanto, el Sevilla se ha de acostumbrar a manejar los partidos con paciencia y oficio, tratando de abrir la lata del contrario y evitando pérdidas que den lugar a contragolpes. Y eso se consigue poblando de jugadores el centro del campo para tocar y tocar hasta encontrar el camino del gol. ¿O volvemos a aquello por lo que tanto se criticó a Jiménez? Eso de que, como el rival presiona tanto, el centro del campo desaparece y la única opción era el pelotazo, que la baje Kanouté y que la recojan los extremos o Luis Fabiano.

El Sevilla tiene que jugar con tres medios. Por todas esas razones que explico. La plantilla está pensada para eso. Zokora, Fazio, Guarente, Cigarini, Renato, Romaric y hasta Jose Carlos actúan (o pueden actuar) en esa posición. Siete futbolistas para tres puestos.

Y, luego, habrá partidos para jugar de otra forma. U otros en los que habrá que variar el sistema porque sea necesario en función del desarrollo de la contienda.

Pero como base... es necesario sacar el máximo partido de la plantilla que tenemos.

A ver si Alvarez se acaba de convencer.

Y eso que es justo así como él piensa, por mucho que diga o deje de decir.


A partir de mañana, fútbol

Hola a todos

La verdad es que no sé cómo empezar este post. Debería hacerlo pidiendo disculpas por dejar pasar tanto tiempo sin actualizar el blog. Y eso que han pasado cosas desde la última vez que escribí. No es fácil volver a ponerse en marcha así, como si nada hubiera ocurrido. Ni tampoco de recibo, al menos en mi opinión.

No han sido estos últimos unos buenos meses para mí. No ha ocurrido nada grave, estoy bien de salud, mi familia también, todo sigue más o menos igual. Salvo por el último palo que la vida me ha querido dar. Afortunadamente, se trató de algo económico, laboral más bien. De esos que tienen remedio, que de los otros también los he tenido pero ya hace mucho de eso y no vienen al caso en absoluto.

No me gusta nada quejarme de mis penas. Más que nada porque siempre habrá alguien que las tenga peores y me diga que ojalá estuviera en mi lugar. Pero el modo en que las cosas afectan a cada uno es libre y subjetivo. Y ahí nadie puede entrar más que uno mismo.

Cuando hace dos años , la empresa en la que trabajaba quebró y desapareció, me lo tomé de otra manera. Y eso que no sólo dejó de existir mi puesto de trabajo sino, incluso, el propio sector en el que llevaba años desarrollando mi carrera. Yo me dedicaba a temas muy relacionados con el mercado inmobiliario. No creo que sea necesario decir a donde se fue ese sector con esta maldita crisis que estamos sufriendo. Toda la experiencia acumulada durante años quedaba inservible. Tocaba reciclarse.

Y lo hice. La primera oportunidad que me surgió fue una oposición, la cual estudié conseguí aprobar, pero no obtuve plaza. Eso sí, a partir de entonces, comencé a trabajar en la Administración Pública como interino. El año pasado me volví a presentar (estudiar y trabajar a la vez no es nada fácil), y el resultado fue el mismo. Las cosas iban bien. Después de aquel examen, estaba convencido de que a la tercera iba a ser la vencida. Absolutamente convencido. Para los que no lo sepan, para aprobar una oposición no basta con saberte el temario. También hay que saber cómo hacer el examen para que te de tiempo a terminarlo y así obtener mejor nota. Y eso se consigue con experiencia, la que yo obtuve en esas dos convocatorias a las que me presenté.

Pero este año, nuestro querido Gobierno ha decidido que una de las medidas para reducir el déficit del Estado sea la de echar a una gran parte de los interinos y no convocar apenas plazas públicas. También, por supuesto, eso de bajar el sueldo a los funcionarios, que esto es de lo que más se hablado. De lo otro no tanto, pero el drama para las familias afectadas es el mismo que cuando se plantea un ERE en una fábrica de coches o el que últimamente están sufriendo los mineros leoneses. El Gobierno ha decidido no pagar mi sueldo para poder tener dinero con el que mantener los subsidios de desempleo. Y en ello estoy. Ya no tengo trabajo, ya no tengo sueldo, y sí un subsidio por la mitad del importe de lo que cobraba antes. Con la que está cayendo en el país en forma de paro, aún nadie ha sido capaz de explicarme qué de bueno tiene esa medida para nuestra economía.

Pero no me quiero ir por las ramas de la política, que es un tema muy goloso. Lo que quiero decir es que con treinta y cinco años que tengo, después de estudiar mi carrera, parte de ella en el extranjero, de hablar dos idiomas, de llevarme diez años pegando botes de un lado a otro, trabajando en distintos lugares de España con el objetivo de hacer méritos para consolidar mi empleo, para obtener una estabilidad y mirar el futuro con algo de tranquilidad, todo se va al garete por culpa de una crisis económica que afecta de lleno al sector en el que trabajo. Aún así, me levanto y me busco la vida por otro lado, enderezo mi existencia y me paso dos años durmiendo seis horas, trabajando ocho y estudiando el resto. Y cuando parece que, por fin, voy a poder ver el resultado de mi esfuerzo, todo se va al garete otra vez.

Después de todo eso, con treinta y cinco años, tengo que empezar de nuevo de cero. Y ha sido demasiado para mí.

Durante estos meses que llevo sin escribir me he preguntado de todo. ¿Merece la pena tanto esfuerzo? ¿De verdad alguna vez se ven los resultados, o estamos expuestos a que un golpe de suerte, buena o mala, te eleve al éxito o te hunda en la miseria? Cuando mi mujer y yo decidimos tener un hijo, las cosas nos iban de maravilla. Sin embargo, cuando el crío nació estábamos los dos en paro. Y os aseguro que ambos teníamos magníficos trabajos muy bien pagados ¿Cómo se explica eso? ¿Cómo se puede pensar en el futuro si pueden ocurrir cosas así?

Por supuesto, esto del fútbol pasó a un segundo orden en mi vida de un modo absoluto. Y lo de escribir en el blog también, claro. Con la que tenía encima, ¿cómo perder mi tiempo en algo tan trivial como eso? Ni Mundial de Sudáfrica, ni fichajes de verano, ni Supercopa de España ni previa de la Champions. Mi estado de abatimiento era tal que nada de eso me importaba un pimiento, ni un bledo ni un rábano.

Y eso que el sentimiento sevillista siguió a flor de piel. Igual que, por muy mal que te vayan las cosas, no dejas de querer a tu mujer o a tu hijo, tampoco dejas de ser sevillista. De eso me di perfecta cuenta hace no mucho, cuando vi a mi hijo (que apenas supera el año de edad) mover los brazos en el aire mientras sonaba en la tele el Himno del Centenario. Se me cayó el culo al suelo en ese momento, rodó y rodó, y aún lo estoy buscando. El verdad, el niño baila con cualquier cosa que le pongas, pero a mi me gusta creer que algo de lo que le voy enseñando va calando.

Y entonces me pregunté: si haría lo que fuera para que ese crío tenga para comer todos los días, ¿le voy a privar de este sentimiento tan bonito sólo porque esté pasando una mala racha? ¿Me voy a arriesgar a que otra persona con otros gustos influya en él de tal manera que se me convierta en bético, madridista, o sabe Dios qué otra barbaridad?

Si tengo que levantarme del suelo para volver a enderezar mi vida laboral, también tengo que hacer lo propio con el resto de facetas. Y esta es una de ellas, por supuesto. Porque es un sentimiento tan hondo, tan arraigado, que por muy trivial que sea el tema del fútbol, ese sentimiento no lo es para nada. Es mucho más importante. Mi abuelo era sevillista y vio al equipo ganar la liga. Mi padre también lo era, y no vio al equipo ganar nada porque el pobre murió antes de tiempo. Yo, por supuesto, también lo soy y he visto lo mismo que todos vosotros. Lo más grande de nuestra historia. Y mi hijo lo sérá. De eso que no le quepa duda nadie. Para que pueda ver lo mejor que está por venir.

En estas últimas semanas, un nuevo proyecto laboral me ha devuelto la ilusión otra vez, y eso me ha sacado de mi letargo.

Porque Dios aprieta, pero no ahoga. Sobre todo a las personas que tienen algo por lo que seguir luchando a pesar de los batacazos.

Y ahora que vuelvo a tener ilusión, me reincorporo a vuestro lado. Otra vez.

Siento los meses de ausencia. Y también este rollo de pastel que os acabo de soltar. Os prometo que, a partir de mañana, aquí sólo se hablará de fútbol.

Un abrazo.

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