martes, 29 de noviembre de 2011

Mala planificación o cabezonería

En agosto, justo antes de la eliminatoria europea contra el Hannover, la ilusión de buena parte sevillismo estaba desbordada gracias al buen hacer del nuevo entrenador, Marcelino García Toral, a lo largo de la pretemporada y a una aparentemente buena planificación deportiva, gracias a la cual se trajeron jugadores como Trochowski, Spahic, Coke o Manu del Moral, aparte de hacer una soberbia gestión de las salidas de los futbolistas con los que no se contaban.

En aquellos días, teniendo en cuenta las lógicas y numerosas pruebas que se hicieron en los amistosos veraniegos, y conociendo los jugadores que iban a componer la plantilla, quien más quien menos se imaginaba un dibujo táctico como el siguiente:

A aquellas alturas, aún no se sabía a ciencia cierta si la portería sería para Palop o Javi Varas. En defensa se contaba con dos jugadores por puesto. Se podía debatir acerca de si eran los más idóneos (muchos se lamentaban de la salida de Juan Cala), pero sí que era cierto que parecía haber efectivos suficientes y de aceptables garantías.

En el medio centro, Rakitic estaba lesionado, y era Trochowski quien ocupaba su demarcación, algo comprensible dado que Campaña acababa de subir al primer equipo y además se había perdido buena parte de la pretemporada por sus compromisos internacionales. Por su parte, Guarente seguía con su eterna lesión, pero el buen hacer del canterano Salva aseguraba el relevo de Medel caso de que hiciera falta.

La banda izquierda andaba aparentemente bien cubierta, y la derecha, aunque De Mul ofreciera pocas garantías como recambio de Navas, de todos era sabido que Manu del Moral se defiende bien por las bandas, con lo que esa circunstancia también estaba cubierta.

En la media punta, aparte del ex del Getafe, y teniendo en cuenta que Trochowski estaba jugando un poco más retrasado a la espera de la recuperación de Rakitic, podía tener sus minutos Luis Alberto. Y arriba teníamos a Negredo y Kanouté para un puesto, aparte de la "promesa" de un nuevo delantero antes de que se cerrara el plazo de fichajes.

Se trataba de una plantilla compensada, corta (como quería el entrenador) y con sitio para jugadores del filial como Luna, Campaña, Salva o Luis Alberto. Para colmo, venía de ganar todos sus partidos de pretemporada, los más fáciles y también los que nos enfrentó a equipos de más nivel. Parecía lógica la ilusión.

Sin embargo, pronto vendrían los contratiempos. Primero, la eliminación europea. Luego, el hecho de que no viniera ningún delantero más. Y, más tarde, el mal juego del equipo, que, a pesar de empezar a sacar resultados, no acababa de arrancar. Se nos pedía paciencia a los aficionados. Marcelino no se cansba de decir que sabía lo que hacía, que tenía claro lo que quería y que tarde o temprano el equipo jugaría cada vez mejor. Pero la cosa no fue así, sino más bien al contrario. El equipo jugaba cada vez peor, e incluso hasta los resultados dejaron de acompañar.

Pero a mí lo que más me preocupaba no era eso, sino lo que dijo el técnico cierto día, cuando aseguró que el sistema 4-4-2 era innegociable. En mi opinión, y ya lo he dicho en ocasiones anteriores, esta plantilla no está hecha para ese sistema. Pero el entrenador se encabezonó, empeñándose en ofrernos algo como esto:

 Así es como se empeñó en jugar Marcelino. Y así la plantilla está completamente descompensada (nada que ver con el dibujo del principio). Así, nos falta un central, ya que el técnico ponia a Fazio de medio centro. Para colmo, Luna no entra para nada en sus planes, hasta el punto de preferir poner en esa posición a un central diestro como es Cáceres en la única ocasión en la que ha faltado Fernando Navarro. En el centro del campo jugaba con dos futbolistas, no con tres, con lo que Campaña vio tapado el paso en cuanto se recuperó Rakitic. Para colmo, hasta Fazio jugaba antes que él.

Pero lo peor estaba en la delantera. Considerar como innegociable un sistema con dos delanteros cuando en la plantilla hay sólo dos de ellos, y uno es Kanouté, es una locura para cualquiera que tenga un poco de sentido común. Del Moral se vio obligado a jugar de delantero centro cuando no es delantero centro. Y esa posibilidad de que sustituyera a Navas caso de ser necesario se esfumó. Las lesiones de Negredo y Kanouté llevaron a Marcelino incluso a convocar a Hiroshi. Pero no se bajó del burro.

Si desde el principio la idea era que el Sevilla jugara con un 4-4-2, es evidente que la planificación deportiva ha sido un desastre. Una planificación deportiva que da como resultado el segundo dibujo no puede ser calificada de otra manera. Según este segundo dibujo, al Sevilla le falta un central, un lateral izquierdo (ya que no se cuenta con Luna), un volante derecho (ya que si Del Moral es delantero, será complicado que pueda suplir a Navas en un momento dado) y, por supuesto, uno o dos delanteros centros. Aparte, le sobran uno o dos centrocampistas (no tiene sentido tener a seis jugadores para dos puestos, y menos si el entrenador no quiere una plantilla numerosa)

Además, ¿dónde está aquello de tener una plantilla corta para dar paso a jugadores del filial? Si según el primer dibujo se adivinaban oportunidades para Luna, Salva, Campaña y Luis Alberto, ¿dónde los metemos ahora si el dibujo va a ser el segundo? Y yendo más allá, ¿cómo es posible que se vendiera a Rodri para luego no traer a nadie si se pensaba jugar con dos delanteros? Y suponiendo que eso fue un error, una amalgama de infortunios, una apuesta que salió mal, lo que sea, ¿por qué Hiroshi no entrenó con el primer equipo desde el minuto uno para que se fuera haciendo a esos compañeros y así estar a punto por si hacía falta? Porque yo creo que todo el mundo era consciente de que podía pasar lo que efectivamente pasó. Que Kanouté no estuviese para todos los partidos, y que a eso se le pudiera unir que Negredo fuese baja en alguna ocasión. ¿De verdad se pensaba suplir a los dos sólo con Del Moral? ¿De verdad se considera a Del Moral como un delantero centro de garantías para tal cometido?

Yo no sé qué ha pasado, pero es evidente que algo ha pasado. Yo no entiendo cómo es posible que con una plantilla en la que encaja a la perfección un sistema 4-2-3-1, el entrenador se empeñe en jugar con un 4-4-2. Yo no sé de qué hablaron técnico y dirección deportiva antes de la pretemporada para acabar por confeccionar una plantilla así.

Si de verdad Marcelino pensaba jugar con un 4-4-2, y así se lo hizo saber a la dirección deportiva desde el primer momento, el trabajo de esta ha sido verdaderamente malo. Pero es que ese trabajo no es de un día para otro. Ese trabajo duró un par de meses. ¿Por qué Marcelino no se quejó en algún momento? Todo lo contrario, el técnico decía, y sigue diciendo, que está encantado con Monchi y compañía.

Y si la plantilla se hizo para jugar con un 4-2-3-1 y luego llegó el entrenador y cambió de idea, ¿no tiene nada que decir el club al respecto?

En mi opinión, el trabajo de la dirección deportiva en verano fue bueno, emborronado con el tremendo error de dejar la plantilla tan corta de delanteros. Por otro lado, no tengo los argumentos ni la información necesarios para negar categóricamente que Marcelino no sepa lo que hace. No sé si triunfará o no, pero, igual que los comienzos de Juande fueron titubeantes, se puede llegar a pensar que con Marcelino puede pasar lo mismo.

Esos dos argumentos pueden valer por separado, individualmente. Pero juntos les pasa como el agua y el aceite. Que se repelen. No puede ser a la vez que el trabajo de la dirección deportiva haya sido bueno y que Marcelino sabe lo que hace. Las dos cosas a la vez es imposible.

Dicen que un buen entrenador es aquel que sabe sacar el máximo rendimiento de la plantilla que tiene. Y eso es algo que Marcelino no está haciendo hasta ahora. Es evidente. Se está empeñando en jugar con un sistema cuando esta meridianamente claro que la plantilla está confeccionada para otro.

Y eso lo vemos la inmensa mayoría de los sevillistas. Los hay que critican, los hay que defienden el sistema del que hablo, los hay que dicen que les da igual cómo, que lo único que les importa es ganar. Y si no puede ser, puntuar, sea cual sea el sistema. Pero nadie, absolutamente nadie defiende jugar con dos delanteros. Los aficionados no son técnicos, pero la mayoría abruma. 

Afortunadamente, el Sevilla salió e Zaragoza de la siguiente forma: 


Esto se parece mucho a lo que se supone que tiene que ser. A la forma de jugar para la cual está confeccionada la plantilla. Para este sistema, la plantilla está perfectamente compensada. Y pudo utilizar el 4-4-2 porque Kanouté y Del Moral estaban en el banquillo. No lo hizo, y eso me hace tener esperanzas de que nuestro entrenador está entrando en razón.

Ya sé que el juego del equipo no mejoró demasiado, pero cuando unos jugadores llevan cinco partidos sin ganar, entran en una inercia de la que no es sencillo salir de manera automática. Cuesta un poco, pero considero que es un primer paso el utilizar de una vez el dibujo táctico más idóneo para la plantilla que se tiene. 

Esa es la humilde opinión de un simple aficionado que sólo quiere lo mejor para su equipo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Opiniones

Como norma habitual, no me gusta meterme a entrenador y comentar aspectos tácticos de los partidos que disputa el Sevilla. Yo no soy profesional de eso, sino un simple aficionado, y aunque llevo 25 años viendo fútbol con conocimiento de causa, es más que probable que meta la pata hasta el corvejón si me introduzco en un jardín como este. 

Sin embargo, por una vez y sin que sirva de precedente, voy a dar mi opinión sobre el partido de anoche dejando un poco de lado mi faceta de hincha par dar paso, aunque sólo sea un poco, a la de técnico aficionado. 

Anoche me dediqué a ver el partido como si fuera un supuesto ojeador extranjero que viene a comprobar cómo juega el Sevilla. Que quiere estudiarlo, conocer sus jugadores, ver si le podría interesar alguno al club para el que trabaja. Dejando de lado la pasión. No es fácil. Al contrario, es dificilísimo. De hecho, no lo conseguí del todo, pero si que me dio el experimento para sacar algunas conclusiones. O al menos para darme cuenta de según qué cosas, encontrar ciertas explicaciones y meterme de lleno en nuevas dudas. 

De entrada, la alineación inicial me gustó. Por fin se decidió Marcelino por emplear el 4-2-3-1, sistema para el que la plantilla está casi perfectamente confeccionada. No que para el 4-4-2, la descompensación entre líneas es evidente. Este será el tema de mi próximo post, seguramente, pero ahora me quiero centrar en lo otro. En este partido en cuestión. Me gustó la alineación, aparte de por el sistema, porque se pusieron a los jugadores en sus posiciones. El lateral derecho para Coke (que es lateral derecho). Fazio como central (porque Fazio es central). Trochowski más adelantado que normalmente (en la posición donde triunfó en el Hamburgo). Las bandas para los extremos y Negredo como delantero de referencia. Cada uno en su sitio. Nada de polivalencias ni experimentos. 

Y el Sevilla comenzó a jugar bien. A veces la lógica se impone. A veces es mejor hacer sencillo lo sencillo y no complicarse las cosas de un modo innecesario. La primera media hora fue magnífica y nos pusimos por delante. Un 0-1 a todas luces corto porque hubo otro penalty sobre Coke (que no pitaron) y dos ocasiones claras, una de Negredo y otra de Trochowski, que no entraron. Eso aparte del dominio y el buen hacer de un Sevilla bien plantado en el campo.

El final del primer tiempo fue regular, pero eso lo doy por comprensible. El Zaragoza, que juega en casa, que está con el agua al cuello y que acaba de encajar un gol, trata de irse arriba para arreglar un poco el desaguisado. Y ese empuje hace que las fuerzas se equilibren un poco. No es que lo de por bueno, pero se puede llegar a entender. 

Incluso, y teniendo en cuenta la mala racha de la que veníamos, se podría hasta pasar por alto (con muy buena voluntad) que en el inicio de la segunda mitad los maños siguiesen con ese asedio en busca de un gol que les devolviese las esperanzas. Es habitual que los equipos locales salgan a comerse el mundo justo después del descanso cuando el marcador es adverso. Y que los visitantes se dediquen a aguantar el arreón y a tratar de matar el encuentro en un contragolpe en tanto en cuanto esperan que sus rivales se desfonden.

Y es este el momento de los entrenadores. De los buenos entrenadores. En función de cómo haya ido la cosa en ese asedio local tan habitual, los técnicos se deciden por hacer cambios. El asedio zaragocista dejó las cosas como estaban en el marcador, y Aguirre, como era de esperar, se decidió por hacer cambios ofensivos. Por su parte, y obligado por las circunstancias, Marcelino se vio obligado a cambiar a Negredo. Y aquí fue donde me llevé por primera vez las manos a la cabeza. Hasta ese momento, y poniendo buena voluntad, lo comprendía todo. Pero, teniendo a Kanouté en el banquillo, y necesitando como necesitábamos controlar el encuentro para que el Zaragoza no se viniese arriba, ¿cómo saca a Manu del Moral? A ver, yo hubiese metido al ex del Getafe por Perotti, que no estaba teniendo un buen día. Pero ¿por Negredo?

El Sevilla se quedó sin referencia en el ataque, y el Zaragoza se vio más libre para atacar. Si el peligro arriba del rival es menor, el riesgo de dejar huecos atrás también lo es. Los locales se van al ataque y el Sevilla comienza a jugar con fuego. Era el momento de dar consistencia al medio del campo. De tener el balón, de alargar las posesiones, de no permitir que el Zaragoza se fuese arriba con tanta libertad, de hacer que corriesen detrás del balón para acabar por desfondarlos.

Era el momento de Campaña.

Pero Marcelino quitó a Trochowski para dar entrada a Armenteros. Segunda llevada de manos a la cabeza de la noche. 

Yo hubiese comprendido dar entrada a Armenteros por Perotti, que seguía sin tener un buen día. Pero, ¿por Trochowski? Si al principio decía que me gustaba la alineación por su lógica, por tener a cada uno en su sitio, ahora nos encontramos con Manu del Moral como "delantero referencia" (y Kanouté en el banquillo), y con Armenteros y Perotti, ambos volantes zurdos, jugando juntos. Totalmente ilógico. 

El Zaragoza se va arriba definitivamente, aunque tampoco es que sufriéramos mucho, la verdad. La defensa estaba bien. Me gustó Coke y me encantó Fazio. Como central es muy aprovechable. Pero como central, sólo eso. Pero además, aparte del buen hacer de los zagueros, el Zaragoza no tuvo nada de pólvora arriba. De hecho, su mejor ocasión la protagonizó Negredo, con ese balón que erró al despejar y que obligó a estirarse a Javi Varas. Y eso fue en la primera mitad. 

Por fin, a falta de cinco minutos para el final, nuestro técnico tuvo a bien dar entrada al único centrocampista de clase que teníamos en el banquillo. El que podía ayudar al equipo a mantener el control del balón en el centro del campo. A José Gomez Campaña. Y, curiosamente, justo a continuación el Sevilla volvió a irse arriba y tuvo un par de ocasiones. Es cierto que el Zaragoza ya estaba hundido, pero creo que las consecuencias hubiesen sido las mismas de haber hecho el cambio un buen rato antes. 

De hecho, teniendo en cuenta cómo se encontraba el rival, si los cambios hubiesen sido Kanouté por Negredo, Del Moral por Perotti y Campaña por Trochowski, las cosas hubiesen sido de otra manera (a mejor, me refiero)

De todos modos, bien está lo que bien acaba, y me alegro muchísimo del resultado de ayer. Con este post no pretendo poner en tela de juicio a Marcelino. Simplemente doy mi opinión, la cual puede ser discutible y hasta fácilmente refutable. 

De hecho, antes de que comenzase el partido me dominaba un pensamiento que perduró al finalizar y que aún ahora mismo tiene plena vigencia.

¿Qué dirán ahora los que tanto idolatraron a Bielsa después de que al Athletic le ocurriera con el Granada lo mismo que nos pasó a nosotros?

Yo no sé si Marcelino triunfará o no en el Sevilla, espero que sí, pero a día de hoy es nuestro entrenador y como tal hay que apoyarle. Otra cosa es que expresemos nuestras opiniones, pero hay que desearle lo mejor porque lo mejor para él es lo mejor para el Sevilla. Y no elevemos a los altares a cualquiera que venga de afuera sólo porque les salga un partido excelente contra nosotros. 

viernes, 25 de noviembre de 2011

Curiosity

La Mars Science Laboratory (MSL), conocida como Curiosity, es una misión espacial que incluye un astromóvil de exploración marciana dirigida por la NASA. Vamos, que la NASA envía un cacharro móvil a Marte para explorar dicho planeta. 


Curiosity en inglés significa "curiosidad". Se trata de un nombre muy gráfico. La curiosidad de la comunidad científica se va a ver satisfecha en buena parte gracias a este artefacto, o al menos así se espera, lo cual está muy bien. Claro que estamos hablando de una curiosidad bastante cara, ya que el coste de la misión se estima en más 2.500 millones de dólares, al cambio y redondeando, unos 2.000 millones de euros. Y eso que tamaña inversión no garantiza el éxito del proyecto. Vamos, que el artefacto se puede desintegrar al entrar en la atmósfera marciana, y con él la pasta que ha costado fabricarlo. 

Yo no sé bien qué gana la Humanidad con este tipo de cosas, espero que muchísimo. Pero, ciertamente, como humano perteneciente a dicha Humanidad, a mí se me cae la cara de vergüenza con noticias como esta, y voy a explicar por qué.

Voy a utilizar un ejemplo muy sencillo y cercano. Mediante la campaña del Sevilla FC y Unicef llamada RETO SFC 28028, por cada mensaje que se envíe a ese número, y que cuesta 1,42 euros, un niño del Tercer Mundo recibirá lo necesario para comer un día. O sea, que lo que cuesta que un niño coma un día es 1,42 euros. 

Dividamos, pues.

Con los 2.000 millones de euros que ha costado la curiosidad de los científicos se podrían comprar alrededor de 1.500 millones de dosis diarias de comida para niños del Tercer Mundo. Que elevado a un año, esto quiere decir simplemente que más de 4 millones de niños podrían comer todos los días durante un año con el dinero que ha costado ese artefacto. 

Según Manos Unidas, 4 millones de niños mueren de hambre todos los años en el mundo. O sea, que con el dinero que destina la Humanidad a poner un cacharro en Marte, se podría erradicar la mortandad infantil por hambre en todo el mundo y sobraría dinero para hacer multitud de acciones solidarias que mejorasen la calidad de vida de millones y millones de personas. Para siquiera darles cierta esperanza de futuro. 

A menudo he dicho que a mí me molesta sobremanera que pongan en televisión imágenes de niños muriendo de hambre a nuestra hora de comer. Me molesta porque se me quitan las ganas de seguir comiendo. Y yo, como persona individual, tengo poco que hacer. Es cierto que colaboro con según que organizaciones benéficas, y que posiblemente pudiera hacer más. Pero no se trata de esto. No es que me falte solidaridad o que quiera dar la espalda al mundo y negar lo que ocurre. Todo lo contrario. Soy una persona muy sensible con todas estas cosas. Lo que pasa es que quienes de verdad pueden hacer mucho pasan olímpicamente del tema, mientras a mi se me atraganta el almuerzo. A mí, que se me escapan las lágrimas cada vez que veo ese tipo de imágenes porque me imagino a mi hijo en ese estado. A mí, que a duras penas llego a fin de mes. ¿Cómo no me va a molestar? Que se las pongan a quienes de verdad pueden hacer algo. 

Noticias como esta del "Curiosity" me reafirman en esta opinión. No es de recibo que yo tenga que ver a niñito escuálido a punto de morir de hambre mientras como, y que la siguiente noticia sea esta chorrada del artilugio intergaláctico. 

Sinceramente digo que a veces siento asco y vergüenza de ser persona humana. 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El autógrafo

A decir verdad, yo nunca he sido persona de admirar a otros hasta el punto de idolatrarlos. Ni tan siquiera cuando era niño o adolescente y ese tipo de cosas están a la orden del día. Nunca colgué un poster de nadie en mi habitación, nunca perseguí a ningún famoso para obtener un autógrafo. Nunca hice nada así ni por el estilo.

De todos modos, si tuviera que mencionar a alguien relacionado con el mundo del fútbol que me haya marcado de alguna manera, podría citar a dos. Uno de ellos fue Maradona, el gran ídolo futbolista de cuando yo era niño. Juro que tuve que luchar para reprimir las lágrimas de la emoción cuando lo vi por primera vez con la camiseta del Sevilla. Para mí fue el momento álgido de la historia de nuestro club conocida por mi en persona. Hasta las finales de 2006 y 2007, claro está. Lo que pasa es que la deriva que ha protagonizado este personaje a lo largo de los años ha hecho que esa admiración haya desaparecido, quedando como algo grabado en mis recuerdos de una época, pero que para nada se mantiene en la actualidad.

Y el otro futbolista es, sin duda, Marcelo Campanal. Evidentemente, y por motivos lógicos de edad, yo no lo vi jugar. De hecho, este señor llevaba ya una década retirado cuando yo nací. Mi admiración por él viene de otra parte, tiene otro sentido. He comentado más de una vez que, a mí, el sevillismo me lo inyectó en vena mi abuelo, que sí que vio jugar, no sólo a Campanal II, sino también al primero, y a los Stukas, y a Arza y al resto de jugadores que ganaron la Liga, etcétera.

Mi abuelo hablaba maravillas de todos ellos. Me contó historias de Busto, de Alconero, de Antúnez, de Guillermo Campanal "el Gordo", de Pepillo, de Araújo, de Arza..., pero cuando hablaba de Marcelo Campanal le brillaban los ojos de manera especial. Se emocionaba. Lo definía como un monstruo, como lo mejor que habían visto sus ojos en forma de defensa central. Pero no se limitaba a la faceta estrictamente futbolística. Resaltaba su carácter, su liderazgo, su garra, su furia... Se notaba a leguas que la admiración que sentía por él estaba a otro nivel.

Curiosamente, a mi abuela, a su mujer, le pasaba lo mismo. También le brillaban los ojos cuando hablaba de Marcelo Campanal. Pero a ella no le importaban tanto sus dotes futbolísticas. Ella se centraba en que era muy guapo. Hoy día, cuando lo pienso, no puedo evitar reírme. Seguramente, en nuestros días, el Real Madrid pagaría una fortuna por Campanal porque, además de buen defensa, vendería muchísimas camisetas entre las chicas al ser así de atractivo. En verdad, en aquella época también lo intentó, pero los motivos serían estrictamente futbolísticos. 

El caso es que mis abuelos me trasladaron esa especie de veneración por el Capitán Maravillas. Cuando alguien me pregunta, por la razón que sea, quién es el mejor jugador de la historia del Sevilla, el nombre de Campanal es el primero que se me viene a la cabeza. No suelo responder con dicho nombre, reconozco que es difícil dar ese mérito a un defensa, sobre todo cuando hay gente como Juan Arza compitiendo por el mismo. Pero es Campanal en el primero en quien pienso. Yo creo que mi abuelo le daría ese honor al asturiano sin dudarlo. De verdad que le admiraba con todos sus sentidos.

Hace unos años, en 2003, Marcelo Campanal publicó su biografía. Y pasó por Sevilla para firmar ejemplares en El Corte Inglés. Por supuesto, yo fui a esos grandes almacenes, compré el libro y me puse en la cola para que me lo dedicara. Para mí era un momento importante. Ya digo que jamás pedí un autógrafo a nadie, pero el de Campanal sí que lo quería.

Mientras esperaba, no dejaba de darle vueltas a la cabeza sobre lo que le diría. Le hablaría de mi abuelo, que hacía ya más de 15 años que había muerto, y de la forma en que siempre le admiró. Le aseguraría que pagaría lo que fuera por trasladarme al pasado y poder verle jugar. Me reiría con él recordando que a mi abuela le parecía un hombre de lo más apuesto. No le ocultaría que, cuando se hace esa pregunta de con quien te irías un sábado de cañas, yo siempre pienso que con Marcelo Campanal, para que me cuente en persona cómo era aquel Sevilla tan grande de los cincuenta. Y aunque no sabría explicarle por qué, le reconocería que yo le admiro como le podría admirar cualquier sevillista de aquellos tiempos.

Sin embargo, cuando me vi frente a él, la mente se me quedó en blanco. No me salieron las palabras y tuve que emplearme a fondo para no soltar alguna lágrima. Sólo podía acordarme de mi abuelo y de lo que le hubiese gustado estar en mi lugar en ese momento. Tenía delante de mí a un señor mayor, de setenta y pocos años, que parecía un chaval, espigado, fornido, fuerte a pesar de su edad. Tenía delante de mí a uno de los mejores futrbolistas que han vestido nuestra camiseta en toda la historia. Tenía delante de mí a todo un histórico, a un dorsal de leyenda (entonces ya lo era, ayer sólo se lo reconocieron oficialmente). La persona que estaba allí era una de las pocas (poquísimas) por quien he sentido alguna vez verdadera emoción por conocer.

Y me quedé en blanco. No le dije nada. Tanto fue así, que el propio Marcelo tuvo que preguntarme, con una amabilísima sonrisa, cuál era mi nombre para poder dedicar el libro. Supongo que no era la primera vez que se encontraba con un admirador en ese estado.

Me sentí un poco (bastante) avergonzado por mi reacción. Por mi nula reacción. Pero cuando uno se siente impresionado por algo, esas actitudes son  inexplicables. Con la de cosas que mi abuelo me había contado de Campanal, con esa admiración que le tenía que rayaba la veneración, supongo que lo elevé al rango de mito. Y verme cara a cara con dicho mito me hizo sentirme de esa manera. Nunca antes me había ocurrido, y nunca después me ha vuelto a pasar. 





Y este es el único autógrafo que tengo. El único que he pedido. El de la única persona a la que he admirado lo suficiente como para buscarlo. 

Cuando ayer vi a esta leyenda del sevillismo asegurar entre lágrimas, sin apenas voz, que era sevillista de nacimiento gracias a su tío, y que lo seguiría siendo hasta la muerte, no pude evitar derramar alguna también yo.

En esto consiste el sevillismo. Esto es el sentimiento. Una persona tan equilibrada como yo pierde por completo el control de sus actos, hasta el punto de no ser capaz de comunicarse con otra persona, sólo porque esa otra persona es alguien a quien mi abuelo veneró como a un ídolo. Y yo, sin conocerle de nada, sin haberle visto nunca jugar, me quedo petrificado en su presencia porque siento que lo que tengo delante es mucho más que una persona. Es la personificación del sevillismo, de mi sevillismo, del que me enseñó mi abuelo. La personificación de mi sentimiento. 

A veces me han preguntado por qué soy sevillista. Y la respuesta, el motivo, es el mismo que explica por qué me quedé sin habla delante de Marcelo Campanal. 

No tengo ni la menor idea, pero es así.

¿Acaso importan las razones?

martes, 22 de noviembre de 2011

Un parlamento de mentira

Como supongo que todo el mundo sabe ya, estos son los resultados de las elecciones del domingo:


Así va a quedar configurado el Parlamento que va a dirigir nuestros designios en los próximos cuatro años. Parlamento supuestamente democrático, elegido en las urnas. Parlamento que se entiende representa el sentir del pueblo español. Así piensa España y así se traduce en el reparto de los escaños.

¿Es así?

Eso no se lo cree ni el Tato.

A continuación, los resultados que habrían salido si no se aplicase la Ley D'Hont, y el voto de cada español valiese exactamente lo mismo:


Esto es lo que verdaderamente piensa España. España no quiere una mayoría absoluta del PP. España no quiere a los catalanes como la tercera fuerza política. Ni la cuarta, sino más bien la quinta. Que no está nada mal, por otra parte, para sólo presentarse en Cataluña. En España, los nacionalistas tienen el peso que tienen, y da igual qué sistema se aplique, que ese peso es prácticamente el mismo. En España parecemos tontos, porque le quitamos poder a partidos que defienden la nación en su conjunto (IU, UPYD) para dárselo a partidos que defienden que la nación en su conjunto no exista. A eso en mi pueblo se le llama tirar piedras contra su propio tejado.

¿Cual es la explicación a tan aparente estupidez?

Responderé con otra pregunta.

¿Quién es el mayor beneficiado de que se aplique el primer sistema y no el segundo?

Por una reforma de la Ley Electoral a la voz de ya.

Por una reforma del Senado, que es donde la se debe escuchar la voz de las regiones y autonomías, no en el Congreso.

Por que en el Parlamento se refleje lo que piensa el pueblo y no lo que le conviene a los partidos grandes. 



lunes, 21 de noviembre de 2011

¿A ti te pagan algo por eso?

¿A ti te pagan algo por eso?

Esta es la pregunta que me hace mi mujer cada vez que me ve la cara de palo consecuencia de una derrota del Sevilla. Y tiene más razón que un santo.  Si lo pienso detenidamente, es del todo ridículo preocuparse por lo que hacen o dejan de unos chavales, todos ellos más jóvenes que yo, que se forran de dinero a costa de pegarles patadas a un balón vestidos en paños menores. Con la de cosas malas que pasan en el mundo. Con la de preocupaciones que tengo en mi día a día. Con el trabajo que me cuesta llevar a casa lo justo para comer todos los días y pagar las facturas, ¿qué necesidad tengo yo de pasar un sofocón por culpa del mal hacer de estos señores? Cuando yo ni gano ni pierdo nada con ello.

Es cierto que esto es un sentimiento, que se trata de algo más profundo que lo que acabo de decir, que no es sólo fútbol, sino mucho más. Muchísimo más. Pero, al fin y al cabo, aquello no deja de tener algo de cierto. 

El país va camino de la ruina, la clase política española es para echarse a llorar de pena, la gente se manifiesta por las calles por mil motivos... ayer hubo elecciones, joder. Va a cambiar el gobierno. La delicadísima situación por la que estamos pasando la van a gestionar unos señores que acaban de ser elegidos en las urnas. De lo que hagan o dejen de hacer dependerá nuestro futuro y el de nuestros hijos (incluso nietos, dependiendo de la edad de cada uno). ¿Y me voy a llevar un disgusto de la hostia sólo porque la pelotita sólo entró una vez en la portería de Iraizoz, y dos en la de Javi Varas?

De verdad que a veces pienso que no soy más que un gilipollas. 

Puedo entender que si el Sevilla gana, pues uno se alegre y así se olvide durante un rato de los verdaderos problemas que nos atormentan la existencia. Puedo entender que se utilice el fútbol como motivo de evasión de  todo lo demás, que la cosa está muy mala y a veces se necesita una vía de escape. Pero que el fútbol se convierta en una preocupación más... Es más, que, con la que nos jugábamos ayer en las urnas, se convierta en la gran preocupación...

Repito, de verdad que a veces pienso que no soy más que un gilipollas. 

Por supuesto, lo que hizo el equipo ayer es para echar a alguien a los leones, y sé de algunos que tienen más que claro quién tiene que ser ese alguien. La defensa fallando como el año pasado, el medio del campo perdido en el mar de los imposibles, y la delantera pa sopita y buen vino. Decisiones incomprensibles por parte del entrenador, como la de dejar en casa a Campaña y poner a Fazio en el medio centro.

A ver, señor Marcelino, si soy capaz de decirlo clarito: FAZIO ES CENTRAL. Sólo central, y no de los excelentes. Situar a Fazio de medio centro es ponerlo a los pies de los caballos. Es destrozar el juego del equipo, es hacer que falle como una escopeta de feria, es provocar que la grada se vuelque contra él (que la cosa ya viene calentita en ese sentido). Es que se va usted a cargar la carrera de ese muchacho. Es que lo va a hundir, lo va a destrozar, va a conseguir que la gente no lo pueda ver. Esto es lo mismo que lo de Diego Capel por la derecha el año pasado. Que vaya temporadita la de Capel el año pasado. Pero es que jugaba en un sitio que no era el suyo. Ahora está triunfando en Portugal. Claro, jugando por la izquierda.

Es que hay que ser cabezón, madre mía. Y Campaña en la grada. Lo dicho, para echar a alguien a los leones. 

De todos modos, ¿a mí qué más me da? ¿Soy más rico o más pobre ahora que el Sevilla ha perdido? Si al fin y al cabo seguimos quintos. ¿Acaso gano o pierdo algo con esto? ¿Me puedo permitir el lujo de que esto me deprima, con la de cosas que tengo en el día a día que superar?

¡Anda y que os den, hombre!

Como veis, ando hoy de lo más cabreado, creo que igual que la inmensa mayoría del sevillismo. Pero no estoy seguro de si estoy cabreado con el Sevilla por hacerlo tan mal, o conmigo mismo por cabrearme. 

Es que es para indignarse, en serio. Para indignarse con todo, y conmigo el primero.

Que Marcelino se aclare de una vez con el tipo de juego que quiere imponer. Y que vaya decidiendo si es capaz o no de ponerlo en práctica. Que los jugadores se apliquen el cuento, se concentren, se empeñen en hacerlo bien, corran, luchen, lo que sea, pero, por Dios, no más ridículos. Que ganan un a pasta gansa por hacer lo que no están haciendo. Que la dirección deportiva cierre a la voz de ya el fichaje del delantero que el equipo necesita como el comer. Que no esperen a enero nada más que para inscribirlo. Que el día 1 esté en Sevilla y el 2 entrenando con sus compañeros. Y que el presidente los ponga a todos como velas, a todos, a trabajar, a esforzarse, a sacar lo mejor de sí mismos. 

Que cada uno haga lo que tenga que hacer. Que cada cual cumpla con su obligación, la que sea que le corresponda. Que quien tenga capacidad para adoptar medidas, pues que las adopte, que se pongan remedios y soluciones.

Que se haga lo que sea, pero, por favor, que se eviten cosas como la de este domingo porque a los aficionados no nos pagan nada por esto y no tenemos ninguna necesidad de más preocupaciones y disgustos de los que ya de por si nos da nuestro día a día. 

jueves, 17 de noviembre de 2011

La espada de Damocles

Desde siempre,  Real Madrid y Barcelona se han llevado a los mejores futbolistas del panorama futbolístico español, o al menos lo han intentado. Eso no es nada nuevo, siempre ha sido así y de la misma forma continuará a no ser que la cosa de un vuelco monumental para nada previsible. 

Ejemplos los hay a patadas. Todos los clubes españoles conocen perfectamente esa sensación tan desagradable que provoca el saber que la gran estrella del equipo es tocada una y mil veces por alguno de los grandes, que le ofrecen el oro y el moro, que le ponen encima de la mesa un contrato de ensueño con unas cifras a las que para nada son capaces de llegar dichos clubes de origen. Esa especie de Espada de Damocles que pende por encima de la ilusión y los sentimientos de los aficionados. A veces convencen al futbolista para que firme una renovación, subiéndoles el sueldo hasta unos niveles casi insoportables para sus economías, aunque nada de eso sirve porque los grandes siguen y siguen hasta acabar por llevarse el gato al agua. Para colmo, el aficionado es consciente de que esos dimes y diretes afectan a la concentración del jugador, lo cual puede ser hasta dramático para el equipo. Ese futbolista estrella suele ser quien saca las castañas del fuego cuando los partidos se complican. Pero eso lo hacen si están en plenitud, no tanto si tienen la cabeza en el sitio equivocado. Y luego vienen las presiones, los desplantes, los "quiero crecer como jugador", los "trenes que sólo pasan una vez en la vida", o incluso los "no pienso volver a jugar hasta que se aclare mi futuro", cuando ese futuro está perfectamente aclarado merced a un contrato firmado por varios años de duración. Con el club de origen, claro, no con el grande y soñado. 

Aquí en Sevilla podemos recordar los casos de Zamorano, o Suker, o Baptista, o Sergio Ramos..., pero casi todos los clubes tienen sus ejemplos que mentar. Me estoy acordando ahora del Mijatovic valencianista, que acabó en el Madrid a pesar de la resistencia leonina de su club de origen. De Morientes con el Zaragoza, de Hugo Sánchez con el Atlético de Madrid, en fin, hay infinidad de casos. Hubo veces en las que no se salieron con la suya, como con Manolo Jiménez, con Fran el del Deportivo o con Julen Guerrero del Athletic del Bilbao. Por supuesto, por la negativa de los jugadores, ya que si a estos se les pone en la punta de la nariz que se van, pues se acaban yendo. O como el caso de Daniel Alves, aunque en esta ocasión lo que ocurrió fue que se metió por medio el Barcelona. 

Como digo, esto ha sido así siempre, lo que pasa es que últimamente la cosa está pasando de castaño oscuro, y bastante. Normalmente, los rumores de fichajes suelen ser sólo eso, rumores, pero vienen motivados por determinadas circunstancias. Si, como ocurrió el año pasado, al Real Madrid se le lesiona gravemente un delantero, pues es normal que surjan rumores de posibles delanteros que pueden llegar al club de la capital. O porque la dirección deportiva diga que dentro de la planificación de la temporada se contempla la posibilidad de reforzar tal o cual posición. Lo que pasa es que eso ya no es así. Ya da igual. En cuanto un jugador sobresale un poco en su equipo de origen, ya está el rumor encima de la mesa, ya están los periodistas preguntándoles por ese rumor, y ya están los jugadores creciéndose, pavoneándose y desconcentrándose. Me acuerdo con especial acritud del caso de Gaizka Mendieta, la gran estrella del Valencia de finales de los noventa y principios de este siglo. El club levantino se negó en redondo a traspasar al jugador al Real Madrid, por mucha presión que ejercieran estos y el propio interesado. La cosa llegó a tal punto, que la relación futbolista - club se volvió imposible, y el Valencia acabó por tener que traspasarlo, aunque al Lazio, no al Madrid. Y ahí se acabó la carrera de uno de los mejores jugadores españoles que mis ojos han conocido. 

En el Sevilla, por seguir con el ejemplo que mejor conocemos, nos han "tocado" en los últimos años a Jesús Navas, a Diego Capel, a Jose Antonio Reyes, a Luis Fabiano, a Perotti, al mencionado Daniel Alves, a Negredo, incluso a Antonio Puerta, aparte, por supuesto, de a Baptista y Sergio Ramos. Pero no pasa sólo aquí. Últimamente, el Madrid ha destrozado las carreras de jugadores como Pedro León o Canales. Pero también ha hecho lo imposible por llevarse a Villa, a Silva, a Agüero, a Cazorla... a quien sea, da igual de quien se trate o la demarcación que ocupe. Ya no importa eso, lo primordial es arrancar de sus equipos a cualquier futbolista que destaque. No importa si cuadra o deja de cuadrar en la plantilla. Da igual si el entrenador va a contar con él o no. La cuestión es debilitar aún más (si más es posible) a los supuestos rivales.

Y últimamente les ha dado por el Athletic de Bilbao. Ya comenzaron dando la lata con Fernando Llorente. Luego con Javi Martínez. Y la última ha sido la de Iker Muniain. ¿Es posible esto? ¿De verdad está el Madrid interesado en este jugador, o no es más que cosa de la prensa? ¿O es que quizás la prensa actúa al dictado de quien ya sabemos, y este mantiene esa cruzada para desestabilizar a los demás equipos?

Si el Madrid está interesado en Muniain (o en quien sea), lo que tiene que hacer es presentar una oferta al Athletic, a ver qué pasa. Pero que se dejen ya de marear perdices y de desestabilizar rivales. Que bastante tenemos con que nos roben del modo en que lo están haciendo. 

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Hay vida más allá de los grandes

Dentro de mi condición de ciudadano raso, y teniendo en cuenta mis limitaciones de conocimiento a la hora de opinar, hace tiempo que pienso que uno de los pilares sobre los que se debería de sostener la recuperación económica, dadas las circunstancias, es el autoempleo. Si el tejido empresarial español ha sido cercenado de manera dramática en los últimos años, y lo que queda de él es incapaz de crear trabajo para los parados, sería interesante que estos tuvieran la opción de generarse ese trabajo a sí mismos para así reducir los niveles de desempleo. Algo parecido a lo que ocurre en realidad, pero aflorando al exterior, no escondiéndose en la economía sumergida. Es lo que he hecho yo. Y no es que quiera dar lecciones a nadie, simplemente pienso que se debería fomentar y facilitar esa posibilidad. El autónomo de hoy puede ser mañana una empresa que genere puestos de trabajo. 

Claro que, para ello, a los autónomos habría que mimarlos y apoyarlos para que dejen de ser los últimos pringaos de la sociedad. Para que la gente no los mire con cara de pena cuando reconocen su condición. Y esa función debería de tomarla el Estado, el cual, aparte de su labor pedagógica, tendría que buscar los recursos necesarios para subvencionar a los emprendedores, para reducir sus costes y para hacer muchísimo más fácil y llevadera la posibilidad de crear un negocio. Evidentemente es necesario hacer recortes, hay mucho gasto superfluo que se puede eliminar sin necesidad de tocar lo intocable. Y ese dinero se debería de destinar a fomentar ese tipo de cosas. A invertir en algo que puede dar beneficio tanto hoy como en el futuro. 

Hace poco leí el resultado de cierto estudio que se había hecho y que decía que la aspiración de los estudiantes universitarios estadounidenses era crear su propio negocio y prosperar con él. El clásico "sueño americano". Y que sus referentes eran personajes como Steve Jobs o Mark Zuckerberg (creadores de Apple y Facebook respectivamente), que de la nada crearon un imperio empresarial. Por su parte, los estudiantes españoles aspiran a ser funcionarios, ni más ni menos. Las conclusiones del estudio decían, entre otras cosas, que esto supone un serio problema para España. Si los que en el futuro deben sostener la economía del país sólo piensan en trabajar a costa de los impuestos de los demás, pues mal vamos. Dada la situación en la que nos encontramos, con el paro por encima del 22% y creciendo, bien haríamos en luchar por cambiar esa mentalidad. Y esa mentalidad se cambia, no con palabras, sino con hechos. Hay que tomar medidas efectivas en ese sentido. 

El domingo hay elecciones generales, y tenemos una oportunidad de apostar por partidos que defiendan esta opción, entre otras muchas cosas, por supuesto. De entrada, ya os adelanto que yo no voy a votar a ninguno de los grandes. Eso por descontado. Soy demasiado "indignado" como para permitirme tal cosa. Pero sí que voy a ejercer mi derecho al voto. Lo voy a hacer por respeto a todas esas personas que en su día dieron su vida (dedicándola o directamente perdiéndola) por que gente como yo tuviera la oportunidad de hacer algo así. Los políticos actuales son muy mediocres, pero creo que hay mejores maneras que la abstención de decirles según qué cosas, aunque luego ellos interpreten los mensajes como les de la gana.

En este sentido, anoche me quedé prendado con las palabras del candidato de Izquierda Unida, en una entrevista en televisión, referentes a su proyecto para crear tres millones de puestos de trabajo. Para que entendáis un poco mi proceso mental, he de decir que yo me crié en una familia de derechas, muy de derechas, y que fui votante del PP casi por prescripción médica hasta que el raciocinio me dio para avanzar un poco más allá. Cierto día, el padre de un buen amigo mío dijo delante mía una frase que me marcó. Dijo que "no hay nada más tonto que ser pobre y de derechas". Algo tan simple, pero tan cargado de verdad. Mi percepción de las cosas ha derivado bastante con los años (la última vez que voté al PP fue en el año 2.000, ya ha llovido). Pero de ahí a pasar a Izquierda Unida, comprenderéis que es un salto demasiado largo. Por eso me sentí extraño al estar tan de acuerdo con lo que dijo el señor político anoche.

Lo que dijo fue que si en España se controlara en condiciones el fraude fiscal (en la mayoría de los casos de grandes empresas), los recursos anuales que ingresaría el Estado serían suficientes para generar y mantener esos tres millones de empleos (ya sea directamente, o financiando el autoempleo). Defienden que el propio Estado cree puestos de trabajo en sectores sociales (desarrollo ley dependencia), para el desarrollo de las energías renovables y otros ámbitos que consideran que se han de potenciar. Por otro lado, abogan por que el Estado financie directamente a pequeñas empresas y autónomos para que se establezcan, dado que el grifo del crédito de las entidades privadas está cerrado. Como digo, eso se financiaría con el resultado de una implacable política anti fraude y con la reforma fiscal que tienen proyectada. 

Palabras son palabras y sólo eso, por supuesto, pero a alguien con una cuna tan derechista como yo le desconcierta bastante que sean los que están en las antípodas de la ideología con la que me criaron quienes se acerquen tanto en sus propuestas a lo que yo pienso que se debería de hacer. 

También es verdad que no estoy para nada de acuerdo con lo que propone este partido en otros ámbitos, pero lo que quiero resaltar es que hay vida después de los dos grandes. Y que, a nada que uno se interese por lo que defienden los más pequeños, se encuentran cosas verdaderamente interesantes. 

Yo, por mi parte, voy a estudiar detenidamente el sentido de mi voto. Sé que un voto no cambia nada, pero creo que es lo que tengo que hacer. Hay muchas opciones posibles, como esta de Izquierda Unida, o la de UPyD (a quien voté en las pasadas elecciones), incluso otros partidos más pequeños que aún no han obtenido representación (los hay, como el caso de Equo, de ideología ecologista, a los que las encuestas le dan la posibilidad de obtener algún escaño). Puede que ese voto no derive en nada, no permita la representación en el parlamento, pero si el porcentaje de votos a partidos pequeños se vuelve importante, igual conseguimos que los que mandan reflexionen un poco.

O no, cualquiera sabe, pero por intentarlo no perdemos nada. 

martes, 15 de noviembre de 2011

La historia de Antonio Margado

Antonio Margado nació en 1946. Mientras el Sevilla se hacía con su primer título de liga en el campo de Les Corts de Barcelona, su madre le traía al mundo entre dolores y sufrimientos. Dolores y sufrimientos que fueron análogos a los que pasó el equipo para hacerse con el entorchado, aunque en ambos casos merecieron la pena por la alegría que produjo el resultado. Un triunfo histórico por un lado, una nueva vida en forma de precioso niño por otro. 

La infancia de Antonio fue feliz. Aunque España vivía angustiada por la posguerra, los Margado eran una familia pudiente y adinerada que regentaba un importante negocio, el cual les permitía llevar una vida desahogada y hasta lujosa. Todo lo contrario que la mayoría de la población. Algo parecido le ocurría al Sevilla de la época. Mientras la mayor parte de los equipos sobrevivían a las dificultades de aquellos penosos tiempos, el club de la capital de Andalucía era uno de los grandes junto a Real Madrid, Barcelona, Atlético Aviación, Atlético de Bilbao o Valencia. Se movía año tras año en las alturas de la clasificación, ganaba títulos, como aquel de liga, o el de Copa de 1948, y disfrutaba de algunos de los mejores jugadores del momento: Busto, Campanal II, Valero, Alconero, Guillamón, Antunez, Herrera, Domenech, Ramoní, Pepillo, Arza, Araujo... 

Sin embargo, las cosas para la familia Margado cambiaron a partir de 1958. Aquel año, el padre de Antonio invirtió una gran cantidad de dinero en una ampliación del negocio que debía multiplicar los ingresos de la familia a medio plazo. Pero, en el corto, lo que ocurrió fue que les sumió en serias dificultades económicas. Bien era cierto que el remanente ahorrado durante años les permitió aguantar el tirón durante un tiempo, pero la incertidumbre se instaló de forma permanente en el seno de aquella familia, que no veía el momento de empezar a ver el beneficio prometido para así volver a observar la vida con el optimismo de antaño. Por su parte, el Sevilla pasaba por un periodo también complicado. A pesar de que acababan de inaugurar su nuevo y flamante estadio, las cosas no iban tan bien como parecían, ya que la obra fue muy costosa y las arcas del club andaban bajo mínimos. Se suponía que pronto la cosa mejoraría. Afortunadamente, el nivel del equipo seguía siendo sobresaliente. Pero los que dirigían la nave no andaban demasiado convencidos, y mucho menos tras la reciente muerte del alma mater de aquel club, don Ramón Sánchez Pizjuán. 

Las cosas para los Margado no mejoraron en los años venideros, sino todo lo contrario. El lujo de otras épocas dejó paso a unos años de hasta penurias. Nunca faltó para comer ni para vestir con decencia, pero el negocio que se suponía que les haría muchísimo más ricos fracasó, y la deuda contraída ahogaba la economía familiar de un modo implacable. Tanto fue así, que Antonio se vio obligado a emigrar, como tantos y tantos otros hubieron de hacer en años anteriores. Nunca pudo imaginar que eso le pudiera ocurrir a él, pero las cosas eran como eran. Y cierto día de verano de 1968, a sus 22 años, cogió su maleta para poner rumbo a Alemania. Para colmo, tuvo que irse con la pena de que el Sevilla acababa de descender a Segunda División, tras 31 años de éxitos y grandeza en la primera categoría del fútbol español. Era algo que se veía venir desde hacía tiempo, sobre todo después de ver cómo el club se vio obligado a traspasar a sus mejores jugadores (Ruiz Sosa, Gallego, Agüero...) en un intento por paliar el desastre económico en el que se veía inmerso. Nada de eso pudo evitar la tragedia. Se avecinaban malos tiempos. 

Los años que siguieron no fueron precisamente agradables para Antonio. En Alemania tuvo que trabajar como un negro y compartir piso con otros emigrantes para así poder juntar dinero que mandar a su familia en España. Su novia española le acompañó una vez se casaron, y ella también se puso a trabajar. Durante los siete años que permanecieron allí consiguieron ahorrar bastante dinero, siempre con la mente puesta en volver algún día, lo antes posible. Porque por la cabeza de Antonio no pasaba la idea de quedarse allí. De hecho, era tan infeliz que le costaba un mundo soportarlo. Él, que venía de una familia tan buena y tan prestigiosa. Que siempre fueron la envidia de los demás, que vivieron con lujo cuando la inmensa mayoría de la gente lo hacía en la miseria. No es que repudiara a la gente sencilla, al contrario, las respetaba profundamente. Y mucho más cuando estaba viviendo como ellos y comprobando hasta qué punto era duro ese día a día. Pero él no era así. Aquello era temporal. Él era de clase alta, el señorío no se pierde. A veces hay que dejarlo apartado por circunstancias, pero nunca se pierde. Él era de clase alta y algún día recuperaría su sitio. 

Después de ascender, y volver a bajar de nuevo, en 1975 el Sevilla vuelve definitivamente a primera. Fue aquel año también cuando por fin Antonio Margado pudo volver a España. Lo hizo con el buen dinero que había hecho en Alemania. Dinero con el que refundó la empresa de su padre. Al principio, como era comprensible, en un tamaño muy inferior al que llegó a tener en su momento, pero con la confianza de que más pronto que tarde recuperarían el nivel. La ilusión de Antonio era infinita. Los malos tiempos parecían haber pasado. Y, para colmo, podía volver a ver a su Sevilla en Primera División.  El equipo prometía, con jugadores como Súper Paco, Blanco, Hita, Lora, Rubio, Biri Biri y, sobre todo, Paco Gallego, que aquel año volvió después de una exitosa carrera en el Barcelona. 

Sin embargo, los años siguientes no fueron como Antonio esperaba. No volvió a conocer las penurias, pero tampoco vio el lujo ni de lejos. Algo parecido a lo que le ocurría al Sevilla, que recuperó un sitio decente en Primera División, pero que nunca llegó a ser tan grande como lo era antes de la ruina económica en la que se vio inmerso tras la construcción del estadio. Durante los años ochenta, mientras el equipo deambulaba por mitad de tabla y celebraba como títulos unas escasas clasificaciones para la UEFA, Antonio Margado se mataba a trabajar a diario para llegar a fin de mes y gracias. Su frustración era evidente. La vida le negaba lo que le prometió en la infancia. No era capaz de llegar tan lejos como lo hizo su padre y eso afectó a su carácter, que se volvió huraño y malencarado. Siempre estaba de mal humor, solía tener respuestas impertinentes a preguntas bienintencionadas, se estaba convirtiendo en un gruñón cascarrabias. El único lugar donde se soltaba y dejaba salir al exterior sus frustraciones era la grada del estadio. La gente que ocupaba los asientos cercanos al suyo se asombraban al ver con qué vehemencia gritaba aquello de "otro año igual" de primeros de los noventa. Otro año igual para el Sevilla, y otro año igual para él, que no despegaba ni había indicios de poder hacerlo ni pronto ni tarde. 

Pero en 1995 la vida le dio un vuelco. Y no para bien, sino para peor aún. A su hijo pequeño, que contaba con apenas 20 años, le diagnosticaron una enfermedad que podía ser mortal. Aquello fue un varapalo de consideración, que hizo a Antonio replantearse muchas cosas. Tantos años luchando por cosas materiales, peleando por la gloria económica de otras épocas para su familia, sufriendo por no llegar ni a parecerse a lo que en otro tiempo fue, le habían cegado hasta el punto de no permitirle comprender que lo importante era otra cosa. Y aquel verano, mientras el sevillismo se echó a la calle para evitar que al equipo lo descendieran administrativamente a Segunda B, Antonio pasaba los días en el hospital, en compañía de su hijo, rogando a Dios por su recuperación. 

Ni el Sevilla bajó a Segunda B, ni el hijo de Antonio falleció. Sin embargo, el equipo bajó de nivel de un modo absoluto y el muchacho pasó unos años convalenciente, luchando contra su enfermedad. Y mientras el Sevilla volvía a bajar a Segunda y se convertía en un equipo ascensor, el hijo de Antonio peleó como un titán por su vida, llegando a casi perderla en alguna ocasión, pero saliendo siempre adelante gracias a su fuerza de voluntad. 

Finalmente, en 2001, mientras el Sevilla, de la mano de Alés, Monchi y Caparrós, volvía a Primera División tras arrasar en Segunda, el hijo de Antonio Margado se recuperó completamente de su mal. Un año antes había cambiado de médico, y el nuevo fue capaz de dar con la tecla necesaria para revertir la situación. Igual que aquellos tres hicieron con el Sevilla, el nuevo doctor ofreció al hijo de Antonio un futuro lleno de esperanza, una nueva vida cuyo libro estaba en blanco y presto para ser escrito. Una nueva oportunidad. 

Las cosas mejoraron ostensiblemente. El buen humor de Antonio se contagió a todos los demás e incluso el negocio floreció hasta extremos que hacía décadas que no se conocían. Y luego estaba el Sevilla, que, ya bajo el mando de Del Nido, no paraba de crecer, de mejorar. Todo parecía ir sobre ruedas, y el colmo fue en 2007, cuando a los Margado les tocó la Primitiva. El Sevilla ganaba su segunda UEFA, después de la del año anterior, de la Supercopa de España y la de Europa, así como la Copa del Rey, pero se quedaba a las puertas de lograr la liga. Aquello de la liga fue tan frustrante como lo de la lotería. Porque Antonio acertó 5 números más el complemetario, por lo que le tocaron 100.000 euros. Y eso estaba muy bien, qué duda cabía, pero si hubiese dado con el sexto número, el premio habría sido de 2 millones. Antonio llevaba demasiados años de frustraciones y su carácter era del todo negativista. No veía los 100.000 que había ganado, sino los 1.900.000 que había dejado de recibir por no acertar un número más. 

Lo cierto era que su familia volvía a tener algo parecido a aquel nivel económico de otra época, igual que el Sevilla se había vuelto a instalar en las alturas de la clasificación a pesar de Manolo Jiménez. Pero nada de eso satisfacía a Antonio. 

- Todo va bien - Le decía su hijo, el que salió airoso de aquella enfermedad, y que por eso afrontaba la vida con tanta alegría y optimismo. Cómo no hacerlo así, después de mirar a la muerte a los ojos - Todo va bien, papá. El negocio funciona, tenemos el dinero de la lotería y nuestro Sevilla está en la Champions. ¿Qué más se puede pedir?
- Pues que juegue mejor, que el equipo aburre hasta a las ovejas. Que echan ya a Jiménez y que traigan a un entrenador en condiciones. Que dejen de vender, ¿dónde están los millones? Los están tirando en fichajes de medio pelo que no valen para nada. Esto es un desastre y como sigamos así, pronto volveremos a la medianía. Te lo digo yo que sé de lo que hablo. Que lo he vivido, que fue lo mismo que nos pasó en otras épocas.

Y de esa manera, Antonio siguió quejándose por todo. Después de su jubilación en 2010, el fútbol se convirtió en su mayor ocupación. Desde el blog que se creó, no dejó de echar pestes sobre todo lo que ocurría en el Sevilla. Era así como desahogaba sus frustraciones acumuladas por una vida que no fue como él soñó. Y, por supuesto, en el campo, donde se convertía en un energúmeno insultando, gritando, metiéndose con todo y con todos. Su hijo pequeño, que en otra época le acompañaba a los partidos, dejó de hacerlo en cuanto fue padre y quiso llevar a su pequeño al estadio. Por nada del mundo estaba dispuesto a que el chaval viera en ese estado a su abuelo. 

- Nunca serás feliz, papá - Le decía a su padre a menudo - Nunca serás feliz porque no sabes ser feliz.

Y esta es la historia de Antonio Margado. A.Margado para los amigos. 

Seguro que muchos conocéis a alguien de este corte. 


lunes, 14 de noviembre de 2011

Como si fuera periodista deportivo

Loren II, Taira, Diego Ribera, Puli, Juanmi, Luis Gil, Mario, Tomás, Alfonso, Toedtli, Njegus, Redondo, Samways, Marcos Vales, Machlas, Magallanes, Hornos, Carlitos, Antonio Lopez, F. Sales, Jesuli, Jordi Lopez, Aranda, Makukula, Saviola, CObeño, Duda, Hinkel, De Mul, Boulharouz, Mosquera, Kone, Acosta, Konko, Romaric,  Guarente, S. Sánchez, Dabo, Alexis y Cigarini.

44 jugadores fichados por Monchi en los 11 años que lleva en el cargo no triunfaron en el Sevilla. Salen a 4 por temporada. El Sevilla hace todos los años 4 fichajes que no valen para nada. Eso es dinero tirado a la basura.

Moisés, Torrado, Esteban, Aitor Ocio, Darío Silva, Kherzhakov, Chevantón, De Sanctis, Duscher, Zokora

Estos otros 10 jugadores no se puede decir que fracasaran, pero tampoco triunfaron. O sea, que ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario. Ni fu, ni fa. 

Pablo Alfaro, Javi Navarro, Dani Alves, Martí, Baptista, Renato, Escudé, Dragutinovic, Adriano, Palop, Maresca, Kanouté, Luis Fabiano, Poulsen, Keita, F. Navarro, Schillachi, M. Cáceres, Medel, Rakitic. 

Por último, estos últimos 20 jugadores pueden ser considerados como verdaderos éxitos de la secretaría técnica dirigida por Monchi. Algunos de ellos son ya históricos del club, incluso catalogados como de los mejores de la historia del Sevilla. 

En total, hacen 74 incorporaciones (creo que no me he dejado ninguno en el tintero), de las cuales, sólo 20 triunfaron. No incluyo los fichajes de este año, pues aún es pronto para calificarlos. Esos 20 hacen un escaso 27% del total. Es decir, que sólo el 27% de los fichajes de Monchi acaban triunfando en el equipo, porcentaje bastante bajo para la fama que ha adquirido nuestro director deportivo.

Es difícil de entender que en la Federación Española de Fútbol se planteen darle un cargo. Cuesta asimilar que en su día sonase para el Real Madrid. No es sencillo explicar que sea considerado uno de los mejores en su puesto de España, e incluso del mundo.

En definitiva, se podría decir que los números dejan a las claras que Monchi no es más que un bluff sobre valorado que se ha ganado una fama y se ha quedado dormido en ella. 

¿Veis como yo también sé manipular? Como si fuera uno de esos periodistas deportivos que pululan por nuestra ciudad.

Porque lo que no se explica en este post es el coste de los fichajes o el rendimiento superlativo que dieron muchos de ellos. Ni el hecho de que el meteórico crecimiento del equipo dejó atrás a jugadores que en su momento pudieron ser aptos, o las lesiones que lastraron a varios de los futbolistas que he mencionado. Tampoco se dice nada del beneficio que sacó el club con las ventas y el indudable saldo positivo del balance éxito-fracaso de los fichajes. Como todo el mundo, Monchi es humano y ha cometido errores, pero cada uno puede interpretar la película como le de la gana.

Y para los que lo quieren ver todo mal, ahí tienen argumentos. 

Yo, por mi parte, confío plenamente en la capacidad de nuestro director deportivo.

A ver si sigue demostrando su valía ahora en el mercado de invierno. Porque todos damos por hecho que en enero se fichará un delantero para solucionar el lamentable error de planificación cometido este verano.

Por mucho que haya quien lo quiera negar. 

viernes, 11 de noviembre de 2011

Sevillista y persona

Es muy común escuchar o leer a sevillistas contando agradecidos cómo sus padres supieron traspasarle la pasión por estos colores. Enumerando recuerdos, describiendo anécdotas y batallitas y, caso de haber fallecido, soñando emocionados con ese tercer anillo que todos sabemos que existe y en el que se encuentran nuestros seres queridos sevillistas que en su día dejaron este mundo. 

Sin embargo, nunca he oído a alguno de esos padres contar cómo lo hicieron para lograr ese objetivo para con sus hijos. Lo máximo que se les escucha decir son cosas como "cuando te llegue el momento lo sabrás", o " limítate a quererle, que lo demás caerá por su propio peso", o cosas por el estilo. Claro que los padres sevillistas de hijos béticos también les quisieron, y luego pasó lo que pasó. ¿O es que quizás no supieron lo que se supone que tendrían que saber cuando llegase aquel supuesto momento?

Yo tengo un hijo de dos años, y mi mayor objetivo es educarle para que sea una buena persona. Eso por delante de todo, pero luego, no demasiado por detrás, quiero que sea tan buena persona como buen sevillista. Sé que hay muchas fuerzas externas empeñadas en hacerme fracasar. Influencias negativas que pretenden arrastrar a inocentes criaturas al lado oscuro. Hasta hace no mucho, ese lado oscuro era de color verdiblanco. Yo creo que todos tenemos el típico primo, cuñao o familiar graciosillo y verdolaga que pica a los hijos de sevillistas para que prefieran al Betis. Sin darse cuenta, supongo, del daño moral que les hacen y del peligro que corren de convertirse en creaturitas acolapsadoras de palmeras. Lo que pasa es que, últimamente, ese lado oscuro se ha fortalecido de un modo preocupante con la eclosión del catetismo provinciano adulador de merengues y culés. Contra un equipo tan perdedor que su lema es "viva el Betis manque pierda" es fácil luchar. Pero contra esos otros dos es más complicado. 

Por tanto, ya me he puesto a ello. Y aprovechando que al niño le gusta la música, pues de vez en cuando le canto el "lo lo looo... vamos mi Sevilla, vamos campeón", que me parece sencillo y fácil de memorizar para una criatura de esa edad. Y, efectivamente, el niño la acabó aprendiendo y llegó incluso a pedírmela para que se la cantase. Sin embargo, cierto día comencé a recitarla y se revolvió diciendo que no. Que no quería esa canción, que quería otra. Y como no se sabe ninguna otra del Sevilla, pues tuve que cambiar de temática. Yo quiero que sea sevillista, pero no pretendo agobiarle, no sea que se me rebele. Tiempo al tiempo. Y dejé el asunto para más adelante. Hace ya unos dos meses de aquello.

Pues bien, ayer al mediodía, mientras le cambiaba y le preparaba para la siesta, comenzó recitar algo mirándome, que es lo que hace cuando quiere que le cante lo que sea. Al principio no le entendía, algo muy común en un niño de dos años con su propia concepción del idioma, pero al momento me di cuenta de lo que pasaba. ¡Quería que le cantara el "lo lo looo"! ¡Dos meses después y no se había olvidado! Pero es que, además, no sólo se la sabía perfectamente, sino que la cantaba al tiempo que agitaba un brazo. Y cuando acababa, hacía un puño con la mano, elevaba el pulgar hacia arriba y gritaba: ¡Sevilla!

Os prometo que me tiemblan los dedos al escribirlo. ¿Cómo es posible eso? Dicen que los niños son esponjas con esa edad, pero ¿hasta ese punto? Supongo que me habrá observado viendo algún partido, o que me habrá escuchado hablar de fútbol con mi mujer, cualquiera sabe. Pero el niño tiene muy claro que el Sevilla es algo bueno, que le gusta a su padre y que esa canción es importante. 

En verdad, debo tomarme las cosas con un poco de calma en lo que al niño se refiere. Sólo tiene dos años e interpreta el mundo del modo que su reducido conocimiento le permite. Igual te canta este canción sevillista, que luego opta por el cumpleaños feliz (sin venir a cuento), o por la sintonía de cualquier serie de dibujos animados. Y las conclusiones a las que llega, su lógica, es a veces hasta absurda ¿qué se puede esperar de un niño de dos años? 

Os voy a poner un ejemplo, aunque para ello os tengo que presentar a Scoottie:


Scootie es un personaje de una serie infantil llamada "Jungla sobre ruedas". Cada personaje tiene un color muy intenso, y como el niño está aprendiendo a distinguir los colores, pues Rosa (mi mujer) y yo empleamos esta serie para practicar. Furgofante es azul, Sapistón es verde, Buga es amarillo... y Scootie es rosa.

Y entonces empieza a carburar el cerebro de mi niño. Y su lógica también. Si Scootie es rosa y mamá se llama Rosa... la conclusión es evidente.

¡Mamá es Scootie!

!!!

Os juro por lo más sagrado que mi mujer y el personaje este no se parecen ni en el blanco de los ojos. Pero, ya digo, la lógica del niño es personal e intransferible. Por tanto, por mucho que se sepa la canción del "lo lo looo", eso no quiere decir nada. He de perseverar. 

Bromas aparte, la verdad es que es apasionante ver a un niño crecer. Apasionante, fascinante, desconcertante... impresionante. Muchas de las cosas que nos preocupan en el día a día se vuelven chorradas al contemplar como esa criatura descubre el mundo. Ayer, mientras observaba anonadado como el crío cantaba aquella canción, me acordé de la continua controversia en la que suele vivir el sevillismo. Hoy día consiste en ser "oficialista" o crítico, aunque en ápocas anteriores se basó en otras cosas. Dicen algunos que siempre hemos sido así, que siempre los hubo criticones exacerbados y otros más conformistas (o sensatos, según el caso o el momento). Que siempre hubo pitones (o pitadores), e incluso algunos que perdían las maneras y las formas y desfogaban en la grada todo lo que no podían en casa. Dicen que no nos deberíamos extrañar tanto de estas cosas, que siempre ha sido así. Y es cierto.

Claro que también lo es que tal cosa no quiere decir que haya que callarse y no denunciarlo. Que si algo está mal, no hay por qué seguir aguantándolo sólo porque siempre haya sido así. ¿O es que las cosas no se pueden cambiar? Sobre todo si el cambio es a mejor. 

Y ayer, observando a mi hijo, pensé que a mí me gustaría que fuera buena persona y buen sevillista. Como decía antes. Una buena persona no acude a un campo de fútbol a cagarse en todo lo que se menea. Una buena persona no insulta a otro sólo porque su opinión sea distinta. Una buena persona respeta a los demás, escucha, es capaz de conversar, de debatir y de llegar a un acuerdo. Una buena persona entiende que no se puede tener razón siempre. Y que incluso cuando se tiene, igual sólo se tiene en parte. O igual esa razón vale para unas circunstancias, pero no para otras, con lo que es posible que dos personas que ven algo desde extremos opuestos tengas ambas razón. 

Estoy hablando de personas. De buenas personas. No de sevillistas. 

Y ahora vuelvo a recordar que hay quien dice que esa actitud que tiene parte del sevillismo no es nueva, que siempre ha sido así. Y estoy de acuerdo en parte, pero no en todo. Es cierto que siempre ha sido así, pero no en el sevillismo. O mejor, no sólo en el sevillismo, sino en la sociedad al completo. 

Últimamente se habla de sevillistas buenos y sevillistas malos. Hay quienes han considerado menos sevillistas a otros sevillistas por el hecho de no ser de Sevilla, de ser sevillanos de adopción, no de cuna. O por no ser socios, o por no ser accionistas, o por ir o no ir al estadio. Se ha acuñado hasta una palabra para definir esto: el "sevillómetro".

Y de lo que algunos no se dan cuenta es de que no se trata de ser mejor o peor sevillista. Se trata de ser mejor o peor persona. Alguien que prejuzga los sentimientos (sevillistas en este caso) de otros por cuestiones como la cuna, el poderío económico o la tenencia de tiempo necesarios para ser socios o acudir al estadio, o simplemente por la mera opinión acerca de las cosas, tiene un serio déficit de bondad en su personalidad. Quien piense así es igual de sevillista que cualquier otro, pero no mejor persona, sino peor. 

El sevillismo es un sentimiento. Sevillista se es, o no. No se es más o se es menos. Se puede ser sevillista de mil maneras, expresar ese amor por los colores de multitud de formas. Yo no quería más a mi mujer cuando nos hicimos novios, pero sí que nos comportábamos de otra forma. Al principio era más pasional, ahora es más sereno. ¿Y qué? No es eso lo que mide la intensidad del sentimiento. 

No se es más sevillista por ser crítico o por dejar de serlo. Se es sevillista, y luego, se es mejor o peor persona. Porque el problema, como digo, es que hay malas personas. Y es cierto que siempre las ha habido Y siempre las habrá. Pero eso no es seña del sevillismo. Eso es seña de la sociedad. De una parte de la sociedad. No es que el sevillismo siempre haya sido así, es que siempre ha habido malas personas en el sevillismo. Porque el sevillismo es parte de la sociedad. Y en la sociedad hay de tó, como en botica. 

Basta con que señalemos a esas personas y las apartemos, y seguro que al resto nos irá mejor, porque son minoría. Y no se trata de apartarlos por ser mejores o peores sevillistas, sino por ser malas personas. El sevillismo es otra cosa. 

Yo quiero llevar a mi hijo al campo en cuanto tenga edad para ello. Y no me apetece nada que vea a gente echas unos energúmenos insultando y comportadose como animales. Más que nada porque yo quiero que sea buena persona, para que así pueda ser buen sevillista. Un buen sevillista, para mí, es una buena persona que es sevillista. Eso es lo que quiero que sea mi hijo. Por eso no quiero que se junte con energúmenos. 

Ese energúmeno puede ser igual de sevillista que yo, pero no la quiero a mi lado. No quiero a mi lado a personas así. Y eso, insisto, no tiene nada que ver con el sevillismo. 

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Efectivamente, somos más

Lo que escribo hoy es una continuación, o confirmación, de lo que trata el Papi Magase en este post, en el que hace ver que, a pesar del dominio absoluto de la Blogosfera Sevillista en el ránking de fútbol de Wikio, es más que probable que dicho dominio esté hasta minusvalorado. De hecho, lo está, y el motivo es que hay blogs que no están registrados, y otros que, estándolo, se encuentran en categorías que no les corresponden, con lo que no aparecen en el listado correcto. 

Os voy a poner dos ejemplos: el blog del Papi Magase y el mío propio. 

El del Papi Magase, como él indica en su post, sólo aparece en el ránking general, en el puesto 1205, pero no en el de fútbol. Al mío, por su parte, le ocurre lo mismo, aunque su puesto en el general está un poquito por debajo que el del Papi, en el puesto 1273. 

Repasando el ránking de fútbol, he comprobado que el blog que se encuentra en el puesto 21, llamado "Futbol de Primera", ocupa el 1525 del ránking general. Es decir, que los dos blogs sevillistas que pongo de ejemplo estarían por encima de ese puesto 21. Por su parte, el blog que ocupa el puesto 17 en el ránking de fútbol, llamado "Ecos del Balón", ocupa el 1142 en el general. 

El blog del Papi Magase y el mío propio estarían, pues, entre el puesto 17 y el 21, codo con codo con Talibán Sevillista, El Sevillista y Almas Sevillistas, que son quienes ocupan esos puestos 18, 19 y 20. 

Hago hincapié en esto porque la importancia de este ránking radica en que no se basa en la calidad de lo que se escribe, sino en la repercusión que tiene cada blog. Si sumamos la inmensa cantidad de blogs sevillistas que hay en los primeros puestos, la repercusión del sevillismo en España, por tanto, es inmensa, lo cual  es, eso, importantísimo. Pero si, además, esa repercusión es incluso mayor, pues imaginaos. El caso es que yo no había hecho caso a esto hasta que esta mañana leí el post del Papi Magase. Y ahora me pregunto si esto ocurrirá con más gente aparte de con él y conmigo.

Yo, por mi parte, ya he mandado el mail correspondiente a wikio para que me coloquen en la categoría que me corresponde. Y estaría bien que todo el que esté en la misma situación hiciera lo mismo. Porque a mí al menos me molesta mucho que se nos ningunee, algo bastante común en el fútbol español para con nosotros, y considero importante que nos reivindiquemos de todas las formas que podamos. 

martes, 8 de noviembre de 2011

Quiero pensar.

Quiero pensar...

Quiero pensar que el problema defensivo del Sevilla del año pasado está superado y por eso somos uno de los equipos menos goleados del campeonato. 

Quiero pensar que el empeño de Marcelino por mejorar en ese sentido ha llevado al equipo a estar romo en ataque y que próximamente mejorará en esa faceta.

Quiero pensar que, además de lo anterior, el hecho de no contar con los delanteros que tenemos del modo en que hubiésemos deseado agrava esa situación.

Quiero pensar, por tanto, que este parón por los partidos de la selección servirá para recuperarlos y que cuando se reanude la competición se verá otra cosa en el ataque sevillista.

Quiero pensar, abundando en ello, que en el mercado de invierno la directiva solucionará el lamentable error que cometieron al no contratar a un atacante más en verano.

Quiero pensar, por si las moscas, que Javi Varas va a seguir en su espléndido momento de forma durante toda la temporada.

Quiero pensar que Cáceres, Spahic, Escudé, Navarro se va a consolidar como una defensa tan fuerte como aquella que formaban Alves, Navarro, Escudé, David. ¿Cuánto hacía que no recitábamos una línea de zagueros de memoria?

Quiero pensar que Fazio es central, no medio centro defensivo. 

Quiero pensar, por si acaso, que Gary Medel es uno de esos futbolistas indestructibles que no se lesionan nunca y que sólo son baja de vez en cuando por acumulación de tarjetas. Lo digo para que no tengamos que preguntarnos a menudo si Fazio es central o medio centro. 

Quiero pensar, en relación con lo anterior, que la magnífica pretemporada de Salva con el primer equipo tendrá repercusión en el mismo a lo largo de la temporada. Más que nada para dejar tranquilo a Fazio en su posición de central.

Quiero pensar que Perotti volverá con fuerzas renovadas una vez se recupere de su lesión, porque vaya cómo está de huérfana la banda izquierda últimamente en lo que ataque se refiere.

Quiero pensar que lo de Rakitic es por esa lesión que le impidió hacer la pretemporada, no que el que está aquí sea un hermano gemelo y que él se quedó en Suiza porque aún no se ha recuperado. 

Quiero pensar que Campaña romperá definitivamente en el futbolista que promete ser, y que Marcelino se lo permitirá dándole minutos. 

Quiero pensar que Trochowski es tan bueno como parece y que su irregularidad es debida a los altibajos del equipo, no a que se trate del típico jugador capaz de lo mejor y de lo peor y que nunca sabes de antemano qué partido va a hacer. 

Quiero pensar que Jesús Navas es Jesús Navas y que la vuelta a la selección le va a dar ánimos y moral para seguir siendo Jesús Navas. 

Quiero pensar que los minutos que Marcelino le ha dado a Luis Alberto en los últimos partidos son la antesala de muchos más y que el jugador pronto empezará a demostrar lo que realmente vale. 

Quiero pensar que la lesión de Negredo no tiene nada que ver con la de Navas o Rakitic del año pasado, es decir, de esas que son para un par de semanas de baja y se acaban eternizando. Esto lo pienso encarecidamente, con todos mis deseos, con todas mis ganas. 

Quiero pensar que Giovanni Dos Santos es la reencarnación de Guillermo Campanal, o de Araújo, o de cualquier delantero excepcional del pasado, y que nadie de nosotros se haya enterado aún. De otro modo no comprendo cómo es posible que se empecinen tanto en su contratación, olvidándose de todo lo demás. 

Quiero pensar que es cierto eso que se dice de que Marcelino es un tío con las ideas clarísimas, que está empeñado en imponer su método de trabajo y que cuando lo consiga se verá a un Sevilla excelso. Y quiero pensarlo porque si no, la que nos espera de aquí a final de temporada va a ser menuda. 

Quiero pensar tantas cosas que me duele la cabeza de pensar tanto. Voy a descansar un rato la mente. 

lunes, 7 de noviembre de 2011

Un día cualquiera a pesar de todo

Para la mayoría de vosotros, hoy, 7 de noviembre, es un día cualquiera. Un lunes en el que hay que reincorporarse a la vida cotidiana después del fin de semana. Cada uno tendrá sus cosas que hacer, sus obligaciones, y las llevará a acabo sin pararse a pensar que posiblemente hoy sea un día especial para otros. Cuando ocurre una desgracia, y el tiempo parece detenerse para quien la padece, se llega a tener una cruel sensación de incomprensión al tiempo que uno puede incluso preguntarse por qué el mundo tiene la desfachatez de seguir adelante como si nada, después de pasar algo tan gordo como esa desgracia. Desgracia para el que la sufre, no para los demás. Es cruel, ya digo, y creo que todos hemos pasado alguna vez por algo parecido. 

Hoy, 7 de noviembre, es un día cualquiera para la mayoría de la gente. Pero también es el 13 aniversario de lo que en su día se llamó "el crimen de la movida". Ya hace trece años de aquello. No es una fecha redonda, no son los años de aniversario que normalmente se cogen para conmemorar o recordar un suceso o acontecimiento. Lo que pasa es que 13 años fue la condena que le cayó al asesino. Asesino que era menor cuando cometió el crimen, y al que le cayó la pena más dura posible para un menor. Ocho años de internamiento y cinco de libertad vigilada: trece. A partir de hoy, el asesino no tiene deudas pendientes con la justicia. Y sólo tiene 30 años. Toda la vida por delante.

¡Viva la justicia!

Seguramente os preguntaréis qué se me ha perdido a mí en un asunto como este. Es muy sencillo. Alejandro Méndez, la víctima de dicho crimen, a quien mataron con una cobarde puñalada en el corazón, era uno de mis mejores amigos. No me atrevo a decir el que más, ya que éramos cuatro casi inseparables y sería injusto olvidarme de los otros dos. Pero sin duda estaba en el nivel más alto de cercanía hacia mí de entre todas las personas del mundo. 

Para quien no lo recuerde, aquel crimen se cometió en noviembre de 1998 en los Jardines de Murillo. Fue un sábado por la noche. Recuerdo que, aquella misma tarde, Alejandro me llamó para quedar, como solíamos hacer los fines de semana, pero no lo hicimos. En aquellos tiempos yo andaba de ligoteos con una chavala y me había citado con ella. Después de lo ocurrido, no pude dejar de pensar que si hubiese ido, igual el suceso se habría evitado. En aquella época, la juventud se reunía en los Jardines de Murillo por las noches para hacer los típicos botellones, aunque a mí no me gustaba. Yo siempre solía pujar por ir a otros sitios. A veces me imponía y a veces no. Igual aquella noche me hubiese impuesto y hoy Alejandro estaría entre nosotros. O igual no, quién sabe. Igual habríamos ido y quien se llevase la puñalada hubiese sido yo. O no, no se puede saber, pero esa duda se ha quedado conmigo para siempre.   

Aquel crimen tuvo muchísima repercusión, algo semejante a la que hoy tiene el de Marta del Castillo. Conmocionó a la opinión pública, tuvo cobertura mediática a nivel nacional, se organizó una manifestación de repulsa en Sevilla que fue multitudinaria. Y los políticos se pusieron de acuerdo en una cosa que llamaron "El Pacto por la Noche", mediante el que decidieron impulsar políticas para ofrecer alternativas de diversión para la juventud y que cosas así no volvieran a ocurrir. Aquel pacto, como siempre ocurre, quedó en nada, en agua de borrajas, en papel mojado, y lo único que se hizo fue vallar los Jardines. La juventud se buscó otro sitio para salir y la cosa siguió exactamente igual, si no peor, y así sigue hoy día. 

El caso es que aquello se vendió como el resultado de una reyerta entre pandillas de borrachos. Lo que pasa es que cualquiera que conociera mínimamente a Alejandro sabe que eso es imposible de todas todas. Las cosas no fueron así. Aquello fue cosa de un desquiciado que se enfadó por una chorrada y se comportó del modo demencial en que lo hizo. Alejandro era todo lo contrario a lo que se pueda identificar como un pandillero que sale buscando broncas. De hecho, Alejandro era la mejor persona que yo he conocido en toda mi vida. El típico que cae bien a todo el mundo. El típico que hoy tendría más mil amigos en Facebook. Ese tipo de persona con la que no se podía pasear por las calles porque cada dos por tres se encontraba con alguien que se paraba a saludarle, llegando a ser hasta insoportable a cualquier sitio en su compañía. Tratar de dar con él por teléfono era toda una odisea, teniendo en cuenta que en aquella época aún no había móviles. Era simpático a más no poder, tenía ese don de gentes que hacía que tuviera amigos hasta debajo de las piedras. Caía bien a todo el mundo sin necesidad de hacer nada para ello. Sin proponérselo. No era ningún santo, por supuesto, le gustaba salir, le gustaba tomarse un par de copas, pero el efecto que le hacía el alcohol era volverlo más simpático todavía. Era el verdadero alma de la fiesta. Sin él, las cosas no eran igual. También fumaba, aunque mucho menos de lo que se gastaba en tabaco. Cada vez que sacaba su paquete de Fortuna, ofrecía un cigarro a todos los que iban con él, de modo que se le agotaba en un plis plas. Siempre andaba corto de dinero porque era el primero en meterse la mano en el bolsillo cuando había que pagar algo. Lo que fuera. Aparte, era una persona religiosa. Devoto de María Auxiliadora, nazareno en la Hermandad de la Trinidad, era fácil encontrarle a la salida de la misa de la una los domingos en la Iglesia de los Salesianos. Fue en los Salesianos donde nos conocimos, fuimos compañeros de instituto. Su padre, Don José Méndez, que murió unos años después que su hijo, era profesor en dicho colegio. Profesor de Dibujo, para más señas. Un hombre al que destrozaron la vida. Quien no le conozca no sabe hasta qué punto destrozaron su vida con el asesinato de su hijo. 

Aún hoy día me cuesta comprender cómo es posible que una persona así muriese como murió. 

El único gran defecto que yo achaco a Alejandro es que era bético. Nadie es perfecto en esta vida. Y hasta en esto tengo una anécdota que hace que le "perdone" ese desliz vital. Al abuelo de Alejandro era platero y tenía su taller en el barrio de San Bernardo, muy cerca del parque de bomberos. Y Alejandro era su aprendiz, iba por allí todos los días para ayudarle, y con los años acabó por ser capaz de crear preciosos objetos en plata. A mí me regaló dos de ellos que conservo como oro en paño. Uno fue un maravilloso pisacorbatas con la imagen del Giraldillo. El otro, un escudo del Betis. Fue en plan coña, por supuesto. Dentro del pique que nos traíamos, no se le ocurrió otra cosa que regalarme tal objeto por un cumpleaños, al tiempo que me decía eso de "a caballo regalado no le mires el diente". Puede parecer mentira que un sevillista como yo conserve un escudo del otro equipo de la ciudad. Pues yo guardo uno en plata como si fuera un valioso tesoro. Al menos para mí lo es. 

Las cosas de la vida. 

Y, como digo, hoy hace trece años de aquello. Hoy, su asesino cumple con su deuda con la justicia. Hoy es un hombre libre. Un hombre con sólo 30 años que tiene toda su vida por delante para hacer con ella lo que le de la gana. Un hombre que jamás se arrepintió de lo que hizo, o no lo exteriorizó, a pesar de que la familia de Alejandro siempre dijo que le perdonaban. Nunca tuvo el más mínimo detalle hacia ellos, lo que me hace pensar que es mala persona. Así, la mala persona tiene toda su vida por delante y ninguna deuda con nadie, y la buena persona yace bajo tierra y sólo vive en el recuerdo de quienes le quisimos. Supongo que Alejandro era tan buena gente que Dios quería tenerlo a su lado. También querría reírse con él como lo hacíamos sus personas allegadas cuando estaba entre nosotros. Y que en la tierra se quede el otro, que Dios con él no debe querer nada. 

Pero no es eso lo que se me viene al pensamiento cuando me acuerdo de mi gran amigo. En verdad, lo que me ha quedado para el recuerdo es él, son sus cosas, las risas que eché gracias a su simpatía, lo bueno. Solamente lo bueno. No siento odio por quien le mató. Jamás le perdonaré, eso sí. No puedo hacerlo. Pero sí que es algo que tengo apartado de la memoria. No le deseo el mal, me basta con no tener que encontrarme con él en ningún sitio. Es un sentimiento extraño porque, como digo, no le perdoné, pero eso no quiere decir que algo por dentro me carcoma. Supongo que tenemos algo en nuestro interior que nos lleva a desterrar los recuerdos y sentimientos malos para que se impongan los buenos. Los primeros están, siguen estando y ahí permanecerán para siempre. Pero se encuentran ocultos, no salen a la luz, no toman protagonismo. No son los que salen a la palestra cuando me acuerdo de Alejandro. 

Y me acuerdo muchas veces de él. Muchísimas. Mis mejores amigos siguen siendo los otros dos. De los cuatro que éramos, sólo quedamos tres. Y cuando nos reunimos, el cuarto siempre está en nuestras conversaciones, en nuestros recuerdos. Rememoramos y contamos una y otra vez las batallistas que vivimos a su lado, hasta el punto que mi mujer, que no le conoció, creo que podría hablar de él casi como si hubiese pertenecido a aquel grupo de amigos. 

Nunca podré olvidar a Alejandro. Nunca. Y en un día como hoy, que para cualquier persona es un lunes más de tantos, yo tengo una especie de nudo en el pecho que no me deja tranquilo. Sé que es algo temporal. Sé que mañana todo volverá a la normalidad. Lo sé de sobra. 

La vida sigue a pesar de todo, eso es algo que aprendí hace ya mucho tiempo. 

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