miércoles, 29 de febrero de 2012

Pepín Uripe

Pepín Uripe es el menor de los Uripe de toda la vida, grandes sevillistas y mayores tacaños. Agarraos, avaros, cicateros, rastreros, rácanos, codiciosos, ruines y roñas hasta la cutrez. Se lavan poco por no gastar en jabón. Se visten mal por ahorrar en ropas. Apenas salen y viven todos hacinados en la misma casa porque de esa forma se guardan el dinero que costaría hacerlo cada uno en un lugar diferente. La fortuna que tienen amasada es de consideración, pero son tan miserables que prefieren rodearse de mugre y seguir viendo crecer la cuenta corriente. 

Pepín fue ayer a la peña sevillista de su pueblo a tomarse una cerveza. Por supuesto, no invirtió ni un céntimo de euro en tal menester. Su hermano Juanín trabaja allí de camarero y cuando el jefe no le ve, invita a los de su familia a lo que quieran para que así puedan tomarlo por la gorra. Muchas veces salen de allí almorzados, eso que se ahorran al no tener que consumir nada de lo que haya en el viejo frigorífico que tienen en su casa. 

Como cualquiera podría intuir, Pepín se tomó la birra solo, ya que prácticamente nadie quiere saber nada de ninguno de los miembros de la familia Uripe. Caen soberanamente mal a sus convecinos por su modo de vida tan mezquino. Sin embargo, eso no fue óbice para que Pepín, desde su soledad junto a la barra, escuchara la conversación que mantenían otros dos sevillistas sentados a una de las mesas de la peña.

- ¡Qué impresentables! - Se quejaba uno de ellos - ¡Otra vez han hecho lo mismo! 
- Tienes que entender que sólo pretenden llenar el estadio para el partido del sábado - Justificaba su compañero de tertulia. 
- Pero entonces, ¿para qué me saco el carnet en verano? Si ahora resulta que cualquiera que no sea socio puede comprar una entrada por 10 euros. 

"¿Comprar una entrada por 10 euros?" - Pensó Pepín, desenganchándose de la conversación de los otros dos - "¿Puedo ver el Sevilla - Atlético de Madrid por 10 euros?"

Los ojos de Pepín casi se salen de sus órbitas al pensarlo. Él no era socio, por supuesto, ¿cómo gastarse ese dineral para ver partidos de fútbol cuando podía hacerlo gratis en la peña, aliñándolos además con las cervecitas y las tapitas que gratuitamente le surtía su hermano? Pero Pepín es, seguramente, el menos roñoso de la familia, y por 10 euros sí que se planteaba la posibilidad de acudir al estadio. 

De ese modo, al día siguiente, (esta mañana, por tanto), se presentó en las taquillas del Sánchez Pizjuán a las diez en punto, hora de su apertura, para hacerse con una de esas entradas. Llevaba en el bolsillo una bolsita de plástico anudada por las asas. Y en su interior, los diez euros en monedas de cinco, diez y veinte céntimos que tan afanosamente reunió y contó la noche anterior. Como digo, Pepín es el menos roñoso de su familia, y en un lugar oculto de la habitación que comparte con dos de sus hermanos, esconde una hucha en la que va metiendo  monedillas que va acaparando por ahí. Algunas las encuentra en la calle, otras las birla de las propinas que dejan los clientes en la peña, o incluso, cuando su padre le encarga que compre algo, se queda con una pequeña parte del cambio. Lo justo para que aquel no se de cuenta de la sisa. Así, con ese pequeño capital que va ahorrando, tiene para algún que otro gastillo que le seria terminantemente prohibido por su familia si alguno de sus miembros se enterase del mismo. Como, por ejemplo, ir a ver un partido al campo por diez euros. 

Era el primero de la cola, lo cual no era de extrañar, ya que llevaba allí desde las ocho de la mañana. No fuera que se gastasen todas las entradas baratas y se quedase sin posibilidad de hacerse con una. La espera fue tediosa, no había nada que hacer más que aguantar allí, plantado de pie y combatiendo el frío debajo de su vetusto abrigo y su sucia bufanda. Después, al mediodía, haría calor, pero a esas horas de la mañana la temperatura aún era demasiado baja, sobre todo para estar quieto y parado en plena calle. Por eso, agradeció al cielo cuando la ventanuca se abrió y alguien desde el otro lado le dio los buenos días. 

- Deme una entrada para el partido del sábado - Le pidió Pepín a aquel señor - De las más baratas.
- Sólo quedan en la tribuna baja de Gol Norte
- Da igual, no me importa - Le dijo Pepín. 

Entonces, el de la ventanilla se movió con pereza para alcanzar un taco de entradas que guardaba sobre la mesa, a su derecha, y lentamente y con parsimonia arrancó una de ellas y se la alargó a Pepín.

- Son 40 euros - Le dijo, ante lo que a nuestro cutre personaje casi le da un ictus - IVA incluido, aclaró el ventanillero al ver el gesto de descomposición de aquel hombre. 
- Le he pedido una entrada, no cuatro - Aclaró Pepín, una vez se recuperó del susto. 
- Pues eso, una entrada, la más barata de las que quedan, en Gol Norte tribuna baja, cuarenta euros.
- Pero si me han dicho que para este partido cuestan diez.
- Lo que usted habrá oido es que los socios pueden retirar dos entradas cada uno a diez euros. 
- Eso, diez euros, yo quiero una de esas.
- Enséñeme el carnet, entonces.
- Yo no tengo carnet, no soy socio.
- Pues entonces, son cuarenta euros, como le dije antes.
- Lo que no entiendo es por qué se quejaba quien me dijo lo de los diez euros. 
- ¿De qué se quejaba?
- Pues de que cualquiera que no fuera socio podía ir al campo por ese precio.
- Cualquiera que no sea socio, no.
- ¿Ah, no? ¿Entonces?
- Sólo los socios pueden comprar esas entradas a 10 euros. Y luego dárselas a quien les venga en gana. 
- ¿Y si no las compran los socios?
- Pues, o se quedan vacíos los asientos, o se venden por 40 euros. 
- De verdad que no entiendo por qué se quejaba aquel hombre.
- ¿Sabe lo que le recomiendo? Preguntó al fin el de la ventanilla, un poco harto ya de la testarudez de la persona de al otro lado.
- ¿Qué?
- Pues que le pregunte a ese que se quejaba tanto. Igual él se lo puede aclarar. 

Pues eso. Que a ver si le aclaran el motivo de tanta queja, que Pepín no lo entiende en absoluto. 


lunes, 27 de febrero de 2012

Dos partidos

Después de la valiosísima victoria de anoche en Mestalla, a uno le da por preguntarse si de verdad esos jugadores son los mismos que hasta hace dos días eran incapaces de ganar un partido. Casi ni siquiera de marcar un gol. ¿Cómo es posible un cambio tan contundente en tan poco tiempo?

Miren ustedes, yo siempre he estado convencido de que el mayor problema del Sevilla estaba en el vestuario. En la gestión del vestuario. Esto no quiere decir que los jugadores sean unos sinvergüenzas ni que el entrenador de turno no trabajase o no tuviese conocimientos de fútbol. Un mismo jugador puede ser un figura en un equipo y fracasar estrepitosamente en otro. Incluso, en el mismo club, jugar de maravilla un año y ser un desastre el siguiente. Y un entrenador puede poner en órbita a una plantilla y luego ser incapaz de sacarle partido a otra. 

Si cada persona es un mundo de circunstancias, qué decir de un grupo de ellas, de un grupo humano. En el fútbol moderno, lo que representa una ventaja competitiva, lo que da valor a un equipo, no es tanto una idea de fútbol (jogo bonito o catenaccio) o un sistema pre-establecido. Lo que da valor a un equipo es el convencimiento de los integrantes de ese equipo de que lo que están haciendo sirve, da resultados, más allá de que unas veces las cosas salgan mejor y otras peor. De nada sirve que un entrenador tenga una idea preconcebida de juego en la cabeza, un método (como muchos dicen), si esa forma de hacer las cosas no encaja con el grupo humano que se va a entrenar. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Pregunta existencial con aires muy rurales. ¿Se impone un método o se crea uno en función de los jugadores de los que se dispone?

En cualquier caso, todo depende de que el entrenador sea capaz de convencer a los futbolistas de que lo que se hace sirve para algo. Porque, al fin y al cabo, son estos, los futbolistas, los que tienen que jugar, los que han de ejecutar en el campo lo que se les dicta. Para ello, el carisma del técnico es fundamental. Y el efecto de ese carisma no es el mismo en un equipo o en otro, en una plantilla o en otra. Por ejemplo, Ramón Tejada puede tener muchísimo carisma entre los chavales del Sevilla Atlético, pero seguramente no tanto en el primer equipo. De igual manera, Marcelino arrasaba con su elocuencia entre los jugadores del Recreativo o del Rácing, pero se mostró inútil en el vestuario sevillista. 

Y, de repente, llega Michel. Un entrenador sin mucha experiencia, pero con el carácter y la seguridad que le dan el haber sido una estrella mundial de este deporte. Con carisma, con la personalidad necesaria para sentirse superior a sus futbolistas, para hacerse su líder, para que estos crean en él. Y si cabía alguna duda, a las primeras de cambio, no le tiembla el pulso a la hora de cargarse a dos de los titulares, a dos vacas sagradas, por no comportarse como él considera que hay que hacerlo. Yo sé que hay muchos aficionados que piensan que Michel se equivocó dejando a Medel y Spahic en casa para el partido en Anoeta. Que no es que se perdiera por eso, pero sí que hubo menos opciones de ganar. Y seguramente tienen razón. Bueno, la tienen sin duda. El equipo sin Medel es menos, eso es evidente. Pero yo creo que acertó, que mereció la pena "sacrificar" tres puntos. Porque, como digo, estoy convencido de que el problema estaba en el vestuario, en la actitud del vestuario, y ese golpe de mano (junto a todo lo demás que viene haciendo el nuevo técnico) ha conseguido lo más difícil: revertir la situación de un equipo que se hundía sin remedio. Que caía en picado. 

¿Qué diferencia hay entre Michel y Marcelino? Objetivamente, ninguna. Son dos técnicos sin experiencia en equipos de alto nivel que vienen al Sevilla a tratar de dar ese salto. Pero Michel conoce lo que es un vestuario de jugadores de élite. Como él mismo reconoce en una entrevista, lleva toda la vida dentro de un vestuario, y la mayor parte de ella en uno de los más grandes e importantes del mundo. Marcelino, no. Marcelino no conocía lo que es un vestuario de élite. Eso no quiere decir que Marcelino nunca vaya a triunfar en uno de ellos, pero sí que Michel ha sabido dar a la plantilla del Sevilla lo que necesitaba. Y eso no tiene nada que ver con su experiencia como técnico, sino con su sabiduría sobre lo que son las entrañas de un vestuario. 

Michel se planta en el vestuario sevillista, ve lo que hay, dice lo que tiene que decir, impone su criterio por las buenas, y también por las malas, entrena con los jugadores, los termina de conocer, comienza jugando con su idea pre-establecida (porque por algo hay que empezar) y cuando termina de hacer sus comprobaciones, cambia de sistema y el equipo empieza a ganar. ¿Por qué? Pues por un cúmulo de circunstancias, todas ellas relacionadas con la cabeza de los jugadores, con su confianza, su seguridad. Y también con la suerte. La suerte de que contra Osasuna, aun jugando mal durante buena parte de la segunda mitad, el rival no marcara y acabáramos logrando la victoria. La suerte de que el Valencia no esté en buen momento, que venga de ser goleado por el Barcelona y de jugar una eliminatoria europea. La suerte de haber podido ganar dos partidos que de igual manera se podrían haber perdido. Pero que se ganaron, y ahora los futbolistas empiezan a creer que lo que hacen sirve. De otra manera no se explica que hayamos remontado el primer partido en un año. Y a domicilio. Y en casa del tercer clasificado. 

Jugadores como Palop, Spahic, Escudé, Navarro, Medel, Navas, Rakitic, Trochowki, Reyes, Del Moral, Kanouté, Negredo... todos ellos internacionales, son buenos, fueron buenos y lo siguen siendo. No se les ha podido olvidar jugar al fútbol. Pero antes no creían en lo que hacían, y ahora sí. O ahora parece que sí.

¿Y esto es culpa de la planificación? ¿De que Del Nido sea presidente, Monchi consejero y Vizcaíno director de Marketing? ¿De verdad si ellos se van el Sevilla va a jugar mejor? ¿Tan malo es el equipo que han creado los dirigentes actuales?

Los dirigentes actuales tienen al club perfectamente saneado, el que mejor es España. El tema deportivo es otra cosa. El tema deportivo depende de factores absolutamente distintos. El tema deportivo es un éxito o un fracaso dependiendo de que la una pelota entre en una portería. En dos partidos pasas de candidato al descenso a mirar a la Champions. En dos partidos la afición pasa de pitar al equipo y a temblar con cualquier rival a desear fervientemente que llegue el siguiente partido porque intuimos que al Atlético de Simeone lo reventamos. Y queremos disfrutar de ese partidazo.

En dos partidos...

¿Planificación? ¿Fichajes?

Es evidente que esta temporada no se han hecho las cosas bien en muchos aspectos. En algunos han sido un desastre. Pero, dando una vuelta por la blogosfera y demás foros, me hace gracia comprobar cómo alguno de esos críticos implacables, algunos de esos de no a todo y de todo está mal, están intentando recomponer sus posturas porque se están dando cuenta de que como el equipo gane un par de partidos más y le de por meterse en la pelea por los puesto europeos, el ridículo que habrán cometido será de órdago. A ver cómo explican algunas de sus contundentes afirmaciones si algo así pasa. 

Yo sigo mirando arriba. Nunca he dejado de hacerlo, aunque en las últimas dos semanas me he callado porque he creído más conveniente rebajar la presión hacia el equipo. Pero nunca he dejado de hacerlo. Yo veo errores, pero no creo que se hayan hecho las cosas tan mal. Yo veo lagunas, pero no creo que la plantilla sea mala. Yo estoy convencido de que hay que mejorar algunas cosas, unas más que otras, pero no me cabe la más mínima duda de que el proyecto del Sevilla 2011/2012 está capacitado para mucho más de lo que ha hecho hasta ahora. 

Pero tienen razón los que hablan de ir partido a partido. Ahora toca el Atlético, y el objetivo es la novena plaza. La que ellos ocupan. 

Por ahora. 


sábado, 25 de febrero de 2012

El favor de Del Bosque

Los habituales de este sitio saben que a mi la selección no me tira en absoluto. No me parece sino una pata más del entramado que tienen montado desde Madrid para ganar dinero a costa del aficionado al fútbol. Dicho entramado consiste en ser del Madrid o del Barcelona, a muerte de uno o del otro, y en contra del oponente del modo más radical posible. Pero también en que ambas facciones olviden sus rencillas en el momento en que "La Roja" entra en escena, hasta el punto que llegan a la aberrante conclusión de que una pelea entre niñatos futbolistas es considerada como una tangana de la paz, sólo porque en ella se juntaron en un mismo bando jugadores merengues y culés.

Los dos mejores equipos del mundo, que tienen en sus filas a los dos mejores jugadores del mundo, que forman parte de la que ellos llaman la mejor liga del mundo y que de vez en cuando aúnan sus fuerzas para conformar la mejor selección nacional del mundo. Todo es lo mejor del mundo porque no miran frente por frente a la realidad; esa que muestra una competición quebrada y adulterada en la que hay muchos equipos arruinados y al borde de la desaparición, en la que los futbolistas declararon una huelga a principios de temporada porque no cobran, en la que la diferencia entre los dos grandes y el resto es absoluta y sideral y, en definitiva, en la que dos se quedan con la inmensa mayoría del montante mientras que el resto se ha de conformar con las migajas.

Y yo no me siento identificado con nada de eso, no me considero representado por la selección, no creo que sea el combinado nacional de mi país, sino, como digo, una pata más de ese entramado que raya lo mafioso. Por tanto, la selección me la trae al pairo, me importa un bledo que los jugadores del Sevilla vayan o dejen de ir, más allá de que si a ellos les hace ilusión hacerlo, pues felicitarles, y de que si con eso se revalorizan y el club se ve beneficiado, pues genial. Eso sí, cuando alguno de nuestros futbolistas acuden a una convocatoria, en lo único que me fijo es en que no caigan lesionados porque eso perjudica al Sevilla, que es lo único que me interesa. 

Sin embargo, he de reconocer que la llamada de Del Bosque a Negredo para el próximo partido me ha alegrado bastante. La de Navas me ha dado igual (más allá, ya digo, de la ilusión que le haga al muchacho, que en ese sentido me alegro por él). Navas está mejorando día a día, y parece que con Michel puede dar su mejor versión. Pero Negredo anda absolutamente negado, y aunque es cierto que sorprende que haya sido citado por el seleccionador, dado su deprimente estado de forma, la inyección de moral y confianza que va a recibir el vallecano puede ser de órdago, y de eso se verá beneficiado el Sevilla F.C.

Es evidente que Del Bosque cuenta con Negredo, sobre todo teniendo en cuenta la lesión de Villa y el alarmante bajonazo de Torres. Lo del ex-atlético va más allá de una simple mala racha, y parece que nos da la razón a los que siempre pensamos de él que no era más que un bluff sobrevalorado al que han mantenido ahí por el hecho de haber marcado un gol importantísimo, pero que no deja de ser un simple y mísero gol. En el fútbol moderno, no basta con tener excelentes condiciones (Torres las tiene), sino, sobre todo, ser capaz de desarrollarlas. Es mucho mejor un jugador mediocre que da el 100% de sus posibilidades que un excelente futbolista que no es capaz de dar más del 20%. ¿De qué sirven las cualidades si luego no se tiene la capacidad de sacarles partido?

El caso es que con Negredo pasa algo parecido, aunque lo del sevillista sí que puede ser considerado una racha. El año pasado fue el máximo goleador español, mientras que Torres fracasó estrepitosamente en el Chelsea. Y sigue haciéndolo. Incluso, esta temporada la comenzó como un tiro, pero aquella lesión que tuvo le truncó la racha. Luego, ni él ni el Sevilla han sido capaces de dar mucho de sí, pero se ve que el seleccionador confía en recuperarle. Y si él pone de su parte para hacerlo, el Sevilla se verá beneficiado. 

También la selección, pero, como he dicho tantas veces, hoy también, eso me importa bastante menos. 

viernes, 24 de febrero de 2012

Mi chute semanal

Por primera vez en mucho tiempo, estamos teniendo una semana tranquila en lo que al Sevilla se refiere. El equipo ganó su partido de la última jornada, se espantaron momentáneamente esos fantasmas que se aparecieron tras la derrota en Anoeta y la plantilla está trabajando con tranquilidad de cara al partido de este fin de semana en Valencia. Que falta hacía una victoria para templar los ánimos. Los debates y las crispaciones se han dejado para mejor ocasión, y ni siquiera los rumores sobre la actitud de Campaña o la cesión de Alexis al Getafe han sido motivo para que las voces se levanten. Al menos no con la misma vehemencia que en semanas anteriores. Ni mucho menos. Quizás sólo se ha comentado un poco más la noticia de que Palop será titular en Valencia, o sea, que Michel tenía decidido el relevo en la portería desde el principio sin que la enfermedad de Javi Varas haya motivado dicho cambio. Claro que esto, para el equipo en su conjunto, es una noticia positiva. No puede calificarse de otra forma la certeza de que nuestro veterano capitán sigue en la brecha. 

Lo que pasa es que esta tranquilidad de la que hablo tiene un efecto contrario, al menos para mí. Decían en el siglo XIX que le religión era el opio del pueblo. Hoy día eso se puede afirmar respecto al fútbol. Los aficionados nos perdemos en pueriles debates en torno al deporte rey y nos olvidamos de esa forma de lo que de verdad es importante. En las últimas semanas, incluso meses, la trepidante actualidad sevillista nos ha tenido de lo más entretenidos. Y preocupados. Que si el equipo no funcionaba y cada uno daba su propia versión sobre el tema. Que si a Del Nido le condenan, que si se va Cáceres y viene Cala, que si vaya desastre de planificación, que si Marcelino no vale, que si echan a Marcelino, que si viene Michel, que si Spahic y Medel se pelean, que si hay que redefinir el objetivo...

Uno acaba hasta exhausto de tanto debatir. Y cuando se acaban los debates... ¿qué hacemos?

Pues pensar en la realidad. En esa que te aplasta día a día aunque tengas forma de pensar en otra cosa para no hundirte en la melancolía. Esta semana ha habido poca forma de pensar en eso otro, al menos a mí me ha ocurrido, con lo que siento que la realidad me está aplastando. 

Esta siendo una semana muy desagradable. Comenzó con una multa. Me pillaron a 100 por hora en la recta de tres carriles que desemboca en el Puente del Alamillo, sentido Sevilla. La policía puso un rádar móvil en dicha recta para tales menesteres. Yo entiendo que ese tipo de dispositivos, que pagamos todos con nuestros impuestos, se utilicen para sancionar a quienes se propasan con el coche, poniendo en peligro la seguridad de todos los demás conductores. Esa es su función, y me parece estupenda, sobre todo cuando se emplean en tramos peligrosos de concentración de accidentes, donde hay que procurar por todos los medios (incluido el coercitivo) que la circulación se lleve a cabo de la manera más prudente. Sin embargo, una recta de tres carriles no es un punto conflictivo. Y 100 por hora no es una velocidad temeraria. Pero como ese tramo está imitado a 80, pues castigo que te crió. No puedo objetar nada, es evidente, y los 50€ que tengo que pagar (si no reclamo y abono antes de 20 días) pues no me suponen una ruina. Eso sí, no puedo evitar preguntarme si ese es el modo más efectivo de emplear un aparato pagado por todos nosotros. Sobre todo cuando luego, cuando llegué a Sevilla, tuve que desembolsar una cantidad para que el gorrilla de turno no le hiciese nada a mi coche una vez aparcado. Si la policía no estuviese sangrando el dinero a quien le paga el sueldo, sino defendiendo los intereses del mismo evitando que tenga que pagar esa especie de impuesto revolucionario, yo, ciudadano de a pie acribillado por los efectos de una crisis de la que no tengo culpa, pues sería un poco menos infeliz. 

Luego, después de trabajar a todo lo largo del día, vuelvo a casa y me encuentro en las noticias que ha pasado lo de Valencia y los antidisturbios, lo cual se acumula a lo de la reforma laboral, a lo del payaso ese que dijo aquello de Laponia.... Para colmo, cometí la imprudencia de tragarme en televisión un reportaje sobre personas que se habían visto obligadas a volver a casa de sus padres, los cuales se encontraban con la responsabilidad de mantener a dos familias con una mísera pensión. La cara más humana y más dura de la situación que estamos viviendo. Gente sin esperanza, sin futuro, sin luz al final del túnel. Y entonces lo de mi multa me pareció una soberana estupidez. Claro que ayer se inició en Londres la Conferencia Internacional sobre Somalia, y lo primero acerca de lo que llamaron la atención fue el campamento de refugiados que hay en la frontera creo que con Kenia, que ahora cumple 20 años cuando se construyó de modo provisional, y en el que viven cerca de medio millón de personas desplazadas. Ya han nacido niños allí que suponen la tercera generación de residentes en el lugar. Hay jóvenes que vinieron a mundo allí y que no han conocido otra cosa. 

Viendo aquello, la situación de esas personas que han tenido que volver a casa de sus padres no me pareció tan mala. Al menos tienen unos padres con un hogar que les pueden acoger. Y no os digo nada de lo ridícula que me pareció en ese momento mi preocupación por los 50€ de multa. Si es que a veces nos quejamos tanto que no nos queda tiempo para darnos cuenta de que siempre hay alguien que está peor y que nos envidia. 

Pero, gracias a Dios, hoy ya es viernes. La semana laboral se acaba (aunque a mí me queda un rato de curro mañana sábado por la mañana), y vuelve el turno del fútbol. A medida que se vaya acercando la hora del partido, esa preocupación irá tomando cuerpo, creciendo y creciendo hasta hacerse inmensa. Casi única. Por supuesto, desplazará de un modo absoluto a todas las demás. Nos olvidaremos de la gente que se muere de hambre en Somalia. No volveremos a pensar en esa pobres personas que se han tenido que ir a casa de sus padres. El revuelo alrededor de los antidisturbios de Valencia irá menguando, y hasta los políticos encontrarán otro tema con el que tirarse los trastos mientras, seguramente, los alumnos de aquel colegio seguirán sin calefacción sine die. Y, por supuesto, esa multa que me pusieron dejará de enfadarme. Mucho más si gana el Sevilla, que eso sí que es importante. 

Es el poder que tiene el fútbol: que amamona a las masas, que las hace más dóciles, más dúctiles, más maleables. ¿Y alguien se queja sobre eso? Puede, pero pocos les hacen caso. Sobre todo si está jugando tu equipo. 

¡Qué ganas tengo que llegue la hora del partido! 

De mi chute semanal que hace que vea la vida de otra manera. 

O, directamente, de que no la vea. 

martes, 21 de febrero de 2012

No toquen mucho los cojones, por favor.

A pesar de que, por formación, me interesan mucho los temas económicos y empresariales, tengo que reconocer que no me he leído la reforma laboral que el Gobierno acaba de decretar. Ni siquiera he prestado demasiada atención a las opiniones de quienes sí que lo han hecho. Tan sólo sé de ella por lo que he visto por televisión y algún que otro titular de periódicos. Quizás sea porque me siento cansado de tanto enfadarme con el mundo, de tanto patalear para nada, no sé, no estoy seguro. Al fin y al cabo, yo soy empresario. Muy pequeño, pero empresario a fin de cuentas, con lo que me debería sentir contento. Parece que son los empresarios los que mejor ven la reforma. Sin embargo, no es del todo así.

De lo que he escuchado, hay cosas que me parecen bien, y otras una aberración. Es evidente que algo hay que hacer, aunque no estoy capacitado para asegurar que sea esto lo más indicado. Nunca es bueno perder derechos. Nunca, jamás, retroceder no es recomendable ni siquiera para coger impulso. Pero la verdad es que yo me he preguntado muchas veces si no estaremos viviendo por encima de nuestras posibilidades. Si no se nos ha ido de las manos esto del estado del bienestar. Sea como sea, creo que el reparto de la riqueza de un país, de cualquiera, siempre se puede mejorar. Y es evidente que si hay derechos que se han recortado, lo que se ha hecho ha sido empeorar. Sin duda. 

Estoy preocupado. Seriamente preocupado. No me gusta nada lo que estoy viendo. Yo soy muy aficionado la historia, suelo leer mucho sobre ella, en todos los ámbitos y épocas. Y las grandes crisis históricas han acabado muchas veces en grandes revoluciones, con mucha sangre corriendo. La Revolución Francesa comenzó porque el pueblo pasaba hambre mientras el poder nadaba en la opulencia más escandalosa. Cuando a María Antonieta, la esposa del rey francés, le advirtieron en cierto momento que se había acabado el pan y que el pueblo pasaba hambre, respondió con un ingenuo "pues que coman pasteles". Y digo ingenuo porque aquella mujer no se estaba riendo del pueblo. Es que vivía absolutamente ajena a la realidad de dicho pueblo. 

¿Y qué decir de los nazis? Aquello fue otra revolución. Malvada y, afortunadamente, sofocada. Pero revolución a fin de cuentas, que vino motivada por la bestial crisis económica que vivió la Alemania de después de la Primer Guerra Mundial. Tan bestial, que un mequetrefe como Hitler fue capaz de convencer a la inmensa mayoría de la población de que los culpables de su pobreza eran los judíos, que vivía muy bien en su país porque eran los que tenían el dinero y la iniciativa para moverlo y ganar más del mismo. Demagogia barata que tuvo como resultado un histórico holocausto cuya vergüenza ha marcado a un pueblo por los siglos de los siglos. 

No me quiero poner dramático. Por fortuna, la sociedad actual es mucho más culta que la de cualquier época histórica pasada. Los movimiento sociales en la actualidad son pacíficos (salvo los energúmenos de turno que son rechazados por todos, por los movilizados primero), el acceso a la información es inmenso en comparación con otros tiempos y las soluciones dialogadas se imponen. Y cuando no es así, siempre podemos cambiar el sentido de nuestro voto al menos una vez cada cuatro años. 

Pero es importante que no se toque demasiado los cojones a la población. No pasarse en ese menester. Si la reforma laboral es una barbaridad, tendrá que ser matizada y suavizada en el trámite parlamentario. No veo yo al Gobierno muy por la labor de hacer rodillo con su mayoría absoluta. Espero no equivocarme. Pero hay declaraciones de ciertos sujetos que crispan, encrespan, revuelven las tripas...

Este señor de la izquierda se llama Jose Luis Feito y es presidente de Comisión de Política Económica y Financiera de la Patronal, de la CEOE. Anteriormente había sido director ejecutivo del FMI y embajador de España en la OCDE, entre otras muchas cosas. Se trata, pues, de una persona preparada y experimentada en cargos con poder. Una persona que debe saber bien donde está el problema de la actual crisis, qué hacer para solucionarla y quien debe pagar más por ello. 

Pues bien este señor ha hecho estas declaraciones en las que defiende la supresión del subsidio de desempleo a cualquier persona que lo esté cobrando y rechace una oferta de empleo, la que sea, "aunque sea en Laponia". Y, mire usted, con la que está cayendo, con lo mal que lo está pasando la gente, con los esfuerzos que se están haciendo y la paciencia que la población está demostrando, que este personaje diga algo así, en mi pueblo se le llama tocar los cojones. Y sería conveniente evitarlo, a ser posible. 

Yo no sé bien si este tío ha pensado lo que ha dicho, o ha soltado por la boca la primera gilipollez que pasó por su cabeza. No sé si se ha dado cuenta de la tontería tan gorda que ha pronunciado. Estoy seguro que no se ha puesto en el lugar de mi familia, por poner un ejemplo. Una familia de tres, en la que uno trabaja (mi mujer), otro está tratando de sacar adelante un negocio (servidor) y el tercero sólo tiene dos años y medio (sólo faltaba que lo obligaran a trabajar con esa edad, aunque con tipos como este, todo se andará). Y tenemos una hipoteca. Si mañana a mi mujer la despiden (¿es eso algo extraordinario en estos tiempos?) necesitaremos del subsidio de desempleo para seguir pagando nuestra casa mientras ella encuentra otro empleo. Ni más ni menos. 

¿Y si le ofrecen un trabajo, no ya en Laponia, sino en Cáceres, más cerquita, por decir algo? ¿Qué hacemos? Lo tendría que coger, según este señor, a riesgo de perder el subsidio. ¿Entonces, qué? ¿Separemos a un hijo de su madre? ¿Cierro el negocio y me voy a Cáceres con ella? ¿Me quedo yo aquí y ella se va allí? ¿Y qué vive, de alquiler? ¿Podemos pagar el alquiler y la hipoteca a la vez? ¿Y quien se queda con el niño, la madre o el padre?

En fin, dada la formación y la experiencia de este señor, me es imposible llamarle tontolculo, es evidente que no lo es. Igual tocapelotas, no sé, puede que esa sea mejor definición. Pero prefiero pensar que ha tenido un lapsus linguae o que se le han cortocircuitado las neuronas. Afortunadamente, el Presidente de la Federación de Trabajadores Autónomos, Lorenzo Amor, se ha desmarcado de estas declaraciones y ha abogado por el diálogo y el acuerdo. Lo normal en estos casos. Dialogar y acordar. Comprender los sacrificios que hay que hacer y hacerlos. Que unos cedan, los otros también y llegar a buenos arreglos. 

Pero que no toquen mucho los cojones al personal, que la cosa está muy calentita. 

P.D. Por cierto, este tipo también defiende que se pongan peajes a todas las autovías en España. En ese caso, si mi mujer se tiene que ir a Cáceres a trabajar, nos costaría más dinero vernos porque el trayecto por la A-66 sería de pago. En mi pueblo también tienen una expresión para definir esto: "además de cabrón ,apaleado", con su versión con la palbra"puta", que me voy a ahorrar para no ser demasiado grosero. 

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Ya hemos tocado fondo?

Por fin llegó la primera victoria de la era Michel, y por fin el sevillismo puede respirar un poco más tranquilo después de verle las orejas al lobo. Y no sólo por la victoria en si, sino también porque el equipo se le vieron unas maneras mucho más acordes con la plantilla que hay, y también con los objetivos iniciales de la entidad. Es cierto que en el segundo tiempo Osasuna nos dio un par de sustos, pero, como decía mi mujer mientras veía conmigo el partido, es que ellos también juegan. No es eso únicamente, pienso yo. El equipo viene de una dinámica muy negativa, y eso no se soluciona de un día para otro. En esas circunstancias, no es extraordinario que surgieran dudas. Lo importante es que estas no afectaron al resultado y ahora podemos avanzar con más tranquilidad. 

He leído por ahí un argumento que me parece válido, pero con matices: se dice en ciertos sitios que lo del encuentro del sábado también ocurrió con Marcelino, es decir, jugar bien una fase del partido y venirse abajo en otras. Ya digo que puede ser válido, pero yo vi algo que no ocurría con el anterior entrenador: el Sevilla no dio un paso atrás cuando marcó el primer gol, sino que siguió yendo a por el rival. Y cuando en el segundo tiempo llegaron las dudas, el equipo lo siguió intentando al contragolpe, no se replegó, no nos encerraron en el área. De hecho, así llegó el segundo gol, el cual se debería haber producido mucho antes. Se siguen viendo algunos de los mismos vicios, pero también han aparecido virtudes que antes no estaban.

Pero no está la cosa para tirar las campanas al vuelo. En absoluto. En verdad, creo que queda muchísimo por hacer. A estas alturas, ya podemos decir que la planificación de la temporada no ha salido bien. Allá por primncipios de septiembre, yo decía que dicha planificación había sido muy buena (tanto en relación coste-calidad a priori de los fichajes, como en salidas de descartes) con el borrón de dejar muy corta la delantera. Y ahora no puedo desdecirme, no es mi estilo. No me gusta hablar a toro pasado. Pero es evidente que la cosa no salió como se esperaba. Y no es una incongruencia. Que la planificación no ha salido bien no quiere decir que no haya sido buena, sino que, como digo, no ha salido como se esperaba. 

Esto es como si mañana Del Nido hipnotiza y amamona a Sandro Rosell y le convence para que le venda a Messi por 3 millones de euros. Y hace lo propio con el futbolista para que fiche por el Sevilla con un sueldo acorde a nuestra capacidad. Ese fichaje sería extraordinario. Sin embargo, si el día antes de su primer partido Messi se lesiona y esa lesión se agrava de manera que le obliga a retirarse del fútbol, el Sevilla habrá tirado el dinero y el fichaje habrá salido mal. Fue un buen fichaje que salió mal, nadie puede prever según qué cosas. 

Esa es mi opinión, y es la misma que la de gran parte del sevillismo a quien se le caía la baba con Marcelino en pretemporada, por mucho que ahora renieguen de todo. Claro que si Marcelino hubiese contado con la cantera como prometió, ahora mismo tendríamos en plenitud a jugadores como Salva, Campaña o Luis Alberto, con la falta que nos harían. También se podría haber lesionado menos Perotti. O Negredo podría haber estado más acertado ante el gol. O Rakitic recuperarse antes de su lesión... han ocurrido cosas que no se podían prever.  

Insisto, esa es mi opinión. Y también era la de los de la baba del verano. 

Pero lo cierto es que la plantilla es corta, está descompensada en la banda derecha (donde apenas hay efectivos tanto en el lateral como en el extremo), no tiene centrales de suficiente categoría, el medio centro defensivo es Medel y ya está, en la creación no se está funcionando en condiciones, y de la delantera no hablamos porque vaya mal que se está haciendo en esa línea. 

Además, en una plantilla tan corta, hay tres jugadores que es como si no estuviesen (Alexis, Guarente y De Mul), cuando son dorsales que podrían portar otros que no están y que de estar podrían elevar el nivel del conjunto. Y luego tenemos a otros tres jugadores muy veteranos (Palop, Escudé y Kanouté), que siguen siendo grandes, pero que por su edad no rinden siempre como acostumbraban, y con los que se sabe que no se podrá contar en un futuro no muy lejano. 

Los resultados están siendo los que son, consecuencia de todo ello en buena parte. Y aún así, somos el equipo menos goleado de la liga (después de Madrid y Barça), y estamos a tan solo cuatro puntos de la Liga de Campeones. 

Pero dejémonos de ligas de campeones y centrémonos en la realidad. El Sevilla ha cortado la sangría de puntos. Ha tocado fondo, y ahora hay que trabajar para recuperarse. La plantilla, como digo, está como está, y con eso es con lo que hay que seguir adelante. 

De todos modos, y con sus matices, yo creo que el once que salió contra Osasuna es competente. Sobre todo si ha de ir a más, ya que, como he dicho, creo que ya tocamos fondo. Además, en ese once no estaban jugadores como Cala, Trochowski, Campaña, Del Moral o Perotti, con lo que materia prima parece haber a pesar de todo.

Y también está Babá, a quien ya hay quien le critica cuando apenas le hemos visto dos ratos. Yo, estas actitudes no las acabo de comprender. ¿En base a qué se puede calificar a Babá? ¿A que falló una ocasión el otro día? ¿No fue peor la que falló Kanouté al inicio del partido dentro del área pequeña? ¿Cuántas falló Luis Fabiano en sus dos primeros años en el equipo? ¿Tan difícil es de entender que Babá ha llegado nuevo a un club convulsionado que una semana después de él aterrizar destituyó a su entrenador? ¿No es comprensible que eso le descoloque y que necesita tiempo para aclimatarse a un entorno tan complicado?

Pues no, hay gente no comprende eso. Y yo no les comprendo a ellos a su vez. Hablamos de opiniones personales, esa es la mía, y no entiendo la de quien no lo ve así. 

En definitiva, creo que hay equipo de sobra para lograr la permanencia de forma holgada. A partir de ahí, si la liga sigue tan espantosamente mediocre, igual en unas semanas podemos hablar de Europa League. Y, con suerte, hasta de Champions. Por cierto, en hablando de mediocridad, ¿os habéis dado cuenta de que sólo cinco equipos - R. Madrid, Barcelona, Valencia , Athletic y Atlético - tienen más goles a favor que en contra? El sexto mejor goal - average en ese sentido es el del Español (-1) y el siguiente, el del Sevilla (-2). Inconcebible. 

En fin, que el descenso está a seis puntos. Europa, a dos. La Liga de Campaones, a cuatro. Y si Michel consigue que el Sevilla juegue normalmente como en el primer tiempo del sábado...

No veo el momento de que llegue el partido contra el Valencia.



sábado, 18 de febrero de 2012

Huele...

Ya llegó el sábado. ¿No notáis el olor?

Huele a noche de las grandes. Huele a lleno hasta la bandera, a catarsis colectiva, a jugador número doce, a empezar el partido con 1-0, gol de la afición.

Huele a sevillismo del de toda la vida, a mandar a tomar por saco las disputas, a toda la grada vestida de blanco y rojo, a pelos de punta con el himno. 

Huele a la rabia que te da la fuerza para romper las cadenas, a olvidarse por un día de todo para centrarse en lo importante, a no ver el nombre en la espalda de la camiseta, sino el escudo bordado en el pecho, a que no importa quien salte al césped, no nos importa mientras haga lo que tenga que hacer. 

Huele a que da igual la táctica, el dibujo, el sistema, el esquema, el planteamiento, el posicionamiento, el balance defensivo-ofensivo y viceversa..., todo eso da igual, o al menos así huele, mientras, como digo, se haga lo que se tiene que hacer. 

Huele a victoria, a punto de inflexión, a cambio por cojones, a despertar de un mal sueño, a cambio de dinámica, a mirar las cosas de otra manera, a olvidarse del objetivo para centrarse en ganar, a dejarse de hablar de grandezas para limitarse a ser grandes.

Huele a Sevilla, a sevillismo, a SEVILLISMO.

Huele a que hoy nos reencontraremos con nosotros mismos, a que enseñaremos al mundo que no nos hemos olvidado de lo que somos ni de donde venimos, a que todos tenemos derecho a intentar crecer, pero que eso no quiere decir que reneguemos de lo que somos. Huele a paso atrás para coger impulso. 

Huele a que quien no se meta en la vorágine, que se quite de en medio. A que si no se quiere dar todo, que al menos no se reste, a que arrima el hombro o cállate, a que mete la pierna o quédate en casa. 

Huele a que si no es a esta, será a la siguiente. Pero también huele a que será a esta. E incluso a que si el barco se hunde, nos hundimos todos con él. 

Pero es que huele a que no se hunde. 

No necesitamos una gran remontada, sólo ganar un partido.

Sólo ganar un partido.

Ya nos encargaremos de hacer lo necesario para ganar el siguiente también. 

#AhoramásquenuncaSevillaFC

viernes, 17 de febrero de 2012

A vueltas con el precio de los abonos.

Lo primero que quiero hacer hoy es dedicar una sonora ovación a todo aquel que este verano pasó por taquilla para sacar su carnet de socio del Sevilla para esta temporada. Por gastarse su dinero en estos menesteres, por soportar el vergonzoso baile de horarios al que nos tiene condenada la Liga, la Federación, las Televisiones o quien coño sea responsable de este lamentable desaguisado. Y también, por supuesto, por aguantar la temporadita que están aguantando, después de pagar un precio de Champions para ver a un equipo, a día de hoy, candidato al descenso. Les deseo de todo corazón que dicho equipo compense en lo posible esa abrumadora diferencia calidad-precio en lo que queda de temporada. Como sevillista y como persona que les desea, cuanto menos, lo que es justo. 

Respecto a este tema del precio de los abonos, muy en boga esta semana por las diferencias de opinión existentes alrededor de la decisión de la directiva de ofrecer a los socios entradas extra a precios muy bajos, yo creo que la inmensa mayoría de los sevillistas damos por hecho que el año que viene dicho precio bajará. Sin embargo, lo que muy pocos se han planteado es la repercusión que dicha rebaja tendría en las arcas del club, y como efecto colateral, en el potencial de la plantilla. Al menos yo no me lo he planteado hasta hoy. Y voy a compartir con vosotros lo que he visto. No se trata de mi opinión, sino de un análisis objetivo de la situación que se crearía. 

Lo primero que he hecho ha sido sacar una media aproximada del precio de los abonos. Si dividimos el estadio en cuatro zonas (preferencia, tribuna, gol norte y gol sur), sacamos la media de precios de cada una de las mismas (separo por zonas porque la diferencia de precios en entre unas y otras es muy grande), y sacamos a continuación la media total de esas cuatro medias por zona, nos sale un precio de 700 €. No es un dato exacto (no tengo en cuenta los menores de 21, los menores de 14, los mayores de 65, las tarifas especiales, etc.), pero me sirve para el análisis: un abono del Sevilla cuesta de media 700€. 

Si en la actualidad hay alrededor de 35.000 abonados, el Sevilla ingresa por este concepto unos 24,5 millones de euros. ¿Qué pasaría si lo bajaran, digamos, un 25%? El precio quedaría en 575 y los ingresos del club caerían hasta los18,5 millones de euros. Se dejan de ingresar, por tanto, 6 millones. 

Claro que se podría intuir que una bajada de precios animaría al personal a abonarse. Si suponemos que gracias a la rebaja, el número de socios aumenta hasta los 40.000, el Sevilla ingresaría por este concepto 21 millones de euros. Nos siguen faltando 3,5, pero es que, además, una subida de 5.000 abonos estando como está el equipo en estos momentos se antoja casi una utopía. 

Para que el club ingresara lo mismo que actualmente, bajando un 25% los abonos, el número de socios tendría que aumentar hasta los 46.500, es decir, batir con creces el récord histórico de abonados.

En mi análisis, y siendo benévolo y optimista, he estimado que, gracias al descenso de los precios en ese porcentaje, y teniendo en cuenta que la crisis económica frenaría a muchos sevillistas que estarían dispuestos a comprar el carnet, el número de abonados crecería hasta los 37.500 (la mitad de la diferencia entre los 35.000 actuales y los 40.000), y que el club pasaría a ingresar 18,5 millones de euros. 5 millones menos que actualmente.

¿De dónde sacaría el club esos 5 millones? ¿De donde los podría ahorrar? Los contratos televisivos no se van a modificar, al menos, hasta 2014. Y no hay otra partida de ingresos capaz de atraer tan alta cantidad sin tocar a los futbolistas. Es decir, o se traspasa a algún jugador, o se reducen los salarios de la forma que sea. En definitiva, hablamos de bajar el nivel de la plantilla. 

Pero es que hay algo más. Hace unos días hablaba de las consecuencias que va a tener sobre el fútbol la subida del IRPF anunciada por el nuevo Gobierno justo después de asumir el poder. Yo traté el asunto aquí, pero donde mejor se puede comprender es en este otro post publicado en Columnas Blancas. Como resumen de los mismos, podemos decir que ya que muchos futbolistas cobran en neto, es decir, la misma cantidad sean cuáles sean los impuestos (que corren a cargo de los clubes), esta subida afectará duramente al club. Yo estimé que en unos 4 millones de euros. En el fondo, estas cantidades no importan demasiado. Da igual que sean 4, 5 o 3,5,. La cuestión es que supone un desequilibrio de cuentas importantes. 

Por tanto, dando por hecho que los abonos bajarán y que los costes salariales subirán (basándonos en la plantilla actual), la conclusión que sacamos es que el año que viene el Sevilla tendrá una diferencia presupuestaria negativa de cerca de 10 millones de euros que tendrán que salir de algún lado. Y dado que difícilmente entraremos en competición europea, (ojalá me equivoque y todo cambie a partir del sábado), el club se va a ver obligado a seguir traspasando y a bajar considerablemente el volumen de la masa salarial. O sea, bajar el nivel de la plantilla. Tener jugadores que cobren menos. 

Después de aquellos dos años de grandes éxitos, la realidad está poniendo al Sevilla en su sitio. Nos podemos rebelar, reclamaremos, criticaremos, ejerceremos el legítimo derecho al pataleo, pero el decrecimiento de la entidad es un hecho.

Sin embargo, como decía ayer, mucho mayor va a ser el decrecimiento de otros. La única forma de darle una vuelta a esto sería hacer otro reparto de los derechos televisivos, porque permitiría al club ingresar más, bajar los precios de los abonos y poder permitirse una plantilla de nivel salarial (y se entiende que deportivo) más alto. Pero mientras eso ocurre, lo que no se puede permitir es que nos pase como a otros clubes que están al borde de la quiebra, o directamente en concurso de acreedores. 

Sé que no es fácil seguir teniendo paciencia, pero estoy convencido de que bastante más pronto de lo que muchos se creen, el Sevilla se verá muy favorecido por la política económica que sigue. 

Eso sí, es de justicia, que bajen el año que viene el precio de los abonos. Que no nos cobren la mortadela a precio de jamón serrano. Ahora bien, por otro lado, si el nivel del equipo baja, tampoco nos podremos quejar demasiado. 

Y es que esta es la realidad del fútbol español: o eres Real Madrid o Barcelona, o decreces al mismo ritmo que ellos se van quedando con todo. 

Disculpen por otro post de divagaciones económicas, pero necesito hacer algo como esto para matar el tiempo mientras espero al partido del sábado. No veo el momento de que llegue la hora del mismo, y entre que llega y no, pues trato de pensar en cosas que no sean meramente deportivas para así no hundirme en el pesimismo. 


jueves, 16 de febrero de 2012

El día de mañana

Hace un par de semanas dediqué parte de mi tiempo a la inane actividad de ver una película de catástrofes. No es que me gusten especialmente, pero me mantienen entretenido, sobre todo cuando al final del día no tengo el cerebro para pensar demasiado y sólo me trago cosas facilitas. En este caso se trataba de un filme llamado "El día de mañana" y trataba de un supuesto cambio meteorológico brusco que daba paso a una glaciación de todo el hemisferio norte de una semana de duración. Todas las películas de este corte tienen un esquema similar. Hay un experto en la materia que ve señales de algo que puede ocurrir, lo advierte a las autoridades, estas son tan necias que lo ignoran por completo, la cosa pasa irremediablemente (de otra manera no habría película), el experto en la materia anterior se convierte en el héroe que salva todo lo salvable, y la autoridad necia queda en ridículo y ha de pedir perdón. Suele ocurrir en EEUU y el experto acostumbra a ser Bruce Willis, Dennis Quaid o Kevin Costner.

Esto que parece cosa de películas de ciencia ficción, suele ocurrir a menudo en la realidad, lo que pasa es que las consecuencias no son tan catastróficas porque no se trata de cataclismos o desastres naturales, sino de temas más cotidianos cuya menor importancia para la Humanidad impide que sean de general conocimiento. Quiero decir que no es tan extraño que alguien advierta de que ha visto una señal que puede interpretarse como que en un futuro cercano va a ocurrir algo malo en según qué ámbito, a no ser que se pongan los remedios pertinentes. Por ejemplo, si la luz roja de STOP de tu coche se enciende, indica que probablemente en poco tiempo el mismo se pare por avería. Y si ignoras esa señal, luego no te quejes de que el vehículo te ha dejado tirado en la carretera. 

A continuación os muestro una señal de algo que está ocurriendo y que puede tener consecuencias en un futuro más o menos cercano.

Fuente: Foro Sevilla Grande. 

En azul, vemos el presupuesto de cada equipo de fútbol, creo que del año pasado. Y en negro, la deuda que mantienen. Daos cuenta de que todos los clubes, salvo Sevilla, Athletic, Hércules, Almería, Sporting, Getafe y Recreativo tienen más deuda que presupuesto. En algunos casos (Valencia, Atlético de Madrid, Villarreal, Deportivo, Español, Racing o Zaragoza) la diferencia entre ambas magnitudes es colosal. De entre los primeros, el que mejor situación económica tiene, en función de la comparación de estas dos variables, es el Sevilla, cuya deuda es el 16,6 % del presupuesto, a muchísima diferencia del Athletic, por ejemplo, que dentro de lo bueno, su deuda es el 66% del presupuesto. En el otro extremo, los que peor están son, sin duda, Valencia y Atlético. En este caso, el porcentaje es a la inversa: el presupuesto del Atlético de Madrid era el 36,6% de su deuda. Es decir, que su deuda es un 63% superior que su presupuesto. Estos porcentajes son del 26 % y del 74% para el Valencia (aún peor). Tengamos en cuenta que en este último caso, a menor porcentaje, peor situación. También hemos de reconocer que estos dos clubes tienen capacidad de ingresos suficiente como para paliar en parte esa disyuntiva. De hecho, la del Valencia actualmente debe ser mejor después de las ventas de sus mejores futbolistas. 

Pero la situación del Villarreal no es mucho mejor. O la del Deportivo, ahora en Segunda. Y qué decir de Zaragoza o Rácing, dos de los muchos clubes en concurso de acreedores. Además, la cosa está peor a día de hoy. Junto al gráfico vemos el dato de los totales de la deuda en su conjunto (sumadas las de todos los clubes) que era de 3.082 millones de euros. Y, en concreto, la que se tiene exclusivamente con Hacienda y la Seguridad Social, es decir, con el Estado, que era de 632 millones. Pero se estima que hoy, la primera cifra asciende a los 5.000 millones, y la segunda, la que más me interesa para lo quiero decir, a los 1.000.

El Fútbol debe al Estado 1.000 millones de euros. Y el Estado está como loco por aumentar ingresos (sin tocar demasiado los impuestos) y reducir costes para cuadrar el déficit. Aumentar ingresos... sin tocar los impuestos... el Fútbol debe al Estado 1.000 millones...

Seguimos. Ahí va una nueva señal. Esta la conocí gracias a Manu de los Santos, el cual retuiteó algo que tuiteó a su vez Sergio Sauca. Se refiere a este artículo que se publicó en El Confidencial. Quisiera recalcar que Sergio Sauca no es Víctor Fernández, Cepeda o Chazarri. Y que El Confidencial no es Marca ni Muchodeporte. 

En el artículo se advierte que el Gobierno del PP, agobiado por la responsabilidad que supone evitar la contradicción entre cumplir sus promesas electorales de no subir más los impuestos, y esa otra promesa que se ha hecho a la UE de bajar el déficit en 2012 al 4,4 %, pues le ha echado el ojo al fútbol, entre otras muchas cosas. 

Quien tenga oídos, que oiga. No hay más ciego que el que no quiere ver. 

En el artículo se recuerda que los clubes más endeudados son Real Madrid y Barcelona, pero que tienen ingresos anuales suficientes para paliar esa situación. Ingresos que vienen, sobre todo, de publicidad y Televisión. 

Televisión...

Los dos grandes del fútbol español van a defender como gato panza arriba la situación actual del reparto televisivo porque, de cambiar, podría suponer una obligación de vender a sus mejores futbolistas (seguramente a equipos rusos, que son los que tienen pasta hoy día) o, por contra, entrar en concurso de acreedores, bajar a segunda a continuación, y probablemente desaparecer.

¿Cataclismo? ¿Es eso imposible? ¿Es digno de películas como "El dia de mañana"?

Probablemente. Pero las señales están ahí. Algo se está moviendo. Estoy convencido de que Madrid y Barça saldrán adelante. Incluso Valencia y Atlético de Madrid, aunque es probable que bajando de nivel. Pero hay muchos clubes que no. Muchísimos. 

Si El Confidencial dice algo, si Sergio Sauca le da credibilidad, si las señales son las que son, si la situación del país está como está, si el Gobierno necesita como sea aumentar sus ingresos para reducir el déficit, si, para ello,dicho Gobierno no quiere aumentar más los impuestos, si tampoco quiere tocar cosas como Educación o Sanidad, pero necesita dinero...

... y el Fútbol les debe 1.000 millones de euros.

Pase lo que pase, sea un cataclismo o una quiebra general, pero ordenada, el Sevilla no sufrirá las consecuencias porque es, con muchísima diferencia, el que mejor situación tiene. Es más, se verá beneficiado, aunque sea por la caída de los demás. Lo digo por pensar en algo positivo, que con lo mal que nos van las cosas, no está de más animarse con lo sea. 

Eso sí, si no ganamos el sábado y empezamos a cambiar la dinámica, nada de esto valdrá para mucho porque un descenso a segunda destrozaría por completo todas estas buenas perspectivas económicas. 

martes, 14 de febrero de 2012

El abuelo

Anoche me llamaron para decirme que habían ingresado al abuelo en la UCI. Eran alrededor de las once, unos minutos antes, quizás. No es la primera vez que ocurre, para qué engañarnos, pera hacía ya bastante tiempo que no pasaba por ese lugar. De hecho, ha tenido unos años magníficos, hasta el punto que la familia llegó a pensar que aquellos malos tiempos de hospitales no iban a volver nunca más. Sin duda, hemos sido unos ilusos. Ya están aquí otra vez.

Aseguran que el abuelo fue alguien admirable en épocas pretéritas, aunque yo no lo viví. Dicen de él que era apuesto, valeroso y muy capaz, aparte de inteligente. Eso fue en los buenos años, pero las cosas cambiaron con el tiempo, como por otra parte puede resultar natural. En verdad, yo siempre le recuerdo quejoso y enfermizo, incluso llegué a pensar que iba a morir. Nunca se me olvidará la racha tan desastrosa que pasó, lo malo que llegó a estar, sobre todo tras aquel viaje por Asturias, que tan mal le sentó y tras el cual entró en la UCI por última vez, y allí estuvo durante un largo periodo de tiempo. 

Fueron años duros en los que los de siempre nos mantuvimos a su lado, a pesar del sacrificio que suponía. Los que allí estábamos sabíamos que la familia era mayor, que había muchos más, pero no estaban. Y no se lo echábamos en cara, cada uno tiene su vida y no tiene por qué estar a lo que le pase a según qué personas. Sin embargo, los que estábamos, estábamos con todas las consecuencias. 

Y el abuelo salió de aquella. Y lo hizo gracias a sus nuevos médicos, los cuales encontraron la forma de que lo consiguiera. Cambiaron su tratamiento y le dieron nuevas esperanzas de vida. Y no sólo eso, sino que llegaron incluso a hacer que reverdeciera viejos laureles. Para mí fue increíble, pero lo cierto es que vi al abuelo mejor que nunca. Nunca llegué a imaginar que tal cosa pudiera llegar a suceder. Primero abandonó la UCI y fue pasado a planta. Luego le permitieron ir a casa a dormir, y sólo tenía que ir al hospital para las oportunas revisiones. Más tarde, ni siquiera eso, llegando incluso a empezar a salir por ahí, a divertirse. 

La familia estaba encantada. Hasta los que hacía tiempo que no aparecían se dejaron ver, entusiasmados por la recuperación del abuelo. Era algo casi milagroso, pero era. Y ninguno sabíamos cómo agradecer los servicios de aquellos dos médicos, los dos calvos ¡qué curioso!, que le habían devuelto la vida al abuelo. 

Y fue entonces cuando vino el cúlmen, el desenfreno total. Cuando el abuelo decidió vivir a tope lo que le quedara de vida y comenzó a disfrutar casi sin medida de cualquier cosa que se le pudiera ocurrir. Todo el mundo quería estar con él, toda la familia que parecía desaparecida se volvió a reunir a su alrededor. No paraban de admirar al abuelo por su simpatía, por su saber estar, por esa forma tan divertida de contar las cosas, haciendo hacía reír a todos. Se lo pasaban de maravilla con él, no encontraban una manera mejor de pasar su tiempo. Fue una época extraordinaria.

- Me recuerda al de los mejores tiempos - Decía una de las tías, que le recordaba de su juventud. 

Pero la desgracia sobre la familia cayó sobre quien menos se esperaba. Ahora que el abuelo estaba mejor de salud que nunca, uno de sus nietos, de los más jóvenes, se mató en un accidente de moto. Y el abuelo se resintió. Esas cosas no se superan con facilidad, y vaya si lo sufrió. Decidió parar un poco su desenfreno y dedicarse a vivir con buena salud, pero sin tantos dispendios. Buena parte de la familia le apoyó en su decisión, pero otros se mosquearon porque con eso se acababa la diversión. El abuelo se volvió un poco más aburrido en su afán por mantener un buen nivel de vida sin arriesgar, y parte de sus familiares le decían continuamente que debía seguir viviendo a tope. Él no se sentía ni con fuerzas ni con ganas, pero lo intentó, aun sin conseguirlo del todo. Ya no era el de un año antes. No se encontraba igual de bien.

Recuerdo que yo le decía a menudo que se dejara de tonterías, que no hiciera caso a esos que le decían que tenía que seguir viviendo como si fuera un chaval. Que se reservara. Se puede vivir muy bien sin necesidad de estar todo el día en la calle. Pero la presión de los otros era implacable, y al ver que el pobre abuelo no podía, le empezaron a echar la culpa a los mismos médicos que en su día le revivieron. 

La familia se dividió entre los que preferían que el abuelo se quedara en casa viviendo tranquilamente (pero viviendo) y los que insistían en llevarlo por ahí, ya que era muy divertido. Al final llegamos al entente de repartirlo. Es decir, que pasara más tiempo en casa, pero que también saliera. Pero cuando salía, ya no era como antes, y eso cabreaba aún más a la otra facción de la familia. 

Poco a poco, el abuelo se fue poniendo peor, aunque jamás llegó a los niveles de enfermedad de los peores años. Una gran parte de la familia seguía confiando en los médicos, pero la otra, la que insistía en que saliera más y se divirtiera, les habían puesto en el punto de mira. Y el pobre abuelo sufría muchísimo con tanta disputa. Yo me lo veía venir, en parte, aunque esperaba que remontara. Sin embargo, ayer recibí la más triste de las noticias. Otra vez en la UCI. Otra vez como en los peores tiempos. 

Yo sé que en mi familia hay gente enfadadísima: con los médicos, con los enfermeros, con los farmacéuticos que le dan unas marcas de medicamentos u otras, incluso con el resto de familiares. Entre estos, las discusiones con continuas, y más de uno les han echado en cara a otros que se quejen tanto ahora cuando estuvieron desaparecidos en las peores épocas. Que sólo le quieren para divertirse porque para cuidarle ya están los otros. Y que han abusado de él. Que la culpa no es de los médicos, sino del empeño de estos familiares por hacerle vivir por encima de sus posibilidades. Es de locos, tanto enfrentamiento cuando el pobre abuelo está como está.

¿Qué coño importa quién tiene la culpa cuando el pobre hombre se encuentra en una situación límite?

Yo seguiré estando a tu lado, abuelo. Igual que siempre, en los buenos y en los malos momentos. Me lo he pasado de maravilla a tu lado, he sido feliz hasta el infinito gracias a ti, pero de lo que más orgulloso me siento es de haber estado contigo en los malos momentos. En los peores momentos. Haré lo que pueda por que esos peores momentos no vuelvan nunca más. Pero si por mano del diablo vuelven, ten por seguro que no me moveré de tu vera y que te daré absolutamente todo lo que necesites. 

Porque te quiero, abuelo.

Te quiero hasta la muerte.

P.D. Gracias a Antonio Ramírez por este maravilloso post que me sirvió de inspiración

lunes, 13 de febrero de 2012

El más chulo de la clase

Hace hoy una semana, Michel llegó a Sevilla en medio de toda esa vorágine que se crea en todos los clubes del mundo cuando un entrenador es cesado. La noticia se convertía en bicéfala: por un lado estaba la despedida del último técnico, y por otro la presentación del nuevo. El sevillismo andaba a caballo entre la monumental decepción de la tarde del domingo y la inquietud ilusionada por lo que podría suponer ese cambio tantas veces reclamado. 

Michel llegó despacito, casi de puntillas, sin hacer demasiado ruido (el ruido estaba fuera, pero no lo provocaba él, sino la propia situación). Entonó un discurso positivo desde el primer momento, como era de esperar, y no tardó en soltar su primer pildorazo a la plantilla.

Ya ha habido quien ha pagado los platos rotos. Ahora, todos unidos a trabajar para sacar esto adelante.

En los siguientes días, habló uno por uno con cada jugador. Y se esforzó en enseñar su idea de fútbol. Hizo guiños a la cantera, alabó las cualidades de la plantilla, señalando a la tensión y el agobio como motivos de la mala racha de los últimos meses. Incluso, tuvo palabras para el antiguo entrenador:

Marcelino ha trabajado muy bien. Tengo la intención de hablar con él en los próximos días.

Se supone que para comentarle alguna duda o pedirle consejo. Humildad, positivismo, sencillez, comunicación. 

Quiso dejar claro que no iba a hacer ninguna revolución. Que eso no sería justo con los que venían jugando asiduamente hasta entonces. No se quería cargar a nadie. No era su intención mirar atrás ni buscar culpables. Sólo quería hacerlo al frente, con optimismo, para sacar el asunto adelante. En mi opinión, su actitud no ha merecido ni un pero. Mano tendida a la plantilla, búsqueda de la unión y la motivación y un claro deseo de pasar página para que lo ocurrido hasta ahora no siga pasando factura. 

Sin embargo, como resultado, van Medel y Spahic y se lían a guantazos en un entrenamiento. Y Michel se los carga y no los lleva en la convocatoria. Como si fueran niños chicos con los que no valen las buenas palabras y sólo aprenden con castigos. 

A mí me ha parecido extraordinaria la decisión de Michel. Es más, os aseguro que es justo eso lo que esperaba de él, y siento una enorme satisfacción al ver que lo ha hecho a la primera que ha tenido oportunidad. Michel no tiene una dilatada experiencia como entrenador, pero sí el carácter, la personalidad, la confianza en sí mismo y el prestigio necesarios para meter en cintura a una plantilla descentrada. Porque yo estoy absolutamente convencido de que en eso exactamente consiste el principal problema del Sevilla, no de ahora, sino de hace ya unos pocos de años. No se puede consentir que el vestuario se cargue entrenadores uno tras otro: Jiménez, Alvarez, Manzano, Marcelino... ¿qué es esto, por Dios? ¿Es que todos son malísimos de la muerte? Desde Caparrós, el Sevilla no ha vuelto a tener un entrenador de fuerte personalidad. Y Michel lo es. A Michel no le puede toser nadie en un vestuario porque Michel fue mucho mejor jugador que todos sus integrantes en un equipo mucho más fuerte que este. Ese poderío, esas credenciales, no las ha tenido ningún entrenador sevillista en los últimos años. Y es ese poderío el que impulsa a Michel a poner pie en pared y no consentir bajo ningún concepto cosas como esta.

Eso sí, después de tratar de hacer las cosas de un modo dialogado y constructivo. Los jugadores tuvieron la oportunidad, los hay que no la han aprovechado y el técnico saca sus otras armas. Es él quien manda. Es él el líder, el más chulo de la clase. Con dos cojones, que faltita nos hacía eso. 

Y es cierto que se corre un riesgo dejando a dos titulares en casa, sobre todo a Medel. Pero un jugador no hace un equipo. No se puede tolerar que un jugador se crea insustituible. No puede ser que se piensen intocables hasta el punto que se van cargando entrenadores, uno tras otro. Hay que poner fin a eso. Dentro de lo poco que me gusta Michel, es esa la gran virtud que le veo. Y ya la ha empezado a ejercer. Hay que dejar claro que intocables no hay ninguno (aunque los haya mejores y peores, claro). Hay que bajar los humos. Y quien no quiera, no tiene sitio. Yo pienso así, y creo que a la plantilla del Sevilla le hacía falta un poco de esta medicina desde hace mucho tiempo. Y no es Medel el único. Esperemos que los demás tomen buena nota. 

¿Es posible que el equipo se vea perjudicado? Hay quien dice que hay que poner siempre a los mejores. Que una multa económica les haría más daño. Primero, a un tipo que gana un millón de euros al año no le hace daño una multa económica. A mí, que no llego a los 15.000, pues sí, mucho, muchísimo. Pero a ellos, a niñatos engreídos, millonarios y con los egos por las nubes.... Yo creo que Michel sabe mejor que nadie qué le hace daño a una persona así. Él fue uno de ellos. ¿Y lo del equipo? Un club que aspira a entrar en Europa no puede depender de que juegue o no un jugador. Me niego a creer eso. ¿Qué pasaría si a Medel le sancionan? ¿Damos por perdido el siguiente encuentro? Ni hablar. Hay plantilla, hay jugadores, hay gente que puede ocupar esa demarcación. Que le den el puesto a Campaña, o a Cala (que sabe jugar muy bien en ese sitio). Me niego a aceptar que es mejor pasar por alto un acto de indisciplina porque no hay forma de sustituir a determinado jugador. Eso sería como decirle al mismo que puede hacer lo que le venga en gana, que como es insustituible, pues no va a pasar nada. En todo caso, una multita, un pellizquito a eso que es de lo que más tiene, lo que más le sobra. Me niego. Y, ya digo, Michel lo sabe mejor que nadie porque fue uno de ellos. Y de los polémicos. 

También es verdad que rifirafes hay en los entrenamientos de todos los equipos del mundo, pero debe haber un límite, y supongo que en esta ocasión se ha sobrepasado. El entrenador ha considerado que se ha sobrepasado, y le pagan (mucho) para tomar ese tipo de decisiones. Se dice a menudo que esas cosas son resultado de la tensión del momento, de la que crea una situación complicada como la que está pasando el Sevilla en estos momentos. Y ante eso, yo me parto y me mondo, lo siento. Miren, tensión es la que pasa un parado que se lleva una mañana entera pasando frío en la cola de la oficina de empleo para arreglar los papeles y que le den una paguita de 400 euros de mierda. Tensión es la que yo he pasado esta mañana cuando mi hijo se ha puesto a llorar porque su madre ya se había ido a trabajar. Su madre, que ayer estuvo enferma y él lo sabía, lo notaba, estaba preocupado a su manera. Su madre, que, aún medio enferma, se ha tenido que ir a trabajar esta mañana porque así son las cosas en estos tiempos que vivimos. Eso es tensión.

Tensión, aún mayor, es la que pasa ese padre de familia incapaz de pagar la hipoteca y que sabe que le van a desahuciar. A él, a su mujer y a sus hijos. Y también la de ese pequeño empresario a quien la Junta y el Ayuntamiento le deben la intemerata, no puede aguantar más y no le va a quedar más remedio que quebrar, mandar a sus empleados al paro y perder para siempre el resultado de años y años de trabajo.

Por favor, no nos dejemos abducir por las patrañas del fútbol. Los jugadores no sufren tensión. Al menos, no se puede poner eso como excusa. A nosotros, los tensionados de verdad, no. Por favor, seamos serios, que no se rian en nuestra cara. 

Y si sufren esa tensión, de la forma que sea, que la descarguen contra los rivales, no contra los compañeros. Que los de colorao son los nuestros, joder. 

A mí, ya digo, me parece extraordinaria la decisión de Michel. Tanto si ganamos como si perdemos esta noche. Si ganamos, será un éxito. Nos pondremos a tres puntos de la Champions (manda huevos, vaya liga mediocre, con lo mal que lo venimos haciendo). Pero si perdemos, no será por culpa de dejar a Medel y Spahic en casa. Me niego a pensar eso, lo siento. Y me niego porque, de ser así, tenemos un problema gordísimo que sólo se solucionaría haciendo una revolución total en la plantilla. 

viernes, 10 de febrero de 2012

Arrogancia, vanidad, egolatría, soberbia...

Las primeras elecciones generales en las que, por edad, pude votar, fueron las celebradas en 1993. Las ganó el PSOE de Felipe González por mayoría simple, y en sus listas figuraba un prometedor y ya famoso juez llamado Baltasar Garzón. Ya famoso por sus grandes éxitos en la lucha contra el narcotráfico, como la Operación Nécora, mediante la que desarticuló la organización liderada por Laureano Oubiña, o con la detención de los miembros del llamado "clan de los Charlines". 

Yo aún era muy joven, todavía no había cumplido los 19 años, pero ya me llegaba el raciocinio para interpretar como poco ético el hecho de que un juez de renombre ingresara las listas de un partido político. Los jueces han de ser independientes, y estas cosas no hacen más que poner en duda dicha independencia. Ya en aquella época predije entre mis allegados que ese hombre iba a acabar mal. Una opinión que se fue confirmando de modo absoluto con el paso de los años. Primero con el abandono de su puesto en el aparato del gobierno (era Delegado del Gobierno en el Plan Nacional sobre Drogas, con categoría de Secretario de Estado). Se dice que ese abandono fue debido a que se vieron frustradas sus aspiraciones a ser ministro de justicia. Inmediatamente después montó un proceso judicial contra los GAL, en el que se empeñó en implicar a cuantos más cargos socialistas, mejor. Olía a venganza que echaba para atrás. Más adelante, se concentró en ETA, y hay que reconocer que ha tenido muchísima culpa del debilitamiento de los terroristas en los últimos 15 años. Y luego se le subió el ego definitivamente y comenzó con sus cruzadas contra los regímenes extranjeros, como el que mantuvo Pinochet en Chile o la dictadura militar argentina de finales de los 70. Incluso, llego a tratar de investigar al ex secretario de estado estadounidense Henry Kissinger por su presunta implicación en diversos golpes de estado en América Latina. 

Todo eso está muy bien, muchos le consideran un héroe, pero yo creo que hay en España suficientes cosas que investigar y mejorar como para meterse en esos jardines. Y a pesar de que obtuvo éxitos históricos (Pinochet), estas cosas forjaron que yo tuviera una imagen de él de persona arrogante, vanidosa, ególatra, soberbia.... Por supuesto, seguía estando absolutamente convencido de que iba a acabar mal. 

En mi opinión, Baltasar Garzón ha llegado a creerse que está por encima del bien y del mal. Que la justicia es él, no que él es un miembro del aparato de la justicia. Que es el más chulo de la clase y que nadie va a osar a meterse con él. Hasta que alguien osó. Es lo que pasa por ganarse tantos enemigos a lo largo de su carrera. Es lo que ocurre cuando no eres sólo un juez, sino que quieres ser el juez estrella, el mediático, el histórico. Arrogancia, vanidad, egolatría, soberbia...

Ayer, Baltasar Garzón fue inhabilitado durante once años por prevaricar. Es decir, por emitir una decisión judicial injusta, a sabiendas de que lo era. Ordenó unas escuchas telefónicas entre unos encausado y sus abogados, rompiendo así el derecho a la libre defensa de los primeros. Los encausados son unos sinvergüenzas, sus abogados seguramente también, y el fin de Garzón era completamente comprensible y apoyable. Pero, por mucho que dijera Maquiavelo, el fin no justifica los medios. Ni siquiera para Garzón. Hay unas leyes que cumplir, sobre todo por parte de los jueces. Y si te las saltas, la justicia cae sobre ti.

Lo que más rabia me da de esto es que, por culpa de la actitud presuntuosa y chulesca de Garzón (desafiando a la justicia que él mismo se dedica a aplicar), hay gente en la trama Gurtel que no va a ser condenada como es debido, como merecen. De entrada, yo creo que Garzón debería haber sido recusado en el inicio. Una persona que ha sido integrante de las listas electorales del PSOE no debería nunca estar al frente de una investigación contra el PP. Al menos si queremos conservar con escrúpulo la independencia de la justicia. ¿Es que no había ningún otro juez? Eso de entrada. Pero, claro, con lo que le gustan a Garzón los casos mediáticos, cualquiera lo quitaba de en medio. 

Y luego ordena esas escuchas ilegales. Es que pinchar esas conversaciones es más propio de esos regímenes dictatoriales que él tanto ha combatido en su carrera. A mí, sinceramente, me parece escandaloso que un juez haga eso. La defensa es un derecho fundamental de la Constitución, eso no se lo puede uno saltar a la torera. Ya sé que les escuchas son ordenadas por los jueces de vez en cuando, pero siempre con argumentos de muchísimo peso, no como en este caso. 

Sea como sea, ha tenido su juicio y ha sido condenado. Y es aquí donde quiero dar un giro al hilo que llevo siguiendo. Porque esta mañana escuchaba en la radio a una persona (un periodista) nada proclive a defender a Garzón decir, no obstante, que todo el que trabaja a diario en el entorno del Tribunal Supremo (como este señor que digo) sabe que la sentencia es fiel muestra de la inquina y la animadversión que durante años se ha ganado este hombre entre los miembros de dicho Tribunal. Y esto ya es el colmo.

O sea, que a pesar de que a mí me parezca una barbaridad que un juez ordene unas escuchas entre abogados y clientes, y que considere acertado que se condene a dicho juez por ello, ahora resulta que dicha condena puede venir motivada más por diferencias personales que por el delito que en teoría se ha cometido. Vamos, que en el Tribunal Supremo estaban deseando de quitarse de en medio a Garzón y a la primera que han tenido ocasión, pues lo han hecho. 

Pero, ¿qué coño es esto? Tenemos a un juez megalómano que parece que sólo quiere protagonismo, fama y reconocimiento, y que es condenado porque se ha pasado de la raya en su complejo de superioridad. Y por otro lado, tenemos a unos jueces que componen el más alto tribunal del Estado, que se supone que son completamente imparciales, pero que no han sabido ocultar su odio hacia cierto personaje, hasta el punto que todo el que está cercano a ellos por motivos de trabajo es consciente de tal cosa. 

¿Qué se supone que debo de pensar ahora? Siempre dije que este hombre acabaría mal porque no se puede vivir siempre al límite de la ley, al borde del precipicio, creyéndose estar ajeno al peligro de infringir la legalidad alguna vez. O lo que es peor, pensando que podía hacerlo sin temer castigo. Convencido de estar por encima del bien y del mal. Así no. Así, tarde o temprano acabaría como, efectivamente, ha acabado. Y aún le quedan dos causas pendientes. Pero lo que nunca pude imaginar era que acabaría mal, no debido a su comportamiento, a su actuación siempre al límite, sino a las opiniones personales de otros señores jueces. 

Todo esto es lamentable y me hace pensar que la justicia, como diría aquel, es un verdadero cachondeo. 

jueves, 9 de febrero de 2012

Las ideas claras

Una vez cerrada la página de Marcelino en el Sevilla, da la impresión de que las cosas se ven ahora de otra manera. Y es natural. Todo cambio conlleva ilusión.  Es revitalizante, al menos en sus primeros compases. Los jugadores con los que apenas se contaba y que andaban, por ello, algo alicaídos recuperan las fuerzas y las ganas. Otros, que se creían intocables hasta ahora, notan que esa posición privilegiada se tambalea y se ven obligados a esforzarse para no quedarse atrás. Algunos, que quizás se sentían frustrados porque el equipo no acababa de jugar bien y eso le impedía rendir en condiciones, ahora cambian de mentalidad y recuperan el empuje que habían perdido. Los habrá que se sintieran incómodos con el ambiente que se había creado y que este cambio les suponga algo así como un soplo de aire fresco, como si en una habitación cargada se abre una ventana para que se ventile y corra el aire.

Por otro lado, la afición anda expectante. Al menos expectante, ya no tan angustiada como hasta ahora. No digo que se haya desbordado el optimismo, porque no es así. De hecho, hay más reticencia que de eso otro. Pero está claro que este cambio nos impulsa a tener un poco más (aún) de paciencia, a dejar un tiempo al nuevo entrenador para que imponga su criterio. Quizás no es eso lo que más nos sobra, pero, aunque sea porque no nos queda más remedio que aceptar tal circunstancia, pues lo hacemos. Y eso resta presión y agobio a la plantilla. Posiblemente, sólo con eso, su rendimiento aumentará. Esperemos que tal cosa se traduzca en resultados.

Me ha llamado mucho la atención que Michel haya asegurado que tiene claro el once que sacará en Anoeta. Es evidente que lleva tiempo estudiando al Sevilla. Rechazó al Sporting y al Zaragoza porque sabía que era muy posible que el Sevilla le llamase. Y me parece lógico. Me parece lógico que prefiriese al Sevilla que a esos otros dos clubes, y me parece lógico que se preparase para ese posible salto. Es más, también me parece normal (y me alegro de que se haga así) que la dirección deportiva del Sevilla tuviera tocado a algún entrenador por si acaso el que teníamos fallaba. Y me parece de lo más demagógico echarle en cara a Monchi que hace una semana dijera que la confianza en Marcelino era igual que al principio, y que tras la siguiente jornada lo destituyesen. ¿Qué se espera que diga Monchi? ¿Que la confianza está llegando a su fin y que le dan un ultimátum? ¿Cuando nos vamos a enterar que ni Monchi ni Del Nido dicen la verdad en muchos casos? Igual que pasa en cualquier club serio, sus dirigentes sólo dicen lo que mejor le puede venir al mismo. ¿Alguien espera que se divulguen en una rueda de prensa todos los movimientos que se realizan?

Por supuesto que Monchi aseguró la confianza en Marcelino. Y por supuesto también que tenían el recambio preparado. De hecho, a Marcelino se le despidió una mañana, y esa misma noche ya teníamos nuevo entrenador. Eso se llama planificación, tener las cosas atadas, saber cual va a ser el siguiente paso sea cual sea el devenir de las circunstancias. Si pasa una cosa, hacemos esto. Y si pasa otra, pues hacemos esto otro. Eso es así, es que debe de ser así. Y meterse con quien hace las cosas de ese modo es fruto de tres posibilidades: ignorancia, demagogia o intento de linchamiento. Que cada uno elija la que más le convenga.

Como si el Sevilla fuese el único club del mundo al que le sale rana un entrenador. Los aficionados somos nosotros, y nosotros somos libres de opinar lo que nos de la gana porque no tenemos responsabilidad. Pero los dirigentes sí, y a mí me tranquiliza saber que tienen previstas todas las posibles contingencias para reaccionar rápido y al menor coste posible. ¿Dónde estaban los que tantos se quejan ahora este verano, cuando a todo el mundo se le caía la baba con Marcelino? Ya sé que los hay que todo les parece mal y que siempre dijeron que no servía, igual que dicen ahora que Michel no vale. Son los destructivos, los negativos, los que todo lo ven mal, pero que jamás dan una idea, una alternativa. Pero la mayoría del sevillismo aplaudía con las orejas en pretemporada. Sin embargo, la directiva tenía su bala en la recámara porque es su obligación.

El caso es que Michel conoce el Sevilla y su situación mucho mejor de lo que es normal en un entrenador recién llegado. Y eso no deja de ser algo positivo, una ventaja. Ha llegado y se ha puesto manos a la obra directamente en lo que más falta hace. Ha hablado personalmente con cada jugador, me imagino que para decirle a la cara y en privado lo que piensa de él, lo que ha hecho mal, lo que ha hecho bien y lo que espera de cada uno en adelante. Me gusta la actitud que está teniendo nuestro nuevo entrenador. Eso no quiere decir que la cosa vaya a dar un giro radical a las primeras de cambio, pero es mucho mejor así que de otra forma. Michel parece venir con una idea clara del tipo de juego que quiere implantar, y si es cierto, como parece, que tiene bien estudiado al equipo, también es de suponer que esa idea es la que mejor se adapta a sus características, al menos en su opinión, que al fin y al cabo es la que vale. 

De todos modos, ya he comentado que no creo que sea eso lo más importante. Estoy convencido de que el Sevilla tiene una magnífica plantilla, que hay materia prima de sobra para estar mucho más arriba y que no lo estamos porque los jugadores no han rendido como se espera de ellos. Y porque el anterior entrenador no fue capaz de hacer lo que fuera para que lo hicieran. Solo espero que este nuevo técnico sí que consiga tal propósito. Y eso depende más de la psicología que de emplear un sistema u otro. 

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