miércoles, 31 de octubre de 2012

Brotes verdes

Antes que nada, me gustaría aclarar a grandes rasgos (grandísimos) la diferencia entre microeconomía y macroeconomía. La "micro" (asignatura del miedo en la carrera de Empresariales, al menos cuando yo la cursé) estudia el comportamiento de los agentes económicos a nivel individual: consumidores, empresas, trabajadores, etc.  

Por su parte, la "macro" (asignatura bastante más llevadera, al menos por cómo se me dio a mi) estudia la economía de un modo global, como suma de lo "micro", de los consumidores, empresas, trabajadores, etc. Ambas formas de enfocar la economía van unidas de la mano, pero la visión de la situación desde una u otra perspectiva no tiene por qué coincidir para nada. 

Por ejemplo, si España comienza a crear empleo de un modo desaforado (¿ocurrirá algún día?) será una noticia excelente a nivel macroeconómico, pero eso importará bastante poco a una persona concreta (microeconomía) que es incapaz de encontrar un trabajo por la razón que sea. El gobierno de turno se jactará de ser unos fenómenos por lo bien que van las cosas, pero la crisis se seguirá cebando contra la persona individual que comento porque para él no ha cambiado nada, aunque oficialmente (macroeconómicamente) las cosas vayan bien. 

Cuan escuchamos hablar a los gobernantes, siempre lo hacen desde lo "macro". Se refieren a los grandes números, a las magnitudes generales, al resultado de la suma de todos los españoles, los que van bien, los que van mal, los que simplemente sobreviven y hasta los que, desgraciadamente, se han suicidado antes de verse desalojados por la fuerza de sus casas. Si no tenemos claro esto, a menudo, cualquier cosa que digan dichos gobernantes nos parecerá una barbaridad.

Aunque también los gobernantes deberían ser un poquito más delicados a la hora de dirigirse a una población que lo está pasando verdaderamente mal. Al menos en un buen porcentaje de la misma. 

Cuando, en mayo de 2009, la última ministra de Economía de la era Zapatero, doña Elena Salgado, dijo aquello de los brotes verdes (refiriéndose a una inminente salida de la crisis que no se produjo), no engañaba a nadie. Lo que ocurría era que el PIB nacional (la suma de lo que ganan todos los españoles, resumiendo de un modo bastante poco académico) llevaba dos trimestres subiendo (poco, pero subiendo) y eso podía ser la antesala del inicio de una posible recuperación. Que el PIB suba no quiere decir que al conjunto de los españoles les vaya mejor. Ni siquiera a una mayoría. Pero sí que es un primer paso necesario para que eso pueda llegar a ocurrir. Lo que pasa es que luego pasó lo que pasó, la economía mundial volvió a caer y los brotes verdes no florecieron, quedando como frase ridícula para la posteridad.

En estos días, la primera ministra de Trabajo de la era Rajoy, doña Fátima Báñez, ha dicho que España está saliendo de la crisis. Y lo ha hecho la misma semana en la que hemos sabido que en esa misma España hay cerca de seis millones de personas en edad de trabajar que no lo hacen. Precisamente la ministra de Trabajo. Y no está engañando. No del todo. Le ocurre algo parecido a Elena Salgado. Le ocurre que habla en "macro", olvidándose de lo "micro". Ocurre que habla de grandes magnitudes cuando la gente de la calle lo está pasando fatal. Decir lo que dijo es ridículo, inadecuado, impertinente..., es hasta soez y de mal gusto. 

Lo que pasa es que en España, esta misma semana también, hemos sabido que, en el tercer trimestre del año, el PIB ha quedado mejor que la más optimista de las previsiones. La más optimista es la que el Gobierno ha planteado y sobre la que ha construido los presupuestos del año que viene. Y eso no se lo esperaba nadie. 

Además, el déficit público no va tan mal como algunos auguraban, e igual es posible hasta cumplir con el objetivo. Esto quiere decir que se está cumpliendo con lo que se esperaba cuando se hicieron los ajustes que se hicieron. Y también que igual los mercados cambian su desconfianza hacia España, baja la prima de riesgo y se aleja la amenaza de un rescate, con los recortes extra que eso conllevaría. Esto no son más que las conjeturas sobre las que el gobierno trabaja, no quiere decir que vaya a ocurrir. Pero tanto el dato del PIB como el del déficit son mejores de lo esperado. 

Aparte, ha crecido mucho el número de autónomos (si no hay trabajo, me autoempleo. Yo lo hice). Recordemos que un autónomo es una nueva empresa. Si un porcentaje de ellos sobrevive, esas empresas crecerán y crearán empleo (si los impuestos del gobierno que presume de aquellos no los destroza, que todo puede ser). Y también han subido una barbaridad las exportaciones. El turismo va a mejor (a nivel general) y se espera que esa tendencia se acentúe...

En definitiva, hay datos que indican que igual, si la cosa sigue así, si no pasa nada raro, pues a lo mejor comenzamos a mejorar. Pero a mejorar a nivel macro. Para que esa mejoría a nivel macro (si se produce) se traslade a lo micro, a las personas de a pié, tiene que pasar tiempo. Y se trasladará poco a poco, no de una vez. Por tanto, cuando tantos y tantos españoles que están pasando las de Caín escuchan a la señora esta decir eso, pues piensan que se está riendo en su cara. Y con toda la razón del mundo, oiga. Porque España como país (macro) igual comenzará pronto a salir de la crisis, pero para que de eso se entere la España como suma de españoles (micro) tendrá que pasar tiempo. Y penurias, y miseria, y mucha crisis. Es como aquello que decía alguien de "ya hemos pasado lo peor, ahora viene lo malo"

Lo que dijo la ministra es una estupidez que bien se pudo haber ahorrado. Entre otras cosas porque si España está empezando a salir de la crisis, no lo está haciendo gracias a su gobierno, sino a pesar del mismo. Lo está haciendo porque las personas tenemos la mala costumbre de comer todos los días y nos buscamos la vida como haga falta para hacerlo. Como haga falta, a pesar de las zancadillas que nuestros propios gobernantes nos pongan una y otra vez. 

Por tanto, señora ministra, mejor cállese y no haga el ridículo. Que bastante tenemos los españoles a lo "micro" como para encima tener que aguantar sus tonterías a lo "macro". 

lunes, 29 de octubre de 2012

Histeria colectiva

Antes que nada, para evitar que nos abandonemos a la desesperación y a la histeria colectiva, me gustaría decir tres cosas:

1. Después de 9 jornadas, la realidad del Sevilla es que somos 7º, a dos puntos del objetivo (la Europa League) y a tres de la Champions. Con el extra de que nosotros ya hemos jugado contra los grandes y los que están por encima nuestra (salvo los propios grandes), no. Esto no es opinión, es la realidad. Lo digo para basar en algo la opinión que vendrá después.

2. De esos nueve partidos jugados, el Sevilla ha dado la cara en siete (Getafe, Granada, Rayo, Madrid, Barça, Deportivo y Mallorca) y ha fallado estrepitosamente en dos (Celta y Zaragoza). Luego vendrán los matices, por supuesto. Matices como que no se puede fallar tanto como ocurrió contra el Rayo, pero también que tener tres bajas de cuatro puestos en el centro del campo condiciona el rendimiento, como ocurrió contra el Celta. En el partido de ayer, no hay excusas. Fracaso absoluto y punto. 

3. Lo primero que se me pasó por la cabeza cuando acabó el partido de ayer fue lo mismo que he visto por ahí en más de un sitio. Lo de una de cal y otra de arena. Luego recapacité un poco y creo que hay que matizar. Una de cal y otra de arena en los partidos disputados fuera, que igual arrollamos a los rivales, como pasó en La Coruña o en Vallecas, o regalamos los puntos, como en las dos últimas salidas. Digo esto porque en casa somos intratables. Sólo el Barcelona sacó puntos de Nervión, y el modo en que lo hizo lo sabemos todos. 

Pues bien. Dicho esto, me niego en redondo a unirme a la histeria que parece propagarse por buena parte del sevillismo. Si en la jornada 9, después de jugar contra los dos grandes, estamos a dos puntos del objetivo y a tres de la Champions, creo que es el momento de apoyar al equipo para que solucione los defectos que sigue arrastrando, y no de tirar la temporada. Que por cierto, recordemos que el objetivo es la Europa League. Lo digo porque muchos que el año pasado se reían de Del Nido (tal cual) porque este puso como objetivo la Champions (decían que no había plantilla ni de coña para eso), ahora hablan en términos de fracaso porque no ven al Sevilla capacitado para disputarle al Málaga o al Atlético las dos plazas que se reparten entre los mortales. Pero es que el objetivo es la Europa League, lo dijo el presidente. Si el año pasado se rieron de él, ahora deberían alabar el hecho de poner un objetivo acorde con el potencial de la plantilla. Bueno, así pienso yo, cada cual que haga lo que quiera, pero que luego no me pidan que les tenga en consideración. 

Aparte, si el equipo mantiene el nivel en los partidos de casa, tendremos una buena parte del objetivo ganado. En casa se disputan 57 puntos. El año pasado, el quinto terminó con 56. La Champions se consiguió con 58. Insisto, me niego a participar en la histeria. El equipo en casa está intratable. De seguir así, basta con mejorar un poquito fuera para asegurarnos el objetivo. Así que eso, a mejorar, no tirarlo todo por tierra en la jornada nueve. 

Una cosa más. Desde principios de temporada se viene comparando lo que se está haciendo hoy con lo que se hizo el año pasado. A estas alturas, el Sevilla de Marcelino era cuarto con 16 puntos. Dos más que ahora. Aún no había perdido un partido y era el segundo equipo menos goleado de la liga, aparte de estar clavando la denominada media inglesa. Pero ¿alguien sabía a qué jugaba aquel Sevilla? ¿Nos fiábamos de lo que estaba haciendo?. El Sevilla de hoy sabe lo que tiene que hacer para ganar los partidos. Sabe que si lo hace, gana. Y que si no, pierde. El equipo de Marcelino no tenía ni idea de cómo estaba consiguiendo los resultados y, efectivamente, llegó un momento en el que se perdió y acabó hundiéndose. 

Nadie pone en duda que el Sevilla actual tiene carencias. Que a rachas se parece peligrosamente a aquel equipo indolente y sin alma del año pasado. Que la diferencia de nivel entre la banda derecha y la izquierda es abismal. Que fallamos demasiado arriba, que perdonamos. Que hay jugadores que no se sabe en qué planeta se encuentran, dígase Reyes, Manu del Moral y algún otro. Que a veces se cometen errores absurdos en defensa que cuestan goles y puntos. Que hay ocasiones en las que uno se pregunta si no serán los jugadores disléxicos por ese afán de pasarla al contrario. Todo eso es cierto, hay que mejorarlo y, si no se mejora, no hay nada que hacer. 

Pero, joder, que aún es la jornada nueve, que estamos a dos puntos del objetivo, que ya han pasado por aquí los grandes, que sabemos lo que hay que hacer para obtener resultados. ¿De verdad es para ponerse histéricos? Por supuesto, no se puede alabar la trayectoria de un equipo que ha sumado cinco puntos en el cómputo global de sus enfrentamientos contra Granada, Rayo, Deportivo, Celta y Zaragoza. Cinco de quince en sus salidas, teniendo en cuenta las salidas que han sido. 

Pero, sinceramente, ¿de verdad es comprensible la histeria colectiva? Que cada cual haga lo que quiera, pero yo, como digo, me niego en rotundo a unirme a ella. 

jueves, 25 de octubre de 2012

La credibilidad

Antes que nada, me gustaría repetir algo que ya he dicho en otras muchas ocasiones. Para mí, la credibilidad de una persona no se basa en el porcentaje de aciertos en sus afirmaciones, sino en su capacidad para reconocer cuando se ha equivocado. Hablo de fútbol, pero esto también se puede extender a muchos otros órdenes de la vida. 

En fútbol, la inmensa mayoría de los aficionados nos lanzamos al ruedo de las opiniones cuando en la mayor parte de los casos tenemos bastante poca información. Sin embargo, eso me gusta. Es más, es de las cosas que más me gustan de lo que rodea a este bendito deporte. Debatir, discutir, argumentar.... Yo puedo tener mi opinión sobre las cosas, pero me gusta escuchar a quien piensa de un modo diferente. Me gusta hablar de fútbol, que es de lo que se trata. Porque se trata de eso simplemente, no de tirar los trastos a la cabeza a quien no piense como tú. Pero me gusta hablar de fútbol con gente que argumenta sus posiciones y, sobre todo, que cuando ven que lo que dijo en un momento se demuestra erróneo, lo admite y aquí paz y después gloria. No sé si lo consigo o no, pero yo trato de comportarme de ese modo. 

En eso consiste para mí la credibilidad, y es a las personas que se comportan así a quienes sigo y atiendo. Por desgracia, a pesar de haberlos, los hay pocos. Menos de los que me gustaría. 

Ejemplos de esto los hay, y muy claros. Si tal persona dijo en verano que no le gustaba Michel por esto, por aquello y por lo de más allá, y ahora viene y reconoce que el madrileño con su trabajo le está callando la boca, la siguiente vez que ese alguien critique lo que sea, yo me tomaré en serio sus palabras. Simplemente porque ha demostrado que son críticas constructivas y que no pretende tener razón a la fuerza, sino simplemente busca lo mejor para el Sevilla. Eso es un simple ejemplo, los hay más, a patadas. 

Por contra, están los que no me resultan creíbles, y son los que se empeñan en no bajarse del burro. En tener razón a toda costa, cuando eso no siempre es posible. Y también hay ejemplos a patadas, los más claros, esos que conocemos todos que se esconden cuando el equipo gana y salen a la palestra como fieras cuando pierde. O incluso ganando el equipo, los que buscan hasta el más mínimo detalle negativo para magnificarlo y quitar lustre al éxito. Por supuesto, no se trata de ocultar defectos por el simple hecho de haber ganado, creo que todos sabemos a lo que me refiero. 

Pero hay una cosa que me molesta más que todo esto. Y es el hecho de tirar mierda sobre tal o cual jugador (y de paso sobre quien lo fichó) y luego quedarse tan ancho cuando este demuestra que lo que se dijo sobre él era injusto. De entrada, se me viene a la cabeza el caso de Andrés Palop. No puede ser que el año pasado fuera una especie de ogro y ahora todos sus compañeros alaben sus virtudes como capitán (las que tiene debajo de la portería las conocemos todos). Y no digo que el año pasado no obrase como es debido, que puede ser, pero es que Palop es persona humana, y las personas humanas no siempre estamos al cien por cien. Y eso no es motivo para linchamiento público. 

Otro nombre del que me acuerdo: Hedwiges Maduro. Para muchos, este jugador no era más que un deshecho del Valencia.  Es posible que buena parte de esos muchos fueran los mismos que llamaron a Alves "futbolista de chiste" y a Kanouté "viejo sin gol". Por cierto, a Palop también se le llamó deshecho del Valencia en su momento. Ahora, ocho partidos después, resulta que Maduro es pieza imprescindible en el esquema de un equipo que va viento en popa. Y no sólo es que juegue bien él, sino que, además, hace mejores al resto. Yo sabía que era un buen jugador (lo cual no quita para que luego fracasase) porque lo conozco desde que jugaba en el Ajax. Y me pareció un excelente fichaje, más que nada porque llegó gratis. 

Puedo seguir con Negredo. Esta semana me he enterado de que su promedio como goleador es igual al de Luis Fabiano y un poco mejor que el de Kanouté. A mí Negredo me pone nervioso en muchos momentos, eso no lo voy a negar, pero creo que hay decirlo todo. ¿El Sevilla tiene un problema de gol por culpa de que Negredo falla mucho? El Sevilla tendrá otros problemas, no digo que no, pero ese precisamente, no. Tenemos a uno de los tres mejores delanteros españoles del momento, y eso no es cualquier cosa. 

Si quieren, hablamos de Botía. Muchos acribillaron a Monchi por no ser capaz de traerse a un jugador veterano para esa posición "porque eso es lo que le hace falta al Sevilla, y no un joven inexperto". (palabra de Dios, te alabamos, Señor). Ahora resulta que Botía es quien da tranquilidad a la zaga, quien hace bueno a Spahic y su baja se nota una barbaridad. Para colmo, el Sevilla es el equipo que más rentabiliza sus goles en toda Europa. Y eso es porque la defensa es tan buena que permite que la delantera tenga que obtener pocos goles para conseguir puntos. 

Puedo seguir y seguir, pero voy a parar aquí. Como decía, esto me molesta mucho. En su momento se largó todo lo que a muchos les vino en gana, pero ahora, pocos vienen retractándose de sus palabra. Muy pocos. Y son esos muy pocos los que tienen mi credibilidad. Con los que me gusta debatir sobre fútbol. 

Pero lo más grave de todo es que estos que no se retractan ahora volverán con todas sus armas en cuanto la cosa de tuerza lo más mínimo. Para eso, sí. Para eso saltan muy rápido. Claro que, cuando llegue el momento, su opinión me importará bien poco. No tienen credibilidad para mi. Porque, como decía al principio, para mí, la credibilidad no constiste en acertar o tener razón, sino en argumentar y reconocer cuando uno se equivoca. Que equivocarse es de humano, pero algunos parece que creen rozar lo divino. 

martes, 23 de octubre de 2012

La señorita que mueve el culo demasiado al andar

Hay ocasiones en las que, leyendo según qué críticas o comentarios acerca del Sevilla, uno se imagina la situación en la que te ligas a una señorita de las de tener que mirarla dos veces para acabártelo de creer, y que de repente llega el envidioso de turno y te dice que tiene las orejas un poco grandes, la voz algo chillona o que mueve demasiado el culo cuando anda, ante lo que tú piensas que quien tiene un culo así, puede hacer con él lo que le venga en gana. 

Ayer, el Sevilla hizo algo que hacía mucho, muchísimo, que no le veíamos. Con varias bajas de consideración, con el entrenador en la grada sancionado, después de dos derrotas consecutivas y con incomprensibles pitos en la grada durante el transcurso del partido, van y salen a comerse al rival. Aún así, este se pone por delante en el  marcador de manera injustísima en la primera ocasión que tienen. Para gozo del aficionado local, el Sevilla consigue empatar, pero el contrario vuelve a adelantarse en la siguiente jugada, la segunda vez que pisan el área de Palop. Acaba así el primer tiempo y, como revulsivo, el segundo entrenador apenas tiene a un jugador que lleva meses y meses sin competir por culpa de una lesión. El resto de integrantes del banquillo son jugadores para cambio de estampitas o que ni siquiera igualan lo que hay sobre el césped. Para colmo, el rival es un equipo de Caparrós, o sea, de los duros y correosos. De los que tan mal se nos suelen dar.

Y van los tíos, remontan y ganan el partido. 

Pero hay más. Ayer sentí una cosa que ya ni recuerdo cuando fue la última vez que pude decir lo mismo. Ayer, con el equipo por debajo en el marcador, estaba absolutamente convencido de que íbamos a ganar. Y eso era así sólo por ver la actitud de los futbolistas en el campo. Y se ganó. 

Pues bien, aún los hay por ahí diciendo la señorita mueve el culo demasiado al andar. 

Yo no voy a negar que sigan habiendo cosas que corregir. En verdad, siempre hay cosas que corregir, por muy bien que se esté. Pero si uno ve el equipo que cogió Michel el año pasado y ve este ahora, algo se le debe de revolver en el interior. Vamos, digo yo. De aquella plantilla que estaba hecha unos zorros a este conjunto competitivo al que, para ganarle, tiene que venir el mangante de turno a formarte un lío de los buenos. O que tenga el día tonto que todos los equipos de cualquier parte del mundo tienen alguna vez de cuando en cuando. 

Se viene diciendo que el Sevilla no sabe ganar sin Medel porque sólo el chileno le pone el corazón necesario  y que eso contagia al resto. Bien, pues relean si quieren el segundo párrafo del post y añadan al mismo que eso se hizo sin Medel en el campo. 

Se dice a menudo que Negredo exaspera, que no acaba de arrancar, que no es el jugador que el Sevilla necesita..., yo he llegado a leer de él que es un bluff y que lo entregaría con un lacito a cualquiera que viniera con unos cuantos millones por delante. Pues bien, Negredo es el máximo goleador nacional del momento, lleva seis goles en ocho partidos, quince en los últimos dieciseis de liga. Incluso, su promedio goleador en los ciento y pico partidos que lleva con el Sevilla (ciento y pico, oiga, no ocho o diez) es el mismo que el de Luis Fabiano. ¿Que a veces exaspera? Sin duda. Sin ninguna duda. Pero os aseguro que el Fabuloso brasileño me exasperaba también. Y mucho. 

Se dice mucho que si Michel se empeña en el 4-3-3 cuando es mejor el 4-2-3-1, que si Navas no tiene gol, que Campaña no explota, que Spahic sin Botía pierde, que si Fazio, que si Reyes, que si Manu del Moral..., que si Babá.

Que si la señorita mueve demasiado el culo al andar, ya digo. Con lo tremenda que está la señorita. 

Por cierto, yo estoy de acuerdo con lo que se dice de Michel y el sistema, pero es que si la señorita no tuviera las orejas grandes, la voz chillona o ese extraño balanceo de trasero, seguramente no estaría conmigo (creo que mi señora de verdad me va a matar si lee estas cosas. Todo es broma, cariño. No mueves tanto el culo)

A mí no hay quien me quite la ilusión este año. De la lacia y pasota a la que aguantaba hasta hace unos meses, he pasado a estar con una mujer de bandera que me tiene tonto perdío. ¿Que tiene defectos? Y yo también los tengo ¿quién no? ¿Que se puede mejorar? Como todo en la vida. ¿Que si me duermo en los laureles se me va con otro? Que a nadie le quepa la menor duda.

Pero os aseguro que prefiero disfrutar de lo que tengo ahora y no pensar tanto en la parte mala. Que bastante tiempo llevamos ya tragándonos un disgusto tras otro como para ahora que las cosas van marchando bien, tengamos que estar de nuevo buscando tormentas en el paraíso. 


viernes, 19 de octubre de 2012

Ahora, a quemar curas.

Hace dos días, un numeroso grupo de chavales (se hablaba de alrededor de 100) irrumpió en el colegio de los Salesianos de Mérida al grito de "dónde están los curas, que los vamos a quemar". Cuando hablo de chavales, me refiero a menores de edad. Incluso, grababan su acción con teléfonos móviles y amenazaban a los que pretendían echarles diciéndoles que ni se les ocurriera tocarles porque eran eso, menores, y lo estaban grabando todo.

Ayer, en el Parlamento de la Comunidad de Madrid, el líder de los socialistas, Tomás Gómez, decía al presidente de dicha comunidad, Ignacio González, del PP, que "Los abuelos de ustedes robaron a millones de españoles su infancia y ustedes, que son sus nietos, pretenden robarles la jubilación"

Yo no sé qué piensan ustedes de todo esto, pero a mi me parece escandaloso. Lo de quemar todo lo que se refiere a la Iglesia Católica fue una de las señas de identidad de la izquierda más extrema en la época de la Guerra Civil. Y las palabras de Tomás Gómez son una referencia directa a dicha época también, estableciendo un paralelismo entre los golpistas de entonces y la derecha actual. Cualquier persona con un mínimo de sensatez comprenderá (sean cuales sean sus ideologías) que nada de esto es de recibo, a no ser que lo que se pretenda sea repetir aquel conflicto. Que ya hay que ser torpe para volver a caer en los mismos errores del pasado, sobre todo teniendo en cuenta las consecuencias que trajeron los mismos.

Ya lo he dicho en otras ocasiones, yo creo que hay un sector de la izquierda que se está equivocando de plano en el blanco de sus iras. Es perfectamente comprensible que estén en completo desacuerdo con las políticas del gobierno actual, que coincide que es de derechas, del Partido Popular. Pero en lo que se confunden es en que eso no importa para que dichas políticas se lleven a cabo. Si fuese el PSOE quien gobernase, también se aplicarían (de hecho, las aplicaron hasta hace menos de un año). El mejor ejemplo de ello lo encontramos en Francia. Hace poco tuvieron elecciones, y los principales candidatos a las mismas se postularon alrededor de dos dogmas contrapuestos: Sarkozy, con las políticas de austeridad (derecha, en teoría) y Hollande, con las de inversión pública para fomentar el crecimiento (izquierda, también en teoría). Ganó Hollande, ganaron los socialistas, la izquierda española daba palmas con las orejas..., y ahora Hollande se ha olvidado de sus proclamas y ha aprobado los presupuestos más restrictivos de la historia reciente del país vecino.

Insisto, la izquierda española se equivoca en el blanco de su iras. El culpable de las políticas actuales no es el gobierno de turno. Ni aquí, ni en Francia ni en ningún sitio. El culpable está en Bruselas, Estrasburgo y, sobre todo, Frankfurt (sede del Banco Central Europeo) y Nueva York (sede del Fondo Monetario Internacional). En mi opinión, cuando se habla de cambiar el sistema (algo con lo que yo estoy de acuerdo, con los matices que todos tendremos, como es natural), no se trata de quitar a la derecha para poner a la izquierda. Y no se trata de eso porque da igual el signo político de quien gobierne, que las medidas van a ser las mismas (o muy semejantes). El problema del sistema actual es que esas medidas a las que nos obligan vienen impuestas por organismos, estamentos o instituciones cuyos dirigentes no han sido elegidos por el pueblo. Los famosos mercados, el Banco Central Europeo, etc., dictan las cosas que hay que hacer y los gobiernos (de izquierda, de derecha o de lo que sea) se ven obligados a hocicar porque son ellos los que tienen el dinero, y sin dinero no se puede hacer nada.

Por eso siempre digo que los políticos no me representan. Porque lo que hacen, lo que se ven obligados a hacer, no tiene nada que ver con lo que yo he votado. Últimamente se dice mucho que Rajoy no cumple su programa. ¿Acaso en el programa de Zapatero estaba lo que se vio obligado a hacer en su segunda legislatura? Vuelvo a repetir, es que no importa que se sea de izquierdas o de derechas. Es que los gobiernos no gobiernan, sino que son gobernados. Y eso es lo que hay que cambiar. No el signo político, sino la imposibilidad de que los gobiernos gobiernen porque las directrices se las marcan personas desconocidas que no han sido elegidas por el pueblo.

Ayer, mientras los chavales evocaban la Guerra Civil queriendo quemar curas, mientras el tonto este de Tomás Gómez metía la pata hasta el corvejón hablando de abuelos y nietos, mientras gallegos y vascos se pelean por lo que sea en sus campañas electorales y los catalanes se hacen pajas mentales con la independencia, en  Bruselas, en el Consejo Europeo, los que mandan de verdad partían en bacalao, decidían qué va a ser de nuestras vidas en los próximos tiempos. Y nosotros, con nuestras tonterías, lo cual les conviene muchísimo. Mientras el pueblo se pierda en debates absurdos como lo de los curas, lo de los abuelos o los nacionalismos mal entendidos, los otros vienen y nos lo quitan por detrás sin que apenas nos demos cuenta.

¿Se equivocan o no se equivocan de blanco, pues? Es que me produce mucha tristeza ver a personas de gran corazón, de grandes cualidades, con sentimientos y convicciones arraigadas quemando sus energías en una lucha equivocada. Y lo peor es que de eso se aprovechan los que mandan a chavales a amenazar curas o quienes reviven el drama de la Guerra Civil para conseguir una poltrona en la que enriquecerse a costa de los demás. 

Me dan igual los del PP, los del PSOE, los de IU, los nacionalistas o su madre bendita. Allá donde han gobernado, ha habido corrupción y aprovechamiento. Se cuentan con los dedos de las manos los buenos ejemplos. Pero aquí seguimos, haciendo el canelo y malgastando fuerzas en peleas intrascendentes y, a menudo, dirigidas por aquellos a los que les interesan dichas peleas, mientras en otros lugares deciden lo que va a ser de nosotros sin que nosotros tengamos ni idea de lo que hablan. Total, mientras más entretenidos nos tengan, menos les molestamos. 

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sólo Sevilla Fútbol Club.

¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que no sois aceptados en un círculo, en un grupo de personas, a pesar de pertenecer al mismo con todas las de la ley? Pueden considerar un club social, una asociación, una comunidad de vecinos, una cooperativa, incluso un lugar de trabajo, no sé, hay multitud de ejemplos. Me refiero a algo así como notar que te aceptan porque no les queda más remedio, porque hay unas normas que cumplir y es más complicado cambiarlas que aguantarte. Y uno lo percibe, se da cuenta porque sufre desplantes, ignorancia, rechazos, incluso burlas a lo mejor (o a lo peor más bien). Yo me he sentido así en alguna ocasión (pocas, afortunadamente) y la verdad es que es algo de lo más desagradable. 

Bien, pues algo semejante a esto es lo que yo siento respecto al resto de españoles por el hecho de ser de donde soy. Y si la cosa se refiere al fútbol, pues mucho más. Ya podéis llamarme paranoico o pejiguera si queréis, pero pienso seguir con la reflexión. 

Anoche jugó la selección española un partido contra la francesa, de igual manera que lo hizo el sábado contra la bielorrusa. Y yo no lo vi. No lo vi porque no me interesa lo más mínimo. Y no me interesa porque no me siento representado por ellos. No la considero mi selección, aunque ciertamente lo sea. Legalmente, más bien. Esto es así desde hace ya un tiempo y la razón la podéis encontrar en el absoluto ninguneo que, no sólo los sevillistas, sino cualquier equipo del sur de España sufre respecto a los demás. Pero como a mí sólo me interesa el Sevilla, pues me refiero a mi club. 

¿Cuántas veces hemos dicho que si tal o cual jugador no jugase en el Sevilla, seguro que iría con la selección? ¿Cuántas veces nos hemos quejado de que tal o cual futbolista ha de jugar por decreto ley? ¿Cómo es posible que fueras de serie como David Castedo, Andrés Palop, Pep Martí o incluso Dani Alves (cuando se planteó la posibilidad) ni siquiera hayan debutado con el equipo nacional, con todo lo que han conseguido con el Sevilla? Yo he escuchado a gente decir en su día que no querían que un "asesino como Javi Navarro" (sic) les representase, pero que ahora justifican al animal ese con nombre de burrito (Pepe, quien tenga niños pequeños y fans de los Cantajuegos entenderá el chiste, muy malo, lo reconozco. Y que me perdonen en resto de Pepes del mundo). Si eso es así, ¿por qué me tengo yo que sentir representado por el impresentable de Fábregas, por poner un ejemplo de moda?

Fuera de nuestra tierra, tenemos que aguantar, no sólo el ninguneo, sino también la burla, la desconsideración, la humillación, el desprestigio. Nos consideran los putos bufones del reino, se nos dice que somos vagos y maleantes, que no trabajamos, que vivimos a costa del trabajo de otros, que no pagamos impuestos, que estamos siempre durmiendo o en el bar, que no hacemos más que organizar fiestas...

Por supuesto, pocos nos toman en serio, sólo se acuerdan de nosotros para echar unas risas o para directamente reírse de nosotros. Incluso, en televisión o cine, cuando quieren caracterizar a alguien bruto, o tonto o de bajo nivel cultural, casi siempre tiene acento andaluz. Nunca olvidaré lo que me ocurrió cierto día en Madrid, a donde fui no importa para qué, y que cuando me presentaron a cierta persona y esta supo mi lugar de origen, no se le ocurrió otra cosa que decirme:

- Hostia, ¿eres de Sevilla? Pues cuéntate un chiste.

A lo que yo contesté de inmediato:

- Cuéntalo tú, gilipollas.

De esa forma, dejé en evidencia a la persona que nos había presentado y me cargué la reunión, pero no fui capaz de mantener la serenidad. Ya he comentado alguna vez que quienes me conocen, me consideran alguien considerablemente borde y antipático. No es tanto así, pero hay veces que no me puedo contener. Ni tampoco me da la gana hacerlo. 

En estas condiciones, yo me siento como describía en el primer párrafo del post. Yo soy español, el resto de españoles lo sabe y lo asume, pero siento que no me aceptan, que no me respetan, que no me consideran de igual por igual, que si me fuese de aquí y pasara a convertirme en belga, por decir algo, no les importaría demasiado. Y lo peor de todo esto es que no se refieren a mí como persona, sino a mí como alguien que nació en cierto lugar. Por el hecho de ser de ese sitio. Prejuicios, tópicos..., como queráis llamarlo. Eso es lo que parece importar, por encima de cualquier otra cosa, para un buen número de personas. 

A mí no me sale animar a un equipo en el que están Cesc, Arbeloa o Torres, por poner algunos ejemplos. O en el que estaba Raúl antes. O del que hay aficionados que rechazan que vaya Jesús Navas porque consideran que no se lo merece (como si hubiera algún extremo en España, y casi en Europa, mejor que él). Incluso que pedían a gritos la internacionalidad de Reyes cuando jugaba en Madrid y ahora le llaman gitano de ese modo tan despectivo. No, señores, no puedo juntarme con otros aficionados que nos llaman yonkis y gitanos o que se burlan de la memoria de Antonio Puerta. Y mucho menos cuando los que mandan en ese equipo (supuestamente de todos) hacen la vista gorda ante cosas como esa y luego se nos tiran a la yugular cuando somos nosotros los que hacemos lo más mínimo. 

No puedo, no me sale, por mucho que lo intente. Después de la humillación a la que nos sometieron en el partido contra el Barcelona (la cual aún colea viendo el modo en el que se ríen en nuestra cara con el asunto Medel), ¿cómo voy a apoyar a un equipo en el que está Cesc Fábregas, el mismo que hizo volverse violento al mismísimo Frederic Kanouté? Que no, que no puedo, que me es imposible. 

Por eso no me interesa lo que haga la selección. Evidentemente, me alegro que gane y no quiero que pierda. Por supuesto, me produce cierto orgullo que se hable bien del equipo de mi país y que gane títulos. Mejor eso a que no lo haga o que lo haga otro. Pero a mi no me tira. No me interesa. No me mueve. Al menos en las circunstancias actuales. 

No me gusta la España en la que vivo. Ni a nivel general ni en el fútbol en particular. Sé que es lo que hay y que no puedo más que aguantarme. Y de hecho, eso hago, aguantarme. Pero nadie me puede pedir que me motive la selección. Eso es un sentimiento y yo, de sentimientos, sólo entiendo de una cosa:

Sevilla Fútbol Club. 


martes, 16 de octubre de 2012

Aclimatarse o aclimorirse

Si hay algo indiscutible en economía, es que esta se mueve por ciclos. Unas veces son de bonanza y otros de crisis. El capitalismo en un sistema que se ajusta solo, sin necesidad de que los gobiernos intervengan para que eso ocurra. Las crisis vienen motivadas por una serie de circunstancias erróneas y no son más que la reacción del sistema para solucionar dichos errores. Durante las crisis, el sistema elimina lo que ha fallado, apoyándose en lo nuevo que surja y que se adapte mejor a las circunstancias. 

Por ejemplo, en la crisis que sufrimos ahora mismo, el error vino por sobreexplotar el sector inmobiliario. Los bancos se lanzaron a tirar el dinero invirtiéndolo en dicho sector hasta que llegó el punto en el que los precios comenzaron a bajar, de modo que las inversiones ahora valen menos que el dinero invertido. Un piso por el que el banco invirtió (prestó) 150.000 euros, ahora vale 100.000 y eso supone una diferencia negativa de 50.000 euros. Por eso a la banca le falta dinero, por eso no puede dar crédito y por eso el Estado está tan empeñado en rescatarla. No digo que sea lo más correcto (ni mucho menos). Digo lo que se está haciendo. 

Por otro lado, como en todas las crisis, hay sectores que nacen y empiezan a despuntar. Sobre ellos se debería apoyar la recuperación de la economía. Por ejemplo, si los precios del petróleo suben sin parar por el simple hecho de que cada vez queda menos oro negro, el sector del automóvil entrará en crisis, pero de esa misma crisis surge la solución: el motor eléctrico. No hace falta que ningún gobierno intervenga para que las compañías automovilísticas se devanen los sesos hasta lograr encontrar una solución a sus problemas. 

En capitalismo, si se deja a la economía operar sin intervenir en ella, las crisis y las épocas de bonanza se irán sucediendo. En época de bonanza, el propio sistema detectará los errores que se están cometiendo (o los problemas que vayan surgiendo), los eliminará y seguirá adelante. En época de crisis, por el simple hecho de que las personas necesitan comer todos los días (o las compañías sobrevivir, como decía antes respecto a los automóviles) y se buscan la vida de la manera que sea para conseguirlo, aparecerán nuevos sectores de actividad sobre los que cimentar una nuevo ciclo de bonanza. Los liberales defienden dejar al sistema "libre" y que se intervenga lo menos posible. Bueno, ahora se les llama neo - liberales, lo cual es una tontería, la verdad. Es como llamar sevillista a mi abuelo y neo - sevillista a mi por el simple hecho de que el fútbol que veía mi abuelo no tenía nada que ver con el actual. Pero bueno, es algo que carece de importancia.

Por contra, los que critican a los liberales lo hacen porque defienden que los gobiernos intervengan en la economía, que no la dejen a su libre albedrío porque eso supondría aplicar la ley del más fuerte. Es cierto que si se aplica la ley del más fuerte, el resultado será mejor que si no se hace porque serán los mejores quienes sobrevivan y eso es mucho más productivo a la larga. Pero es que hablamos de personas humanas y todos tenemos los mismos derechos, seamos fuertes o débiles. Por tanto, es comúnmente aceptado que los gobiernos intervengan para distribuir la riqueza entre todos de alguna manera. Para no dejar que nadie se muera de hambre o que un golpe de mala suerte le lleve a la ruina. 

Evidentemente, esa intervención de los gobiernos ha de ser para defender a los más débiles, o sea, para evitar que se imponga lo que decía antes de la ley del más fuerte. Pero, ¿qué pasa cuando lo que hacen los gobiernos es intervenir para proteger al más fuerte? Es lo que se está haciendo hoy día. Los liberales andan que trinan porque los estados no dejan de intervenir en la economía, sobre todo subiendo impuestos, lo cual lastra la creación y crecimiento de las empresas. Y los intervencionistas están igual de enfadados porque esos impuestos más altos no van destinados a mejorar la calidad de vida de los más débiles, sino a salvar a muchos poderosos de la ruina resultante de sus malas prácticas. 

Se trata de una desastrosa política que nos está llevando a todos a eso, al desastre. Ni liberal, ni intervencionista. Ni de derechas, ni de izquierdas, para los que sigan anclados en esos conceptos. Están cogiendo lo peor de cada una de dichas tendencias. 

Posiblemente, si los gobiernos nos dejaran en paz y pararan de tomar medidas (ni buenas ni malas), saldríamos antes de esta crisis. Lo que están haciendo con nosotros es hasta peor que permitir que se imponga la ley del más fuerte. Si alguien "fuerte" es capaz de montar una empresa y el gobierno la hunde a base de tasas e impuestos, está impidiendo que ese "fuerte" salga de las listas del paro, haga crecer un negocio y contrate a medio plazo a alguno más de dicha lista. Eso multiplicado por muchos "fuertes" suponen la diferencia entre que la economía crezca o que siga estancada. 

Si nos dejaran en paz de una vez y pararan tanta intervención, o sea, tanto quitárselo al que menos tiene para dárselo al que más (justo lo contrario a lo que defienden los intervencionistas), podríamos aclimatarnos a la situación, a las circunstancias que nos han tocado vivir, y acabaríamos por salir del paso. Pero es que nos están obligando a "aclimorirnos", se están empeñando en sacarnos todo el jugo hasta dejarnos secos. No nos están permitiendo ni siquiera buscarnos la vida para tratar de salir adelante.

Desde aquí (vaya ingenuidad estoy a punto de perpetrar) le pido a quien corresponda que nos dejen en paz. Que no traten de salvarnos. Que no intenten sacarnos de la crisis para luego colgarse de la medallita. Que nosotros mismos nos valemos solos. Si no van ayudar, que al menos no molesten. Si no saben cómo hacerlo para que nuestra situación mejore, que al menos no la empeoren. Dejen que nos aclimatemos, no que "aclimuramos". 

jueves, 11 de octubre de 2012

Descanso novelesco

Señoras y señores, este que está aquí se toma unos días de descanso. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y también que mañana es fiesta, me tomo unos días de relax en los que ni trabajaré, ni escribiré ni haré nada de lo que habitualmente hago durante los días normales. 

A quien interese, que no no creo que los haya muchos, pero que haberlos, haylos, hoy mismo he terminado de volver a terminar la novela que creí haber terminado hacer tiempo, pero que no consigo acabar de concluir. Ya la tengo editada y todo. Con editada me refiero a colocados los márgenes, la numeración, los encabezados, el capitulaje, etc. Todo bien ordenadito y en su sitio. Respecto a la última vez que creí haberla terminado, la he logrado reducir hasta 100 páginas, quitando párrafos intrascendentes, reordenando los capítulos, eliminando paja y un sinfín de matices que han supuesto un trabajo agotador. Leí a Arturo Perez Reverte hace unos días decir textualmente que "acabar una novela larga es como acabar con una mujer (o un hombre) a la que amaste mucho y ya no soportas. Deseas que se vaya de una puñetera vez y haga feliz a otros". Quizás no de una forma tan cruenta, pero algo así siento yo en estos momentos. Ahora toca volver a releerla para asegurarme de una vez que no queda nada por corregir. La he impreso y encuadernado para facilitar la tarea. Finalmente son 594 páginas con las que empezaré a ponerme este mismo fin de semana. Respecto a las 690 de la versión anterior, no está mal la reducción, teniendo en cuenta que no he tocado ni un ápice el desarrollo de la historia.

Si esta es la definitiva, si por fin va la vencida en esta ocasión, trataré de publicarla lo antes posible. Ya tengo algunas ideas al respecto, aunque si me va a costar un dinero, pues tendré que posponerlo hasta que lo tenga, que no anda la cosa como para caprichos de este estilo. Espero poder hacerlo sin demasiado (o ningún) coste, aunque creo que será complicado. Ya veremos. 

Bueno, que son las ocho y cuarto, hora de recoger y marcharme. El lunes, si Dios así lo permite, volveré por aquí. Puede que me veáis en Twitter, aunque no lo aseguro. Que descansen todo lo que puedan, al menos tanto como lo voy a hacer yo. 

miércoles, 10 de octubre de 2012

La pizca de suerte

Aparte del juego espectacular y del aluvión de éxitos, una de las cosas que más me llamó la atención durante aquellos quince meses mágicos para el sevillismo entre 2006 y 2007 fue la ausencia de lesiones entre los jugadores, más allá de las típicas bajas de corta duración tan cotidianas. La ausencia de lesiones importantes. Eso permitió al entrenador contar con un once básico y con tres o cuatro cambios habituales, los cuales no afectaban para nada al rendimiento del equipo. Esto se fraguó durante la temporada 05/06 (que empezó regular y terminó de un modo apoteósico) y se desarrolló en toda su plenitud durante la 06/07 (que fue apoteósica en su conjunto). Esa suerte con las lesiones no se ha vuelto a dar, como tampoco los resultados. Evidentemente, lo uno no lleva a lo otro. Las lesiones posteriores no fueron la única causa de que el rendimiento del equipo bajara. Hubo otras y más importantes. Pero fue algo que ocurrió también, en combinación con todo lo demás. 

Lo que no pasó durante 2006 y 2007, pasó en años posteriores. Hubo jugadores muy importantes (y otros llamados a serlo y que no llegaron a nada) que sufrieron lesiones de una duración más o menos larga (algunos tanto, que no volvieron a jugar): Javi Navarro, Dragutinovic, Jesús Navas, Fazio, Kanouté (con sus eternos problemas en el pubis), Luis Fabiano,  Acosta, Koné, Chevantón, Sergio Sánchez, Rakitic, Perotti... 

Insisto, esto no es la causa final de nada, pero afecta, qué duda cabe. 

Y la cosa sigue, porque ahora le ha tocado a Trochowski. Ahora que parecía que habíamos vuelto a encontrar un once base sobre el que poder volver a forjar un equipo poderoso, una pieza clave del mismo se cae. Estas cosas no pasaron en 2006, se pudo armar un equipo fuerte y todo explotó del modo en que lo hizo. Vuelvo a repetir, no es esa la causa final de nada, pero afecta. Claro que afecta. Y tampoco digo, en absoluto, que este equipo de ahora pueda aspirar a lo que hizo aquel de 2006, por supuesto que no. Pero ¿quién, en la temporada 05/06, hubiera imaginado lo que estaba por venir en virtud de la plantilla que teníamos? ¿Hace falta recordar lo de "dónde están los millones" y lo "la fábrica de humo"?

Para lograr el éxito hace falta trabajo, mucho trabajo, trabajo bien hecho, pero también una pizca de suerte. Sin esa pizca de suerte, es imposible lograr nada. Esa pizca de suerte es lo que diferencia al final de temporada a dos equipos parejos que han hecho bien su trabajo. El Sevilla está trabajando razonablemente bien (más allá de lo que se pueda criticar, que lo hay, por supuesto) y, como decía, parecía haber encontrado un once verdaderamente competitivo. Pero si esa pizca de suerte no te acompaña, de manera que no ocurran cosas como lo que ha ocurrido con Trochowski, por muy bien que se trabaje, los resultados que dicho trabajo merece no llegarán. Lo que ha ocurrido con Trochowski no le pasó al Sevilla de la 05/06 con Adriano, por nombrar a quien jugaba en esa posición del campo. En aquel entonces se tuvo esa pizca de suerte. Y pizca a pizca, poco a poco, se construye (o se deja de construir) un gran equipo. Un gran proyecto. 

Esperemos, no obstante, que no se note demasiado la baja del alemán y que el equipo siga mostrándose tan solvente como lo ha hecho en la mayoría de los partidos que llevamos de temporada. 

lunes, 8 de octubre de 2012

La parábola de la mansión en la playa

¿Se puede dar el caso de que, en un momento dado, no nos interese que alguno de nuestros sueños o ilusiones se hagan realidad?

Imaginemos a un señor de mediana edad, pongamos que se llama Gonzalo, padre de familia, con empleo estable (dentro de lo que cabe) y que gana lo justo para ir tirando sin demasiadas apreturas, pero tampoco lujos. Cierto día, domingo para más señas, Gonzalo y su familia van a pasar la jornada en la playa. Y, en cierto momento, este señor decide dejar a los suyos a sus cosas para ir a dar un paseo en soledad. Durante dicho paseo, se para en un lugar determinado para observar una preciosa casa de dos plantas que se encuentra en mitad de una curiosa parcela de terreno, justo a pie de costa. Se queda embelesado mirándola, soñando despierto con que algún día él pudiera aspirar a tener una propiedad de ese estilo. Y en ese estado se encuentra cuando alguien se para a su lado y dirige a él.

- ¿Es bonita, verdad? - Le pregunta esa persona.

Gonzalo se gira y ve a un hombre de aspecto extraño, con la piel muy pálida, el pelo blanquecino y algo largo y unos ojos celestes de mirada tan penetrante, que se sintió cohibido ante ella. No obstante, sonreía de un modo agradable, casi fraternal, y su voz era suave y delicada, como una caricia para los oídos. Por alguna razón, sintió que podía confiar en él con los ojos cerrados, y por eso, a pesar de no conocerlo de nada, le respondió como si se tratara del mejor de sus amigos.

- Es uno de mis mayores sueños. Puede que la ilusión de mi vida. Tener una casa como esta y poder disfrutar de ella junto a toda mi familia.
- ¿Sabe cuánto cuesta? - Le preguntó el hombre de aspecto extraño.
- Esta en concreto está en venta. Y por curiosidad me interesé por su precio: un millón de euros. Imposible para alguien como yo o cualquier persona normal.
- ¿Y qué me contestaría si le dijera que mañana tendrá en su cuenta corriente el dinero necesario para adquirirla?
- Pues que me está vacilando, ¿qué le voy a decir? - Gonzalo se rió del chiste de aquel señor al tiempo que miraba de nuevo hacia la mansión. Pero cuando volvió a girarse hacía él, había desaparecido. Y eso le dejó desconcertado - "Valiente friki de los cojones" - Pensó. Y al momento le olvidó, para a continuación volver al lado de su familia.

Al día siguiente, una vez sentado delante del ordenador de su oficina, el recuerdo del señor del pelo blanco volvió a su mente, y Gonzalo sonrió con desprecio. Sin embargo, no se resistió a consultar el saldo de su cuenta del banco, al tiempo que volvía a dedicarle el mismo pensamiento que el día anterior - "Valiente friki de los cojones". - Pero cuando comprobó que, como él vaticinó, tenía ingresado el millón de euros que le dijo que costaba la casa de la costa, su corazón le dio un vuelco.

Tras unos segundos de desconcierto absoluto, su mente se puso a funcionar. Un millón de euros podía ser la solución a muchos de sus problemas. No le arreglaría la vida para siempre, pero sí que se la facilitaría de una forma absoluta. Lo primero en lo que pensó fue en Hacienda. Un ingreso extraordinario de ese calibre tributaría al tipo máximo. En esos momentos no sabía cual era exactamente, pero sí que rondaría el 50%. Por tanto, decidió que la mitad del montante lo apartaría para no llevarse un susto allá por mayo o junio del año siguiente. Y si sobraba algo, pues ese extra que se llevaba. Le quedaban, por tanto, quinientos mil euros.

A continuación, como no podía ser de otra forma, se acordó de su hipoteca. - "Madre mía, lo bien que voy a vivir sin la puta letra mensual". - Le quedaban pendientes unos 150.000 euros, con lo que, al pagarlos de un golpe, aún le sobrarían 350.000.

- "Dos coches" - Fue lo siguiente que decidió - "Uno para mí y otro para mi mujer. Uno grande y potente y otro más bien utilitario." - "Uno de cincuenta mil euros ¿para qué escatimar? y otro de veinte mil" - "Y un tercero" - pensó a continuación - "Para mi hijo mayor, que ya tiene los dieciocho y pronto se sacará el carnet". - "En total, redondeando, otros cien mil euros".

Le sobraban 250.000 todavía y volvió a pensar en sus hijos. Tenía tres, uno de dieciocho, otro de diecisiete y la pequeña de quince. Aún eran muy jóvenes, pero algún día querrían independizarse y les vendría genial un empujoncito económico. - "Voy a meter dinero en tres plazos fijos, uno para cada uno de ellos. 50.000 por barba, que serán más con los intereses cuando llegue el momento". - "Me quedan 100.000 aún":

Y fue el momento de acordarse de su hermano, que hacía poco que quedó en paro y las estaba pasando canutas - "Otros cincuenta mil serán para él. Con ese dinero, podrá vivir tranquilo durante el tiempo que tarde en encontrar otro trabajo".

Y los últimos cincuenta mil eran para él mismo, por supuesto. Para no tener que pensar nunca más en llegar a fin de mes, para poder cambiar su vestuario completo y también el de su mujer. Para irse de viaje en verano todos juntos. Para poder permitirse algún que otro lujo. Para, a pesar de tener que seguir trabajando todos los días, poder disfrutar de una vida mucho más plácida, mucho más cómoda.

Una semana después, volvió con su familia a la playa, aunque esta vez no como domingueros, sino que se permitieron el lujo de pasar el fin de semana completo en un hotel. Eso sí, no faltó a su cita con su paseo en soledad y de nuevo se paró delante de la mansión frente a la cual se cruzó aquel día con el señor de pelo blanco. Gonzalo sonrió, aún incrédulo por lo que le había pasado. Y no le dio tiempo a pensar en nada cuando aquel hombre apareció de nuevo. 

- Espero que la disfrute - Le dijo, dando por hecho que compraría la propiedad. 
- No la voy a adquirir - Le informó Gonzalo, ante lo que el hombre le miró con gesto de profunda extrañeza. 
- ¿No va a hacer realidad su sueño aun cuando tiene capacidad para hacerlo?

Entonces Gonzalo le explicó con detalle lo que iba a hacer con el dinero, explicaciones que no terminaron de convencer al señor de cabellera blanca. 

- Pero sigo sin acabar de entender cómo es posible que alguien renuncie a su mayor sueño, pudiendo llevarlo a cabo. 

Y Gonzalo, después de respirar hondo y pensar por un momento las palabras que iba a emplear a continuación, le dio el motivo final.

- Si yo dedico el dinero a comprar esta casa, ninguno de mis problemas se solucionará y, además, me acarreará otros nuevos. Mi hipoteca seguirá existiendo, mi coche seguirá siendo viejo y cuando muera, no sé si tendré para comprar otro. Seguiré vistiendo ropa vieja, no podré ayudar a mis hijos en el futuro y tendrán que ser ellos solos los que se busquen la vida. Por su parte, mi hermano acabará por arruinarse porque nadie en la familia tiene capacidad para echarle una mano. Para colmo, si tengo una propiedad del valor de esta casa, aparte de lo que cuesta mantenerla, tendré que pagar impuestos, como el IBI o el de Patrimonio. Incluso, hablando de patrimonio, poseer algo como esto impedirá que a mis hijos les den becas para estudiar en la universidad, y yo no tengo dinero suficiente para pagar tres carreras. Por tanto, todos mis pagos actuales, que tanto me cuesta atender, seguirán ahí, pero además tendré otros nuevos. Una casa como esta supondría mi ruina. ¿Para qué quiero hacer realidad un sueño si al final se va a convertir en la peor de mis pesadillas?

A lo que añadió:

- Esta semana se me ha presentado la posibilidad de cumplir mi mayor ilusión, pero esa no es la única. Tengo otras. Y he preferido emplear lo recibido de un modo responsable para hacer realidad esas otras ilusiones menores y hacer de mi existencia algo mejor, más agradable. Eso compensa el renunciar al mayor sueño de mi vida.




MORALEJA 

Denle a los catalanes la posibilidad real de independizarse y verán que, al final, ellos mismos deciden no comprar la mansión en la playa. 



sábado, 6 de octubre de 2012

Más nos vale ir tomando conciencia

En unos tiempos como los que corren, en los que la crisis económica ha pegado de lleno en el fútbol (con el agravante en España del calamitoso reparto de los derechos televisivos), clubes como el Sevilla se ven obligados a buscar fórmulas alternativas para mantener un nivel digno sin gastar demasiado dinero. Esas fórmulas pasan, a menudo, por tirar de cantera y por hacer fichajes "imaginativos", es decir, traerse jugadores que por su juventud o por sus peculiaridades resultan baratos.

Esto supone un hándicap importante que no tienen otros equipos. Si se tiene dinero, es fácil gastarse una millonada en un jugador contrastado que sabes que tiene un alto porcentaje de posibilidades de rendir a un altísimo nivel desde un primer momento. No es el caso de esos fichajes que acabo de mencionar antes. Con estos hay que tener paciencia, ya que, si son jóvenes, necesitarán un tiempo para adaptarse y coger algo de madurez. Otros, como puede ser el caso de Reyes, necesitan de un entrenador capaz de dar con la tecla para motivarles y sacarles rendimiento, ya que si no es así, deambularán por el campo como si fueran la sombra de sí mismos. Sin sacar a la luz el talento que sin duda tienen. Para ambos casos, se necesita un equipo que rinda y que ese rendimiento tire de ellos. 

Ya he puesto el ejemplo de Reyes para uno de los supuestos que he comentado. Respecto a fichajes jóvenes o canteranos, el Sevilla cuenta con jugadores como Campaña, Kondogbia, Babá, Hervás.... Son jugadores que no están hechos, que tienen aptitudes, pero que aún no son del todo capaces de desplegarlas en el campo, al menos con continuidad. Son proyectos de futbolistas que si se desarrollan, pueden llegar a ser muy buenos, pero que aún no han llegado a eso. Recordemos que todos, absolutamente todos los jugadores que hoy día valen una millonada y que rinden desde el primer momento en los equipos capacitados para pagar su precio, pasaron una vez por esta fase de la que hablo en el inicio de sus carreras. Y tuvieron la suerte de pertenecer a un equipo con las características necesarias para que ese desarrollo pudiera ser posible. Otros no la tuvieron y se perdieron para siempre. 

El Sevilla de este año tiene una de esas características: cuenta con un once titular, con un equipo base que en el inicio de este campeonato ha demostrado que rinde a un alto nivel. Sobre dicha base, es mucho más sencillo que alguno de esos jugadores que necesitan ir desarrollándose puedan hacerlo, ya que si un equipo rinde bien, eso facilita tal desarrollo. El Sevilla ha demostrado que con un centro del campo formado por Medel, Maduro, Rakitic, Trochowski y Navas es capaz de sacar adelante los partidos con solvencia, sea cual sea el rival y si el señor de negro lo permite. Si de ese quinteto sacamos a uno para dar entrada a alguno de esos jugadores por desarrollar, este se aprovechará del rendimiento y acople de los demás para ir haciéndolo. No será titular, no lo puede ser, aún no está preparado para ello, pero en un tiempo llegará a estarlo. Esto no me lo invento yo. Esto pasó en su momento en el mismo Sevilla con futbolistas que llegaron a cracks mundiales como Dani Alves, como Sergio Ramos o como el propio Jesús Navas. Pertenecían en sus inicios a una plantilla que funcionaba bien y poco a poco fueron entrando (unos con más velocidad que otros) hasta formarse del todo. Y eso lo tiene el Sevilla de hoy. Lo tiene, claro, a no ser que la mitad de ese equipo base no pueda jugar. Como ocurrió ayer. 

Comentaba anoche que los titulares no son titulares por casualidad. Y los suplentes, tampoco. Si a ese quinteto del centro del campo del que hablaba antes le quitas de un golpe a tres futbolistas para meter a otros tres de los que están aún por desarrollar, lo normal es que el equipo en su conjunto lo sufra en su rendimiento. Esto es de cajón, no creo que nadie me lo pueda poner en duda. Y dando esto por sentado, echar pestes sobre jugadores como Campaña, Kondogbia o Babá, que jugaron con una responsabilidad para la que no están preparados y en unas posiciones que no son las suyas habituales, me parece un ejercicio de injusticia censurable. Lo que estos futbolistas necesitan es ir entrando poco a poco, y de uno en uno, en ese bloque ya formado para ir mejorando paulatinamente, no hacerlo todos juntos y descolocados. 

Campaña y Kondogbia tienen 19 años. No se puede decir que no valen, que no rinden, que no sirven para este equipo por hacer un partido malo en las circunstancias de anoche. Es injustísimo y sólo hace mal a ellos y al Sevilla FC. O meterse con Babá cuando ayer no se sabe ni donde jugó..., un futbolista de desmarque y remate perdido en zona de nadie. Para juzgar a Babá hay que ponerlo en su sitio y con un equipo capaz de ponerle balones que él pueda rematar. No fue el caso del partido de anoche. 

Yo creo que el sevillismo debería ir tomando conciencia de esto. El de ayer era un partido para perderlo porque estamos en la jornada 7, la mayoría del centro del campo titular no estaba y aún no ha dado tiempo de que los jóvenes se hayan desarrollado sobre la base de ese equipo titular hasta el punto de sustituirles en bloque. No uno a uno, sino en bloque. Insisto, jornada 7. Primeros de octubre, apenas mes y medio de competición. A Michel le ha dado tiempo de crear ese bloque sólido, pero no de terminar de formar a sus sustitutos. Recordemos el desastre de equipo que cogió Michel el año pasado. Ya ha conformado un once base titular. El siguiente paso es ir metiendo a los demás para que pueda haber rotaciones. Pero aún no ha dado tiempo. Insisto, hablamos de jugadores muy jóvenes que necesitan su periodo de madurez. 

Otra cosa diferente son los casos de Reyes o Manu del Moral. Sobre todo del primero, cuyas cualidades son extraordinarias. Aquí depende de que el entrenador sea capaz de motivarles. Si fuera por cualidades, sólo por eso, Reyes estaría en un club de primer orden mundial. De hecho, lo ha estado. Pero Reyes es un jugador muy particular, y por eso está en el Sevilla y no en uno de esos clubes. Por eso el Sevilla puede aspirar a tener un jugador de tantísima calidad. Pero necesita de un entorno que le motive. Dicen que Reyes no está para jugar en banda..., en mi opinión, para lo que no está es para liderar un equipo, sino para apoyarse en la base de la que llevo hablando todo el rato y centrarse en lo que se tiene que centrar. Pero ayer, esa base no estaba. 

Ayer se juntaron una serie de factores negativos que llevaron al desenlace que vimos. El Sevilla no jugó un buen partido, de hecho fue casi desastroso, pero se pudo haber llevado un empate tranquilamente de no ser por ese penalty tan absurdo. No nos acompañó la suerte, que también es importante, sobre todo teniendo en cuenta que el fútbol es un juego. No teníamos el equipo base, no ha dado tiempo a formar a tanto suplente tan joven e inexperto, con lo que no se hizo un buen partido... y, para colmo, la suerte nos es esquiva. Creo que no es para dramatizar. Hay explicaciones para lo ocurrido. Y esto quita para que diga que Michel se equivocó de planteamiento. No me gustó el once que sacó porque, con ese once, lo normal es que ocurriera lo que ocurrió por los motivos de los que estoy hablando. No me gustan las innovaciones extrañas. Yo hubiera jugado con Luna por la izquierda y no sacado juntos a Kondogbia y Campaña. Demasiada juventud e inexperiencia en una zona tan importante como el centro del campo. Pero, sea como sea, ya digo, no es para dramatizar. 

Hace tres semanas, cuando el Sevilla le ganaba al Real Madrid de un modo brillante, se nos advertía que no debíamos lanzar las campanas al vuelo. Que sólo había sido un buen partido, que había que ver la evolución, que teníamos que ser prudentes, no tan optimistas. Y yo estaba de acuerdo. Pero del mismo modo, ahora, creo que no debemos hundirnos en el pesimismo, que sólo ha sido un mal partido, que hay que ver la evolución una vez vuelvan los titulares y que tenemos que ser prudentes, no catastrofistas. 

¿O eso sólo vale para cuando se gana y no cuando se pierde?

Yo creo que los sevillistas tenemos que ser conscientes de lo que somos. No hablo de grandezas, sino de cuentas corrientes. El Sevilla es un club vendedor (no puede ser otra cosa) que trata de sacar jugadores de la cantera (con aciertos, errores, éxitos y fracasos, pero trata de hacerlo) y de fichar a jóvenes con proyección. Pero esos canteranos y esos jóvenes con proyección necesitan tiempo, tenemos que ser conscientes de que no van a rendir desde el primer momento. Su inexperiencia se nota menos cuando entran en un equipo hecho y rodado. Pero sí cuando se ven obligados a asumir responsabilidad, como ocurrió ayer. 

Como digo, los sevillistas debemos ser conscientes de eso. De que no tenemos fondo de armario porque dicho fondo lo conforman (en buena parte) jugadores inexpertos. Inexpertos aún. A esos jugadores hay que ir dándoles minutos poco a poco, que vayan cogiendo confianza y seguridad. Estamos en la jornada 7. Posiblemente, si ese trabajo se hace bien, en la 25 serán capaces de asumir mayores responsabilidades. Pero aún no. No se puede hablar del modo en que se está haciendo de Kondogbia, Hervás, Campaña, Babá, etc. Creo que es un error. 

Creo yo, es mi opinión. 

E igual que después de la victoria contra el Madrid no lancé las campanas al vuelo, ahora no me voy a hundir en el pesimismo. Ni hice aquello por una victoria, ni voy a hacer esto otro por una derrota. 

viernes, 5 de octubre de 2012

Un sevillista cualquiera.

En cuanto dieron las ocho de la tarde, Diego, un sevillista cualquiera, salió de su trabajo a toda prisa. Aún le quedaba media hora para llegar a casa y toda la que se diera era poca. Era un lunes de tantos, pero con la particularidad de que ese día jugaba su equipo en casa, por gentileza de las brillantes mentes que han decidido poner los partidos en días y horas intempestivas. Apenas tenía hora y media para llegar a casa, cambiarse y volver a montarse en el coche para llegar justo a tiempo al Ramón Sánchez Pizjuán. 

Hizo el camino a toda la velocidad que pudo, aunque era consciente que, por mucho que corriera, apenas podría arañarle escasos minutos al reloj. Eso sí, esos minutos podían suponer la frontera entre llegar a tiempo al estadio y perderse el inicio de la contienda. Y una vez en casa, Beatriz, su mujer, le miró con el gesto torcido. 

- Ahí tienes a tu hijo de morros - Le dijo, señalando la puerta del salón - Dice que hoy no quiere cenar porque está enfadado. 

Efectivamente, el pequeño Adrián estaba sentado en el sofá con los brazos cruzados y el gesto enfurruñado. Sólo tenía siete años y por eso no podría acompañarle ese día a ver el partido, como solía hacer desde hacía dos o tres años. Ese era el motivo de su mosqueo. 

- Acaba muy tarde - Le dijo Diego, a modo de explicación - Y mañana tienes que ir al colegio. 
- Y tú al trabajo, pero sí que vas al partido - Le espetó, con lágrimas en los ojos. Era pequeño, pero no imbécil, estaba claro.
- Ahí tiene razón - Dijo Beatriz con rotundidad - Tanto Sevilla y tanta gaita. Luego te quejas de lo cansado que vas, pero de estas no te pierdes una - Entonces se revolvió y dirigió la mirada hacia su hijo - Pero tú eres pequeño y él no. Cuando seas mayor, podrás hacer lo que te de la gana. 

Diego sabía que a Beatriz no le gustaba nada que saliera de casa tan tarde, pero que no hacía demasiada sangre del asunto porque era consciente de que sólo se comportaba así por su Sevilla. Y era algo que respetaba profundamente, aunque no lo compartiera. Estaba molesta también porque a ella le tocaba lidiar con un niño enfadado mientras él se iba por ahí, pero no se lo recriminó. Al contrario, le regaló una bonita sonrisa al despedirse. Aquel hombre sólo tenía ojos para ellos, pero cuando el Sevilla se metía de por medio, poco había que hacer. 

- Mucha suerte - Le dijo de un modo cariñoso, ya en la puerta - Y no te entretengas a la salida - Le exigió, recuperando de repente la brusquedad. 

Durante el camino, no pudo quitarse de la cabeza las lágrimas de su hijo - "Me cago en Roures, en la madre de Roures y toda su ascendencia" - Se dijo para sí, completamente enfurecido - "¿A quien se le ocurre poner un partido un lunes por la noche?" - "Se van a cargar la afición" - "En poco tiempo, los niños sólo van a querer las camisetas del puto Messi y del capullo del Triste". 

No se complicó la vida buscando un buen aparcamiento, sino que dejó el coche donde él sabía que había sitio de sobra, aunque tuviera luego que andar durante quince minutos para llegar al estadio. Afortunadamente, iba bien de tiempo. Muy justo, pero bien. No tardó en atravesar Luis Montoto, rodear El Corte Inglés y pasar por el lado de La Espumosa, donde se cruzó con los Biris. O una parte de ellos, porque por la zona del Nervión Plaza retumbaban los cánticos de ánimo que el grueso de la peña, o grupo o como quiera que cada uno le llame, le dedica siempre al equipo. Aquel día, nuevamente, no entrarían al estadio. 

Una vez en el interior del coliseo, accedió rápidamente al lugar donde se encontraba su localidad. Ya estaba allí Paco, ese señor de mediana edad que ocupaba el asiento a su lado. Bueno, el de la izquierda, porque el de la derecha era el de Adrián, su hijo, que ese día estaría vacío. Una vez más se acordó de sus lágrimas y, de nuevo, se le encogió el corazón, sensación que se convirtió en dramática cuando toda la afición a coro recitó el Himno del Centenario. Adrián se lo sabía de memoria desde que tenía dos años y lo cantaba a grito pelado cada vez que iba al estadio a ver al Sevilla, a la vez que agitaba su bufanda del equipo. La emoción le embargó, no sabía bien si por el recuerdo de su hijo vestido de blanco y rojo, con el escudo en el pecho y cantando el himno, o por estar escuchándolo en ese momento en pleno corazón del santuario sevillista. Daba igual, se encontraba así y punto, y así continuó hasta que el árbitro ordenó el comienzo del partido. 

- Es el mismo que le anuló el gol a Luis Fabiano en aquella semifinal contra el Madrid - Se quejó Paco - ¿O fue el que se lo anuló a Negredo en la vuelta?

Daba igual. A Diego no le importaba quién fuera el árbitro. Le parecían todos iguales y estaba convencido de que no merecía la pena hacerles caso. Sólo rezar porque tuvieran un día medio bueno y no les robaran demasiado. 

El primer tiempo estaba siendo muy bueno por parte del Sevilla, aunque el gol no llegaba. Era evidente el problema de cara a puerta que tenía el equipo en los últimos partidos, pero, por otra parte, se mostraba como un conjunto aguerrido y muy seguro al que los rivales apenas llegaban con peligro. Esa seguridad hacía que los jugadores de ataque pudieran desperdiciar una ocasión tras otra sin miedo a estar perdonando demasiado. Mientras la portería propia estuviera a cero, siempre tendrían una oportunidad más para ponerse por delante, y no para tener que remontar. Por su parte, el ambiente en la grada era muy bueno. Sin querer, a Diego se le escapó la mirada a la zona baja de Gol Norte y Paco se percató de ello. 

- Dirán que no entran, pero ahí hay muchísima gente - Dijo este último en referncia a los Biris. 
- Da igual, Paco. Entren o no, hay un problema que solucionar. Y eso sigue ahí y acabará enquistándose. 
- Es tan fácil como que entren y que los violentos se queden fuera. 
- Tú no lo sabes todo, Paco. No sabes que teje manejes se traen, tanto ellos como la directiva. No se puede opinar tan libremente. Yo sólo sé que hay una parte del sevillismo que no entra y otra que está pagando siendo inocentes. Hay un problema que requiere una solución. Y las cosas no se solucionan mirando para otro lado.

De repente, una clarísima ocasión del Sevilla les sacó de la conversación. Nuevamente la fallaron, aunque la afición parecía seguir con paciencia. Hacía tanto que no veían al equipo tan bien que se mostraban convencidos de que tarde o temprano llegaría el gol. 

No obstante, lo que llegó fue el descanso con un increíble cero a cero, en virtud de los méritos demostrados por ambos equipos, y Diego y Paco abandonan sus localidades para ir al servicio y luego a comprar algo para picar. Nuevamente, los pensamientos de Diego se centraron en su hijo al recordar cómo disfrutaba este comiéndose el bocadillo que le compraba en el descanso de los partidos. Para el niño, aquello no era si no una gran aventura. Aventura de la que no podía disfrutar por culpa de los que ponen los horarios, y eso que era socio desde hacía tres temporadas. Otra vez le dominó el cabreo, pero el inicio del segundo tiempo le hizo olvidarse de él, y mucho más cuando el Sevilla marcó el primer gol pasados unos minutos. 

La explosión de júbilo fue atronadora, como de costumbre. La gente se volvió loca, abrazándose unos con otros, y Diego hizo lo propio con Paco. Estaba extasiado por la alegría, pero en ese momento miró a su derecha y al ver al asiento vacío que debería ocupar su hijo, juró por lo más sagrado que nunca más le dejaría en casa, aunque el partido fuera tarde. Sabía de sobra que la responsabilidad volvería a imponerse en la toma de sus decisiones una vez llegado el momento y no se encontrase híper-excitado como en esos instantes. Pero en ese momento daría lo que fuera por tener al pequeño Adrián a su lado, por abrazarle, por besarle y, sobre todo, por ver en sus ojos esa mirada de ilusión infinita porque el Sevilla estaba ganando. La lágrimas amenazaban con escapárseles, pero, nuevamente, Paco le sacó de su ensimismamiento con su manía con el tema de los Biris. 

- Está claro que la afición del Sevilla sabe animar sin necesidad de estos - Aseguró. Y Diego le contestó con amabilidad, pero con contundencia.
- Ellos son sevillistas igual que tú y que yo. Y se merecen estar aquí por eso, no porque animen mejor o peor. 
- Pero ellos desprecian a veces a los demás. Nos llaman comepipas y todas esas cosas. 
- Pues mal por ellos también. Pero yo no voy a caer en el error de enfrentarme con otros sevillistas. Ojalá arreglen esto de una puta vez para que nos podamos centrar en lo que de verdad importa. Que parecemos imbéciles. 

El Sevilla no volvió a marcar, pero manejó el partido con tanto oficio que el resultado no peligró en ningún momento. Al revés, fueron los locales los que estuvieron más cerca de ampliar la renta, aunque no acabaran por conseguirlo.

- El gol es cosa de rachas - Sentenció Paco, y Diego le dio la razón - Tarde o temprano volverá. Pero jugando así, vamos a perder muy pocos puntos. El equipo está muy bien armado y basta un poco de acierto para ganar. Aunque espero que la racha llegue pronto. 

Diego se despidió de Paco hasta dos semanas después una vez fuera del estadio. Era curiosa la amistad que tenía con ese hombre, seguramente el ser humano masculino al que más veces había abrazado en su vida después de su hijo. Pero luego no se veían para nada fuera del estadio - "Las cosas del sevillismo" - Pensó mientras miraba a su alrededor para observar al resto de la afición. Adoraba hacer eso cuando el Sevilla ganaba. Miles de personas unidas por un mismo sentimiento y con quienes cruzaba miradas de complicidad a pesar de no conocerles de nada. Miradas ilusionadas y felices de sevillistas anónimos que no iban buscando micrófonos para desahogar sus despechos, que no tenían ninguna cuenta pendiente con el club más allá de su incondicional sevillismo, que nunca se metieron con el equipo aparte de los cabreos típicos cuando las cosas no salen bien, pero que, como pasa con un padre y sus hijos, después de la tempestad, siempre viene la calma y solo queda el amor sin condiciones. La pasión por los colores. Esa mayoría silenciosa de la que hablan algunos, la mayoría del sevillismo, ese que no entiende de otra cosa que no sea animar a su equipo y que, mas allá de debates y charlas en la barra de un bar, todo les importa bastante poco con tal de ver al Sevilla ganar. Si es jugando bien, mejor, pero siempre ganar. Como aquel día. El Sevilla ganó y esos sevillistas anónimos expresaban la felicidad extrema con solo una mirada. Y esas miradas se las dirigen unos a otros, son exactamente iguales todas, y eso lo que les une: el sevillismo. 

En eso pensaba Diego mientras conducía de vuelta a casa. Cuando llegó, todo estaba a oscuras. Eran ya más de las doce y no era de extrañar. Ya estaban todos acostados.  Entró en la habitación con cuidado y se cambió en silencio. Pero cuando se metió en la cama, Beatriz se dio la vuelta y le preguntó en un susurro.

- ¿Cómo terminó el partido?
- Ganamos uno a cero
- Estarás contento entonces. Enhorabuena. 

Beatriz le dio un beso en los labios y volvió a coger postura. Parecía indiferente, pero, una vez acurrucada de espaldas a él, Diego notó como apretaba los puños con fuerza en señal de alegría. No lo expresaba en público, pero ella era tan sevillista como la que más. Aunque lo viviera a su manera. 

De todos modos, ¿acaso importa eso?


miércoles, 3 de octubre de 2012

Hermanitas de la Caridad

Tengo que reconocer que, por mi carácter, yo nunca podría ser jugador de fútbol. Sé que quien me lee se hace una idea de mí que, estoy convencido, no es del todo correcta. Yo procuro escribir con todo el respeto del mundo, tirando de diplomacia, tratando de ser pragmático, honesto, digamos que equidistante entre lo que opinan otros y lo que opino yo. Es decir, no radicalizando mis posturas, sino tratando de explicarlas para que los demás me entiendan sin necesidad de ofender. Pero esto es fácil hacerlo cuando uno puede tomarse todo el tiempo que quiera en pensar lo que quiere decir y luego escribirlo. Incluso, cabe la posibilidad de corregir, una vez terminado y antes de publicar. 

Sin embargo, en el cuerpo a cuerpo, de primeras, a menudo no me puedo aguantar. De hecho, entre las personas que me conocen, tengo fama de antipático, de borde, incluso de bocazas. Soy de los que dicen las cosas a la cara sin importarle demasiado las repercusiones posteriores. Por culpa de eso, he ofendido a muchas personas. Con frecuencia he tenido que pedir perdón. Y, con el tiempo, he obligado a mis allegados a pasar bastante de mis reacciones y comprender que no me pueden tener en cuenta las cosas que digo en caliente porque luego no soy nada. Me disuelvo como el azucarillo en el café. 

Ojo, no hablo de violencia ni de insultos, no voy por ahí. Nunca he pegado a nadie y muy pocas veces he insultado. Pero podríamos decir, siendo benévolos y cariñosos, que la diplomacia no es la mayor de mis virtudes. Soy el primero en enzarzarme en cualquier discusión. Y tengo la habilidad de cortarla cuando me place diciendo cualquier cosa que el otro no se espera, dejándolo sin salida o sin posibilidad de reacción. No es algo de lo que me sienta orgulloso, más bien todo lo contrario, e intento que ese defecto no salga a la luz con demasiada frecuencia. Pero creo que si uno no es capaz de reconocer sus fallos, jamás logrará corregirlos alguna vez. 

Por tanto, a lo que iba, yo no podría ser futbolista, aparte de por no tener las habilidades necesarias, porque sería capaz de convertir a jugadores como Medel o Spahic en simples hermanitas de la caridad. Rivales de la "inteligencia" (poca vergüenza, más bien) de Cesc Fabregas conseguirían que el árbitro me expulsase en todos los partidos. Con lo fácil que es picarme..., picarme de primeras, tal es mi pronto más inmediato. Aunque seguramente en una discusión o conversación podría aspirar a ganarles, pero lograr que de repente me revolviera y dijera cualquier barbaridad sería un juego de niños para personajes de esa calaña. 

Por tanto, yo no me atrevo a criticar los comportamientos de esos dos jugadores del Sevilla que he mencionado (no lo he hecho de casualidad). Ni en la actitud del primero con Cesc, ni en la que tuvo ayer Spahic con ese aficionado que se metió con él. Es muy fácil decir lo obvio: que hay que tener la cabeza fría, que los futbolistas son personajes públicos y deben saber torear ese tipo de situaciones, que el perjudicado final es el Sevilla, que es quien les paga, y mucho...

... bla, bla bla... 

Todo eso está muy bien. Es más, es completamente cierto y recomendable. Hasta diría que se les debería obligar a ello y que se merecen amonestación o multa. Pero yo no les puedo criticar. Yo sería el primero en comportarme de un modo parecido. A mí se me calienta la sangre, se me hincha la vena del cuello y la formo. Segurísimo que la formo. 

En mi opinión, a veces hablamos con demasiada ligereza de las cosas. Insisto, no exculpo a los jugadores de sus errores, ni tampoco creo que hiciera bien el club con no amonestarles de alguna manera. Pero pienso que deberíamos de ponernos en el lugar del prójimo para entender sus comportamientos. Y yo, el de Medel y Spahic lo entiendo a la perfección. Yo hubiera hecho lo mismo, si no más. Claro que, como vengo diciendo, ese es uno de los motivos por los que no podría ser jugador de fútbol. Ni jugador de fútbol ni nada que tuviese un minimo de repercusión pública. De modo que prefiero no meterme con ellos por lo que han hecho. 

Eso sí, espero por el bien del Sevilla que consigan controlarse (algo que de lo que yo no sería capaz) y que cosas como esta no vuelvan a ocurrir. 

lunes, 1 de octubre de 2012

El falso (nueve)

Recuerdo que hace unos años se trataba de uno de mis jugadores favoritos. Me parecía tremendo que un jugador tan joven llegara a capitán de una escuadra tan potente como el Arsenal, se convirtiera en su gran figura y jugara un fútbol de tan alto nivel. Cuando iba a la selección me preguntaba por qué tanto empeño en jugadores como Xavi, Alonso u otros menos carismáticos que ellos y no le daban un poco más de cancha a este jovencísimo jugador. Quizás fuera por eso, por ser tan joven, o quizás también porque la selección jugaba bastante bien y era difícil quitar a uno para poner a otro.

Sin embargo, hace ya tiempo que mi opinión de él varió por completo. Quizás todo empezara con esto:



Cesc le dice algo a Piqué, ante lo que este escupe a Pedro Cortés y luego ambos se ríen como si fueran chiquillos. Fue durante la celebración del Mundial de Sudáfrica en Madrid. Y, francamente, me sentí muy decepcionado. No era esa la imagen que tenía del jugador entonces del Arsenal. Luego vino la salida en falso del club que le dio todo. Y, sobre todo, esto otro:



Una persona que es capaz de provocar a Kanouté (nada menos que a Kanouté), hasta conseguir que este incluso intente pegarle, es imposible que sea buena persona. Imposible. Es más, no puede ser otra cosa que un verdadero mierda. En su día ya lo dejé claro en este post. Y esa es la opinión que tengo de él desde entonces.

Por tanto, no me sorprende nada lo ocurrido este fin de semana. Cuando te enfrentas contra un tío como este, cualquier cosa parecida a lo que le ocurrió a Medel es factible de suceder. Y se podría pensar que Medel es tal o cual y que bien podría relajarse un poquito y no caer tanto en este tipo de cosas. Claro que entonces no podríamos luego congratularnos de tener a un "pitbull" en el centro del campo. El chileno tiene ese carácter, el Sevilla se ve muy favorecido por ello, pero cuando la parte negativa de dicho carácter aflora, pues pasa lo que pasa. Como todo en la vida, las cosas tienen su parte buena y su parte mala. Además, sabiendo que Cesc fue capaz de desquiciar a una persona tan equilibrada y respetuosa como Kanouté, ¿qué no va a poder hacer con alguien del temperamento de Medel? Y yendo más allá, lo asqueroso del comportamiento del catalán no es picar al chileno (que eso lo vemos a todas las semanas en todos los partidos), sino hacer ese esperpento de teatro a continuación y, sobre todo, cachondearse de todos nosotros en televisión, bromeando con un periodista que le entrevistaba al final del partido  Cuando este le preguntó si consideraba para roja la acción de Medel, el chufla este le contestó "si quieres te lo hago a ti y me dices".

¿Se puede ser más falso? Además de provocar a un contrario, fingir un cabezazo que no se produjo y engañar al árbitro (otra cosa es que el criterio de este sea distinto para Yayá Touré y para Medel), va el tío y se cachondea del personal ante las cámaras. De poquísima vergüenza, por no decir ninguna. Y quien no tiene vergüenza es un sinvergüenza.

Ya cuando lo de Kanouté negó la mayor, asegurando que él no había dicho nada racista al malí (hasta que el malí aseguró que sí que lo había hecho y todo el mundo creyó a este y no al carajote del otro), y el tío falso, como argumento "irrebatible", dijo que él no podía ser racista porque tiene una novia libanesa. Valiente gilipollez. Yo tengo una esposa madridista y aborrezco al Real Madrid con todos mis sentidos. Esto me recuerda a un capítulo de "Aquí no hay quien viva" en el que Juan Cuesta, presidente de la comunidad, les dice a sus hijos que él es muy moderno porque de joven llevaba una chaqueta con coderas. Pues eso. Además, yo no creo que la novia libanesa del mercachifle este lleve a rajatabla los preceptos y mandatos del Corán. Más que nada porque supongo que, de ser así, el nota este mojará más bien poco. Aunque pensándolo bien, igual es ese su problema y por eso se desahoga en el campo de fútbol. Como les pasa a tantos y tantos aficionados que gritan en la grada todo lo que la señora no les deja en casa.

En fin, que cualquiera sabe.

Este patético personaje fue el que jugó varios partidos en la última Eurocopa como jugador más adelantado, cuando Del Bosque decidió salir al campo sin delanteros, y la prensa le llamaba "el falso nueve". Quitadle el "nueve" y tendréis una perfecta definición del figurita.

Y en hablando de la selección, ¿alguien puede suponer que yo soy capaz animar a este jugador, por mucho que se vista con el rojo de nuestro equipo nacional? Si ya me tira poco este, con representantes como Cesc Fábregas lo tienen todo hecho para que pase de él como de la mierda.

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