miércoles, 28 de noviembre de 2012

El quinto pie del gato

Es muy fácil hacer elucubraciones cuando no se tiene toda la información (a veces nada de nada) y las opiniones que se vierten no suponen ninguna responsabilidad para que el que las emite. Bueno, lo único que podría suponer es un déficit de credibilidad, pero ya nos conocemos lo suficiente como para saber quien tiene de eso y a quien parece no importarle tal cosa. 

Michel ha hecho pública la convocatoria para el partido de esta noche en Barcelona. Un partido que debería ser casi de trámite. Objetivamente, se trata de un encuentro, el de vuelta de la primera ronda de Copa del Rey en la que participamos, contra un rival que no tiene entrenador, que va último en la tabla de Primera, que no debe tener el más mínimo interés en seguir en la Copa porque su prioridad debe ser la liga, ya que si no mejoran, son carne de segunda, y para el que traemos de la ida una clara ventaja a nuestro favor. Una convocatoria en la que van los que tienen que ir y no van los que el entrenador consideran que pueden, o deben, faltar. Tratándose de un partido de las características comentadas, es algo que debe carecer de importancia alguna. 

Sin embargo, como siempre, ya estamos en ciertos ámbitos buscando el quinto pie del gato (cuando, como dice alguien que conozco, todos sabemos que solo tiene tres). 

En la convocatoria, aparte de lesionados, faltan cuatro jugadores: Cicinho, Spahic, Bernardo y Campaña. Y aparte del caso del colombiano (con el que no se cuenta para nada), los otros tres nombres han causado polémica. Hay quien no entiende la baja de Cicinho, cuando se puede explicar fácilmente por descanso. Si el partido es como es y el lateral (que no ha tenido descanso en verano) suele jugar todos los choques, es coherente dejarlo en Sevilla con vistas al partido del lunes. Claro que también podemos llevarnos las manos a la cabeza, hacernos pajas mentales, criticar por criticar y, en definitiva, buscarle el quinto pie al gato. 

Respecto a Spahic, yo lo veo de cajón. Es una baja por decisión técnica con todas las de la ley, sobre todo porque no podrá jugar el próximo partido de liga por sanción. Pero igual que Michel quitó a Diego López por decisión técnica, igual que le dio banquillazo a Fazio cuando procedió y del mismo modo que mandó a la grada a Reyes por culpa de su nulo rendimiento, ahora le toca al bosnio. Después de su pésimo partido el otro día en Madrid (y otros anteriores también), de sus frecuentes bajadas de brazos y de otras consideraciones extradeportivas, a mi me parece lógico que se le de un toque de atención. Y más cuando se tiene en el banquillo a Botía, que tan bien lo hizo antes de lesionarse, y a Cala, que siempre que sale lo hace bien y de quien no se puede dudar de su implicación y sevillismo. 

Por otro lado, el tema de Campaña es diferente. Y parece que buena parte de la afición va comprendiendo que el jugador debe tener algo de culpa de lo que le está ocurriendo. No hace falta buscarle aquí también el quinto pie al gato. Michel lo dijo bien claro. Lo puso titular en cuatro partidos y su rendimiento no fue el esperado. Eso lo vimos todos, con lo que, igual que digo lo de Spahic (y lo mismo que se hizo con Reyes o con Fazio), me parece normal quitarlo para darle la oportunidad a otro. Por cierto, estoy deseando ver jugar a Hervás. Al menos más de los diez o quince minutos que le están dando hasta ahora. Y lo digo porque si el problema del Sevilla es el alma, el meter a jugadores con hambre, como pueden ser Cala, Luna o el mencionado, podría mejorar algo ese defecto. Y no creo que lo hiciesen peor que algunos de sus compañeros, al menos por lo visto en los partidos disputados fuera de Sevilla. 

Volviendo al tema de Campaña, verán que no menciono ningún tema extradeportivo. Y no lo hago porque no lo conozco. He de reconocer que me llagaron al alma las declaraciones de Pablo Blanco sobre él del año pasado, cuando dijo que tenía que mejorar sus compañías, pero no voy a hablar de eso. No lo voy a utilizar. Vamos, que no le voy a buscar el quinto pie al gato cuando no sé de lo que hablo. Al jugador se le dio la camiseta, no ha rendido como se esperaba, se la han quitado y ahora tiene que luchar por recuperarla. ¿Que con otros se ha tenido mucha más paciencia? No diré yo que no, pero ese es otro tema. Lo que quiero es lo mejor para el Sevilla y lo que pido es que jueguen los que mejor están. Nada más. 

Quiero dejar claro que comprendo perfectamente ciertas reacciones, a pesar de criticarlas en este post. Es evidente que si el equipo estuviera en las alturas de la tabla, estos debates no se plantearían. La gente anda preocupada y nerviosa. Y cuando eso es así, se desconfía de todo, no puede ser de otra manera. Mi intención con estas palabras es poner un poco pie en pared e intentar no divagar demasiado. Aplicar la lógica y no dejarme llevar por elucubraciones. Pero es evidente que esto no sirve para nada si el equipo no empieza a rendir de una vez. Hoy tiene otra oportunidad para hacerlo. Para resarcirse un poco del ridículo del domingo. Pero no debería ser solo hoy por el hecho de tratarse del partido inmediatamente posterior. El equipo debería encontrar a la voz de ya un poco de regularidad porque si no, por desgracia (y como muchos nos tememos) nos pareceremos cada vez más a aquel Sevilla del "otro-año-igual" que creíamos haber dejado atrás definitivamente. 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Confusión absoluta

Ese es el estado en el que me encuentro. 

Yo creo que estamos todos de acuerdo en que el Sevilla es capaz de hacer mucho más de lo que hace cuando juega fuera de casa. Lo digo muchas veces y lo repito hoy: esto no es incompatible con la opinión que tienen muchos (y a la que yo me uno, aun con matices) de que las planificaciones deportivas de los últimos años han sido manifiestamente mejorables y de que el club ha dilapidado recursos económicos (unas veces con todas las de la ley y otras por verdadera mala suerte). 

También coincidimos la mayoría en que al equipo le falta alma en muchas ocasiones y que ese es el mayor defecto que tiene. Además, que es algo que se viene arrastrando, por lo menos, desde el año pasado. Pero aquí llega el primer motivo de mi confusión. Para explicar lo que quiero decir, necesito recitar el once titular que el Sevilla sacó ayer por la tarde: 

Palop, Cicinho, Fazio, Spahic, F. Navarro, Maduro, Kondogbia, Rakitic, Navas, Reyes y Babá. 

Si la falta de alma depende de que los jugadores no ponen lo que tienen que poner y ya viene del año pasado, nos deberíamos centrar en los futbolistas que ya estaban el año pasado, a saber: Palop, Fazio, Spahic, Navarro, Rakitic, Navas, Reyes y Babá. Quito a los demás porque se supone que estos vienen limpios de este defecto. Se podría decir que se contagian del ambiente general, pero me cuesta admitir tal cosa. Más bien, deberían influir para cambiar dicho ambiente. Entre otras cosas, para eso se les ficha. Para mejorar lo que hay. De todos modos, hablamos de tres jugadores (Cicinho, Maduro y Kondogbia) y dos de ellos están rindiendo a un alto nivel. 

De los que estaban el año pasado, creo que estaremos de acuerdo en que Palop, Fazio, Navarro, Rakitic y Navas no son sospechosos de darlo todo. Con aciertos o con errores. Sólo Rakitic, quizás, podría considerarse de otra manera, pero pienso que el croata este año es de los que mejor están en toda la plantilla. Nos quedan, por tanto, Spahic, Reyes y Babá. Y ahora yo me pregunto, ¿la supuesta actitud indolente de estos tres arrastra a todo el equipo? ¿No sería más normal que fuese el resto del equipo quien tirara de ellos? Son ocho contra tres, ¿tanto poder tienen estos tres? Incluso, admitamos que faltaban Medel y Negredo, que podrían equilibrar la balanza. El compromiso de Medel está fuera de toda duda. Es más, creo que es de los más comprometidos de la plantilla, por no decir que el que más. Negredo, sin embargo, sí que peca de indolencia a veces. Pero Negredo entraría por Babá y Medel por un recién llegado como Kondogbia cuya actitud podría ser neutra. Por tanto, en los cambios salen ganando los comprometidos en teoría. Ocho contra tres. Insisto, ¿tanto poder tienen esos tres en este supuesto que expongo? 

Evidentemente, no. 

Entonces, ¿cuál es el problema del Sevilla? ¿Cuál, alguien sabe decírmelo? Que nadie me diga que es la falta de calidad porque para ganar al Real Madrid, merecer ganar al Barcelona y meterle cinco al Betis hay que tener un mínimo de calidad. Que un partido bueno lo tienen hasta el peor equipo del mundo, pero aquí no hablamos de un partido bueno. Por eso, cuando todos decimos que el problema es la falta de intensidad, de compromiso, de alma..., yo miro uno a uno a los jugadores y la cosa tampoco me cuadra. No entiendo nada. Confusión absoluta. 

Ayer, durante los primeros veinte minutos, no fuimos inferiores al Atlético de Madrid. Un Atlético de Madrid verdaderamente fortísimo que está haciendo una temporada digna de compararla con la nuestra de 2006/2007. Pero es que, en ese minuto veinte, el árbitro revienta el partido y a partir de ahí, con uno menos durante 70 minutos, pues pasa lo que suele pasar cuando te enfrentas a un rival en estado de gracia. Porque hay que quitarse el sombrero ante un Atlético que no especuló; que olió la sangre en la herida del rival y se lanzó en tromba para machacarlo. Así es como a mi me gusta que se hagan las cosas. Claro, que se hagan en mi equipo. Pero cuando las hace el rival, pues lo felicito y punto. 

Bien, pues ahí tenemos la excusa, pero no me vale. No me puede valer porque todos vimos lo que ocurrió. Jugar con uno menos no es sinónimo de que el rival te arrolle. No de esa manera. Si te quedas con uno menos, pues los futbolistas que permanecen han de redoblar sus esfuerzos, no venirse abajo, no agachar la cabeza. ¿Qué pasa entonces? ¿Qué ocurre? ¿Tan frágiles somos? ¿Tan poco competitivos? ¿Por qué somos tan poco competitivos? ¿Fue ayer un partido excepcional en el que el árbitro nos machacó, u otro más de tantos en los que, fuera de casa, nos entregamos a las primeras de cambio? ¿Vale le excusa del calamitoso arbitraje (que lo fue), o eso no fue más que algo que añadir al desastre general?

Lo que digo, confusión absoluta. 

Dicen que Michel no se casa con nadie y que no duda en mandar al banquillo o incluso a la grada, a quien no rinde y, a la vez, premiar a quien sí que lo hace. En este último caso tenemos a Palop contra Diego López. Y en el primero, a Reyes, a Campaña, a Fazio. Entonces, yo me pregunto: si eso es así y si el problema del Sevilla es la falta de alma, ¿qué hacen jugadores como Cala o Luna en el banquillo? Lo de Cala en concreto es sangrante. Si Spahic es uno de los que, en teoría, baja los brazos, ¿por qué sigue vistiendo la camiseta titular y el lebrijano, con un hambre y un sevillismo fuera de toda duda, continua sin jugar? Yo suelo aceptar que mis dudas se deben a que no estoy dentro del vestuario, a que no tengo toda la información. Y lo acepto. Pero, precisamente por eso, me confusión es total. Como digo, no entiendo nada de nada. 

Y entre tanto, mi equipo da una de cal y otra de arena continuamente. Porque es así, unas veces se muestra capaz de todo y otras, pues lo contrario. Que sí, que ayer se puede decir que jugar con diez durante setenta minutos influye. Y las bajas, también. Y el desquiciante y continuo machaqueo arbitral, pues lo mismo. Pero es que no. Es que uno ve lo que ve y piensa que eso no es todo. Que eso fue excusa para la derrota contra el Barça, por la mínima y al final del encuentro. Pero un 4-0..., y con la imagen que dio el equipo... en fin. 

No sé qué pensar. Nada de lo que se me ocurre, me cuadra. Y mientras, pasan las jornadas y el Sevilla se mantiene en una medianía que creo que no le corresponde. Basta con mirar a algunos equipos que nos superan: Valladolid, Rayo, Getafe, Levante, Betis... ¿de verdad somos inferiores a todos ellos? Vale que alguno esté haciendo la temporada de su vida, pero ¿todos? Podríamos decir que el Valencia está justo por debajo nuestra, aunque con los mismos puntos y creo que todos coincidimos en que ellos son superiores a esos otros cinco equipos que he mencionado. Los valencianistas tendrán sus problemas y son esos los que les hacen estar por debajo de esos clubes teóricamente inferiores. Lo que pasa es que, a mí, los problemas del Valencia me importan un bledo. A mí, los que me importan son los del Sevilla. Y por más vueltas que le de, no sé qué coño nos está pasando. 


viernes, 23 de noviembre de 2012

Babá en el vertedero

Una de las cosas malas que tienen las redes sociales es que cualquiera, desde una posición de semi - anonimato,  puede decir lo que le de la gana sin temor a  represalia alguna. A veces desde el anonimato total, porque ya me contarán como podemos saber quien es cualquiera que se abra una cuenta de Twitter con un mote o seudónimo. Y no es por meterme con estos (yo mismo utilizo uno). A lo que me refiero es que uno puede hacer llegar su opinión a muchísimas personas sin necesidad de que nadie te conozca ni pueda llegar a hacerlo. Si ese uno no quiere.

Esto, bien utilizado, no es nada malo. A menudo, incluso, todo lo contrario. El problema lo encontramos cuando tales circunstancias son aprovechadas por personajes de diferente pelaje para dejar salir esa parte de su personalidad que no tienen arrestos de mostrar en su vida cotidiana. O sí, pero quitándote la posibilidad de contestarle, de rebatirle o de entrar en debate con él. Yo puedo entrar en Twitter, decir algo así como que "Babá es un negro de minga larga que no vale ni para tomar por culo". A continuación salgo y dejo a todo el mundo con mi lindeza y sin posibilidad de réplica porque ya no estoy. A mi, al fin y al cabo, me conoce gente de este mundillo y es fácil localizarme si uno se lo propone, pero eso no es siempre así.

Si esto lo hace sólo una persona, pues no pasa nada. Pero si es algo que se generaliza, como por desgracia ocurre, pues convierten las redes sociales en un vertedero. Y digo vertedero porque es el lugar donde se echa toda la basura que no queremos llevar encima en nuestra vida cotidiana. Ante esto, yo procuro hilar fino a la hora de elegir a las personas a las que seguir y leer. No me vale cualquiera. Intento conocer algo de ellos antes de tomar una decisión. Intento que me aporten algo, ya sea una opinión creíble, información o hasta diversión. No necesariamente que piensen como yo, incluso diría que, en ocasiones, prefiero todo lo contrario. No me gusta enrocarme en mis posiciones, y sí conocer más para enriquecerlas y, en su caso, cambiarlas. Pero para eso exijo algo de lo que he hablado en varias ocasiones: credibilidad. Y, a ser posible,  coherencia. Y si no es mucho pedir, la humildad necesaria para reconocer cuando uno se equivoca. 

Desgraciadamente, esto es bastante poco común. Y ninguno de esos que convierten las redes sociales en un vertedero gozan de estas virtudes. Se limitan a soltar su porquería y ahí quedó. Y lo peor es que eso acaba por crear una corriente de opinión. Siguiendo con el ejemplo de Babá, el hipotético comentario anterior animaría a otro a soltar alguno semejante. Ya son dos y el tercero no tarda en llegar. Y el cuarto, quinto.... En un corto espacio de tiempo habrán creado una corriente de opinión convenciendo a mucha gente de que el jugador es un paquete. Y tras el primer fallo, bronca al canto. Y tras el segundo, otra más. Y tras el tercero, comenzamos con los chistecitos, la mofa y la mala hostia. 

Ahora resulta que Babá es fundamental para el equipo porque Negredo se ha lesionado. Y tenemos a un jugador en baja forma, desmotivado y, para colmo, con una parte de la grada, no ya en su contra, sino riéndose de él. Sensacional. Justo lo que necesita el Sevilla. Pero lo peor de todo no es eso. Lo peor es que la gente que se ríe de Babá no tiene ni idea de cómo juega Babá. Y no tiene ni idea de ello porque no lo han visto. No ha jugado. Y eso no es culpa de él, sino del entrenador. Muchos hemos defendido en estos últimos tiempos que Michel debería darle más minutos al senegalés por si acaso ocurre esto que ha ocurrido ahora. Que el delantero titular se lesiona y es necesario poner al reserva. Incluso, el domingo contra el Betis, debería haberle dado la segunda parte completa. Con un 4-0 a favor y un estadio en estado de máximo buen humor, con un equipo lanzado y un rival hundido, hubiese sido una ocasión perfecta para irle dando confianza. Y no lo sacó hasta el final y porque no tuvo más remedio. Si lo hubiese hecho, seguramente Babá estaría un poco mejor que ahora. Y seguramente también, Negredo no estaría lesionado. 

Ahora es imprescindible estar con Babá. Apoyarle, mimarle, perdonarle los errores, intentar por todos los medios que de lo máximo de sí. Sin embargo, las risitas estúpidas siguen apareciendo. Que supongo que estos graciosillos pensarán que son muy divertidos y chisposos. A mi, francamente, me parecen imbéciles. Se manejan bien en el vertedero que han creado, eso sí, pero si de verdad quieren al Sevilla, más valdría que cambiaran de actitud. Porque una cosa es expresar una opinión y otra hacer el ganso. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Los cambios de ciclo

Voy a empezar el post con una frase contundente: estoy de los cambios de ciclo hasta la punta del pirulo. Hala. Ya lo he dicho. Ahora empiezo a argumentar. 

Esto de los cambios de ciclo es una supina estupidez que sacan de paseo de vez en cuando ciertas personas que consideran que saben mucho y que a los que luego les pasa lo que les suele pasar a los que acostumbran a escupir hacia arriba. Que lo escupen se les vuelven encima por esa ley que Newton desarrolló y que dice algo así como que "todo lo que sube, baja". 

Yo he escuchado lo de los cambios de ciclo infinidad de veces. Y no es que el concepto sea malo de por si, pero sí que es bastante aventurado utilizarlo a priori. Mirando atrás, decir que el Sevilla cambió de ciclo con la llegada de Joaquín Caparrós es una obviedad. Pero el concepto del que hablo es adecuado para definir algo ocurrido en la historia. Ese ciclo lo inició don Joaquín, lo continuó y magnificó Juande Ramos y concluyó con la muerte de Antonio Puerta. Al menos es así como yo lo interpreto. A continuación vino un ciclo nuevo, bastante más irregular, en el que se mantuvo el tipo en una zona noble, pero en el que la afición andaba poco conforme. Algo lógico viniendo de donde veníamos. Y, seguramente, dentro de unos años podremos seguir mirando atrás y definir como un nuevo ciclo lo que sea que ocurra entre tanto. O no, no se sabe. Y esta es la clave de lo que quiero decir. Que no se sabe. Absténganse adivinos, por favor. 

El año pasado se habló de un cambio de ciclo en el fútbol andaluz con la irrupción del jeque en la Costa del Sol para hacer y deshacer a su antojo en el Málaga. Un nuevo ciclo en el que el Málaga sería el grande de Andalucía en detrimento del Sevilla. Pa mear y no echar gota. Ridiculez absoluta. Este tipo de cosas pueden ser medio comprensibles cuando se habla Madrid y Barcelona, dos clubes más o menos de igual nivel y que han comandado la liga española siempre, unas veces uno y otras otro. Pero comparar al Málaga y al Sevilla es patético. Y mucho más por el mero hecho de que un tío con mucha pasta aterrice allí y traiga futbolistas a golpe de talonario. Y nos la tenemos que tragar.

Y este año, otra vez lo mismo, esta vez con el Betis y refiriéndose al futbol en nuestra ciudad. Basta con que el equipo de de Heliópolis esté dos o tres jornadas por encima para que estos tíos se pongan cachondos y comiencen a hablar bajo los efectos del exceso de sangre en la cabeza. En la cabeza que queráis, que ambas valen para este argumento. Un equipo que viene de ganarlo todo y de ser el mejor del mundo dos años seguidos cede el testigo de la supremacía en Sevilla a otro que... que... que lleva tres jornadas por delante en la clasificación. De gilipollas. Y gilipollas también los que les hacen caso. 

Hasta los huevos, hablando mal y pronto. 

Yo les diría a los que aseguran esto que se necesita mucho más para hablar de un cambio de ciclo. Lo primero, entre otras cosas, que pase un tiempo prudencial para comprobar lo que ocurre y hablar con conocimiento de causa. Si el Betis comienza a salirse, se mete en Europa, les dejan jugar la competición continental a pesar de estar en concurso y ganan algún que otro título, pues nos lo planteamos. Si, a la vez, el Sevilla baja a Segunda, se lleva allí un par de años, se arruina para una buena pinza de ellos y se ha de conformar con retales de otros equipos pequeños (como nos ocurrió hace no tanto), pues el argumento comenzará a ganar sentido. Pero mientras tanto, por favor, un poco de respeto al grande del sur de España de toda la vida. 

Con estas cosas pasa lo que pasa, y esta semana lo estamos viendo. Llega el partido de máxima rivalidad, el grande hace de grande, pone las cosas en su sitio y llega la histeria al otro bando. Perder contra el Sevilla es un drama para el Betis porque fracasan en uno de sus dos objetivos de la temporada (el otro, como he dicho otras veces, es la permanencia). Perder por una goleada histórica como es un 5-1 magnifica el fracaso de un modo absoluto. Hacerlo haciendo el pelele delante del equipo al que se cree que se releva en la supremacía del fútbol local roza ya el colmo. Y, como colofón, caer de ese modo cuando se viene tan subidito, tan confiado, con tanto engreimiento y con el apoyo de esa parte de la prensa sevillana que clama por la igualdad entre Betis y Sevilla, pues es el no va más. 

Por favor, a quien proceda, dejen de hacer el ridículo de una vez. Lo digo de buen rollo, pero no sean gilipollas. El Sevilla es más que el Betis. Mucho más, siempre lo ha sido y lo seguirá siendo al menos durante décadas. Porque son décadas las que tendría que pasar el Betis por encima nuestra para aspirar a igualarse. Yo no digo que en alguna ocasión se inicie un ciclo en el que, temporalmente, los verdiblancos sean superiores, como ocurrió en la década de los noventa del siglo pasado, pero esperemos a que eso ocurra para atestiguarlo. No se crean adivinos, no avancen lo que no tiene sentido, no hagan creer a las creaturitas que son lo que no son porque luego llegan los disgustos. O como decía un profesor que tenía en los Salesianos, el llanto y el rechinar de dientes. 

No hagan más el imbécil, por favor, si puede ser. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

El silencio de los Cordero

Ayer por la tarde, como suelo hacer todos los domingos, fui a dar un largo paseo con mi mujer y mi hijo. El domingo es el único día completo de descanso que tengo a la semana y cosas como esa me relajan una barbaridad. Ayer, esa necesidad de relajación era mucho mayor que cualquier otro día por motivos que obvia recordar. 

Mi ritmo de vida habitual es bastante exigente y necesito imperiosamente descasar en mi tiempo libre. Anoche, no obstante, ese descanso corría serio peligro y tal amenaza se escenificó de forma cruel y contundente cuando llegué de vuelta a casa al final de la tarde y esa llegada coincidió con la de una marea ingente de personas que venían a la de los vecinos: la familia Cordero al completo, los abuelos, los hijos, los nietos, los tíos, los sobrinos, los perros...

¡Hostia, puta!

Los Cordero son lo que yo llamo béticos de naftalina. Y los llamo así por el olor que desprenden sus camisetas cuando se reúnen para ver un partido. A ellos no les gusta el fútbol. No necesariamente, pero cuando Subeti juega un partido que consideran importante, se reúnen para verlo. Para verlo, para comer, para beber, para armar un escándalo de tres pares de narices y, si ganan, para prolongar la fiesta durante horas sin importarles una mierda lo que puedan pensar, sentir o sufrir los que vivimos alrededor. Y aprovechan para sacar del fondo del armario sus útiles de fiesta, es decir, las camisetas verdiblancas, las bufandas, las banderas y demás gaitas. Luego, su pasión desaparece durante periodos de tiempo indeterminados. Claro que también es comprensible. ¿Cuándo coño juega Subeti un partido importante? Quizás, si están en Primera División, dos veces al año. 

- "Por Dios bendito, que gane hoy el Sevilla" - Fue lo primero que pensé cuando los vi. 

Lo único en realidad. En esos momentos hubiera dado un imperio, si lo tuviese, por que ganara el Sevilla. Y no porque el equipo se jugase nada trascendental, apenas tres puntos y, seguramente, las sensaciones posteriores al partido. O sea, el mirar hacia arriba o hacerlo hacia abajo. Poco más. Pero es que me aterraba la idea de tener que aguantar hasta la madrugada a esos energúmenos alabando a voces a Subeti. Y  eso sería así simplemente con que empatasen. Simplemente, os lo aseguro, son así de poca cosa. Así de conformistas. 

Los Cordero no saben que yo soy sevillista. En verdad, no saben que me gusta el fútbol. Bueno, para ser sinceros, no saben más que mi nombre, ni siquiera mi apellido. Por supuesto, no tienen ni idea de que escribo en un blog. No quiero mezclarme con ellos, son de ese tipo de personas de las que huyes por mil motivos, a los cuales hay que unir su beticismo de finales. Que a alguno os entrará la risa floja al leer en una misma frase eso de "beticismo" y "finales", pero, al fin y al cabo, ¿qué es si no para ellos un partido como el de ayer? Si al menos fuesen béticos de verdad, de los que entienden de fútbol, de los que son capaces de hablar de este bendito deporte con tranquilidad y sosiego. Pero no, son béticos de naftalina, de finales, de fumar por el ojo y responder "tiiis" cuando una cabra dice "beee". 

De esos. 

Ellos no saben que yo soy sevillista porque si lo supieran, a las voces y gritos en plena borrachera de madrugada, tendríamos que unir los golpes en mi puerta para que salga a abrir y que se rían de mi. Para que me restrieguen en la cara un puto empate fuera de casa. Porque eso les basta. Un puto empate en el Sánchez Pizjuán. 

Por tanto, entenderéis mi indescriptible alegría cuando Reyes marcó el 1-0 en el segundo 15. No les dio tiempo ni a echarle el hielo al cubata de garrafón que acostumbran a consumir. Ni a abrir la bolsa de papas del Dia. Ni siquiera a mojar sus sucios dedos en el agüilla que las aceitunas dejan en el cuenco. Y paro ya que creo que me estoy pasando. 

No os digo ya cuando Fazio hizo el segundo. En esos momentos, me importaba un bledo quien marcara los goles. Casi ni me daba cuenta de la casualidad de que fueran dos de los jugadores más criticados del equipo quienes se estuviesen reivindicando. Y de qué manera. Más tarde, Negredo casi mete el tercero y me entró algo de desesperación. - "Joder, machacadlos, hostia, que no quepa ni la más mínima emoción" - Fue lo que pensé. De verdad que me era indiferente que el Sevilla estuviese haciendo el mejor partido de los últimos años. Lo único que pasaba por mi cabeza era que los de al lado no tuviesen ocasión de joderme la noche del domingo. Que no es por antibeticismo, que yo no soy antibético, lo prometo. Mi única intención era ver un partido con tranquilidad, acostarme luego y dormir bien para poder afrontar la semana de trabajo con energías renovadas. Sólo eso, de verdad. Yo no sé si me estoy haciendo mayor y, por tanto, cascarrabias, puede ser, es posible. Pero, sea como sea, más allá de la satisfacción y de los tres puntos, la victoria del Sevilla de ayer me era imprescindible por un simple motivo de salud. Física y mental. Y digo mental porque los Cordero son las únicas personas en el mundo capaces de despertar el instinto asesino que todos los animales (incluidos los humanos) tenemos en nuestro interior. Vamos, que provocan que acaricie el enloquecimiento con la yema de los dedos. 

Decía que me desesperé cuando Negredo no metió el tercero en ese lanzamiento tan escorado, pero el tercero llegó gracias a una pillería de Reyes (ya tenía que estar enchufado el de Utrera ayer para hacer eso), y también el cuarto, obra, otra vez, de Fazio. Y a pase de Reyes, que parecía como si esos dos se hubiesen puesto de acuerdo para callar ciertas bocas, aunque sólo fuera por un día. A esas alturas de la película, me encontraba tan relajado que se me olvidaron mis temores respecto a mi descanso nocturno. Tanto fue así que tuvo que ser mi mujer quien me animara a asomarme a la ventana para presenciar cómo los Cordero salían de la casa vecina en el descanso cual procesión de El Silencio. El Silencio de los Cordero. Fue una imagen demoledora. Ni siquiera se quedaron a ver el segundo tiempo. Ya os digo que son béticos de finales. Cuando Subeti lo pasa mal, ellos lo abandonan. Lo dejan tirado. 

En la segunda mitad me pasó lo mismo que al equipo. Que me dejé de ir. Relajación absoluta y a disfrutar. Una vez garantizado el sueño de por la noche y con un 4-0 a favor, ¿pa qué preocuparse? ¿Qué necesidad tenía de enfadarme por que Michel no le diera minutos a los menos habituales cuando el partido estaba sentenciado? ¿Qué ganaba preguntándome por qué eso que hicieron los jugadores en el primer tiempo no lo hacen siempre? Si es pensar en eso y cabrearme de nuevo... ¿merece la pena cuando la amenaza de los Cordero se ha marchado en procesión, que sólo les faltaba ir flagelándose por las calles? ¡Qué satisfacción más grande! ¡Qué tranquilidad!

Otro día hablaremos de cómo me jode que estos futbolistas jueguen bien cuando les da la gana. Cómo me molesta intuir que, errores de planificación aparte, hay equipo para estar bastante más arriba que lo que estamos. Cómo me solivianta comprobar que esto es algo así como un Dr. Jeckyll y Mr. Hyde versión futbolística, o sea, que aunque sabemos de lo que el equipo es capaz de hacer a nada que se le ponga en la punta del pirulo, nunca sabemos qué versión del mismo ente veremos cuando un partido da comienzo. 

Pero eso será otro día. 

Ahora, disfrutemos del silencio...

P.D. Quiero dejar claro que mis vecinos no se apellidan Cordero. Es que me quedaba genial para darle título al post. 

viernes, 16 de noviembre de 2012

No es un partido más

Claro que no, ¿cómo va a serlo?

No es un partido más. Para nada. En absoluto. En un partido cualquiera, si el Betis gana, el número de cohetes lanzados al cielo es mínimo. Siempre hay algún retrasado que lo hace, pero son criaturas mononeuronales que gozan con tal estupidez y hay que comprenderles. Se les aguanta un poco y ya está, que pronto vienen a buscarles para darles su medicina y meterlos en la cama. Pero si le empatan al Sevilla..., madre mía..., ¿qué os voy a contar? Y no os digo ya si le ganan. 

No es un partido más, nunca lo podrá ser. Es un partido especial. Muy especial. Un partido especial en el que yo, sevilllista, ruego al cielo para que mi equipo gane. En verdad, siempre lo hago, pero en este tipo de choques, más. Y no es que los puntos en juego sean más, son tres, como siempre. Ni tampoco que le tenga aversión al Betis, al contrario, yo soy de esos especímenes extraños que, siendo sevillistas, no son antibéticos. Como tampoco soy anticeltiña, ni antideportivista, ni antioviedista. Un poco antimadridista sí que soy, pero no por el Madrid en sí, sino por la injusticia que supone el que la cosa esté montada como está y siempre beneficie a los mismos. En verdad, soy anti-injusticia, no antimadridista. Pero bueno, que me voy por los cerros de Úbeda. 

No se trata de nada de eso. Objetivamente, es un partido como otro cualquiera, pero mis plegarias al cielo se elevan en multitud porque si el Sevilla no gana, las molestias ocasionadas por el número de decibelios que provoca la furibunda celebración de los vencedores me molesta una barbaridad. ¿Por qué se comprenden las quejas de los vecinos cuando les organizan un botellón o les plantan una discoteca en la puerta de su casa, y no las mías por tener que aguantar a estos desgraciaos? Joder, si ganan un partido, pues ole. Enhorabuena, pa casa y a celebrarlo con la mujer. Si le deja, que esa otra. Que igual ahí radica el problema, ¿qué se yo?

Es que no lo entiendo, de verdad. ¿Acaso yo les he molestado alguna vez después de tantas y tantas victorias de mi equipo? ¿Acaso yo les he restregado en alguna ocasión tantos éxitos como hemos disfrutado? Joder, es que si yo tuviera que celebrar todas las victorias sevillistas como hacen ellos, ya hace tiempo que habría muerto por intoxicación etílica o algo semejante. A ver, que yo entiendo que la vida son dos días y que para una vez que ganan, pues tendrán que aprovecharlo. Que lo entiendo perfectamente. Pero que se vayan a un descampao, joder. Que les habiliten una zona donde no molesten, con sus carpitas, sus barras para las copas y un circuito adecuado para que puedan desbarrar con los coches, tocando el claxon hasta reventarlo y enseñando las banderitas. Pero que no molesten a las personas normales, hostia, que algunos tenemos niños. O personas enfermas en casa, o que ir a trabajar. O lo que sea, vamos, ¿es que hacen falta excusas para que a uno lo dejen vivir tranquilo?

Es que la realidad es evidente. Los béticos quieren ganar el partido porque con eso arreglan la mitad de sus objetivos para la temporada (el otro es la permanencia). Los sevillistas, sin embargo, queremos lo mismo pero para evitar el tormento que viene a continuación si no lo hacemos. Para librarnos de las molestias de tanto personaje dando por culo. Joder, que luego tenemos la imagen que tenemos fuera de Sevilla. Que la prensa nacional está atenta para ver lo que hacemos y reírse de nosotros a continuación. Y es ganar el Betis y ya tienen carcajadas al menos hasta el partido de vuelta. 

Vamos a respetarnos un poco, hombre, que todos somos sevillanos. Que yo no tengo necesidad ninguna de que me relacionen con los ridículos estos cuando salgo de aquí. Que no, joder, que yo no tengo una cabra que dice "Beee" a lo que yo contesto "tiiis". Que yo no hablo con los animales. Que yo no incineré a mi padre para llevármelo a ver los partidos conmigo. Que mi abuela era una señora respetable y cristiana, no lo que se ve en la tele vestido de verdiblanco. Que no, por favor, que me dejen en paz. Que en Sevilla hay gente normal, lo aseguro. 

Por todo ello, ¿quién es el incauto que considera este partido como si fuera uno más? No, no lo es. Nunca lo será. Es imposible. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Como contarle lo del Sevilla a una belga

Ayer, a última hora de la tarde, recibí un correo de una buena amiga que tengo en Bélgica y que responde al nombre de Fabienne. La conozco desde hace años, en concreto desde que compartimos casa (junto a otras personas) cuando estuvimos estudiando en Holanda. Desde entonces hemos mantenido el contacto. Incluso, ella y su marido han visitado Sevilla en alguna ocasión, al igual que mi mujer y yo Amberes, la ciudad en la que vive. No es que nos comuniquemos con mucha frecuencia, pero de vez en cuando sí que nos interesamos el uno por el otro. Y ayer fue una de esas ocasiones.

Andaba yo enfrascado en Twitter, cabreado como una mona después de lo que tuvimos que soportar a primera hora de la tarde, y añadiendo a mi desilusión la sarta de barbaridades gilipollescas que gente que creo que hace poco el amor suelta cada vez que el equipo pierde. Insultos, cachondeo intrascendente con el claro ánimo de ofender, puyas, aparte de estupideces varias. Y, por supuesto, sentencias de esas de arrodillarse ante ellos y proclamar "¡Palabra de Dios!" - "¡Te alabamos Señor!" - "¡Amén!" - "Pueden levantarse". Son los que predicen continuamente la llegada del apocalipsis (llevan años así), cargando sin contemplaciones contra los que tratan de mantener un hilo de esperanza. Yo tenía razón, te lo dije pero no me hiciste caso, eres un ignorante , un iluso y un ciego, yo sí que sé de esto, no tú que eres un borrego oficialista... y memeces varias de gente que luego se esconde en su madriguera a nada que el equipo encadena dos victorias consecutivas. Que ellos entienden de esto en las derrotas. En las victorias, no se les ve. Es curioso cómo se parecen a las creaturas verdiblancas. Años sin decir ni mu, y ahora resurgen de sus rescoldos, cual Ave Fénix versión bética, para recordar a todo el mundo que durante unas semanas van a estar por delante de nosotros. Que yo les digo que incluso estando una década, aún les faltarían un par de ellas más para comenzar a aspirar a parecerse a nosotros.

En eso estaba metido, que a veces me pregunto que pa qué, pero en fin. Es que uno es así.

Mi querida Fabienne se interesaba sobre todo por nuestra situación. Por cómo nos va. Las noticias catastrofistas sobre España son continuas por todas partes de Europa. Y aunque la última vez que hablamos las cosas nos iban bien, eso de que la tasa de paro no deje de crecer hace suponer a quien no anda por aquí que igual he podido caer (de nuevo) en las garras de ese terrible monstruo. "España va mal, pero mi familia, no. Gracias a Dios". Fue lo que le respondí en lo que me queda de aquel inglés que tanto utilicé cuando estudié y viví en el extranjero. Y a punto estuve de añadir algo así como "Pero el Sevilla ha vuelto a hacer el ridículo hoy y tengo un cabreo que no sé si me dejará dormir esta noche, me cagontó".

Pero no lo hice.

Me sentí ridículo sólo por pensarlo. ¿Cómo se le explica lo que le está pasando al Sevilla a una persona que lo único que entiende de fútbol es que Georges Grün (ex-futbolista belga del que no encontré páginas en castellano) estaba muy bueno? Es verdad que le podría haber contado que el Sevilla es el mismo equipo que durante aquel año que compartimos en Holanda bajó a Segunda División después de hacer la peor temporada de su historia. Pero que luego se rehizo, recuperó su sitio en la élite, creció, creció y creció y llego a crecer tanto que incluso ganó por dos veces la Copa de la UEFA, aparte de la Copa del Rey española por dos ocasiones, y la Supercopa de nuestro país, y la europea, y fue considerado por dos veces el mejor equipo del mundo..., en fin, todo eso que nosotros sabemos, pero que ella seguramente no. Pero, claro, luego le tendría que decir que de aquello apenas quedan los rescoldos: el mejor portero de la historia del club, que ya tiene una edad, un chaval de esos que parece que serán chavales eternamente y que sigue corriendo como un loco por la banda derecha (campeón de Europa y del mundo con España, igual por ahí le suena de algo) y la directiva. Una directiva que no ha podido (o sabido) aprovechar aquella sinergia para mantener al equipo en una posición más alta que la que hemos conocido la inmensa mayoría de los sevillistas que aún no hemos subido al tercer anillo. Al contrario, a medida que se fue desmantelando aquel fantástico equipo, las prestaciones de los sustitutos fueron disminuyendo. 

A estas alturas, seguramente estaría ya harta de mi por contarle tal rollo, pero de perdidos al río. Ya de haber llegado hasta aquí, no puedo hacer otra cosa que continuar. Le contaría entonces que la afición anda muy mosqueada porque los jugadores actuales no hacen honor a la camiseta que llevan. Pasan entrenadores y entrenadores, pero los problemas son los mismos. Hay mucha gente que ya perdió la paciencia y carga contra todos, incluidos los aficionados que siguen manteniendo algo de fe. Para colmo, los Biris, el alma de la grada, andan a la gresca con el presidente y no animan, con lo que el estadio se ha convertido en una especie de velatorio. - "Se escucha hasta el sonido del golpeo del balón" - Le aseguraría ante la resignada indiferencia de ella. - "Y la semana que viene es el ex-derby" - Concluiría, a pesar de saber de sobra que si ella lee la palabra "ex-derby", pensaría que vaya como he perdido facultades a la hora de escribir en inglés con el paso de los años. 

Y como colofón, le explicaría que ese día perdimos contra el Athletic de Bilbao de una forma lamentable y que, además del disgusto por la derrota, tengo que aguantar el recochineo de los que decía antes que vienen anunciando el apocalipsis desde hace años y años. Que si yo tengo razón y tú no, que si eres un ciego, que si..., en fin, lo que decía al principio, que no me voy a repetir. 

Supongo que Fabienne leería mi escrito hasta el final porque sé que me respeta. Lo haría con resignación, deseando de acabar o de encontrar entre tantas palabras algo con cierto sentido. Se preguntaría si no se me habrá ido la cabeza, probablemente se reiría por la preocupación tan tonta que me está comiendo. No entendería por qué me quejo tanto cuando mi selección es campeona de todo y la suya ni siquiera se clasifica para los torneos (Fabienne es poco de fútbol, pero mucho de su selección). En la vida le entraría en la cabeza que mis preocupaciones fueran esas con lo que se oye en su país que está pasando en España. Puede que entendiera por qué a los españoles nos va tan mal. Si gastamos tantas energías en chorradas como esta, no es de extrañar. Sin embargo, no me diría nada de eso. Leería y leería, trataría de interpretar correctamente lo que le estoy diciendo para comprender mi desazón. Estoy convencido de que se reiría de mí, vosotros no la conocéis, pero esa chica es muy simpática. Se ríe de todo, empezando por ella misma. Y al final, cuando concluyese mi relato, al comprobar que nada de lo que digo tiene demasiado sentido para ella, volvería a poner sus dedos en el teclado para escribirme de nuevo. No se extendería demasiado, ni falta que hace. Se centraría en lo que de verdad le interesa y me preguntaría algo así como ...

- "Pero vosotros estáis bien, ¿no?"

sábado, 10 de noviembre de 2012

Drama y poca vergüenza

Dese 2007, se han producido en España alrededor de 400.000 desahucios. En los últimos tiempos se han dado tres casos de suicidio (y un cuarto que quedó en intento) por este motivo. Que espero que no haya ningún gilipollas que diga que 3 (o 4) sobre 400.000 es un ratio muy bajo, aunque viendo la cantidad de imbéciles por metro cuadrado que hay en nuestro bendito país, cualquiera sabe.

Lo de los suicidios es el colmo. El no va más. La terrible consecuencia de la distancia que hay entre la clase política y la sociedad. No basta con que la sociedad se queje, proteste o se movilice. Tiene que haber muertos encima de la mesa para que esta panda de insensibles ineptos reaccione. Y me da igual de qué ideología se trate. Los habituales de estre sitio saben que yo no creo en ideologías, sino en personas. Las personas que están actualmente en el gobierno no se han tomado en serio este problema hasta que esas muertes se han producido. Y las personas que están ahora en la oposición, que son las mismas (o casi) que los que estaban antes gobernando, también tienen esos muertos sobre sus conciencias porque desde 2007 a 2012 (400.000 desahucios, oye, que se dice pronto) han pasado cinco años, y ellos estuvieron cuatro en el poder. Cuatro. Y no hicieron nada, de modo que no me vengan ahora con lecciones morales o con exigencias. Insisto, me importa un bledo el signo político de cada uno. No son las ideas, sino las personas, quienes nos gobiernan. Y no sé qué es peor, si alguien con malas ideas, o alguien que actúa en contra de las suyas, por muy buenas que sean. Personas. Los ineptos, los cabrones, los insensibles o los inútiles son las personas, no los partidos o las ideologías. ¿Izquierdas? ¿Derechas? ¿Para qué hemos querido un partido de izquierdas en el gobierno si hasta que no se han producido muertes no han reaccionado ante este problemón? ¡No me jodan!

En referencia a esto, hay una cosa que me llama mucho la atención, y es el modo en que hay quienes asimilan la solución a este drama con que se apruebe la dación en pago en las hipotecas. Es decir, que si una familia no puede pagar, que devuelva la casa al banco y en paz. El escándalo actual en este asunto es que las hipotecas se dieron en su día con tasaciones infladas (infladas por la tasadora que el banco autorizaba para que tasase). Los bancos concedieron préstamos por más valor que el real de la vivienda. Pasa el tiempo, los precios caen, la gente se queda en paro, no pueden pagar, los bancos embargan, se quedan con una casa que vale hoy menos de lo que valía hace unos años y esa diferencia la sigue debiendo el desahuciado. O sea, te quitan tu casa y sigues debiendo dinero. Y todo porque, en su afán por inflar los préstamos en una época en la que eso era lo que se buscaba, se inflaron las tasaciones. Por supuesto, esto es un asunto que hay que tratar y eliminar si es posible. Pero eso no es la solución. Es más, aceleraría el problema. Y me explico.

El desahucio es la consecuencia final de un proceso que puede durar un par de años. En ese par de años hay tiempo para, si también hay voluntad, llegar a algún tipo de acuerdo. Sin embargo, si se aplica la dación en pago, la familia se queda en la calle en el momento en que se haga tal cosa. Es cierto que se queda en la calle sin deudas. Pero se queda en la calle. Por tanto, si lo que se quiere evitar es que las familias pierdan sus hogares, a la dación en pago (que es algo que, insisto, se debería aplicar) hay que acompañar otro tipo de medidas. 

A cuento de esto, os recomiendo este artículo publicado en El Confidencial. Es un poco denso, pero viene a decir que en España, el deudor particular sufre una desprotección que no es conocida en ningún país desarrollado que se precie. Ni siquiera en Estados Unidos, una nación muy poco dada al proteccionismo del ciudadano. Y pone como ejemplos a países como Francia o Alemania, en los que la protección al deudor de buena fe (al que no paga porque no puede, no porque no quiere) es infinitamente mayor que en España. Con sus diferencias entre un país y otro, lo que hacen, cuando los procedimientos de mediación o concurso no llegan a buen puerto, es dejar en manos de un juez la decisión final. Y es el juez quien decide, pero con plenos poderes. En Francia, por ejemplo, pueden imponer quitas, moratorias, conversión en alquileres, etc., en función de cada caso. 

Por otro lado, también os recomiendo este otro artículo de Jose Carlos Díez (@josecdiez) en el que se recuerda algo que es muy inquietante. La gente que deja de pagar su hipoteca, normalmente, no es la que se queda en paro, sino la que agota la prestación por desempleo. O sea, por poner una media, ha de pasar un año desde que se queda en paro para empezar a ser moroso. Por tanto, es tres años después de quedarse en paro cuando llega el desahucio. Esto quiere decir que los desahuciados de hoy son los parados de 2009. Ahora empezarán a llegar los del 2010, los del 2011, los del 2012.... Y el paro sigue creciendo. 

Esto es un problema gordísimo que tiende a crecer y crecer, porque no se sabe cuando se va a detener la sangría del paro (que es lo que causa todos los males de nuestra sociedad en lo que a economía se refiere). Este señor, en su artículo, entre otras cosas, aboga por algo parecido a las viviendas sociales de Franco. Y lo hace con una frase lapidaria y con la que estoy completamente de acuerdo:

"Franco resolvió este problema después de la guerra y tuvo que construir las viviendas. Si la democracia no es capaz de resolverlo con las viviendas ya construidas, simplemente la democracia fracasará y volverá algún tipo de sistema acabado en ismo."

En definitiva, el problema en España es que la Ley Hipotecaria es de 1909. Y como cualquier persona sensata comprende, las cosas han cambiado un poquito desde entonces. ¿Cuántos gobiernos han pasado por España sin hacer nada al respecto? ¿Y ahora los hay que se rasgan las vestiduras? ¿Eran tan ineptos como para no saber esto, o tan cabrones para sí saberlo y no hacer nada? No sé que es peor. 

Sea como sea, desde la Union Europea se ha dado un serio toque de atención a España a este respecto, con lo que no creo que sea de recibo que ahora nadie se quiera colgar medallitas. Han tenido que haber muertos y advertencias desde la UE para que aquí reaccione la clase política. Ahora se quieren poner de acuerdo PSOE y PP. Ahora sí. Como siempre, mal y tarde. 


jueves, 8 de noviembre de 2012

Corderitos con piel de lobo

Después de leer la entrevista de Antonio Delgado-Roig a Jose María Aguilar, Fabrizio o @hoolSVK (los tres son la misma persona) publicada en El Correo Web, tengo que reconocer que me sentí bastante aliviado. Me gustó la actitud que tuvo el portavoz de Biris Norte. Me gustó mucho y me pareció digna de que la directiva afloje la cuerda de una vez y podamos atisbar el final de esta absurda disputa. Vaya eso por delante, pero no me voy a dedicar hoy a alinearme a muerte con estos señores y en contra de la directiva en este asunto. Lo que han hecho no es más que un gesto que, en mi opinión, debería ser respondido con otro similar para seguir en ese camino hasta acabar por solucionarlo todo. Tampoco voy a hacer lo contrario. En verdad, no voy a hacer nada, no soy quien para ello. En el fondo, aparte de lo que acabo de comentar sobre la entrevista, mi opinión a este respecto apenas ha variado. 

Lo que sí que me ha llamado la atención han sido las respuestas de este señor en la entrevista. Me han recordado a una persona que conozco bien que, en su época adolescente, vivía preso de una pose rebelde que le llevaba a hacer el gamberro, a meterse con los demás, a insultar y hasta a agredir. Sin embargo, cuando rascabas un poco, cuando te acercabas a él, empatizabas, conectabas y conseguías que se abriese un poco, te dabas cuenta de que no era nada de eso. Que se trataba de una persona agradable, sensible y hasta con valores definidos a pesar de su aún corta edad. Era un como un corderito que se disfrazaba de lobo. A primera vista parecía peligroso, pero luego, conociéndolo bien, se quedaba en otra cosa completamente diferente. 

"Entiendo la reacción del presidente después de lo de Rota, aunque se vio jaleado por otros motivos"

"Lo de las bengalas es una pataleta que cogimos porque nos quitaron el cuartillo"

"No sabíamos que las multas iban a ser tan elevadas ni que fueran a amenazar con cerrar el estadio"

"Si vienen a pegarnos, nos defendemos"

"El que los grupos ultras insulten al rival es un problema de la sociedad"

Cuando yo leo esto, no me imagino a un señor de aspecto respetable como el que aparece en la foto que acompaña a la entrevista, sino a ese corderito con piel de lobo del que hablaba antes: Me recuerda a un adolescente rebelde que ha sido reprendido, que ha recapacitado y que expone sus excusas. Excusas propias de un adolescente rebelde. 

"Entiendo la reacción del presidente..." = el adolescente sabe que ha hecho mal y recapacita
"Bengalas y pataletas" - ¿Pataletas...?
"No sabíamos lo de las multas...?" - ¿Que no sabían que las bengalas son motivo de multa, y que estas multas aumentan por reincidencia? ¿Cuántas veces nos han cerrado el estadio en los últimos años?
"Si vienen a pegarnos, nos defendemos?" - Eso es cierto, pero los hay más proclives a ser amenazados que otros. A mí nunca han querido pegarme, con lo que nunca he necesitado defenderme.

Lo del problema de la sociedad me parece ya tremendo. O sea, yo insulto, pero eso es por culpa de la sociedad. En, serio, ¿no les recuerda esto a un chaval que se excusa después de una reprimenda?

A pesar de todo esto, o como consecuencia de ello, las palabras de este señor deben ser motivo de aplauso. Es una rectificación en toda regla. Es un tender la mano para solucionar el conflicto. Es lo primero que se necesita para acabar con esto de una vez. Pero en la escenificación que se está produciendo, todo esto me recuerda a un padre tremendamente cabreado (directiva) y que no da el brazo a torcer, a una madre (o un hermano mayor) que trata de templar los ánimos para que las cosas vuelvan a la normalidad (el resto de la afición, los jugadores, el técnico, etc.) y a un buen chaval que ha cometido una tropelía y que intenta que le perdonen sin perder demasiado la dignidad. Sin tener que tragarse su orgullo de adolescente rebelde. De corderito con piel de lobo. Sobre todo cuando ese padre, la directiva, también ha hecho mucho para que este litigio se esté produciendo. 

Sea como sea, la pelota está en el tejado de la directiva. Ningún padre que se precie puede negar el perdón a su hijo, por mucho mal que haya causado este. Y el resto de la familia no le va a consentir a ese padre que niegue dicho perdón, sobre todo porque el mal ambiente les afecta a todos, no solo a los dos litigantes. 

Yo creo que Jose María Aguilar ha aceptado que no se han comportado bien. Que, a pesar de las razones que puedan llegar a tener (que seguro que las tienen), su reacción no ha sido la correcta. No puedes reaccionar ante un agravio de la directiva lanzando bengalas, porque eso lo paga el Sevilla FC, no la dirrectiva. No puedes seguir con una actitud que perjudica a lo que más quieres, a tu equipo, a tu familia. Pero, evidentemente, tampoco vas a arrastrarte pidiendo clemencia. Esto lo entiende cualquiera con dos dedos de frente. Pide perdón, da sus excusas (que a mí me parecen adolescentes, pero son excusas al fin y al cabo) y tiende la mano. Más no pueden hacer, y ahora es el turno de la directiva.

Quería dejar para el final una última cosa. Una vez dicho todo lo dicho, quisiera recalcar que yo me he sentido ofendido por estos señores. No se es más ni mejor sevillista por animar, por gritar o por cualquier otra consideración, y ellos nos han menospreciado a los demás. Yo me he sentido menospreciado. Reconozco que yo no soy de los que animan, sino de los que se meten en un rincón, se encogen, se comen las uñas y ruegan a Dios por que el corazón aguante sin infartar hasta que acabe el partido. Por eso ellos son famosos por ser los mejores animadores de España y yo soy un aficionado del montón. Por eso ellos tienen poder para poner en jaque a la directiva y mi palabra vale más bien poco. Por eso ellos tenían un cuartillo y el club les ayudaba en según que cosas y yo no tengo nada de eso. Pero eso no es motivo para que se consideren más que yo. Para que me menosprecien. Ellos son el altavoz del sevillismo, los que tiran del carro, los que animan al resto..., pero no son más que el resto. Y duele que ellos piensen así del resto cuando el resto les admira tanto a ellos. 

No es que se lo vaya a tener en cuenta, en el fondo me importa un bledo lo que piensen, pero quería dejar constancia de ello. 

martes, 6 de noviembre de 2012

¿La culpa es de los padres...?

Mañana hará un año que escribí este post, para mí, quizás, mi favorito de los quinientos sesenta y pico que llevo publicados. Se trataba de un homenaje a un amigo al que mataron en una noche de fiesta hace ahora catorce años. El destino ha querido que la tragedia ocurrida en Madrid este fin de semana casi haya coincidido con ese aniversario. Y yo que, como comprenderéis, soy muy sensible ante este tipo de sucesos, no he podido evitar eso, sensibilizarme de un modo especial. Al fin y al cabo, se trata de algo semejante: chicos jóvenes que mueren cuando se supone que salieron a divertirse. A disfrutar de su juventud. 

En este sentido, me llama muchísimo la atención la cantidad de similitudes que ha habido en las diferentes reacciones a lo acontecido, lo cual me hace pensar que, lamentablemente, no aprendemos de las experiencias. Caemos en los mismos errores. 

En aquella ocasión, lo primero que se decidió hacer fue vallar los Jardines de Murillo, el lugar donde se reunía buena parte de la juventud sevillana y donde tuvo lugar el suceso. En estos días, en Madrid, lo primero que se le ocurrió a la alcaldesa de allí fue anunciar que no se alquilarían más los recintos municipales para macrofiestas. Esto es como taparse los ojos para no afrontar la realidad. Como si haciendo eso, las cosas malas no fuesen a ocurrir. Como si por cerrar los Jardines, la juventud fuese a dejar de salir o como si no alquilando recintos, las macrofiestas y conciertos se fuesen a dejar de producir. 

A mi amigo lo tacharon de pandillero y busca broncas porque es más fácil pensar que esas cosas les pasan a los chicos malos, para así deducir que las cosas van bien y que los que se comportan mal sufren las consecuencias. Mientras, en Madrid le echan culpa a una bengala, a unos jóvenes bebidos que provocaron una avalancha o a esta juventud que anda descarriada. Luego nos enteramos de que el aforo se sobrepasó con creces, que no controlaron la entrada de menores, que permitieron que se introdujesen bebidas, armas blancas, etc., y hasta que el local no tenía licencia desde hace años a pesar de ser del Ayuntamiento. Pero siguen vendiendo que esto les pasa a los busca broncas y a los jóvenes sin valores. Como si los que somos hoy más mayores no hubiésemos sido jóvenes y no hubiésemos salido a divertirnos en su época.

Y lo último ha sido lo del Fiscal General del Estado, que ha asegurado que detrás de lo ocurrido "hay todo un problema sociológico generacional, familiar, de estructura familiar, que hay que atender, pero sobre todo con la perspectiva de la legalidad"

Un problema sociológico generacional, familiar, de estructura familiar...

Que en un lugar donde caben diez mil entren veinte mil, no. Que se permitiera la entrada de menores, de botellas, de bengalas y de armas blancas, no. Que el recinto no tuviera licencia, no. Eso, no. El problema es familiar. La culpa es de los padres, que las visten como putas. O, como decía uno de los del partido republicano de EEUU, si las visten como putas, las violan y quedan embarazadas, hay que comprender que eso ese embarazo es la voluntad de Dios. Al final, el argumento es el mismo. La culpa no es del que delinque, sino del que ha sufrido el delito, por estar allí. El problema en Madrid no fueron las irregularidades en la organización que permitieron que ocurriese aquello, sino que aquellos chavales estaban allí porque sus familias están desestructuradas. 

Váyase a tomar por culo. Ya está, ya lo he dicho. 

Mi familia no está desestructurada y yo he hice de todo para divertirme cuando era más joven. La familia de mi amigo Alejandro, a quien mataron hace catorce años, no estaba precisamente desestructurada, más bien todo lo contrario. Y él no era un pandillero. Si queréis saber más de él, leed el post que enlacé al principio. Las familias de las chicas que murieron no tienen por qué estar desestructuradas. De hecho, una de ellas es del Opus Dei. Por tanto, ¿qué le hace pensar a este hombre que el problema es ese? Y yo no digo que en España la educación sea lo bastante mala como para que haya chavales con los papeles perdidos que se dedican a hacer el cafre por ahí. Pero, ¿eso es nuevo ahora? 

Pongo un ejemplo: ¿Han visto ustedes una película llamada "Historias del Kronen"? O mejor, ¿han leído el libro? (el libro fue antes que la película, como normalmente ocurre). Lo escribió Jose Angel Mañas en 1994 y cuenta la historia de un grupo de chavales madrileños que viven por y para la fiesta, el alcohol, las drogas y el sexo. Son la mayoría chicos bien, provenientes de familias asentadas, pero su estilo de vida es el que es y lo llevan a tal extremo que acaban por matar a uno de los integrantes de ese grupo de amigos. Lo matan por obligarle a beber cuando, por enfermedad, no puede hacerlo. El libro es de 1994 y no exagera. Yo conocía, y conozco, gente así. Hace, pues, cerca de 20 años. Muchos de los chavales que eran jóvenes entonces, ahora ocupan cargos de responsabilidad. ¿Y quieren hacernos ver que esto es nuevo ahora? ¿Ahora están desestructuradas las familias y por eso pasan cosas como lo del Madrid Arena? ¿De verdad se piensan que somos así de imbéciles  ¿A mí me lo van a decir, que perdí a uno de mis mejores amigos hace ahora 14 años por culpa de un cafre como el de Historias del Kronen o de los que formaron la que formaron en Madrid este fin de semana?

Repito, váyase a tomar por culo. Ya está, ya lo he dicho otra vez. 

Yo cumplo 38 años este domingo. Ya no soy un chaval, pero no recuerdo tan lejana la época en la que lo era. Yo he salido de fiesta a arrasar con todo. Yo he probado todo tipo de drogas, he bebido, he fumado (sigo haciéndolo), he hecho absolutamente de todo. Nunca abusé, nunca me enganché a nada porque no lo permití. Una cosa es probar, y otra abusar. Pero, cuando uno es joven, no ve el peligro como lo hacemos los que somos más mayores. Tratamos de vivir a tope, yo ya no soy un chaval, pero me acuerdo de cuando lo era. Me acuerdo perfectamente porque dejé de serlo hace no tanto. Ahora soy padre. Mi hijo es aún muy pequeño, pero llegará el día en que sea un joven que quiera conocer y experimentar. Como me pasó a mi. Y yo, por muy buen padre que sea y por muy estructurada que esté la familia que he formado, lo único que puedo hacer es explicarle lo que está bien y lo que está mal, advertirle de los peligros, enseñarle. Y cuando salga por ahí, confiar en que esas explicaciones han sido certeras y esperar que él me haga el caso suficiente como para probar, pero no abusar. Yo lo hice. ¿Qué me puede hacer creer que él no lo va a hacer también?

En definitiva, sólo puedo educarle para que sea capaz de enfrentarse al mundo con ciertas garantías. Pero lo que sí que exigiré es que los lugares a donde vaya a divertirse tenga licencia. Que los organizadores cumplan la ley y no permitan que se sobrepase el aforo, ni que entren botellas, ni bengalas ni armas. Exigiré que las autoridades cumplan las normas. Y sobre todo, que si no las cumplen, que los responsables paguen y no intenten convencerme de que soy un mal padre que no educo bien a mis hijos. Que por mi culpa, por mi mala acción, pasan las cosas que pasan. 

Yo hace mucho que aprendí que nuestra sociedad es muy hipócrita. Que a veces nos creemos tan buenos que no no s damos cuenta de que estas cosas nos pueden pasar a nosotros. En España hay un problema de educación, por supuesto. EN España hay familias desestructuradas, y chavales desacarriados (y no tan chavales, también), y delincuentes, y mala gente y todo lo que uno quiera imaginar. Hay muchos problemas, muchas carencias, muchas cosas mejorables. Pero la culpa no es del agredido por pasar por allí, sino del que agrede. La culpa de que apuñalasen a mi amigo no es de mi amigo por ser pandillero, sino del que apuñaló. Y la culpa de que unas chicas murieran por aplastamiento en Madrid fue de quien permitió que entrase en el recinto el doble de las personas permitidas. No de la actitud de unos chavales que estaban de fiesta. La misma actitud que hemos tenido todos alguna vez cuando fuimos jóvenes. 


lunes, 5 de noviembre de 2012

Como si le hablara a un crío de tres años

Voy a hacer un reducidísimo resumen del partido que yo vi ayer: 

El Sevilla dominó de cabo a rabo a un rival que se limitó a poner el autobús debajo de la portería, pero no le ganó porque no fue capaz de materializar ninguna de las cinco ocasiones claras que tuvo: Negredo, Babá, Medel, Navas y Campaña. 

Ningún equipo del mundo es capaz de hacer un partido brillante contra un rival encerrado atrás como ayer el Levante. Que le pregunten al mejor equipo del planeta y sus peripecias contra el Chelsea en los últimos años. 

Esto no quiere decir que el Sevilla sea un equipo de gran calidad. Tampoco que la planificación de los últimos años haya sido buena. Ni siquiera que con lo que tenemos podamos aspirar a mucho, poco o regular. No quiere decir nada de eso, eso son otros debates. Digo lo que yo vi en la noche de ayer. 

El mayor problema del Sevilla es el gol. El mayor, no el único. No digo que no tenga más, digo que es el mayor. Ya sé que estoy escribiendo como si me dirigiera a mi hijo de tres años, pero es que a veces es necesario hacerlo así para que te comprendan. Que los hay muy listos para hablar de transiciones, de desplazamientos de balón, de balances defensivos - ofensivos y de sistemas ideales de juego, pero luego no son capaces de entender lo que uno quiere decir. Y como seguramente será al revés, que soy yo el que no se sabe explicar, pues lo cuento como si me leyeran niños chicos, a ver si así dejo clara mi postura. 

Como digo, el mayor problema del Sevilla es el gol. En la mayoría de los partidos que no hemos ganado, tuvimos ocasiones de ponernos por delante en el marcador. No de marcar simplemente, sino de ponernos por delante. Y seguramente, estando por delante, las cosas se podrían haber desarrollado de otra manera. Pero obviando esto que acabo de decir, que no son más que conjeturas, sin en Vallecas hubiera entrado un penalty (un penalty, no los dos ni ninguna de las numerosísimas ocasiones que tuvimos) y si ayer Babá, o Campaña, o Medel o quien fuera, la mete, ahora tendríamos cuatro puntos más y estaríamos en puestos de Champions. Del robo contra el Barcelona no hablo. 

Para como está el Sevilla y como están los demás (insisto, hijo mío, y como están los demás), o sea, por méritos propios y deméritos ajenos, esa es la posición que deberíamos ocupar ahora mismo. Pero lo que hay es lo que hay. La realidad es la realidad. Si no la metes, no puntúas. Y si no puntúas, bajas en la clasificación. (Lógica aplastante para niños)

Falta meterla. Falta el gol. No más delanteros necesariamente (que también), sino que los que hay las metan. Los delanteros y los demás, que también juegan y podrían aportar algo más en ese sentido. Sea como sea, lo que falta es el gol. Si un penalty de los de Vallecas y una ocasión de las de ayer hubiesen entrado, estaríamos en puestos Champions. Y eso jugando tan mal como los expertos y enteraos aseguran que estamos jugando. Pero no las metimos. No hicimos gol y esto es lo que hay. Lo demás son debates estériles en los que no voy a entrar porque no tengo los conocimientos necesarios. Yo no soy entrenador, no entiendo de disposiciones tácticas, no sé argumentar los motivos por los que es mejor un 4-4-2, un 4-3-3 o un 4-2-3-1. No hasta el punto al que llegan otros, con lo que mejor me callo y atiendo. No sé distinguir si un jugador al que le sale un mal partido es porque es muy malo, porque no está implicado, porque está medio lesionado, porque el entrenador le pone en el puesto que no es el suyo, porque sus compañeros lo hacen mal y le obligan a desdoblar sus esfuerzos o porque su hermano ha tenido un accidente de tráfico, está hospitalizado y muy grave y eso le afecta a la concentración. Y como no lo sé, me callo. Esos debates se los dejo a los que sí que saben. Que supongo que lo sabrán todo (incluidas posibles circunstancias personales de los futbolistas) para hablar con tanta seguridad. Yo al menos confío en ello y les hago caso...

Lo que sí que sé es que, a pesar de todo eso de lo que no hablo porque no entiendo ni conozco, si el Sevilla hubiese metido algún que otro gol más, estaríamos más arriba. Si encima jugase bien, sería ya la hostia. Y si, además, repito: además, aparte de todo eso, no exclusivamente, sino aparte de todo eso (creo que mi hijo ya ha entendido la salvedad en la que insisto), el mejor grupo de animación de toda España se dedicase a animar al equipo, posiblemente nos irían mejor las cosas. Porque todos sabemos que eso es así, ellos los primeros. Y también que están utilizando el daño que hacen al equipo, al Sevilla, con su actitud como arma de presión contra la directiva en defensa de sus intereses personales. No de los intereses del Sevilla, sino de los suyos personales. O grupales. Que esto no quiere decir que la directiva sea mu güena y ellos un espanto. No, no quiere decir eso, hijo mío de tres años. Quiere decir que están utilizando el daño que le hacen al Sevilla como arma arrojadiza. Por mucha razón que puedan tener y muy mal que lo esté haciendo la directiva, eso es así. Y eso no hace mejor a la directiva, pero sí los hace peores a ellos. 

Sinceramente, con la mano en el corazón, me gustaría que se dieran cuenta de que si vuelven a animar, no dan un paso atrás en su lucha. Hay muchas, muchísimas formas de protestar, de reivindicar, de denunciar, de presionar. Muchísimas, y podrían escoger otras que no fueran las que le hacen daño al equipo. Seguramente muchos sevillistas que ahora no están con ellos se unirían a su causa. Hay muchos sevillistas disconformes con la gestión de la directiva que apoyarían esa protesta y esa denuncia si, haciéndolo, no perjudicasen al equipo. Ganarían adeptos y, casi seguro, poder de presión. Y también estaría genial que no menospreciasen al resto de sevillistas.

Claro que, viendo la forma en la que se expresan, esto no es más que una quimera. Sería fantástico que lo hicieran y saldrían ganando con ello, pero no creo que lo veamos. Es cierto que hace un tiempo dije que no hablaría más del tema, pero a veces uno no aguanta más y necesita desahogarse. 

Sea como sea, no nos queda otra que seguir adelante. A pesar de la decepción y de la cada vez menor confianza que me da el equipo. Afortunadamente, aún estamos en la jornada diez. Está todo por hacer. Sólo falta que lo hagan. Y que yo lo vea.

Creo que al final me ha quedado un post demasiado complejo para que mi chaval lo entienda. Qué le vamos a hacer.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Lo indefendible

La mente humana tiene a menudo unos comportamientos que resultan cuanto menos curiosos. En este caso, hablo por mi exclusivamente. Después de derrotas lamentables como las de Vigo o Zaragoza, mi mente se agarró a una serie de justificaciones que las explicaban y las expuse en este blog. Defendía lo que muchos consideran indefendible y trataba de argumentarlo lo mejor que podía. El caso es que yo mismo me creía lo que estaba diciendo. Creía en ello, de todo corazón.

Anoche, sin embargo, después de ver ganar a mi equipo y de casi sentenciar la eliminatoria, mis sensaciones son completamente diferentes, lo cual, desde una lógica aplastante, no tiene ningún sentido. Sobre todo teniendo en cuenta que los partidos que hizo el Sevilla en ocasiones anteriores y el de ayer son de un corte muy parecido. O, quizás, sea precisamente por eso.

Vaya por delante que yo mantengo todas mis esperanzas mientras el equipo vaya ganando o logrando los resultados necesarios para que las espadas estén en todo lo alto. Si estamos ahí, dentro de donde se supone que debemos estar o a tiro de piedra de ese sitio, me siento conforme porque, por muy mal que estemos jugando, eso no provoca que nos alejemos del objetivo. O dicho de otro modo, si jugando mal estamos ahí, cuando juguemos bien nos salimos. Vamos, que lo importante son los resultados, muy por encima de cualquier otra consideración.

Pero es que llevo ya tanto tiempo teniendo paciencia y buscando justificaciones que a veces uno se harta y se pregunta que hasta cuando. Las justificaciones estaban bien cuando Jiménez, por ejemplo, una época en la que el equipo no jugaba, pero ganaba y obtenía buenos resultados, clasificaciones europeas e incluso títulos (la última Copa del Rey, aunque la final se jugó con el sustituto del de Arahal). Pero es que desde entonces es difícil justificar lo injustificable.

Y eso que yo pienso que tenemos plantilla. Que hay buenos jugadores, algunos incluso muy buenos. Y cuando digo muy buenos, me refiero a futbolistas que aspirarían a la titularidad en los mejores equipos del mundo. Pero no entiendo por qué pasa por aquí un entrenador tras otro y ninguno es capaz de cambiar el espíritu tan triste que caracteriza a este equipo desde hace ya demasiado. Parecía que Michel había encontrado la clave, o al menos que hacía jugar a la plantilla con algo más de intensidad. Pero desde la derrota contra el Barcelona, y salvando el partido de Mallorca que casi se pierde, el Sevilla vuelve a ser ese conjunto fallón, sin alma y con poco carácter. Un equipo que regala errores en defensa que suponen puntos y que falla lo infallable arriba, desesperando al personal. A mi al menos.

Insisto, ya no se me ocurren justificaciones, me quedo sin argumentos, a veces me siento hasta ridículo tratando de encontrar motivos. No entiendo por qué un equipo como el Levante es capaz de superarnos en la clasificación porque, comparando plantillas, somos mejores de calle. No entiendo como un Betis de la vida se llevó todo el año pasado codo con codo con nosotros y esta temporada están otra vez por encima cuando, sobre el papel, deberíamos ser muy superiores. Y esto no es una mala racha, sino que llevamos así varios años.

Cuando digo esto, no me estoy acordado del Sevilla de los títulos. Aquello fue un episodio mágico de nuestra historia que yo tuve el enorme privilegio de vivir en directo. No pretendo que se repita, ni siquiera creo que pueda ser posible alguna vez. Para mí, aquello fue como cuando te toca la lotería. Ocurre una vez en la vida, si ocurre, que la mayor parte de las veces ni eso. Pero creo que tenemos entidad y plantilla como para estar más arriba, mejor, para ofrecer otro tipo de cara, para darle al aficionado otra cosa. Y lo digo yo que soy de los que se conforman con poco. Con muy poco.

Puede que sea porque llevamos unos días un tanto tristes en lo que al clima se refiere o porque todo el mundo pasa rachas y rachas, unas mejores y otras no tanto, pero el caso es que anoche quedé muy decepcionado con el Sevilla. Me alegro sobremanera del resultado y sigo esperanzado en que la cosa mejore, sobre todo porque, como decía antes, las espadas están en todo lo alto. Pero no veo el momento de que el equipo muestre lo que sabe con un poco de regularidad, de manera que los aficionados nos podamos agarrar al algo. La fe ciega no existe, y hasta el más optimista tiene un límite.

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