martes, 30 de julio de 2013

La mayoría silenciosa

Si algo he aprendido en estos últimos años de mis admirados Guardianes de la Memoria ha sido a comprender un poco mejor la forma de ser de un colectivo tan diverso como es el Sevillismo. Sé que los Guardianes hablan sobre todo de la historia de nuestro club, pero es gracias a ella como podemos saber de donde venimos, qué hemos vivido, que nos han dejado como legado nuestros antepasados y por qué somos como somos. También sé que el Sevillismo está compuesto por cientos de miles de personas, cada una de su padre y de su madre, cada una con su opinión y su modo de ver las cosas. Pero, por lo general, dentro de esa diversidad y aparte del sentimiento, tenemos algo en común. Algo que nos hace iguales. Algo que marca la forma de ser de un colectivo formado por tanta gente diferente. 

La comparación más común que se hace (por mera cuestión de cercanía, de vecindad) es con el beticismo. El beticismo tiene otra forma de ser, otra manera de entender lo que ocurre alrededor de este deporte, que para muchos es lo mas importante dentro de las cosas que no tienen importancia. Por supuesto, generalizar es injusto. Hay sevillistas cuya manera de pensar se acerca más a la generalidad del beticismo, y béticos a los que les ocurre lo mismo, pero en sentido inverso. Pero, como colectivo, la cosa parece clara, y se demuestra en nimiedades como esa noticia que salió hace poco y que aseguraba que, mientras el Betis es uno de los equipos que más simpático cae, al Sevilla le ocurre justo lo contrario. La forma de ser de cada colectivo proyecta una imagen diferente, y el resultado es el que es. 

A diferencia de esa simpatía bética, el sevillismo es arrogante, soberbio, casi engreído. Y a la vez exigente. Muy exigente. Tanto, que quien no nos conoce bien se pregunta qué nos hemos creído. Que si por ganar un par de títulos ya nos pensamos que somos más de lo que somos. No entienden que los sevillistas sabemos lo que somos y que quienes no lo saben son ellos, porque, por diferentes motivos, los resultados del equipo en las últimas décadas no se han correspondido con lo grandeza del club. Y esto lo sabemos gracias a los Guardianes. El eterno campeón de Andalucía, títulos en los años 30 y 40. Un equipo que se mueve en las alturas durante los 50 y hasta casi principios de los 60. Teniendo en cuenta la fecha de fundación, el Sevilla ha sido grande durante muchísimo más tiempo que pequeño. Lo que pasa es que ha sido pequeño en tiempos más recientes, es decir, los tiempos que mejor se recuerdan por ser los más cercanos. Hasta la primera década del siglo XXI, en la que recuperamos nuestro sitio. El Sevilla no es un equipo pequeño que se ha venido arriba. Es un equipo grande que ha vuelto a su condición. Eso el equipo, que el sevillismo nunca la perdió. Es lo que decía antes que nos hace iguales a tanta gente diferente. Es lo que marca nuestra forma de ser como colectivo. Y es lo que he aprendido gracias a los Guardianes de la Memoria. Yo, que, por la edad que tengo, nunca conocí épocas de grandeza, pero sí que me sentí parte de algo grande gracias a lo que me transmitieron mis mayores. Tenía el sentimiento, pero no lo comprendía. Ahora, sí. 
Y esto que digo me permite, a su vez, comprender otra multitud de cosas. Si conoces la forma de ser de alguien, sabrás (o al menos intuirás) cómo va a reaccionar ante según qué estímulos. Con el sevillismo ocurre lo mismo. Ayer dijo el presidente que se aspira a alcanzar los 35.000 socios, lo cual sería un grandísimo éxito. Y se creó una especie de debate acerca de por qué el sevillismo ha reaccionado de una manera tan positiva después de dos temporadas nefastas y de vender este verano a su dos mayores estrellas. Visto el asunto desde fuera, no tiene ningún sentido. Hay quienes hablan del abaratamiento de los abonos (a pesar del asunto del carnet infantil). Hay quienes aseguran que es por la aparentemente magnífica planificación de esta temporada. Hay quienes no se lo explican. Incluso, hay quienes están jodidos (aunque nunca lo reconocerán) porque esperaban una hecatombe que diera la razón a sus apocalípticos discursos. 

Nada más lejos de la realidad. 

Mi amigo César Vizcaíno acuñó hace un tiempo una expresión que viene al pelo a este caso. La de "mayoría silenciosa". Se refiere al grueso del sevillismo. Ese que no tiene un altavoz desde el que proclamar sus soflamas, desde el que hacer ruido. Recordemos que no por hacer más ruido se es más grande, ni más numeroso (caso de un colectivo) y mucho menos se tiene más razón. Si juntamos a cien personas en un local, 99 permanecen calladas y uno habla, solo se escucha a ese uno, pero eso no quiere decir que lo que diga ese uno es lo que piensan los otros 99. Pues bien, el sevillismo es lo que es, lo que los sevillistas sabemos que es. El sevillismo es grande, es exigente y pide lo que tiene que pedir. El sevillismo, la mayoría silenciosa, desde sus pequeñas atalayas (a veces diminutas), elogia cuando tiene que elogiar y critica cuando tiene que criticar. Cada uno desde su punto de vista, unos verán mejor unas cosas y otros, otras. Pero, por lo general, se elogia cuando se tiene que elogiar y se critica cuando se tiene que criticar. 

A veces, el punto de vista de la mayoría del sevillismo coincide con la soflama última del dueño del altavoz que mencionaba hace un momento. Y a veces, ese sujeto dueño se viene arriba considerando que el sevillismo está de su lado, llegándose a creer abanderado de cierta causa. Pues bien, ese sujeto no tiene ni puta idea de lo que es el sevillismo. Porque el sevillismo no es seguidista, no es borrego, es justo lo contrario. Puede que sus reclamaciones coincidan un día con sus obsesiones, pero mañana, cuando esas reclamaciones sean atendidas, la queja del sevillismo desaparecerá. ¿Ocurrirá lo mismo con la obsesión?

Hay sevillistas que se quejan por el asunto del carnet infantil. Otros no comprenden cómo hemos dejado ir a Campaña y Luis Alberto. Los hay que ficharían a otro portero, o a un medio centro "stopper", o a un delantero "tanque". Algunos no ven bien la renovación de Fazio, o hubieran largado a Reyes o a Fernando Navarro, hay gente pa tó. Existen sevillistas, incluso organizados, que se quejan de cierto oscurantismo en la gestión de la directiva. Hay quienes llegan a pedir la cabeza de Del Nido y compañía, a pesar de reconocer que este año se han hecho las cosas mejor. Consideran que en las últimas temporadas se hicieron tan mal que ya no tienen crédito, por mucho que, en principio, hayan salvado al barco del naufragio. Hay, en definitiva, multitud de opiniones, de puntos de vista, de maneras de ver las cosas. Si hay hasta gente que lo ve todo bien. Es lo que pasa, como decía al principio, cuando un colectivo lo componen cientos de miles de personas, cada una de su padre y de su madre. 

Pero, como vengo insistiendo, hay algo que nos une. Podemos buscar la explicación al éxito de la campaña de abonados en muchos factores. Habrá quienes lo consideren como consecuencia de la disminución de precios, o de la campaña de marketing, o de la ilusión por alguno de los fichajes, o del hecho de que haya un avioncito con publicidad sobrevolando las playas del Poniente andaluz. Y todo eso tendrá su efecto, que no digo yo que no, pero pienso que la clave hay que encontrarla en otro sitio. 

La clave está en la mayoría silenciosa. La que no tiene un altavoz y, por tanto, la que no hace ruido. La que no mira la cara de quien está sentado en el despacho, sino el escudo que preside la estancia. Bueno, la estancia y el estadio en su fachada principal. La que no sigue a nadie porque sí, sino que tiene su opinión, aunque dicha opinión pueda coincidir en un momento dado con la de algún salvapatrias determinado. La que siente el sevillismo sin condiciones, la que defiende a su equipo sin importarle si le gusta más o menos el diseño o el color de una camiseta (que el gusto lo tiene, pero no es un factor decisivo). La que sabe distinguir cuando un futbolista es apto o no para el Sevilla, entendiendo por apto a una mezcla conveniente de calidad y compromiso. No vale mucha calidad y cero compromiso. Y el contrario, tampoco. La mezcla, ahí está la virtud. 

En definitiva, aparte de su opinión sobre ciertas cosas, aparte de si le cae mejor o peor el presidente, el directivo tal, el directivo cual o el consejo al completo, aparte de haberse sentido maltratado el año pasado por tener su localidad en cierto lugar del estadio, aparte de haber tenido que pagar más por el carnet de su hijo (o no renovarlo directamente)... aparte de lo que sea, de muchas o de pocas cosas, la mayoría silenciosa del sevillismo sabe que este año se están haciendo las cosas mejor. Sabe que el equipo tiene buena pinta. Tiene ilusión. Y eso no es debido a una especie de catarsis tipo "loquedigadonmanué", sino a un conocimiento, a una sabiduría. Igual que estos últimos años ha cargado contra todo por las malas planificaciones, este verano la cosa es diferente. 

La mayoría silenciosa es sabia. La mayoría silenciosa es el sevillismo. Ese que se sabe grande, haga lo que haga el equipo. Ese que lleva más de cien años siéndolo. Ese que está por encima de cualquier presidente, directivo, entrenador, jugador o salvapatria de la vida. Ese que solo se abraza al sentimiento y que sabe cuando aplaudir y cuando silbar. Ese que no se vende ante nada ni ante nadie. 


Ni borregos, ni oficialistas, ni delincuentes, ni mestallizados ni pelotas. 

SEVILLISTAS


miércoles, 24 de julio de 2013

¿Es el Sevilla más grande que el Betis?


Con este titular encabezó ayer el portal "Orgullo de Nervión" este escrito, que no es noticia, ni entrevista, ni declaraciones de nadie, ni columna de opinión. Por eso le llamo escrito. En él se hace referencia a las declaraciones de Víctor Machín (dejemos de llamarle Vitolo, como es su deseo) y de Guillermo Sara en sus respectivas presentaciones, diciendo que venían al mejor equipo de la ciudad. Luego disertan acerca de casos parecidos en otras épocas de la historia del fútbol, llegando a mencionar el "Caso Antúnez". Una extraña mezcla de churras con merinas de la que no se saca nada en claro y que tiene como resultado que, al final, el lector no sabe bien qué han querido decir en el artículo que acaba de leer. 


Vayan por delante dos cosas: primero, que este portal al que aludo es de los pocos medios que me parecen verdaderamente serios y que me ha sorprendido mucho leer esto en un lugar así. Y, segundo, que, a mí, ese tipo de declaraciones populistas de algunos jugadores cuando llegan a Sevilla me parecen una gilipollez. Para los sevillistas, el mejor equipo, no ya de la ciudad, sino del mundo, es el Sevilla. Y a los béticos les ocurrirá lo mismo con el Betis. Me parece de pequeños acordarse del otro equipo de la ciudad el día de tu presentación. Supongo que habrá gente a la que les guste ese tipo de declaraciones, pero conmigo ocurre todo lo contrario. Como digo, me parecen una gilipollez. 

Ahora bien, y volviendo al artículo mencionado, otra cosa es lo que diga gente con formación y su dosis de responsabilidad (como son los periodistas). Yo entiendo que en verano hay escasez de noticias y las páginas a rellenar son las mismas. O casi. Pero es que hay cosas de las que es mejor no hablar. Hay jardines en los que, o te metes de verdad, o no te metes. Es perfectamente comprensible que un medio sevillano no quiera herir las sensibilidades de sus clientes potenciales en ambos bandos. Es decir, que se trate de igual por igual a Betis y Sevilla en lo que a la información se refiere (nº de páginas, tiempos en radios y televisiones, etc). Al fin y al cabo, el número de simpatizantes de un lado y de otro es más o menos el mismo. Pero meter la palabra "grandeza" en un debate entre Sevilla y Betis es, como decía antes, un jardín en el que es mejor no meterse. Y que si te metes, has de hacerlo de verdad, porque si no, quedas en ridículo; y es peor el remedio que la enfermedad. 

Clasificación histórica de la Liga
www.lfp.es
Que el Sevilla es un club más grande que el Betis es una perogrullada. Basta con tirar de historia, de estadísticas, de plantillas, de jugadores que han pasado por cada uno de los equipos, de internacionales, de participaciones europeas, de títulos..., de lo que uno quiera. La diferencia entre uno y otro es abrumadora, mucho más allá de que, en un momento dado, en una temporada aislada como la pasada, el más pequeño quede por encima. Y digo aislada porque sólo ha ocurrido dos veces en los últimos quince años. 

Pero aun reconociendo que, en este preciso instante de la historia, ellos están por encima, basta con fijarnos en la planificaciòn de la próxima temporada para comprobar la sideral diferencia entre uno y otro. Mientras uno vende a dos de sus estrellas por veintipico millones de euros cada uno, el otro hace lo propio con la única que tienen por ocho. Por ocho vendió el primero a un canterano con siete ratos en Primera División. Por otro lado, mientras uno se trae a jugadores del PSG, del Spartak de Moscú o del Chelsea, o a los mejores delanteros en sus ligas respectivas, el otro lo hace del Numancia, del Huachipato o de su madre bendita. El único fichaje contrastado que han hecho es el de Verdú, que nos vendría genial a nosotros, la verdad, pero como suplente de Rakitic. 

Para colmo, es que es la propia prensa, con su actitud, con su forma de tratar a uno y a otro, la que (implícitamente) está reconociendo la diferencia tan grande que hay. En ninguna parte encontrarán un escrito en el que se diga que la planificación deportiva del Sevilla (a priori) es infinitamente mejor que la del Betis. Cosa objetiva, que salta a la vista. Si ambos clubes fuesen igual de grandes, esa diferencia habría que resaltarla. No se hace. ¿Por qué? Pues porque al Betis no se le puede exigir lo que al Sevilla. ¿Por qué? 

¿Hace falta que responda?

Clasificación temporada 2013/2014
www.lfp.es
Oigan, que esto no quiere decir que, luego, ese entrenador tan bueno como bocazas que tienen conforme un equipo correoso y aplicado que se dedique a ganar partidos hasta el punto de que la diferencia en la tabla no refleje la realidad de las cosas. Que esto, no es que pueda ocurrir, es que es justo lo que pasó el año pasado. Pero no podemos confundir el tocino con la velocidad. Una cosa es que un equipo rinda mejor que otro, y otra muy diferente es la grandeza de una institución. Si yo me pongo a correr con Usain Bolt y el jamaicano tropieza, se cae, se tuerce el tobillo, llega a meta cojeando y yo gano la carrera, eso no me convierte en mejor corredor que él. Por mucho que le haya ganado una vez. Y eso que estaría por ver que le ganase aún corriendo cojo. 

Pero vayamos más allá. ¿Imaginan ustedes la que estaríamos montándole a Monchi y compañía si, para nuestro regreso a competición europea, nos traen a Cedric, a Sara, a Chuli y a los del Huachipato? Ojo, y esto reconociendo que, este año, el Betis está por encima y que, en teoría, los objetivos deberían de ser los mismos. O casi. ¿No somos igual de grandes? Sin embargo, si en el momento de mayor igualdad entre ambos clubes en los últimos 15 años, uno ve lo que está haciendo uno y otro, no tiene más remedio que aceptar la realidad: que esa igualdad es un accidente (como el supuesto de Usain Bolt) y que la diferencia entre ambos es abismal. 

Aún así, insisto, me parece normal y razonable que desde la prensa sevillana se quiera poner en un plano de igualdad a ambos clubes porque su masa de simpatizantes es más o menos la misma. Pero ese plano de igualdad, como decía antes, se debe referir al número de páginas de información, minutos de radio o televisión, etc. Ir más allá es meterse en un follón innecesario. Ir más allá implica reconocer la realidad o tener que enmascararla. Y un periodista no debe hacer eso, sino todo lo contrario, es decir, contar la verdad. 

jueves, 11 de julio de 2013

¿Otro año igual?

Corría el mes de agosto de 1988. Yo estaba sentado a la mesa, almorzando con mis padres y mis tres hermanos, y en la tele echaban el telediario. Tampoco es que hubiera mucho entre lo que elegir al respecto, ya que, en la época, sólo había dos canales de televisión: la primera y la segunda (también conocida como "el UHF"). Yo era aún demasiado joven como para que el noticiario me interesara un pimiento, pero la sección de deportes sí que me llamaba la atención, aunque apenas hablaran de lo que de verdad me ilusionaba: el Sevilla F.C. Aquel día, no obstante, sí que hicieron referencia a mi equipo. De hecho, al faltar muy poco para el inicio de la temporada futbolística, hicieron un repaso de los conjuntos que iban a disputar el campeonato en Primera División y calificaron al Sevilla como "el cuarto en discordia" (después de Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid), lo cual me hizo una enorme ilusión. 

Diego, con la camiseta del Betis
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Efectivamente, aquel año, el Sevilla había hecho, a priori, un equipazo. A pesar de haber traspasado a Ricardo Serna al Barcelona, el equipo se había reforzado bastante bien. En lugar de este, se trajo a Diego Rodriguez (internacional arrebatado al Betis, con el morbo que ello conlleva) . Aparte, se ficharon jugadores de categoría como Mino, procedente del Real Madrid, Zúñiga del Español y, sobre todo, Toni Polster. Más adelante también vino nada menos que Rinat Dassaev, considerado como uno de los mejores porteros del mundo, aunque aquí no lo demostró para nada. A ellos había que añadir a los Francisco, Bengoechea, Rafa Paz, Jiménez, Ramón, Salguero, etc., que ya estaban en una plantilla que iba a entrenar Javier Azcargorta. 

Rinat Dassaev y Toni Polster






Pues bien, aquel Sevilla, igual que le ocurrió el año anterior, fracasó por completo. No se descalabró, pero sí que rindió muy por debajo de las expectativas. Eran los tiempos en los que se estaba consolidando aquel cántico del "otro año igual". Cántico de lo más certero porque, efectivamente, eran todos los años iguales. Fichajes que ilusionaban; primeros partidos titubeantes que daban paso a una racha magnífica que ponía al equipo en la zona noble de la tabla; bajonazo allá por marzo - abril (coincidiendo "casualmente"con Semana Santa y/o Feria); cambio de entrenador y reacción final desesperada que solía dejar al equipo a las puertas de la competición europea, pero rara vez dentro de las plazas que daban acceso a la misma. La temporada de la que hablo fue exactamente así. El equipo llegó a estar tercero durante la primera vuelta, pero se vino abajo. En primavera se destituyó al entrenador para dejar paso a Roque Olsen (con Pepe Ortega haciendo la interinidad entre uno y otro), el cual consiguió una reacción, pero no suficiente como para entrar en UEFA. El Sevilla acabó noveno. Otro año igual. 

Por cierto, ¿no les parecen las dos últimas temporadas del Sevilla preocupantemente parecidas a esta de la que hablo de finales de los años 80? En verdad, parecidas a casi todas de la segunda mitad de los 80 y la primera de los 90. 

Vicente Cantatore
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Para la temporada siguiente a la que acabo de mencionar, volvimos a ilusionarnos. El Sevilla arrebató al Betis a dos perlas de su filial, Conte y Carvajal, (otra vez humillando a los de enfrente) y aunque fichó a jugadores de perfil más bajo, se trajo a un entrenador de mucho prestigio como Vicente Cantatore. Y allí estábamos los sevillistas otra vez tocando las palmas. Siempre ha sido así. Nos ilusionamos con cualquier cosa y luego pasa lo que pasa. Al menos, salvo este periplo mágico que hemos vivido en los últimos años, así ha sido durante décadas. Por cierto, aquel Sevilla de Cantatore sí triunfó y se metió en UEFA, con un Polster imperial que marcó la friolera de 33 goles. Sólo fue superado por Hugo Sánchez, que hizo 38, igualando el récord histórico de Zarra. Récord que se mantuvo hasta hace muy poco. Hasta la irrupción de Messi y Cristiano Ronaldo, aunque esta otra historia que me interesa casi cero. 

Pues bien, este año, como todos en general, anda el sevillismo ilusionándose en grado sumo con el equipo que se está formando. Y podríamos pensar que es lo mismo de siempre. Que es "otro año igual". Que hemos vuelto a aquello que teníamos hace 20 o 25 años. Mucha ilusión, muchas ganas, una buena racha, un bajonazo, cambio de entrenador y novenos al final. Llevamos dos años seguidos exactamente así. Exactamente igual que hace 20 ó 25 años. Pero creo que las cosas son diferentes ahora. Hay un matiz que las hace diferente. 

El nivel de exigencia del sevillismo actual es mucho mayor que el de entonces. El sevillismo actual ha visto a su equipo en lo más alto. De hecho, sevillistas de 20 años o menos casi no han visto otra cosa que a un Sevilla grande. Un sevillista que tenga la edad que yo tenía en 1988 ha crecido viendo al equipo ganar títulos, cuando el sevillismo de mi época adolescente celebraba en la Puerta de Jerez una clasificación para la UEFA. Este año nos hemos clasificado, de rebote, sí, pero igual fue en otras ocasiones y lo celebramos. Este año, no hay tal celebración. Ni mucho menos. Ese es el matiz. La exigencia. Somos mucho más grandes que entonces. Y mucho más exigentes. Y aún así, nos estamos ilusionando. El listón está muy alto, pero nos estamos ilusionando. 

Sin embargo, a pesar de ese matiz, yo no puedo evitar acordarme de aquel verano de 1988. Éramos considerados los cuartos en discordia. Igual que ahora. Detrás de Real Madrid, Barcelona y Atlético, parece que vamos nosotros. Ojo, y a los colchoneros les podemos echar el lazo. Al menos así lo sentimos. Eso sí, los dos últimos años fueron como los del "otro año igual". Exactamente como aquellos. Exactamente. ¿Qué podemos esperar?

Seguramente, los sevillistas que han crecido viendo al equipo ganar títulos se acordarán de esta época y pensarán que estos dos últimos años no han sido más que un accidente. Un periodo en el que, por la razón que sea, se han hecho las cosas mal, pero que ha sido superado y este verano se vuelve al redil. A lo que ellos conocen. Otros como yo, no obstante, acostumbrados a otra cosa, lo vemos de manera diferente. Tememos que el accidente real fue el Sevilla de los títulos (un accidente positivo, claro), pero que lo normal es lo otro. Y que hemos vuelto al redil, efectivamente. Al "otro año igual". 

Creo que esta temporada va a ser fundamental en ese sentido. Y las dos siguientes, si queremos dar al Consejo la oportunidad de cerrar ese ciclo de tres años del que hablan. De lo que se haga en estos años dependerá si nos hemos asentado en la élite del fútbol español, o si aquello no fue más que un bonito sueño hecho realidad, pero que, una vez despiertos del mismo, volvemos a lo que somos. A lo que siempre (o casi siempre) hemos sido. Al menos para lo que recuerda mi generación. 

lunes, 8 de julio de 2013

Aficción..., y vergüenza

Hace unos años, en verano, estando en la playa con unos amigos, fui testigo de una escena que me pareció verdaderamente lamentable. Un equipo de televisión se desplazó hasta allí (no sé por qué eligieron ese lugar) y comenzó a preguntar a diversas personas que si estarían dispuestos a que se les grabase, ya que estaban realizando la típica "noticia" para telediarios en la que muestran cómo se soporta el calor en distintos puntos del país. Unos chavales jóvenes que estaban sentados en la arena cerca de nosotros se mostró de acuerdo en un principio, aunque luego rechazaron la idea porque aquellos "periodistas" se empeñaron en que bailaran sevillanas para así "mostrar" al país que en Andalucía, ni el calor nos quita las ganas de fiesta. Los "periodistas" insitieron e insitieron, y se volvieron tan pesados que uno de aquellos muchachos llegó incluso a encararse a uno de ellos. Afortunadamente, los de la cámara y el micro tuvieron que marcharse sin su deseado "reportaje", aunque quien sabe si no lo lograrían en algún otro lugar. 

A mí estas cosas me molestan una barbaridad, como supongo que le ocurre a cualquier persona con un mínimo de sensataez. Pero es lo que hay, es la fama que tenemos: la de vagos, incultos, catetos.... Y, lamenteblemente, creo que nos lo tenemos merecido porque poco hacemos para evitarlo. Posiblemente, es que hay poco en nuestra mano para eso, al menos a corto plazo, aunque eso poco lo deberíamos llevar a cabo sin dudarlo. Y mucho me temo que algunos de los que pueden, no lo hacen. 

Ayer por la tarde echamos unas risas en Twitter a costa de la imagen que ven a continuación.

No sé quien es el responsable de semejante barbaridad, no sé si es una forma de llamar la atención. Ni siquiera sé si es un montaje de quien sea para reírse de los otros. No tengo ni idea. Lo que sí que sé es que, a costa de eso, el hashtag #estilobetis fue trending topic en España. Y estas cosas lo único que hacen es fomentar esta absurda fama que tenemos, aunque seamos nosotros mismos los que nos riamos de ella. Claro que si nos reímos nosotros, no podemos luego quejarnos de que se rían también los demás. Ni tampoco de que nos metan a todos en el mismo saco. 

Ojo, y no estoy recriminándole nada a nadie. Es más, yo fui el primero en reírme y en dar pábulo a todo esto de lo que me estoy quejando. Lo que pasa es que, luego, uno lo piensa bien y se da cuenta del error que entre todos (o casi todos) estamos cometiendo. 


Yo no sé si es casualidad o si es verdad que hay un #estilobetis muy marcado y definido. Sea como sea, generalizar es absurdo. Conozco muy buenos béticos que se llevan las manos a la cabeza con estas barbaridades. Pero es que no pueden dejar de reconocer que estas cosas siempre pasan en la misma acera. Siempre. Que yo no digo que en el sevillismo no haya frikis, que los hay, no puede ser de otra manera cuando hablamos de un colectivo de personas tan numeroso, pero es que se notan más en el otro lado. 



Que si el que fuma por el ojo, que si el que se lleva al campo las cenizas de su padre en un bote, que si el del escudo de pan, que si el de la cabra que que dice "Beee" y el dueño que dice "tiiis", que si el cartelito que pone "Uropa" en lugar de Europa, que si Palmerín se va a El Rocío... ¿cuántos casos del estilo hay? Y ahora, esto. Y lo peor es que hay una caterva de personajes que se siente orgulloso de ello. ¿No va a ser un equipo que cae bien a la gente en España? Joder, si son el hazmerreír. A mí, al menos, me hicieron reír mucho ayer por la tarde. Y está muy bien eso de echar unas risas de vez en cuando, pero, en verdad, deberíamos tener un poco de cuidado con estas cosas porque al final crean tendencia. Al final se nos mete a todos en un mismo saco y pasa lo que pasa. Que no se distingue entre cachondeo y realidad y todo acaba con risas por todos lados, hacia todos nosotros y por cualquier motivos. Se nos toma a guasa, y gran parte de culpa la tenemos nosotros mismos. 



A mí, sinceramente, todas estas cosas me dan vergüenza, no lo puedo evitar. Vergüenza ajena que luego se convierte también en propia cuando salgo de Andalucía y me incluyen en el saco. Fuera de aquí, todos somos iguales. Fuera de aquí, por mucho que siempre salgan las estupideces en verde y blanco, lo que se piensa es que, en Sevilla, competimos a ver quien es más "gracioso", o sea, más estúpido. Que si Palmerín se va hoy al Rocío, mañana a la mascota del Sevilla se le ocurrirá otra "gracieta". Y da igual que trates de convencer al personal de que el Sevilla ni siquiera tiene mascota. Que la gente en general no es así, que es de otra forma. ¿Qué más da? Para ellos, esto no es algo lo bastante serio como para buscar información y conocer la verdadera realidad. Para ellos, esto es un cachondeo, un motivo para reírse, algo banal, trivial, les importa un bledo si es verdad o no. Se ríen y punto. Sus esfuerzos los emplean en las cosas serias, no en esto. Por tanto, ya te puedes hartar de dar explicaciones. Pasan de ti y se siguen riendo. 


Sé que esta tribuna no tiene la capacidad de llegar casi a ningún sitio, pero aún así pido que se tenga un poco más de cuidado. Que nosotros no somos así. Que esto es propio de gente que se empeña en hacer el idiota. Que, incluso, la mayoría de los béticos no son así, aunque lo fomenten, aunque lo defiendan. Aunque hasta te digan que en Sevilla también hay frikis, como si eso fuera excusa para hacer el ridículo. 

Esto es una vergüenza perfectamente evitable. Ni #estilobetis ni su madre bendita. Una vergüenza. Algo que nos afecta a todos los que somos de esta tierra, que hace que se rían de nosotros (no con nosotros, que es muy diferente). Y, lo digo de corazón, si el hecho de que el Sevilla sea de los equipos que peor caen en España es señal de que nos distinguen por completo de estas actitudes de los béticos (ya que el Betis sí que cae bien), pues bienvenido sea. Sinceramente, prefieron caer mal a que me tomen por sopa. A que se rían de mi. 

miércoles, 3 de julio de 2013

Si está bien, si es tan fácil ¿por qué duele así?

Nunca me gustaron los actos de despedida. Me parece bien que se quiera honrar a quien merezca dicha honra, agradecer el esfuerzo a quien lo ha hecho y todas esas milongas, pero una despedida ha de ser espontánea, que salga de dentro, como la de Palop en el último partido de liga. Como el beso que das a un ser querido en el andén de una estación. Lo que sale de dentro. Lo otro..., lo otro está preparado. Lo otro vale como acto institucional, como protocolo, pero no para mostrar los sentimientos. 

Lo de ayer de Navas estuvo muy bien organizado y sin duda era necesario y merecido, pero como despedida fue un mojón. Sin una afición que le ovacionase hasta secarle los ojos de lágrimas, lo demás no es más que protocolo. Y a mi los protocolos no me gustan. La verdad es que no entiendo demasiado bien qué problema había para organizar una despedida en condiciones, con la afición allí (hasta cierto aforo, como es lógico) mostrando al jugador la realidad de las cosas. El cariño que se le tiene. Que se llevara eso a su nueva casa. Que se llevara algo que le hubiese llegado al alma, que nunca olvidase, no la figurita esa de su bota derecha, que está muy bien, pero poco más. Eso es como el marquito de plata que te regalan cuando te casas. Muy bonito, muy caro y muy emotivo quizás, pero a ver quién coño lo cambia por el festín de la noche de bodas. Navas se va sin noche de bodas. Pero con una ceremonia muy trabajada y un marquito de plata precioso. 

Vamos, no me jodan. 

Un par de discursitos (magnífico el Sr. Machuca y magnífico su artículo) palabritas del presidente, palabritas del jugador, todos contentos y se acabó. ¿Y se acabó?

Las cosas no son así. No es tan fácil, tan bonito. 

Y eso que hablo sin saber demasiado. Apenas he visto un par de fotos del homenaje (el artículo mencionado lo leí en su momento). Por supuesto, ni se me pasa por la cabeza ver ni un minuto de los partidos que va a jugar el Manchester City con el Sevilla. Para mí, esto de que Navas se marche es como cuando te deja una novia sin que te lo esperes para nada. Puedes entender sus razones, puedes aplicar el sentido común y la sensatez en tus comportamientos. Puedes reconocerle todo lo que ha hecho por ti y los buenos tiempos que habéis pasado juntos. Incluso, puedes hasta ponerle buena cara, la mejor posible, cuando te la encuentres. Pero, en el fondo, te cagas en su puta madre. Aunque sea para tus adentros. Aunque no lo dejes salir al exterior. Incluso aunque te comportes como una persona civilizada si, por alguna razón, ella (o una referencia a ella) se vuelve a cruzar en tu vida. Y por supuesto, en la despedida, lejos de regalarle cualquier mariconada para que te recuerde en el futuro,  le sueltas todo lo que se te ocurra hasta verla llorar. Nada de hacerle fácil la marcha, ni soñándolo. Hasta verla llorar. Porque esas lágrimas serán lo que recuerdes. Serán lo que te haga seguir adelante a pesar de la herida que te dejan. Serán tu consuelo. Al menos, así siento yo este tipo de cosas. 

No, señores. Si Navas se quiere ir, que se vaya. Yo no me esperaba esta marcha. Pensé que él no quería irse y que el club preferiría traspasar a otros antes. Pero resulta que es él quien ha presionado para dejarnos. Y yo le respeto. Se lo acepto. No le guardo rencor y me parece natural que quiera crecer, asumir nuevos retos, ganar más dinero, vivir otras experiencias. Yo, en su lugar, seguramente obraría del mismo modo. Pero aquí hablamos de sentimientos, y estos entienden poco de racionalidad. Como pasaba con la novia del párrafo anterior, yo podré entender sus razones, aplicar el sentido común y la sensatez, reconocer lo que ha hecho por nosotros y los buenos tiempos que hemos pasado juntos. Hasta poner buena cara cuando vea una foto, un vídeo, un pase, un gol..., pero en el fondo..., en el fondo..., pues eso. Lo dicho. 

Si esa novia me quiere dejar, que me deje. Que se vaya y que me deje en paz. Que no me haga sufrir, que ya me encargo yo de mi mismo. Que no me llame para tomar un cafelito y quedar como amigos porque yo no tengo ninguna intención de ser su amigo. Y por supuesto, que ni se le pase por la cabeza plantear una cenita con su nuevo ligue. Ni de coña, para nada. Como si no tuviera bastante con tener que tragarme el desplante, ahora también querrá que vea cómo se quieren y qué felices son. 

Que les den por saco. 

Yo no le deseo el mal a Jesús Navas. Todo lo contrario, pienso que pocas personas en el mundo se merecen tanto el éxito como él. Lo que quiero es que le vaya lo mejor posible. Y que cuando acabe su periplo en el extranjero, que vuelva si quiere. Pero, para mi, ya es pasado. No quiero despedidas, no quiero partiditos homenaje, no quiero nada. De hecho, no quiero volver a verlo. Ni en su nuevo equipo, ni en la selección. Me ha dolido su marcha y prefiero mirar hacia adelante. Al fin y al cabo, el tiempo lo cura todo. 

Yo he visto marcharse del Sevilla a gente querida. A gente como Ramón Vázquez, como Francisco López Alfaro, como Davor Suker, como Jose Antonio Reyes, como Daniel Alves..., pero nunca, NUNCA, una marcha me había sentado tan mal como la de Jesús Navas. Nunca. 

De modo que, lo dicho. Que le vaya bien y nosotros a mirar al frente. Pero nada de cafelitos ni de cenitas. Ni quiero que quedemos como amigos, ni estoy dispuesto a verle con otro. Cuando el tiempo pase y la herida cure, hablaremos de otra cosa. Pero a día de hoy, pues eso. 



"Si está bien - si está bien - si es tan fácil - por qué duele así - por dentro"
Los Planetas "Si está bien" - Súper 8 -  (1994)

lunes, 1 de julio de 2013

El Marqués del Nabo

Dice muy poco (y explica mucho) de un país que este sobrenombre tan soez pertenezca al seleccionador que mejores resultados ha obtenido en la historia de nuestro fútbol. En verdad, casi podríamos hacerlo extensivo a la historia de este deporte en general. No tengo datos, pero dudo mucho que haya alguien con mejores registros. Alguno puede, no diré que no, pero serán muy muy pocos. 

En este país en el que es tan certero ese dicho de que nadie es profeta en su tierra, los hay que crucifican a este buen hombre por llevarse a uno u a otro en las convocatorias, dejando fuera al de la moto de turno. Oigan, que se puede estar más de acuerdo o no con esas selecciones de jugadores, eso por descontado, pero, hombre, faltar al respeto no es de recibo. Y menos siendo quien es ese a quien se le falta. 

No sé si quien lee esto ha pertenecido alguna vez a un equipo de fútbol. Si es así, sabrá de sobra que la calidad individual no es fundamental en este deporte. También, que jugadores que no son precisamente elegidos para el juego del balón se convierten en imprescibdibles en un equipo. Porque esto es un deporte de equipo y para que los buenos brillen, tienen que haber otros menos buenos detrás haciendo el trabajo sucio. Un trabajo que no se ve, pero que es tan importante como el que realiza la estrella. Tanto es así, que los técnicos perdonan muchos errores (que si se ven) a esos menos afortunados porque lo que aportan luego los compensa. Aunque no se vea. Eso, en el terreno de juego. Porque fuera de él, en el día a día de una concentración, la importancia de esos jugadores (que dejan de serlo, para pasar a ser PERSONAS) se puede hasta multiplicar. Porque su labor de unión en el grupo igual es imprescindible. Porque igual el mejor jugador del equipo es tremendamente inseguro fuera del campo y necesita el apoyo de según qué PERSONAS para no venirse abajo (lo cual incidiría luego en su juego) En un juego de equipo en el que ese equipo lo conforman once personas, más otros tantos en el banquillo, son tantísimas las variables que influyen, tantos aspectos (deportivos y personales) tantas y tantas cosas que se escapan al común de los aficionados, que meterse a criticar unas convocatorias es cuando menos aventurado. 

Y si encima, el que realiza esas convocatorias consigue ganar un Mundial y una Eurocopa, las críticas en ese sentido se vuelven, directamente, absurdas. Y con esto no quito la razón a nadie, más que nada porque yo no soy quien para hacerlo, y menos con la información que manejo. No se trata más que de mi opinión. 

Bien. Dicho esto, a mi la selección hace ya mucho que no me tira. La selección de fútbol me refiero. Por supuesto, quiero que gane porque es la selección de mi país, pero no me tira. Y esto tiene sus motivos. Son motivos personales, probablemente incomprensibles para otro que no sea yo (por eso son personales) y totalmente subjetivos. Dicen que es el equipo de todos, en torno al cual nos unimos, dejando de lado las rivalidades que imperan cuando apoyamos a los equipos de cada uno. Y esto estaría muy bien si esa rivalidad fuera sana, pero como no lo es, pues no trago. 

Miren ustedes, yo no puedo unirme a otros en el apoyo a un equipo cuando esos otros se dedican a apuñalarme por la espalda cuando la otra rivalidad hace acto de presencia. No voy a entrar en algo tan infantil como que no puedo apoyar a un equipo en el que está el payaso de Cesc Fábregas, porque si mañana Cesc Fábregas viene al Sevilla, no voy a dejar de apoyar al Sevilla por ese motivo. Pero yo no puedo unirme a esos que multan a mi equipo porque la grada se meta con Ujfalusi y luego hacen la vista gorda con lo de Puerta. No puedo unirme a quienes se quejan de que el Madrid sufre malos arbitrajes, con lo que hemos tenido que sufrir aquí. No puedo unirme a quienes piden "justicia" para el Málaga, cuando el Málaga es un tramposo, en vez de alegrarse porque la justicia haya premiado a los que han hecho las cosas bien, castigando a los que han defraudado. Ni a quienes les parece bien el reparto de los derechos del televisión. Ni a quienes se les llena la boca con eso de la mejor liga del mundo, mientras la inmensa mayoría de los componentes de dicha liga están en la UVI (vaya frase loperiana me ha salido, lo siento). No puedo unirme a quienes se meten con nosotros, se ríen de nosotros, ocultan nuestras virtudes y se ensañan con nuestros defectos... No puedo unirme a los que nos ningunean, a los que nos dejan de lado, a los que se mofan de nosotros, de nuestra forma de hablar, de nuestra forma de ser...

Lo siento, yo no tengo esas tragaderas. Yo no puedo llevarme todo el año huyendo de leer - ver - comprar cierta prensa para evitar que me hagan daño con su actitud hacia nosotros y luego abrazarme a ellos para animar a la selección. No puedo. No soy capaz. Llámenle orgullo, arrogancia o directamente estupidez, pero no puedo. Otros podrán y los respeto. Pero yo, no. 

Y esto no tiene nada que ver con mis sentimientos. Para mí, la selección de fútbol está secuestrada. Me la tienen secuestrada esta panda de sinvergüenzas de los que hablo y que me impiden disfrutar de ella. Sé que con esta actitud les estoy dando un poder y una importancia que no merecen, pero ya vengo diciendo que es algo subjetivo. Es algo muy personal. No puedo. Y prefiero quitarme de en medio. Igual que no veo "Deportes Cuatro", tampoco veo a la selección. O apenas lo hago. 

El día que la cosa cambie, volveré. Porque yo no tengo nada en contra de la selección española de fútbol. Lo tengo en contra de quienes la tienen secuestrada. Y para colmo, entre esos (y también entre los que no son esos), los hay que llaman Marqués del Nabo al mejor seleccionador de la historia. ¿Entienden lo que quiero decir? Yo no puedo unirme a esta caterva. 

Sé que todo esto no hay por donde cogerlo. Sé que la mayoría de la afición es sensata y respetuosa. Lo sé, no soy ajeno a ello, pero así son las cosas en mi interior. No es algo racional, no son argumentos válidos. Y no lo son porque se trata de algo subjetivo. Es como yo percibo las cosas, ya digo. Y es así como lo siento. 

Por eso, anoche, teniendo en cuenta que mi despertador suena a las 6.15 de la mañana, antes de que el partido de la selección comenzara, yo ya estaba en la cama. Si hubiera sido el Sevilla, otro gallo habría cantado. Pero siendo la selección...

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