martes, 10 de diciembre de 2013

Un día lamentable

Nunca me gustó emplear el término "loperización" para definir la forma de gestionar de la directiva sevillista. Nunca me gustó, porque la diferencia entre Lopera y Del Nido es que el primero tenía la mayoría absoluta de las acciones del Betis y nadie lo podía echar, mientras que el caso de Del Nido es distinto. Si los grandes accionistas del Sevilla hubieran querido, a nuestro ex-presidente se le podría haber quitado de en medio en cualquier momento. Otra cosa es que no quisieran, pero eso ya no es responsabilidad de Del Nido, sino de quienes lo han mantenido ahí. 

Sin embargo, lo que se vio en la mañana de ayer en el antepalco del Sánchez Pizjuán es el acto más "loperil" que he visto en el mundo del fútbol desde que Lopera desapareció del mismo. 

Yo, con lo de ayer, lo siento pero no puedo. Y eso que he admirado a Jose María del Nido. Y que le agradezco infinito el haber hecho lo necesario para emborracharme de gloria. Y que le considero, no sé si el mejor presidente de la historia del club, pero sin ningún género de dudas (y con mucha diferencia) el mejor que han visto mis ojos en los casi cuarenta años que ya tengo. Pero los delincuentes van a la cárcel, no se les aplaude. Bastante le hemos aplaudido ya cuando ha sido necesario y pertinente. Ayer no era pertinente. Ayer, en mi humilde opinión, esos aplausos eran una vergüenza. No se puede ovacionar a alguien que ha sido condenado por malversar dinero público. No se puede. No podemos señalar a los Bárcenas a los Urdangarín, a los responsables de la Gurtel o de los ERE de Andalucía y luego hacer lo opuesto con otro por el simple hecho de que nos coge de cerca y ha dado muchos éxitos a nuestro equipo. Se le reconocen los méritos, eso por supuesto, pero también hay que increparle por lo que hace mal. A Del Nido se le ha puesto por las nubes cuando se lo ha merecido. Pero ayer era el momento de todo lo contrario. O al menos de haber permanecido callados y ocultos. No de montar la que se montó, utilizando las instalaciones, la imagen y hasta los empleados del club. Respeto las opiniones de todos, pero, para mí, lo de ayer fue vergonzoso. A mi me dio vergüenza. 

Y no es cuestión de cebarse con la situación. Si Del Nido se ha llevado un dinero que no le correspondía, le han juzgado, le han condenado en dos instancias, devuelve lo malversado y paga su pena en la cárcel, pues todo bien. No hay que ir más allá. No es necesario gastar bromitas, humillar, hurgar en la herida y demás. Se trata de una persona que ha cometido un error en su vida y que ha de pagar por ello. De alguien que ayer se vio claro que está completamente abatido y que pide perdón. De alguien que tiene una familia, unos amigos, unos seres queridos, como cualquiera de nosotros. No hace falta ir más allá, ya digo. Pero, después del enorme daño que se ha hecho a la imagen del club, creo que lo de ayer sobraba. Creo que no hacía falta coronar ese daño con tal guinda. Si Del Nido es sincero cuando dice que si hubiera sabido este desenlace, hubiese dimitido antes (se supone que para reducir en lo posible el daño a la imagen de la entidad), el espectáculo de ayer se lo debería haber ahorrado. Hemos proyectado un lamentable cuadro al mostrar al mundo a gente ovacionando a un señor corrupto, y eso de podría haber evitado. Por mucho que admiremos la labor que, durante años (más los primeros que los últimos) ha hecho ese hombre, lo cierto es que no deja de ser un condenado por llevarse dinero público. Y esa es una realidad que se debería de haber gestionado mejor. 

Sea como sea, lo de ayer ha de ser dejado atrás lo antes posible. Fue un día trágico y lamentable que recordaremos por mucho tiempo. Que pasará a la historia del club, pero ahora deberíamos pasar página y centrarnos en lo verdaderamente importante. Porque por muy histórico y relevante que sea el personaje, el club siempre está por encima. Siempre. Y la temporada continúa, con lo que no se debe permitir que estos asuntos extraderportivos afecten más de los estrictamente comprensible. 

Y respecto a Jose María del Nido, muchas gracias por reflotar un club hundido, muchas gracias por hacerlo campeón, muchas gracias por tanta gloria, le reconozco como el mejor presidente que han visto mis ojos, pero por lo de ayer no le aplaudo. Por lo de ayer me avergüenzo, de la misma manera que lo hago con cualquiera que se lleva lo que no es suyo. 


martes, 3 de diciembre de 2013

El karma

No sé si conocéis una serie de televisión llamada "Me llamo Earl". Yo la vi hace unos años, cuando la emitieron por el canal FOX, y me pareció genial. Trataba de un ladrón de poca monta al que le ocurren varias desgracias consecutivas (es atropellado, casi muere y, estando en el hospital, su mujer le pide el divorcio). Se queda consternado y se pregunta a qué viene tanto inconveniente. Y cierto día, viendo una entrevista en televisión, descubre el karma. Eso lo cambia todo en su mente y se convence a si mismo de que lo que le ha ocurrido es consecuencia de todo el mal que ha causado previamente. De modo que decide hacer una lista de todas las cosas malas que ha hecho a lo largo de su vida y, por cada una de ellas, llevar a cabo una acción positiva que compense dicho mal, para así quedar en paz con el karma y poder llevar una existencia mejor. A pesar de tener un argumento propio de un drama, en verdad se trata de una comedia, ya que está ambientada en lo más castizo de la sociedad americana e infestada de personajes pintorescos hasta lo freak. 

Para mí, el karma (la relación causa - efecto de los actos de las personas) siempre fue un concepto propio de religiones asiáticas como el budismo y tal, y nunca le hice demasiado caso. Y fue viendo esa serie cuando me di cuenta de que es algo perfectamente aplicable a la vida de cada uno sin necesidad de abrazar una fe ni de convertirse a una religión. Si haces el bien, recibirás recompensa. Si haces el mal, también, pero de mala manera. Bajando al lenguaje más de calle, el karma puede ser lo que te acaba ocurriendo por hacer el gilipollas. En definitiva, se trata de una de las grandes máximas de mi vida, algo en lo que siempre he creido, aunque nunca le puse un nombre concreto: al final, el tiempo pone a cada uno en su sitio y da a cada cual lo que se merece. 

El karma. A ver si va a resultar que soy un budista en potencia y no me he enterado. Lo dudo mucho, pero es cierto que siempre he creido en el karma a pesar de no llamarlo de ese modo. 

Lo cierto es que el karma está presente en todos los momentos de nuestras vidas. Es consustancial a nuestra existencia. Los actos de cada uno tienen consecuencias, buenas o malas, y esas consecuencias nos acaban beneficiando o perjudicando en función de cómo nos hayamos comportado. En este sentido, ayer me acordé mucho del karma. Ayer por la tarde. Cuado me enteré de la destitución de Pepe Mel. 

A mí, Pepe Mel me parece un extraordinario entrenador. Un tío que ha sido capaz de meter en Europa a un equipo con las limitaciones del Betis. Limitaciones propias de un club en concurso de acreedores, que esa situación les ha traído algunos beneficios (caso Jorge Molina), pero muchos más perjuicios. No hablo de él como persona, ya que no lo conozco hasta ese nivel. Por lo que proyecta al exterior, me parece un chufla. Pero eso no es necesariamente real, sino, como digo, una proyección, por lo que prefiero no pronunciarme. Eso sí, como entrenador ha demostrado valía. Mucha valía. 

Sin embargo, aunque es su destitución lo que disparó mis pensamientos, estos no giran en torno a él, sino a esa parte recalcitrante del beticismo que vive esclava de sus complejos. La teoría del karma tiene mucho de conocerse a uno mismo, ser consciente de la posición que ocupas y así saber mejor qué comportamientos has de tener para no obtener a cambio consecuencias negativas. Hablando en román paladino, si eres bajito y flojeras, no parece buena idea vacilarle a un maromo culturista, porque probablemente te llevarás una hostia de antología. Si no dominas demasiado un tema de conversación, no hables demasiado, ya que es fácil que quedes en ridículo. Si eres el equipo pequeño de la ciudad, no escupas para arriba por un año bueno que tengas, ya que corres serio riesgo de mancharte la cara con tu propio gargajo. Disfruta, por supuesto que sí, incluso ríete del vecino, que eso ha sido así toda la vida. Pero conoce tus límites y no los traspases, que el karma es implacable.

Yo he dicho muchas veces que no soy antibético. Ni anti, ni pro ni leches. A mi el Betis me la trae al pairo. A veces cuento chistecitos o gasto bromas, pero más por socializar (teniendo en cuenta que vivo en Sevilla y que lo que hay es lo que hay) que porque de verdad me divierta especialmente tal cosa. Por tanto, hablo con objetividad cuando digo que es el equipo pequeño de la ciudad. No es por ofender ni por fanfarronear de sevillismo. Ni muchos menos. Es que es así, históricamente es así y no hay más que mirar los datos. Eso ha hecho que la mentalidad sevillista sea màs ambiciosa (hasta la muerte) que la bética (manque pierda). No es nada bueno ni malo. Es lo que es. Esa mentalidad está completamente impregnada en cada uno de los clubs, en sus aficiones, en sus actitudes, en su forma de entender esto del fútbol. En su forma de actuar. 

En su forma de actuar. El karma.

Que el Sevilla sea superior al Betis no significa que siempre vaya a estar por encima. Pensar eso es una gilipollez. De hecho, muchas veces a lo largo de la historia el Betis ha estado por encima del Sevilla. Pero eso no quita para que las cosas no sean como son. El bajito flojeras de antes podrá pegar al maromo culturista. Podrá hacerle daño. Incluso, podrá hacerle caer. Ahora bien, cuando el maromo culturista le coja por banda, las consecuencias serán terribles. El karma. El año pasado, 5-1. Este año, 4-0, el equipo colista y el entrenador a la calle. La puntilla que dijo el otro. 

El año pasado, los sevillistas nos tragamos las bromitas de los audis, las autopistas y demás. El Betis fue toda la temporada por encima nuestra. Quedaron por delante después de hacer una liga soberbia. Se ganaron en el campo una clasificación europea que nosotros también obtuvimos, pero no por ser mejores deportivamente que otros, sino por cumplir con las normas que esos otros infringieron. Y supongo que muchos béticos lo disfrutaron de manera sana. Otros, sin embargo, no. Otros lo hicieron por comparación con el Sevilla. Otros se creyeron más grandes por quedar por encima un año. Esos otros están ahora secándose la cara manchada por su propio gargajo. 

El karma está presente en nuestras vidas de un modo continuado. Debemos saber lo que somos y actuar en consecuencia. No creernos una cosa diferente a nuestra realidad y salirnos de nuestro lugar en el mundo. Sí que podemos tratar de cambiar de lugar, de evolucionar, de mejorar. Pero eso no se consigue sobre la marcha. En fútbol, eso no se logra en una temporada. Y si no tienes eso claro, pasa lo que pasa. 

Las bromitas de sevillistas hacia béticos por lo que ha pasado son lógicas. Se iban a producir de todas las maneras. Pero después de ver cómo el año pasado, por una temporada buena que hicieron, muchos béticos se pusieron tan gallitos, la reacción de esos sevillistas está siendo mucho más dura. Acción - reacción - intensidad de la consecuencia. El karma otra vez. 

A mí no me verán acribillando a los béticos por lo que les ha ocurrido. Como digo, a mi el Betis me resbala. Ni me río de ellos en las buenas, ni me afectan sus bravatas en las malas. Consecuencia, apenas se dirigen a mi. No más que un valencianista o un atlético, más allá del hecho de que tengo familiares y amigos béticos. Pero no soy ajeno a lo que ocurre a mi alrededor. Y ahora esos béticos (no todos, sólo esos) están sufriendo el karma. Están recibiendo las consecuencias de sus actos en el pasado.

Que les sea leve. O no. 





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