miércoles, 29 de enero de 2014

Cállate

Según la RAE, la moda es el "uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos"

Respecto a esto último, a mi siempre me ha llamado la atención que nos digan algo así como que "este año va a estar de moda" tal cosa, o tal tipo de tela, de estampado, de colorido, de forma..., de lo que sea. Es decir, que no se concibe la moda como lo que le gusta a la gente, sino como lo que se le va a decir a la gente que le tiene que gustar; pervirtiendo, pues, el concepto. 

Digo esto por introducir de alguna manera el asunto que quiero tratar, el cual es una consecuencia de eso de que nos digan, no solo lo que nos tiene que gustar, sino también lo que tenemos que pensar. En verdad, está todo relacionado; lo que ocurre es que en la moda no se cortan un pelo a la hora de reconocer que te están diciendo lo que va a estar en boga, porque hay quien decide tal cosa, mientras que en otros asuntos se es más sutil. Y entre estos otros asuntos, hay uno que me molesta de manera especial: el trabajo. 

En España, el problema del paro está alcanzando un nivel de tal magnitud que hay en el extranjero quien se sorprende de que no estemos en una situación pre - revolucionaria. Hay mucha gente sin trabajo, y quien lo tiene, se agarra a él como una lapa y lo considera casi como un privilegio. Además, y en consecuencia, quien lleva meses o años sin empleo y encuentra uno de baja calidad (explotación / pseudo-esclavitud) lo acepta sin rechistar porque bastante mal lo ha pasado y bastante peor es no tener nada. Esto es normal, es humano, se entiende a la perfección. Pero a base de escuchar una y otra vez mantras del tipo "habéis gastado por encima de vuestras posibilidades" - "hay que trabajar más y ganar menos" - "acepta el trabajo que sea porque si no lo haces, es porque no quieres trabajar" - "eres un privilegiado por tener un empleo" y demás, nos olvidamos de una cosa: el trabajo no es un privilegio. Es un derecho FUNDAMENTAL recogido en esa Constitución que sólo se mienta para lo que interesa, y que se pisotea en el resto de los casos. 

Al igual que en la moda nos dicen lo que nos tiene que gustar, en este otro ámbito nos imponen el pensamiento que debemos tener. Somos culpables de lo que ha pasado y tenemos que asumir las consecuencias. Trabaja, déjate explotar, eres un prvilegiado, no te quejes. CÁLLATE. 


A mi me molesta una barbaridad que se aluda a la Constitución en casos como el del independentismo catalán, por poner un ejemplo. Y no porque esté a favor o en contra de esa idea (no viene al caso), sino porque los mismos que hacen eso, se saltan a la torera la Carta Magna a la hora de gobernar. Y me estoy refiriendo a los dos grandes partidos, porque los dos han hecho lo mismo. Si el trabajo es un derecho fundamental recogido en la Constitución y la Constitución hay que defenderla a muerte, las políticas de los gobiernos han de ir en el sentido de intentar (al menos) asegurar ese derecho. Y no van. Cuando una crisis económica mundial se lleva por delante al sector que es el principal motor de la economía de un país, es comprensible por parte de la población que hay que apretarse el cinturón; que vienen curvas y hay que prepararse; que hay que gastar menos; que hay que trabajar más por el mismo sueldo; que hay que pagar más impuestos para socorrer a los que lo están pasando mal. Etcétera. Cualquier persona con un mínimo de sentido común entiende esto. 


Pero se entiende si ese esfuerzo va dirigido a reestructurar la economía del país, de manera que se restituya lo antes posible el derecho fundamental del que estamos hablando. Lo que no cabe en cabeza sensata es que dicho esfuerzo se dedique a salvarle el culo a quienes SÍ que tuvieron la culpa de lo que está pasando. O al menos más responsabilidad. Y aun aceptando que el sector bancario ha de ser rescatado porque es a la economía como la sangre al cuerpo de un ser vivo, lo que clama al cielo es que nadie, NADIE, pague por lo ocurrido. Todos se van de rositas. Y ya, el colmo de los colmos es que nos quieran hacer sentir culpables a los ciudadanos y privilegiados a quienes nos dejamos el lomo trabajando para mal vivir. Para mal subsistir. 


Yo tengo un trabajo y no voy a pedir perdón por ello, como parece que nos quieren obligar a hacer. Yo no soy un privilegiado por eso. Soy alguien que ejerce su derecho. Los parados serían una consecuencia de la mala gestión de un gobierno si ese gobierno estuviese gestionando para tratar de que dichos parados encuentren un trabajo. Pero eso no es así. El otro día escuché a alguien decir que el gobierno lo está haciendo bien. Que en la primera parte de la legislatura se se "hicieron los deberes" y que en la segunda se debe centrar más en el empleo. Y no seré yo quien diga que las cifras macroeconómicas no han mejorado (lo han hecho), pero en la Constitución no pone nada de dichas cifras, y sí del trabajo. Y el argumento que acabo de transcribir respecto a "los deberes" del gobierno es la prueba palpable de que se han pasado la Carta Magna por el puto forro. 


Yo entiendo que la gobernanza de un país va mucho más allá de lo que estoy diciendo. Que para conseguir algo, primero hay que hacer otras cosas. Que a veces los caminos son largos y tortuosos. Bajando al nivel de los hechos, para que baje el paro, hay que reestructurar la economía. Pero es que no se está reestructurando. Es que no se está invirtiendo el dinero en eso, sino en otras cosas. Es que si a mí me cobran más impuestos para subvencionar nuevos negocios que en un futuro no muy lejano generen empleo, pues lo comprendo a la perfección, lo acepto y hasta lo aplaudo. Pero es que me están cobrando más y recortando de todas partes, no para eso, sino para otras cosas que todos sabemos. 


Y encima me dicen que soy un privilegiado. Y al parado le dicen que no quiere trabajar. Y a los ciudadanos en general, que somo los culpables de todo esto. Y los verdaderos culpables descojonándose en nuestra cara. 


Váyanse un poquito a la mierda, por favor.




miércoles, 22 de enero de 2014

El uno por ciento

Dice el dicho que a menudo no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos. O hasta que existe el riesgo de perderlo. O hasta que pasa algo que nos hace despertar del letargo. Hay ocasiones en las que surge una noticia que nos escandaliza, que nos abofetea la conciencia, pero pocas veces nos damos cuenta de que no es más que el resultado de muchas cosas que están pasando a nuestro alrededor y a las que no prestamos atención. Al menos, no la suficiente.

Este post va de fútbol, va del Sevilla FC, pero permítanme que introduzca el tema utilizando un asunto de muchísima más seriedad que esto del deporte rey. Claro que el fútbol es parte de la vida, y se ve afectado por las cosas que ocurren en ella. 

En estos días hemos conocido un informe de Intermon Oxfam que pone los pelos de punta. Lo pueden leer en multitud de lugares, por ejemplo en esta noticia. En él se dice que la mitad de la riqueza del planeta está en manos de un 1% de la población; lo cual, simple y llanamente, debe hacer que nos avergoncemos de nuestra condición de humanos. Y no porque haya gente rica, que si lo son, pues mira tú que suerte, sino porque eso quiere decir que mientras unos se mueren de hambre (se mueren), otros nadan en la opulencia más escandalosa. Que sí, que esto siempre ha sido así, pero cuando le ponen números al asunto y nos lo sueltan de este modo tan claro, ocurre lo que decía al principio: que nos abofetean la conciencia. Y eso que ninguno de nosotros estamos en ese 1% del que habla el informe. 

En verdad, esa relación entre riqueza acumulada y porcentaje de población se usa desde hace mucho. En la universidad, en cierta asignatura, nos enseñaban que es una forma de intuir el nivel de desarrollo de un país. Mientras más alto sea el porcentaje de personas que aglutinan la mayoría de la riqueza, mayor calidad de vida hay en ese lugar. Mejor repartida está la riqueza. En España, mientras Belén Esteban vende libros, mientras la telebasura es lo que más audiencia tiene; y mientras al fútbol absorbe nuestras mentes, resulta (y según el mismo informe) que las 20 personas más ricas aglutinan la misma riqueza que el 20% de la población más pobre. No es tanto como a nivel mundial, pero no deja de ser escandaloso. Y eso pasa, no en el Africa de los negritos que se mueren de hambre, sino en nuestro país, a nuestro alrededor. Y los temas que pincha Paquirrín el deejay se descargan a mogollón en Internet. Y Kiko Matamoros da lecciones de política. Y el debate está en quien cocina mejor en esos programas de TV o en las tonterías que hacen Bisbal, el otro o el de la moto mientras aspirantes a triunfitos cantan delante de una cámara las canciones de otros. 

Y luego está el fútbol, claro...

Podríamos extrapolar esa relación entre porcentaje de población y acumulación de riqueza al fútbol. En vez de población, colocamos a clubes, et voilá. Es sencillo de entender. Podríamos concluir que mientras mayor sea el número de clubes que aglutinan la mayor parte de la riqueza, mejor será la competición. Dicho de otra forma, mientras mejor esté repartida esa riqueza, mayor calidad de la liga de la que se trate. En España pasa lo mismo con el fútbol que con la riqueza en general. Muy pocos agutinan la mayor parte de la riqueza. Y el resultado es el que es. La competición española es peor que la inglesa o la alemana, por mucho que los vendeburras de siempre nos quieran vender. Y vamos a peor. 

En este sentido, clubes como el Sevilla pueden asociarse con familias de clase media que han visto menguados drásticamente sus ingresos en favor de los más ricos. Eso ha pasado en España con la crisis económica (y muchos de los que leen esto serán miembros del colectivo del que hablo). Dichas familias han tenido que reducir su nivel de vida para subsistir. Han tenido que hacer lo que sea para seguir adelante. En definitiva, se han visto obligadas a ajustar sus vidas a la nueva situación. Nunca han sido ricos, pero lo de ahora se acerca más a la pobreza que a otra cosa. 


Digo esto porque, últimamente, cada vez que se abre el mercado de fichajes, los sevillistas vivimos con las carnes abiertas mientras vemos cómo equipos más poderosos que el nuestro picotean a las estrellas de la plantilla. Llevamos semanas con el asunto de Rakitic, su renovación y el interés que (obviamente) tienen en él varios de los clubes más potentes del continente. Eso después de que este verano hayamos vendido a la mayoría de los mejores jugadores de nuestro equipo del año pasado. Y por si no fuera bastante, ahora nos llega la noticia de la oferta del Nápoles por Alberto Moreno. Que yo no creo que Alberto se vaya a ir al Nápoles. Ni ahora ni en verano. Sobre todo cuando se dice que Real Madrid o Chelsea lo siguen con mucha atención. Pero pensar que ese chico va a durar mucho en el Sevilla es una gilipollez tan grande como si yo digo ahora que en tres años tengo mi casa pagada. Sin exagerar, es una gilipollez de igual tamaño. A no ser que me toque la lotería (Dios lo quiera) o que a Alberto le ocurra alguna desgracia (Dios no lo quiera).
Esto siempre ha sido así. Si a algún equipo grande se le mete entre ceja y ceja que quiere fichar a un jugador del Sevilla (o de cualquier otro club de nivel igual o inferior), lo acaba fichando. De toda la vida de Dios. Pero ese hecho se ha acentuado en los últimos tiempos por el motivo del que vengo hablando. Los ricos son más ricos, los pobres son más pobres y la clase media está dejando de existir, de manera que ha de hacer lo que sea para seguir subsistiendo con un mínimo de dignidad. Esto es lo que nos está pasando y más vale que nos acostumbremos. O cambia el sistema por completo, o es lo que nos queda durante una pinza de años. 

En el fútbol y en la vida en general. 

martes, 14 de enero de 2014

El último indignado

Desde sus inicios, siempre me he sentido muy identificado con el movimiento del 15M: con los indignados. No comparto todas sus proclamas, pero sí las más importantes. Las básicas. A grandes rasgos, defender un nuevo modo de hacer las cosas, acercar la política a los ciudadanos para que los gobernantes sepan mejor cuáles son las verdaderas necesidades de estos, cambiar una serie de normas y leyes para hacerlas más justas y/o más adecuadas a la realidad actual. Y todo sin violencia. Manifestándose, pero sin violencia.
Tengo que reconocer que, en un acto de ingenuidad desproporcionada e impropia de alguien que no tardará en llegar a la cuarentena, me ilusioné. Me pareció un movimiento interesante. Y mucho más cuando despertó la simpatía de tanta gente. El problema fue que cometieron un "error". Error que no es error en puridad, porque era un pilar básico de su ideología. Rechazaron cualquier relación con ningún partido político. No ya con los grandes, sino incluso con los pequeños,

y me estoy acordando del abucheo que se llevó Cayo Lara en cierta ocasión. Como ingenuidad está bien, pero lo cierto es que los partidos políticos no pueden aceptar que haya una movilización ciudadana y no sacar beneficio. Ya sea apoyándoles o criticándoles. La izquierda, sobre todo, quedó en fuera de juego. Lo de movilizar gente es cosa suya, de toda la vida, y aquello les cogió a pie cambiado.

Sin embargo, hoy dia, tras imponerse la realidad, ese movimiento ya no parece tener el fuelle del principio. Siguen existiendo y tal, pero los partidos han vuelto a tomar el control. Unos u otros, de una forma o de otra, dando la cara o moviendo los hilos desde atrás, no importa. La pureza y las buenas intenciones que tenía el 15M ya no existe y la gente sigue sin tener un clavo al que agarrarse en su esperanza de que las cosas vayan a mejor. Los hay que agachan la cabeza y se resignan. Otros se desahogan en las redes sociales, que es algo parecido a encerrarse en un cuarto, gritar, y salir relajadito cuando proceda. Y también están los que optan por la violencia. O lo que es peor, por utilizar manifestaciones pacíficas para emplearse con violencia. Para tratar de reventar el sistema a base de fuego y destrucción.


Yo observo lo que está ocurriendo en nuestro país y no salgo de mi asombro. Los gobernantes actúan sin escrúpulos, de manera inmoral y con total impunidad. A los jueces los eligen los partidos políticos y luego, como es natural, pasa lo que pasa. El fiscal del Estado recurre una imputación cuando se supone que él está para acusar, no para defender a un acusado. En el congreso se subvencionan los gin-tonics, pero luego hacemos pagar las ambulancias a quien enferma y no tiene a mano un centro de salud. Se crea una ley para que sea casi imposible abortar, pero luego, caso de que el bebé nazca enfermo e incapaz, reducimos las ayudas a la dependencia. Mientras, no se invierte nada para crear empleo, y nos quieren hacer ver que el pero baja porque la gente no se apunta a las listas del Inem, cuando no lo hacen porque ya no les queda derecho a prestación. Lo que es un drama inmenso (cada vez más gente sin recursos) lo convierten en un dato macroeconómico positivo. Me es difícil imaginar algo más cínico, más sinvergüenza. 

Y la gente reacciona, claro que reacciona. Pero ya no es como cuando comenzó el mencionado movimiento 15M. Ahora no hay manifestación que no acabe en violencia. Y yo con la violencia no puedo. Hay quienes dicen que sin llevar las cosas al límite, los gobiernos no reaccionan. No estoy de acuerdo, y hay ejemplos históricos que rebaten ese argumento. Desde Ghandi hasta la Marcha Verde en el Sahara. Pasando por lo que ocurrió con los indignados, que pusieron al gobierno en una situación muy comprometida con una actitud pacífica y dialogante. 

Eso ya no es así. Nos estamos yendo a los extremos. Hoy he escuchado a alguien de cierto partido de izquierdas decir que lo del barrio de Gamonal en Burgos puede ser el inicio de la revolución en España. La chispa que lo haga arder todo. Eso es lo que quieren. Que arda todo. Y yo, que soy muy maniático y muy aficionado a la historia (las dos cosas), no puedo evitar recordar que justo así comenzó el nazismo. Justo así. Una enorme crisis económica, gente cabreada, desesperada, muchos sin nada que perder, y luego alguien que utliza ese malestar, esa enfado generalizado, canalizando tal energía hacia lo que a él le interesa. Buscar un culpable, un chivo expiatorio, cargar contra él, utilizar la demagogia de una forma salvaje, indecente, bochornosa, ocultar sistemáticamente que lo mismo de lo que se quejan de los otros es lo que hacen ellos cuando les toca..., y de repente, (algo que aquí no ha ocurrido... aún) surge la serpiente, el monstruo, la persona capaz de ejercer un liderazgo que consiga aglutinar a toda esa gente y..., pues que paro ya. Que las consecuencias de eso son impredecibles. 
Uno de los grandes errores que se cometen en lo que a ideología política se refiere es asimilar "fascismo" con "la derecha". El fascismo surge de las clases bajas, no de las altas. El fascismo es ese movimiento que consigue radicalizar a los indignados hasta el punto de emplearse con violencia y expulsar con ella a los que ellos consideran culpables de todo. A Hitler no le votó la clase alta alemana. Le votó la baja, la gente que quedó en la pobreza más absoluta por culpa de la crisis económica del 29 y a quienes convencieron de que la culpa de sus males era de los judíos que eran muy ricos y se quedaban con todo. El fascismo comenzó con manifestaciones violentas de gente de clase baja, de clase obrera. Así empezó. Justo lo que está ocurriendo ahora. Justo lo contrario a lo que promulgaba el 15M.

Me da pena que aquello no cuajara. Me da pena porque creo que hubiese podido cambiar las cosas. Hubiese podido canalizar la indignación de la gente para forzar los cambios de una forma pacífica. Eso ya no va a ser posible. Los radicalismos se están imponiendo. Dios (o quien sea) quiera que la cosa mejore lo bastante y a tiempo para no tener que revivir desastres pasados. 

A mí, personalmente, me está empezando a preocupar seriamente el asunto. 

martes, 7 de enero de 2014

Creo que ya vale, ¿no?

Hastío.

Esa esa la sensación que me ha dominado a lo largo de las últimas semanas en lo referente a esta pasión sevillista que tantos y tantos compartimos. Hay un dicho que dice algo así como que si lo que quieres decir no mejora el silencio, es preferible que calles. Y he callado durante todo este tiempo. He callado porque sobre uno de los temas más importantes que ha habido en la actualidad sevillista, mi opinión es absolutamente diferente a la de mucha gente que admiro y a quien no quiero ofender. Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras, por lo que me he liberado de estas últimas para refugiarme en el primero, que es mío y para eso lo tengo. 

Lo que ocurre es que hay veces en las que hay que hacer el esfuerzo de decir algo porque, como dice ese otro refrán, quien calla, otorga. Y yo no otorgo. Ni mucho menos. Yo callo por respeto, pero bajo ningún concepto otorgo. Y aprovechando lo ocurrido el domingo por la mañana antes del partido, he decidido volver a hablar. Aunque sólo sea para dejar clara mi postura. 

Ya dije en mi último post que a mí lo de Del Nido me ha decepcionado una barbaridad, porque no puede ser de otra manera cuando ves acabar así a alguien a quien has admirado. A alguien a quien consideras el mejor presidente de la Historia del Sevilla. A alguien a quien debes (en una gran proporción) la más grande e inimaginada gloria jamás vivida por un sevillista. Que ni juntando los sueños de todos nosotros hubiésemos llegado a tanto. Y que resulte que esa persona es un corrupto como tantos y tantos que se ven por ahí, pues ¿qué quieren que les diga? Decepciona. No hay otra palabra para definir el sentimiento. 

Pues bien, una vez aceptada la decepción, sólo quiero justicia y que el Sevilla no salga malparado. De la primera se encargo el llamado tercer poder del Estado en sus diferentes instancias hasta llegar a la condena definitiva. A la cárcel. Eres delincuente, has robado, te juzgan, te condenan y vas a la cárcel, te llames como te llames y seas quien seas. Eso no siempre es así, desgraciadamente, pero debería. Y yo aspiro a que lo sea. Me come por dentro ver a tanto corrupto librándose de la cárcel por cualquier motivo y deseo verlos a todos pagando por lo que han hecho. Eso es así. Irrefutable. ¿Y ahora que el condenado es el presidente del Sevilla, esa persona a quien tanto he admirado, voy a cambiar de parecer? Pues no. Lo siento. Decepción enorme. Pero al trullo. 

Y respecto a lo otro, a mi deseo de que el Sevilla no salga malparado, viene mi otra preocupación. Miren ustedes: a mí me parece legítimo (y normal) que una persona humana, por muy delincuente que sea, trate por todos los medios de minimizar en lo posibe los males que se le avienen (ya merecidos o no). Cualquiera lo haría, es totalmente comprensible. Por tanto, si la persona humana llamada Jose María del Nido Benavente quiere pedir un indulto, está en su derecho y me parece natural que se empeñe en ello. A nadie le gusta ir a la cárcel y es comprensible que se agoten todas las vías antes de hacerlo. 

Pero que se utilice al Sevilla FC en ese empeño no me parece bien en absoluto. De hecho, estoy bastante harto de que se utilice al Sevilla para fines personalistas. El Sevilla debe estar aparte de todo. El Sevilla está por encima de todas estas cosas y nada debe ser más importante que la institución. Jose María del Nido dijo en su despedida que sentía el daño que había hecho a la imagen del club y que, de haber sabido el desenlace final, habría dimitido antes. Pues bien, ya conocemos el desenlace final. ¿En qué piensan los que organizan la recogida de firmas para pedir el indulto a Del Nido justo al lado del estadio, justo antes de un partido? ¿No se dan cuenta de que eso es utilizar al Sevilla para fines personalistas? ¿No se dan cuenta de que daña a la imagen del club? ¿No se dan cuenta de que esa imagen ya está demasiado dañada? ¿O es que les importa un mojón todo esto y consideran más importante la persona de Del Nido que la imagen del club?

Insisto, que Del Nido pida un indulto me parece humanamente normal y comprensible. Yo no firmaría por ello porque  pienso que los delincuentes han de cumplir sus penas, pero lo entiendo perfectamente. Igual que entiendo que haya personas allegadas al condenado, o agradecidas o cualquier otra cosa, que abracen esa causa y le apoyen en forma de campaña de recogida de firmas. Cualquiera puede recoger firmas con cualquier fin. Por ejemplo el indulto, sea quien sea el condenado a quien se quiera indultar. Generalicemos, que aquí se puede. Eso es una opción lícita y que se emplea a diario en multitud de lugares. Si se quiere organizar una recogida de firmas para pedir el indulto de Del Nido, que se haga (aunque no cuenten conmigo). Si un gran número de personas decide firmar, pues perfecto (yo no estaré en ese número). Pero que se utilice el Sevilla, la imagen del Sevilla, el campo del Sevilla, sus aledaños, el hecho de que el Sevilla juegue un partido... lo que sea en lo que la palabra Sevilla (en referencia al club) aparezca para hacer más efectiva esa campaña de recogida de firmas me parece fatal. 

Porque el Sevilla también soy yo y, como ocurre con muchas otras personas, yo no estoy de acuerdo. Porque el Sevilla ha de estar por encima de todas estas cosas, y no ser utilizado para fines personalistas. Porque la imagen del Sevilla ya ha sufrido bastante y creo que ya vale, señores; que ya vale. Porque ya está, hombre, ya está. Ya vale de salir en la prensa nacional como si fuesemos una afición que apoya a un corrupto condenado. Porque el sevillismo no eso. Porque el sevillismo JAMAS ha idolatrado a nadie hasta el punto de hacerlo imprescindible. Porque no es justo de desprendamos esa imagen, cuando no tiene nada que ver con nosotros. 

Vuelvo a repetir: a mí, lo ocurrido con Del Nido me ha decepcionado una barbaridad porque es una persona a quien he admirado y ahora ya ven por dónde nos ha salido. Pero eso es cosa mía y yo me lo tengo que comer. A partir de ahí, el Sevilla es lo más importante. Y no me está gustando nada, pero nada en absoluto, el uso que se está haciendo de la entidad y, como vengo diciendo, la imagen que se está dando al exterior. 

Creo que ya vale. Que ya es suficiente. 


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