jueves, 27 de marzo de 2014

Soñemos bajito

Ha ocurrido. Más tarde de lo que hubiese creído, pero mejor así que nunca. Incluso, llegué a dudar de que llegara a pasar, porque pasaba el tiempo y la cosa no tenía la pinta que me hubiera gustado. Pero si hay que callarse, pues se calla uno. Y si hay que retractarse, pues se hace y no pasa absolutamente nada. Firmo agachar la cabeza y asumir mis equivocaciones todos los años si a cambio obetenemos lo que estamos obteniendo. 

Allá por verano, cuando el equipo del Sevilla FC fue desmantelado en dos terceras partes y vuelto a montar con gente nueva y (en su mayoría) muy joven, yo hablaba que habría que esperar a enero, al comienzo de la segunda vuelta, para juzgar el trabajo de Unai Emery y la capacidad de la plantilla recién creada para aspirar a los objetivos. Y fui consecuente. Aparte da algunas salidas de tiesto propias de alguien que no deja de ser humano y siente unos colores (confío en que me perdonen por ello), esperé a que llegara enero para juzgar. Y juzgué. La pinta que tenía el Sevilla en enero no era, ni de lejos, la que hubiese esperado. La que confiaba en que llegara a tener. Y critiqué. Claro que lo hice. Y dudé de la capacidad de Emery, no como entrenador en sí (que eso nunca) sino como el entrenador ideal que necesita este Sevilla. Y me desesperé, y me resigné, y comprendí que a este equipo no le quedaba más remedio que aspirar a la séptima plaza (que da derecho a jugar competición europea) y esperar a remendar lo remendable de cara a la próxima temporada. Entrenador nuevo incluido, a ser posible. De hecho, asumí que a un equipo tan nuevo y tan joven no se le podía pedir más. Estaba conforme. 

Lo que nunca me pude imaginar era que no había que esperar hasta enero, sino hasta marzo. Me equivoqué en los tiempos, aunque acerté en el diagnóstico. Y ahora estoy disfrutando. 

Lo que está haciendo el Sevilla es fruto de un trabajo que muchos (yo el primero) no hemos sabido valorar en su justa medida. Porque este Sevilla está demostrando una serie de valores que son imprescindibles a la hora de aspirar a algo. A lo que sea. Más allá de resultados puntuales, esos valores son los que te llevan al éxito tarde o temprano. Este Sevilla está compitiendo, algo que no hacía desde hace mucho tiempo. Este Sevilla es un equipo en el que sus miembros están implicadísimos, unidos, hechos una piña. Un equipo en el que, ahora sí, no importa qué jugadores participen, que todos lo hacen bien. Todos cumplen. Un equipo que, por fin, y más allá de errores circunstanciales, defiende bien, ataca bien, lee los partidos de la forma correcta, sufre cuando hay que sufirir, se desmelena cuando hay que hacerlo, sube, baja, maneja los tiempos. Y, sobre todo, lucha. Y lo hace porque cree en sus posibilidades, algo imprescindible para que los jugadores consideren que dicha lucha merece la pena. 

Podemos hablar de cómo fue capaz de superarse a sí mismo después del palo de la ida en la eliminatoria contra el Betis para darle la vuelta a la misma en el segundo partido, goleada al Valladolid de por medio. O de cómo los "suplentes" derrotaron a la "bestia negra" Osasuna en El Sadar sin que en ningún momento se temiera por el resultado. Y luego, de lo de anoche. Porque lo de anoche es ya algo superlativo. 

El rival de anoche era el mismo que nos metió siete hace pocos meses. El mismo que nos ha goleado de manera inmisericorde varias veces en los últimos tiempos. Un equipo que venía a jugarse la vida en una liga que, desgraciadamente, está muy lejos de nuestras posibilidades. Y no es que les ganáramos, no solamente eso. Es que, nerviosismo de hincha aparte, a lo largo de la mayor parte del partido se veía que era perfectamente posible hacerlo. No se produjo el sufrimiento típico y hasta lógico que se podría haber esperado. Se le jugó de tú a tú a un rival inmensamente superior hasta acabar por derrotarle. Y lo mejor es que no fue fruto de la suerte. No es que sonara la flauta o que tuviéramos un día inspirado. Es que se hizo lo mismo que se viene haciendo en los últimos tiempos: competir basándose en los valores que decía antes. Con una actitud por parte de los jugadores que, da igual cuál hubiese sido el resultado final, merece nuestro aplauso y nuestro orgullo. ¿Cuánto tiempo llevábamos reclamando eso? Que se hiciese honor al escudo que llevan en el pecho. Claro que si eso se cumple, si de verdad se hace ese honor, lo normal es que se gane. Lo estamos viendo. 

Decía tras la victoria europea sobre el Betis que ese triunfo debía suponer un crecimiento enorme para un equipo joven y nuevo como es este Sevilla. Cuánto más, por tanto, si a dicho triunfo se le une este contra el Real Madrid. Jugándoles de tú a tú, remontando el resultado, logrando una victoria sensacional que nos mantiene quintos y a ver qué hacen los demás. Porque ahora la referencia somos nosotros y son esos demás los que tienen que intentar superarnos. 

He escuchado estos días a gente diciendo que este Sevilla recuerda al de la primera temporada de Juande Ramos. En verdad, esa referencia se tiene (aunque sea de un modo prudente) desde pretemporada. Y es innegable que los paralelismos son asombrosos, incluyendo la eliminación temprana en Copa del Rey, el avance inexorable en competición europea, la primera vuelta dubitativa y la llegada al último tercio de la temporada como un verdadero ciclón. Pero yo prefiero seguir siendo prudente. Los éxitos logrados por aquel equipo de la temporada 2005/2006 fueron tan escandalosos que, aún teniéndolos al alcance de la mano en la presente, creo que no sería bueno fijarse en ellos de manera seria. El soñar con repetirlo es algo inevitable, sobre todo porque nadie mejor que el Sevillismo sabe que los sueños se cumplen, pero me parecería un error incluso hablar de la clasificación para la Champions League. Pienso que debemos ir a Vigo a seguir haciendo lo mismo que hasta ahora. Que no se rompa la racha, que cuando la cosa se pone de cara, hay que aprovecharlo. Y mantener estas sensaciones para luego ir a Oporto preparados e intentar hacer algo grande. No tirar las campanas al vuelo, sino centrarse en el presente, un presente tan bonito como el que estamos viviendo. 

No hagamos el tonto, que nos ha pasado muchas veces. No presionemos de más a un equipo que hasta hace un mes parecía incapaz de aspirar a más que a la séptima plaza. No nos volvamos locos, que para eso habrá tiempo si las cosas siguen como van. Limitémonos a mirar al siguiente partido, a prolongar la racha, a hacer que esto no pare. Seamos ambiciosos, pero no a futuro, sino a presente. Recordemos que seguimos teniendo sólo a dos centrales disponibles. Y sólo a dos mediocentros de contención. Y sólo a dos delanteros centros. No nos olvidemos que estamos en el filo de la navaja aún, que cualquier lesión o sanción nos puede hacer un destrozo. Disfrutemos, pero sin excesos. Que aún no hemos hecho nada, por mucho que haya tantísimo a nuestro alcance. 

Pero igual que otros tienen derecho a permanecer en silencio, nosotros lo tenemos a soñar. Eso sí podemos hacerlo. Eso sí que no nos lo puede quitar nadie. Ahora bien, por favor, por nuestro beneficio, hagámoslo bajito. 

viernes, 21 de marzo de 2014

Hemos crecido

Para lo que voy a decir hoy, lo primero que he decidido hacer es olvidarme del rival del Sevilla anoche. Y eso que, dado el extra de motivación que tienen cuando se enfrentan a nosotros, incluirlo no haría más que reforzar mis argumentos. Pero no lo voy a hacer. Me voy a centrar en el Sevilla, en lo único que me importa. Porque lo que hizo anoche el Sevilla, al menos en mi opinión, va mucho más allá que ganar un partido, un derbi, una eliminatoria o meterse en cuartos de final de una competición europea. Otra vez. Va mucho más allá, es algo más importante, y es eso de lo que quiero hablar. 

Por cierto, un inciso para los que a veces parece que se olvidan de lo que somos y de dónde venimos. Es la cuarta vez en los ciento y pico de años de vida del club que el equipo se clasifica para unos cuartos de final de final de competición europea. La cuarta. Una en los años 50, las dos veces que ganamos la UEFA y ayer. Que igual que me tiro a la yugular para criticar ciertas cosas, estas otras también me gusta recalcarlas. 

Pues bien, seguimos. Como digo, lo que ayer hizo el Sevilla va más allá de dicha clasificación. Ayer, en mi opinión, el Sevilla creció. Llevábamos varios años decreciendo, pero ayer crecimos. Ayer invertimos la tendencia. Era algo que se estaba viendo venir, pero que ayer se confirmó. Yo llevo toda la temporada diciendo que me parece que tenemos una plantilla coja, mal hecha, (lo cual es evidente tras el mercado de invierno) y que no me gusta el entrenador. Pero también que estoy conforme con la temporada que está haciendo el equipo porque, con los números  por delante, considerando un accidente lo de la Copa del Rey y dejando de lado ciertas sensaciones, no creo que se le pueda exigir mucho más. Sólo eso ya indica crecimiento. El equipo está metido absolutamente de lleno en la lucha por la quinta plaza, cosa que no conocíamos en los últimos tres o cuatro años. Además, antes de lo de ayer, nos encontrábamos en octavos de final de una competición europea, cosa que no ocurría desde aquella elimiatoria contra el CSKA de Moscú en 2010. Que sí, que es cierto que deberíamos tener más puntos en liga y que no es así por las cositas de Emery. Y que lo de 2010 era la Liga de Campeones y ahora es la Europa League, con unos rivales infinitamente inferiores. Pero en estos últimos años, ni eso. En estos últimos años, caíamos en las previas o directamente no nos clasificábamos para competición europea. Y en Liga llevamos dos temporadas seguidas siendo novenos y sin aspirar en serio a quedar más arriba. El Sevilla este año venía indicando ser algo más que en el pasado más próximo. Y anoche se confirmó. 

Anoche, el equipo supo rehacerse de un nefasto 0-2 en casa en la ida de unos octavos de final de competición europea y remontar hasta clasificarse en la vuelta, como visitante. Apelando a la épica, con prórroga y penalties, sin apenas jugadores de centro del campo.... Anoche, el equipo creció. El equipo, el grupo humano, la plantilla. Porque lo que hicieron esos chavales anoche es de esas cosas que te hacen crecer, coger confianza, creérselo. Es una referencia para cuando en el futuro pasen por complicaciones. "Si aquella vez logramos lo que logramos, en esta otra también es posible". Creo que es importantísimo hacer hincapié en esto porque es muchísimo más importante que pasar una eliminatoria. A veces se habla de punto de inflexión cuando se consigue un buen resultado en cierto momento de una temporada. Lo de anoche sí que puede ser un punto de inflexión. Lo de anoche puede/debe haber supuesto un plus en la confianza, en la seguridad en si misma de la plantilla. En el saber/intuir de qué son capaces. Recordemos que son jugadores muy jóvenes en su mayoría y que apenas llevan unos meses jugando juntos. Es un equipo joven y nuevo. Es un equipo desconocido, para los de fuera y para ellos mismos, para sus componentes. Y, sinceramente, que ese plus de crecimiento llegue cuando, a falta de 10 jornadas, estamos a dos puntos del quinto puesto y en cuartos de final de la Europa League, pues a mí me pone una barbaridad, qué quieren que les diga. 

Y digo todo esto sin que me importe quien fuera el rival, aunque, como comentaba al principio, el hecho de que sea el Betis (con todo lo que ello lleva aparejado) no hace más que reforzar el argumento. 

Y para terminar, no quisiera dejar de decir algo acerca de cierto comentario que hicieron anoche en televisión. Ya en la segunda parte, antes del 0-2, con el Betis venido un poco arriba, uno de los comentaristas dijo que parecía mentira que un equipo así fuera el último de la clasificación, jugando como estaba jugando y después de superar el contratiempo de la lesión de un defensa. Fue algo que me indignó. Me pareció increíble que dijera algo así, cuando el otro equipo, el Sevilla, estaba remontando un 0-2 de la ida, cuando el otro equipo, el Sevilla, se tenía que reponer de la lesión de otro jugador, Reyes, muchísimo más determinante que Perquis. Y cuando el otro equipo, el Sevilla, afrontaba el partido sin apenas centro del campo. Con un único medio de contención, Mbia, que estaba jugando tocado y que tuvo que ser sustituido, lo cual nos obligó a jugar parte del segundo tiempo y la prórroga con Coke de medio centro. 

Repito, con Coke de medio centro. 

En esas circunstancias, la machada de anoche del Sevilla fue épica, histórica. Y no por el rival (eso lo que hace es darle un poco más de morbo) sino por las circunstancias en las que se afrontaba el partido. Y a mi me parece comprensible que la prensa sevillana trate de vender una igualdad que no existe (eso les hace vender más y ellos viven de esas ventas) y también que la prensa de fuera lo haga por una simple cuestión de ignorancia, de absoluto desconocimiento de la realidad del fútbol sevillano. Pero de ahí a hacer el ridículo va un trecho y anoche, sinceramente, sentí vergüenza ajena mientras escuchaba a estos sujetos. 

Al Betis hay que aplaudirle por haber hecho sufrir tanto a un rival superior. Casi lo eliminan y eso es digno de elogio. Pero tomar partido de la forma en que lo hicieron me parece lamentable. 

Aunque, pensándolo un poco, casi que me gusta. Eso nos hace más grandes. 

Enhorabuena, sevillistas. 

miércoles, 12 de marzo de 2014

Euroderbi

Lo he dicho muchas veces, pero no me importa repetirlo. Vaya por delante que yo no soy antibético. Entro en la guasa típica, sí, pero más que nada por socializar, no porque me motive especialmente. Para ser sinceros, puedo pasar sin ella sin ningún tipo de problemas. Es más, cuando algún bético se considera capaz de ello y trata de picarme, yo respondo con la indiferencia. Que es lo que siento por su equipo, indiferencia. Soy consciente de que eso no es lo normal y de que un Sevilla - Betis no es un partido cualquiera (cuánto menos una eliminatoria y peor aún en octavos de final de competición europea). Pero yo hablo de lo que siento y eso es lo que hay. 

Dicho esto, a mi los derbis me molestan. No me gustan, aborrezco que se le de una importancia que no tiene (en la más estricta actualidad) a un equipo prácticamente desahuciado en Primera, que ya ha cambiado dos veces de entrenador en lo que va de temporada y que debe hasta de callarse, estando incluso en concurso de acreedores. Yo no estoy hablando de historia, de estadísticas, de enfrentamientos anteriores ni de nada de eso. Hablo de que en la más estricta actualidad, el Betis es un equipo medio acabado este año y que no dejaría de ser la auténtica perita en dulce de entre todos los que disputan esta ronda europea para cualquiera del resto de los cubes. Que sí, que contra el Sevilla no son los mismos y que eso es una realidad, pero de eso tenemos gran culpa nosotros. Los sevillistas. 

Yo entiendo a la prensa, a las empresas privadas que viven de las ventas de periódicos y de la publicidad y que ven en partidos como este (y no digamos eliminatorias) una ocasión para hacer caja. Que se dedican a eso. Que viven de eso. Y que más allá de fanatismos censurables y dobles raseros escandalosos, esto no es más que una oportunidad para ellos, porque su público objetivo es TODA la ciudad de Sevilla y si no enganchan a la parte bética, esos ingresos lo serán menos. 

Aparte, y también relacionado con lo anterior, entiendo a directivos y futbolistas cuando dicen (aun con la boca pequeña) que no hay favorito, que en los derbis nunca se sabe, que la clasificación no importa y todas esas milongas. Ese debe ser su papel al hablar. En el campo es otra cosa, hay que ir a arrollarlos, pero fuera de él hay que mantener la diplomacia. Recuerdo los comentarios de Jairo (fue Jairo, ¿no? ¿O fue Vitolo?) diciendo cosas sobre el equipo grande de Sevilla y tal, que a mi me parecieron fuera de tono. No hay necesidad ninguna de decir esas cosas. Todo el mundo sabe quien es el grande de Sevilla, de Andalucía y de toda España de Madrid para abajo, y hacer esas declaraciones es soltar carnaza para quienes solo buscan eso: carnaza. 

Pero lo que no comparto (puedo llegar a entenderlo, pero no lo comparto para nada) es que haya canguelo dentro del sevillismo. En el fútbol, SIEMPRE, cualquier equipo es capaz de ganar a quien sea. Son once contra once, dos porterías y un balón. Y la historia de este deporte está infestada de ejemplos que poder mencionar. A nosotros mismos nos eliminó un 2ªB en la Copa del Rey, no hay que irse lejos en el espacio ni en el tiempo. Pero aparte de eso, ese canguelo son alas que les damos a ellos. Son fuerzas que no tienen, ilusiones que deberían estar enterradas. Se dice que al enemigo no hay que darle ni agua y nosotros, mucho más que eso, les estamos dando la vida. La creencia de que pueden cuando sería una machada. La confianza de que tienen la oportunidad de hacer algo para que su temporada no sea lo que efectivamente es: un auténtico y calamitoso desastre. 

El Sevilla se enfrenta a un rival netamente inferior (vuelvo a insisitir, en la más estricta actualidad) que en otras condiciones tiraría la eliminatoria porque su drama está en la liga y necesitan concentrar todas sus fuerzas en apurar sus últimas y remotas opciones de salvación. Y oigan, a mí me dicen ahora que si firmo su permanencia a cambio de nuestro pase, y voy a la notaría de rodillas si hace falta. Porque a mí me hace una ilusión infinita volver a ver a mi Sevilla en unos cuartos de final de competición europea. Porque a mí me importa el rabo de un pimiento lo que haga cualquier equipo que no sea mi Sevilla o cualquiera cuyos intereses puedan chocar contra los de mi Sevilla. Porque a mí el Betis me la trae al pairo, ya estén en Primera, en Segunda o como si les da por desaparecer, por cambiar de nombre, de ciudad o de Liga. Porque a mi sólo me importa mi equipo, un equipo que es muy superior al rival y que a nada que haga las cosas medio bien (no de sobresaliente, sino medio bien) debe llevarse la eliminatoria con la gorra. Con la gorra. 

Así que más vale que nos dejemos de estupideces. Que la prensa venda una igualdad que no existe, que lo entiendo por las razones que expuse antes. Que la directiva se muestre diplomática, que es lo que debe hacer. Que los jugadores no suelten carnaza y se limiten a concentrarse para hacer lo que saben. Y que el Sevilla, todos, jugadores y afición, tengamos claro lo que somos y lo pongamos en práctica. 

Que somos el Sevilla, coño. Un poco de amor propio.

martes, 11 de marzo de 2014

Dame pan y llámame tonto

Tengo que reconocer que el encabrone de buena parte de la afición sevillista me tiene bastante sorprendido. Lo he entendido, y me he unido a él, durante los últimos dos o tres años, pero el de esta temporada se me escapa bastante. No estoy diciendo que no haya nada que criticar. Ni mucho menos. De hecho, aquí expliqué por qué opino que la planificación de este año está mal hecha y que la plantilla me parece coja. Y aquí expresé mi punto de vista acerca de lo que considero una deficiente política de comunicación por parte del club. De Unai Emery no voy a enlazar nada porque he dicho en multitud de ocasiones que no me gusta, que no me convence, y no creo necesario redundar más en ello. Pero de ahí al enfado generalizado que se palpa, creo que va un trecho demasiado largo. 

Con los números en la mano, la temporada del Sevilla está siendo buena. De hecho, está siendo la mejor desde Gregorio Manzano, que parece que no, pero ya ha llovido. Por primera vez desde entonces estamos en lucha por puestos europeos a estas alturas. Por primera vez desde Jiménez, estamos en octavos de final de competición europea. Y, sí, es cierto que en Copa del Rey hemos fracasado estrepitosamente, pero no estoy diciendo que la temporada sea de sobresaliente, sino solo buena. Para la crítica siempre ha de haber hueco porque es la única manera de crecer, de mejorar, de solucionar errores. Pero creo sinceramente que nos estamos pasando un poco. 

El otro día, el domingo, a eso de las cuatro y media de la tarde, cuando conocí la alineación que Emery decidió sacar para el partido contra el Almería, reconozco que me subía por las paredes. Un lateral a banda cambiada, otro lateral jugando de central, un delantero centro escorado a la banda, ningún otro en el banquillo para un por si acaso y nuestro mejor jugador fuera del once titular. El entrenador que se esconde dentro de mi no entendía nada, pero luego el Sevilla se comió al Almería y se trajo los tres puntos para casa. Y yo, ¿qué quieren que les diga? A mí, dame pan y llámame tonto. Mientras ganemos bien, lo demás me parece secundario. No baladí, pero sí secundario. Y la realidad es que la liga está rota en varios pedazos y que nosotros estamos en el grupo de los que aspiran a la quinta plaza. ¿De verdad esta plantilla puede aspirar a más? Que esta no es la plantilla que tenían Manzano o Jiménez, no nos olvidemos. Y si es evidente que no puede aspirar a más, y aparte de los claros motivos para la crítica de los que hablé en el primer párrafo, ¿de verdad es para estar tan encabronado como se ve a más de muchos por ahí?

Insisto, a mi la planificación deportiva me ha parecido errónea, y ya he escrito sobre ello. La forma en la que se expresa la directiva en lo que a estos temas se refiere me parece una calamidad, y también he escrito sobre ello. Unai Emery no me gusta, estoy harto de decirlo, porque hace cosas muy raras. Y a mi las cosas raras me sacan de quicio. De hecho, hemos perdido un buen número de puntos por culpa de esas cosas raras. Pero aparte de todo eso, yo estoy bastante conforme con la temporada que está haciendo el Sevilla. Estamos donde se supone que debemos estar, peleando en serio por puestos europeos. Pero en serio es en serio, no como estos últimos años en los que dichos puestos los veíamos siempre tan lejanos. Y en la Europa League, a nada que no nos entre una caraja, nos vamos a plantar en cuartos de final, y solo de pensarlo me entran cosquillas en el estómago. De emoción, de nervios, de ilusión. Por eso digo que no entiendo tanto encabrone. 

Repito, a mí dame pan llámame tonto. Pienso que hay bastantes cosas que corregir cuando acabe la temporada y de cara al año próximo, incluyendo entre ellas un posible cambio de entrenador, pero la presente no está terminada, y creo que tenemos a mano muchas cosas como para ir por la vida siempre bufando, siempre quejándonos..., siempre enfadados. Que esto no es como el año pasado o el anterior, en los que había que apelar a la épica y a la heróica para tratar de entrar en competición europea. Que este años estamos pugnando por la quinta plaza y con las rondas finales de la Europa League a alcance de nuestra vista. Y en esas condiciones, me van a perdonar, pero yo me quedo con la ilusión antes que con el enfado. 

Llámenme raro si quieren. 



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