lunes, 16 de marzo de 2015

La enorme estupidez de renunciar a la clase media de la Liga

Supongo que todos estamos de acuerdo en que el fútbol, debido al profundo sentimiento que lleva parejo y que afecta a los aficionados, es mucho más que simplemente un deporte. Y no digamos ya que un negocio. Sin embargo, y en referencia a esto último, cada vez se toma más como tal: como un negocio. Cosa irremediable, como pasa con todo lo que mueve una gran cantidad de dinero. Esto es algo que es así, que no se puede cambiar /(al menos a corto plazo) y que debemos asumir. Sería muy interesante que los que dirigen el cotarro encontraran la forma de compaginar ambas visiones de este deporte (mercantil y sentimental), a pesar de que, visto lo visto, la cosa parece tender más en el sentido opuesto. Esa es mi opinión, el modo en el que a mí me gustaría que se hicieran las cosas. No obstante, hoy voy a dejar de lado mis sentimientos y me voy a centrar en lo otro. Evidentemente, dicho lo dicho, soy de los que consideran que el fútbol en España se está gestionando de una forma calamitosa. Pero incluso centrándose en el ámbito meramente de los negocios, eso también es así. 

Insisto en que considerar el fútbol como solo un negocio es un error, ya que lo que lo hace grande y lo que permite que mueva tal cantidad de dinero es el sentimiento. Es lo que lo diferencia de otros deportes como el tenis o el balomnano. Es lo que mueve masas. Y aquí en España se ningunea al aficionado hasta el punto que se prima que la gente vea el fútbol por TV antes que ir al estadio, lo cual hace que estos estén cada vez más vacíos, al revés que otras ligas como la inglesa o la alemana, las cuales, paradójicamente, están ganando en prestigio y, por ende, en ingresos televisivos. Cada vez se ponen más trabas al aficionado a la hora de acudir a ver a su equipo al campo. Por precios, por horarios y, últimamente, en especial en Sevilla, por esa esperpéntica actitud que se está adoptando con el mundo ultra, metiendo a todos en el mismo saco cuando los asesinos se sabe quiénes son. 

¿Cómo va a ser lo mismo ver un partido, incluso por TV, con un campo vacío que con un campo lleno de aficionados que lo convierten en una caldera y en un espectáculo? ¿No se dan cuenta que están restando valor al producto que venden?

Pero incluso tapándose la nariz y aceptando que si los ingresos gordos vienen de televisión, eso puede afectar a la afluencia en los estadios (que no es así, pregúntenle a los ingleses, pero bueno), el fútbol español está cometiendo un error garrafal que es el que yo creo que se lo va a terminar de cargar. Hablo de la reducción de la oferta a dos productos cuando se tienen otros dieciocho, los cuales se están tirando a la basura, con el despilfarro que ello supone. Y me explico.

Esto que voy a decir se puede aplicar a muchísimos mercados, pero pensemos en uno solamente. Por ejemplo, el automovilístico. Piensen en cualquier fabricante de coches. Todos tienen distintos modelos según la gama, ya sea alta, media, utilitarios, comerciales, etc. Y compiten en su mercado con todos. Evidentemente, no van a fabricar una gama de coches para luego no darles publicidad y dejar que cojan polvo en un rincón del concesionario. Por supuesto, todas las marcas tienen su producto estrella, pero también defienden al resto porque es de ellos. Porque es de lo que viven. Porque es absurdo invertir en una cosa para luego no promocionarla. Yo creo que esto lo entiende cualquiera sin necesidad de tener un máster en Economía o una licenciatura en Administración y Dirección de Empresas. Pues bien, justo esto (aparte de los errores que se cometen respecto a los aficionados y sus sentimientos) es lo que se hace en la liga española. Centrarse en los dos productos estrella y dejar que los demás cojan polvo en un rincón.

En el fútbol, como en el mercado automovilístico, también hay gamas. La alta, la noble, la media, la baja, etc. Y todas ellas pueden aportar dinero a la compañía. A la empresa. Por supuesto, Audi factura más dinero con la venta de un A6 que con la de un A3, pero el A3 también le reporta beneficio. No hay porqué apartarlo del mercado porque sea más barato que el otro. Es más, hacer algo así sería perjudicial para la compañía en su conjunto, ya que estaría renunciando a unos ingresos, a unos beneficios.

Esto es evidente, incluso para los que no son empresarios ¿no? Pues es justo lo que se hace en el fútbol español. Fomentar la alta gama y se dejar a la media que se pudra en cualquier sitio. ¿Cómo no se dan cuenta del dineral que pierden actuando de ese modo?

Centrémonos en solamente dos equipos. En el Real Madrid (alta gama) y el Sevilla FC (llamémosle gama noble, por ponerla por encima de la media). Evidentemente, el Madrid es más fuerte, más poderoso, gana más títulos, es más mediático, se vende mejor, genera mucho más dinero y también más beneficio. Es el producto estrella de la empresa "Liga Española de Fútbol". Es el A6 de Audi, el Passat de Wolkswagen, el Mondeo de Ford. Pero ¿alguien se imagina a Audi, Wolkswagen o Ford renunciando promocionar el A3, el Golf o el Focus? ¿En qué cabeza cabría eso?

El Sevilla, sin llegar ni de lejos a las prestaciones y la calidad de una marca como el Real Madrid, no deja de ser un club histórico que ha tenido grandísimos jugadores en sus filas. Un club que, actualmente, es el que más veces ha ganado la Europa League en todos sus formatos a lo largo de la historia. Un equipo que lleva una década codeándose con la gama noble de fútbol continental. No con la alta gama, pero sí la noble. Un producto, una marca, que tiene mucho que vender. Insisto, no tanto como los de la alta gama, pero tampoco como para renunciar a ella. Y quien dice Sevilla dice Valencia, Villarreal, Atlético, etc. ¿Por qué la empresa "Liga Española de Fútbol" renuncia a muchas de sus marcas para centrarse solo en las de alta gama? ¿Qué le pasaría a cualquier directivo de cualquier multinacional si hiciera eso con algunos de los productos de su empresa?

El resultado de esta desastrosa política comercial es que los productos de gama noble y gama media de las empresas competidoras (Premier, Bundesliga, etc.) se están vendiendo mucho más, están aportando mucho valor a las empresas en su conjunto y éstas, insisto, en su conjunto, están superando con creces a la nuestra por el simple hecho de que están mejor gestionadas. Y, claro, cuando llega la hora de venderse, de obtener nuevos contratos televisivos, las operadoras van a invertir muchísimo más en otras ligas que en la nuestra. ¿Por qué? Pues porque en su conjunto valen más. Seguramente, los productos estrella de las empresas Premier y Bundesliga no sean tan buenos como el de la empresa Liga Española (casi, pero no tanto), pero la compañía en su conjunto vale mucho más. Y como eso es en lo que se fijan las televisiones a la hora de comprar el paquete completo, pues pasa lo que pasa. Que cualquier equipo inglés o alemán gana más que cualquier equipo español, salvo los dos grandes. Por ahora. 

Insisto, por ahora.

Y este es el grado de ineptitud de los directivos de la multinacional Liga Española de Fútbol. Directivos que habrían sido despedidos hace tiempo de cualquier otra compañía por inútiles. Por no tener ni idea de cómo se gestiona una empresa con ese volumen de negocio y por permitir que la competencia les barra del mapa. Pero, claro, esto es España. Y mientras se pueda vender "la décima" como un enorme éxito de todo el fútbol español, pues así estamos. 

Como en el siglo XVI, cuando teníamos un imperio en el que no se ponía el sol, pero la gente se moría de hambre. 

Lo dicho. Esto es España. De toda la vida. 


viernes, 13 de marzo de 2015

El peso del escudo.

Los Potros se enfrentan a los defensores del título

Todos lo vimos hace un par de semanas. Este era el cartel que se podía ver en la ciudad alemana de Monchengladbach en la previa del partido de vuelta de dieciseisavos de final que nos enfrentó al Borussia. Un equipo fuerte, que tiene más presupuesto que el nuestro, que va tercero en una liga más competitiva que la nuestra y que sabe lo que es ganar títulos europeos. Quizás precisamente por eso nos mostraban ese respeto. Porque ellos saben lo que es ganar títulos europeos. Porque saben de lo que hablan. 

En contraste, en la previa del partido contra el Villarreal, nos encontramos con un entrenador rival compungido y medroso que ya ponía paños calientes antes de iniciar la batalla. Que se quejaba de la dureza del rival. Que ya parecía arrugado de antemano. Un entrenador pequeño. No por su estatura, sino por su actitud. La diferencia con el Borussia es monumental. Por su actitud, ya digo; por la forma de afrontar el partido. Por no mostrar respeto, reconocer la grandeza del rival y tratar de utilizar sus armas para vencerla, sino centrarse en estupideces como una supuesta excesiva dureza que al final resultó la que ellos emplearon en el partido, y no tanto nosotros. Es lo mismo que quien habla de suerte. Como si ganar tres veces la UEFA se pudiera lograr por suerte. Una siquiera. Estos no son el Borussia. Estos no tienen ni idea de lo que hablan. 

Supongo que es la diferencia entre un equipo que sabe lo que es ser campeón y otro que no. Supongo que el Villarreal es hoy lo que nosotros éramos en otra época: un buen equipo que se arruga en las citas gordas. Supongo que es el peso del escudo, algo que va más allá del potencial de las plantillas o del juego que se desarrolla en el campo. Seguramente, el partido de liga contra los castellonenses será más igualado. Pero el fútbol tiene estas cosas: dos equipos, los mismos equipos, en una competición van de igual por igual, pero en otra, uno es el campeón (tricampeón) y el otro, no. Y se nota. Joder, que si se nota. 

Y, en estas, con equipos alemanes de segundo escalafón de por medio, me acuerdo de otra eliminatoria UEFA contra otro club germano del nivel entonces del Borussia de ahora, cuando nosotros éramos lo que puede ser el Villarreal hoy: un buen equipo que no era capaz de dar el salto para convertirse en un grande. En un campeón, gane o no gane en un momento determinado. Quienes superen (o al menos ronden) la cuarentena, lo recordarán. Quienes no, simplemente habrán oído hablar de ello. Fue a finales de 1982. El Sevilla, que tenía un buen equipo con buenos jugadores como Buyo, Serna, Nimo, Alvarez, Pintinho o Francisco, venía de hacer la machada de remontar un 2-0 en contra ante el Paok de Salónica griego, al que se le ganó por 4-0 en el Sánchez Pizjuán en el que fue, quizás, el mejor partido del equipo en Europa hasta el siglo XXI. Y en la siguiente ronda (octavos de final) nos tocó el Kaiserslautern, un equipo alemán que (salvando las distancias) podría tener entonces el mismo nivel que tiene el Borussia ahora. Y al igual que al Borussia ahora, les ganamos en casa en la ida por 1-0. Claro que la forma en que nos recibieron para la vuelta no fue la misma que en la actualidad. Ni nuestra actitud (íbamos acojonados y a ver si sonaba la flauta). Y, como solía ocurrir, el resultado no fue, ni mucho menos el mismo. Ni parecido. Nos aplastaron con un contundente 4-0 y nos mandaron para casa sintiéndonos lo que éramos. Mediocres. Un buen equipo, pero mediocres. 

Las cosas han cambiado. Nosotros ya logramos dejar la mediocridad a un lado y dar ese salto del que hablaba antes. Nosotros ya no somos ese buen equipito venido a más que un año hace una buena temporada y al siguiente no es capaz de compaginar Liga y competición europea. ¿Cuántos ejemplos hay de clubes que se han venido abajo al año siguiente de hacer un temporadón por este motivo que comento? Sin ir más lejos, el Betis del año pasado. O el Athletic este mismo. No, nosotros ya no somos eso. Nosotros somos otra cosa, y no hay más que mirar un poco al pasado para comprobarlo. 

El cartel que colgaron en Monchengladbach es el ejemplo perfecto. Y nosotros no desmerecimos el respeto que nos mostraron. Les ganamos como ganan los campeones. Competimos contra un muy buen equipo y vencimos en ambos partidos, no por ser mejores que ellos, sino, quizás, porque el escudo del campeón pesa lo bastante como para desnivelar balanzas. Ellos sabían a lo que se enfrentaban e hicieron sus méritos. Pero igual que nosotros, a lo largo de nuestra historia, hemos perdido muchísimos partidos, no por jugar mal, sino porque nuestro escudo pesaba menos que el del rival, ahora pasa lo contrario. 

Y lo de anoche contra el Villarreal fue más de esto mismo.

No sé lo que acabará haciendo el Sevilla en esta Europa League, pero sí que es favorito para ganarla. No por presupuesto. No por plantilla.. Ni siquiera por el juego que está desplegando. Pero sí por escudo. Sí porque los rivales ya nos conocen. Sí porque no es lo mismo jugar contra un buen equipo que contra el campeón. Si porque nosotros sabemos que podemos, porque nos lo creemos, porque somos capaces, porque no es algo nuevo para nosotros. Y sí porque entrenadores de rivales muy buenos como el Villarreal hablan de chorradas en la previa de los enfrentamientos, dejando así claro el pánico que nos tienen. 

Y con pánico no se puede jugar bien al fútbol. 

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