jueves, 1 de octubre de 2015

Demasiado ruido.

En la vida es necesario tener bien clarito cuáles son las prioridades. Qué es lo de verdad importante y qué lo es menos. Bastante menos. Porque las fuerzas no son ilimitadas. Porque hay veces que aun empleándote a fondo, dedicando en pleno todo tu potencial, apenas alcanzas para cubrir el número uno de tu lista. Y si eso es así, ¿cómo vas a atender al dos, al tres, etc.? No se hace y punto. Lo importante es importante y el resto, si es necesario, simple y llanamente desaparece del foco de tu atención. 

Dicen que, para los aficionados, el fútbol es lo más importante de entre las cosas que carecen de importancia. Y así ha de ser tomado, al menos en mi opinión. En este sentido, yo me acuerdo mucho de mi padre, que era un gran sevillista de corazón, pero que luego, a la hora de la verdad, no lo demostraba al exterior con vehemencia. No se tomaba el fútbol con la pasión que otros muchos. Más bien diría que pasaba bastante del asunto, aunque, matizando, seguramente la cosa fuera más sencilla. Había cosas más importantes para él. Ni más ni menos. 

Yo creo que el fútbol, como cualquier otra afición, debería de ser algo con lo que uno se olvida por un tiempo de las preocupaciones generadas por los temas de verdad importantes. Algo con lo que uno se relaje, no una fuente más de preocupaciones. Y cuando esto no ocurra, cuando esa afición te provoque más mal que bien, debes alejarte. Esto, que parece de sentido común, en el fútbol no se da por una simple cuestión de sentimientos. Por mucho que quieras alejarte, te es imposible. Nunca lo haces. No del todo. 

Justo esto me está pasando a mí en los últimos tiempos. Tengo las fuerzas concentradas en lo de verdad importante y trato de no perder ni un gramo de las mismas en ninguna otra cosa. Pero no puedo olvidarme del Sevilla porque eso es imposible para alguien que lo siente. Y, bueno, la temporada pasada, al menos me proporcionaba alegrías y relajación. Pero en lo que va de la presente, ya ni eso. Pero el problema no lo tiene el fútbol, ni el Sevilla, ni siquiera el hecho de haber empezado mal el curso. El problema lo tiene el ruido. Hay mucho ruido. Demasiado. 

Miren, si yo me tapo los oídos, (o dejándonos de metáforas, si no leo nada en redes sociales y prensa) puedo llegar a conclusiones sencillas como las siguientes:

- Si en el Juventus Stadium el Sevilla hubiese podido alinear a Carriço, Pareja, Banega, Vitolo y Llorente, es probable (solo probable) que las prestaciones del equipo hubiesen sido mejores, así como las alternativas desde el banquillo caso de que la cosa se torciese a lo largo del partido.

- Si un tal Vicente del Bosque se lleva a otro tal Sergio Rico a la selección, no digo yo que este último sea un grandísimo crack mundial, pero un paquete tampoco. 

- Si tanto Barcelona como Sevilla, los equipos que jugaron la Supercopa de Europa, tienen una infame plaga de lesiones, es probable que el tener que adelantar tanto la preparación en pretemporada sea una posible causa. 

- Si el Sevilla no tuviese tantos lesionados, igual (solo igual), sin hacer un juego espectacular, los resultados hubiesen sido un poco mejores y no tendría el hundimiento de confianza que padece actualmente. Porque el problema actual no es de plantilla o de técnico, sino de falta de confianza. Que es una cosa diferente. La misma confianza que, teniéndola, nos proporcionó tantos éxitos el año pasado. 

- El haber renovado la mitad de la plantilla conlleva el riesgo de que los nuevos no se adapten rápido y el equipo se resienta en sus inicios. El año pasado no ocurrió, pero hace dos, sí. Y este, parece que también. Es normal. Debe minimizarse su impacto en los resultados, pero es normal. 

Hasta aquí, todo parece sensato. Parece, digo. No me arrogo la capacidad de disponer de verdades absolutas, pero sí que parece sensato. De hecho, hay otros equipos con problemáticas parecidas (la Juve, como ejemplo más cercano en el tiempo). Todos los años pasa, en un sitio o en otro. Y lo normal, dentro de mi forma de ver las cosas, sería echarla al suelo, respirar hondo, apretar, exigir y animar para que los problemas se solucionen lo antes posible. 

Ahora, apartemos las manos de los oídos y añadamos el ruido que antes quitamos. Y con ello (haciendo un batiburrillo sin demasiado orden ni concierto)  nos encontramos con conclusiones muy distintas a las que anteriormente expuse:

- Emery no vale. No sabe gestionar plantillas poderosas y se arruga ante rivales grandes. 

- Monchi ha fracasado en la planificación. Otra vez. Es un desastre, hay muchísimas lagunas y ahora lo estamos pagando.

- Cualquier equipo de Segunda tiene mejor portería que el Sevilla. 

- La plantilla no cree en el entrenador. Le están dando la espalda, le están haciendo la cama para que lo echen.

- Debería venir Caparrós.

- Jugadores como Konoplyanka o Immobile tienen el ego muy grande y están enfadados por la falta de oportunidades. Emery no sabe gestionar esos egos y eso está generando tensiones en el vestuario porque ellos ganan mucho y hacen poco.

- El vestuario antes estaba muy unido y ahora es un polvorín. Cualquier día estalla y acaban a hostias.

- ¿Y qué decir de la inestabilidad institucional? Eso también está a punto de estallar y entonces veremos lo que vale un peine.

- Por tanto, hay que olvidarse de la Champions y centrarse en liga para evitar el descenso. 

Todo esto lo he leído yo personalmente a lo largo de las últimas semanas. Y, sinceramente, con esto no puedo. No pienso luchar contra este tipo de comentarios. Sé que en las redes sociales hay gente tratando de imponer algo de cordura y de evitar que a tantos y tantos se les vaya la cabeza hacia ideas descabelladas. Yo no sé si aquí hay intereses personales, si hay gente a la que le conviene que al equipo le vaya mal y saltan a la mínima, si el ego no lo tienen Konoplyanka o Immobile sino otros que prefieren tener razón antes que cualquier otra cosa, o si la forma que tienen de desahogarse de todas las mierdas de la vida real es no dejar títere con cabeza, aunque luego se peguen golpes en el pecho cuando los mismos a los que ahora vilipendian, luego levantan trofeos. 

No lo sé, de verdad, pero yo paso. Me vuelvo a mi cueva, que necesita de toda mi atención. No voy a dedicar ni un minuto a discutir sandeces con enterados de chichinabo. Esto es fútbol, toda una pasión. Todo un sentimiento. Una afición que va más allá, pero nada de vital importancia. Vale debatir, vale discutir, vale intercambiar opiniones. No solo vale, es que es apasionante hacerlo. Pero tirar por tierra la valía de todos los estamentos de una institución que viene de ganar dos títulos europeos consecutivos por hacer seis partidos malos es de necios. Y yo tengo muchísimas cosas más importantes que hacer que leer y discutir con necios. 

Y no, no voy a dejar de lado al Sevilla. Lo que voy a dejar de lado es al ruido. Porque hay mucho ruido. Demasiado. 

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