sábado, 15 de diciembre de 2012

Cuando las musas te abandonan

Todo el que tiene un blog desde hace tiempo sabe lo difícil que es mantenerlo activo, la de horas que te quita, la ilusión que es necesaria. Incluso, el apoyo de otros, el saber que la gente te lee y que no estás gritando en el desierto. Pero también, quizás hasta más importante que lo anterior, se necesita inspiración, que las musas estén de tu lado. Y no siempre lo están. 

A mí me abandonaron muchas veces. Sé por experiencia que siempre vuelven, aunque no cuánto pueden tardar en hacerlo. Unas veces más, otras menos. Sólo ellas lo saben. 

Hace ya unas semanas que siento abandonado por ellas otra vez. A mí no me resulta complicado llenar un par de carillas de folio de palabras encadenadas con sentido. Otra cosa distinta es conseguir que el resultado sea tan interesante como la escritura de compra-venta de una casa o el prospecto de un medicamento. Tan poco interesante, me refiero. Yo, para escribir chorradas, prefiero no escribir. Y en esas estamos. Últimamente escribo bien poco. Ando bastante corto de inspiración. 

Dicen los que saben que para lograr que un blog sea serio, para que tenga credibilidad, ha de ser coherente, ha de mantener una línea más o menos regular, no debe tener altibajos. No me refiero tanto a la frecuencia con la que se publica, sino más bien al sentido de las opiniones, al tono en el que se expresan, al estilo que se emplea al escribir. Y en los últimos tiempos, a mi me falla el sentido, el tono y el estilo. 

El sentido de mi opinión se ve trastornado por el desconcierto que me produce lo que veo a mi alrededor. Si hablamos de fútbol (la temática principal de este sitio), la errática trayectoria del Sevilla me deja fuera de juego. A veces no sé a lo que agarrarme, no estoy seguro, no sé si esa opinión está bien basada o es necesario retocarla. En ocasiones se ve fortalecida, pero otras se viene abajo. Como digo, estoy desconcertado. 

Si hablamos de la vida en general, pues apaga y vámonos. 

Lo del tono en que me expreso depende más de mi situación personal. De mi humor. No voy a entrar a soltar un rollo sobre cómo me encuentro últimamente. No me interesa ni a mi, con lo que ¿pa qué? Pero mi humor está sufriendo unos altibajos semejantes al juego del equipo. A veces hablo (o escribo) con mesura y moderación, y otras me explayo de manera hasta soez. He perdido un poco el equilibrio en ese sentido, y creo necesario recuperarlo. 

Y respecto al estilo, es aquí donde aparecen y desaparecen las musas. Si no hay musas, no hay estilo. Si no hay musas, lo que sale es plano, aburrido, vulgar..., nada diferente, nada especial. Yo creo que cada blog tiene que tener su idiosincrasia, su cosita que le hace diferente al resto. No se trata de calidad de escritura, sino de que tenga algo que lo diferencie de los demás y que lo haga único. Eso es el estilo. E igual que digo que el sentido de mi opinión está trastocado y que he perdido el equilibrio a la hora de expresarla con un tono uniforme, el estilo que trato de aplicar en esta que es mi casa se ha perdido, se lo han llevado las musas y me lo traerán de vuelta cuando vuelvan. 

En estas condiciones, es difícil mantener una cadencia uniforme a la hora de publicar. Y esa es la razón por la que dicha cadencia ha descendido del modo tan considerable en que lo ha hecho. No es algo que me preocupe. Ya he pasado por eso en otras ocasiones. De hecho, he pasado por momentos mucho peores, hasta el punto de verme obligado a abandonar el blog durante meses. No es el caso actual. No es para tanto. Pero, por pocos que seáis, sé que hay gente que entra aquí habitualmente y a quienes igual decepciono por no publicar tan a menudo como de costumbre. Considero que merecen una explicación y por eso escribo esto. Sé que no tengo por qué hacerlo, pero me siento mejor haciéndolo. 

Pronto las musas volverán y todo volverá a ser como siempre. Al fin y al cabo, cualquiera que tenga un blog habrá pasado por lo mismo infinidad de veces. Es lo más normal del mundo. 


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