A pesar del titular, este post va de autocrítica. No voy a sacar pecho, porque en momentos como este es muy fácil hacerlo, pero en mi caso sería de los más injusto. Me siento muy orgulloso, pero a la vez considero que el título al que me refiero en la cabecera se ha conseguido gracias a los méritos de otros. Y me explico.
Cuando el Sevilla grande gana un título, la afición entera se siente partícipe en cierta manera por el apoyo incondicional que ha manifestado a lo largo de muchos años hacia el equipo. Y yo me incluyo ahí. Y cuando la directiva decide que a las finales van los abonados más fieles en orden de antiguedad, yo lo considero justo porque para eso han estado ahí, a las duras y a las maduras, no sólo a las maduras.
Y ahora que los juveniles han ganado la Copa del Rey, yo me pregunto qué he hecho yo para que ese triunfo haya sido posible. ¿Los he animado? ¿Los he apoyado? ¿He ido a algún partido si quiera a saber quienes son los chavales que en un futuro estarán dando gloria a la institución jugando en el primer equipo? Pues no. Y por eso ese orgullo que siento se transforma en un sentimiento parecido a la vergüenza, porque es como si esos cahavales me hubieran dado una bofetada, a la vez que me dicen "ahí lo llevas, para que luego no te acuerdes de nosotros para nada".
Podría decir que estoy exhultante por ser sevillista. O restregarles por la cara este éxito a aquellos que hablan de que la mejor cantera del país es la de tal o cual club. Podría presumir de triunfo, de sevillismo... de lo que sea, pero no me sale, porque yo no he hecho nada para que ese triunfo se haya podido conseguir.
No sé si algo así es lo que sentís alguno de vosotros. No lo sé la verdad, pero muchos de los que han criticado hasta la crueldad la nefasta temporada del Sevilla At. en lo que a resultados deportivos se refiere, deberían de esconderse hoy en un lugar muy oculto, porque este título es la mejor manera que puede tener la cantera de decirles que son unos miserables. Estos chavales que sólo juegan por amor a un escudo no se merecen que luego se les critique de esa manera por no estar aún preparados para codearse con los tuercebotas que deambulan por la Segunda División española. A estos chavales lo que hay que hacer es animarles, jalearles y sobre todo, cuidarles y mimarles, porque eso es lo que necsitan para un día dar el salto definitivo para convertirse en las nuevas estrellas del primer equipo. Y lo mismo que digo para los chavales vale para los entrenadores. ¿Jimenez vete ya? ¿Galeote vete ya? ¿Lo mismo le diríamos a Ramón Tejada si cogiera uno de los equipos superiores y los resultados o el juego no fuese lo que desean estos criticones? Hoy todo son palmaditas para Ramón. ¿Y mañana qué pasará? ¿Por qué somos tan ingratos? Y yo me estoy incluyendo el primero desde la primera frase de este post.
El título de ayer no nos debería hacer sacar pecho, sino reflexionar. Preguntarnos por qué nunca vamos a ver estos partidos (la mayoría no vamos, no nos pongamos ahora espléndidos). Preguntarnos también por qué tenemos tan poca paciencia con la gente de la casa, con los que nunca se rinden, con los que sienten como nosotros, con los que son sevillistas hasta la muerte. Con los que mantienen el club, porque al Sevilla lo mantienen esos que trabajan en la sombra y que sólo salen a la palestra para que les den más palos que a una estera, o cuando consiguen un triunfo tan importante como el de ayer. De haber caído en semifinales apenas nadie se habría acordado de ellos, a pesar que semifinales sería un magnífico resultado también.
Y esos jugadores que ayer ganaron se llevarán los pitidos de la grada en cuando suban al primer equipo y hagan dos partidos malos. Me estoy acordando ahora de cuando Paco Gallardo decía que tenía que salir al campo con tapones para los oidos. ¿Habrá alguien más sevillista que Paco Gallardo? Igual que él muchos, pero ¿más?. Y lo mismo, ¿habrá gente más sevillista que estos chavales? Igual sí, claro, pero ¿más?.
Yo os invito a todos a recapacitar dentro del orgullo que sentimos. Para que cuando alguien de la casa se equivoque no los matemos a pitos. Apoyémoslos, tengamos paciencia con ellos. Al menos la misma que pediríamos para nosotros mismos. Pensemos en ellos cuando nos cabreemos con Jimenez, con Diego, con Galeote, o con cualquier chaval que acaba de debutar en el primer equipo y falla, o con los chicos del Sevilla Atlético a los que les ha venido grande la categoría este año. Más que nada porque del desarrollo de estas personas, jóvenes para jugar o jóvenes para entrenar, depende el desarrollo del nuestro Sevilla FC. Porque nuestro futuro está ahí. Ellos son nuestro futuro, el futuro de nuestro sentimiento, de nuestro orgullo... de nuestro sevillismo.
Y a esos chavales... ENHORABUENA. Con mayúsculas, de verdad, de todo corazón.
Y perdón por haceros tan poco caso.