lunes, 14 de mayo de 2018

Los guardiolitos y la gran mentira del fútbol


Decía Johan Cruyff que el fútbol es de los hinchas y que a los hinchas hay que darles lo que les gusta porque se llevan toda la semana trabajando y van al estadio en su día libre para divertirse viendo un espectáculo. Y respecto a esto, también decía que a los hinchas de una parte del mundo no tienen por qué gustarles las mismas cosas que a los de otra, de manera que, en cada lugar, hay que adaptarse a los gustos de los aficionados que allí te encuentres. 

Mi percepción acerca de lo que es el fútbol ha variado mucho a lo largo de los años. Yo soy sevillista desde que tengo uso de razón, salvo un día en el que, de pequeño, decidí hacerme bético para saber lo que se sentía siéndolo. No llegué ni a media tarde. Para la hora de la merienda, ya era sevillista otra vez. Hasta hoy. Sin embargo, a día de hoy, para mí, el sevillismo es algo diferente a mi afición por el fútbol. El sevillismo es un sentimiento que se sostiene mediante el fútbol, pero no es fútbol. Es otra cosa. Desde el punto de vista meramente futbolístico, no tiene lógica ninguna ser sevillista. Lo normal es ser de un equipo que gane, o que aspire a hacerlo siempre, porque es el que te garantiza un mejor juego, una mayor posibilidad de obtener trofeos y, en definitiva, un espectáculo más divertido y agradable que contemplar en tu día de descanso. De hecho, es lo que ocurre con mayor normalidad. La gente, el vulgo en general, es del Madrid o del Barcelona, ¿de quién si no? Son los mejores, los que mejor juegan, los que más ganan, los que más hacen disfrutar. Sin embargo, en mi caso (y en el de mucha gente, por fortuna, todavía) las cosas no son así. Yo soy sevillista porque el espectáculo no me importa tanto. Es sentimiento. No es fútbol, no es deporte. Es sevillismo.

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Johan Cruyff con la camiseta del Ajax de Amsterdam
¿Quiere esto decir que la afirmación de Johan Cruyff no tiene sentido? En absoluto. Aquella afirmación hay que ponerla en contexto. Cruyff hablaba como integrante del Ajax de Amsterdam y lo que defendía era que al hincha del Ajax había que darle lo que le gustaba, que no tiene por qué ser lo mismo que lo que le gusta al hincha de otro equipo. ¿Y qué le gustaba (y le gusta) al hincha del Ajax? El fútbol total. Ni más ni menos.

Dicen que el fútbol total era eso a lo que jugaban los húngaros en los años 50, cuando fueron campeones olímpicos en 1952 y subcampeones del mundo en 1954, con jugadores con Puskas, Czibor o Kocsis. Se basaba en una obsesión absoluta por la posesión del balón, una presión intensa tras pérdida para recuperarlo lo antes posible y un sistema de triangulaciones entre los jugadores para llegar a la portería contraria con un juego elaborado y no directo. Pero quien de verdad lo hizo famoso fue Rinus Michels, técnico del Ajax durante los años 60 y principios de los 70, y del Barcelona justo a continuación, siendo Johan Cruyff su jugador franquicia en ambos clubes. Michels convirtió una forma de jugar en toda una filosofía, en una manera de entender el fútbol, que transformó por completo el Ajax de Amsterdam, haciéndolo pasar de un club en el que los futbolistas ni siquiera eran profesionales (Cruyff fue el segundo en serlo allá por 1965), a ganar la Copa de Europa tres veces consecutivas entre 1971 y 1974 y que sus jugadores fueran la base de la Naranja Mecánica, la mítica Holanda subcampeona del mundo en 1974 y 1978.
Rinus Michels y Johan Cruyff levantando la Copa de Europa

Gracias a Michels como entrenador y a Cruyff como jugador, primero, y como entrenador más adelante, el fútbol total se convirtió en el alma del Ajax, en su filosofía, en lo que ellos sienten que son, lo que el hincha quiere ver hacer a su equipo porque es su idiosincrasia. Nuestro “dicen que nunca se rinde”, por explicarlo de alguna manera. Cuando el Ajax juega al fútbol total, el hincha es feliz. Y si pierden, sienten que lo hacen con la cabeza alta, siendo fieles a su estilo, a ellos mismos, a lo que les hizo los más grandes en su día. Varias veces a lo largo de su historia. A eso se refería Johan Cruyff con la afirmación con la que empecé el post. Al hincha (del Ajax) hay que darle lo que quiere. Y lo que quiere es eso.

El problema es que, en los últimos tiempos, se ha puesto de moda el fútbol total y se lo asimila con “jugar bien”, cuando se puede jugar bien al fútbol de muchísimas maneras y se puede jugar mal practicando el fútbol total. El fútbol total es sólo una manera de practicar este deporte, pero no la panacea. Pero da igual. Se ha puesto de moda y se nos ha llenado el mundillo de “guardiolitos” que pontifican sobre lo bueno y lo malo y alaban y desprecian según su punto de vista, como si fuera el único. Como si poseyeran la verdad absoluta, cuando existen infinidad de verdades en el fútbol y la suya no es más que una de ellas, que, además, a base de tergiversarla, la convierten en todo lo contrario: en una gran mentira.

Johan Cruyff y Pep Guardiola
Guardiola le ha dado mucho al fútbol, pero tampoco es cuestión de exagerar. Como todo, hay que poner las cosas en contexto. Recordemos que el padre del fútbol total, Rinus Michels, fue entrenador del Barcelona en los 70. Que el jugador franquicia de este modelo de fútbol, Johan Cruyff, fue la súper estrella de aquel equipo. Que luego fue su entrenador a finales de los 80 y principios de los 90, siendo Guardiola su “niño mimado”. Que más tarde llegó Louis Van Gaal, después de ganar la Liga de Campeones con el Ajax jugando de esta forma. Y que después llegó Rijkaard, que fue lanzado a la élite en el equipo de Amsterdam por el propio Johan Cruyff cuando entrenaba a los holandeses, antes hacerlo con el Barça. Quiero decir con esto que igual que Michels y Cruyff convirtieron el fútbol total en la filosofía del Ajax, también hicieron lo propio en el Barcelona, de manera que Guardiola se crió en ella, y lo mismo hicieron multitud de futbolistas posteriormente. Cuando Guardiola llegó al banquillo del primer equipo, esa forma de jugar estaba incrustada hasta el tuétano en el ADN barcelonista. Más incluso que en el Ajax, y esto no lo digo yo, sino que lo dijo el propio Johan Cruyff. El mérito de Guardiola fue continuar con un trabajo que se venía desarrollando en el club catalán desde hacía décadas y llevarlo a la excelencia. A su máximo esplendor. Claro que eso es más fácil de hacer cuando tienes en tu plantilla a Xavi, a Messi, a Iniesta y compañía que cuando no les tienes. Además, se trata de jugadores criados en esa filosofía de juego. Igual que Valdés, o Piqué, o Busquets (cuyo mismísimo padre era uno de los porteros del Barça entrenado por Cruyff), o Cesc Fábregas, o Pedro...
Louis van Gaal y Pep Guardiola
Y, para colmo, tienes dinero de sobra para fichar a quien te dé la gana. Lo que quiero decir con todo esto es que Guardiola no llegó al banquillo azulgrana con un método revolucionario, sino que alcanzó la excelencia con algo que ya había. Que tiene un enorme mérito, porque manejar un vestuario así es difícil, aparte de que alcanzar la excelencia en lo que sea es loable por definición, pero que no inventó nada. Al contrario, se aprovechó de un enorme trabajo que, mejor o peor, llevaba años haciéndose.

Pero Guardiola, indirectamente y supongo que sin pretenderlo, también ha hecho daño. Ha puesto de moda una mentira que consiste en creer que esto del fútbol total es la definición absoluta de jugar bien al fútbol. Del "juego bonito". Y no. No es así. Y todavía peor, que parece que no aplicarlo es arcaico, rancio, cuando es un modelo que ya se utilizaba en los años 70. De esta manera, como decía antes, se nos ha llenado el mundillo de guardiolitos pontificadores de la gran mentira.
Marco van Basten, Johan Cruyff y Frank Rijkaard, cuando Cruyff entrenaba
al Ajax de Amsterdam a mediados de la década de los 80.
Gente que se cree que sabe más de fútbol que los demás porque defienden el “juego de posesión” (insertar emoticono de "¿pero de qué coño me estás hablando?"), como si eso te diera una especie de aura de superioridad moral futbolística que sirve para mirar por encima del hombro a quien defiende otra cosa. Que te hablan de fútbol como flotando sobre una nube, como filosofaría sobre el surf cualquier surfista puesto hasta arriba de marihuana que observa las olas sentado sobre la arena mientras espera la llegada del dios del mar a lomos de una tabla. Y ahora parece que los entrenadores que no utilizan el tiki-taka (odio profundamente esta expresión, hasta el punto de casi incitarme a la violencia cuando la escucho) no valen, no son guays ni modernos, no molan. Cuando el tiki-taka es una gilipollez que se inventó el malogrado Andrés Montes mientras veía a la selección española de Del Bosque. Un Del Bosque que nunca aportó nada relevante al mundo del fútbol, pero que era lo bastante inteligente como para llevarse a la selección a casi toda la plantilla del genial Barça de Guardiola y dejarles jugar igual que lo hacían en su club. El tiki-taka no es nada, es humo, es bluff, que parece que aquí hemos inventado la pólvora con esta estupidez, y sin embargo es elevado a los solemnes altares de la verdad absoluta del fútbol y el resto de formas de juego es para brutos, antiguos y rancios. Me hierve la sangre sólo de pensar en esto. En la enorme e inmensa mentira que es esto.

Sin embargo, he de reconocer que yo soy un fan total de este estilo de juego. Del fútbol total. Me encanta ver a un equipo practicarlo. Es lo que me gusta ver cuando me siento delante de la tele, con una cerveza y una bolsa de patatas fritas. Es el espectáculo que me gusta, pero no para mi equipo. Y me explico. Decía al principio que mi visión de este deporte ha variado con los años y que para mí el sevillismo no es fútbol, no es deporte. Es sentimiento. Para mí, no es lo mismo ver al Sevilla que a un espectáculo futbolístico. 
Adriana Lima en bikini
Para mí, un espectáculo es ver desfilar a Adriana Lima en bikini, pero yo no la cambiaría por mi mujer porque, para mí, mi mujer es lo más grande, la quiero más que a nadie y eso no tiene nada que ver con el aspecto que tiene. Y esto es así porque, igual que el Ajax o el Barcelona tienen su filosofía, el Sevilla también posee la suya y a mí me gusta ver a mi equipo llevándola a la práctica. Nosotros somos “yonkigitanos”, una expresión que se inventaron en el centro de la meseta para insultarnos y que nosotros la hemos hecho propia hasta el punto de enorgullecernos de ella. Valiente paradoja, ¿no? Por poner un ejemplo que lo explique, recordad aquella Supercopa de Europa que perdimos contra el Real Madrid por hacer el mongolo en los últimos minutos. Por ser fieles a la “idea” de Sampaoli de sacar el balón jugado desde atrás. Es probable que si eso le pasa al Ajax, acabarían diciendo que perdieron con la cabeza alta, siendo fieles a su estilo, siendo ellos mismos, con orgullo. Pero a nosotros se nos escapa la bilis por la boca sólo de pensarlo. Como decía Cruyff, a cada hinchada hay que darle lo que le gusta, y lo que le gusta a unos no tiene que coincidir con lo que le gusta a otros. Cada cual tiene su idiosincrasia y la nuestra es la que es. Un espectáculo futbolístico es aquel partido Sevilla – Español que acabó en 6-4, pero nosotros no queremos eso, por muy divertido que sea. El Ajax ganó la liga holandesa cuatro veces consecutivas con Frank de Boer de entrenador, entre 2011 y 2014, pero lo hizo con una forma de jugar alejada de su filosofía. Los hinchas eran felices, claro, pero... Había un pero, un nubarrón, no estaban del todo satisfechos. El año pasado, sin embargo, con Peter Bosz en el banquillo y una plantilla de chavales que, salvo tres o cuatro, ninguno superaba los 21 años, sólo fueron subcampeones de la Eredivisie y llegaron a la final de la Europa League, en la que palmaron contra el Manchester United del pragmático Mourinho. Y la felicidad en Amsterdam era total porque lo hicieron siendo absolutamente fieles a su estilo. ¿Tiene esto sentido?
Jose Mourinho saluda a Peter Bosz. Al fondo, los jugadores del Ajax con
la medalla de subcampeones de la Europa League 2017

Cualquier aficionado de un equipo que tiene una filosofía clara sabe que sí. Que, al final, no es tanto ganar o perder, sino sentirte orgulloso. Que se puede perder una Supercopa de Europa con el Real Madrid, claro que sí, pero, joder, no por hacer el mongolo en los últimos minutos. Que Sampaoli decía que quería que le recordasen, no sólo por ganar, sino por el modo de hacerlo, lo cual es una tergiversación de la filosofía de Cruyff porque eso, según la “idea” de Sampaoli, valdría para el Ajax, pero no para nosotros. Porque cuando Cruyff decía esas cosas, lo hacía siguiendo la filosofía de los holandeses. Y también decía que no puedes ir con esa filosofía e imponerla en cualquier parte del mundo. O coges un proyecto a largo plazo y la vas metiendo (como hicieron en el Barcelona) o al público le tienes que dar lo que quieren, porque se llevan toda la semana trabajando y el domingo quieren ver SU espectáculo, no necesariamente el que tú quieras.

Joaquín Caparrós con gesto yonkigitano
En verdad, es un privilegio tener una filosofía definida. ¿Cuántos equipos la tienen? Muy pocos. Así a bote pronto, se me ocurre pensar en el Athletic de Bilbao, el Barcelona, el Atlético de Madrid ahora con Simeone..., incluso el Betis con su “manque pierda”, aunque se supone que debería tratarse de una filosofía ganadora, no perdedora, pero, claro, es que esta gente es mediocre hasta para eso. Pero, ¿cuál es la filosofía del Valencia? O la del Villarreal, o la del Español, yo qué sé. No todos la tienen y tenerla es un tesoro que no se debe despreciar. De hecho, ¿qué se ha hecho en el Sevilla cuando el equipo ha perdido el norte? Volver a los orígenes, mirar al interior, aplicar nuestra filosofía. Poca gente la representa tanto como Joaquín Caparrós, y ahí están los resultados. Esto no quiere decir que el de Utrera tenga que ser nuestro entrenador la próxima temporada, pero sí que es una extraordinaria noticia que vaya a tener una función relevante en el organigrama del club, porque así nuestra filosofía, nuestra idiosincrasia, va a ser aplicada desde muy dentro. Y también que, a la hora de elegir al técnico, hay que tenerla en cuenta. Uno de los grandes motivos del éxito de Unai Emery aquí, entre otros muchos, fue que consiguió captar nuestra filosofía. Y el técnico que venga tiene que tener hambre de éxito. Ser insolente, descarado, tener huevos, carácter, sangre en las venas, y no horchata. Caer mal fuera del sevillismo, incluso. Sampaoli tenía algo de eso y por momentos conectó con la grada (sobre todo cuando "matizó" su idea y la hizo más pragmática) pero no así Manzano, o Míchel, o Marcelino, o Berizzo y para nada Montella. Ojalá la directiva tenga esto en cuenta a la hora de decidir. Ojalá no desprecien nuestro gran tesoro. Ojalá podamos seguir siendo nosotros mismos. Jugando bien, mal o regular, pero nosotros mismos. Ojalá nos dejemos de “guardiolitos” y de grandes mentiras y seamos fieles a nuestra filosofía.
A partir de este año, el estadio del Ajax pasa a llamarse "Johan Cruijff Arena". En su interior, cualquier futbolista que juegue allí podrá leer esas dos leyendas que vemos en la imagen: "Eterno número 14 - Eterno Johan Cruyff". Es su filosofía, su idiosincrasia. Y la llevan a gala con orgullo, como debe ser. Pero es la idiosincrasia de ellos. Ni mejor ni peor que la de cualquier otro. La de ellos y no necesariamente la de todo el mundo.


P.D. Para entender un poco mejor de dónde viene la verdadera filosofía del fútbol total, os recomiendo la lectura de la biografía de Johan Cruyff. No es sólo fútbol, va mucho más allá. Es muy inspiradora, como no puede ser de otra manera, dado lo genial del personaje.
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lunes, 12 de febrero de 2018

Inseguridad

Hace ya un tiempo, alguien que sabe de lo que habla me dijo que Unai Emery llegó a estar oficiosamente despedido a finales de 2013. Que Jose María del Nido, en los últimos coletazos de su presidencia, estaba harto de él, de los malos resultados y de que no estuviera siendo capaz de sacar al Sevilla de la mediocridad de las dos temporadas anteriores, en las que terminamos en una triste novena plaza. Y que fue Monchi quien convenció al presidente de mantener al entrenador en su puesto. Quien de verdad apostó por él y por el proyecto que el propio Monchi había diseñado. Lo que vino después, todos lo conocemos: tres títulos consecutivos de la Europa League y que gran parte del sevillismo considere al de Fuenterrabía como el mejor entrenador de nuestra historia.

No sé si realmente Monchi convenció a Del Nido o si fue la obligada dimisión de este lo que propició que Emery conservara el puesto, pero la idea principal con la que me quiero quedar es la confianza de Monchi, no ya sólo en el entrenador en particular, sino en toda la planificación elaborada por él. La seguridad en sí mismo y en lo que estaba haciendo. Ahora más adelante explico por qué.

La andadura del Sevilla en la actual temporada está siendo de todo menos estable y regular. Es una auténtica montaña rusa. Un vivir al borde del precipicio, al filo de la navaja. Desde aquel balón al poste en el último minuto del partido de vuelta de la previa de la Champions, hasta el penalti parado por Sergio Rico ayer, cuando nuestro portero parecía estar casi desahuciado. Llevamos toda la temporada en un “ay” continuo, mezclando grandísimos éxitos con fracasos clamorosos. Sin saber bien a qué atenernos. Sin tener ni idea de qué Sevilla nos vamos a encontrar en cada partido. Si el que eliminó al Atlético de Madrid o el que cayó por goleada en Eibar. Si el de los dos segundos tiempos contra el Liverpool o el del ridículo absoluto en Moscú.

Se dice que uno de los grandes problemas de este Sevilla puede estar en haber dejado de lado el modelo que hizo famoso a Monchi. Que muchos de los fichajes que se están haciendo no tienen posibilidad de retorno de inversión y que si las cosas no salen bien, el problema económico puede ser importante. El razonamiento puede ser lógico, pero yo no creo que sea un problema de modelo. De hecho, ese modelo empezó a cambiar aun con Monchi en su cargo. Fichajes como el de Llorente o el de Nasri pueden ser ejemplos de ello. Además, parece razonable que si el Sevilla quiere dar un paso más en su crecimiento, deba arriesgar más. Para codearse con los más grandes hay que tener jugadores idóneos, y quizás traer sólo futbolistas desconocidos que puedan revalorizarse no sea lo más indicado. Quizás haya que hacer una mezcla entre estos y otros más consagrados. Sea como sea, la clave está en asegurarse de que los ingresos que se obtienen en Liga de Campeones compensen los que no entran por traspasos.

Lo que quiero decir es que el problema, más que de modelo, es de traer o no a los jugadores idóneos. En acertar con la planificación. Porque si el equipo entra en Champions (y ahora es más fácil porque el cuarto accede directamente a la fase de grupos), los ingresos que se obtienen deberían dar para mantener una plantilla cara sin vender a varios futbolistas, como se ha venido haciendo en los últimos años. Y eso por no hablar del aumento de ingresos por televisión. Pero si la elección de futbolistas y la planificación se hace mal, da igual el modelo que se aplique, que el desastre acabará siendo parecido.

Aquel año en el que Emery estuvo oficiosamente despedido, Monchi hizo lo que estuvo en su mano para mantenerlo porque confiaba en sí mismo, en su proyecto, en lo que se traía entre manos. Y acabó teniendo razón. Y eso que aquel año se vendió a Navas, a Negredo, a Medel, a Kondogbia... Se decía que no había dinero ni para pagar las fichas. Esta temporada, sin embargo, la cosa es diferente. Hay dinero. Mucho dinero. Oscar Arias se ha podido sentar tranquilamente y elaborar un equipo acorde con la idea del entrenador que él mismo eligió. Con una base de plantilla ya hecha y en funcionamiento y con unos recursos económicos jamás vistos en nuestro club para apuntalarla. Y, sinceramente, a mí lo que me preocupa no es que Muriel no esté dando aún el nivel que se supone de él, que Arana venga pasado de forma y haya que esperar por él, que Sergio Rico esté haciendo una mala temporada y se comporte de tal o cual manera o que el jugador que sea esté demostrando o no lo que se esperaba. A mí lo que me preocupa es que ese proyecto elaborado tranquilamente, concienzudamente, con millones de por medio y con tantos recursos disponibles deje de valer cuatro o cinco meses después de elaborarlo. Lo que me preocupa es esa inseguridad que tanto contrasta con la confianza en su trabajo que Monchi demostró a finales de 2013. Es evidente que si la cosa no funciona, hay que cambiarla. Pero ¿de verdad lo que se pensó que era ideal en julio/agosto, y por lo que se apostó tanto dinero, ya no vale en diciembre?

Por supuesto, Monchi en 2013 ya era un director deportivo de amplia experiencia internacional y con títulos a sus espaldas, al contrario que Arias, por mucho que en los últimos años fuera su mano derecha. E igual hay quien defiende que esas dudas pueden ser normales en alguien sin esa experiencia. Entonces, el error habrá sido darle el timón de la nave a un novato, al menos a los niveles en los que se mueve el Sevilla. Sea como sea, mi gran preocupación está ahí, en la inseguridad, en los bandazos que se están pegando, en la sensación que se da al aficionado de a pie de estar dando tumbos, de estar improvisando, de no saber bien qué se está haciendo y de estar dejándolo todo en manos de la suerte o la providencia. Ojalá salga todo bien, es lo que queremos todos los sevillistas, pero, en mi opinión, esa inseguridad es algo mucho, muchísimo más preocupante que el hecho de que tal o cual jugador pueda tener retorno de inversión o que su rendimiento esté siendo más o menos el esperado. 

viernes, 4 de agosto de 2017

Desmontando el mito de las plusvalías


La reciente historia del Sevilla ha venido marcada por un modelo de gestión en la parcela deportiva que nos ha llevado a éxitos que ni siquiera soñábamos hace menos de 15 años y que se ha basado, en buena medida, en fichar barato y vender caro, para así poder vivir en el filo de la navaja presupuestaria, presentando déficits por ingresos corrientes año tras año y compensándolos con las plusvalías obtenidas con las ventas de jugadores. Eso nos ha permitido vivir "por encima de nuestras posibilidades", por decirlo de alguna manera, compitiendo (y ganando) en unos niveles que no se corresponden con nuestro presupuesto. Hay quien le llama "el modelo Monchi" y es admirado y estudiado en todo el mundo. Aunque yo prefiero decir que se trata del "modelo Sevilla", en el que Monchi tuvo una importancia capital, pero que el éxito del modelo es del club y que el de San Fernando no habría triunfado de no haber sido por ello. El propio director deportivo lo aseguraba así cuando, antes de marcharse a la Roma, insistía en aquello de "desmitificar la figura de Monchi" como argumento para defender que se iba él, pero que la forma de trabajar se quedaba. Este mismo año vamos a ver si las cosas son así o no, una vez fuera del Sevilla el bueno de Ramón. Por ahora todo pinta bastante bien, a pesar de los agoreros. Esperemos que se confirmen las expectativas. 

Y digo lo de "modelo Sevilla" porque no abarca sólo la faceta deportiva, sino muchas más, aunque, tratándose de un club de fútbol, lo deportivo lo impregna todo. Es cierto que Monchi era la punta de lanza del modelo y el desarrollador del mismo, pero la parcela económica es cosa de otras personas en el club y los fichajes y traspasos han de ser autorizados por estas, las cuales siguen aquí. Y es en esta parcela económica donde me quiero centrar porque se ha creado una corriente de opinión en el sevillismo según la cual parece que está mal hacer fichajes a los que no se les vaya a poder sacar una plusvalía futura, lo cual, en mi opinión, no es cierto. No es así. No tiene por qué estar mal necesariamente. De hecho, tan malo es perder la cabeza a la hora de gastar como ceñirse estrictamente a un modelo cerrado de gestión y no dejarlo evolucionar, sobre todo cuando los objetivos y las metas sí que han evolucionado. Sí que han cambiado.

De entrada, creo que hay una idea clave que no podemos perder de vista. La ecuación "comprar barato + vender caro = plusvalía" hay que incluirla en el marco de un club que, por sí mismo, por ingresos corrientes, no genera dinero suficiente para mantener el nivel que pretende. Esto no ocurre con otros equipos, con los súper grandes, los cuales generan ingresos de sobra para comprar lo que les venga en gana y malgastar el dinero si hace falta. Sin embargo, si el club, el Sevilla en concreto, tras años de trabajo, buena gestión y títulos, ha conseguido elevar sus ingresos corrientes, el concepto de plusvalía empieza a perder peso en las decisiones. Porque no se trata de obtener plusvalías por huevos, sino de que el club tenga el nivel económico necesario para perseguir sus objetivos. Y si ese nivel económico se empieza a obtener de otros sitios, pues la necesidad de plusvalías disminuirá. 

El objetivo del Sevilla actual es meterse en Liga de Campeones año tras año porque los ingresos que se obtienen por participar en la máxima competición continental son tan altos que permiten que el club no necesite vender y que se puedan fichar algunos (ALGUNOS) jugadores sin pensar en futuras plusvalías. Es decir, participar en la Champions hace que los ingresos corrientes del club aumenten en tal medida que ya no se necesiten tanto los ingresos extras de los traspasos para cuadrar presupuestos deficitarios. Que lo de tocar plata y levantar copas es una pasada y casi lo preferimos a caer en octavos de Liga de Campeones. Incluso en cuartos. Pero, como decía antes, el "modelo Sevilla" no se ciñe sólo al ámbito deportivo, sino también a otros como el económico. Y en este sentido, sólo participar en la liguilla de Champions es más rentable que ganar la Europa League. O por ahí anda la cosa, que no conozco el dato con exactitud. Pero en eso consiste la idea. 

Si el Sevilla quiere seguir creciendo, hay dos cosas importantes que tendrá que hacer (aparte de otras muchas, claro, pero que no vienen al caso ahora)

- Aceptar que se va a dejar de tocar plata, al menos en Europa, porque es necesario para el crecimiento económico (el cual llevará de la mano el crecimiento deportivo)

- Retocar el modelo. Adaptarlo a la nueva situación, a los nuevos objetivos. Permitir que evolucione. Seguir avanzando, en definitiva. 

No es la primera vez que se retoca el modelo. En los primeros tiempos con Monchi como director deportivo, no se gastaba dinero en fichajes (más que nada porque no había ni para balones), sino que venían jugadores libres o cedidos. Y a partir de ahí, todos conocemos la evolución. Lo que ha ocurrido desde entonces y lo diferentes que son las cosas ahora. Y esa evolución ha de continuar, es tan simple como eso.

A día de hoy, el Sevilla pretende competir en una élite que maneja presupuestos inalcanzables para nosotros, lo cual viene a ser lo mismo de siempre, de los últimos 15 años, pero a un nivel superior. Lo bueno es que ese nivel superior, la Champions, permite, como decía antes, elevar los ingresos corrientes y necesitar menos de plusvalías. Por otro lado, exige jugadores del más alto nivel, los cuales, teniendo en cuenta la situación demoníaca del mercado actual, son complicadísimos de conseguir. Y esas son las dos variables con las que el Sevilla debe jugar en los despachos. Por un lado, tenemos una capacidad económica muy superior a la de hace apenas tres o cuatro años. Y por otro, la necesidad de traer futbolistas de primer nivel, experimentados y de rendimiento inmediato que nos permitan competir en el nuevo escenario en el que nos movemos. Por tanto, a mí no me parece mal que vengan jugadores como Navas, Nolito o incluso Bacca, si se da la circunstancia. Jugadores sin retorno de inversión, pero que son necesarios para mantener el nivel exigido. Piensen, por ejemplo, en una empresa que necesita comprar un camión para trasladar sus productos a otros mercados y así vender más y ganar más dinero. El camión es un vehículo, es decir, un bien que se deprecia desde el mismo momento en el que sale del concesionario. Esa empresa jamás recuperará directamente el dinero de esa inversión, pero sí que logrará obtener mayores beneficios en la globalidad que lo compense hasta el punto de que esa compra merezca la pena. Pues, extrapolando, es lo mismo. Mientras el Sevilla tenga valores como Sergio Rico, Corchia, Escudero, NZonzi, Pizarro, Correa, Ben Yedder, incluso Sarabia, los cuales pueden suponer grandes plusvalías en un futuro, se puede permitir el lujo de tener también a aquellos otros futbolistas de primer nivel y rendimiento inmediato, aunque sin retorno de inversión. 

Es la evolución lógica del modelo, algo que se estaba viendo venir ya con Monchi: acordémonos de los fichajes de Llorente y Nasri, a pesar de que sus rendimientos, especialmente el del primero, no fueran los deseados. En la medida en que el Sevilla aumenta sus ingresos corrientes, va necesitando menos plusvalías, a la vez que se le requiere jugadores de mayor nivel. Luego a cada uno le gustará más o menos este o aquel futbolista o cubrir tal o cual demarcación, ese es otro debate, pero la idea que quiero expresar es que, a los niveles en los que nos empezamos a mover, no podemos juzgar todos los fichajes en función del retorno de la inversión o de la plusvalía que potencialmente pudiera dejar en el futuro. 

jueves, 13 de julio de 2017

La rata

Antes de empezar a arremeter contra Vitolo, que es, entre otras cosas, de lo que va a tratar este post, me gustaría lanzar una pequeña (pequeñísima) lanza a favor de él. Para ser escrupulosamente justo y luego poder seguir con lo que me interesa. 

Si a Vitolo se le hubiera facilitado la salida del club como se hizo durante años con tantos y tantos jugadores, él se podría haber ido con todos los honores, por todo lo alto, por la puerta grande, con la gente gritándole "capitán" y con emotivos mensajitos en Twitter e Instagram. Como ha pasado con muchos futbolistas en la última década. Con esto no quiero excusar a Vitolo, sino decir que puede que hayamos despedido como héroes a personajes que ya son históricos, cuando, posiblemente (sólo posiblemente) sean iguales que Vitolo y la única diferencia entre ellos sea que a uno se le facilitó la salida y al otro, no. Porque el caso de Vitolo es el primero de verdadera envergadura en el que el Sevilla se ha puesto firme con la cláusula de rescisión. Lo siento, Víctor Machín, te tocó, "deal with it, my friend", aunque hubiera estado interesante ver la reacción de alguno que otro ante la misma tesitura.

Dicho esto, a mí lo que verdaderamente me molesta de este asunto es que hayan jugado con el Sevilla. Que nos hayan tomado por imbéciles. E incluso más que todo eso, que nos hayamos comportado como señores, como caballeros, con honor, dignidad y lealtad hacia uno de los nuestros, para que luego nos traicione y que nos señalen como gilipollas. Como tontos, Como pardillos. Que nos señalen y que nos señalemos a nosotros mismos. Vivimos en un país de mierda en el que se alaba a quien defrauda y se toma por idiota al honrado que va de cara. Y a José Castro se le podrá criticar mucho, lo de la campaña de abonos está ahí para que no haga falta irse muy lejos, pero en este caso se ha comportado siguiendo los valores que yo quiero para el Sevilla. Porque no podemos presumir de ser un club señor y luego criticar al presidente por comportarse como eso, como un señor. Para mí, Castro ha sido un bocazas. Sin conocer exactamente los vericuetos de la intrahistoria de todo esto, que eso no lo sabe nadie salvo quien ha estado dentro de ella, lo único que le puedo reprochar al presidente es no haber esperado a que todo estuviera efectivamente firmado para dar la noticia. Que igual hay una explicación para ese modo de proceder y yo no la conozco, pero es lo único que le puedo reprochar. Y no, yo no le reprocho el hecho de haber confiado en la palabra de honor de uno de los capitanes. Yo le reprocho a este el hecho de faltar a ella. Porque aquí está la clave de todo este asunto. Que nos estamos dejando llevar por la estúpida forma de ser de este país de mierda en el que vivimos, menospreciando a un señor por el hecho de serlo y comportarse como tal. Y aunque estoy de acuerdo en que hay que ser pragmático y adecuarse al mundo en el que vivimos, de manera que ser un señor no está reñido con no ser un bobo, al final hay que ser justos y darle a cada cual lo que se merece. Tirón de orejas al presidente por bocazas y desprecio absoluto a las ratas miserables que se aprovechan de la buena fe de las personas que van con la cabeza alta por la vida.

Lo ocurrido en estos últimos días es la mayor infamia que yo he visto en mi vida en el fútbol, y ya van 42 años en este mundo. Todos conocemos casos históricos, muchos se han acordado de lo que hizo Figo, aunque yo recuerdo como algo aún peor lo de Rivaldo, cuando el Barça se lo arrebató al Depor con nocturnidad y alevosía, pagando la cláusula a última hora y dejando a un rival directo por entonces sin su mayor estrella. Y digo aún peor porque las hostias que se den los dos gigantes me la traen al pairo, pero sí que me joden cuando alguno de ellos se aprovecha de su estatus para putear a un club menor. En este sentido, el Atlético de Madrid no es la primera vez que nos la hace a nosotros. Recuerdo con especial acritud el caso de Jose Mari a finales de los 90. Siempre fueron unos bastardos, con el agravante de pasar por la vida como los pupas, los pobres, los humildes y los agraviados sólo por el hecho de compartir ciudad con un club que es aún peor. 

Sin embargo, en el caso Vitolo se juntan una serie de características que lo hacen especial: un club sancionado con no fichar y que en verdad no tiene dinero para pagar la cláusula, otro que hace de muleta, arrastrando su dignidad a cambio de contar con un jugador durante unos meses y de unos míseros millones de euros de dudoso cobro, un puenteo bochornoso a una sanción impuesta por la FIFA y un futbolista sin personalidad, sin principios, sin honor, sin palabras y yo diría hasta que sin neuronas. O con muy pocas. Y la prensa centralista aplaudiendo la picaresca y riéndose de forma encubierta del engañado. Y luego criticamos la corrupción, cuando el problema es que somos un país corrupto. El país entero, con una población sin luces que sólo se queja cuando no les tocan a ellos o a quienes admiran. 

Y quede claro que yo no me meto con el hecho de que un futbolista presione para ir a jugar a donde le dé la gana. El mismo Sevilla, igual que todos los clubes, utiliza esa técnica para hacer fichajes. Pero una cosa es eso y otra la indignidad, la infamia y la traición. La traición a quien te ha dado de comer y a ti mismo. A tu propia palabra. 

Sea como sea, el karma actúa y cada cual acaba donde se merece. Esta historia no ha acabado. Estoy convencido de que esta historia no ha acabado. Yo no le reprocho a José Castro que se haya comportado como un señor y le hayan engañado, pero sí que lo haría si ahora se quedase con los brazos cruzados, cosa que parece que no va a hacer. Ahora toca defender nuestro honor, nuestra dignidad. No va a ser un proceso rápido, las cosas con la justicia van lentas, pero yo ya estoy sentado a la orilla del río, preparado para ver pasar el cadáver de mi enemigo. Las cosas no van a quedar así. No pueden quedar así, aquí hay muchas aristas, muchos aspectos oscuros, y espero que tarde o temprano la dignidad se imponga, de igual forma que tarde o temprano los corruptos acaban en la cárcel. 

viernes, 24 de febrero de 2017

¿La unión del sevillismo?

Quienes me conocen lo saben: mi mujer es de León. De la parte norte, de una de las cuencas mineras, de la comarca que colinda con Asturias por la zona de Pajares. Con Asturias, lugar donde yo mismo viví y trabajé durante dos años. Conozco bien aquellos sitios, por tanto, viajo allí muy a menudo, y todo el mundo sabe que esa es la mejor manera de aprender, de conocer y de conocerte a ti mismo a través del contraste, de la comparación con los demás. Y cuando hablo de conocerte a ti mismo, también me puedo referir a conocer el lugar de donde vienes. A conocer tu tierra. A comprender cómo somos y por qué, en comparación con cómo son fuera de aquí y los motivos. Nadie es mejor o peor porque sí, depende de los gustos de quien compare, pero cada uno es como es y no se puede pretender ser lo que no.

En la cuenca minera a la que me refiero, igual que en el resto de cuencas mineras que conozco, las cuales se dedican al carbón, aprendí el verdadero significado de unos valores que ya conocía, pero no con tanta intensidad. Honor, dignidad, solidaridad, lealtad..., unión. Los habitantes que pueblan los valles mineros tienen meridianamente claro que su supervivencia en aquel lugar depende absolutamente de que a los trabajadores de la mina les vaya bien. Son el motor de aquella economía, el corazón, el alma, los que ganan el dinero que luego se mueve por aquellos lugares. El minero cobra un sueldo, el cual gasta en los establecimientos de la zona, los cuales subsisten gracias a ese dinero y todo repercute en beneficio del lugar. Todos dependen de todos, pero en la cima, en la punta del iceberg, están los mineros. En última instancia, todo depende de ellos. 

Por tanto, cuando los mineros se declaran en huelga (lo cual ocurre cada tanto, por desgracia para ellos), se declara en huelga toda la comarca. Toda. Todos se unen a ellos en sus reivindicaciones porque todos son ellos y ellos lo son todo. La supervivencia de todos depende de ellos y van con ellos a muerte porque de eso dependen sus vidas. Y ay del que no lo haga. Si el panadero del pueblo decide no parar cuando paran los mineros, estos cogerán sus coches para comprar el pan en el pueblo de al lado (aunque les salga más caro por el simple hecho de tener que desplazarse) hasta acabar por arruinar al esquirol. Al traidor. Como decía antes, allí imperan valores como el honor, la dignidad, la lealtad y la solidaridad hasta extremos exagerados, de manera que eso les lleva a la unión absoluta. Con toda la fuerza que eso supone. Que tienen otras cosas malas, muchas, sin duda, pero esto que digo es así, tal cual. Unión absoluta. Fuerza. Tanta fuerza que, hasta ahora, han sido invencibles. Todos los gobiernos españoles han intentado en alguna ocasión acabar con la industria del carbón. Es lógico, se trata de una industria altamente contaminante y deficitaria de por sí. De hecho, para su subsistencia, es necesario que el estado la subvencione porque, de lo contrario, desaparecería. Es una industria deficitaria, como digo. Sería más lógico dedicar ese dinero a otras industrias más ecológicas y menos caras.

Pues bien, no hay forma. Nunca ha habido forma. Es tal su unión y su fuerza que no ha habido gobernante con cojones de acabar con ellos. Antes se terminará físicamente el carbón en las minas que alguien llegue y consiga acabar con ellos. De hecho, es lo que está ocurriendo. Cada vez hay menos mineros trabajando porque cada vez hay menos carbón. Pero la industria sigue funcionando y recibiendo grandes cantidades de dinero de todos los españoles para que así sea. Ojo, que no estoy defendiendo nada, no estoy tomando partido por nadie. Sólo digo que la lealtad y la solidaridad entre los habitantes de aquellos lugares es tan fuerte, que genera una unión y una fuerza bestial. Imbatible hasta hoy. 

Hablemos de fútbol ahora. Extrapolemos esto al mundo del fútbol, salvando las enormes distancias, evidentemente, que los mineros y sus convecinos se unen para salvaguardar su subsistencia y el fútbol, en comparación con eso, es algo completamente baladí.

He de reconocer que me estoy riendo mucho en estos días en los que tanto se habla de la necesaria unión del sevillismo. Me río con tristeza y con cierto deje de condescendencia porque mucha gente de la que tanto habla demuestra con sus palabras no tiene ni puta idea de lo que es unión. Y digo que no tienen ni puta idea porque basan el motivo de esa unión en el sevillismo común, cuando la verdadera unión la dan los valores. La verdadera fuerza reside en la lealtad y la solidaridad. Evidentemente, hay un objetivo común, algo que nos acerca, que nos une, pero eso no nos da fuerza indefectiblemente. Y la lealtad y la solidaridad, no ya en el sevillismo, sino en esta nuestra tierra..., digamos que no es tan "intensa" como en otras partes. 

En el asunto este de los Biris, cada cual puede pensar lo que quiera porque para eso estamos en un país libre, pero si de verdad defendemos la unión del sevillismo, hay que interponer los valores de lealtad y solidaridad por delante de lo que uno piensa, o no hablar de unión. No se puede pedir que los Biris actúen (animen) como si nada pasase, de la misma manera que aquel panadero no puede vender pan mientras los mineros están de huelga. Y no, el Sevilla no está por encima de todo. Por encima de todo están las personas. Sin Sevilla no habría Biris, pero sin personas no habría Sevilla. Desde ciertos entes con mucho poder están intentando llevar la expresión de "fútbol - negocio" hasta sus máximas consecuencias, pasando por encima de las personas y utilizando conceptos muy relativos como "violencia" en favor de sus propios intereses. Todos sabemos que la "violencia" en las gradas de nuestro estadio se da, como mucho, en igual intensidad que en otros sitios que no aparecen nunca en los medios. Por tanto, no es la "violencia" lo que persiguen. Lo que persiguen es cargarse el ambiente de nuestro estadio y están utilizando la falta de unión que saben que hay en el sevillismo para conseguirlo. 

Lealtad y solidaridad. Estamos sufriendo un ataque externo y la punta de lanza del mismo se ha clavado en el corazón de nuestra grada, igual que les pasaba a los habitantes de aquellos valles cuando eran los mineros quienes se veían amenazados. Si queremos que nuestra grada siga siendo la que suele ser, tenemos que permanecer unidos, como mineros y convecinos. Y si queremos unión, tenemos que ser leales y solidarios con ellos. Esto no quiere decir darles la razón en todo, ser uno más de ellos ni considerarles hermanitas de la caridad. Quiere decir ser leales y solidarios, apoyarles en sus reivindicaciones, estar con ellos cuando piden que no se criminalice el todo por la parte y que sea la Policía quien detenga y ponga a disposición judicial a quien cometa un delito, sea biri, albañil, banquero o presidente de un equipo de fútbol. La Policía, no Tebas, el chivato de lo de los insultos o la prensa amarilla al servicio de quienes todos sabemos. 

Esto no va de que en el campo del Sevilla se insulte más o menos que en el salón de mi casa cuando echan un partido por televisión. Esto va de otra cosa y mientras no seamos leales y solidarios los unos con los otros, acabarán ganándonos. Y ahora toca ser leal y solidario con quienes están sufriendo la afrenta, igual que ellos se pusieron entre los ingleses y el resto en aquella grada de Basilea. Que, por cierto, el hecho de que en aquella parte de la grada hubiera ingleses dice mucho de lo falsa que es la unión que ahora se pide.

Sé que esto es predicar en el desierto. Que hay mucha gente que declara lealtad de boquilla y luego te la clava por la espalda. Que cada uno piensa a su manera y luego hace lo que le da la gana. Pero mientras eso sea así, que no hablen de unión. Que todos somos sevillistas, que cada uno vive su sentimiento como quiere y le apetece y que nadie es más sevillista que otro porque sí, pero que no me hablen de unión. Porque la unión es otra cosa y, desgraciadamente, a día de hoy, yo no la veo para nada en buena parte del sevillismo, porque a esa buena parte del sevillismo le faltan los valores previos que se necesitan. 

sábado, 14 de enero de 2017

A muerte. A por ellos.

Una de las cosas que más me molestó del gesto de Sergio Ramos en el partido del pasado jueves fue su intención de separar a Gol Norte del resto de la grada, metiéndose con unos y pidiendo perdón al resto. Desde hace ya un tiempo, esa es una actitud que se viene dando desde distintos frentes, en un intento de dividir a la afición. Cada tanto, surge algo, lo que sea, cualquier cosa, que es utilizado como excusa para hablar de buenos y malos y dejar a un lado a una parte de la afición. Incluso, para conseguir que unos se vuelvan en contra de los otros. Para que nos peleemos entre nosotros mientras ellos se ríen contemplando el espectáculo. A mí me engañaron una vez, cuando el episodio de Rota, y me arrepiento mucho de haber caído en el juego de quienes nada bueno desean para el Sevilla. Pero ya no más. Nunca más. Todos somos sevillistas, eso está por encima de cualquier otra cosa, y cualquiera que se meta con una parte de nuestra grada me tendrá enfrente porque yo estoy al lado de los míos y en contra de quienes quieran perjudicarnos. 

Debo reconocer que yo soy de esos que siempre fueron condescendientes con Sergio Ramos y que ahora se ha quedado sin argumentos para "comprenderle". Ojo, que ser condescendiente no es estar de su lado y en contra de quienes se meten con él. Esto es sencillo de comprender y no requiere más explicación. Pero aquí hablamos de un cuervo que has criado y que ahora trata de sacarte los ojos, y eso no lo voy a permitir. 

Yo no voy a decir que Sergio Ramos no es sevillista porque el sevillismo es un sentimiento y cada uno sabe lo que siente o deja de sentir. Lo que sí digo es que no tiene ni idea de en qué consisten las cosas ni de como se mueve el asunto dentro de la afición. Puede que sea porque lleve demasiado tiempo fuera, pero el caso es que no tiene ni idea. Que un sevillista cualquiera no esté de acuerdo con la actitud que, en un momento dado, tiene una persona que se sienta a ver los partidos en la grada de Gol Norte no significa que se vaya a poner en su contra cuando lo quiera alguien venido de fuera. El gesto de Sergio Ramos es como si alguien viene a mi casa a cagarse en los muertos de mi hermano y luego se gira para decirme, "oye, perdona, que no iba por ti". Pues perdona tú, porque sí iba por mí. Porque los muertos de mi hermanos son mis muertos también. Porque mi hermano es, ante todo, mi hermano y no voy a tolerar que nadie de fuera se meta con él. Y si algún día tengo que decirle algo, se lo diré yo, pero no tú, que vienes de fuera y no sabes lo que se cuece dentro. 

A mí me ha enorgullecido la reacción del sevillismo ante este suceso. La unión que ha demostrado. Desde Madrid, se sigue intentando dividir a nuestra afición, los malignos de Gol Norte por un lado y el resto por otro, tratando de convencer a quien sea de que los Biris no representan al sevillismo. Y eso es un craso error, porque, no es sólo que los Biris sí lo representen, sino que son el alma del estadio, el motor que hace que la grada ruja, el motivo por el que nuestro campo es una caldera. Los que siempre, SIEMPRE, están para defender nuestro escudo. Los que nunca fallan. Jamás. Y es indignante que se les criminalice por "insultar", como si en el resto de la grada no se insultase. Como si fuesen los únicos en el mundo del fútbol que lo hacen. Que está muy bien tratar de convencer al aficionado de que no se debe insultar, pero, por favor, no nos tomen por gilipollas. Empezando por nuestra propia directiva, que no sé exactamente por qué no se les deja entrar con sus símbolos. Como si fueran apestados. No sé qué daño hacen las pancartas, banderas, bufandas, bombos, tifos, etc., y más parece una maniobra orquestada desde fuera, en la que el propio club colabora indirectamente en su empeño por cumplir con todo lo que se le exige en materia seguridad (aunque sean cosas completamente absurdas y ridículas), que algo con un mínimo de sentido o razón. 

Y esta semana ha vuelto a haber polémica al respecto. De hecho, y como ellos mismos recuerdan en su último comunicado, los Biris no entraron en el estadio en el partidito de marras contra el Real Madrid (en protesta por la actitud de la directiva), lo cual lleva al colmo del absurdo lo ocurrido con Ramos. Si alguien le insultó, no fueron los Biris, pero es a estos a quienes se criminaliza. Aunque oficialmente no estuvieran. Pero lo más grande de todo es que toda esta manipulación que están llevando a cabo desde Madrid no es más que un tiro en el pie para sus intereses, porque lo único que han conseguido es unir a todo el sevillismo de manera absoluta y convencerle, todavía más incluso, de convertir el Sánchez-Pizjuán en un verdadero infierno el domingo por la noche para ese partido contra ellos que nos puede meter en serio en la lucha por la Liga. Y me sorprende muchísimo que estos tipos todavía no se hayan enterado de que aquí pinchan hueso. Que no tienen nada que hacer con nosotros y que mientras más nos toquen los huevos, con más virulencia vamos a saltar. Que sus insultos (porque ellos también insultan) nos ponen, que nos crecemos con ellos. Que nos gusta caerles mal, que disfrutamos sabiendo que es así y que queremos caerles aun peor. Que yo no soy ni yonki ni gitano, pero que me convierto en ello durante un rato si es necesario para que todo esto se cumpla. 

Hace ya tiempo que aprendí que el Sevilla es indomable mientras todos estemos unidos. Y aunque, como en cualquier familia, puedan surgir discrepancias internas, siempre serán eso: internas. Que no vengan de fuera a tratar de dividirnos. Y si lo intentan, que vean el resultado: que nos unimos aun más. A muerte. A por ellos. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

Yo a Cardiff y tú a Montequinto

De entrada, discúlpenme por lo exagerado del título. Lo normal es que ni el Sevilla se clasifique para la final de la Liga de Campeones (a disputar en Cardiff), ni el Betis baje a Segunda División. De hecho, está por ver que nosotros ni siquiera pasemos octavos de final, aunque, visto como está el equipo, esto sí que es lo más probable, sin quitar un ápice de la dificultad que va a conllevar. Por otro lado, creo que en Primera División hay un ramillete de equipos inferiores a nuestros vecinos, por no hablar de que muchos años hay alguno más o menos potente que se mete ahí abajo. Este año parece que le ha tocado al Valencia y como un equipo de ese nivel no reaccione pronto y se estanque ahí abajo, le puede costar un mundo salir. Nosotros lo sabemos bien.Y ellos mismos pasaron por algo semejante a mediados de los ochenta. 

En verdad, lo que quiero poner en valor es otra cosa diferente. Muchas veces, cuando desde distintos frentes se sigue intentando igualar de alguna manera el nivel de Betis y Sevilla, nos empeñamos en sacar datos, datos y más datos que demuestran de manera demoledora que hay una diferencia sideral entre ambos. Son tantos que a menudo lo que conseguimos es atorar la mente del que escucha y que te salga por peteneras, y todos hemos sufrido esto de lo que hablo alguna vez. Sin embargo, hay ocasiones en las que los datos sobran y basta con observar las sensaciones de unos y de otros. Es como cuando dices "te quiero" y suena mucho más falso que una mirada intensa en medio del silencio.

Desde que, el domingo por la mañana, el Sevilla Atlético diera un festival de fútbol en el Sánchez Pizjuán, se merendara al histórico Elche y se colocara segundo en la clasificación de la categoría de plata, la sensación de canguelo en la acera verdiblanca se multiplicó por mil, llegando a su apogeo durante la tarde, con esa exclamación de aquel cronista bético, lamentándose de que "nos mandan a Montequinto, se está viendo venir". En la jornada diez, ojo, y con el equipo instalado cómodamente en la mitad de la tabla. Bueno, después de la derrota contra el Español, un poquito más abajo, pero para nada en una situación dramática. 

Un par de días después, y después del descojone generalizado en la parroquia sevillista, los de este lado debatíamos acerca de si nos conviene más quedar primeros o segundos en nuestro grupo de la Champions. Un grupo en el que nos jugamos los cuartos contra Juventus y Olympique de Lyon, dos clásicos de la competición. Anoche, pasamos por encima del Dinamo de Zagreb de una manera absoluta. Sin pisar el acelerador y con importantes bajas. Estamos a un punto de la clasificación matemática y como nos dé por vencer a los de Turín en la próxima jornada (ya lo hicimos el año pasado en mucha peor forma que ahora), seremos líderes pase lo que pase en la última jornada. 

Hoy, estamos todos entre ilusionados y preocupados. Un punto es poco, casi una minucia, pero es que los rivales son de enjundia. Qué pena que la Juventus no hiciera sus deberes contra el Lyon. Y qué grande Sampaoli en rueda de prensa, lamentándose de tal hecho y diciendo que es un asunto que se nos escapa porque nosotros no podemos jugar en todos los campos. Vamos, que si fuera posible, después de golear al Zagreb, este tío sería capaz de decirles a los italianos, "a ver, apartad, que vosotros no sabéis" y jugar nosotros también el partido contra el Olympique, pero con la camiseta y el escudo de la Juventus, ganarles y luego decirles "hala, ya está, ya estamos los dos clasificados".

Lo que quiero decir con todo esto es que el Sevilla está teniendo un crecimiento tan brutal que, muchas veces, ni nosotros mismos nos damos cuenta. Y mucho menos los de enfrente o ese sector de la prensa que se empeña en ver igualdad donde, en verdad, hay un universo de distancia. Y más allá que en los datos, esto se ve en las sensaciones. El crecimiento del Sevilla está siendo brutal, como digo, pero no sólo del primer equipo, sino de todo el club en general, y eso incluye también al Sevilla Atlético. De hecho, el Sevilla Atlético está creciendo tanto que ya está más cerca del Betis que estos de nuestro primer equipo. Y si les dejaran ascender, es probable que les superasen en no demasiado tiempo. Y lo más grande es que ellos lo intuyen. Los de la acera de enfrente, me refiero. Nunca lo van a reconocer, pero lo intuyen. Lo intuyen con tanta intensidad que, en el culmen del apasionamiento, no pueden evitar exclamar "que nos mandan a Montequinto, se está viendo venir". 

El Sevilla lidera su grupo de la Champions, el Sevilla Atlético está en puestos de ascenso a Primera y en el Betis se temen que les manden a Montequinto. No hay dato estadístico que pueda ganar a algo tan demoledor como eso. 

Por cierto, que los béticos estén tranquilos, que a Montequinto no van a ir. Llegado el caso, seguramente, una grandísima parte de la afición los mandaría allí, pero no la directiva. No esta directiva. Ese partido se jugaría en un Sánchez Pizjuán hasta la putísima bola de sevillistas ávidos de pasar un buen rato decojonándose de risa. Que yo no sé que sería peor, a todo esto.

lunes, 24 de octubre de 2016

Los necios ignorantes

Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver, que no hay más sordo que el que no quiere oír y que no hay mayor ignorante que quien se cree que sabe. También dicen que los mayores sabios son quienes más conscientes son de su ignorancia y que ésta, la ignorancia, es tela (pero tela) de atrevida.

Dicen que el sabio pone en cuarentena todo lo que ve, pero mantiene abierta la mente, de manera que duda, pero escucha, y está dispuesto a cambiar su modo de entender respecto a algún asunto si alguien le demuestra fehacientemente que está equivocado. No se trata de no tener una opinión fundada. Se trata de ser capaces de cambiar esos fundamentos si alguien demuestra que son erróneos, de manera que dicho cambio también pueda afectar a la propia opinión. Se llama aprendizaje, y los sabios están siempre abiertos a aprender. Por eso son sabios. Porque aprenden mucho. 

Los ignorantes, no obstante, son de otra pasta. Y cuando hablo de ignorantes, no me refiero a quien no sabe de algún tema (que de eso somos todos, de una manera o de otra), sino a quienes tienen la mente cerrada y no toleran no tener razón en eso de lo que se creen sabios. Probablemente debería llamarles necios mejor, pero se me jodería el juego de palabras antónimas y, probablemente, me aburriría. Y yo aquí he venido a jugar. Además, qué coño. este es mi blog y aquí machaco las reglas del lenguaje cuando me da la gana. 

Pero bueno. Hagamos las cosas bien. Llamémosles los necios ignorantes y en paz.

Entre los necios ignorantes, es común que pontifiquen sobre lo que se creen expertos y luego busquen excusas, peregrinas a menudo, cuando se demuestra que dichas pontificaciones estaban basadas en un error. No, ellos no están nunca equivocados. Ellos tenían la razón, y la siguen teniendo. Su mente permanece cerrada, son factores externos los que han provocado la contradicción y ellos siguen, erre que erre, manteniendo su argumentario porque para eso son sabios en ese asunto. O eso creen ellos, por mucho que se demuestre su ignorancia. Su necedad no la vamos a poner en cuarentena, por supuesto. Está fuera de toda duda. 

A mí, este tipo de necios ignorantes me fascinan, aparte de darme vergüenza ajena, pero eso ya es cosa mía. Y debo reconocer que huyo como de la peste de comportarme de ese modo, aunque más de una vez lo haya hecho. Supongo que nadie está libre de pecado, y si alguien lo está, que tire la primera piedra. Eso sí, a ser posible, lejos de donde yo me encuentre. Por cierto, muy probablemente, serán los necios ignorantes quienes más piedras tiren, porque ellos siempre tienen la razón, no lo olvidemos. Faltaría más. 

Por acercarme a la temática habitual de este sitio, el fútbol y, en concreto, el Sevilla FC, hay un cierto número de necios ignorantes asomando la patita en los últimos tiempos alrededor de nuestro nuevo técnico, Jorge Sampaoli, y algunos miembros de su equipo. Ojo, que hay algo peor que ser un necio ignorante: no serlo, pero parecerlo, no por ignorancia o necedad, sino por tener intereses turbios. Eso es algo ya más chungo en lo que no me voy a meter. Francamente, no me interesan. Ni los personajes, ni sus intereses. 

Hay que reconocer que el discurso de Sampaoli y los suyos es difícil, aparte de novedoso, y, a menudo, cargado de expresiones y formas de decir las cosas que, más allá de confundir, pueden llegar a resultar hasta chocantes. Pero, con la mente abierta y un poco de interés, podemos llegar a entender perfectamente lo que dicen y dejar en el terreno de la anécdota el modo extravagante de decirlo. Por poner un ejemplo, este verano, decía Juan Manuel Lillo que el cuerpo técnico tenía soluciones coyunturales para problemas estructurales, de manera que pudieran sacar adelante el trabajo coyunturalmente mientras se ponía remedio a lo que fallaba estructuralmente. Oye, que nos podemos permitir un par de risas al escuchar esto y hacer alguna que otra chanza, que esto del fútbol no deja de ser un entretenimiento y para eso estamos. Pero, luego, si de verdad queremos saber, debemos abrir nuestra mente, entender lo que quiere decir y, como decía antes, dejar lo demás en anecdótico. 

Lo que yo interpreté de lo que decía Lillo se ha visto en varios partidos del Sevilla en este inicio de temporada. El protagonismo desmedido y el ataque exacerbado se han limitando a menudo a una posesión en ocasiones abrumadora, pero poca profundidad. ¿Por qué? Pues porque la solución coyuntural al problema estructural que supone que los jugadores aún no hayan asumido el juego posicional que propone el cuerpo técnico es que se refuerza el mediocentro para que el equipo se equilibre, no se parta en dos y los partidos no sean una ruleta rusa, como pasó contra el Español. El encuentro de Turín fue clara muestra de ello. No se traiciona la idea. No se renuncia a la posesión ni a mirar más la portería contraria que la propia, pero se construye la casa por los cimientos y ya habrá tiempo de poner unas preciosas molduras en el futuro. 

El problema es que los necios ignorantes no tienen la mente abierta, se quedan en la superficie, convierten la anécdota en motivo para pontificar y sentencian sin conocer. Y mucho más cuando lo poco que conocen (a Lillo, por ejemplo) viene con su fama ganada desde hace años, y estos necios ignorantes son mucho de elevar a verdad definitiva un sambenito colgado no se sabe si justa o injustamente. Que está claro que Lillo, como primer entrenador, ha demostrado no ser precisamente top en lo que a resultados se refiere, pero a mí me da que pensar que un tal Pep Guardiola rechazase ofertas de la Premier, tras su paso por Italia, y prefiriera irse a jugar al Dorados de Sinaloa porque el técnico de los mexicanos era Lillo y quería ser entrenado por él. Quería aprender de él porque le considera uno de sus maestros en esto del fútbol. Al Dorados de Sinaloa, señores, que tiene cojones la cosa. Y a mí me van a perdonar, pero si Guardiola considera a Lillo uno de sus maestros, a mí Lillo me merece un respeto, por muy raro que hable. Y en consecuencia, yo al navarro le considero algo así como a un profesor que sabe mucho de su materia, pero que patina a la hora de enseñarla. Que una cosa es saber mucho de fútbol y otra muy distinta tener el carisma necesario para que un puñado de chavalotes forrados de pasta y venidos arriba crean en ti y en tu idea y se partan la cara por ambos en un campo de fútbol. Para colonizar sus mentes, vaya. Y recordemos que Lillo es el segundo entrenador del Sevilla, que para eso el carisma es secundario, pero sí que nos aprovechamos de sus conocimientos.

Oigan, que esta es mi forma de interpretar este asunto, aunque igual estoy equivocado. Pero lo interpreto positivamente. Procuro tener la mente abierta.

Pues bien, en el entorno sevillista hay cierto grupo de necios ignorantes que les echaron la cruz a Sampaoli y su cuerpo técnico por un par de frases grandilocuentes y ciertos sambenitos traídos como herencia de otras épocas. Por cosas que deberían ser anécdotas, no verdades absolutas. Sin darles la oportunidad de demostrar con hechos lo que esas palabras aseguraban. Sin ir más allá, sin abrir la mente, sin entender (o no querer entender) el trabajo que cuesta cambiarlo todo como quien le da la vuelta a un calcetín y que el equipo saque resultados a la vez. Sentenciándolo de entrada. Pero lo más grande no es eso. Lo más grande es que ahora, cuando, con su trabajo, Sampaoli & Cía. les están callando la boca, ellos no se callan. ¿De verdad no veis fascinante tanta necedad? No se callan. Es más, dan a entender que el Sevilla está sacando resultados porque el técnico ha variado su estilo, ha renunciado a sus máximas y está haciendo lo que ellos decían que había que hacer desde un principio. Como si ellos tuvieran la verdad absoluta y los demás no supieran lo que hacen. Incluso cuando esos demás son los técnicos y ellos no. El síntoma más claro y diáfano de la necia ignorancia. 

Y para colmo del surrealismo, se refieren a un tipo que tiene tatuado en el brazo "no escucho y sigo". "No escucho y sigo", señores. Tatuado en el brazo. "No escucho y sigo". Fascinantemente ridículo, o al menos así lo veo yo. 

A mí me parece natural que en una ciudad como Sevilla, tan dada a sacar un chiste de cualquier circunstancia, ese lenguaje tan extravagante que se utiliza tan a menudo desde el cuerpo técnico genere risas, pero, sinceramente, para risas de verdad, lo de estos necios ignorantes. Porque no es fácil encontrar algo tan ridículo y patético como la actitud de mucha de esta gente. 


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