Un Sevillista Cualquiera

jueves 19 de noviembre de 2009

Soy un mar de dudas, edición especial

Efectivamente, se trata de una edición especial de mi serie, dedicada en esta ocasión, y en exclusiva, a los señores que deciden cuando debe clausurarse un estadio de fútbol, y cuando no.


Yo hasta ahora creía tener medio claro lo que tenían que hacer los energúmenos de turno para conseguir que el campo del equipo de sus supuestos amores fuera cerrado por una serie de partidos, aunque luego uno no comprendiese del todo el criterio a seguir para cuantificar el número de los mismos en que consistía el castigo.


Pero la última decisión de estos señores me ha dejado desconcertado. El suceso ocurrió en el Vicente Calderón, y consistió en que un objeto fue arrojado desde la grada con tal puntería que impactó en la cabeza de Manuel Pellegrini, haciéndole una herida. El castigo ha consistido en una multa de 150 €, y a partir de enterarme de ello, otra vez, las dudas asaltaron mi mente de modo que no me dejan vivir. Toda la terapia a la que he sido sometido estos últimos meses para corregir este defecto mío se han ido al traste en cuestión de segundos.


Vamos a ver si conseguimos aclarar términos. Agobiado por los interrogantes, busqué más información acerca de los motivos de la decisión, y leí que la justificación que se da para imponer una sanción tan ridícula es que no se encontró el objeto arrojado.


!!!

(En ese momento me quedé como mi ordenador cuando el puntero del ratón toma la forma de un reloj de arena)


Una vez leído eso, lejos de aclararme las cosas, lo que consiguieron fue ponerme peor de lo mío, y aquí estoy clamando por respuestas que me ayuden a superar este nuevo trauma.


De modo que si no se encuentra el arma con la que se comete el delito, la pena se convierte en nimia. Es decir, que si yo mato a alguien, y no se encuentra el cuchillo jamonero que utilicé para perpetrar el crimen, puede que ni siquiera vaya a la cárcel, ¿no? Una multita por haber sido travieso, y santas pascuas.


Es que esto me hace preguntarme tantas cosas, que no sé si sería mejor arrojarme por la ventana, a ver si así dejo de sufrir.


Entonces, si aparece el objeto arrojadizo, sí que cabe sanción de clausura. Trabajemos sobre la hipótesis de que a un objeto, un partido de cierre.


O sea, que si se lanza un objeto, este impacta en la cara de uno de los individuos que campan por la banda, y el mencionado objeto aparece, el estadio se cierra por un partido.


¿Da igual de quien sea el estadio? ¿Afecta eso para el número de partidos, si son varios objetos los lanzados e impactados?


¿Y si aparece el objeto, pero no impactó a nadie?


¿Afecta para la sanción la naturaleza del objeto? O sea, ¿un papel hecho una bola engurruñada se considera objeto? Porque, claro, un papel engurruñado no hace sangre. ¿Hace falta sangre para que haya sanción? ¿Basta con un chichón o hematoma? ¿Y si dentro del papel engurruñado va una piedra? ¿Cuál es el objeto, el papel o la piedra? ¿O son dos objetos? Claro, que si son dos objetos, serían dos partidos, ¿no? ¿Se consideran dos, o uno? ¿O como uno no hace sangre, ese no se tiene en cuenta? Y si es así, ¿qué pasa si, aun habiendo sangre, no aparece la piedra pero sí el papel? No hay sanción, ¿no? ¿Y si sólo aparece la piedra? ¿Puede el agresor alegar que él tiró un papel, sin saber que había una piedra dentro?


Es que es para volverse loco, tío…


Pero sigo, porque tengo más cosas dentro.


Vamos a ver. Hasta ahora hemos supuesto que el objeto lanzado es una piedra, pero pongámonos en el caso de que es algo cristalino, yo que sé… un vaso, por ejemplo.


Según el proceso mental de estos señores del comité sancionador, si un sujeto lanza un vaso a la cabeza de Pellegrini en el Vicente Calderón, este objeto impacta en la referida mollera, pero misteriosamente desaparece y no es encontrado, no hay partido de sanción. Muy bien.


Es decir, que si aparece el vaso, entonces sí que lo hay. Pero… ¿y si el vaso se rompe, pongamos en dos trozos? ¿Se considera un objeto, o dos? Porque el agresor puede decir que él lanzó uno, pero el acusador decir que encontró dos. Y si se consideran dos objetos, entonces son dos partidos, ¿no? Pero, ¿y si el vaso se hace añicos? ¿Hay que buscar los mencionados añicos, contarlos, para así decidir el número de partidos a sancionar? En ese caso, la asociación de “energúmenos sin fronteras” debería de enviar una circular a sus miembros, instándoles a que arrojen objetos no frágiles, para evitar la flagrante injusticia de que tirando un solo objeto pueda recaer una sanción de varios partidos.


Pero es que voy más allá. Supongamos que el objeto arrojado es un click de Playmobil. Esos muñequitos que tan de moda estaban cuando yo era niño, y que siguen existiendo (he visto un anuncio en la tele). Esos muñequitos que, lanzándolos con fuerza contra el suelo, la cabeza se despegaba del cuerpo con enorme facilidad (yo fui un energúmeno en potencia, afortunadamente rehabilitado, y de chico hacía cosas como tirar los clicks de Playmobil al suelo con fuerza, a ver qué pasaba. Y pasaba lo que he comentado).


Si se arroja un click de Playmobil sobre la cabeza de Pellegrini, hasta el punto de hacerle sangre, lo más seguro es que la cabeza del click se desprenda del cuerpo, con la consiguiente transformación de un objeto en dos, y la duplicación automática de la sanción de cierre, caso de aparecer ambos. Pero, ¿y si sólo aparece la cabeza? El agresor podría alegar que el impacto se produjo con el pie del click, y que si no aparece el pie, no puede haber sanción, ya que nadie puede demostrar que el objeto arrojado era un click completo, o sólo la cabeza del mismo, que hay gente pa tó. En este caso ¿Tendría que intervenir la policía científica, o algún forense, para estudiar la forma de la herida en la cabeza de Pellegrini, y así emitir un informe experto que aclare qué parte del cuerpo del click impactó sobre la referida mollera? ¿Y si, en efecto, impactó con el pie, y sólo aparece la cabeza? ¿No hay partido de sanción, o hay que poner a la susodicha policía científica a buscar el cuerpo del pobre click decapitado?


Y más aún. Imaginemos que el impacto se produce por un objeto de valor… digamos… un jamón de Jabugo. El agresor podría alegar que él no quería agredir, sino regalar al entrenador del Madrid ese jamón. ¿Se considera entonces agresión? Dando por hecho que un jamón de Jabugo no desaparece así como así, el partido de sanción está más que demostrado. (O puede que sí desaparezca, que hay mucha gente con la mano muy larga, o muy amiga de lo ajeno, y un jamón es muy goloso). Pero, ¿y si de verdad era un regalo, y se tuvo la mala suerte de que impactó en la cabeza de Pellegrini? ¿Se puede tener eso en cuenta como atenuante? Supongo que sí, caso de que Pellegrini se pueda llevar el jamón a casa. Pero, ¿y si el jamón es robado por un recogepelotas, mientras se cura la herida a Pellegrini? Claro que entonces, al no aparecer el objeto arrojado, no cabe partido de sanción y todos contentos. Bueno, todos no, que Pellegrini se queda sin jamón, y se lleva a casa un par de puntos en la nariz. Pero eso fue por mala suerte. ¿O no?


Y para concluir. ¿Y si el objeto de valor es arrojado por una señora a la cabeza de su marido, en medio de una discusión matrimonial ocurrida en pleno centro del Vicente Calderón? (la señora es del Atleti, y el señor del Madrid) La señora, en plena ofuscación, lanza el pedrolo de joya que cuelga sobre el collar que rodea su cuello a la cabeza del marido, que fue quien se lo regaló, y que ella ya no quiere. Pero el marido, con un gesto felino, aparta la testa en el momento preciso, y el pedrolo va directo a impactar sobre la referida mollera del ínclito Pellegrini, que no se da cuenta de la llegada del valioso proyectil porque está atento a lo que hace el Kaká de turno sobre el césped. (Demos por supuesto que el pedrolo no va envuelto en papel) En el momento del impacto, el pedrolo se hace añicos de tal forma que es imposible contar los trozos en que queda, para determinar el correspondiente número de partidos de sanción. Se convierte en una especie de polvillo azulado que es llevado a cualquier parte por la primera ráfaga de viento que se produce. Ya no hay objeto arrojadizo. Ya no hay sanción. ¿Puede entonces el marido despechado reclamar a Pellegrini daños y perjuicios por tenerla tan dura? La cabeza, me refiero. La que está encima de los hombros, por supuesto.


Supongo que no. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla. El objeto arrojado no ha aparecido.


¿Dónde estaban las cámaras esas con las que las televisiones nos deleitan todos los días que hay un partido del siglo? Ya sabéis, esas que nos muestran a la chica más mona de la grada haciendo morritos. O al tío del bocata imposible de tortilla. O al padre que lleva al niño al fútbol, y el niño se duerme. O a esa pareja, una con la bufanda de un equipo y el otro con la del contrario (justo antes del lanzamiento del pedrolo, claro). O a esa vieja que anima al equipo… ah, no, que eso es en el Medio Estadio de la Palmera, no en el Calderón. Bueno, esas cámaras que todo lo ven y que todo lo muestran… ¿no pueden localizar a la criatura que lanzó el objeto? ¿No pueden, no saben, no interesa…? ¿Es que eso se hace en Sevilla, pero no en Madrid? ¿Es que los estadios de Sevilla están preparados para ello, y los de Madrid no?


Y lo más importante…


¿Es que yo soy gilipollas, o estos me lo quieren hacer creer?

lunes 16 de noviembre de 2009

¿El nuevo Daniel Alves?

No, no me estoy refiriendo a un nuevo lateral derecho brasileño que el Sevilla vaya a fichar para sustituir al que traspasamos al Barcelona por la cantidad más grande jamás pagada por un lateral derecho.


No tiene nada que ver, y utilizo el nombre del ya histórico exjugador sevillista como ejemplo de ese estilo de fichar que ha hecho famosa a nuestra secretaría técnica en España, e incluso más allá de nuestras fronteras.


Y lo hago porque todo hace indicar que un nuevo caso semejante al del brasileño está cociéndose en las entrañas de nuestro club. Hablo, como alguno ya igual ha supuesto, de Diego Perotti.


Me gustaría empezar planteando el tema desde un punto de vista económico – empresarial, aunque reconozco que queda un poco simplista teniendo en cuenta que estamos hablando de personas. Pero es que los clubes de fútbol no dejan de ser empresas, y los futbolistas, además de personas, son los principales activos de esas empresas.


Todo activo tiene una vida útil, que se resume en cuatro fases. Nacimiento, crecimiento, madurez y declive. Y lo ideal a la hora de gestionar el activo es, o hacerlo nacer (un futbolista de la cantera), o adquirirlo en las primeras fases del crecimiento a un coste bajo. Luego, se trataría de explotarlo (disfrutarlo) en el resto de su crecimiento y parte de la madurez, para venderlo entonces a un precio muy superior al de adquisición. A eso es a lo que se le llama un buen negocio. Algo que parece ciencia ficción para algunos, y que tan bien explotan otros. A mi me escandaliza que se eleve a los altares a ciertos personajes, haciéndonos creer que son excelentes gestores, cuando son incapaces de llevar a cabo esta regla básica de la gestión empresarial. Al menos en lo que a fútbol se refiere. No creo que haga falta que explique de quienes estoy hablando.


El Sevilla con Daniel Alves lo hizo de libro. Adquirió el activo cuando al verlo correr parecía un pato mareado. Yo he llegado escuchar a algún que otro “experto” diciendo que ese chico no estaba capacitado para el fútbol de alto nivel. Un auténtico y verdadero lumbrera, no cabe duda. Don Joaquín Caparrós lo pulió, enseñándole a coordinar sus movimientos hasta conseguir ponerlo a punto de caramelo, para que el Juande Ramos le sacara el máximo partido y beneficio. O sea, que con Caparrós acabó de crecer, y con el traidor explotó en su madurez. El Sevilla pudo venderlo entonces, pero como buenos gestores, decidieron que era posible exprimir el activo un poco más. No vale venderlo justo al terminar el crecimiento. Es mejor aprovecharlo cuando está en lo más alto. Mientras más mejor, pero más no se pudo.


Eso es un buen negocio. Se ficha muy barato, se explota todo lo que se puede, y se vende a un precio desorbitado. Esto es fácil de decir, pero muy difícil de hacer. Y esto es lo que, entre otras cosas, está engrandeciendo al Sevilla. El de Alves es el caso más claro y evidente, pero hay otros como Baptista, Ramos, Reyes… los que todos sabemos.


Y alguno más como el de Fazio con el que se pretende algo parecido, aunque las lesiones lo están lastrando.


Y este año, que por una vez se ha cambiado un poco la forma de fichar, trayendo a jugadores más contrastados, aparece otro futbolista que viene a seguir los pasos del brasileño en este asunto de la gestión de activos.


Yo suelo decir que esos jugadores están ahí para el que quiera ficharlos. Diego Perotti jugaba en un equipo de la Segunda División argentina, y se hubiera ido con los ojos cerrados a cualquier club europeo. De hecho aceptó venir aquí para enrolarse en el Sevilla Atlético, no en el primer equipo. Costó nada y menos, y comenzó a pelearse el puesto con su compatriota Armenteros en Segunda, a las órdenes de Manolo Jiménez. Porque no basta con encontrar un diamante en bruto. Luego hay que saber pulirlo, y eso fue lo que hizo el de Arahal. Eso también es ser buen entrenador, pero no me atrevo a decirlo muy alto porque en Sevilla aún es casi blasfemo afirmar que Manolo Jiménez es buen entrenador. Poner a un buen jugador a disputar partidos en su puesto es mucho más fácil que enseñar a un joven futbolista a convertirse en pelotero de alto nivel. Caparrós lo hizo con Baptista y Alves (entre otros). Y Jiménez, aparte de la ingente cantidad de jugadores que sacó cuando era entrenador del Sevilla Atlético, lo está haciendo con Perotti. ¿Con cuántos hizo eso el idolatrado traidor? Dejo la respuesta para quien quiera pensar en ella.


Este fin de semana, Diego Perotti ha debutado con la albiceleste. No con la selección de Estonia o de Burkina Fasso. No, con la de Argentina, a unos meses de la disputa de un Mundial. Y esto es algo muy grande. Los que estamos aquí hemos visto crecer a este futbolista desde que estaba en el filial. Se puede decir que es canterano. Se puede decir que es el Messi sevillista, no por la calidad, sino porque el caso es semejante al de Messi en el Barça. Un argentino que sale del filial.


A Perotti se le ve que es un jugador especial. Es rápido y parsimonioso a la vez. Tiene velocidad, pero sabe pararse, darse la vuelta, levantar la cabeza, pensar, amagar un pase, volver a darse la vuelta, dar otro sprint, esconder la pelota, mostrarla para volverla a esconder, volver loco al defensa para, cuando menos se lo espera, dar un pase, o disparar a puerta, o simplemente hacer el regate definitivo para irse del rival. Capel es rápido y desbordante. Navas tiene una calidad técnica superior. Adriano, además, posee fuerza. Pero Perotti es distinto. Él, como dicen en Argentina, gambetea. Y lo hace a las mil maravillas. Juega de tal forma, que el defensor no sabe por dónde le va a salir, ni qué va a hacer con el balón. Es frío y apasionante a la vez. Es una gozada de jugador. Y lo fichó el Sevilla. Estaba ahí, para el que lo quisiera, pero se lo trajo el Sevilla. Como a tantos otros.


Ahora empieza a revalorizarse, y con su internacionalidad mucho más. Pero no nos engañemos.Aún está por crecer. Todavía no ha llegado a la etapa de madurez. Cuando eso ocurra, el Sevilla tendrá un cheque al portador, porque valdrá lo que Del Nido, o el que esté, quiera que valga. Así es como se gestiona bien una entidad. Así, no de otra forma.


Sólo espero que, cuando llegue el momento en el que los súper grandes se den de guantazos por él, el Sevilla sea uno de ellos, y el jugador decida que no merece la pena cambiar de club. Sería señal de que, más que aquí, no podrá aspirar a nada en ningún otro sitio.


Que soñar es gratis, y el camino que llevamos es el correcto

viernes 13 de noviembre de 2009

La ley Beckham

Esto del parón de la Liga por las selecciones nos permite hablar de temas que, con el balón rodando, quedan un poco apartados de nuestras preferencias. Hace ya unos días que tenía escrito este post, pero otros acontecimientos merecieron más mi atención, y hasta hoy no lo he publicado. El tema es lo de la Ley Beckham, y toda la demagogia que está trayendo consigo. Y es que lo de la desinformación en nuestro país en todo lo que se refiere al fútbol (y a lo demás también, para qué engañarse) es algo que clama al cielo.


Por un lado, el Gobierno quiere hacerse el digno, diciendo que va a cobrar más impuestos a los que más ganan, lo cual está genial, pero es que esos ingresos suponen tan poco, que no hacer nada es casi lo mismo. Pero bueno, al menos esos tipos que juegan al fútbol se reirán un poco menos del personal.


Y por otro, la Liga se está poniendo espléndida, amenazando con huelgas, como es natural por otra parte. Claro que el mensaje que se da no es claro, porque parece que los clubes están defendiendo a los jugadores, y eso no es así.


La demagogia del Gobierno es brutal. Queda de maravilla diciendo que van a por los ricos a lo Robin Hood, pero no explica que ese dinero no lo van a pagar los ricos (los jugadores) sino los clubes. Claro. Al Cristiano Ronaldo de turno le importa bien poco la legislación fiscal del país. El cobra tantos millones de euros en neto, y a él de impuestos que no le hablen. Vamos, que si su contrato dice que va a ganar 10 millones de euros netos, quiere decir que en verdad gana 10 millones más ese 24 % que hasta ahora vienen pagando de impuestos. Si esos impuestos suben al 43 %, pues pasará a ganar 10 millones más ese 43 %. Eso es simple. Él gana 10 millones netos, y punto.


¿Quién paga esa demasía de impuestos, pues? Los clubes, por supuesto, ya digo. Por eso se ponen en pie de guerra. Y eso a pesar de que los contratos ya firmados se respetan, y ese impuesto mayor no se aplicará con efecto retroactivo. Y es que, si ya de por si están endeudados hasta las trancas, ahora viene el lumbrera de turno del gobierno de turno y les duplica el coste laboral en impuestos de las futuras estrellas extranjeras. Ni más ni menos. Aquí ni norma 6+5 ni nada de nada. Si queremos imponer que haya un mínimo de jugadores nacionales en las alineaciones, y también apostar por las canteras, pongamos un impuesto a la contratación de extranjeros. La mejor manera de desincentivar una actividad es sobregravarla. Eso lo explican en el primer mes del primer curso de la carrera de Economía.


¿Y qué dicen los jugadores nacionales? Pues que les parece muy bien, claro. En verdad, a ellos les importa bien poco, por no decir un bledo. O mil, o un millón de ellos, que al fin y al cabo un bledo o un millón de bledos es exactamente lo mismo. Nada, para ser exactos. Dice Raúl que lo más justo es que a todos se les trate por igual. Claro que para eso no hay que llamarse Raúl, ni ser el futbolista español que más gana en España (este dato lo supongo, igual no es cierto) Y si lo más justo es que a todos se nos trate por igual, que me paguen a mi la hora de trabajo igual que hacen con él. Yo estaría encantado con esa justicia. Y que me graven con el 43%, que me importa mil millones de bledos, anda que no. Si es que con millones de euros (que no de bledos) en la cuenta es muy fácil ponerse digno, no te jode.


Y que conste que a mi me parece divino lo que están proponiendo desde el Gobierno. No supone un ingreso excepcional para las arcas del Estado, pero dignifica al país. No es de recibo que esos tipos que tanto ganan paguen tan poco. Pero que no lo vendan como si fuera una decisión de lo más beneficiosa para los pobres, porque lo pobres no se van a enterar de nada de esto. Vamos, que van a seguir igual de pobres que antes, si no más. Además, es que no se cuenta todo, insisto. Porque esa ley, aunque la llamen “Beckham”, no se hizo para futbolistas, sino para incentivar la llegada a España de cerebritos. O sea, de profesionales altamente cualificados, como investigadores, directivos de empresas y personas en general con una habilidad especial para ciertos trabajos de alto nivel, y que como tal cobran una millonada por desempeñarlo. Claro que al “ingeniero contable” del club de turno se le ocurrió considerar a los futbolistas de primer nivel como “profesionales altamente cualificados”, y así encuadrarlo como beneficiarios de dicha ley. Eso sí que es ser un profesional altamente cualificado. El ingeniero contable, no el futbolista, claro. A eso es a lo que yo le llamo tergiversar. O utilizar un concepto de forma “torticera” para beneficio propio.


Lo que sí que me hace gracia es cómo se les ve el plumero a los grandes clubes, y a los grandes jugadores. Esos que besan el escudo, y que dicen que son madridistas desde “chiquetitos”. O que llevan desde antes de nacer soñando con jugar en el Barcelona. Esos tipos que ahora queda claro que vienen aquí porque pagan la mitad de impuestos que en otros países. O mejor, porque los clubes pueden ofrecerles más dinero en neto. Ni madridistas desde niños, ni sueños culés de una noche de verano. La pasta gansa y punto.


Y ahora los clubes se quejan de que los futbolistas van a dejar de venir. Bueno, no creo que sea tanto así. Ahora los futbolistas mirarán otras cosas, ya que el dinero que ofrezcan en un sitio u otro será parecido. ¿Qué otras cosas? Pues proyectos, miras a futuro, calidad de gestión para obtener algo de seguridad, aspiraciones deportivas (reales, no mediáticas), buen ambiente en el club y el vestuario… y por supuesto el prestigio de la Liga. Ese que está decayendo, por mucho que los vendeburras de siempre sigan hablando de “La Liga de las Estrellas”, o “la mejor Liga del mundo”, (del mundo mundial y buena parte del extranjero).


Los dineros que se mueven en el mundo del fútbol merecen el calificativo de obscenos, y mucho más con la que nos está cayendo últimamente. Y me parece indignante que se esté intentando engañar al personal, utilizando argumentos demagogos para vender lo invendible. Es que ya es demasiado, hombre. Llevo mucho tiempo quejándome de que aquí se defiende al que despilfarra, y se ningunea al que gestiona bien. Y, por una vez, parece que va a salir adelante una medida que va a frenar un poco ese despilfarro. Medida, por otra parte, que nos iguala con el resto de países europeos, que parece que a partir de ahora vamos a tener desventaja respecto a los demás.


Además, si somos la mejor liga del mundo, si todos los jugadores están deseando desde la más tierna infancia venir a jugar a nuestros grandes clubes y todo eso ¿qué problema hay? A igualdad de condiciones con el resto de ligas, seguirán viniendo aquí, ¿no? ¿O es que quizás no somos tan maravillosos como nos quieren hacer creer?


Como tanto me gusta decir, al final, cada uno acaba donde se merece. A ver donde acaban esos en los que todos estamos pensando.

martes 10 de noviembre de 2009

La selección... para el que los quiera aguantar

En estos últimos días hemos sido testigos de una excelente noticia protagonizada por uno de nuestros capitanes: Jesús Navas


Y no me refiero a su llamada para la selección, algo que ya ocurrió hace años, y que él ha rechazado sistemáticamente por los problemas que todos sabemos (aunque algunos no comprenden, por lo que se ve). Me refiero al hecho de que haya aceptado, porque eso quiere decir que una persona tan querida por el sevillismo haya sido capaz de superar un grave problema que estaba lastrando su proyección. A nadie se le escapa que el Duende de Los Palacios está en el mejor momento de su carrera, y eso no puede ser casualidad. Es, más bien, la consecuencia de la mejora en su sempiterno problema. Por eso me alegro tanto. Primero, por él, por humanidad, porque me considero una buena persona que se alegra de los triunfos de quienes pelean tan duro por conseguirlos. Y segundo, por el Sevilla, porque el mejor rendimiento y la mayor regularidad de nuestro extremo es para bien del equipo. Y mira que es difícil mejorar lo ya hecho por Jesús.


Lo de la selección, por su parte, ya me trae un poco más al pairo. Y mucho más viendo algunas reacciones que se están produciendo.


Vaya por delante que hay que reconocer que una mayoría del mundillo del fútbol se siente feliz por la incorporación de este futbolista a la rueda de la selección. Pero es que, por otro lado, hay que oír cada cosa. Como lo de Pablo Hernández.


De esto me enteré a través del blog de Jesús Alvarado, y aunque no me gusta redundar en temas ya tratados, sí que quisiera profundizar un poco más en este. Todo viene a resultas de una noticia publicada por el portal valencianista “Superdeporte”. Que digo yo que, si Alvarado llama a la web “Muchodeporte” como “Muchotomate”, a esta del Valencia se le podría llamar “Supertomate”. Claro que esta no es “anaranjada”, y eso que las naranjas son muy comunes en el levante. Y al hilo de esto, me pregunto si no existirán por ahí otras páginas del estilo, no sé, “El Tomate Mecánico”, “Del Tomatal al Cielo”, “Pon un tomate en tu vida”… ¿quién sabe?


El caso es que, en declaraciones a este portal, el Pablo Hernández este, a vueltas con los rumores de convocatoria internacional de Navas (que juega en su mismo puesto), dijo algo así como que él esperaba que la lista de Del Bosque se basara en merecimientos, y no en presiones externas. Como si él se lo mereciera más que Navas, y este fuera a ser convocado porque aquí somos “mu pesaos” con el tema. Eso fue antes de saber que él también entraba en la lista. Pero lo dicho, dicho quedó.


Yo al Pablo Hernández este le voy a aclarar un poco las ideas. De manera gratuita, por amor al arte. De un modo completamente desinteresado y altruista. Que hoy me siento así de espléndido, ya veis. Y si hablamos de merecimientos, hagamos una comparativa entre ambos jugadores. (¡Qué me gustan estas cosas! J)


Fecha de Nacimiento: Navas: 21-11-1985 - Hernández: 11-4-1985 (misma edad)


Debut en Primera: Navas: 2004 – Hernández: 2006 (1 partido, el siguiente fue en 2007)


Trayectoria: Navas: 2004 – Actualidad: Sevilla FC


Hernández: 2004-2005: Valencia B – 2005-2006: Cedido al CD Onda – 2006-2007: Cedido al Cádiz – 2007-2008: Getafe – 2008-Actualidad: Valencia CF


Partidos en Primera: Navas: 168 – Hernández: 55


Goles en Primera: Navas: 15 – Hernández: 9


Títulos: Navas: 2 UEFAs, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de Europa, 1 Supercopa de España (todos como titular indiscutible, y con un protagonismo total y absoluto)


Hernández: 0, nada, ni uno, ni de titular, ni de suplente, ni con protagonismo, ni sin él. De hecho, cuando Navas ganaba una final tras otra con el Sevilla, el Pablo Hernández este andaba cedido en equipos de 2º ó 2ºB. Imagino que vería los partidos por la tele, y mientras Navas rechazaba a la selección, para él acudir a la misma sería algo quimérico.


Partidos con la Sub’21: Navas 5 – Hernández: 0


Goles con la Sub’21: Navas: 3 – Hernández, obviamente, 0.


Esto es tan demoledor, que yo no entiendo cómo es posible que este tipo la tenga tan dura como para hablar de merecimientos respecto a Navas. O que sea tan engreído, no se qué es lo que se cree. En lo único que Hernández supera a Navas es en el número de internacionalidades absolutas. El valencianista tiene la friolera de una participación (media hora en el partido contra Sudáfrica de la Copa Confederaciones), mientras que el sevillista no tiene ninguna.


Y al hilo de esto, yo al tal Hernández le preguntaría lo siguiente: ¿De verdad crees, criatura, que con Navas al 100% tú hubieras ido a la Copa Confederaciones? Eso también se lo preguntaría a Cazorla, y a todos los que han jugado por la derecha con la selección en los últimos tres años, pero no viene al caso. ¿De qué se piensa que va el nota este? ¿Qué se ha creído? Luego nos llaman engreídos a los sevillistas por festejar éxitos. ¿Cómo se le puede llamar al sujeto este?


Vamos a ver, Pablo Hernández. Navas no va a la selección porque en Sevilla se haya hecho una campaña en pro de ello. Más bien al contrario, es la propia selección, con Luis Aragonés primero, y con Vicente Del Bosque después, quien lleva dando el coñazo con el tema Navas desde hace años. Pero coñazo, quillo. Yo no sé la de veces que se ha vendido que el jugador estaba a punto de dar el sí.


A ver, Pablo Hernández, para dar un “sí”, primero hay que tener una propuesta. Luis Aragonés pensó en él ya para el Mundial 2006 (cuando tú estabas cedido en el CD Onda), pero el jugador lo rechazó. A partir de entonces, desde la selección se ha clamado por que Navas se una a ellos. Han seguido la evolución de sus problemas, y esto de ahora no es el resultado de un café muy intenso en Córdoba, o un cruce de llamadas en la sombra. Esto no es más que el final de un proceso que lleva años llevándose a cabo, no una campañita para que cierto jugador vaya con la selección.


De hecho, durante los años que ha durado este proceso (sí, Pablo Hernández, años), todos los jugadores que han jugado por la derecha con la roja lo han hecho porque Navas no estaba listo. Si lo hubiera estado, habría jugado Navas. ¿O qué te has creído? A ti te queda un mundo para llegar al nivel de Jesús Navas. Que no digo que algún día lo superes de calle, y te conviertas en el próximo Michel, o el nuevo Garrincha del fútbol español. Puede ser, ¿quién sabe? Pero a día de hoy…


Si quieres, te lo explico de otra manera. Navas no ha ido a la selección hasta ahora porque estaba lesionado. Lesionado de cabeza, de mente, de modo psicológico, como quieras llamarlo. Y ahora se ha recuperado de la lesión. Así de sencillo. Una lesión que también le afectó en su rendimiento con el Sevilla. ¿De cuántas concentraciones de pretemporada se ha tenido que ir? Las cosas son como son, por mucho que se quieran disfrazar de otra cosa.


Esto es lo que ha dicho el Pablo Hernández este, pero no es el único. Hay una corriente de opinión que defiende que otros futbolistas se merecen más que Navas el ir a la selección, por el hecho de haber estado siempre disponible. Vaya soberana parida. ¿Y qué me merezco yo? ¿Y tú, que estás leyendo esto? ¿Qué ha hecho el Pablo Hernández este (por ejemplo) más que yo (o tú) para tener el privilegio de ganar el pastizal que gana por ser futbolista? Porque a mí nunca nadie me dio la oportunidad de demostrar si valgo o no para eso. ¿Merecimiento? Yo también he estado siempre disponible por si el seleccionador me llama. Que me llamen a mí, que no tengo problemas psicológicos. Al menos ninguno que me impida ir a un Mundial.


De verdad que esto es para mandarlos a todos a paseo. Si no fuera por la ilusión que le debe hacer al chaval…


Es que no entiendo qué les pasa a toda esta gente con el Sevilla. ¿Por qué les molesta tanto que un sevillista vaya a la selección? Ocurrió lo mismo con Capel. Que si no está preparado, que si no sabe centrar, que si no levanta la cabeza. O con Javi Navarro, que si era un guarro, un leñero y hasta un asesino. Pero nadie dijo nada de Monreal, o de Iraola, o de Juanito, o de Pablo el del Atlético de Madrid, o de Antonio López, o de tantos y tantos jugadores que yo no entiendo bien qué hacían en la selección. ¿Os acordáis de Raúl Bravo? Pero como vaya un sevillista, a muchos les entra urticaria.


Y luego me preguntan que por qué ya no sigo a la selección. Pues es sencillo. Porque no nos quieren, es así de simple. Y me duele mucho que, con lo que se ha apoyado a la selección en Sevilla, ahora se nos trate así.


Por mi, como si se tiran de un puente, de verdad. Ojalá no fuera nadie del Sevilla. Que se queden aquí, así no hay riesgo de lesiones, y están más descansaditos para jugar con nosotros. Yo paso de ellos. Me da pena, pero paso de ellos. Ni campañas, ni leches en polvo. Que no llamen a ninguno, y que se metan su roja por donde más les apetezca.


Lo que hay que aguantar, macho.


lunes 9 de noviembre de 2009

Una oportunidad aprovechada

El pasado sábado, viendo cómo el Madrid le ganaba al Atlético, aún pasándolas canutas, eso sí, pensaba en la oportunidad tan grande que se le presentaba al Sevilla al día siguiente, en el partido contra el Villarreal.


Yo soy de los que piensan que el objetivo sevillista debe ser el tercer puesto. Me refiero al objetivo real, al que tiene que optar sí o sí, que diría el presidente (y todo el mundo ya, que vaya forma de generalizar una expresión). A ese que si no se consigue, sí que nos podríamos sentir decepcionados (luego habría que analizar las circunstancias, claro)


Y en la lucha por ese objetivo, los grandes rivales son Atlético de Madrid, Villarreal y Valencia. Porque pensar que hasta ahí pueden meterse Deportivo, Mallorca o Sporting de Gijón (los que vienen justo por detrás de los valencianistas), es algo aventurado. Todo puede ocurrir, que cada año hay un equipo revelación, pero incluso para el Deportivo veo eso como algo demasiado grande.


Y en ese sentido, tener al Atlético a 15 puntos, y al Villarreal a 13 en la jornada diez, pues es algo muy positivo. Yo no digo que no vayan a remontar el vuelo (sobre todo el Villarreal), pero ya tienen una dificultad extra. Algo semejante nos pasó a nosotros el año que se fue el traidor, y finalmente nos quedamos quintos. Habrá que ver si estos son capaces de hacer lo que hizo el Sevilla de Jiménez en aquella ocasión.


Anoche, el Sevilla aprovechó la oportunidad en un partidazo entre dos equipos que ya llevan años en un nivel muy parejo. Hubo alternancia en el juego y en el marcador, y en mi opinión, nuestra victoria se basó en tres factores:


Primero, que Luis Fabiano ayer sí que tenía ganas de jugar, y cuando eso ocurre, la probabilidad de que el Sevilla marque aumenta considerablemente. Sin desmerecer en absoluto a Negredo, la diferencia entre el 9 de Brasil, y el que aspira a serlo de España, es que uno las mete casi todas, y al otro le cuesta más. Menos que a otros muchos, pero más que al 9 de Brasil. Cuando a este le da la gana, claro.


Segundo, que ayer Jiménez acertó con los cambios. Es en esa faceta donde veo que el de Arahal está creciendo como entrenador. En sus inicios no es que no cambiara bien. Es que había partidos en los que ni cambiaba. Y ahora parece empezar a saber cómo leer los partidos, y dar con la tecla. Quitó a Navarro para meter a Adriano, y este dio el pase de los dos últimos goles. Quitó a Negredo para meter a Kanouté, y este marcó lo que el otro no pudo. Y metió a Lolo por Luis Fabiano para apuntalar el centro del campo, y para que O Fabuloso se llevara la ovación y se fuera a casa contento, algo que es tan importante para la estabilidad mental del brasileño, y su posterior rendimiento para el bien del equipo.

Y tercero, por supuesto, la suerte. Esa que es necesaria en todo deporte o juego. Esa que te mete en la siguiente ronda de la UEFA gracias a un gol del portero, o te manda para casa en la ruleta de los penalties. Ayer el Sevilla marcó justo un minuto después de que el rival se pusiera por delante. En el partido contra el Español, tuvimos mala suerte, y el balón no entró. En el partido contra el Villarreal tuvimos buena suerte, y nos llevamos los tres puntos. La suerte, que unas veces te da lo que otras te quita.

Todo ello teniendo en cuenta, claro está, que el nivel del conjunto es el que es. Sobre esa base, que nos permite ser capaces de batir a cualquier equipo, el hecho de acabar ganando a un rival directo como el Villarreal depende de detalles como los mencionados. Cuando dos equipos parejos se enfrentan, no ganan los conjuntos, ya que el poderío de estos es parecido, sino otro tipo de cosas, como esto que acabo de comentar.


Por cierto, ¿alguien sabría decirme qué coño le pasa con el Sevilla a Cañizares, el que fuera portero del Valencia? Actualmente es comentarista en el programa que Canal + hace después de los partidos de liga del domingo. La semana pasada, comentando el Xerez – Sevilla, no hizo más que defender que el Xerez hizo muy buen partido y que estuvo a punto de dar una sorpresa al rival (no al Sevilla, sino al rival, como si fuera un concepto o ente etéreo). Y ayer hizo lo mismo. Después de reconocer que fue un buen partido entre dos equipo de semejante nivel, defendió a capa y espada las posibilidades del Villarreal para reengancharse arriba. Pero del concepto o ente etéreo que les derrotó, nada de nada.


Recuerdo que el año pasado, cuando tenía la deferencia de hablar de nosotros, lo hacía para recalcar lo mal que jugábamos, a pesar de ganar un partido tras otro. Se le nota a leguas que le caemos mal, sentimiento que por otra parte es recíproco, al menos en lo que a mi respecta. Pero bien que podría esforzarse un poco por disimular esa inquina, al menos cuando hace apariciones públicas en programas pagados por aficionados de todos los colores.

jueves 5 de noviembre de 2009

Espero que no se vuelva a repetir

Lo primero, mis disculpas por haber tenido parado el blog durante más de una semana. Yo no le debo de caer demasiado bien al servidor de Internet, y a veces me hace estas cosas. Hay por hay un benner publicitario que pregunta si mi conexión se ríe de mi. La mía no es que se ria. Es que de la forma en la que se descojona, a veces le dan estertores y se da de baja durante unos días. Y eso es justo lo que me ha pasado. Otra vez, no sé cuantas van ya. En fin, yo y mis problemas con las conexiones.


Hablemos de lo importante. Vaya por delante que el hecho de que el Sevilla se haya clasificado matemáticamente para octavos de final de la Liga de Campeones, a falta de dos jornadas, es algo tan bueno e importante que todo lo demás queda ensombrecido. Mientras otros equipos, si no están ya eliminados, las van a pasar canutas para acceder a la siguiente fase, nosotros estamos a tan sólo un punto (si el goal – average lo permite) de ser primeros de grupo. Que si, que ya, que nuestro grupo es más fácil que otros, es cierto. Pero esa es la ventaja que tiene estar en el bombo 1. Además, por eso que es más fácil nos hemos clasificado tan pronto. Si hubiera sido más complicado, igual no seríamos líderes con 5 puntos de ventaja, sino líderes con sólo 1 ó 2.


Pero, a pesar de estas consideraciones positivas, no puedo dejar de decir que, para mí, el partido de ayer del Sevilla fue calamitoso. Y eso que empezamos bien, presionando al rival (que se lo jugaba todo anoche), yéndonos arriba, y controlando el partido sin ningún problema. Fruto de ese dominio llegó el gol de Navas, y todo hacía indicar que tendríamos una noche serena y tranquila. Pero, por la razón que sea, el equipo se perdió en la autocomplacencia, y aun manteniendo el control de la situación, no apretó esa pizca más necesaria para destrozar a un rival que estaba muerto. Y eso es lo que me sentó mal de verdad. Yo entiendo que, tal y como está la fase de grupos, se saque a jugadores menos habituales. Y también que la intensidad no sea la misma que si fuera una final, o un partido a vida o muerte. Pero lo de anoche merece una bronca del entrenador, porque este tipo de situaciones no se deben permitir.


Otras veces en las que el Sevilla se ha echado atrás tras marcar un primer gol, he defendido al equipo diciendo que el rival también juega. Pero ayer eso no vale. Ayer el rival no estaba para nada, y fue la indolencia del equipo la que le dio vida. Aún así, el primer tiempo pasó plácido y tranquilo, y yo creo que todos pensábamos que en la reanudación pegaríamos el arreón que finiquitara la contienda.


Pero no fue así. El Sevilla siguió con la misma actitud apática y sobrada, y el Sttutgart, casi por inercia, se fue arriba. Y, claro, con jugadores como Pogrebnyak, Hleb, Kuzmanovic o Hitzslperger, por muy mal que estén, lo normal es que algo pase. Y pasó. Los alemanes tuvieron un par de ocasiones, con tiro al palo incluido, y se animaron. Mientras, el Sevilla parecía incapaz de hacer nada. Me decepcionó muchísimo Romaric. Sinceramente pensé en verano que este sería su año, igual que opinaba de Konko, pero con el africano está claro que me equivoqué.


Tampoco me gusta la actitud de Luis Fabiano, que parece que se borra de los partidos cuando no le agrada el juego, y sólo está para sus goles, sus números, y su lucimiento personal. De corazón que creo que lo mejor que le vendría al Sevilla sería que a Abramovich se le fuera la pinza y ofreciese esos 30 millones en enero (ya que a partir de junio el Chelsea no podrá fichar durante dos años). Un tio con 29 años, que clama por jugar en un súper grande, aunque sea por embellecer el currículum, y que tiene esa actitud ya que sabe que tiene plaza garantizada en el Mundial, sólo nos va a dar titulares de prensa (él, y su inefable representante), algún que otro gol importante, y sobre todo, indolencia en partidos como el de ayer. Y que a Jiménez no se le ocurra cambiarlo, que si es así la criatura se cabrea. Genio y figura.


Para colmo, una vez hechos los tres cambios, va y se lesiona Duscher. No nos echan a nadie (imposible cuando se disputa un partido de esa forma tan blandita), pero terminamos con diez. Y justo a continuación, el Sttutgart empata con un tiro lejano que rebota en un jugador y descoloca a Javi Varas. Creo que, a pesar de todo, es de justicia reconocer que somos tan superiores al Sttutgart, que los alemanes no son capaces de ganarnos ni cuando sacamos a futbolistas no habituales y fuera de forma, ni cuando jugamos a ritmo de entrenamiento, ni cuando renunciamos a nuestra habitual intensidad en la presión, ni cuando nos quedamos con diez, ni cuando apenas tiramos a puerta… y sólo consiguen empatar en una jugada de rebote, que sin este el portero hubiera evitado el gol. Es cierto que tuvieron otro par de ocasiones, pero, igual que me quejo de la actitud del equipo, me alegra pensar que lo de ayer se soluciona simplemente cambiando esa actitud. Que somos muy buenos, y que podemos llegar lejos a nada que nos dejemos de carajas como la de ayer.


Pero para conseguirlo hay que hacer justo eso. Dejarse de historias, y salir a por todas. ¿Para qué si no las rotaciones? ¿No se hacen para que en cada partido salgan jugadores frescos que permiten jugar siempre con la misma intensidad?


P.D. Jesús Navas ha dado luz verde para ser convocado para la selección. Yo, la verdad es que me alegro porque el chaval haya superado sus problemas, que es lo más importante. Pero la verdad es que no me agrada que se lo lleven. Lo van a convertir en un circo mediático. En un monito de feria, todos atentos a ver qué hace, a ver cómo reacciona, a ver si hace algo que pueda hacer intuir a sus mentes buscadoras de morbo el más mínimo resquicio de lo que sea que les sirva para rellenar páginas de periódicos y minutos de radio.


Eso si lo llaman. Porque ¿Os imaginais que, después de los esfuerzos del muchacho, de hacer de tripas corazón, de luchar por superar eso, de conversaciones y de reuniones, de salir en público a decir que está preparado... va el Del Bosque y no lo llama? Eso sí que sería para tirar a alguien por la ventana, ¿no? No creo que sean capaces, por mucho que Navas juegue en el Sevilla.

martes 27 de octubre de 2009

Los buenos entrenadores

No existe una definición consolidada acerca de lo que es un buen entrenador. Supongo que es algo que depende de lo que cada uno prefiera a la hora de ver fútbol. Los hay que piensan que un buen entrenador es el que lleva a su equipo a jugar con excelencia, como vía para conseguir victorias, y otros que defienden que lo importante es ganar, da igual cual sea el medio que se utilice para alcanzar ese objetivo. Algunos opinan que una de las cosas más importantes es la psicología, y otros están convencidos de que sin disciplina y mano dura no se va a ninguna parte.

En mi opinión, un buen entrenador es aquel que es capaz de sacar el máximo partido de un grupo de futbolistas. Por eso me hace mucha gracia cuando a un entrenador le ponen la etiqueta de defensor del buen fútbol, o del “catenaccio”, o de estratega, o de incondicional del “patapúm y tos palante”. Yo pienso que el tipo de juego dependerá de los mimbres con los que se cuenten, que igual lo que le gusta al técnico es inviable con los jugadores disponibles. A no ser que se prefiera fracasar antes que cambiar de método, que de todo hay en la vida.

Y también me llama la atención que los mejores entrenadores del año para los “expertos” siempre son los técnicos de los mejores equipos del mundo, sólo por el hecho de que han ganado títulos. Hombre, a ver, sin duda habrán hecho un mejor trabajo que los entrenadores de los otros grandes, a los que vencieron para obtener los títulos mencionados, pero yo me pregunto: ¿qué hubieran hecho esos entrenadores sin las grandes estrellas que marcan los goles y deciden los partidos? Porque muchas veces ese supuesto buen entrenador se limita a mantener un poco de orden en un grupo plagado de estrellas vanidosas y caprichosas (e.g. Del Bosque en el Real Madrid), pero en cuanto lo sacas de ahí, no es capaz de hacer nada.

Viene esto a cuento por la noticia que ayer saltó a la palestra: Juande Ramos ha sido cesado de su cargo en el CSKA de Moscú. Yo no me considero mala persona, pero no puedo evitar sentir un regusto agradable cada vez que a este tipo lo echan de algún sitio. No es que me alegre del mal ajeno, que ya quisiera yo todos los males deportivos del nota este a cambio de su cuenta bancaria, pero es que yo siempre he opinado lo mismo, y estas noticias no hacen más que darme la razón.

Yo siempre he opinado que fue el Sevilla el que hizo grande a Juande, y no Juande el que hizo grande al Sevilla. Y ya lo vemos. El Sevilla sigue ahí, en las alturas, aspirando a lo que aspira, y Juande está donde está, repudiado por el Tottenham, repudiado por el Madrid, repudiado por el CSKA…. El Sevilla sigue creciendo, sea quien sea el entrenador, pero Juande no ha vuelto a triunfar, porque fue el Sevilla quien le llevó al triunfo.

Y es que, mientras tipos como este son admirados y adorados por algo que hicieron una vez, hay casos de grandes entrenadores que pasan desapercibidos por la manía de la prensa de elevar a los altares a ídolos de barro.

Es lo que pasa, por ejemplo, con Martin Jol. Este era el entrenador que llevó al Tottenham a las puertas de aspirar a competir con los grandes ingleses. Los londinenses quisieron dar el salto definitivo, y pensando que Jol no estaba capacitado para más de lo que estaba haciendo, contrataron a Juande, convencidos de que ahí estaba la clave. Que hiciera en el Tottenham lo que hizo con el Sevilla. Claro que tardaron poco más de un año en darse cuenta de que la clave no estaba en Juande. Y lo echaron a la calle, después de erigirse como el segundo peor entrenador de la historia del club. Y no llegó a ser el primero porque lo despidieron antes. Por su parte, Martin Jol hizo dos temporadas magníficas en el Hamburgo alemán. El año pasado, para no extenderme demasiado, disputó la Bundesliga hasta el último partido, y fue semifinalista de la UEFA. Y esta temporada ha redirigido el rumbo del Ajax de Amsterdam. Lo tiene tercero en la Liga Holandesa, a tiro de piedra del liderato, jugando bien y ganando contundentemente. En la UEFA mantiene el tipo en un grupo complicado. Y lo está haciendo con casi el mismo equipo del año pasado, ya que el único fichaje importante ha sido el del internacional holandés, ex del AZ, Demy de Zeeuw.

Y esto me sirve para conectar con el siguiente entrenador, en este caso malo según mi opinión: Ronald Koeman. Este tipo, por el hecho de haber formado parte de aquel Barça de antología, parece que tiene un punto más que el resto de entrenadores a la hora de valorarlo. Y lo que hizo con el Valencia hace dos años no tiene nombre. Aquello fue demencial, y no me explico cómo es posible que haya equipos que sigan confiando en el. Esta temporada Koeman entrena al AZ Alkmaar, un equipo que lleva años creciendo, pero que esta temporada ha perdido a su gran valedor, Louis Van Gaal. Con el mismo equipo que el año pasado, quienes ganaron la liga con una autoridad insultante esta temporada están perdidos en la medianía. De hecho, esta última jornada han perdido en casa con el Ajax por 2-4. ¿Quién es el buen entrenador? Van Gaal ganó la Champions en el 95 con un Ajax plagado de adolescentes. Y cuando digo adolescentes hablo de jugadores de menos de 20 años. Luego triunfó en el Barça, y tuvo que marcharse de allí por culpa de su mal carácter. Más tarde hizo del AZ un grande de Holanda. Y ahora entrena al Bayern Munich, donde habrá que ver qué hace. ¿Y Koeman? No ha triunfado en ninguno de los equipos en los que ha estado. Sin más. Pero ahí sigue.

Otro entrenador desconocido para muchos, pero muy bueno, es Steve MacLaren. Este era el técnico que llevó al Middlesbrough a la final de la UEFA que perdió con el Sevilla. No está mal hacer eso con un equipo de la mitad para abajo de la Premier. Luego fue temporalmente seleccionador inglés. Y desde hace dos años entrena al modesto Twente holandés. Y a este modesto lo hizo subcampeón de liga el año pasado. Este año se le han ido sus mejores jugadores, como suele pasarles a los modestos equipos holandeses. Braafheid al Bayern Munich, Elia al Hambugo y Arnautovic al Inter de Milan. Bueno, pues el Twente es líder de la Eredivisie, por delante del PSV y del Ajax. Aún no ha perdido un solo partido, es líder de su grupo en la UEFA, y nadie sabe hasta donde puede llegar este equipo. A mi me tiene muy sorprendido, porque pensé que el Twente se vendría abajo este año. Pero ahí está. Un pedazo de entrenador. Eso sí que tiene mérito.

Los buenos entrenadores son los que saben adaptarse a las circunstancias de los equipos en los que recalan. De nada sirve empeñarse en hacer un jogo bonito a la brasileña si es el Eibar el equipo que te contrata. Y es absurdo jugar a la defensiva y encomendarse a la épica cuando entrenas al Real Madrid (lo que hizo el traidor el año pasado). Lo bueno es estudiar a los jugadores que tienes entre manos, y ser capaz de imponer un estilo acorde con las características de los mismos. Y eso hay pocos entrenadores capaces de hacerlo. Muy pocos. Y esos son los buenos.

Lo de Guardiola con el Barça del año pasado es para quitarse el sombrero. No cabe duda, y sería de necios no reconocerlo. Por eso todos coinciden en que ha sido el mejor técnico de la pasada campaña. Pero también es cierto que hay multitud de entrenadores buenos que son ninguneados, y otros mediocres que son elevados a cotas inmerecidas porque así lo quieren los que tienen el poder de hacer llegar su opinión a millones de personas a diario.

Aquí, en Sevilla, la prensa elevó a los altares a técnicos que no lo merecen, y así lo están demostrando: Marcelino, Valverde, Emery…, el propio Juande, por supuesto. A cada uno hay que darle lo que se merece. Yo no digo que esos sean unos inútiles, que no lo son, claro. Pero los grandes entrenadores son muy pocos (por eso destacan), muy caros, y muy caprichosos, que para eso tienen a multitud de equipos babeando detrás de ellos. Y si un club como el Sevilla no está dispuesto a gastarse un dineral en un personaje, que además vendrá pidiendo la Luna en forma de jugadores, pues tendremos que “conformarnos” con otra cosa. Y creo que se va demostrando que lo que tenemos es difícil de mejorar en estas circunstancias.