Un Sevillista Cualquiera

martes 10 de noviembre de 2009

La selección... para el que los quiera aguantar

En estos últimos días hemos sido testigos de una excelente noticia protagonizada por uno de nuestros capitanes: Jesús Navas


Y no me refiero a su llamada para la selección, algo que ya ocurrió hace años, y que él ha rechazado sistemáticamente por los problemas que todos sabemos (aunque algunos no comprenden, por lo que se ve). Me refiero al hecho de que haya aceptado, porque eso quiere decir que una persona tan querida por el sevillismo haya sido capaz de superar un grave problema que estaba lastrando su proyección. A nadie se le escapa que el Duende de Los Palacios está en el mejor momento de su carrera, y eso no puede ser casualidad. Es, más bien, la consecuencia de la mejora en su sempiterno problema. Por eso me alegro tanto. Primero, por él, por humanidad, porque me considero una buena persona que se alegra de los triunfos de quienes pelean tan duro por conseguirlos. Y segundo, por el Sevilla, porque el mejor rendimiento y la mayor regularidad de nuestro extremo es para bien del equipo. Y mira que es difícil mejorar lo ya hecho por Jesús.


Lo de la selección, por su parte, ya me trae un poco más al pairo. Y mucho más viendo algunas reacciones que se están produciendo.


Vaya por delante que hay que reconocer que una mayoría del mundillo del fútbol se siente feliz por la incorporación de este futbolista a la rueda de la selección. Pero es que, por otro lado, hay que oír cada cosa. Como lo de Pablo Hernández.


De esto me enteré a través del blog de Jesús Alvarado, y aunque no me gusta redundar en temas ya tratados, sí que quisiera profundizar un poco más en este. Todo viene a resultas de una noticia publicada por el portal valencianista “Superdeporte”. Que digo yo que, si Alvarado llama a la web “Muchodeporte” como “Muchotomate”, a esta del Valencia se le podría llamar “Supertomate”. Claro que esta no es “anaranjada”, y eso que las naranjas son muy comunes en el levante. Y al hilo de esto, me pregunto si no existirán por ahí otras páginas del estilo, no sé, “El Tomate Mecánico”, “Del Tomatal al Cielo”, “Pon un tomate en tu vida”… ¿quién sabe?


El caso es que, en declaraciones a este portal, el Pablo Hernández este, a vueltas con los rumores de convocatoria internacional de Navas (que juega en su mismo puesto), dijo algo así como que él esperaba que la lista de Del Bosque se basara en merecimientos, y no en presiones externas. Como si él se lo mereciera más que Navas, y este fuera a ser convocado porque aquí somos “mu pesaos” con el tema. Eso fue antes de saber que él también entraba en la lista. Pero lo dicho, dicho quedó.


Yo al Pablo Hernández este le voy a aclarar un poco las ideas. De manera gratuita, por amor al arte. De un modo completamente desinteresado y altruista. Que hoy me siento así de espléndido, ya veis. Y si hablamos de merecimientos, hagamos una comparativa entre ambos jugadores. (¡Qué me gustan estas cosas! J)


Fecha de Nacimiento: Navas: 21-11-1985 - Hernández: 11-4-1985 (misma edad)


Debut en Primera: Navas: 2004 – Hernández: 2006 (1 partido, el siguiente fue en 2007)


Trayectoria: Navas: 2004 – Actualidad: Sevilla FC


Hernández: 2004-2005: Valencia B – 2005-2006: Cedido al CD Onda – 2006-2007: Cedido al Cádiz – 2007-2008: Getafe – 2008-Actualidad: Valencia CF


Partidos en Primera: Navas: 168 – Hernández: 55


Goles en Primera: Navas: 15 – Hernández: 9


Títulos: Navas: 2 UEFAs, 1 Copa del Rey, 1 Supercopa de Europa, 1 Supercopa de España (todos como titular indiscutible, y con un protagonismo total y absoluto)


Hernández: 0, nada, ni uno, ni de titular, ni de suplente, ni con protagonismo, ni sin él. De hecho, cuando Navas ganaba una final tras otra con el Sevilla, el Pablo Hernández este andaba cedido en equipos de 2º ó 2ºB. Imagino que vería los partidos por la tele, y mientras Navas rechazaba a la selección, para él acudir a la misma sería algo quimérico.


Partidos con la Sub’21: Navas 5 – Hernández: 0


Goles con la Sub’21: Navas: 3 – Hernández, obviamente, 0.


Esto es tan demoledor, que yo no entiendo cómo es posible que este tipo la tenga tan dura como para hablar de merecimientos respecto a Navas. O que sea tan engreído, no se qué es lo que se cree. En lo único que Hernández supera a Navas es en el número de internacionalidades absolutas. El valencianista tiene la friolera de una participación (media hora en el partido contra Sudáfrica de la Copa Confederaciones), mientras que el sevillista no tiene ninguna.


Y al hilo de esto, yo al tal Hernández le preguntaría lo siguiente: ¿De verdad crees, criatura, que con Navas al 100% tú hubieras ido a la Copa Confederaciones? Eso también se lo preguntaría a Cazorla, y a todos los que han jugado por la derecha con la selección en los últimos tres años, pero no viene al caso. ¿De qué se piensa que va el nota este? ¿Qué se ha creído? Luego nos llaman engreídos a los sevillistas por festejar éxitos. ¿Cómo se le puede llamar al sujeto este?


Vamos a ver, Pablo Hernández. Navas no va a la selección porque en Sevilla se haya hecho una campaña en pro de ello. Más bien al contrario, es la propia selección, con Luis Aragonés primero, y con Vicente Del Bosque después, quien lleva dando el coñazo con el tema Navas desde hace años. Pero coñazo, quillo. Yo no sé la de veces que se ha vendido que el jugador estaba a punto de dar el sí.


A ver, Pablo Hernández, para dar un “sí”, primero hay que tener una propuesta. Luis Aragonés pensó en él ya para el Mundial 2006 (cuando tú estabas cedido en el CD Onda), pero el jugador lo rechazó. A partir de entonces, desde la selección se ha clamado por que Navas se una a ellos. Han seguido la evolución de sus problemas, y esto de ahora no es el resultado de un café muy intenso en Córdoba, o un cruce de llamadas en la sombra. Esto no es más que el final de un proceso que lleva años llevándose a cabo, no una campañita para que cierto jugador vaya con la selección.


De hecho, durante los años que ha durado este proceso (sí, Pablo Hernández, años), todos los jugadores que han jugado por la derecha con la roja lo han hecho porque Navas no estaba listo. Si lo hubiera estado, habría jugado Navas. ¿O qué te has creído? A ti te queda un mundo para llegar al nivel de Jesús Navas. Que no digo que algún día lo superes de calle, y te conviertas en el próximo Michel, o el nuevo Garrincha del fútbol español. Puede ser, ¿quién sabe? Pero a día de hoy…


Si quieres, te lo explico de otra manera. Navas no ha ido a la selección hasta ahora porque estaba lesionado. Lesionado de cabeza, de mente, de modo psicológico, como quieras llamarlo. Y ahora se ha recuperado de la lesión. Así de sencillo. Una lesión que también le afectó en su rendimiento con el Sevilla. ¿De cuántas concentraciones de pretemporada se ha tenido que ir? Las cosas son como son, por mucho que se quieran disfrazar de otra cosa.


Esto es lo que ha dicho el Pablo Hernández este, pero no es el único. Hay una corriente de opinión que defiende que otros futbolistas se merecen más que Navas el ir a la selección, por el hecho de haber estado siempre disponible. Vaya soberana parida. ¿Y qué me merezco yo? ¿Y tú, que estás leyendo esto? ¿Qué ha hecho el Pablo Hernández este (por ejemplo) más que yo (o tú) para tener el privilegio de ganar el pastizal que gana por ser futbolista? Porque a mí nunca nadie me dio la oportunidad de demostrar si valgo o no para eso. ¿Merecimiento? Yo también he estado siempre disponible por si el seleccionador me llama. Que me llamen a mí, que no tengo problemas psicológicos. Al menos ninguno que me impida ir a un Mundial.


De verdad que esto es para mandarlos a todos a paseo. Si no fuera por la ilusión que le debe hacer al chaval…


Es que no entiendo qué les pasa a toda esta gente con el Sevilla. ¿Por qué les molesta tanto que un sevillista vaya a la selección? Ocurrió lo mismo con Capel. Que si no está preparado, que si no sabe centrar, que si no levanta la cabeza. O con Javi Navarro, que si era un guarro, un leñero y hasta un asesino. Pero nadie dijo nada de Monreal, o de Iraola, o de Juanito, o de Pablo el del Atlético de Madrid, o de Antonio López, o de tantos y tantos jugadores que yo no entiendo bien qué hacían en la selección. ¿Os acordáis de Raúl Bravo? Pero como vaya un sevillista, a muchos les entra urticaria.


Y luego me preguntan que por qué ya no sigo a la selección. Pues es sencillo. Porque no nos quieren, es así de simple. Y me duele mucho que, con lo que se ha apoyado a la selección en Sevilla, ahora se nos trate así.


Por mi, como si se tiran de un puente, de verdad. Ojalá no fuera nadie del Sevilla. Que se queden aquí, así no hay riesgo de lesiones, y están más descansaditos para jugar con nosotros. Yo paso de ellos. Me da pena, pero paso de ellos. Ni campañas, ni leches en polvo. Que no llamen a ninguno, y que se metan su roja por donde más les apetezca.


Lo que hay que aguantar, macho.


lunes 9 de noviembre de 2009

Una oportunidad aprovechada

El pasado sábado, viendo cómo el Madrid le ganaba al Atlético, aún pasándolas canutas, eso sí, pensaba en la oportunidad tan grande que se le presentaba al Sevilla al día siguiente, en el partido contra el Villarreal.


Yo soy de los que piensan que el objetivo sevillista debe ser el tercer puesto. Me refiero al objetivo real, al que tiene que optar sí o sí, que diría el presidente (y todo el mundo ya, que vaya forma de generalizar una expresión). A ese que si no se consigue, sí que nos podríamos sentir decepcionados (luego habría que analizar las circunstancias, claro)


Y en la lucha por ese objetivo, los grandes rivales son Atlético de Madrid, Villarreal y Valencia. Porque pensar que hasta ahí pueden meterse Deportivo, Mallorca o Sporting de Gijón (los que vienen justo por detrás de los valencianistas), es algo aventurado. Todo puede ocurrir, que cada año hay un equipo revelación, pero incluso para el Deportivo veo eso como algo demasiado grande.


Y en ese sentido, tener al Atlético a 15 puntos, y al Villarreal a 13 en la jornada diez, pues es algo muy positivo. Yo no digo que no vayan a remontar el vuelo (sobre todo el Villarreal), pero ya tienen una dificultad extra. Algo semejante nos pasó a nosotros el año que se fue el traidor, y finalmente nos quedamos quintos. Habrá que ver si estos son capaces de hacer lo que hizo el Sevilla de Jiménez en aquella ocasión.


Anoche, el Sevilla aprovechó la oportunidad en un partidazo entre dos equipos que ya llevan años en un nivel muy parejo. Hubo alternancia en el juego y en el marcador, y en mi opinión, nuestra victoria se basó en tres factores:


Primero, que Luis Fabiano ayer sí que tenía ganas de jugar, y cuando eso ocurre, la probabilidad de que el Sevilla marque aumenta considerablemente. Sin desmerecer en absoluto a Negredo, la diferencia entre el 9 de Brasil, y el que aspira a serlo de España, es que uno las mete casi todas, y al otro le cuesta más. Menos que a otros muchos, pero más que al 9 de Brasil. Cuando a este le da la gana, claro.


Segundo, que ayer Jiménez acertó con los cambios. Es en esa faceta donde veo que el de Arahal está creciendo como entrenador. En sus inicios no es que no cambiara bien. Es que había partidos en los que ni cambiaba. Y ahora parece empezar a saber cómo leer los partidos, y dar con la tecla. Quitó a Navarro para meter a Adriano, y este dio el pase de los dos últimos goles. Quitó a Negredo para meter a Kanouté, y este marcó lo que el otro no pudo. Y metió a Lolo por Luis Fabiano para apuntalar el centro del campo, y para que O Fabuloso se llevara la ovación y se fuera a casa contento, algo que es tan importante para la estabilidad mental del brasileño, y su posterior rendimiento para el bien del equipo.

Y tercero, por supuesto, la suerte. Esa que es necesaria en todo deporte o juego. Esa que te mete en la siguiente ronda de la UEFA gracias a un gol del portero, o te manda para casa en la ruleta de los penalties. Ayer el Sevilla marcó justo un minuto después de que el rival se pusiera por delante. En el partido contra el Español, tuvimos mala suerte, y el balón no entró. En el partido contra el Villarreal tuvimos buena suerte, y nos llevamos los tres puntos. La suerte, que unas veces te da lo que otras te quita.

Todo ello teniendo en cuenta, claro está, que el nivel del conjunto es el que es. Sobre esa base, que nos permite ser capaces de batir a cualquier equipo, el hecho de acabar ganando a un rival directo como el Villarreal depende de detalles como los mencionados. Cuando dos equipos parejos se enfrentan, no ganan los conjuntos, ya que el poderío de estos es parecido, sino otro tipo de cosas, como esto que acabo de comentar.


Por cierto, ¿alguien sabría decirme qué coño le pasa con el Sevilla a Cañizares, el que fuera portero del Valencia? Actualmente es comentarista en el programa que Canal + hace después de los partidos de liga del domingo. La semana pasada, comentando el Xerez – Sevilla, no hizo más que defender que el Xerez hizo muy buen partido y que estuvo a punto de dar una sorpresa al rival (no al Sevilla, sino al rival, como si fuera un concepto o ente etéreo). Y ayer hizo lo mismo. Después de reconocer que fue un buen partido entre dos equipo de semejante nivel, defendió a capa y espada las posibilidades del Villarreal para reengancharse arriba. Pero del concepto o ente etéreo que les derrotó, nada de nada.


Recuerdo que el año pasado, cuando tenía la deferencia de hablar de nosotros, lo hacía para recalcar lo mal que jugábamos, a pesar de ganar un partido tras otro. Se le nota a leguas que le caemos mal, sentimiento que por otra parte es recíproco, al menos en lo que a mi respecta. Pero bien que podría esforzarse un poco por disimular esa inquina, al menos cuando hace apariciones públicas en programas pagados por aficionados de todos los colores.

jueves 5 de noviembre de 2009

Espero que no se vuelva a repetir

Lo primero, mis disculpas por haber tenido parado el blog durante más de una semana. Yo no le debo de caer demasiado bien al servidor de Internet, y a veces me hace estas cosas. Hay por hay un benner publicitario que pregunta si mi conexión se ríe de mi. La mía no es que se ria. Es que de la forma en la que se descojona, a veces le dan estertores y se da de baja durante unos días. Y eso es justo lo que me ha pasado. Otra vez, no sé cuantas van ya. En fin, yo y mis problemas con las conexiones.


Hablemos de lo importante. Vaya por delante que el hecho de que el Sevilla se haya clasificado matemáticamente para octavos de final de la Liga de Campeones, a falta de dos jornadas, es algo tan bueno e importante que todo lo demás queda ensombrecido. Mientras otros equipos, si no están ya eliminados, las van a pasar canutas para acceder a la siguiente fase, nosotros estamos a tan sólo un punto (si el goal – average lo permite) de ser primeros de grupo. Que si, que ya, que nuestro grupo es más fácil que otros, es cierto. Pero esa es la ventaja que tiene estar en el bombo 1. Además, por eso que es más fácil nos hemos clasificado tan pronto. Si hubiera sido más complicado, igual no seríamos líderes con 5 puntos de ventaja, sino líderes con sólo 1 ó 2.


Pero, a pesar de estas consideraciones positivas, no puedo dejar de decir que, para mí, el partido de ayer del Sevilla fue calamitoso. Y eso que empezamos bien, presionando al rival (que se lo jugaba todo anoche), yéndonos arriba, y controlando el partido sin ningún problema. Fruto de ese dominio llegó el gol de Navas, y todo hacía indicar que tendríamos una noche serena y tranquila. Pero, por la razón que sea, el equipo se perdió en la autocomplacencia, y aun manteniendo el control de la situación, no apretó esa pizca más necesaria para destrozar a un rival que estaba muerto. Y eso es lo que me sentó mal de verdad. Yo entiendo que, tal y como está la fase de grupos, se saque a jugadores menos habituales. Y también que la intensidad no sea la misma que si fuera una final, o un partido a vida o muerte. Pero lo de anoche merece una bronca del entrenador, porque este tipo de situaciones no se deben permitir.


Otras veces en las que el Sevilla se ha echado atrás tras marcar un primer gol, he defendido al equipo diciendo que el rival también juega. Pero ayer eso no vale. Ayer el rival no estaba para nada, y fue la indolencia del equipo la que le dio vida. Aún así, el primer tiempo pasó plácido y tranquilo, y yo creo que todos pensábamos que en la reanudación pegaríamos el arreón que finiquitara la contienda.


Pero no fue así. El Sevilla siguió con la misma actitud apática y sobrada, y el Sttutgart, casi por inercia, se fue arriba. Y, claro, con jugadores como Pogrebnyak, Hleb, Kuzmanovic o Hitzslperger, por muy mal que estén, lo normal es que algo pase. Y pasó. Los alemanes tuvieron un par de ocasiones, con tiro al palo incluido, y se animaron. Mientras, el Sevilla parecía incapaz de hacer nada. Me decepcionó muchísimo Romaric. Sinceramente pensé en verano que este sería su año, igual que opinaba de Konko, pero con el africano está claro que me equivoqué.


Tampoco me gusta la actitud de Luis Fabiano, que parece que se borra de los partidos cuando no le agrada el juego, y sólo está para sus goles, sus números, y su lucimiento personal. De corazón que creo que lo mejor que le vendría al Sevilla sería que a Abramovich se le fuera la pinza y ofreciese esos 30 millones en enero (ya que a partir de junio el Chelsea no podrá fichar durante dos años). Un tio con 29 años, que clama por jugar en un súper grande, aunque sea por embellecer el currículum, y que tiene esa actitud ya que sabe que tiene plaza garantizada en el Mundial, sólo nos va a dar titulares de prensa (él, y su inefable representante), algún que otro gol importante, y sobre todo, indolencia en partidos como el de ayer. Y que a Jiménez no se le ocurra cambiarlo, que si es así la criatura se cabrea. Genio y figura.


Para colmo, una vez hechos los tres cambios, va y se lesiona Duscher. No nos echan a nadie (imposible cuando se disputa un partido de esa forma tan blandita), pero terminamos con diez. Y justo a continuación, el Sttutgart empata con un tiro lejano que rebota en un jugador y descoloca a Javi Varas. Creo que, a pesar de todo, es de justicia reconocer que somos tan superiores al Sttutgart, que los alemanes no son capaces de ganarnos ni cuando sacamos a futbolistas no habituales y fuera de forma, ni cuando jugamos a ritmo de entrenamiento, ni cuando renunciamos a nuestra habitual intensidad en la presión, ni cuando nos quedamos con diez, ni cuando apenas tiramos a puerta… y sólo consiguen empatar en una jugada de rebote, que sin este el portero hubiera evitado el gol. Es cierto que tuvieron otro par de ocasiones, pero, igual que me quejo de la actitud del equipo, me alegra pensar que lo de ayer se soluciona simplemente cambiando esa actitud. Que somos muy buenos, y que podemos llegar lejos a nada que nos dejemos de carajas como la de ayer.


Pero para conseguirlo hay que hacer justo eso. Dejarse de historias, y salir a por todas. ¿Para qué si no las rotaciones? ¿No se hacen para que en cada partido salgan jugadores frescos que permiten jugar siempre con la misma intensidad?


P.D. Jesús Navas ha dado luz verde para ser convocado para la selección. Yo, la verdad es que me alegro porque el chaval haya superado sus problemas, que es lo más importante. Pero la verdad es que no me agrada que se lo lleven. Lo van a convertir en un circo mediático. En un monito de feria, todos atentos a ver qué hace, a ver cómo reacciona, a ver si hace algo que pueda hacer intuir a sus mentes buscadoras de morbo el más mínimo resquicio de lo que sea que les sirva para rellenar páginas de periódicos y minutos de radio.


Eso si lo llaman. Porque ¿Os imaginais que, después de los esfuerzos del muchacho, de hacer de tripas corazón, de luchar por superar eso, de conversaciones y de reuniones, de salir en público a decir que está preparado... va el Del Bosque y no lo llama? Eso sí que sería para tirar a alguien por la ventana, ¿no? No creo que sean capaces, por mucho que Navas juegue en el Sevilla.

martes 27 de octubre de 2009

Los buenos entrenadores

No existe una definición consolidada acerca de lo que es un buen entrenador. Supongo que es algo que depende de lo que cada uno prefiera a la hora de ver fútbol. Los hay que piensan que un buen entrenador es el que lleva a su equipo a jugar con excelencia, como vía para conseguir victorias, y otros que defienden que lo importante es ganar, da igual cual sea el medio que se utilice para alcanzar ese objetivo. Algunos opinan que una de las cosas más importantes es la psicología, y otros están convencidos de que sin disciplina y mano dura no se va a ninguna parte.

En mi opinión, un buen entrenador es aquel que es capaz de sacar el máximo partido de un grupo de futbolistas. Por eso me hace mucha gracia cuando a un entrenador le ponen la etiqueta de defensor del buen fútbol, o del “catenaccio”, o de estratega, o de incondicional del “patapúm y tos palante”. Yo pienso que el tipo de juego dependerá de los mimbres con los que se cuenten, que igual lo que le gusta al técnico es inviable con los jugadores disponibles. A no ser que se prefiera fracasar antes que cambiar de método, que de todo hay en la vida.

Y también me llama la atención que los mejores entrenadores del año para los “expertos” siempre son los técnicos de los mejores equipos del mundo, sólo por el hecho de que han ganado títulos. Hombre, a ver, sin duda habrán hecho un mejor trabajo que los entrenadores de los otros grandes, a los que vencieron para obtener los títulos mencionados, pero yo me pregunto: ¿qué hubieran hecho esos entrenadores sin las grandes estrellas que marcan los goles y deciden los partidos? Porque muchas veces ese supuesto buen entrenador se limita a mantener un poco de orden en un grupo plagado de estrellas vanidosas y caprichosas (e.g. Del Bosque en el Real Madrid), pero en cuanto lo sacas de ahí, no es capaz de hacer nada.

Viene esto a cuento por la noticia que ayer saltó a la palestra: Juande Ramos ha sido cesado de su cargo en el CSKA de Moscú. Yo no me considero mala persona, pero no puedo evitar sentir un regusto agradable cada vez que a este tipo lo echan de algún sitio. No es que me alegre del mal ajeno, que ya quisiera yo todos los males deportivos del nota este a cambio de su cuenta bancaria, pero es que yo siempre he opinado lo mismo, y estas noticias no hacen más que darme la razón.

Yo siempre he opinado que fue el Sevilla el que hizo grande a Juande, y no Juande el que hizo grande al Sevilla. Y ya lo vemos. El Sevilla sigue ahí, en las alturas, aspirando a lo que aspira, y Juande está donde está, repudiado por el Tottenham, repudiado por el Madrid, repudiado por el CSKA…. El Sevilla sigue creciendo, sea quien sea el entrenador, pero Juande no ha vuelto a triunfar, porque fue el Sevilla quien le llevó al triunfo.

Y es que, mientras tipos como este son admirados y adorados por algo que hicieron una vez, hay casos de grandes entrenadores que pasan desapercibidos por la manía de la prensa de elevar a los altares a ídolos de barro.

Es lo que pasa, por ejemplo, con Martin Jol. Este era el entrenador que llevó al Tottenham a las puertas de aspirar a competir con los grandes ingleses. Los londinenses quisieron dar el salto definitivo, y pensando que Jol no estaba capacitado para más de lo que estaba haciendo, contrataron a Juande, convencidos de que ahí estaba la clave. Que hiciera en el Tottenham lo que hizo con el Sevilla. Claro que tardaron poco más de un año en darse cuenta de que la clave no estaba en Juande. Y lo echaron a la calle, después de erigirse como el segundo peor entrenador de la historia del club. Y no llegó a ser el primero porque lo despidieron antes. Por su parte, Martin Jol hizo dos temporadas magníficas en el Hamburgo alemán. El año pasado, para no extenderme demasiado, disputó la Bundesliga hasta el último partido, y fue semifinalista de la UEFA. Y esta temporada ha redirigido el rumbo del Ajax de Amsterdam. Lo tiene tercero en la Liga Holandesa, a tiro de piedra del liderato, jugando bien y ganando contundentemente. En la UEFA mantiene el tipo en un grupo complicado. Y lo está haciendo con casi el mismo equipo del año pasado, ya que el único fichaje importante ha sido el del internacional holandés, ex del AZ, Demy de Zeeuw.

Y esto me sirve para conectar con el siguiente entrenador, en este caso malo según mi opinión: Ronald Koeman. Este tipo, por el hecho de haber formado parte de aquel Barça de antología, parece que tiene un punto más que el resto de entrenadores a la hora de valorarlo. Y lo que hizo con el Valencia hace dos años no tiene nombre. Aquello fue demencial, y no me explico cómo es posible que haya equipos que sigan confiando en el. Esta temporada Koeman entrena al AZ Alkmaar, un equipo que lleva años creciendo, pero que esta temporada ha perdido a su gran valedor, Louis Van Gaal. Con el mismo equipo que el año pasado, quienes ganaron la liga con una autoridad insultante esta temporada están perdidos en la medianía. De hecho, esta última jornada han perdido en casa con el Ajax por 2-4. ¿Quién es el buen entrenador? Van Gaal ganó la Champions en el 95 con un Ajax plagado de adolescentes. Y cuando digo adolescentes hablo de jugadores de menos de 20 años. Luego triunfó en el Barça, y tuvo que marcharse de allí por culpa de su mal carácter. Más tarde hizo del AZ un grande de Holanda. Y ahora entrena al Bayern Munich, donde habrá que ver qué hace. ¿Y Koeman? No ha triunfado en ninguno de los equipos en los que ha estado. Sin más. Pero ahí sigue.

Otro entrenador desconocido para muchos, pero muy bueno, es Steve MacLaren. Este era el técnico que llevó al Middlesbrough a la final de la UEFA que perdió con el Sevilla. No está mal hacer eso con un equipo de la mitad para abajo de la Premier. Luego fue temporalmente seleccionador inglés. Y desde hace dos años entrena al modesto Twente holandés. Y a este modesto lo hizo subcampeón de liga el año pasado. Este año se le han ido sus mejores jugadores, como suele pasarles a los modestos equipos holandeses. Braafheid al Bayern Munich, Elia al Hambugo y Arnautovic al Inter de Milan. Bueno, pues el Twente es líder de la Eredivisie, por delante del PSV y del Ajax. Aún no ha perdido un solo partido, es líder de su grupo en la UEFA, y nadie sabe hasta donde puede llegar este equipo. A mi me tiene muy sorprendido, porque pensé que el Twente se vendría abajo este año. Pero ahí está. Un pedazo de entrenador. Eso sí que tiene mérito.

Los buenos entrenadores son los que saben adaptarse a las circunstancias de los equipos en los que recalan. De nada sirve empeñarse en hacer un jogo bonito a la brasileña si es el Eibar el equipo que te contrata. Y es absurdo jugar a la defensiva y encomendarse a la épica cuando entrenas al Real Madrid (lo que hizo el traidor el año pasado). Lo bueno es estudiar a los jugadores que tienes entre manos, y ser capaz de imponer un estilo acorde con las características de los mismos. Y eso hay pocos entrenadores capaces de hacerlo. Muy pocos. Y esos son los buenos.

Lo de Guardiola con el Barça del año pasado es para quitarse el sombrero. No cabe duda, y sería de necios no reconocerlo. Por eso todos coinciden en que ha sido el mejor técnico de la pasada campaña. Pero también es cierto que hay multitud de entrenadores buenos que son ninguneados, y otros mediocres que son elevados a cotas inmerecidas porque así lo quieren los que tienen el poder de hacer llegar su opinión a millones de personas a diario.

Aquí, en Sevilla, la prensa elevó a los altares a técnicos que no lo merecen, y así lo están demostrando: Marcelino, Valverde, Emery…, el propio Juande, por supuesto. A cada uno hay que darle lo que se merece. Yo no digo que esos sean unos inútiles, que no lo son, claro. Pero los grandes entrenadores son muy pocos (por eso destacan), muy caros, y muy caprichosos, que para eso tienen a multitud de equipos babeando detrás de ellos. Y si un club como el Sevilla no está dispuesto a gastarse un dineral en un personaje, que además vendrá pidiendo la Luna en forma de jugadores, pues tendremos que “conformarnos” con otra cosa. Y creo que se va demostrando que lo que tenemos es difícil de mejorar en estas circunstancias.

domingo 25 de octubre de 2009

Faltó el gol... y sobró Kameni

Ya es por la mañana. Ya ha pasado la noche y, aunque normalmente los rayos del sol me hacen ver las cosas con más claridad, tanto el mundo que me rodea como los pensamientos que copan mi mente, estoy decepcionado porque yo pensé que una vez me levantara de la cama, y abriera la ventana para dejar que la claridad lo invadiera todo, comprendería las cosas un poco mejor. Pero no ha sido así, y aquí estoy, tratando de encontrar alguna explicación a lo inexplicable. No sé que extraña alineación de planetas y constelaciones se tuvo que dar anoche, entre las diez y las doce, para que el Sevilla no fuera capaz de ganarle al Español. Hacía tiempo que no veía un partido tan inverosímil. Quizás nunca en mi vida.

Y es que pocas veces se habrá visto a un equipo tan descaradamente lanzado al ataque, y a otro, el rival, tan descaradamente echado atrás, con el autobús, el remolque y el carrito de los helados delante de la portería, y patadón que te crió a ver si el delantero engancha alguna, que alguna enganchó y alguna ocasión tuvieron al contragolpe.

Sinceramente, yo no tengo ninguna queja del Sevilla de anoche. Ni de la alineación, ni de la forma de plantear el partido, ni de los cambios... ni siquiera del árbitro, que ya es decir. Se hizo lo que había que hacer, con los mimbres que había, y se hizo bien, esa es mi opinión. De todos modos, no creo que con Kanouté o Luis Fabiano en el campo la cosa hubiera cambiado demasiado. Lo de anoche no fue cosa de mayor o menor calidad, o de poner a un delantero u otro. Lo de anoche fue digno de que la plantilla del Español comprase lotería de Navidad antes de que acabara el día, porque yo no sé si se pude tener más suerte.

El Sevilla lo intentó de todas las maneras posibles. Elaborando el juego con Renato y Zokora (madre mía, el partido que se marcó el marfileño), dando patadones en busca de la cabeza de Negredo y la incorporación de los demás, por la izquierda con Perotti, por la derecha con Navas, con los laterales doblando a los extremos en busca de superioridades, con Zokora escorado a la izquierda, con Zokora basculando a la derecha, con Zokora tratando de romper por fuerza y velocidad por el centro, con Renato de segundo delantero, con Renato de organizador, con Navas por la derecha, con Navas por la izquierda, con Navas por el centro, dando entrada a Capel, y a Koné... joder, hasta a Chevantón, que ya es grande la cosa. Y no hubo forma. Se intentó con disparos lejanos, con jugadas elaboradas por la derecha, por la izquierda o por el centro, a balón parado... ¿Cuántos corners lanzó el Sevilla, Dios mío? ¿Cuantas ocasiones de gol hubo, quince, veinte..., veinticinco?

Y lo más destacable por parte del Español... ¿Cuántas paradas salvadoras hizo Kameni? ¿Cinco, seis... siete? ¿Cómo es posible?

En mi opinión, el Sevilla hizo el partido que tenía que hacer, y no ganó porque Dios no quiso, como diría mi abuela. No quiso, y punto. Llámalo Dios, llámalo suerte o llámalo alineación de planetas y galaxias. Me da igual. No era el día, la cosa estaba para que no, y cuando es que no te puedes poner haciendo el pino, que es que no.

Pero no estoy enfadado, ni preocupado, ni nada de eso. De cada cien partidos como el de ayer, el Sevilla ganará 98, empatará uno y perderá otro (que ayer casi lo perdemos con esa jugada de no se qué jugador del Español en el último minuto). Así que yo sólo pido que sigamos así. Que si jugamos siempre como ayer, llegaremos lejos en todas las competiciones. ¿Qué digo lejos? Lejísimo.

Eso sí, siempre que Dios quiera, y el portero del rival no sea Kameni.

miércoles 21 de octubre de 2009

¡Cómo hemos cambiado!

Permitidme que empiece esta entrada con una historia que me ocurrió cuando era niño. Corría el año 1984, y yo tenía 9 años. El colegio en el que estudiaba organizó una “excursión” (así lo llamábamos) para visitar el Ramón Sánchez Pizjuán (yo estudiaba en un muy buen colegio, como podéis ver), y una mañana, todos los compañeros de clase y un profesor nos desplazamos al coliseo para conocerlo por dentro. No ya las gradas, que esas ya las conocía, sino las entrañas, lo que no se puede visitar como espectador, incluso pudimos pisar el césped. Imaginaos la emoción de aquellos críos. Yo creo que algún incipiente bético de mi clase se pasó al otro bando ipso facto.

Como anécdota, recuerdo que un recién retirado Pablo Blanco fue el representante del club que nos guió en la visita y, en un momento dado, este que escribe, haciendo gala de la ingenuidad propia de una persona de la edad que tenía, le eché valor y me atreví a preguntar al ex – capitán:

- ¿Y por qué te retiraste del fútbol?

Pablo Blanco se echó a reír, al igual que el resto de personas mayores que en esos momentos estaban con nosotros, mientras yo no entendía qué de gracioso tenía la pregunta que acababa de hacer. Entonces, el ex – futbolista me miró con cariño, y sin quitar la sonrisa de los labios, me contestó.

- Yo me retiré, niño. A mi me retiraron.

En esos momentos no entendí esa respuesta. Con los años, y aun sin estar seguro de en qué condiciones se retiró Pablo Blanco, creo comprender que el entrenador de turno le diría que no iba a contar mucho con él (en aquella época los centrales titulares del Sevilla eran nada menos que Antonio Álvarez y Ricardo Serna), y el futbolista decidió retirarse y quedarse a trabajar en el club de su vida.

Aparte de anécdotas, la visita fue una gozada. Vimos las oficinas, bajamos al césped y jugamos un partidillo, nos enseñaron la sala de trofeos (con los trofeos que entonces había, que vaya envidia les tengo a los niños de hoy día) conocimos a algún que otro futbolista, y hasta a don Juan Arza, que andaba por allí. Lo recuerdo como si fuera ayer. Es de esas cosas que se te quedan grabadas en la mente para siempre. Y aún conservo una especie de reliquia que me fue entregada aquel día: un ejemplar de una revista que el club publicaba en la época, y que se llamaba “Sevillismo” (era en blanco y negro, salvo la portada, el la que la palabra “Sevillismo estaba en rojo, y las fotos de la misma en sepia. Dios, que viejo me estoy sintiendo en estos momentos). En la revista, entre otras cosas, había un reportaje amplísimo de la última hazaña del Sevilla. La sensacional victoria por 4-1 contra el PAOK de Salónica en la Copa de la UEFA. Uno de esos partidos que pasó a la historia de la entidad, y que ha quedado ensombrecido por los éxitos de estos últimos años. Era la época de Buyo (la primera camiseta del Sevilla que yo tuve fue la de Buyo, esa negra con las rayas rojas en el lateral), Alvarez, Serna, Francisco, Montero, Santi, Magdaleno, López, Pintinho…. De hecho, aún me sé de memoria el equipo titular: Buyo, Nimo, Serna, Alvarez, Rivas, Francisco, Montero, Pintinho, Santi, Magdaleno y López. También era una buena época para el Sevilla At. Francisco, Serna, Choya, Ruda o Moisés acababan de subir (Manolo Cardo era el técnico del primer equipo), y pronto lo harían Jiménez, Ramón, Rafa Paz… ¡Qué recuerdos!

Esta historia viene a cuento porque el siguiente rival del Sevilla en aquella UEFA fue el Kaiserlautern alemán, un club del que yo nunca había oído hablar en mi corta vida, y al que le ganamos por 1-0 en la ida en el Sánchez Pizjuán. Luego tocaba la vuelta, en Alemania, y allí nos metieron un soberano 4-0 que nos mandó pa casa casi sin darnos cuenta de donde estábamos de pie. Y anoche, viendo al Sevilla ganar como un grande al Sttutgart en Alemania (el Sttutgart de hoy tiene más o menos el nivel del Kaiserlautern del 84), no pude evitar acordarme de aquella historia, de aquel partido, y exclamar para mis adentros eso de “¡cómo hemos cambiado!” Para bien, claro.

Alemania ha sido tradicionalmente terreno vedado para los clubes españoles… y no españoles en general. Cada vez que uno de los grandes tiene que jugar allí, los comentarios son los mismos: “qué pocas veces hemos ganado allí”, “qué difícil es jugar en Alemania”, alguien dijo una vez que “el fútbol lo juegan once contra once, y siempre ganan los alemanes”. Desde aquel Kaiserlautern que me dejó conmocionado, pasando por el Hamburgo de mediados de los 80, el Borussia Dortmund que ganó alguna que otra Copa de Europa en los 90, el Werder Bremen, el Bayern Munich, por supuesto…, el Schalke 04 que ganó la UEFA hace no tanto, lo equipos alemanes suelen ser dificilísimos de batir. Otra de las historias futbolísticas de los alemanes que me impresionó fue la final de la UEFA del 88. De aquella se jugaba a doble partido, y la disputaban el Español y el Bayern Leverkusen. Los pericos ganaron en Sarriá la ida por 3-0. Y los alemanes le dieron la vuelta a la situación… en Alemania. Ganaron por 3-0 también, y se cargaron en los penalties a unos españolistas hundidos moralmente porque lo pasaron realmente mal en aquel partido.

No hablo de uno o dos equipos alemanes. Hablo de un montón de ellos. Todos en general suelen ser complicadísimos, y mucho más a nivel de Liga de Campeones. Bueno, pues el Sevilla ganó ayer por 1-3 en Alemania.

Ya hay por ahí quien dice que no jugamos bien, que ganamos a balón parado, que ellos dominaron, que si no fuera por el error de Lehmann otra cosa hubiera pasado, que los primeros 20 minutos fueron de infarto, que los últimos 20 también… basta ya por favor. Basta ya de menospreciar y despreciar a los rivales. Basta ya de inventarse excusas para quitarnos méritos.

El Sevilla se plantó ayer en Alemania (en Alemania, no olvidemos), sin Palop, sin Konko, sin Fazio, sin Renato, sin Escudé, sin Negredo… casi sin Adriano (se retiró a la media hora, lesionado), casi sin Luis Fabiano (que el primer tiempo lo jugó andando, y en el segundo ni salió) casi sin Kanouté (porque Kanouté no está del todo, que si estuviera nos hubiéramos puesto con 0-5, que eso sí que sería para tirarse por la ventana y morir feliz). El Sttutgart jugaba en casa el partido más importante de lo que llevan de temporada, en el que se decidía si aspiraban a clasificarse con cierta soltura, o pasaban a sufrir fatiguitas en la segunda vuelta de la liguilla. El campo se llenó, y los locales apretaron de lo lindo. Un equipo fuerte, disciplinado y táctico. Un equipo con la calidad suficiente como para disputarle el año pasado la Bundesliga hasta el último partido al Bayern Munich de Kahn, Ribery o Schweinsteiger, y a otros cuatro equipos más. Un equipo con jugadores como Lehmann, Tasci, Boulharouz, Bokka, Osorio, Khedira, Hleb, Hitzlsperger, Cacau, Progrebniak… vale que tú, experto, o no los conozcas, o apenas sepas de ellos, pero eso no quiere decir que no existan, o que sean malos. Que sí, que ya, que el Sttutgart no es el Manchester o el Chelsea, pero tampoco es el Rubin Kazan, y ya vemos las cosas que pasan cuando se desprecian a los rivales.

Es que uno se cansa de estas cosas. Ahora resulta que la victoria en Glasgow queda devaluada porque el Unirea ha hecho allí lo mismo que nosotros. Pues yo digo que esa victoria queda igual de devaluada como apreciada la que conseguimos contra los rumanos, ¿no? Porque a esos rumanos que decían de ellos que eran unos aficionados que jugaban en el patio de un colegio, y por eso no podían disputar la Champions en su campo, resulta que sólo el Sevilla ha sido capaz de ganarles. Viva el menosprecio.

Ya está bien, hombre. Ya está bien. El Sevilla está haciendo historia.

HISTORIA, señores.

Y hay por ahí tipos que se dedican a analizar la conveniencia del cambio de Luis Fabiano por Duscher, la suerte que tuvimos de no encajar un gol al principio del partido, el estado de forma de Kanouté, el porcentaje de posesión del balón, que fue favorable a los alemanes, o la alineación de los planetas en el minuto exacto en que se produjo el fallo de Lehmann. Que la jugada de Perotti hay que hacerla, y a ese balón que llegó Navas hay que llegar, después de estar donde hay que estar, y de ganarle la posición a ese defensa costamarfileño llamado Bokka, que es muy bueno, muy rápido y muy fuerte… aunque tú, experto, no lo conozcas de nada, y lo menosprecies como lo haces.

El Sttutgart dominó el partido. Cierto. ¿Y qué? El partido era en su estadio, se lo jugaban casi todo, son alemanes… pero les ganamos.

El Sevilla no fue capaz de imponer su estilo y arrasar. Cierto. ¿Y qué? ¿Acaso se puede hacer eso siempre?

El cambio de Luis Fabiano por Duscher fue defensivo. Cierto. ¿Y qué? Si ese cambio lo hace Cruyff, Mourinho, Wenger, o el traidor, dirían que vaya genios estrategas que leen el fútbol mejor que nadie. Pero como lo hace el cateto de Arahal… ¡Ay, Dios! ¿Quién es el cateto aquí? Y que conste que a mi ese cambio no me gustó nada.

El Sevilla ganó a lo grande. Como lo hacen los grandes. Luchando, peleando, zafándose, sin perderle la cara a un partido dificilísimo. Sufrió, pasó fatigas, incluso tuvo un poco de suerte y gozó alguna que otra ayuda arbitral (el segundo gol de Squilachi es en fuera de juego). Pero también es cierto que nos pusimos con 0-3 (no fue una victoria rácana y por la mínima), el gol de ellos fue de falta directa e imparable (de otra manera les fue imposible marcar), y que con Kanouté en plenitud nos habríamos puesto con 0-5. Esto es mucho, señores.

Y tengo que reconocer que el Sevilla ayer no me gustó. Y el cambio de Luis Fabiano, ya digo, tampoco. Y la actitud de algún que otro jugador (e.g. el propio Luis Fabiano), tampoco. Hay que mejorar fallos. Hay que seguir creciendo. Hay que hacer muchas cosas y no dormirse en la autocomplacencia. Pero también hay que reconocer el enorme mérito que tiene lo que llevamos hecho.

Yo no hago más que acordarme de aquel Kaiserlautern 4 – Sevilla 0. ¡Cómo hemos cambiado! Hoy es un día para disfrutar como enanos de un momento histórico, no para perderse en detalles, críticas y comentarios. Ya habrá tiempo para eso.

Ahora mismo, no nos privéis del gustazo.

domingo 18 de octubre de 2009

Una derrota oportuna

Que quede claro que me molesta sobremanera que el Sevilla pierda hasta al cara o cruz. O a las chapas, o al parchís o a lo que se os ocurra que pueda perder. Pero a mi me gusta tener los pies en el suelo. Intento hacerlo, procuro ser coherente, no dejarme engatusar por cantos de sirena.

Estas dos semanas que han pasado desde la victoria sobre el Madrid me han parecido patéticas. No me han gustado nada, se nos ha tratado de manera injusta, se nos ha valorado sin conocimiento de causa, se nos ha puesto un cartel que no nos corresponde, y se nos ha perjudicado muchísimo. No pongo esto como causa de la derrota contra el Deportivo, ni mucho menos, pero se nos ha perjudicado.

Vamos a ver, el Sevilla no puede ser calificado como candidato al título. Eso es insultar a la inteligencia de la gente. Y mucho menos cuando corre la jornada 7. El Sevilla debe tener como objetivo la tercera plaza, por un lado, y sumar como mínimo diez o quince puntos más que el año pasado, con la esperanza que los dos grandes (no uno, sino los dos) fallen esta temporada (que ya es complicado), y podamos llegar a los últimos partidos con ciertas opciones. Entonces, sólo en ese momento, se podrá calificar al Sevilla como candidato a algo, y sin presiones. Que eso es para las dos grandes.

Estas dos semanas se nos ha echado por lo alto tanta azúcar (que decía el gran Caparrós), que nos han enterrado hasta los ojos, impidiéndonos ver la realidad. Y hoy se puede leer por ahí cosas como estas:

"Un mal día lo puede tener hasta el mejor escribano, pero para pelear con los grandes, dos son ya demasiados"

"Lástima de este frenazo en seco cuando parecía que la velocidad crucero del conjunto hispalense era imparable"

"El Deportivo presenta su candidatura"

"Quizás el pequeño pecado hispalense fue creérselo antes de tiempo"

¿Para pelear con los grandes...? ¿Equipo imparable...? ¿Ahora el Depor es candidato...? ¿Qué es lo que dices que nos hemos creído...?

Señores, que estamos en la jornada 7. Que faltan 31. ¿De qué estamos hablando?

Al Sevilla no se le pude exigir pelear con los grandes. Que nos den 200 millones para fichajes, y entonces hablaremos de otra cosa.

El Sevilla no es imparable. ¿De verdad alguno se creyó que íbamos a ganar todos los partidos? Estamos donde estamos, que además es donde debemos estar, no como otros que están en otro lugar, muy por debajo de donde se esperaba que fueran a encontrarse.

Y ahora resulta que es el Deportivo el nuevo candidato. ¿Candidato a qué? ¿Al título? ¿Ya no es el Sevilla la alternativa? ¿Ahora es el Deportivo? Pues ¿sabeis lo que os digo? Que me parece genial. Que nos dejen en paz, y que se fijen en otros. ¿El Deportivo? Pues muy bien. Se trata de un equipo al que admiro, porque con jugadores currantes y poco mediáticos, y un entrenador que se ha ganado con su sacrificio hasta la última gota de éxito que disfruta, se han colocado en un lugar que hace no tanto era habitual para ellos, pero que habían perdido por querer ser el tercer grande de España. Ojo a lo que digo. Intentaron ser como Madrid y Barça, se pegaron un batacazo, y tuvieron que llevarse a Joaquín Caparrós para que este les enseñase el método que sigue el Sevilla para crecer sin despilfarrar. Ese otro método. El método invisible.

No permitamos que eso nos ocurra precisamente a nosotros. Nosotros no somos el Madrid o el Barça. Que no nos traspasen la presión. ¿No nos damos cuenta de que es lo que quieren? Nos convierten en súper grandes como por arte de magia, de golpe y porrazo (un par de titulares y el análisis interesado de algún "experto" bastan), no traspasan la presión, y cuando el Madrid nos supere, lo normal por mera cuestión de presupuestos, aun con juego ramplón, pues venden que vaya pedazo de Real Madrid, que ha superado al fantástico Sevilla de Negredo y compañía. (Que a pesar de que Negredo es suplente en el Sevilla, parece que aquí no hay nadie más en la plantilla).

¿Nos damos cuenta de lo que significa esto? Pues significa que nos están utilizando para alabar las bodades del Florentino y su panda. Si nos inventamos un tercer candidato, pues el hecho de que el Madrid esté arriba, tiene más mérito. Y el hecho de que caiga un poco, pues tiene más excusas. Y eso no debe ser así. Nosotros no estamos al nivel de ellos. Nosotros no podemos asumir esa presión. No nos corresponde. No nos dejemos engañar por los cantos de sirena.

Y ahora se inventan un nuevo candidato. Ya son cuatro, ¿no? ¿O siguen siendo tres porque nosotros, por arte de magia, de golpe y porrazo, ya no lo somos?

Por todo esto digo que esta derrota es oportuna. El Sevilla necesita que se olviden de nosotros. Que nos dejen seguir siendo invisibles. Que no nos traspasen la presión que corresponde a otros. Que nos comparen con Valencia, Atlético de Madrid o Villarreal, que esos sí que son nuestros rivales (los tres con más presupuesto que nosotros, por cierto), que nos dejen en paz de milongas e historias raras. Que si van a halagarnos, que lo hagan de verdad, pero que no nos quieran vender una burra para beneficio de otros.

Que no, señores, que el Sevilla no puede tener la vitola de candidato al título. Que eso es injustísimo. Que eso es como si me ponen a mi al lado de Usain Bolt, y me proclaman candidato al oro olímpico de los 100 metros lisos. Que sí, que es cierto que estos últimos meses he perdido peso y me he puesto en forma, pero de ahí a lo otro.... No me comparéis con Usain Bolt, joder, comparadme con mis compañeros de gimansio, que con esos sí que puedo competir.

"Pero, ¿y si resulta que Usain Bolt se cae en los 60 metros, y no puede seguir, y entonces tú tienes la oportunidad de ganarle, y te llevas el oro olímpico?"

Pues bien, muchacho. Llegados a ese extremo, entonces hablaremos de mis posibilidades de llevarme la medalla. Pero ahora mismo, al principio, déjame de historias. El favorito es el otro, y y voy a lo que voy.

Quedémonos en un segundo plano. Disfrutemos del gran momento del equipo. No nos dejemos engatusar. No permitamos que un tercer puesto pueda ser tildado de fracaso. Vayamos a por todas, por supuesto. Y mucho más después de demostrarnos a nosotros mismos de lo que somos capaces. Sigamos creciendo. Dejemos atrás el juego ramplón del año pasado, y pisemos fuerte. Intentemos sacar más puntos que el año pasado, intentemos llegar más lejos en Europa, pongámonos la Copa del Rey como un posible título a conseguir...

Pero dejemos la presíón a quien le corresponde.

No nos permitamos que nos engañen.