martes, 16 de diciembre de 2014

En el fútbol pasan cosas...

Cosas a veces increíbles.

Pasan cosas como que una afición celebre en una plaza una clasificación para disputar competición europea y un lustro después considere tal resultado como un fracaso.

Pasan cosas como que un viejo francés que va a su bola y no tiene gol acabe por convertirse, para muchos, en el mejor jugador de la historia del club.

Pasan cosas como que un niño brasileño con andares de pato y pinta de todo menos de futbolista se convierta en figura indiscutible del mejor Sevilla de la historia primero, y del mejor Barça de la suya después.

Pasan cosas como que una fábrica de humo, de repente, comience a producir realidades tan sólidas como los trofeos esos que se entregan a los que ganan títulos deportivos.

Pasan cosas como aquello que se decía en el verano de 2012:  "a ver si Rakitic hace una buena Eurocopa y sacamos algo de dinero por él..."

Pasan cosas como desmantelar la mejor generación de futbolistas de la cantera por no contar con Campaña, Luis Alberto y Rodri, los cuales hoy día triunfan en..., ah, no, que no triunfan. El Sevilla sin ellos sí, pero ellos en otro sitio, no.

Pasan cosas como que un equipo pase de ser colista a ganar un título en en una misma temporada.

Pasan cosas como que el "pobre palangana, que amargado se le ve" sea acallado por un Betis en Segunda y un Sevilla campeón europeo. En un plazo de dos meses.

Pasan cosas como "¡Otra faziada! ¡A ver si te vas de una vez, argentino paquete!" Y luego: "Hay que ver el cabrón de Fazio, que se ha ido a otro equipo".

Pasan cosas como tener el mejor arranque liguero de la historia del club y que hayan sevillistas haciendo gala del "pobre palangana" por acabar el año solamente cuartos, a dos puntos del tercero.

Pasan cosas como pasar de "¿quién coño es el polaco ese que se ha traído el inútil de Monchi?" a "verás que viene el Arsenal en enero a por Krychowyak y el inútil de Monchi lo vende". En un plazo de dos meses.

Pasan cosas como que a Denis Suárez lo quiera repescar el Barça antes de vencer el contrato de cesión y que un mes después Banega le quite el puesto, cuando el internacional argentino es un paquete que nos colocaron desde Valencia.

Pasan cosas, muchas cosas, algunas inverosímiles y otras que se ven venir.

Pasan cosas que convierten lo aparentemente malo en bueno, y también todo lo contrario. También, Muchas veces. En ambos sentidos.

Pasan tantas cosas, es todo tan inverosímil que, francamente, antes que decir tonterías en forma de verdades absolutas y hacer el ridículo a continuación, prefiero callarme, esperar y observar.

Porque ese ridículo del que hablo yo lo he hecho muchas veces. Muchísimas. Y a medida que pasan los años y uno se hace mayor, aprende a ser prudente.

Recuerden. Esos de la foto de abajo eran los colistas al principio de la temporada y sus aficionados, unos pobres amargados.



martes, 2 de diciembre de 2014

Los sinvergüenzas

De entrada, lo primero que debo decir es que a mí me parece inaudito que una persona adulta, pasada ya la cuarentena y padre de familia, se monte en un autobús un domingo, tempranito por la mañana, y se traslade a Madrid porque ha quedado para pegarse con otras personas. No para ver el partido, que eso lo hace muchísima gente, sino para pegarse. Que no quiero decir que se se merezca lo que le ha pasado, pero sí que a mí (por ejemplo) es muchísimo más difícil que me ocurra.

Cualquier persona con un mínimo de humanidad aborrece que estas cosas pasen. Cualquier persona sensata rechaza la violencia, esto es una perogrullada. Pero dentro de esta máxima tan lógica hay matices. Dentro la violencia hay niveles. Y justificaciones. Cuando un padre dice "yo mato por mi hijo", en el fondo, muy en el fondo, no exagera. Y, sea como sea, cualquier padre está dispuesto a emplear la violencia para defender a su descendencia si fuera necesario. Dentro de los matices de los que hablo, de los niveles de violencia, esto es un extremo y el quedar para pegarse por ideología o por el fútbol sería el opuesto. En medio, MATICES. "No-es-lo-mismos", si me permiten el palabro. 

No es lo mismo pegarle un puñetazo a alguien porque te parece feo que eso mismo lo haga una chica para evitar una violación. Sigo poniendo ejemplos exagerados, pero es que quiero que quede claro el concepto básico sobre el que quiero hablar. Los niveles de la violencia. Porque es más fácil combatirla en un nivel bajo que en otro alto. Porque una herida tiene solución, pero la muerte, no. Porque el nivel de cinismo e hipocresía que hay en nuestro fútbol es descomunal e indignante. Y da un profundo asco. 

Como si fuera la primera vez que ocurre (y con el mismo grupo como protagonista), ahora, AHORA, el fútbol español ha decidido ponerse las pilas y tomar medidas para acabar con la lacra de la violencia en el fútbol. Ahora, AHORA, salen "expertos" por todas partes que nos "explican" cómo funcionan estos grupos, poniéndolos a todos al mismo nivel, cuando hay distintos niveles. Entre los grupos y, dentro de cada grupo, entre las personas que los componen. Ahora, AHORA, es cuando hay que luchar contra la violencia. No voy a entrar en cómo me indigna que se hable de TODOS los grupos ultras para no tener que señalar directamente al Frente Atlético. Porque sí, es cierto que en todas partes cuecen habas. Pero, como decía antes, dentro de la violencia hay niveles. Y sólo el Frente Atlético tiene dos asesinatos a sus espaldas. 

Siempre se dice que tiene que pasar algo gordo para que la gente reaccione. Lo tenemos asumido, pero es que eso no debe ser así. Y menos aun para los que tienen responsabilidad. La violencia tiene niveles y es más fácil de combatir en los niveles bajos. Y si no se combate en los niveles bajos, estás dando pie a que se vayan subiendo niveles. ¿De verdad a alguien le sorprende que estas cosas pasen? ¿De verdad? Vamos a ver, ¿cuántos años llevamos denunciando que en ese campo se insulte a la memoria de Antonio Puerta sin que se nos haga ni puto caso? De Antonio Puerta, de Aitor Zabaleta, de Juanito.... Se les permiten estas cosas, se acostumbran y pasan a la siguiente. Oigan, que no quiero decir con esto que si no se hubiesen permitido esos cánticos, no hubiera muerto este hombre. Pero lo que no pueden es rasgarse ahora, AHORA, las vestiduras después de haber ignorado lo anterior. Después de no haber combatido la violencia cuando estaba en un nivel más bajo. Después de haberla ocultado, despreciado, ninguneado. Después de habernos llamados "exagerados" con lo de Puerta porque eso es cosa de "cuatro locos". Pues si eso es cosa de "cuatro locos", esto del asesinato también. ¿Por qué ahora, pues, hay que tomar medidas drásticas y antes no? ¿Por qué no se combate la violencia antes de que haya desgracias? ¿De verdad tienen la poquísima vergüenza de decir que esto no lo veían venir? 

Hay que tenerla de cemento armado. 

Que por cierto, ¿ha condenado "Superdeporte" el asesinato? Porque con la que llevan dada desde la semifinal de la Europa League, ya hay que ser cínico. Porque combatir la violencia es también no incitarla y tomarse esto como lo que es: un deporte.

No es lo mismo pegar para defenderse que pegar para atacar. No es lo mismo que se te escape un bofetón en plena discusión que ir a buscar a una persona para pegarle. No es lo mismo meterte en una pelea de manera "fortuita" que quedar para pegarse. No es lo mismo pegarse puñetazos que emplear armas. No es lo mismo emplear armas para herir que hacerlo para matar. Y no es lo mismo matar y huir que tirar a una persona al río. Toda la violencia es reprobable, pero no es lo mismo. Y mientras antes se ataje, menos daños se provocan. Y lo que no puede ser es estar mirando siempre para otro lado y ahora entrar a saco en el asunto, como un elefante en una cacharrería. Y sin que nadie asuma responsabilidades por inacción. No ya por apoyar a estos grupos (que también) sino simplemente por inacción. 

Y ahora, AHORA, se habla de echar a los ultras de los campos. Claro que sí. Pero a todos, no señalemos directamente a los asesinos. Todos son iguales para esta panda de impresentables. ¿Y eso como se hace? Por ejemplo, en Sevilla, habría que echar a los Biris. Pero, ¿quiénes son los Biris? ¿Todo Gol Norte? ¿Sólo la grada baja? ¿De reja a reja o sólo la parte central? ¿De pie de campo a la parte de arriba, o solo el cuadradito de en medio? ¿Pero qué dicen? ¿Y todos son iguales? ¿A todo el que tenga una bufanda que ponga "Biris" hay que echarle del campo porque un loco del Frente Atlético ha matado a una persona? ¿De qué están hablando estos sinvergüenzas?

Yo, igual que cualquier persona con un mínimo de sensatez, estoy absolutamente a favor de echar a los violentos, no ya solo de los campos de fútbol, sino de cualquier ámbito de la vida. Pero eso no se hace a golpe de reacción tras un asesinato. Eso se hace bien, justo lo contrario a lo que se ha hecho hasta ahora. Menos rasgarse las vestiduras por lo ocurrido como consecuencia de su asquerosa inacción y ocultación y más trabajar. Porque no toda la afición al fútbol es ultra, no todos los ultras son violentos y no todos los violentos son asesinos. 

Llamen a cada cosa por su nombre y trabajen de una puta vez.

Sinvergüenzas. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

Ni nosotros, ni ellos, ni flauta ni árbitro.

Las reacciones que tenemos los aficionados ante cualquier partido de fútbol, y en especial cuando el rival es uno de los grandes, dan para experimento sociológico y de los caros y laboriosos, eso lo sabemos todos. 

Ante un choque como el del sábado podemos pasar de pedir que juegue el filial (y que se coman entre ellos esta mierda de liga de dos), a reivindicar la grandeza del Sevilla y reclamarles que salgan a morir; luego, pensar que sea lo que Dios quiera y a ver si suena la flauta; más tarde, lamentarse de la alineación que presenta el entrenador (como si tuviera opciones de sacar algo considerablemente mejor); ya con el partido iniciado, echarle la culpa de todo al árbitro; después, a la mala suerte; más tarde, acordarse de los ancestros de Tebas como "máximo responsable" de la inmensa diferencia entre ambos equipos; a continuación, comenzar a mirar a los jugadores propios y su supuesta falta de huevos sobre el césped; ya casi al final, resignarse ante la inminente goleada; y finalmente, pedir la cabeza del entrenador, haya hecho lo que haya hecho previamente. 

Y esto es TODOS los años, dos veces en la primera vuelta, dos veces en la segunda y alguna más si se da el caso de emparejamiento en la Copa del Rey o en competición europea. 

El sábado, mientras veía el partido, publiqué el siguiente tuit.



Creo que es evidente. A mí la crítica me parece indispensable. Pero una crítica mal hecha es tan inútil y dañina como el exceso de autocomplacencia. Es profundamente injusto juzgar el trabajo de técnicos y jugadores por el desarrollo de un partido contra uno de los grandes. A la hora de hacer ese juicio, es indispensable lo que decía en el tuit: partir de la base de la enorme diferencia que hay entre ambos equipos. Nunca, jamás, en la vida, se puede hacer esa crítica poniendo a ambos conjuntos de igual por igual. 

En este sentido, empezando por la alineación, a una gran parte del sevillismo nos parece que Beto es un portero como mucho regularcito. Eso es evidente. Pero supongamos que tuviésemos la posibilidad de traernos algo del pasado para utilizarlo en el presente y hubiéramos puesto a Andrés Palop en la portería. ¿Hubiese cambiado el resultado? No. El problema no es que Beto sea regulín tirando a malillo. El problema es que el Barcelona es inmensamente superior al Sevilla. 

Lo mismo podemos decir de Coke, que es un lateral flojete, siendo benévolos, pero con él de titular fuimos campeones de la Europa League. Que eso no lo hace bueno, pero que su participación no hunde al Sevilla en el desastre. O sí, pero de igual manera que lo eleva a la gloria. Quiero decir que el problema no es Coke tampoco. Ni Diogo por la izquierda. ¿A quién ponemos si no? ¿A Kolo? ¿Y con Kolo de lateral el resultado hubiese sido distinto?

¿Y lo de poner a Banega de titular en el medio centro? ¿Valiente, arriesgado, suicida...? ¿Mejor la "cabra loca" de Mbia, que venía quemado de sus partidos con la selección? ¿Seguimos? Supongo que cada uno tendrá su opinión acerca del once o del planteamiento que debió de ponerse. Pero la pregunta clave es: ¿el resultado hubiese sido distinto? 

Ya lo digo yo. No. El verdadero problema no es el once o el planteamiento. El verdadero problema es que el Barcelona es inmensamente superior al Sevilla. Tanto, que la "súper - mega - estrella" del vigente campeón de la UEFA es hoy un futbolista del montón del equipo catalán. Se suele decir que para ganar a equipos como este, ellos han de tener un día aciago, nosotros un día iluminado, ha de sonar la flauta y el árbitro se debe comportar. Resumiendo, ganar allí es como una raya en el cielo. 

Sobre esta base se han de hacer todas las críticas. Que esto no quiere decir que no deba haber críticas, sino que se deben hacer sobre esta base. Lo digo porque hay muchas personas que se quedan en el blanco o el negro y no entienden de grises. Crítica, sí. Crítica absurda, no. (Aún así, habrá quien me tache de autocomplaciente, pero esto es siempre así. Hay gente para todo).

Según el partido que yo vi, el Sevilla comenzó compitiendo bien, aguantando al Barcelona sin agobios de consideración, pero, eso sí, sin llegar arriba, ya que la línea de media punta, en especial Denis Suarez, no tenía su día. Que no es que sean malos, es que no tenían su día. Es que, seguramente, el escenario les quedaba grande. ¿Por qué está Denis en el Sevilla y no en el Barcelona? Pues porque el Barcelona le queda grande. ¿Qué pasa, normalmente, si pones a Denis a jugar con el Barcelona en el Nou Camp? Que como le queda grande, no tiene su día. ¿Cual es el problema? ¿Denis? No. El problema es, como vengo diciendo, que el Barça es inmensamente superior al Sevilla. 

Aun así, el Sevilla aguantaba hasta que el árbitro se sacó una falta al borde del área que no existió y Messi la puso en la escuadra. Que igual si Krychowiak hubiese saltado, el balón no habría entrado. O sí, no lo sé. Seguramente, este hubiese sido un hecho sin relevancia si el rival fuese el Eibar, el Córdoba o el Rijeka. Pero como el Barça tiene a Messi, eso fue gol. Es la diferencia entre ambos clubes. El árbitro que se arruga en el campo del grande, y el grande que lo es porque tiene jugadores que la enchufan. El Sevilla estaba compitiendo, pero el Sevilla tiene a Denis y el Barça, al árbitro y a Messi. ¿Cómo se lucha contra eso? No se puede luchar contra eso. En casos como este, la flauta tiene que sonar, y para nosotros el otro día no sonó. 

A partir de ahí, el Sevilla siguió compitiendo, pero con el mismo éxito que hasta entonces: ninguno. Para colmo, y esto lo vimos todos, si los sevillistas soplaban a los barcelonistas, era falta. Si los barcelonistas pegaban una patada a los sevillistas, según. "Ya veremos", diría el árbitro. Cualquiera que haya jugado en un equipo de fútbol sabe cómo desquicia eso. Quien no haya jugado, se lo imaginará, pero quien lo haya hecho, lo sabe. Te va minando poco a poco, te va sacando de tus casillas. Por mucho que estés concentrado y concienciado, eso acaba afectándote. No es sólo que el Barcelona sea inmensamente superior al Sevilla, sino que, además, a los jugadores del Sevilla los desquician con ese tipo de arbitraje. Imagino que pasa igual con el resto de equipos. 

A pesar de todo, se llega al descanso con ese 1-0 y en la reanudación, en una enorme jugada de Vitolo (de la que apenas se ha hablado), el Karma funciona y compensa el error arbitral en la falta que no fue y que originó el gol de Messi. Gol de rebote y el Sevilla que empata el partido. Pero la alegría dura un minuto, al árbitro vuelve a errar y el Barcelona se vuelve a poner por delante en un gol que tampoco debió subir al marcador por falta del delantero. En ese momento supe que nos goleaban. No era solo que el Barcelona es inmensamente superior, sino también que el árbitro estaba desquiciando a los jugadores inferiores y, para colmo, junto a todo eso, la suerte nos es hija de puta. No esquiva, sino hija de puta. Nos enseña el caramelito, para esconderlo cuando lo vamos a coger. Este tipo de cosas, la suma de todo esto que estoy relatando, desquicia completamente a los jugadores. Los destroza mentalmente. A partir de ahí, era muy difícil que un equipo como el Sevilla se repusiera. A partir de ahí, solo quedaba saber cuántos caerían. 

Y, efectivamente, a partir de ahí, el Sevilla fue lamentable. Pero a partir de ahí, no antes. Y por las razones que vengo diciendo. Insisto, hay que ser justos y objetivos en la crítica. A cualquier equipo del nivel del Sevilla le hubiese pasado lo mismo que al Sevilla el otro día. A cualquiera, y eso lo hemos visto infinidad de veces. Un equipito joven y bisoño como el nuestro que es barrido del campo por el todopoderoso Barcelona, una vez el árbitro y la suerte hicieron su trabajo. Insisto en lo que decía antes: para ganar a un equipo de estos, ellos han de tener su día aciago, nosotros, nuestro día iluminado, el árbitro se ha de comportar y ha de sonar la flauta. No se cumplieron algunas de esas variables y pasó lo que suele pasar. 

Por supuesto, el Sevilla ha de pensar muy mucho qué pasó porque, sea como sea, que te goleen por 5 a 1 es siempre vergonzoso. Habrá cosas que mejorar, tendrán que trabajar, yo qué sé, yo no soy técnico. Pero echar las pestes que se echaron a este equipo el sábado me parece de lo más injusto. Juzgar a este o aquel jugador por su actuación en el Camp Nou no es de recibo. A los jugadores se les juzga por una trayectoria, no por un partido en el campo de un grande. Y aún así, aun aceptando (como ya he hecho) que hay jugadores en el Sevilla que no dan el nivel, ni siquiera poniendo a otros la cosa hubiese cambiado. 

Y, por supuesto, pedir la cabeza del entrenador ya me parece surrealista. Y eso que yo nunca fui pro-Emery, pero, por una derrota en el Camp Nou en estas circunstancias de las que he hablado, pedir que se vaya cuando nos ha hecho campeones de Europa con un equipo nuevo y ha firmado el mejor inicio de temporada de la historia del club con otro equipo, nuevo sobre el nuevo, me parece ya ridículo. 

Como decía al principio, las reacciones que tenemos los aficionados al fútbol dan para experimento sociológico. Supongo que estas reacciones fueron en caliente por la decepción y la tristeza de ver a tu equipo vapuleado. Pero, ya en frío, deberíamos tener claro los motivos y las causas. Porque si eso no es así, no haremos más que dar palos de ciego a ver si atizamos a alguien, pero sin mirar a quien damos. Y con eso podemos romper lo que funciona y dejar intacto lo que nos daña.

martes, 18 de noviembre de 2014

La liga de los tontos

Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver. Que no hay más sordo que el que no quiere oír. Que no hay más tonto que el que se deja engañar.

Echar la vista atrás y recordar lo sucedido en el pasado más inmediato es sencillo. Si lo hacemos en clave sevillista, vemos que, en el último año y medio, el club se ha desprendido de Palop, Fazio, Alberto Moreno, Navas, Medel, Kondogbia, Rakitic y Negredo. Es curioso. Un portero, un central, un jugador de banda derecha, otro de banda izquierda, dos medios de contención, otro creativo y un delantero centro. Ni más ni menos que el esqueleto de un equipo. El armazón. Y no de un equipo cualquiera. Observen a los jugadores citados. Hablamos de un equipazo.

Pues bien, en ese intervalo, el Sevilla ha sido capaz de ensamblar un equipo nuevo desde cero, acabar quinto en liga, ganar la Europa League y, después de desmantelar de nuevo la columna vertebral de la plantilla, volver a recomponerla y comenzar la liga tuteando a los grandes. Codeándose con los que aspiran a ganar la liga. Esto es un meritazo descomunal del club. No es lo normal. Es un meritazo descomunal que es ignorado y minimizado de manera interesada por la prensa del "régimen", la cual se ha inventado un concepto llamado "la liga de cinco". Como si en España hubiera cinco equipos en igualdad de condiciones compitiendo por el título, cuando en verdad solo hay dos, y luego otros tres que han tenido un inicio muy fuerte en la liga y se están manteniendo en lo más alto durante las primeras jornadas.

El propio Simeone reconoce que sus rivales directos son Valencia y Sevilla. Un tío listo, el argentino. Eso no lo pone en duda nadie. Listo y sensato, pero sobre todo listo. Efectivamente, es de listos poner el listón de tu equipo en el lugar que le corresponde (ni más alto ni más bajo), para presionar lo necesario, pero no más, para no pasarse. Y si esto es de listo, lo contrario debe ser de tontos. Y no me refiero a los que intentan convencernos de que eso de la liga de cinco es cierto, sino a los que se dejan engañar. Ya lo decía antes. No hay más tonto que el que se deja engañar. Y los hay. Muchos. Tantos, que me atrevería a calificar nuestra liga como la "liga de los tontos".

La semana pasado hablaba en este post de la manera en la que en la liga española se utilizan técnicas nazis de propaganda para justificar el criminal reparto de los derechos televisivos, haciendo ver que beneficiar a los dos grandes es bueno para el fútbol español y que todo el que piense de otro modo quiere hacer daño a nuestro fútbol. El problema en este sentido viene cuando la realidad cae con todo su peso sobre nuestras cabezas. Cuando Madrid y Barcelona ganan todo lo ganable y golean sin misericordia a cualquiera que se ponga por delante. Pero como el año pasado se hizo una raya en el cielo y ganó la liga el Atlético, y este año cinco equipos han comenzado parejos, pues estos impresentables de ideas nazis en lo que se refiere a la propaganda se han puesto manos a la obra para vender una mentira. 

Les recuerdo: El principio nº 5 de la propaganda nazi decía lo siguiente:

Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

Nos quieren tontos, nos tratan como tontos, nos mandan mensajes sencillos de no pensar mucho porque están convencidos de que somos tontos. Y lo más grande de todo es que una gran parte de la "masa" de la que hablan se lo cree. En cierta manera, hasta nosotros, los sevillistas, como comentaré más adelante. 

Antes de continuar, tengo que recordar otro de estos principios. El nº 6:

La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente. De aquí viene la famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".

"Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad". La mentira es la liga de los cinco. Nos consideran tontos, nos tratan como tontos, nos comunican como a los tontos y nos repiten lo de la liga de cinco lo suficiente como para que acabemos por asimilarlo como verdad. 

Y alguien con dos deditos de frente se preguntará: "¿Y cuando Madrid y Barça pongan tierra de por medio?" Pues será mérito de Madrid y Barça, no del criminal reparto de derechos televisivos. Si consiguen que los "tontos" asimilen lo de la liga de cinco, también asimilarán que, de entre esos cinco, dos de ellos ganaron más en el campo y se impusieron. Todo sea por elevar el caché de los dos grandes. Como sea. Y nosotros, nos lo creemos. 

Nosotros. Los tontos. 

Sí, porque, en cierta manera, nosotros, el sevillismo, entramos en el juego de los tontos. A veces, ciertas personas, ciertos sectores, no todo el mundo, por supuesto, pero entramos. Vemos al equipo en lo más alto y le exigimos que se mantenga ahí. Y cuando tropieza contra el Levante, comenzamos a echar pestes. Señalamos a Emery, hablamos de que no tenemos portero. Nos encabronamos. Y ese encabronamiento les da la razón a los señores estos. Entramos en su juego. No somos tontos, pero actuamos como tal. Al menos a sus ojos. 

Miren ustedes, más allá de que Beto sea un portero mediocre (que lo es) y que Emery se raje en según qué partidos (que se raja), el Sevilla no puede aspirar a estar a tiro de piedra del liderato. Ni mucho menos. Ni se le puede exigir eso. El Sevilla no tiene plantilla para ello, y muchos de los jugadores son demasiado inexpertos para mantener la presión. El empate contra el Levante no es únicamente que Beto cometió un error y que el resto de jugadores no hizo un partido bueno para, con goles, hacer que dicho error no tuviera trascendencia. No es solo eso, porque ese empate ocurrió en un partido que vino después de una serie de muchos partidos consecutivos correspondientes a distintas competiciones. El esfuerzo mental que se requiere para ganar SIEMPRE, sea cual sea el partido o la competición, es bárbaro, y esto, cualquiera que haya jugado al fútbol puede imaginarlo aunque sea un poco. Pues bien, ese esfuerzo mental solo son capaces de mantenerlo los equipos grandes. Los equipos como el Sevilla, no. Cualquier persona sensata (no los tontos con los que cuentan los señores estos de la liga) sabía desde hace un tiempo que, tarde o temprano, el Sevilla pincharía. Porque las cosas no pueden ser de otra manera. Y pinchó contra el Levante como podría haberlo hecho dos semanas antes contra el Villarreal. Porque contra el Villarreal se ganó, pero lo normal, viendo el partido, hubiese sido haber perdido. 

El equipo no está mentalmente preparado para estar tan arriba. Y ese agotamiento mental, esa presión que no les corresponde, hace que fallen contra rivales inferiores. Eso es lo que nos diferencia de Madrid y Barça. Que los grandes pueden fichar jugadores de muchísima calidad y también con enorme experiencia al más alto nivel. Es decir, jugadores con el físico, el talento y la mentalidad necesarios para competir en tres competiciones, soportar la presión y no flaquear casi en ningún momento. Y eso lo consiguen gracias al dinero que nos quitan a los demás. Esta es la verdad, no la liga de cinco que nos quieren hacer creer. 

Que no es casualidad que en la misma jornada fallaran Sevilla, Atlético y Valencia. Recuerden al "listo" de Simeone. Sus rivales son Sevilla y Valencia. El no es tonto, como decía antes. Cuenta con que a su equipo le va a pasar lo que vengo contando que le está pasando al Sevilla en los últimos partidos. 

Yo entiendo la rabia que nos dio perder en Bilbao y no ganar al Levante. Podríamos estar segundos o terceros (incluso líderes, de haber ganado ambos) y ahora estamos..., ¿dónde estamos ahora?

Pues, señores, ahora mismo estamos, ni más ni menos, que justo en el sitio que nos corresponde. ¿Y por qué? Pues porque no tenemos plantilla para soportar la presión que se tiene estando tan arriba. Eso es cosa solamente de dos. Insisto, más allá de que Beto sea mediocre o de que Emery se raje, tarde o temprano esto debía pasar. Y ha pasado. 

Por tanto, no. La liga española no es una liga de cinco. Es una liga de dos, que no quieran hacernos tontos. Que no nos obliguen a exigir a nuestro equipo estar a la altura de los grandes porque eso es imposible. Y perjudicial para nosotros. En teoría de empresa, se dice que los objetivos no deben ser ni demasiado ambiciosos (ya que desalientan) ni demasiado laxos (ya que desmotivan). Han de ser los correctos. Exigir más de lo que se debe es malo. Malo para nosotros, bueno para los demás y buenísimo para estos nazis de la propaganda, que de ese modo venden el triunfo de los grandes, no gracias a su inmensamente mayor poder económico, sino a sus méritos en el campo. Y eso es mentira.

Esto es la liga de los tontos, donde el más listo está siendo Simeone. ¿Y nosotros? ¿Qué somos nosotros?

jueves, 13 de noviembre de 2014

Papá, ¿por qué somos del Sevilla?

Esta mañana, en el coche, mientras le llevaba al colegio, mi hijo me dijo lo siguiente:

"Papá, qué pena que el Madrid le ganara la Supercopa al Sevilla"

Mi hijo tiene 5 años, nunca ha ido aún a un partido al Sánchez Pizjuán, nunca ha visto un encuentro completo en televisión, ni siquiera le gusta el fútbol de una forma especial, más allá de jugar con otros niños en el patio del colegio o en el parque, como hemos hecho prácticamente todos. Hay niños con una fijación especial por este deporte. Los típicos que están todo el día con un balón en los pies. Yo era así. Yo, aún hoy día, cuando tengo que apartar colillas de la puerta de mi negocio, lo hago de una patada y con el movimiento de darle con efecto. Pero él no llega a tanto. Y, sin embargo, a mediados de noviembre, aún sigue con ese "come come" en la cabeza, a vueltas con la derrota del Sevilla en Cardiff en agosto.

Incluso, aquel día, aunque no vio el partido completo porque coincidió con el cumpleaños de un amiguito, volvió a tiempo para ver el final y se negaba a acostarse porque el Sevilla no había marcado y tenía que ganar. Hubo que convencerle de que el partido había terminado y que ya no se podía hacer nada más. Y ya ven, como digo, que tres meses después, aún sigue dándole vueltas al coco a cuenta de aquello.

"Es que a mí no me gusta el Madrid"

Continuó mientras yo miraba al cielo, sonreía y pensaba "gracias a Dios o a quien sea"

Este es un tema que siempre me ha llamado la atención. Que siempre me ha desconcertado, podría decir. ¿Por qué somos de un equipo? ¿Por qué un niño que no tiene ni idea de fútbol se preocupa tanto por un equipo de fútbol? Hace tiempo que entendí que esto no tiene nada que ver con el deporte. Porque te puede gustar más o menos un equipo u otro en función de un estilo de juego, una filosofía, el hecho de conocer a algún aficionado al mismo. Pero este sentimiento irracional que tenemos tiene que venir de otro lado porque no tiene ningún sentido en el ámbito deportivo. Es irracional, como digo.

Desde que nació, siempre tuve claro que "mataría" por hacer a mi hijo sevillista. Y, aparte, he estado muy atento para ver su evolución y tratar de dar alguna respuesta a esta duda de la que hablo. Tenía (tengo) la oportunidad de ver in situ cómo se hace una persona de un equipo de fútbol. Lamentablemente, tengo que reconocer que respuestas contundentes no tengo ninguna, aunque sí que he reafirmado algunas de mis teorías.

Somos de un equipo porque algo externo al deporte ha hecho que estrechemos vínculos con el mismo. De igual manera que alguien que se considera ateo puede ser "fan" de la Macarena (permítaseme la expresión, porque, por definición, un "ateo" no puede ser "devoto"), una persona puede ser de un equipo sin necesidad de estar especialmente interesado en el deporte. Mi abuela siempre aborreció el fútbol, pero en los últimos años de su vida, solía seguir los partidos del Sevilla porque le hacían recordar a su difunto esposo. Porque mi abuelo era tan sevillista como el escudo y disfrutaba y sufría (según el caso) de una manera exagerada con el equipo. Mi abuela, no es que los viera o los escuchara por la radio. Se limitaba a preguntarnos de cuando en cuando "¿cómo va el Sevilla?". Y cuando terminaba y le decíamos que había ganado, apretaba el puño, murmuraba "¡bien!", sonreía y miraba la foto de mi abuelo que tenía bajo el cristal que protegía la mesa de la salita en la que solía estar.

¿Qué tiene esto que ver con el fútbol? Evidentemente, nada en absoluto.

Somos del Sevilla porque algo nos ha hecho del Sevilla. A mí, fue mi abuelo (al que me acabo de referir) y su enorme pasión por el equipo. A otros, será su padre, o algún familiar, o algún tipo de vivencia que hizo que sus simpatías por el club de fútbol trascendieran lo meramente futbolístico.

Y mi hijo, aunque no sepa de lo que habla, es sevillista porque un hijo observa a su padre con toda su atención. Y si me ve alegrarme, sufrir, vibrar o deprimirme por culpa del equipo, el asume eso como algo importante. Y lo asimila. Y ya está. Ya es sevillista. Luego desarrollará esa afición con mayor o menos intensidad. Pero ya es sevillista.

Y esto tiene que ser así, porque otra explicación no me cabe en la cabeza.

P.D. Lo de su "odio" al Real Madrid ya me lo explico menos, aunque probablemente sea porque derrotó al Sevilla en la Supercopa. Al final, no se es de quien gana. Se es de quien se es, se aborrece a quien hace daño al equipo del que se es y quien no lo sienta así, es que no tiene ni puta idea de lo que es sentir unos colores.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Los principios de propaganda nazi aplicados en el fútbol español

Paul Joseph Goebbels
1897 - 1945
Supongo que la mayoría de ustedes conoce el nombre de Paul Joseph Goebbels. Y también que, al escucharlo, sienten como mínimo una especie de desasosiego interno. Por si acaso alguien no sabe de lo que hablo, Goebbels fue el Ministro de Ilustración Pública y Propaganda del gobierno nazi en Alemania durante toda su duración, es decir, entre 1933 y 1945. Y no es cualquier cosa, porque los nazis, en propaganda, fueron pioneros y líderes. Nunca antes nadie había utilizado esas técnicas con tanta intensidad como ellos y muy pocos después las han desarrollado hasta tal punto. Me refiero hasta el extremo de conseguir la "aprobación" por parte de una población tan civilizada como la alemana para hacer nada menos que un genocidio. Hay que ser un auténtico fuera de serie en esta materia para conseguir que un pueblo como el alemán aprobara, o al menos mirara para otro lado, mientras exterminaban sin motivo ni piedad a todo un colectivo de personas entre las que se encontraban vecinos y amigos de toda la vida. Tanto es así, que las técnicas utilizadas por Goebbels han sido estudiadas y analizadas con posterioridad para comprender el porqué del impacto que tuvieron. Dichas técnicas se resumen en once principios que pueden leer aquí si les place.

Con este post, yo les voy a proponer un juego. Si leen los once principios mencionados y se paran a pensar en ellos un poquito, comprobarán que esas técnicas se han empleado y se emplean sistemáticamente, sobre todo en política, pero también en otros ámbitos. Y uno de estos otros ámbitos de los que hablo es el del fútbol en España. El juego que les propongo es que leamos uno por uno los once principios y comprobemos de qué manera tan espeluznante nos están machacando con técnicas nazis día a día, a todas horas, sin vergüenza, sin rubor, no para justificar el asesinato de nadie, sino con fines menos siniestros, aunque ese atenuante no quite para que nos podamos indignar todo juntos.

Comencemos:

1. Principio de simplificación y del enemigo único: Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

Para el Real Madrid, el enemigo único es el Barcelona. Y viceversa. Los demás somos sparrings. 

2. Principio del método de contagio: Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

Si el fútbol español son Madrid y Barça, todo lo que no sea engrandecer a Madrid y Barça es cosa de los enemigos, es decir, de los que buscan debilitar al fútbol español. Todo el discurso de Tebas para oponerse a un mejor reparto de los derechos televisivos gira en torno a "lo mejor para el fútbol español en su globalidad", identificando ese "lo mejor" a los éxitos en competiciones fuera de España de los dos grandes y de la selección, teniendo en cuenta que ambos se retroalimentan. La selección es, en su mayoría, la unión de Madrid y Barça (o jugadores de equipos extranjeros asimilados por procedencia a uno de ellos) y sus éxitos son debidos a la grandeza de dichos clubes. 

De ese modo, repartir mejor esos dineros televisivos sería debilitar a los dos grandes y perjudicar al fútbol español. El adversario común, pues, es todo lo que vaya contra Madrid y Barça. 

3. Principio de la transposición: Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.

Busquen autocrítica verdadera cuando la prensa "vikinga" o "culé" analiza a sus equipos. El clásico "y tú más" de la política se emplea también en este ámbito. Y lo de "distraer" al personal con el peinado de un jugador o el color de las botas de otros es un clásico. ¿O no?

4. Principio de la exageración y desfiguración: Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

Y quien dice amenaza, dice notición de primera plana o triunfo glorioso, que se trata de adaptar los principios al ámbito que les interesa. 

5. Principio de la vulgarización: Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

Todos hemos visto alguna vez Deportes Cuatro y nos hemos indignado por las chorradas a las que les dedican minutos y minutos, mientras lo importante que pueda pasar en otros clubes lo pasan por alto. Eso es una técnica de propaganda nazi, encaminada a captar la atención de la masa en lo que a ellos les interesa. Ni más ni menos. Por mucho que su objetivo final no sea el exterminio de una raza, es claramente una técnica nazi.

6. Principio de orquestación: La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente. De aquí viene la famosa frase: "Si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad".


¿Hace falta comentar algo sobre esto? Hay millones de ejemplos que se pueden poner al respecto. Por ejemplo, para hundir la reputación de un jugador (Pablo Alfaro o Javi Navarro) o para todo lo contrario (Diego Costa o Fernando Torres). Por ejemplo, que, como digo, hay millones de casos que se pueden citar y a todos se nos ocurren a nada que pensemos un poco. 

7. Principio de renovación: Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. 

En el caso de los derechos televisivos, por ejemplo, dedicaban muchos minutos a expresar el punto de vista de los grandes, muy pocos al de los otros, luego algo para desprestigiar a Del Nido, al Sevilla y a los sevillanos y, por último, cambiaban radicalmente de tema y pasaban a aplicar el principio 5.

8. Principio de la verosimilitud: Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias.

Lo que vienen siendo verdades a medias y tergiversación de argumentos (declaraciones) sacándolos de contexto, siempre con el objetivo de convencer a la audiencia de lo que ellos les quieran convencer. Esto lo vemos todos los días. 

9. Principio de la silenciación: Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

Yo creo que este principio habla por si solo y no es necesario decir más porque es demoledor. 

10. Principio de la transfusión: Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

Madridistas, fachas. Culés, antiespañoles e independentistas. Sevillanos, yonkis y gitanos. Frases sencillas basadas en complejos y prejuicios que despiertan nuestras actitudes más irracionales. 

11. Principio de la unanimidad: Llegar a convencer a mucha gente de que piensa "como todo el mundo", creando una falsa impresión de unanimidad.

Machacarnos con "partidos del siglo", uno tras otro, todos los años, con infinitas audiencias, convenciéndonos de que no se habla de otra cosa, de que la gente es de su equipo y luego de Madrid o Barça y sin decir NADA de que en ciudades como Sevilla, eso es una mentira como una catedral. Pero, claro, ocultar eso es precisamente el objetivo de este principio nazi. 


Como digo, estos principios, en mayor o menos medida, se aplican frecuentemente en política. Lo que ocurre es que los aplican unos partidos contra otros y los ciudadanos recibimos impactos procedentes de, por lo menos, dos sitios, dos partidos, dos supuestas ideologías.

Sin embargo, en fútbol, si no eres del Madrid o del Barça, la idea es que vas en contra del fútbol español y eres el enemigo. No es casualidad que, cuando escuchamos la narración de un partido de nuestro equipo contra uno de los grandes, nos entre complejo de extranjeros, como si fuésemos cualquier rival alemán o inglés de los grandes en competición europea. Somos los enemigos del sistema que han instaurado. Y ese sistema lo mantienen y defienden con las técnicas de propaganda que vengo comentando.

Yo no creo que esto sea un tema baladí. Estamos siendo engañados y manipulados como lo fueron los alemanes del tiempo de los nazis. O al menos lo están intentando con sus mismas técnicas. Sólo en lugares donde el sentimiento por el equipo de la tierra tiene cierto arraigo, cierta intensidad, esto no está triunfando con la intensidad que ellos desean, pero ¿cuánto aguantaremos? Porque los adultos tenemos claras según qué ideas. Pero, ¿y los niños? ¿Quién podrá más, el sentimiento que los padres tratamos de inculcar a nuestros hijos o el "machacamiento" cerebral continuo al que sus inmaduras mentes son sometidas constantemente? Si consiguieron convencer al pueblo alemán para justificar un genocidio, ¿cómo no lo van a hacer con un niño para que se haga del Madrid o del Barça?

Yo tengo un hijo pequeño y me está costando horrores que no se "desvíe". ¿Cómo se hace eso si tiene amiguitos que van al cole con la camiseta del Madrid o del Barça, que además son los que lo ganan todo? ¿Cómo se le convence de que tiene que seguir siendo del Sevilla si su ídolo, Rakitic, ahora juega en uno de los dos grandes? Está claro que se hace, que lo hacemos, pero, como digo, ¿cuánto aguantaremos? Porque en los medios no se cansan de machachar y machacar. Son muy fuertes, eso lo sabemos todos. Y emplean técnicas muy efectivas.

Técnicas nazis. 

viernes, 22 de agosto de 2014

La cruda realidad

"más vale que nos acostumbremos porque es lo que hay y no reconocerlo y asumirlo nos puede costar muchos disgustos."

Así terminaba mi último post publicado antes de ayer. Me refería al hecho de que el Sevilla no tiene capacidad para mantener a sus mejores jugadores porque hay muchísimos equipos europeos con una fortaleza económica muy superior. En este otro post escribí sobre ello hace no mucho. Estamos hablando de alrededor de 50 clubes contra los que no podemos competir económicamente. Esto, entre otras cosas, es consecuencia del aberrante reparto de los derechos televisivos de la liga española, pero no es lo único.

Que el Sevilla tiene un agujero económico que no se ha explicado convenientemente es algo que se sospecha con intensidad y bastante lógica. Agujero que se explicaría por tres motivos principalmente:

1. Fichajes con resultado calamitoso para la entidad: jugadores que costaron muchísimo, que cobraban muchísimo, que rindieron muy por debajo de lo necesario y que supusieron un descalabro económico para el club.

2. Mantenimiento de muchos de los pesos pesados de aquel equipo campeón en los años 2006 y 2007: Jugadores como Kanouté, Luis Fabiano, Palop, Navas (durante años), etc., cobraban fichas que hoy serían prohibitivas para el club.

3. No consecución de los objetivos deportivos: Estas fichas tan altas (las de los que se quedaron y las de los que vinieron y no rindieron) se mantenían con el objetivo de entrar en Champions League y que el dinero que entrase gracias a disputar la máxima competición continental compensase el hecho de que el club, de por sí y ni aún traspasando de vez en cuando a alguien, no genera los ingresos suficientes para poder permitírselas. 

Es en este contexto donde hay que colocar la lucha de Jose María del Nido por un reparto más equitativo de los derechos de televisión. No todas las temporadas se iba a entrar en Champions ni a vender a un futbolista por una millonada (de hecho, no se quería esto último para no debilitar al equipo). Era imprescindible encontrar otra fuente de ingresos, máxime cuando en otras ligas europeas, en el tema de la televisión, las cosas se estaban haciendo como defendía nuestro ex-presidente. 

Nada de eso se hizo y ahora vemos las consecuencias. De todo. De la mala gestión, del despilfarro económico, de los fracasos deportivos y del hecho de que en otras ligas, clubes de nuestro nivel (e inferiores) ingresen mucho más dinero que nosotros año tras año y tras año. 

Desde el año pasado, en el club tratan de reconducir la situación y nos han hablado de un proyecto a tres años. Yo con esto entiendo que en tres años el club estará saneado y podrá permitirse otras cosas distintas a las actuales, porque la situación que acabo de describir no se arregla en un verano, ni ganando un título ni desmantelando el equipo una vez. La de este año es la segunda. 

Y cuento todo esto porque es el modo en el que trato de explicarme lo que está ocurriendo con Fazio. El jugador renovó su contrato el año pasado bajo condición innegociable de poner una cláusula baja, y luego, según se dice, pide un sueldo inasumible para la entidad si ésta quiere subirla. ¿Por qué inasumible? ¿No puede el Sevilla permitirse pagar una buena ficha a un jugador? A uno, sí. Pero el problema es que no es solo uno. Si el club no mantiene a rajatabla una política de salarios restrictiva, la cosa se puede volver a ir de las manos, como ocurrió en el pasado reciente (punto 2. de los tres que describí anteriormente). Y si hoy llega Fazio (que es central, recordemos, y los centrales no son tan cotizados), mañana aparecerá Bacca, Gameiro etcétera, etcétera. Que esto no quiere decir que no vayan a a exigir algo semejante en un futuro, pero el club debe permanecer firme, debe enviar ese mensaje claro y nítido. No puede volver a ocurrir lo mismo que años atrás. De igual manera que no se puede volver a fallar en los fichajes (y por eso se afina mucho a la hora de buscar jugadores y se regatea una barbaridad para no gastar un euro más de lo imprescindible), lo de los salarios también se tiene que mirar con lupa.

Que, por cierto, a mí me da que el "caso M'Bia" y el hecho de que éste no sea otra vez jugador del Sevilla va por ahí. Por lo que seguramente habrá pedido. Por eso el futbolista dice que preguntemos a Monchi. Intuyo y no creo equivocarme. Mensaje claro y nítido. El Sevilla no puede pagar más de lo que se puede permitir. 

Quede claro que esto no es una defensa a la directiva. Esto es una descripción de lo que pasa y la explicación que me he buscado a lo que está sucediendo. Y lo que pasa y lo que está sucediendo es consecuencia de la gestión de la propia directiva, que al fin y al cabo son prácticamente los mismos antes y ahora. En este sentido, que cada uno saque sus propias conclusiones. Pero no única y exclusivamente de eso. También es consecuencia del nefasto reparto de los dineros de la televisión en España y del modo en el que se lleva nuestra liga, lo cual provoca que clubes como el Sevilla sean incapaces de competir con tantos y tantos otros europeos. 

Es una mezcla de todo. Es el pago por las cosas mal hechas dentro y fuera del Sevilla. Es lo que hay, lo que tenemos. Y lo que nos espera en un futuro, al menos a corto y medio plazo. 



miércoles, 20 de agosto de 2014

El puño cerrado

A estas alturas de la película, con lo que ya sabemos y lo que hemos vivido, a mí me sorprende una barbaridad que aún haya gente que no se ha enterado de por qué en el Sevilla se escatima tanto a la hora de gastar. Me sorprende infinito, me cuesta horrores comprender que aún haya alguien que no se dé cuenta de cosas como que para ganar la Liga Europa hay que jugarla y que no recuerde POR QUÉ la jugó el Sevilla el año pasado. 

Y me sorprende más aún teniendo en cuenta el aluvión de críticas que se llevó Monchi años atrás por malgastar el dinero, ganado gracias a los traspasos y a los éxitos en el campo, trayendo a jugadores de medio pelo que aún este año (a alguno) se están tratando de colocar. Lo que se está haciendo es, simple y llanamente, corregir ese error. Ni más ni menos. Con una política de gestión de la plantilla que fue un éxito monumental hace diez años y que lo volvió a ser el año pasado. 

Con esto quiero decir que se puede criticar que se traiga a Banega y no a otro, pero no que no se gaste una pinza de millones en un jugador de primera fila que, además, cobrará mucho dinero durante varios años. 

De esto se ha hablado desde diferentes foros en muchas ocasiones, pero se ve que no se ha hecho bien, o que hay quien no lo ha entendido correctamente. Que por Rakitic y Alberto se hayan sacado, digamos, 40 millones de euros no significa que se tengan 40 millones de euros para gastar. De hecho, para cuadrar presupuestos, uno de los dos tenía que salir a la fuerza. Solo para cuadrar el presupuesto. Vamos, para poder pagar todo lo que hay que pagar día a día en el club. Para que no pasase, por ejemplo, que la plantilla no cobrase, alguien denunciase al club y la UEFA no nos permitiera jugar el año que viene la competición. Puede que por plazos la cosa no fuese tan exagerada, pero el concepto es exactamente ese.

Por su parte, la salida de Alberto era necesaria, simple y llanamente, para hacer fichajes. Y si no hubiera salido Rakitic, lo habría hecho Bacca, o Gameiro, o los dos, o algún otro más, que el sueldo del croata hubiese sido sideral para las capacidades del Sevilla e igual hubiera hecho falta traspasar a más gente para poder permitírselo. 

Hay que tener en cuenta que el Sevilla QUIERE competir con clubes que nos superan en mucho en capacidad económica. No hablo ya de Madrid o Barcelona, que ni se compite con ellos ni es nada nuevo que sean superiores económicamente (aunque sí el volumen de la diferencia), sino de los demás: Atlético de Madrid, Valencia, incluso Villarreal, con todo lo que tiene por detrás apoyando al club. Y qué decir a nivel europeo, donde TODOS los clubes de la Premier, la mitad de los alemanes e italianos, y cualquiera que tenga un "jeque" manteniéndole nos gana por goleada en este sentido. Y cuando digo que nos superan, me refiero a que, sin necesidad de traspasar a nadie, tienen mucho más dinero que nosotros, ya sea por ingresos televisivos, por los mencionados "jeques" o por la razón que sea. Por tanto, si no llegamos a sus niveles y queremos aspirar a competir con ellos, tenemos que ingresar por otro lado. Tenemos que traspasar futbolistas. Para tener dinero con el que mantener una plantilla competitiva (con sus sueldos y demás) sin que nos pase lo que le ocurrió, por ejemplo, al Rayo Vallecano o al Málaga el año pasado.

Yo comprendo perfectamente que a unos les gusten unos jugadores y a otros, otros. Comprendo que se critique (o no) una planificación, una forma de confeccionar la plantilla, el modo en que se trata a no sé qué jugador a la hora de enseñarle la puerta de salida, que se prefiera a Badelj antes que a Banega o que se piense que la política de cantera no es la más acertada. Pero a nivel económico, que se critique el hecho de que se aprieten los puños fuertemente antes de dejar salir un euro de la caja, eso no lo entiendo para nada. Y menos después de lo vivido este último año. 

Como digo, hay que traspasar jugadores para mantener el nivel competitivo, que aunque dicho tal cual parezca una contradicción, los sevillistas sabemos de sobra no lo es. Y esto es ASÍ, y lo seguirá siendo, como mínimo, durante varios años. Lo he comentado muchas veces: más vale que nos acostumbremos porque es lo que hay y no reconocerlo y asumirlo nos puede costar muchos disgustos.  

martes, 27 de mayo de 2014

Los simpáticos

Antes de empezar, quisiera hacer una advertencia. Es probable que si algún bético lee este artículo, piense que está dedicado a meterse con su club. Nada más lejos de mi intención. De hecho, lo que voy a defender es que pasemos olímpicamente de su club. Es más, si voy a criticar a alguien, es a la afición del Sevilla. O a una parte de ella. O a una actitud de la misma. Pero, claro, para expresar una opinión hay que utilizar argumentos, y no tengo más remedio que referirme al otro equipo de la ciudad. 

Hace no mucho, se publicó el resultado de una especie de encuesta según el cual, después de Real Madrid y Barcelona, el Sevilla era el equipo que más detractores tiene en el fútbol español. Lo de los dos grandes es normal. Son los más queridos y a la vez los más odiados. Queridos por los suyos y odiados por los de los otros. Pero lo del Sevilla no lo es tanto. Además, al Betis le ocurría todo lo contrario: que son de los que más simpáticos caen, lo cual ha sido utilizado por buena parte del beticismo para meterse con nosotros. Como si a nosotros nos importara. En verdad, no es que no nos importe. Ni siquiera que nos guste. Es que es algo que nos pone hasta cachondos. 

Que nos odien. Mucho. 

Yo a este hecho le encuentro dos explicaciones que convergen en una sola. Por un lado, la social. Y por otro, la meramente futbolística. Respecto a la primera, hay que tener en cuenta que para los españoles en general, los sevillanos somos los bufones oficiales del reino. Gente que no trabaja, gente vaga, floja, que solo piensa en la fiesta, gente poco seria, que gestiona mal...; gente que vive subsidiada, a costa del trabajo del resto de los españoles, los cuales más o menos aceptan tal circunstancia porque como les hacemos reír, pues hala. Nos dejan. No se quejan demasiado por tener que mantenernos. Evidentemente, esto es un tópico, pero mucha gente lo asume como realidad absoluta. Muchísima, diría yo. En lo futbolístico, el Betis encaja perfectamente en esta descripción. Un club históricamente mal gestionado, un equipo ascensor que ha dado buenos jugadores de vez en cuando, pero poco más. Un club que ha ganado un par de cosas en toda su historia y que incluso cuando mejor le fue, era dirigido por un personaje tan pintoresco como Lopera. Ahora, eso sí, un club simpático.Tela de simpático. Con mucho arte y con mucha gracia. Un club que cae bien, que hace reír. Una alegoría del tópico sevillano. El resto de españoles lo miran con cariño. Como si fueran el cuñao o el risitas. Y si de vez en cuando ganan algo, pues bien. La gente se alegra. Como el que dice: 

"Déjales, dales algo para que vivan, que luego nos reímos mucho con ellos". 

El Sevilla, por su parte, no es tanto así, aunque sí que se nos ha considerado de la misma manera. Como si fuéramos la otra cara de la misma moneda. Como Filemón para Mortadelo. Como Pepe Gotera para Otilio. La parte "seria" de un dúo cómico. Del dúo cómico, hechos para hacer reír. Y la culpa de eso es nuestra, del sevillismo, que nos hemos dejado arrastrar. Que nos bajamos al fango para departir con los otros. Que nos empequeñecemos para ponernos a su altura. Porque nosotros no somos así. Por mucho que caigamos en la trampa, no somos así. Y en la última década, aunque hemos seguido cayendo, lo estamos demostrando. Y es aquí donde está el germen del odio del que hablaba al principio. 

Cuando el Sevilla ganó la Copa de la UEFA en la final de Eindhoven, la España futbolera estalló de júbilo. Les resultaba entrañable que uno de esos dos equipitos tan simpáticos del sur del país ganara algo. Además, qué coño, en las celebraciones podrían ver esas actitudes que tanto les hace reír. Unos sevillanitos de fiesta es un espectáculo para ellos. ¡Viva el vino! Para ellos era como una limosnita. Un "toma estos leuros y tómate una servesita, compare".

"A mi salú". 

Lo que pasa es que una cosa es que nos den una limosna, y otra que le quitemos parte de lo que ellos consideran que es suyo. Que no es lo mismo. Que no es igual. Que a ellos les descuadra. Que ellos nos miran como unos inútiles que sólo sabemos hacer reír y utilizan eso como refuerzo para su autoestima. Ellos son mejores, nosotros somos inútiles. Y cuando ven que de inútiles, nada; cuando ven que en Sevilla hay un club muchísimo mejor gestionado que la mayoría del resto de los españoles, se les cae un mito. Es más, es un torpedo contra la línea de flotación de su orgullo, de su autoestima. Es tener que reconocer que son peores que uno de esos inútiles del sur. Que ya no son tan graciosos, claro. Pero es que, encima, los tíos van y sacan pecho. Como si fueran más que una simple mierda, pensarían ellos. Y ya empezamos a no caer tan bien. Pero, ¿qué se han creído estos muertos de hambre? Pues nos creímos mucho. Muchísimo. Cinco títulos en quince meses, dos veces consecutivas mejor equipo del mundo y una plantilla que pasará a la historia como uno de los equipos que mejor jugaron al fútbol en la primera década del siglo. Demasiado para la imagen que de nosotros se tiene. 

Porque nosotros sabíamos que no somos como ellos siempre han creído, pero ellos lo han descubierto de golpe, y eso no se asimila así como así. 

Y lo peor es que durante estos años hemos continuado por ese camino. No de una forma tan intensa, pero por ese camino. Quitándole la gloria a otros para quedárnosla nosotros. Que ellos pensarían "los inútiles del sur nos quitan la gloria a nosotros, que somos mucho mejores". Y claro, antes de aceptar que ellos son peores, pues hay que buscar mil argumentos que expliquen nuestros triunfos. Que si los rivales fueron muy malos, que si la UEFA es una competición menor, que si los árbitros, que si la suerte. Lo que sea con tal de no aceptar que ellos son peores que esos que siempre consideraron unos bufones. Que yo lo entiendo. Que es muy difícil cambiar de golpe una idea que siempre ha sido como una verdad absoluta. Muy, pero que muy difícil. No es sólo que les quitemos la gloria. Es que les estamos gritando a la cara que ellos son peores que los mierdecillas esos del sur. Y eso no sale gratis. En absoluto. 

Sevillanos, yonkis y gitanos. Cachondos, lo que decía antes. 

El Betis, sin embargo, sí que sigue en el mismo estatus de siempre. Y, claro, caen simpáticos. Tela de simpáticos. Simpatiquísimos. Ellos siguen siendo esos bufones que hacen reír a los demás y que se tienen que conformar con las migajas. De hecho, este año, segundazo otra vez. Pobrecicos. A ver si vuelven pronto a Primera y nos reímos y tal, pensarán muchos. 

Y llegados a este punto, yo me pregunto: ¿no estamos ante un momento crucial en nuestra historia? Un momento ideal para dar el salto definitivo. El momento perfecto para abandonar de una puñetera vez el localismo y mirar hacia arriba. La relación que históricamente hemos mantenido con el otro equipo de la ciudad ha hecho que parezcamos más pequeños de lo que somos. Sinceramente, a mí lo que me gustaría que esa relación entre Sevilla y Betis fuese semejante a la que tienen entre Inter y Milan, por poner un ejemplo. Que fuese una lucha local, pero para ser más grandes unos y otros. Para ver quién gana más títulos, una competencia en positivo que engrandeciese a ambos. Pero aquí las cosas son diferentes. Aquí todo consiste en una estúpida liga local que nos hace más pequeños a ambos. Una actitud que a mi me parece patética y que viene siendo potenciada por una parte de la prensa local que, como toda empresa privada, vive de las ventas, que sabe que para vender más, han de tener enganchada a esa otra mitad de la ciudad y que para ello hace lo que sea para mantener viva esa ridícula rivalidad que hace ya bastante que pasó a mejor vida, momentos puntuales aparte.

Y mientras no salgamos de esa espiral negativa, nunca conseguiremos dar el salto definitivo y convertirnos en un grande de verdad. 

Como digo, ahora tenemos una oportunidad de oro. Con el Betis en Segunda, ese localismo desaparece, al menos temporalmente. Ahora podemos centrarnos en lo nuestro. En crecer, en seguir haciéndolo, en aprovechar el tirón de este último título para fortalecer la plantilla y asentarnos de una vez en esas alturas en las que estuvimos hace siete u ocho años y adonde hemos vuelto. 

Pero para eso hay que olvidarse del Betis. Hay que pasar de ellos, dejarlos con sus cosas de equipo simpático. Que sigan siendo lo que siempre han sido si quieren y que continúen orgullosos de ser unos bufones. Nosotros no queremos ser simpáticos. Eso no sirve para nada. Nosotros queremos ser otra cosa, pero para eso hay que abandonar los localismos. ¿Tendremos la habilidad de cambiar de mentalidad de una vez para asentarnos en ese otro estrato? 

¿Seremos capaces? 

¿Lo seremos?

jueves, 22 de mayo de 2014

El drama en sevillista

Todos los años es lo mismo, ha sido así toda la vida y no es que vaya a seguir siendo. Es que el asunto va a ir a más irremediablemente, tal y como está montada la cosa. Una vez terminada la temporada, los aficionados asistimos, con las carnes abiertas, al espectáculo cotidiano de ver cómo la práctica totalidad de la plantilla (al menos los jugadores que han rendido a cierto nivel) es tocada por otros clubes ávidos de reforzar las suyas. Y, a estas alturas, no tenemos ni la más remota idea de qué equipo nos va a representar durante la temporada que viene. Porque, por mucho que supongamos que el Sevilla tiene una base consolidada y que sólo hay que hacer pequeños retoques para mejorar la plantilla, lo cierto es que no podemos obviar la posibilidad de una nueva revolución en la misma y que, como aseguró Emery el otro día, no debemos tener miedo a que esa posibilidad se vuelva real. 

Aquí nos podemos poner haciendo el pino si quieremos. Podemos decir lo que queramos, suponer lo que nos venga en gana, criticar dicha actitud, comprenderla o enaltecerla. Da igual. Es obligatorio. Tal y como está montado el asunto, es obligatorio. 

Para comprender lo que quiero decir, es necesario tener en cuenta una cosa. En Europa, actualmente, puede haber perfectamente alrededor de 50 equipos con un presupuesto superior al del Sevilla en 10, 15, 20, 30 millones de euros, o incluso más. Hasta mucho más, aunque esto último está reservado a los más grandes del continente. Ya no me refiero a los de siempre: Madrid, Barça, Chelsea, Liverpool, Manchester, Inter, Bayern, etcétera. Me refiero a que cualquier equipo de la parte baja de la liga inglesa, cualquier equipo medianito de Alemania o Italia, cualquier equipo que tenga sus espaldas cubiertas por el dinero de un multimillonario..., cualquiera de estos se ríe en la cara del Sevilla a nivel económico. Del Sevilla, del Valencia, del Atlético o de cualquier equipo español que no sean Real Madrid o Barcelona. Hagan la suma, pues. Toda la Premier, la mitad de la Bundesliga, la mitad del Calcio y el resto de clubes que por diferentes razones tienen potencial económico; veinte más diez, más diez, más un puñado más, dan cincuenta. Y tirando por lo bajo. 

Esto es el resultado de lo escandalosamente mal repartido que está el dinero que genera la Liga Española entre sus miembros. Porque el hecho de que la diferencia entre Real Madrid y Barcelona y el resto se haya aumentado mucho no deja de ser anecdótico. Esa diferencia siempre ha existido, y ahora es superior. Pero siempre ha existido. De toda la vida, si el Sevilla (o el Valencia, o el Athletic o quien sea) tiene a un jugador de nivel top, si a uno de los dos grandes se le mete entre ceja y ceja llevárselo, se lo lleva. Y eso ha sido así siempre, sin importar de qué modo se reparten los derechos de televisión. El problema, el gran problema, la madre del cordero, no está ahí. El drama es otro diferente, aunque consecuencia de lo mismo. 

El drama es que, si ese reparto de dineros es tan escandalosamente malo, no sólo los grandes ganan más, sino que los medianos ganan menos. Y ya no hablo de esa diferencia mayor en el campeonato doméstico, sino que en otros campeonatos, en otros países donde ese reparto es mucho más equitativo, surgen equipos tradicionalmente modestos que ahora ingresan mucho más dinero que los clubes españoles de segundo nivel. De ese modo, el Sevilla no está en disposición de disputarle un fichaje a equipos como el Hull, el Sunderland, el Swansea o el Stoke City, por poner algunos ejemplos. Ni a un club inglés recién ascendido. Ni a un equipo alemán o italiano de mitad de tabla. Y esto es un problema gravísimo, porque ya no hablamos de que jugadores como Rakitic (ejemplo paradigmático) se pueda (se vaya a) ir. Porque Rakitic se irá a un súper grande, no a unos de estos "equipitos" de los que estoy hablando. Ninguno de estos "equipitos" va a optar a llevarse a los mejores de nuestra plantilla. Es más, que se vayan los mejores no es un problema. Al fin y al cabo, siempre se han ido. Del Sevilla y de cualquier club de nivel similar o inferior, ya sea español o de cualquier punto del planeta. Se va uno bueno por una millonada y si se hacen las cosas bien, vienen dos que en su conjunto mejoran el rendimiento del primero, y además nos sobra pasta (el ejemplo de Negredo vs Bacca-Gameiro es incontestable).

El drama es otro, como digo. 

El drama en sevillista es que, quitando los súper grandes, quedan en Europa otros cuarenta equipos perfectamente capacitados para toquetear al resto de la plantilla. A lo que quede después del paso de los más poderosos. El drama es que un West Ham, un Crystal Palace, un Hoffenheim o un Hertha de Berlin, pueden venir a decirle a Carriço, a Pareja, a Vitolo, a Bacca, a Gameiro o a cualquier jugador que no sea Rakitic (pero que son nuestra columna vertebral) que le duplican el sueldo. Y ofrecerle al Sevilla una módica cantidad que el club querrá rechazar, pero que si al futbolista se le mete en la cabeza que se quiere ir a ganar dinero (que es para lo que juegan), ya sabemos cómo suele acabar el asunto. Ese es el drama. Que el Sevilla NO PUEDE llegar a ese nivel, no maneja el presupuesto suficiente. Del Nido decía que el Sevilla trabajaba con presupuestos con déficit, bajo la aspiración de jugar competición europea y obtener ingresos que lo paliasen. Un par de temporadas malas llevan al club al borde del abismo. A no poder pagar a los jugadores. A tener que vender a la mitad de la plantilla para poder sobrevivir. Así no se puede trabajar. Sobre déficit, no se puede trabajar. Hay que ajustar los gastos a los ingresos. Pero entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo competir, no ya con clubes que deportivamente puedan estar a nuestro nivel, sino incluso con los que van a disputar el descenso en la Premier? ¿Cómo? Teniendo en cuenta, además, que hay que tener las cuentas saneadas para poder competir en Europa. Pregúntenle a Málaga o Rayo, que saben de lo que hablo. ¿Qué se puede hacer?

¿Se lo digo, o se hacen una idea?

Es evidente. Si, aparte de los más poderosos, hay unos cuarenta equipos en Europa con un presupuesto superior al del Sevilla en 10, 20, 30 millones de euros, hay que enjugar esa diferencia. Y como por ingresos corrientes eso no es posible (en su totalidad), hay que vender jugadores. Sí, también hay que mejorar la gestión de los abonos, los patrocinios y otras partidas que pueden permitir ingresar más y gastar menos. Pero el grueso del presupuesto es otra cosa diferente. Y para eliminar esa diferencia de la que hablo, hay que vender. 

Y además, no vender este año. Hay que vender todos los años. Todos. Mientras esa diferencia de ingresos exista, hay que hacerlo si queremos seguir compitiendo a un nivel alto. Que esto no es ninguna tontería. Que es que es así. Es más. Ni siquiera podemos emperrarnos en mantener a las estrellas del equipo subiéndoles los sueldos, porque si les subimos los sueldos, los gastos del club aumentan y esa diferencia presupuestaria también lo hace. No podemos gastarnos lo que no tenemos. Si queremos gastar, tenemos que tener. Y si queremos tener, hay que vender. 

Dicho de otro modo, si el Sevilla quiener mantener el bloque de la plantilla con la que hemos sido campeones, hay que vender a Rakitic. Y punto. Porque, tarde o temprano, los contratos de muchos de esos jugadores tendrán que ser revisados al alza si no queremos que se nos vayan. Y si, además, queremos reforzarnos, pues hay que vender a otro. Y esto no es debilitarse, todo lo contrario. Lean un poco sobre el Oporto si quieren. Un club que SIEMPRE está ahí, metido entre los grandes (salvo ciertas temporadas aciagas que sufren todos los clubes del mundo) y que compran y venden todos los años. Todos los años; son famosos por llevar a cabo esa política desde hace muchísimo tiempo.

A mí, que no me vendan milongas. Como decía antes, nos podemos poner haciendo el pino si queremos, pero la situación es la que es y bien haríamos con asimilarla y acostumbrarnos a ella. Con saber que si un año nos metemos en Champions y obtenemos dinero, pues igual no hay que vender ESE AÑO. Pero como algo anecdótico. Al Sevilla le queda un trecho largo para que esto cambie. El Sevilla necesitaría meterse en Liga de Campeones todas las temporadas para obtener los ingresos necesarios por una vía diferente a la de los traspasos. Y eso no es fácil. Para nada. En absoluto. Y menos en una liga en la que dos plazas están reservadas y son completamente inaccesibles. 

No seamos ingenuos. Comprendamos esto y exijamos a la dirección deportiva un buen trabajo tanto en las ventas como en los fichajes. Es ahí donde está lo gordo. De lo que depende nuestro futuro. 

jueves, 15 de mayo de 2014

El sevillista

Hoy voy a contaros algo lleno de sencillez. Algo sin pretensiones. Sin bombo, sin platillo, sin pompa. Voy a contaros algo muy simple. Tan simple como la forma en que transcurrió el día de ayer para un sevillista. Sin nombre, ¿qué más da? Un sevillista cualquiera, uno de tantos como hay. Pero uno en concreto: uno que nos servirá de ejemplo y al que llamaré "el sevillista". 

El sevillista se levantó temprano. Muy temprano, como todos los días ha de hacer porque la vida le obliga a ello. Porque la cosa está montada así. No, él no fue a Turín. El sevillista, este sevillista, no se lo puede permitir. Sé que alguno ha dicho que quien no ha ido es porque no le ha dado la gana, pero no voy a comentar nada de eso porque esa persona habla desde la más absoluta ignorancia, y no merece que se diga más. O igual no. Igual es que tiene un retraso o algo, ante lo que no me queda más que mostrar mi respeto a su familia, darles ánimos para sobrellevar una situación tan difícil y desearles los mejor en el futuro. 

Como digo, el sevillista se levantó temprano, se preparó, se despidió hasta la tarde de su mujer, cuando ésta se fue al trabajo, y se hizo cargo, como todos los días, de levantar, preparar y llevar al colegio a su hijo. Cinco años cumple ya el tío justo la semana que viene. Cinco años, ¡cómo pasa el tiempo, joder! Es muy buen niño. aunque algo cabezota, como su madre. Bueno, su padre no se queda mucho atrás en ese aspecto, pero sobre todo como su madre. De hecho, ayer se le metió en la cabeza ir al colegio con su camiseta del Sevilla, lo cual no podía ser porque ya la llevó el día anterior y estaba sucia. Porque, como comprenderán, el niño es sevillista. No sabe aún del todo lo que significa eso, pero que el Sevilla es el mejor, así como concepto sobre el que ir trabajando, es algo que tiene más que claro. No hay escapatoria para él. No ya a estas alturas. Ya lo tiene grabado a fuego. Bendito inocente. Todavía no es consciente de lo afortunado que es. 

Cuando dejó a su hijo en el colegio, el sevillista sintió un pinchacito en el corazón. Siempre le ocurre, todos los días. Es lo que tiene ser padre, que a un hijo se le quiere de una forma diferente que al resto de las personas. Es tu obra maestra, lo que vas a dejar como legado para la Humanidad. No es más que un niño, pero es todo eso. Es algo inmenso. Y emociona. Al sevillista, al menos, le emociona. Y más en un día como el de ayer, en el que los sentimientos, sus sentimientos, estaban a flor de piel. ¿Cómo podía ser de otra manera? Si el Sevilla jugaba por la noche la final de la Europa League, de la UEFA de toda la vida de Dios, de la copa que nos cambió la vida. Otra vez. Cuando parecía que aquello fue un bello sueño del que habíamos despertado durante estos dos últimos años de mediocridad, otra vez estamos ahí. Que no fue un sueño. Que estamos ahí. Otra vez, ya digo. 

La mañana de trabajo fue intensa para el sevillista. Era de esperar. Y muy de agradecer, porque era previsible que la tarde fuese muy floja y lo que no se facturase por la mañana, no se haría ya en todo el día. Perdón, no lo he dicho. El sevillista tiene su negocio propio, un comercio abierto de cara al público, y claro, los factores externos influyen en su día a día. En una ciudad tan futbolera como Sevilla, con un sevillismo concentrado en su novena final en nueve años, con un beticismo escondido por lo que pudiera pasar y por mucho que en una ciudad tan grande, haya gente pa tó, la mañana todavía podría estar bien, pero la tarde iba a ser un paná. Y, efectivamente, la mañana fue intensa. Como si la gente se estuviese preparando. Como si fuesen corriendo a hacer lo que tuvieran que hacer y así descuidar y velar armas luego, al atardecer. 

Fue una mañana intensa, ya digo. De trabajo y de emociones. El sevillista se la pasó reteniendo lagrimitas de emoción, recordando tantos y tantos momentos de sevillismo vividos y canturreando por lo bajini el Himno del Centenario, pero sin meterse en Twitter (como acostumbra) ni leer practicamente nada sobre el partido. De hecho, desde que el equipo se clasificó para la final en aquel dramático choque en Mestalla, el sevillista anda completamente desconectado de todo. No quiere leer a nadie. No quiere hablar de fútbol. Ha decidido que esta final la va a vivir él consigo mismo, con sus recuerdos, con sus sentimientos, con la añoranza de esos otros sevillistas cercanos que ya están en el Tercer Anillo. Sin injerencias, sin influencias externas. Él solo con su sevillismo. En pureza, tan intensa como fuera posible. Y no era por nada. No es que tuviera nada contra nadie. En absoluto. Simplemente, fue su decisión. 

Por tanto, el sevillista no ha sido testigo de lo que han dicho esos cenizos que llevan toda la puta temporada metiéndose con el club, con los jugadores, con el entrenador, etc; esos que desaparecían cuando el equipo ganaba y lo copaban todo cuando perdía. Esos. Sí, esos, todos sabemos de lo que hablo; el sevillista no sabe cómo lo han hecho para recolocar su postura sin hacer demasiado el ridículo. No sabe si lo han conseguido. Bueno, para él, no. Para él, siempre serán ridículos. Porque una cosa en la crítica, incluso la voraz y encarnizada, y otra hacer el gilipollas. El imbécil. El carajote. Todo eso, ya sabemos. 

Tampoco sabe cómo han reaccionado los que todo lo piensan en clave de "metámonos con el Betis, ahora que están hundidos". Que son cosas que gusta leer y que hacen gracia, pero que llega un punto en que nos hace pequeños de tanto compararnos con un equipo inferior, aunque sea para mostrar nuestra superioridad. Ni tampoco los que se pegan golpes en el pecho en plan "yo ya lo dije" y despreciando a los que han venido criticando. Oigan, que el Sevilla ha merecido mucho las críticas este año. Las sensatas, las bien orientadas, pero críticas a fin de cuentas. Ni yo ya lo dije ni nada. Las cosas han salido bien igual que pudieron salir mal. El fútbol es demasiado complejo como para ir presumiendo y alardeando de unas dotes adivinatorias que nadie tiene. 

Sí que echó de menos a los de siempre, a los sevillistas con los que acostumbra a debatir y a los que tanto admira. Pero fue su decisión. Se recluyó, se encerró en sí mismo y decidió vivir el momento histórico de esa manera. Tan respetable como cualquier otra. 

Efectivamente, la tarde fue un paná. Solo sirvió para alimentar sus nervios, para que se acentuara el dolor de estómago, para que le temblaran las manos, para que aparecieran los sudores (y no solo por el calor), para que alguna lagrima se escapase, para seguir cantando el Himno, para dar vueltas y vueltas por el local, contando los minutos que faltaban para la hora de irse. De hecho, se fue media hora antes de lo normal. ¡Al carajo! Si no hay nadie en la calle, si apenas han entrado dos personas en toda la tarde ¿qué coño hacía allí? De modo que recogió los bártulos, cerró la persiana, se encendió un cigarro y comenzó a andar camino de donde tenía aparcado el coche. Que esa es otra. El nivel de nerviosismo suele ser directamente proporcional al consumo de tabaco, con lo que éste se disparó en la jornada de ayer por parte del sevillista. Daba igual. No pasaba nada. No suele fumar mucho, por lo que se podía acoger a eso tan clásico de "un día es un día". Y si no también, qué coño. Que no pasa nada por fumar un poco más de lo debido de cuando en cuando. De higo a breva. Sólo en las previas de los partidos que pasarán a la Historia del club con letras de oro. Únicamente. 

Ya en el coche, camino de casa, dijeron por la radio algo con lo que el sevillista está muy de acuerdo. El Sevilla ha recuperado el gen ganador que una vez tuvo, allá por las décadas de los 40 y 50 del siglo pasado. Se puede decir que la fortuna le ha acompañado en más de una ocasión este año, pero un equipo que juega nueve finales en nueve temporadas es un equipo competitivo. Ganador. Sea como sea el modo en que llegue a una de ellas en concreto. Y es cierto. Este Sevilla no tiene nada que ver con aquel con el que el sevilllista se crió. Este Sevilla, empezando por la afición y terminando por el último empleado, tiene unas miras, una ambición, una exigencia que no es comparable con nada que el sevillista, a sus 39 años, haya conocido jamás. Este Sevilla es un equipo campeón porque así lo exigimos, y su mayor fracaso es quedar novenos en la liga y no disputar competición europea una vez en una década. Y cuando un equipo es campeón, pues pasa lo que pasa. Que sí, que a veces fracasará, pero otras triunfará. Y que un equipo campeón triunfe significa que gana un título. Esto era, simplemente, impensable en el Sevilla con el que el sevillista se crió. Impensable. Un sueño, ni más ni menos. Un sueño hecho realidad. 

Del partido en sí, de su desarrollo, de lo que ocurrió, poco puede hablar el sevillista. Por mucho que le guste el fútbol, por mucho que tenga conocimientos para analizar los partidos, para comentarlos tácticamente, para dar su opinión sobre diferentes aspectos de este bendito deporte, el sevillista, en ese sentido, no tiene ni idea de lo que ocurrió anoche a lo largo del encuentro. El sevillista no vio un partido. Lo sufrió, lo sintió, se emocionó con él, pero no lo vio. No a nivel deportivo, sino solo a nivel sentimental. ¿Que cómo jugó el Sevilla? Objetivamente, no tiene ni idea. Sí que percibió que competía al más alto nivel. Que el Benfica fue ligeramente superior, pero que el Sevilla no desmereció para nada. Que se fajó, que luchó, que se partió la cara, que tuvo sus opciones del mismo modo que las tuvo el rival. Que se dejó la vida en el campo, que aguantó la prórroga y que en los penalties...

Ay, Dios, en los penalties...

El sevillista vio el partido hecho un manojo de nervios, pero sin expresarlos de un modo claro. Su mujer los percibía y se reía, pero eso es porque le conoce. El sevillista no grita, no salta, no se expresa. El sevillista se mete en un rincón, se come las uñas y sufre en silencio. Sufre como una perra, pero eso: en silencio. Y así fue a lo largo de todo el partido. Y en los penalties. Y cuando Rakitic levantó la copa. Una enorme sonrisa de felicidad en su rostro, y poco más. Él es así, ya está criadito y no le vamos a cambiar a estas alturas. 

Y entonces llegó el mejor momento para el sevillista. Cuando su mujer se fue a la cama tras la entrega de trofeos y él le dijo que se quedaba un ratito. Que necesitaba relajarse. Llevaba días desconectado, sin hablar con nadie de fútbol para vivir en soledad este momento histórico, y aún le quedaba el disfrute del éxito así, en soledad. De modo que, una vez solo, se levantó del sofá, apagó la televisión, se fue a la cocina, el único rincón de la casa donde se permite a sí mismo fumar, apagó todas las luces, se sentó, encendió un cigarrillo y entonces sí...

Entonces se le escaparon las lágrimas. 

El momento de éxtasis llegó. Dejó volar sus pensamientos y se acordó, como siempre, de su abuelo, quien le inyectó en vena el sevillismo. De cuando le contaba cosas de un Sevilla campeón que sonaba a batallita magnificada más que a realidad. De cuando le decía que Campanal II era un fuera de serie, que Busto era mejor que Buyo, que como Juan Arza nunca hubo nadie..., tantas y tantas cosas. De cuando el pobre, ya en su último año de vida, impedido, sin poder andar, cuando veía un partido del Sevilla, sacaba fuerzas de donde no las tenía para pegar patadas a la mesa cuando consideraba que el jugador tenía que chutar. Que veía los partidos en televisión, a todo volumen, y a la vez los escuchaba por la radio, volviendo medio loco a todo el mundo con tanto ruido. Y que lloraba como un niño chico cuando el equipo marcaba un simple gol porque eso era lo que le salía de dentro. Qué hubiera hecho de haber visto lo de anoche. 

Madre mía, qué hubiera hecho. 

Cuando el cigarro se terminó, encendió otro. El momento lo requería. Había que prolongarlo lo máximo posible. ¿Qué más daba? Al día siguiente se fumaría uno menos y así compensaría. Y entonces pensó en que este título es el más sevillista de todos los que ha conocido. Este no es un título de haber jugado bien, de haber barrido a los rivales, nada de eso. Este es el título de la casta y el coraje. Del dicen que nunca se rinde. Penalties, remontadas épicas, goles en el último minuto, lucha, lucha, lucha... lo que dicen los himnos, ambos, el de siempre y el del Centenario. Sevillismo puro y duro. Nuestra idiosincrasia. Nada puede ser más grande que alcanzar la gloria siendo fiel a tus principios más arraigados. 

Y pensando en eso se consumió el segundo cigarrillo. 

El éxtasis no acabó ahí. El éxtasis continuó luego. Ya en la cama, en la que se metió con todo cuidado para no despertar a su mujer, que ya dormía. Se tumbó boca arriba, sonriente, sabedor de que ni de coña se iba a poder dormir así, tan fácilmente. Tampoco quería. Lo que deseaba era seguir disfrutando en soledad de la gloria, del éxito, del triunfo. Extasiado, como justo después de la mejor culminación sexual imaginable, con esa cara de idiota, de llámame tonto todas las veces que quieras, pero dame mucho de este pan. Mucho. Todo el que sea posible. Feliz a fin de cuentas, porque no se trata más que de eso: de felicidad. 

Y en medio de esa felicidad, con tantos sentimientos agolpados, con tantos pensamientos yendo y viniendo, con tantas emociones enfrentadas, una idea permanecía fija. Una idea, un convencimiento, una sensación que llegó a pronunciar así, bajito, para sí mismo, para que nadie la escuchase, pero que lo supiese todo el mundo. El mejor pensamiento de todos:

"Qué grandes somos, coño. Qué grandes somos".

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