jueves, 13 de julio de 2017

La rata

Antes de empezar a arremeter contra Vitolo, que es, entre otras cosas, de lo que va a tratar este post, me gustaría lanzar una pequeña (pequeñísima) lanza a favor de él. Para ser escrupulosamente justo y luego poder seguir con lo que me interesa. 

Si a Vitolo se le hubiera facilitado la salida del club como se hizo durante años con tantos y tantos jugadores, él se podría haber ido con todos los honores, por todo lo alto, por la puerta grande, con la gente gritándole "capitán" y con emotivos mensajitos en Twitter e Instagram. Como ha pasado con muchos futbolistas en la última década. Con esto no quiero excusar a Vitolo, sino decir que puede que hayamos despedido como héroes a personajes que ya son históricos, cuando, posiblemente (sólo posiblemente) sean iguales que Vitolo y la única diferencia entre ellos sea que a uno se le facilitó la salida y al otro, no. Porque el caso de Vitolo es el primero de verdadera envergadura en el que el Sevilla se ha puesto firme con la cláusula de rescisión. Lo siento, Víctor Machín, te tocó, "deal with it, my friend", aunque hubiera estado interesante ver la reacción de alguno que otro ante la misma tesitura.

Dicho esto, a mí lo que verdaderamente me molesta de este asunto es que hayan jugado con el Sevilla. Que nos hayan tomado por imbéciles. E incluso más que todo eso, que nos hayamos comportado como señores, como caballeros, con honor, dignidad y lealtad hacia uno de los nuestros, para que luego nos traicione y que nos señalen como gilipollas. Como tontos, Como pardillos. Que nos señalen y que nos señalemos a nosotros mismos. Vivimos en un país de mierda en el que se alaba a quien defrauda y se toma por idiota al honrado que va de cara. Y a José Castro se le podrá criticar mucho, lo de la campaña de abonos está ahí para que no haga falta irse muy lejos, pero en este caso se ha comportado siguiendo los valores que yo quiero para el Sevilla. Porque no podemos presumir de ser un club señor y luego criticar al presidente por comportarse como eso, como un señor. Para mí, Castro ha sido un bocazas. Sin conocer exactamente los vericuetos de la intrahistoria de todo esto, que eso no lo sabe nadie salvo quien ha estado dentro de ella, lo único que le puedo reprochar al presidente es no haber esperado a que todo estuviera efectivamente firmado para dar la noticia. Que igual hay una explicación para ese modo de proceder y yo no la conozco, pero es lo único que le puedo reprochar. Y no, yo no le reprocho el hecho de haber confiado en la palabra de honor de uno de los capitanes. Yo le reprocho a este el hecho de faltar a ella. Porque aquí está la clave de todo este asunto. Que nos estamos dejando llevar por la estúpida forma de ser de este país de mierda en el que vivimos, menospreciando a un señor por el hecho de serlo y comportarse como tal. Y aunque estoy de acuerdo en que hay que ser pragmático y adecuarse al mundo en el que vivimos, de manera que ser un señor no está reñido con no ser un bobo, al final hay que ser justos y darle a cada cual lo que se merece. Tirón de orejas al presidente por bocazas y desprecio absoluto a las ratas miserables que se aprovechan de la buena fe de las personas que van con la cabeza alta por la vida.

Lo ocurrido en estos últimos días es la mayor infamia que yo he visto en mi vida en el fútbol, y ya van 42 años en este mundo. Todos conocemos casos históricos, muchos se han acordado de lo que hizo Figo, aunque yo recuerdo como algo aún peor lo de Rivaldo, cuando el Barça se lo arrebató al Depor con nocturnidad y alevosía, pagando la cláusula a última hora y dejando a un rival directo por entonces sin su mayor estrella. Y digo aún peor porque las hostias que se den los dos gigantes me la traen al pairo, pero sí que me joden cuando alguno de ellos se aprovecha de su estatus para putear a un club menor. En este sentido, el Atlético de Madrid no es la primera vez que nos la hace a nosotros. Recuerdo con especial acritud el caso de Jose Mari a finales de los 90. Siempre fueron unos bastardos, con el agravante de pasar por la vida como los pupas, los pobres, los humildes y los agraviados sólo por el hecho de compartir ciudad con un club que es aún peor. 

Sin embargo, en el caso Vitolo se juntan una serie de características que lo hacen especial: un club sancionado con no fichar y que en verdad no tiene dinero para pagar la cláusula, otro que hace de muleta, arrastrando su dignidad a cambio de contar con un jugador durante unos meses y de unos míseros millones de euros de dudoso cobro, un puenteo bochornoso a una sanción impuesta por la FIFA y un futbolista sin personalidad, sin principios, sin honor, sin palabras y yo diría hasta que sin neuronas. O con muy pocas. Y la prensa centralista aplaudiendo la picaresca y riéndose de forma encubierta del engañado. Y luego criticamos la corrupción, cuando el problema es que somos un país corrupto. El país entero, con una población sin luces que sólo se queja cuando no les tocan a ellos o a quienes admiran. 

Y quede claro que yo no me meto con el hecho de que un futbolista presione para ir a jugar a donde le dé la gana. El mismo Sevilla, igual que todos los clubes, utiliza esa técnica para hacer fichajes. Pero una cosa es eso y otra la indignidad, la infamia y la traición. La traición a quien te ha dado de comer y a ti mismo. A tu propia palabra. 

Sea como sea, el karma actúa y cada cual acaba donde se merece. Esta historia no ha acabado. Estoy convencido de que esta historia no ha acabado. Yo no le reprocho a José Castro que se haya comportado como un señor y le hayan engañado, pero sí que lo haría si ahora se quedase con los brazos cruzados, cosa que parece que no va a hacer. Ahora toca defender nuestro honor, nuestra dignidad. No va a ser un proceso rápido, las cosas con la justicia van lentas, pero yo ya estoy sentado a la orilla del río, preparado para ver pasar el cadáver de mi enemigo. Las cosas no van a quedar así. No pueden quedar así, aquí hay muchas aristas, muchos aspectos oscuros, y espero que tarde o temprano la dignidad se imponga, de igual forma que tarde o temprano los corruptos acaban en la cárcel. 

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