jueves, 3 de noviembre de 2016

Yo a Cardiff y tú a Montequinto

De entrada, discúlpenme por lo exagerado del título. Lo normal es que ni el Sevilla se clasifique para la final de la Liga de Campeones (a disputar en Cardiff), ni el Betis baje a Segunda División. De hecho, está por ver que nosotros ni siquiera pasemos octavos de final, aunque, visto como está el equipo, esto sí que es lo más probable, sin quitar un ápice de la dificultad que va a conllevar. Por otro lado, creo que en Primera División hay un ramillete de equipos inferiores a nuestros vecinos, por no hablar de que muchos años hay alguno más o menos potente que se mete ahí abajo. Este año parece que le ha tocado al Valencia y como un equipo de ese nivel no reaccione pronto y se estanque ahí abajo, le puede costar un mundo salir. Nosotros lo sabemos bien.Y ellos mismos pasaron por algo semejante a mediados de los ochenta. 

En verdad, lo que quiero poner en valor es otra cosa diferente. Muchas veces, cuando desde distintos frentes se sigue intentando igualar de alguna manera el nivel de Betis y Sevilla, nos empeñamos en sacar datos, datos y más datos que demuestran de manera demoledora que hay una diferencia sideral entre ambos. Son tantos que a menudo lo que conseguimos es atorar la mente del que escucha y que te salga por peteneras, y todos hemos sufrido esto de lo que hablo alguna vez. Sin embargo, hay ocasiones en las que los datos sobran y basta con observar las sensaciones de unos y de otros. Es como cuando dices "te quiero" y suena mucho más falso que una mirada intensa en medio del silencio.

Desde que, el domingo por la mañana, el Sevilla Atlético diera un festival de fútbol en el Sánchez Pizjuán, se merendara al histórico Elche y se colocara segundo en la clasificación de la categoría de plata, la sensación de canguelo en la acera verdiblanca se multiplicó por mil, llegando a su apogeo durante la tarde, con esa exclamación de aquel cronista bético, lamentándose de que "nos mandan a Montequinto, se está viendo venir". En la jornada diez, ojo, y con el equipo instalado cómodamente en la mitad de la tabla. Bueno, después de la derrota contra el Español, un poquito más abajo, pero para nada en una situación dramática. 

Un par de días después, y después del descojone generalizado en la parroquia sevillista, los de este lado debatíamos acerca de si nos conviene más quedar primeros o segundos en nuestro grupo de la Champions. Un grupo en el que nos jugamos los cuartos contra Juventus y Olympique de Lyon, dos clásicos de la competición. Anoche, pasamos por encima del Dinamo de Zagreb de una manera absoluta. Sin pisar el acelerador y con importantes bajas. Estamos a un punto de la clasificación matemática y como nos dé por vencer a los de Turín en la próxima jornada (ya lo hicimos el año pasado en mucha peor forma que ahora), seremos líderes pase lo que pase en la última jornada. 

Hoy, estamos todos entre ilusionados y preocupados. Un punto es poco, casi una minucia, pero es que los rivales son de enjundia. Qué pena que la Juventus no hiciera sus deberes contra el Lyon. Y qué grande Sampaoli en rueda de prensa, lamentándose de tal hecho y diciendo que es un asunto que se nos escapa porque nosotros no podemos jugar en todos los campos. Vamos, que si fuera posible, después de golear al Zagreb, este tío sería capaz de decirles a los italianos, "a ver, apartad, que vosotros no sabéis" y jugar nosotros también el partido contra el Olympique, pero con la camiseta y el escudo de la Juventus, ganarles y luego decirles "hala, ya está, ya estamos los dos clasificados".

Lo que quiero decir con todo esto es que el Sevilla está teniendo un crecimiento tan brutal que, muchas veces, ni nosotros mismos nos damos cuenta. Y mucho menos los de enfrente o ese sector de la prensa que se empeña en ver igualdad donde, en verdad, hay un universo de distancia. Y más allá que en los datos, esto se ve en las sensaciones. El crecimiento del Sevilla está siendo brutal, como digo, pero no sólo del primer equipo, sino de todo el club en general, y eso incluye también al Sevilla Atlético. De hecho, el Sevilla Atlético está creciendo tanto que ya está más cerca del Betis que estos de nuestro primer equipo. Y si les dejaran ascender, es probable que les superasen en no demasiado tiempo. Y lo más grande es que ellos lo intuyen. Los de la acera de enfrente, me refiero. Nunca lo van a reconocer, pero lo intuyen. Lo intuyen con tanta intensidad que, en el culmen del apasionamiento, no pueden evitar exclamar "que nos mandan a Montequinto, se está viendo venir". 

El Sevilla lidera su grupo de la Champions, el Sevilla Atlético está en puestos de ascenso a Primera y en el Betis se temen que les manden a Montequinto. No hay dato estadístico que pueda ganar a algo tan demoledor como eso. 

Por cierto, que los béticos estén tranquilos, que a Montequinto no van a ir. Llegado el caso, seguramente, una grandísima parte de la afición los mandaría allí, pero no la directiva. No esta directiva. Ese partido se jugaría en un Sánchez Pizjuán hasta la putísima bola de sevillistas ávidos de pasar un buen rato decojonándose de risa. Que yo no sé que sería peor, a todo esto.

lunes, 24 de octubre de 2016

Los necios ignorantes

Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver, que no hay más sordo que el que no quiere oír y que no hay mayor ignorante que quien se cree que sabe. También dicen que los mayores sabios son quienes más conscientes son de su ignorancia y que ésta, la ignorancia, es tela (pero tela) de atrevida.

Dicen que el sabio pone en cuarentena todo lo que ve, pero mantiene abierta la mente, de manera que duda, pero escucha, y está dispuesto a cambiar su modo de entender respecto a algún asunto si alguien le demuestra fehacientemente que está equivocado. No se trata de no tener una opinión fundada. Se trata de ser capaces de cambiar esos fundamentos si alguien demuestra que son erróneos, de manera que dicho cambio también pueda afectar a la propia opinión. Se llama aprendizaje, y los sabios están siempre abiertos a aprender. Por eso son sabios. Porque aprenden mucho. 

Los ignorantes, no obstante, son de otra pasta. Y cuando hablo de ignorantes, no me refiero a quien no sabe de algún tema (que de eso somos todos, de una manera o de otra), sino a quienes tienen la mente cerrada y no toleran no tener razón en eso de lo que se creen sabios. Probablemente debería llamarles necios mejor, pero se me jodería el juego de palabras antónimas y, probablemente, me aburriría. Y yo aquí he venido a jugar. Además, qué coño. este es mi blog y aquí machaco las reglas del lenguaje cuando me da la gana. 

Pero bueno. Hagamos las cosas bien. Llamémosles los necios ignorantes y en paz.

Entre los necios ignorantes, es común que pontifiquen sobre lo que se creen expertos y luego busquen excusas, peregrinas a menudo, cuando se demuestra que dichas pontificaciones estaban basadas en un error. No, ellos no están nunca equivocados. Ellos tenían la razón, y la siguen teniendo. Su mente permanece cerrada, son factores externos los que han provocado la contradicción y ellos siguen, erre que erre, manteniendo su argumentario porque para eso son sabios en ese asunto. O eso creen ellos, por mucho que se demuestre su ignorancia. Su necedad no la vamos a poner en cuarentena, por supuesto. Está fuera de toda duda. 

A mí, este tipo de necios ignorantes me fascinan, aparte de darme vergüenza ajena, pero eso ya es cosa mía. Y debo reconocer que huyo como de la peste de comportarme de ese modo, aunque más de una vez lo haya hecho. Supongo que nadie está libre de pecado, y si alguien lo está, que tire la primera piedra. Eso sí, a ser posible, lejos de donde yo me encuentre. Por cierto, muy probablemente, serán los necios ignorantes quienes más piedras tiren, porque ellos siempre tienen la razón, no lo olvidemos. Faltaría más. 

Por acercarme a la temática habitual de este sitio, el fútbol y, en concreto, el Sevilla FC, hay un cierto número de necios ignorantes asomando la patita en los últimos tiempos alrededor de nuestro nuevo técnico, Jorge Sampaoli, y algunos miembros de su equipo. Ojo, que hay algo peor que ser un necio ignorante: no serlo, pero parecerlo, no por ignorancia o necedad, sino por tener intereses turbios. Eso es algo ya más chungo en lo que no me voy a meter. Francamente, no me interesan. Ni los personajes, ni sus intereses. 

Hay que reconocer que el discurso de Sampaoli y los suyos es difícil, aparte de novedoso, y, a menudo, cargado de expresiones y formas de decir las cosas que, más allá de confundir, pueden llegar a resultar hasta chocantes. Pero, con la mente abierta y un poco de interés, podemos llegar a entender perfectamente lo que dicen y dejar en el terreno de la anécdota el modo extravagante de decirlo. Por poner un ejemplo, este verano, decía Juan Manuel Lillo que el cuerpo técnico tenía soluciones coyunturales para problemas estructurales, de manera que pudieran sacar adelante el trabajo coyunturalmente mientras se ponía remedio a lo que fallaba estructuralmente. Oye, que nos podemos permitir un par de risas al escuchar esto y hacer alguna que otra chanza, que esto del fútbol no deja de ser un entretenimiento y para eso estamos. Pero, luego, si de verdad queremos saber, debemos abrir nuestra mente, entender lo que quiere decir y, como decía antes, dejar lo demás en anecdótico. 

Lo que yo interpreté de lo que decía Lillo se ha visto en varios partidos del Sevilla en este inicio de temporada. El protagonismo desmedido y el ataque exacerbado se han limitando a menudo a una posesión en ocasiones abrumadora, pero poca profundidad. ¿Por qué? Pues porque la solución coyuntural al problema estructural que supone que los jugadores aún no hayan asumido el juego posicional que propone el cuerpo técnico es que se refuerza el mediocentro para que el equipo se equilibre, no se parta en dos y los partidos no sean una ruleta rusa, como pasó contra el Español. El encuentro de Turín fue clara muestra de ello. No se traiciona la idea. No se renuncia a la posesión ni a mirar más la portería contraria que la propia, pero se construye la casa por los cimientos y ya habrá tiempo de poner unas preciosas molduras en el futuro. 

El problema es que los necios ignorantes no tienen la mente abierta, se quedan en la superficie, convierten la anécdota en motivo para pontificar y sentencian sin conocer. Y mucho más cuando lo poco que conocen (a Lillo, por ejemplo) viene con su fama ganada desde hace años, y estos necios ignorantes son mucho de elevar a verdad definitiva un sambenito colgado no se sabe si justa o injustamente. Que está claro que Lillo, como primer entrenador, ha demostrado no ser precisamente top en lo que a resultados se refiere, pero a mí me da que pensar que un tal Pep Guardiola rechazase ofertas de la Premier, tras su paso por Italia, y prefiriera irse a jugar al Dorados de Sinaloa porque el técnico de los mexicanos era Lillo y quería ser entrenado por él. Quería aprender de él porque le considera uno de sus maestros en esto del fútbol. Al Dorados de Sinaloa, señores, que tiene cojones la cosa. Y a mí me van a perdonar, pero si Guardiola considera a Lillo uno de sus maestros, a mí Lillo me merece un respeto, por muy raro que hable. Y en consecuencia, yo al navarro le considero algo así como a un profesor que sabe mucho de su materia, pero que patina a la hora de enseñarla. Que una cosa es saber mucho de fútbol y otra muy distinta tener el carisma necesario para que un puñado de chavalotes forrados de pasta y venidos arriba crean en ti y en tu idea y se partan la cara por ambos en un campo de fútbol. Para colonizar sus mentes, vaya. Y recordemos que Lillo es el segundo entrenador del Sevilla, que para eso el carisma es secundario, pero sí que nos aprovechamos de sus conocimientos.

Oigan, que esta es mi forma de interpretar este asunto, aunque igual estoy equivocado. Pero lo interpreto positivamente. Procuro tener la mente abierta.

Pues bien, en el entorno sevillista hay cierto grupo de necios ignorantes que les echaron la cruz a Sampaoli y su cuerpo técnico por un par de frases grandilocuentes y ciertos sambenitos traídos como herencia de otras épocas. Por cosas que deberían ser anécdotas, no verdades absolutas. Sin darles la oportunidad de demostrar con hechos lo que esas palabras aseguraban. Sin ir más allá, sin abrir la mente, sin entender (o no querer entender) el trabajo que cuesta cambiarlo todo como quien le da la vuelta a un calcetín y que el equipo saque resultados a la vez. Sentenciándolo de entrada. Pero lo más grande no es eso. Lo más grande es que ahora, cuando, con su trabajo, Sampaoli & Cía. les están callando la boca, ellos no se callan. ¿De verdad no veis fascinante tanta necedad? No se callan. Es más, dan a entender que el Sevilla está sacando resultados porque el técnico ha variado su estilo, ha renunciado a sus máximas y está haciendo lo que ellos decían que había que hacer desde un principio. Como si ellos tuvieran la verdad absoluta y los demás no supieran lo que hacen. Incluso cuando esos demás son los técnicos y ellos no. El síntoma más claro y diáfano de la necia ignorancia. 

Y para colmo del surrealismo, se refieren a un tipo que tiene tatuado en el brazo "no escucho y sigo". "No escucho y sigo", señores. Tatuado en el brazo. "No escucho y sigo". Fascinantemente ridículo, o al menos así lo veo yo. 

A mí me parece natural que en una ciudad como Sevilla, tan dada a sacar un chiste de cualquier circunstancia, ese lenguaje tan extravagante que se utiliza tan a menudo desde el cuerpo técnico genere risas, pero, sinceramente, para risas de verdad, lo de estos necios ignorantes. Porque no es fácil encontrar algo tan ridículo y patético como la actitud de mucha de esta gente. 


lunes, 19 de septiembre de 2016

¿El gran derbi?

Debo reconocer que en este asunto de la máxima rivalidad yo soy de una opinión muy poco común. Soy muy raro en este sentido, con lo que es normal que a mucha gente le choquen las cosas que diga al respecto. Yo no soy antibético, a mí lo que le pase al Betis me importa un soberano bledo, para bien o para mal, y lo de "máxima rivalidad" lo asumo como quien asume una tradición o un rito folklórico, porque, la verdad, para mí, la rivalidad contra el Betis se reduce a dos partidos al año, cuando coincidimos en la misma categoría, o alguno más, si caemos emparejados en alguna ronda de Copa o de competición europea. Por tanto, lo de "máxima rivalidad" a mí me resbala bastante. No la considero superior a la que se puede tener con cualquier otro equipo. Dicho de otra manera, a mí con el Betis me pasa algo semejante a lo que ocurre con el Málaga o con cualquier otro equipo andaluz, que para ellos jugar contra el Sevilla es casi el partido del año y nosotros les miramos con curiosidad y cierto desconcierto porque, francamente, su equipo nos importa lo que decía antes: un soberano bledo. 

Evidentemente, vivo con los pies en el suelo y en el mismo mundo que todo el que lea esto, por lo que soy consciente de que, para la inmensa mayoría de la afición, El Sevilla - Betis es un partido especial. Todos tenemos familiares y amigos en la otra acera y el ambiente no puede ser el mismo que cuando viene un Leganés o un Levante. Que a mí no me afecte me hace raro a mí, no estoy pontificando ni dando lecciones a nadie. Esto es una opinión muy personal y no sale de ahí. Ahora bien, teniendo en cuenta la situación de un equipo y otro y la sideral distancia que nos separa, lo del HT #ElGranDerbi de Twitter me parece, francamente, una monumental ridiculez. 

En este sentido, yo entiendo perfectamente a la prensa. Quiero decir, entiendo perfectamente que la prensa se vuelque con este evento porque ellos viven de la repercusión de las noticias que dan (a mayor repercusión, más visitas, más publicidad y más ingresos). Y teniendo en cuenta que su público objetivo se divide a partes iguales entre simpatizantes de un equipo y otro, es normal que le den un bombo especial al partido que disputan entre ellos. 

Esto que digo de la prensa, además, se ve magnificado (y justificado, por tanto) por la actitud de la afición contraria. Que para el Betis el derbi es uno de los partidos del año es algo conocido por todo el mundo. No lo esconden, no disimulan nada al respecto. Todo lo contrario. Para ellos, el objetivo suele ser la permanencia y ganarle al Sevilla. Es más, es un club que nació con el objetivo de disputarle la supremacía del fútbol sevillano al Sevilla, lo cual lleva implícito el reconocimiento de dicha supremacía. Y el hecho de jamás haberlo logrado es el motivo superior de su complejo y de ese ansia por buscar el más mínimo resquicio para sentirse superiores a nosotros, aunque sea en algo irrelevante o hasta ridículo. Primer equipo andaluz en disputar la Champions en el formato actual, una victoria ante el Chelsea, diez mil abonados más que el Sevilla por decreto, sea cual sea el número real..., en fin, todos sabemos de lo que hablo. El bochornoso espectáculo con el equipo de baloncesto de este verano es el enésimo capítulo de esta serie que nunca acaba. Digo bochornoso porque a mí me hubiera provocado eso, bochorno, de haber sido bético. Es una (otra) opinión particular. 

Y esta afición acoge a un número muy grande de personas en nuestra ciudad (y en todo el universo, que diría alguno). Un número muy grande de personas que consume prensa. Que son los clientes de dicha prensa, por lo que es natural que, dentro de un orden, les den lo que piden. Yo también tengo una empresa y procuro dar a mi clientela lo que me requiere, sin entrar en valoraciones personales. Y, por supuesto, si veo una oportunidad de negocio, pues me lanzo a por ella. Sin dudarlo, faltaría más.

Incluso, puedo llegar a entender a buena parte de la afición sevillista, aunque no comparta su postura, cuando entra al trapo con estas cosas y les hace el juego a los otros. En verdad, pienso que deberíamos dejarles con sus cosas y no hacerles caso, pero lo de la guasa en esta bendita ciudad es innegociable, de manera que, aunque yo apenas lo haga, sí que entiendo que otros se enzarcen en discusiones con béticos y se mofen de ellos cuando llega el momento. Han sido demasiados años, lustros y décadas de igualdad y hasta de superioridad temporal por parte de nuestros vecinos, y es algo que está impregnado en la cultura futbolística de Sevilla. Ya digo que yo no entro ese tipo de asuntos, pero también he reconocido que, en estas cosas, el raro soy yo.


Pero lo que ya entiendo bastante menos es que desde el propio club se entre con tanta intensidad en esta campañita. Que hasta el mismo miércoles pasado, cuando todos nuestros sentidos estaban en disputar un partido de Liga de Campeones nada menos que contra la Juventus, en la cuenta oficial del club se publicara que quedaban no sé cuántos días para #ElGranDerbi, dándole al Betis una importancia que en absoluto tiene. O que no debería de tener. A mí los derbis no me gustan nada porque se trata de un partido en el que un equipito del tres al cuarto, al que en condiciones normales deberíamos ganar fácil, va a venir revolucionadísimo, con el peligro que eso conlleva. Que su propia afición y la prensa influyan y ayuden en ello lo entiendo perfectamente, como he dicho antes. Y que la propia afición sevillista se ría o se divierta con ello, pues también. Pero que el propio club se preste a calentar un ambiente ya de por si sobrecalentedo cuando debía de estar pensando sólo en una cosa tan grande como disputar un partido de Champions en Turín me parece lamentable. 


Sinceramente, no entiendo esa actitud por parte del Sevilla. Muchos de los que están ahí dentro dirigiendo el cotarro fueron los primeros en décadas en dejar atrás la mediocridad de la "liga particular" para poder volar mucho más alto. Ese fue uno de los pasos previos para tanta gloria y tanta grandeza como ha venido después. Esos localismos nos condenaron a una patética medianía que nos mantuvo en un lugar que no nos correspondía durante un montón de tiempo. Éramos un equipo acomplejado, nada ambicioso y que se "conformaba" con quedar por encima del Betis. Si acaso, aspirábamos a entrar de vez en cuando en UEFA, para luego caer a las primeras de cambio. Nunca nos creímos capaces de nada más porque estábamos atrapados en esa mentalidad tan mediocre. Afortunadamente, logramos salir de ahí. Conseguimos superar ese complejo y volar. La vida nos cambió, ahora somos otra cosa. Y vuelvo a repetir que entiendo la actitud de la prensa y las aficiones, pero pienso sinceramente que el Sevilla como club debería tener otra diferente. Una actitud respetuosa y señorial, eso siempre, pero manteniendo su sitio. El que tenemos ahora. El que nos hemos ganado. El que ellos mismos, los dirigentes, se han ganado a lo largo de los últimos años.

A mí esto de #ElGranDerbi me parece hacerles el juego a nuestros rivales. Motivarles, ponerles a una altura que no se han ganado, y nosotros sí, y ayudar a que se conviertan en mucho más peligrosos de lo que realmente son. No me gustan los derbis, no me gusta la que se forma alrededor de cada derbi y no me gusta la actitud que está teniendo el Sevilla al respecto. Que sí, que el raro soy yo, pero no me gusta. Creo que somos mucho más de lo que estamos pareciendo en estos días. 


jueves, 1 de septiembre de 2016

Nasri: ¿Un modelo de gestión que salta por los aires?

Vaya por delante que, para mí, el hecho de que un jugador del nivel y el prestigio de Nasri quiera venir al Sevilla me parece una verdadera pasada y una muestra más del espectacular crecimiento del club en los últimos años. Esto, hace una década, era impensable. Que un jugador de esa categoría internacional sufra un año malo, pierda el sitio en su equipo y considere al Sevilla el lugar ideal para relanzar su carrera es una cosa que a quienes hemos vivido la época del "otro año igual" y todo lo que vino a continuación nos parece alucinante. Es para estar orgulloso de hasta dónde ha llegado nuestro equipo, pero como la autocomplacencia no es precisamente lo que nos ha traído hasta aquí, sino más bien todo lo contrario, no podemos dejar de ser realistas. Yo al menos no, y tengo que reconocer que en este bonito paisaje veo un feo nubarrón.

A ver, por mucho que el Sevilla haya crecido en los últimos tiempos, es evidente que Nasri no es un jugador para nosotros. La ficha que cobra ese futbolista está fuera de nuestro alcance. Incluso, la mitad de la misma también lo estaría. De hecho, se dice que el Sevilla se hará cargo solo de un tercio de ella, y aun así será uno de los jugadores mejor pagados de la plantilla, si no el que más. Y, oye, que está muy bien que hayamos sido capaces de "engañar" al Manchester City para poder disfrutar de este futbolista durante un año (esperemos que sea eso, y no sufrirlo), pero las cosas no cuadran, las mires por donde las mires. Y aunque, debido a los problemas de comunicación del Sevilla, yo ya me estoy acostumbrando a no entender algunas decisiones, pero aceptarlas porque intuyo que no se han explicado bien (de tantas veces como este tipo de cosas están ocurriendo en los últimos tiempos), voy a explicar por qué este fichaje no me cuadra. Por qué considero que no es propio del Sevilla. Por qué me chirría, en definitiva. 

El éxito del Sevilla en lo que llevamos de siglo y el motivo por el que somos un club admirado en el mundo del fútbol se basa en un modelo de gestión que consiste en comprar barato a jugadores en un momento inicial o intermedio de su carrera y venderlos caros cuando dicha carrera se encuentra en un punto álgido, obteniendo una plusvalía que compensa el hecho de que los presupuestos del club son deficitarios según ingresos corrientes y necesitan de esas ventas para cuadrarlos. Esto permite al Sevilla competir a unos niveles muy superiores a su verdadera dimensión, sin arruinarse a los pocos años. No me voy a poner ahora recitar ejemplos de jugadores que han contribuido al crecimiento del club en los últimos años en base a este modelo de gestión porque todos los conocemos de sobra. Pero es evidente que Nasri no cuadra de ninguna de las maneras en dicho modelo. Como tampoco lo hace Kranevitter, por poner un ejemplo, aunque lo de Nasri es mucho más llamativo por su edad y por su coste salarial. Porque tú puedes tener la esperanza (ingenua o no) de que el argentino, por la razón que sea, acabe quedándose una vez finalizada la temporada y, dado que es muy joven, pueda entrar en esa rueda en la que se basa el modelo. Pero con Nasri, eso es imposible, tanto por coste como por edad. El caso es que el año pasado se hizo algo parecido con Llorente, y la cosa acabó en fracaso. ¿Qué pasa? ¿Que estamos viendo el principio del fin de ese exitoso modelo y que puede que el Sevilla cambie de política en los próximos años?

Evidentemente, no. No lo creo para nada.

La explicación que yo encuentro para este caso, y esto es no es más una intuición mía que me apetece compartir, es que esto es una consecuencia de lo ocurrido con Konoplianka. 

El ucraniano era el jugador mejor pagado de la plantilla, pero su rendimiento no era acorde a ello y, lógicamente, un club como el Sevilla no se puede permitir pagar una ficha así para tener al jugador en el banquillo y que salga como revulsivo en los segundos tiempos. La duda estaría en si darle una nueva oportunidad y dejarlo un año más en la plantilla, o no. Sampaoli, el nuevo entrenador, decide que quiere verle jugar y competir. De hecho, le pone en varios partidos de pretemporada, pero cuando llega la hora de la verdad, le deja fuera. Yo no estoy dentro del club, pero no hay que ser muy lumbrera para comprender lo que pasa. Eso aparte de las declaraciones del jugador en su país, mostrándose disconforme con su situación, que estas cosas ya sabemos que suelen ser la antesala de una salida. Salida que se produce en los últimos días del mercado, ya sin tiempo para encontrar un sustituto cuyas características se ajusten a lo que se necesita y a los parámetros del modelo de gestión, y se opta por cubrir esa plaza con un jugador de gran nivel, pero cedido, sólo por un año, de manera que para el próximo venga el verdadero sustituto. El jugador "barato" que se encuentra en una fase inicial o intermedia de su carrera y que puede ser vendido en el futuro para obtener una plusvalía. 

El ahorro de la ficha que no se va a pagar a Konoplianka se puede destinar al tercio (según se dice) que le corresponde al club de la de Nasri. Es una cantidad que ya está presupuestada, con lo que no supone un gasto extra. Y así se cubre la baja del ucraniano con un jugador de una calidad inmensa, aunque está por ver si la explota. Sea como sea, será complicado que rinda menos que lo que lo hizo Konoplianka, de manera que hay poco que perder. Ante una situación así, planteada de este modo, la cesión es la mejor fórmula. Se cubre una baja de la mejor manera posible y se gana tiempo para buscar al jugador que verdaderamente cuadre con el modelo de gestión.

Esto no es más que elucubración por mi parte. No me cabe duda de que en el club saben lo que hacen y que no se van a pegar tiros en el pie. Pero es que estos fichajes tan "extraños" y tan mal explicados llevan a los aficionados a eso: a elucubrar. 

Sea como sea, ojalá Nasri triunfe aquí, relance su carrera y vuelva el año próximo al City dejando aquí un buen recuerdo y, si es posible, algo de plata, que eso es lo verdaderamente importante.

viernes, 26 de agosto de 2016

Sigamos estorbando

Enrique IV fue un monarca castellano que reinó entre los años 1454 y 1474. Es recordado por la Historia como "el impotente", lo cual nadie sabe si es verdad o mentira que lo fuera, pero así se le recuerda porque la Historia la escriben los vencedores y Enrique fue un perdedor. El motivo de ese desprecio se comenzó a fraguar con su primer matrimonio, que le unió a Blanca de Navarra, con la cual se dice que no fue capaz de llegar a consumar, de manera que dicha unión fue anulada por bula papal en 1453. Ya por entonces se rumoreaba acerca de la incapacidad de Enrique. Incluso, se tomó declaración a prostitutas que aseguraron haber tenido relaciones con él, lo cual demostraría que no era problema suyo, sino de su esposa. 

Luego, se casó con Juana de Portugal, hermana de Alfonso V, rey de aquel país, con quien sí que tuvo una hija, llamada también Juana. Pero como la fama de Enrique era la que era, muchos estaban convencidos de que no era hija suya, sino de Beltrán de la Cueva, un noble muy cercano a la reina. De hecho, la comenzaron a llamar "la Beltraneja". Con los años, Enrique llegó a repudiar a su segunda esposa, la cual era acusada de múltiples infidelidades, de manera que las malas lenguas decían que buscaba fuera lo que no recibía en la alcoba. A tanto llegó la mala fama de Enrique y las dudas sobre la paternidad de su hija que, a su muerte, su propia hermana Isabel (la Católica) se apresuró en proclamarse reina, alegando que una bastarda como Juana no podía serlo y que ella era la siguiente en la línea de sucesión. Y la consecuencia fue una guerra civil entre partidarios y detractores de una y de otra, saliendo vencedora Isabel.

Como resultado de todo ello, Isabel la Católica ha pasado a la Historia como uno de los gobernantes más exitosos que ha tenido nuestro país y Juana, simplemente como la Beltraneja. Si la guerra la hubiera ganado el partido de Juana, esta habría sido reina de Castilla (y de Portugal, pues se casó con el rey de este país) e Isabel, simplemente la reina consorte de Aragón, ya que estaba casada con Fernando (el Católico), heredero por entonces de aquel trono. ¿Cuál es la diferencia entre una cosa y otra? La guerra, la victoria y el control sobre lo que decían los cronistas. Los que escribían para la posteridad lo que ocurría en cada momento de la historia. Lo que ocurría o lo que al Poder le interesaba que la gente creyera que ocurría. Los periodistas de la época, por llamarles de alguna manera. 

Esto de que el Poder controle lo que dice "la prensa" ha pasado siempre, bajo las circunstancias de cada momento. Y cuando digo Poder, no me refiero necesariamente a quien gobierna, sino a quien tiene capacidad para ejercer dicho control. En la Edad Media, dicha capacidad solo la tenían los gobernantes y los que estaban cerca de estos, como pasa hoy día en cualquier dictadura. Pero en democracia, en los países libres, ese poder lo puede tener cualquiera con dinero e influencias. Como pasa hoy en día en cualquier ámbito de la vida. Antiguamente, solo los vencedores de las guerras tenían acceso a algo así. Hoy por hoy, no hay que llegar a tanto. No hay que ganar una guerra para tener poder. 

Sea como sea, nunca en la Historia ha habido tanto acceso a la información como hoy en día. En la actualidad, el problema no es tener acceso a la información, como en la antiguedad, sino saber distinguir entre quien te cuenta la verdad y quién te miente y trata de manipularte. A veces es difícil, pero está en nuestra mano. Y como en este blog se habla sobre todo de fútbol y del Sevilla FC, podemos aplicar esta cuestión a ese ámbito. De hecho, ayer se me vino a la mente este tema al ver cómo bramaban los aficionados sevillistas al comprobar, OTRA VEZ, el modo en que se nos ningunea desde la prensa de Madrid, en esta ocasión a cuenta del sorteo de la Liga de Campeones y de los partidos que se van a televisar en abierto.

Igual que, en su época, se trató de convencer a todo el mundo de que Enrique IV era impotente para convertir a su hija en bastarda y, de esa manera, que Isabel pudiera llegar al trono, hoy en día, en lo referente al fútbol español, se intenta anular todo lo que pueda ensombrecer la estrella de los grandes del balompié patrio. De los que tienen poder en este ámbito. Esto es sencillo de entender. Hablando mal y pronto, Real Madrid y Barcelona son algo parecido a una casa de putas, cuya horrorosa gestión les lleva a dilapidar dinero a espuertas, lo cual queda oculto detrás de campañas de comunicación y de lavado de imagen. Son clubes que han sido sancionados por la UEFA, que han sido condenados por Hacienda, que aparecen constantemente en las noticias por motivos judiciales y a quien mucha gente llama abiertamente "mafia" porque sus comportamientos son bastante propios de este tipo de organizaciones. Pero son gente con poder, que tienen medios de comunicación a su disposición y que los utilizan para ese lavado de imagen continuo que tienen que llevar a cabo.

Evidentemente, un club modélico en su gestión como el Sevilla es un verdadero estorbo en este empeño del que hablo, de manera que somos alabados en el resto de Europa, pero ninguneados en nuestro país, lo cual encabrona al aficionado, como no puede ser de otra manera. 

Pero ya no estamos en la Edad Media. Ya no es la época de Enrique IV, Juana la Beltraneja, Isabel la Católica y los cronistas controlados por el Poder. Ahora, el Poder lo tenemos nosotros. O lo podríamos tener, si nos organizásemos como consumidores y dejásemos de eso, de consumir lo que estos medios podridos nos ofrecen. Sea como sea, somos libres de elegir a quién hacemos caso y a quién no. Afortunadamente, hay medios y periodistas muy buenos, más allá de coincidir o no con ellos en las opiniones que de cada asunto expresen. Incluso, muchos de esos periodistas buenos están empezando a rebelarse contra sus propios compañeros. Contra quienes están haciendo que se pudra su profesión. De manera que, entendiendo perfectamente la reacción de tantos y tantos ante este ninguneo que sufrimos, hoy en día lo tenemos sencillo. Basta con quedarnos con quienes nos ofrecen informaciones veraces y análisis serios. Basta con ser críticos y pasar de quienes se empeñan en engañarnos. Y quien se quiera dejar engañar, es su problema. Que sigan retozando en la mierda cual cochino feliz, que nosotros sabemos lo que somos y lo que queremos. 

Siempre lo hemos dicho. Sevilla somos nosotros y estamos solos. No deberíamos sorprendernos cuando pasan estas cosas. Y, aunque veo bien que se denuncie para que quede constancia, no deberíamos pasar de ahí. Concentrémonos en lo nuestro, que lo que tenemos en adelante es de lo más estimulante, y sigamos nuestro camino. Sigamos creciendo. Sigamos estorbando.

jueves, 18 de agosto de 2016

Los lococoñistas

Se habla poco del lococoñismo de la afición del Sevilla. De parte de la afición del Sevilla. Bueno, en verdad, se habla mucho, pero más haría falta. Bastante más. Habría que coger a más de uno y decirle "mira, tío, eres una loca del coño. Tómate un trankimazin y duerme un poco, por favor. Y luego, una vez relajado, piensa, haz memoria, recuerda de dónde vienes y adónde has llegado. Reflexiona, pon los pies en el suelo, analiza lo ocurrido con un mínimo de objetividad y saca conclusiones".

En verdad, esto no vale para nada. Un lococoñista no es capaz de hacer eso. Seguro que mucha gente cabreada puede reflexionar en frío y sacar dichas conclusiones, pero un lococoñista, no. No tiene esa virtud. Tendrá otras, pero no esa. Y en la afición del Sevilla hay muchos de ellos. Es algo que no tiene remedio y con lo que hay que vivir. Que convivir. No son ni mejores ni peores sevillistas, cada uno lleva su sentimiento como mejor le place, pero son así y cuando una persona es así, poca solución queda. 

Lo que más me molesta de los lococoñistas es que te hablan como si tú fueras gilipollas. Ellos tienen la verdad absoluta y si no la compartes, una de dos: o eres un simple ignorante o te colocan la típica etiqueta, el típico sambenito, no sé, cosas como conformista, oficialista, vendeburras, recopilador de excusas..., lo que sea. Llegados a este punto, es mejor darse la vuelta y marcharse porque hay pocas cosas más inútiles (aparte de indignantes) que discutir con un ignorante que cree que lo sabe todo. Porque, en muchos casos, las afirmaciones que hace el lococoñista dan vergüencita ajena a cualquiera que tenga un par de dedos de frente. Pero, para ellos, esa es la verdad absoluta y tú eres tonto. Para darse la vuelta e irse, ya digo. Es lo mejor.

Otra cosa de la que es incapaz el lococoñista es de comprender que entre el blanco y el negro hay una inmensa gama de grises. Su mente es binaria, o cero o uno, no hay término medio, no hay justificaciones ni atenuantes. Todo lo que no sea un extremo u otro, son excusas. Que al lococoñista le encanta esa palabra: excusas. Es una palabra peyorativa para ellos. Si intentas entablar una conversación con un lococoñista y expones tus argumentos para que él te dé los suyos y así poder debatir, te dirá que todo lo que dices son excusas porque su verdad no es debatible. Es verdad y punto. O le das la razón, o eres gilipollas, aparte de ignorante, vendeburras..., en fin, eso. Que no me voy a repetir. 

Sinceramente, yo estoy hasta los huevos del lococoñismo. Hace ya mucho que huyo de ellos como de la peste bubónica. Para mí, son un martirio, un sinvivir. En ese hábitat en el que tan cómodos se sienten como es Twitter, uno no puede hacer un comentario sin que te aparezcan lococoñistas como de debajo de las piedras a contestar una pamplina tras otra, cada uno la suya, la que tiene memorizada y repite cual lorito enjaulado, aunque no tenga nada que ver con lo que has dicho. Hay veces que está uno leyendo el TL y se compadece de otros tuiteros que han dicho algo y es a ellos a quienes les saltan. Incluso, dan ganas de decirles que no entren al trapo porque, por educación, el tuitero en cuestión les responde, tratando de argumentar, lo cual no vale para absolutamente nada. Como decía antes, para el lococoñista, los argumentos no son más que excusas para enmascarar la única verdad. La absoluta. La única. La suya. 

Si tú, que lees esto, eres capaz de criticar despiadadamente y luego rectificar cuando compruebas que estabas equivocado, no te sientas aludido. No eres lococoñista. No en la acepción que yo me he inventado. Porque al lococoñista no le duele en prenda echar espumarajos por la boca y poner a caer de un burro a quien sea o a lo que sea y luego esconderse bajo su piedra cuando ve que nada de lo que dijo se cumple, mientras espera a que algo salga como él predijo para volver a salir y mostrar al mundo uno de sus dos estados naturales: la histeria. El otro es el silencio. La hibernación, casi se podría decir. 

El lococoñista no tiene criterio, ni argumentos ni capacidad de debatir. No le importa contradecirse a sí mismo y criticar lo que antes reclamaba y viceversa: reclamar lo que antes criticaba. El lococoñismo es un estado de ánimo, una forma de ser, una manera de vivir la vida. Es un todo está mal si no se hace como yo digo y tú eres tonto porque no piensas como yo. Si te encuentras con alguno de ellos, tienes dos opciones: o darle la razón mientras piensas cómo hacerlo para salir por patas, o salir por patas directamente. Si no lo haces, te pondrá la cabeza loca. Pero loca, como la tienen ellos: loca del coño.

Así que no lo dudes. Huye. No lo pienses y actúa. Huye.

miércoles, 10 de agosto de 2016

En el descuento no se juega

La RAE, en su primera acepción, define la palabra pragmatismo de un modo claro y contundente: "preferencia por lo práctico o útil". Así, sin más, sin rodeos ni alharacas. El pragmatismo es algo que yo he aprendido a base de palos a lo largo de lo que llevo de vida. Durante mi adolescencia y mi juventud, al igual que la inmensa mayoría de adolescentes y jóvenes, yo fui idealista y soñador, pero la vida, la experiencia, acaba por ponerte las cosas en su sitio y, a pesar de no perder mis valores y mi forma de entender el mundo, he acabado comprendiendo que ser pragmático, concentrarte en lo práctico y en lo útil, te hace ahorrar esfuerzos y aumentar las posibilidades de éxito. Y eso es algo fundamental cuando tu capacidad de esforzarte no te da para todo lo que tienes que sacar adelante y cuando hay otras personas cuya subsistencia depende de ti y de tu habilidad para convertir en éxito el resultado de dichos esfuerzos. 

Y es curioso porque, cuando acabas por convertirte en una persona pragmática, esa forma de hacer las cosas y de comportarse se extiende a todos los ámbitos de tu vida, sobre todo porque es algo que te la facilita. Y como yo aquí he venido a hablar de fútbol y ayer a mi equipo le pasó lo que le pasó, me voy a entretener hablando de cómo el pragmatismo también se puede aplicar a la cosa más importante de entre todas las cosas que no son importantes. 

Una de las cosas que consigues aplicando el pragmatismo en la vida es ahorrar tiempo. No perderlo en cosas que no llevan a ninguna parte y emplearlo en otras que te acercan a lo que buscas, evitando de ese modo discusiones estériles. En referencia a lo ocurrido ayer, yo puedo decir que a mí me gustó muchísimo el juego del Sevilla, sobre todo en el segundo tiempo, y alguien me lo puede rebatir, argumentando que es que a él no le parece bien que el equipo juegue de esa manera. Bien, si quien lee esto es de los que piensan de ese modo, más le vale bajarse aquí y emplear su tiempo en algo más productivo, si es que el pragmatismo también le guía en su toma de decisiones. Porque la realidad dice que el Sevilla va a jugar de esa manera este año, ya que se ha fichado a un entrenador cuyo estilo es innegociable y se le ha armado un equipo pensado exclusivamente para llevarlo a cabo. Nos podemos poner ahora a discutir si somos más menottistas o bilardistas. Si somos más guardiolistas o cholistas. Podemos, claro que sí, pero yo paso. Mi pragmatismo me lo impide. La realidad es que el Sevilla de este año está pensado para jugar de una manera y todo lo que no sea hablar bajo esa premisa es una pérdida de tiempo. Que esto no quiere decir que no respete la opinión de quien piensa que no se debería jugar así. Ni muchísimo menos, en absoluto. La respeto profundamente y puedo llegar hasta a compartirla en según qué aspectos. Lo que quiere decir es que no me voy a enredar en una discusión estéril que no lleva a ninguna parte. No voy a perder el tiempo en algo inútil. Ya saben, pragmatismo, preferencia por lo práctico y lo útil. Pues eso. 

Bien, pues llegados este punto, creo que el debate interesante se centra en cómo ha desarrollado el Sevilla el estilo que su entrenador quiere implantar en el primer partido serio que disputa desde la llegada de este. Pero serio de verdad: la disputa de un título europeo ante todo un Real Madrid, que, por mucho que no pudiera contar con sus dos mejores jugadores, no deja de ser todo un Real Madrid. Y, en este sentido, tengo que reconocer dos cosas. Primero, que yo estaba acojonado, que no tenía ni idea de si íbamos a ser capaces de competir a estos niveles y mucho más cuando vi que Sampaoli no se cortaba un pelo y plantaba una defensa de tres, cuando en los últimos amistosos se decidió por la de cuatro. Y, segundo, que me quedé gratamente sorprendido al ver que, no sólo sí que éramos capaces de competir a ese nivel, sino que, incluso, en el segundo tiempo, llegamos a pasar por encima de nuestro rival, empleando ese estilo nuevo que se quiere implantar. Si con poco más de un mes de entrenamientos el equipo es capaz de hacer lo que hizo en la segunda parte del partido de ayer, creo que es natural ilusionarse con lo que puede venir cuando, poco a poco, vayan consolidando conceptos y asentando esa nueva forma de jugar. A ratos quedé maravillado con lo que era capaz de hacer mi equipo ante todo un Real Madrid, dominándole de cabo a rabo y mandando en el partido. Claro, el problema es que se trató de un dominio sin demasiada profundidad y, de hecho, aunque la posesión fue abrumadoramente para el Sevilla, las mejores ocasiones cayeron del lado del Madrid. Aun así, el equipo tampoco defendió mal, todo lo contrario. Me sorprendió lo bien que lo hizo, pensé que sería bastante peor en ese sentido..., hasta el fallo garrafal que propició el gol del empate.

Y ahora es cuando debemos volver a aplicar el pragmatismo. Ese tipo de fallos son absolutamente normales a estas alturas del verano. A cualquier equipo le puede pasar. A cualquiera. Estamos en pretemporada y las pretemporadas están para eso. Lo que pasa es que, esos fallos, a unos equipos les cuesta perder un Colombino, un Carranza o un Trofeo del Olivo, y a otros nos cuesta una Supercopa de Europa, depende de lo que cada uno juegue a primeros de Agosto. Porque ayer, no es que el Sevilla compitiera en condiciones con el nuevo estilo de juego, habiéndolo entrenado solamente durante poco más de un mes, sino que estuvo a punto, A PUNTO, de traerse la Supercopa de Europa para casa, y no lo hizo, no por haber jugado mal, sino, como digo, por cometer errores garrafales que pueden ser propios de las fechas en las que estamos.

Que pueden ser propios...

Pueden, sí, porque aquí también podemos aplicar el pragmetismo. O, mejor, exigir que se aplique, que una cosa es ser fiel a unas ideas y otra, hacer el carajote. Vamos a ver, empeñarse en aplicar un estilo de juego basado en ser protagonistas de los encuentros, dominarlos, tener el control de la posesión, jugar el balón en cualquier parte del campo y presionar al rival arriba para recuperarlo tras la pérdida no está reñido con matar un partido en el banderín del córner o pegar un patadón en el minuto 93 para alejar el balón de la portería propia. Eso también es pragmatismo. Eso también es centrarse en lo práctico y en lo útil. Práctico y útil para acabar llevándote el premio que te has trabajado durante todo un partido a base de aplicar el estilo de juego al que quieres ser fiel. Que lo cortés no quita lo valiente, joder. Repito, que una cosa es ser fiel a unas ideas y otra, hacer el carajote. 

Y ayer, mucho me temo que perdimos la final por hacer el carajote.

Por cierto, de este análisis excluyo la prórroga, porque sería injusto juzgar al equipo del mismo modo que durante los 90 minutos, después de encajar un gol en el descuento, de sufrir una expulsión y de tener cojo a uno de los jugadores que te quedan. Y, aun así, casi llegamos a los penalties. 

Como decía antes, y a pesar de que el de ayer era un partido oficial, lo cierto es que estamos en pretemporada. Y las pretemporadas están, entre otras cosas, para cometer errores y corregirlos. Ayer se cometieron errores, unos muy vistosos y otros que habría que ser experto analista para ser capaz de apreciarlos, aunque para eso están los técnicos. De hecho, yo creo que la final la perdió el Sevilla, después de haberla tenido ganada. Fuimos protagonistas en el partido para lo bueno y para lo malo. Nos guisamos la victoria empleando nuestro nuevo estilo y luego le pegamos una patada al caldero, tirándolo todo por el suelo. Y espero, sinceramente, que el equipo y el cuerpo técnico aprendan de lo ocurrido y que no vuelva a ocurrir, porque como vengo diciendo, una cosa es ser fiel a tus ideas y otra, hacer el carajote. Y en el descuento no se juega, joder. En el descuento no se juega. 

lunes, 8 de agosto de 2016

Ojalá pudieras ver esto, abuelo.

¿Qué pasa, abuelo? ¿Cómo va todo por ahí arriba?

Supongo que ya estaréis todos engorilaos perdidos, esperando la hora a la que empieza el partido, ¿no? Igual que aquí, más o menos. Yo, como siempre, me acuerdo de ti cuando se acerca un partido del Sevilla. Fuiste tú quien me metiste este veneno en el cuerpo, ¿qué quieres? Me acuerdo de ti en cada puto partido que se juega y cuando los veo, siempre hay un sitio vacío a mi lado. El tuyo. El que deberías ocupar tú. Eso es sagrado. Mi mujer piensa que lo hago así porque prefiero tener espacio para poder moverme en libertad y así aplacar los nervios, pero no es por eso. Supongo que todos tenemos cosas dentro que no compartimos con los demás. No hago daño a nadie manteniendo en casa ese pequeño secreto, y a mí me hace feliz.

De todos modos, ahora hay un pequeño sevillista que se empeña en ocupar tu espacio. Hablo de tu bisnieto. Ojalá le hubieses conocido, valiente friki del fútbol está hecho, con solo siete años. El tío se mete en Youtube y se traga todo lo habido y por haber sobre el Sevilla. Mete en el buscador "goles del Sevilla" y se lo ve todo, lo actual, lo de hace unos años o lo de décadas atrás. Igual te habla de quiénes marcaron los goles en el último partido, que del golazo de chilena de Chevantón al Real Madrid hace diez años o de lo bueno que era Davor Súker, para después preguntarme "¿tú qué edad tenías cuando jugaba Davor Súker, papá?". 

Que yo te cuento esto como si tú supieras qué es Youtube, quién es Chevantón y hasta Súker, que no lo llegaste a conocer. Cuando tú te fuiste, al Sevilla lo entrenaba un tal Manolo Cardo y estaba plagado de canteranos. Desde veteranos como Antonio Alvarez o Curro Sanjosé, hasta jovencitos como Ricardo Serna, Manolo Jiménez o Francisco. Qué bueno era Francisco, eh. Fue a un Mundial con la selección española y todo, pero, incomprensiblemente, no llegó a ser en el fútbol lo que debería de haber sido, teniendo en cuenta su calidad. Por cierto, que si te gustaba Francisco, tendrías que haber visto a otros que vinieron después para ocupar su puesto. Bengoechea, Renato, Banega..., este año hemos traído a un tal Ganso, que si es capaz de explotar, creo que nos vamos a divertir con él una verdadera barbaridad. 

Ojalá estuvieras aquí para poder ver lo que yo estoy viendo en estos últimos años, abuelo. Fíjate, yo que tanto te envidiaba porque tú sí que habías visto al Sevilla ganar cosas. Una liga y tres Copas. Y no sólo eso. Aparte, varios subcampeonatos, tanto de una competición como de la otra, y hasta una participación en la Copa de Europa. Tú que me decías, "¿que Buyo es bueno? Tú no viste jugar a Busto". Ni tú a Palop, abuelo. Que igual te metía un gol que salvaba una eliminatoria, que te paraba los penaltis que hicieran falta para acabar ganando el título. Porque si tú viste al Sevilla ganar cuatro títulos, yo ya llevo..., espera, que los tengo que contar, que es que son tantos..., yo ya llevo nueve, abuelo. ¡Nueve! ¿Quién me lo iba a decir por aquel entonces? ¿Recuerdas cómo celebraste aquel 4-0 contra el PAOK de Salónica en la UEFA? Joder, habíamos perdido por 2-0 allí y en la vuelta, en el Sánchez Pizjuán, les metimos cuatro. ¡Cuatro! Ahí, tirando de épica para meternos en octavos de final. Luego llegó el Kaiserlautern alemán y nos mandó para casa, pero aquel partido contra los griegos pasó a la historia. Ya ves. A la historia. Con eso nos teníamos que conformar. ¿Cómo no te iba a tener envidia, joder? ¿Cómo no me iba a preguntar si alguna vez en mi vida vería una mínima parte de aquella grandeza? Una mínima parte, con eso me conformaba. 

Que si algún día lo vería, me preguntaba...

Ojalá estuvieras aquí para verlo, abuelo, de verdad. Tú, que llorabas cuando el Sevilla metía un gol en un mísero Carranza..., si vieras esto que yo estoy viendo ahora...

Fíjate, ahora nos toca jugar la Supercopa de Europa. El título que se disputan entre el vencedor de la Liga de Campeones (la Copa de Europa) y de la Europa League (la Copa de la UEFA) Joder, con lo que celebramos aquel pase a octavos contra los griegos..., ahora somos pentacampeones de esa competición. ¡Pentacampeones! Cinco veces la hemos ganado. Somos el equipo que más veces lo he hecho en la historia, con dos de diferencia sobre Liverpool, Inter de Milán y Juventus. Somos el único equipo en la historia que la ha ganado tres veces consecutivas. ¡Tres veces consecutivas, abuelo! Que la propia UEFA nos ha dado un distintivo para poder lucirlo en la camiseta. Si lo hubieras visto, joder. La última se la ganamos al propio Liverpool. Sí, sí, a los ingleses. En el primer tiempo nos fue regular, pero en el segundo, pasamos por encima de ellos. Qué barbaridad, qué rápido se dice eso, ¿eh? Pasamos por encima del Liverpool, les ganamos una final continental y alzamos nuestra quinta Copa de la UEFA. Y yo te tenía envidia a ti. Joder, de verdad, si pudieras verlo. Bueno, aunque tú al menos viste al Sevilla ganar cosas, que tu hijo, mi padre, se murió el pobre con el contador a cero. Quizás por eso él era menos entusiasta con el fútbol que tú. Quizás él no se creía tanto eso de que el Sevilla es un equipo grande y campeón porque nunca lo vio y nadie aprende por cabeza ajena. Pero tú sí, ¿verdad? Tú me lo decías a mí y yo, con mi mentalidad de niño de aquella época, me lo creía todo. No te imaginas la de veces que hice al Sevilla campeón de cualquier cosa en el PC Fútbol cuando tenía menos edad y el equipo de verdad vagaba por Segunda División. Por Segunda División, me cago en la puta. No tenía bastante con la frustración de no verle campeonar nunca, que, para colmo, se nos fue a Segunda División. "No hay dinero ni para balones", decía el presidente de entonces. Quién me iba a decir a mí lo que iba a venir después. Madre mía, quién me lo iba a decir. 

Tu bisnieto ya lo tiene todo preparado para ver el partido. Ha obligado a su madre a lavarle la equipación para que esté lista y así poder ponérsela. Yo me pondré la mía también, claro. Que yo no soy mucho de estas parafernalias, pero por un hijo se hace cualquier cosa, ¿verdad? Luego cogeremos las bufandas y las extenderemos en el respaldo del sofá, por encima de nuestras cabezas. Por cierto, el sofá es de tres plazas. Una para mí, otra para él y otra quedará vacía..., para ti, claro. Y a ver qué pasa. Este año hemos hecho un equipo muy curioso. Sobre el papel, hay calidad para reventar a cualquiera y tenemos un entrenador valiente al que se la pela el rival que haya por delante y ordena a su equipo que vayan a por ellos como no hubiese mañana. Sí, ya, nos puede caer un saco, sobre todo teniendo en cuenta que el rival es el Madrid, pero, como bien dice el propio entrenador, el Madrid también le mete un saco a los equipos que se encierran, por lo que, ¡qué coño! vamos a por ellos y si hay que morir, muramos matando. Con dos cojones.

A mí me gusta mucho esa actitud. Este tío no es un cantamañanas que dice cosas así y luego palma en todos los campos. Este tío viene de jugar de ese modo en otros lugares y, no solo de ganar títulos, sino hasta de convertirse en un personaje histórico en esos lugares. Es la primera vez que entrena en Europa, pero viene de triunfar abrumadoramente en América. No es un cantamañanas, ya te digo, y por eso la afición está que se sube por las paredes de la ilusión. Y muy acojonada también, para qué engañarnos, pero con la ilusión tan desbordada que se ha agotado en papel en las taquillas. Ya no hay abonos disponibles para esta temporada. Lleno total, imagínate. 

Joder, abuelo, cómo me voy a acordar de ti viendo este partido. Y de abuela también, de tu mujer. Con lo poco que le gustaba el fútbol, que siempre andaba protestando, fue marcharte tú y comenzar a prestarle atención. Te echaba de menos, claro, y el fútbol que tanto te gustaba era una forma de acordarse de ti. No es que viera los partidos, para nada. Pero todos los domingos, cuando íbamos a verla, siempre me preguntaba "¿cómo ha quedado el Sevilla?" y cuando le decía que había ganado, apretaba el puño y murmuraba "¡bien!". De verdad te lo digo, cuando alguien me pregunta qué es el sevillismo, le explico esto. El sevillismo es el sentimiento que tienes al evocar algo a lo que amas o has amado. No es fútbol. Mi sevillismo no es por el fútbol. ¿Cómo lo va a ser, si ya era sevillista cuando éramos un mojón, futbolísticamente hablando? No, para mí, el sevillismo eres tú y ver que hay otra gente que siente lo mismo gracias a otras personas y otros motivos. Eso es el sevillismo y eso es lo que lo diferencia de otros deportes. No es simpatía por un deportista o un equipo. Es sentimiento. Por eso también la abuela se hizo sevillista, cuando odiaba el fútbol. ¿Cómo puede una persona que odia el fútbol ser sevillista? Pues porque no es fútbol. La abuela te quería y, por eso, quería al Sevilla. Qué cosas, ¿eh? ¿Sabes que poco antes de morir dijo que ya le daba igual de todo porque había sido muy feliz en la vida? Que a pesar de los sinsabores y los problemas, había sido muy feliz. ¿Puede haber mejor manera de morir, joder? Y todavía cuando estaba ya postrada y todos sabíamos que de allí ya no se levantaba, cuando llegaba el domingo, iba y preguntaba "¿cómo ha quedado el Sevilla?" Y odiaba el fútbol, la madre que la parió. La madre que os parió a los dos, cabrones. que esto que me habéis metido dentro ya no hay dios que lo saque. Y, para colmo, se lo he traspasado a mí hijo. Bendito vicio. Bendito sentimiento.

Y ahora nos toca la Supercopa, ya te digo. La de Europa, que luego viene la de España, que esa también la jugamos este año. Y yo la veré con mi hijo y con tu recuerdo y el pinchazo en el corazón no habrá quien me lo alivie, sea cual sea el resultado. Por orgullo y por amor a unos colores, que no son los colores propiamente dichos, sino lo que representan. Porque ¿sabes una cosa? Mi mayor ilusión es que mi hijo, cuando pasen unas décadas, hable de mí como yo hablo ahora de ti. O como lo hacía mi abuela, tu mujer. Eso es el sentido de la vida. El fútbol no es importante. El sevillismo es un sentimiento. Es una forma de sentir. Es una de las miles de maneras que puede haber de expresar lo que sientes por alguien a quien has admirado hasta el punto de considerarlo un referente en la vida. Como me pasa a mí contigo. Como ojalá algún día le pase a mi hijo conmigo.

Ya, ya lo sé. Ya le está pasando. Y eso sí que es un orgullo.


martes, 2 de agosto de 2016

El salto

Hace ya un buen puñado de años, cuando era bastante más joven y, a pesar de negarme a reconocerlo, tenía las ideas de todo menos claras. comencé a leer uno de esos libros de autoayuda que escriben ciertos gurús iluminados (distintos a los futbolísiticos) con la supuesta idea de que gente que anda perdida por el mundo encuentre un asa donde agarrarse y poner un poco de orden en su vida. 

Dos páginas me duró. 

Me pareció una monumental tomadura de pelo. Yo interpreté aquello como que un tío que no me conoce de nada se dedica a escribir obviedades, a adornarlas con alguna que otra palabra de poco uso para darle un toque intelectual y con ello pretende darte una lección magistral, no ya sólo de cómo tienes que pensar, sino incluso sobre de qué modo vivir tu vida. 

A mí es que me parece absurdo tener que sonreír siempre o plantearte cualquier cosa de un modo positivo. Joder, habrá momentos en los que no te apetezca sonreír y prefieras irte a un rincón a despotricar y cagarte en todo lo que se menea. Y no pasa absolutamente nada, como tampoco pasa nada por abandonarte a la desesperación cuando las cosas te salen mal. ¿Por qué coño hay que tomarse las cosas de manera optimista cuando el mundo se está derrumbando a tus pies? Todos pasamos por momentos buenos y malos y cada cual se toma las cosas en función de sus circunstancias. No hay remedios magistrales para los males de cada uno y quien te quiera hacer creer que es así, simplemente está tratando de engañarte. 

Bueno, eso creo yo, que cada cual piense lo que le dé la gana. 

Cuento esto porque me ayer mismo me acordé de aquel panfleto que apenas empecé a leer. Y me acordé después de escuchar otra de esas frasecitas que tanto le gusta a tanta gente. En twitter hay multitud de cuentas que se dedican a dar este tipo de lecciones de vida. Y lo peor es que las siguen miles de personas. En fin, allá cada cual. La frasecita a la que me refiero decía algo así como que "lo importante no es el destino, sino disfrutar del camino".

Lo de disfrutar del camino te lo puedo llegar a comprar. De algún modo, es cierto que el día a día hay que "disfrutarlo" de la manera que se pueda porque los días que se van ya no vuelven y todas esas cosas. Pero, no me jodas, ¿que lo importante no es el destino? ¿Que el destino no es importante? Llevando las cosas al extremo, que así es más fácil comprender las ideas de base, tú no le puedes decir a un pobre judío que va a ser asesinado en una cámara de gas que, en el fondo, el destino que le espera es lo de menos y que disfrute mientras este llega. No, vamos a ver, el destino final es importante. El objetivo que pretendes alcanzar, me refiero. Uno tiene que saber, aunque sea a grandes rasgos, qué quiere conseguir, adónde quiere llegar, y elegir el camino para conseguirlo. Y luego, sí, claro, procura que dicho camino sea lo más entretenido posible, pero, hombre, con una meta concreta en la mente. 

Pues fíjense que, a pesar de que yo no soy antibético y que el equipo de la ciudad fantasma esa en la que ellos viven me la trae al pairo, ayer, al escuchar esa frase, me acordé de ellos. De los béticos. En concreto, de esos béticos que consideran que su objetivo, su meta, el destino al que quieren llegar cada temporada es ganarle al Sevilla. Que sí, que mientras llega el momento o no, tratan de pasarlo lo mejor posible inflando la cifra de socios, ganando la Dresden Cup, guardando escombros en su museo o "salvando" equipos de baloncesto. Que cualquier cosa les vale como título moral, ya lo sabemos. Pero, por muy bien que se lo pasen de esa forma, el disfrute no puede ser el mismo, en la vida, que si el objetivo que te pones es de mayor enjundia. Y fue aquí cuando me acordé de nosotros, de los sevillistas. Nuestro objetivo es diferente, nuestra meta es mucho más grande y lo que disfrutamos nosotros mientras caminamos no tiene nada que ver con lo de nuestros vecinos.

Y no se trata sólo de disfrutar. Lo que acabas consiguiendo cuando te exiges por un objetivo superior es mucho más que si te "conformas" con bastante menos. La mentalidad que adoptas en un caso y otro marca tu devenir y el ejemplo de Sevilla y Betis es demoledor en ese sentido. 

Por cierto, Unai Emery también decía algo de eso de disfrutar el camino, ahora que me estoy acordando. 

Por eso digo que lo de disfrutar del camino lo compro, pero lo de que el destino no es lo importante, para nada. En absoluto. 

Eso sí, lo que tampoco me parece de recibo es tratar de llegar a dicho destino antes de tiempo. El salto, que dicen algunos por ahí. El salto. Que el Sevilla debería de dar el salto. Que debemos de dejar de disfrutar del camino que llevamos, coger carrerilla y saltar, para llegar al destino antes. O eso interpreto yo. Sinceramente, yo no creo en eso de los saltos. No creo que sea buena idea forzar las cosas, cambiar de proceder, comportarse de un modo distinto a como has logrado los éxitos que te preceden. Y mucho menos cuando esto del salto ya se intentó hace unos años y casi nos cargamos la economía del club. Ese salto se intentó dar cuando disponíamos de aquella gloriosa plantilla que lo ganó (casi) todo entre 2006 y 2007. La mejor del mundo, según la IFFHS. Dos veces. Un club con cuentas deficitarias y que necesita vender para equilibrarlas se niega a dejar salir a sus grandes estrellas (aun no siempre consiguiéndolo) porque quiere dar el salto para convertirse en un equipo Champions. El resultado fue el que fue: ruinoso. Y, para colmo, se cometieron importantes errores en fichajes de jugadores y entrenadores. El resultado fue que nos quedamos fuera de Europa durante dos años consecutivos, aunque en el segundo entramos al final y de rebote. Estuvimos a punto de hacer un "SúperDepor", en la parte final del recorrido de esa fase histórica del equipo coruñés. De arruinarnos por completo, vamos. Y recuerdo a Monchi asumiendo sus errores y hablando de volver al principio, a la esencia..., al camino. A dejarnos de saltos y volver a disfrutar del camino. 

Vamos a ver, una de las partes buenas que tiene el paso del tiempo es que te permite ver las cosas con perspectiva. ¿Nos parece poco salto pasar en una década de no llegar jamás a una final a ser pentacampeones de Europa? ¿Qué salto queremos dar? He escuchado a gente diciendo que ese salto debe ser semejante al que ha dado el Atlético de Madrid con Simeone, lo cual a mí me parece una barbaridad. El Atlético de Madrid tiene una dimensión y una capacidad económica muy pero que muy superior a la nuestra, por mucho que el Cholo quiera engañar al personal considerándonos un rival directo. De hecho, lo que Simeone ha hecho con el Atlético de Madrid no es dar un salto, sino devolverlo a su sitio. Los colchoneros siempre fueron el tercer equipo de España, mano a mano con el Athletic en otra época, pero descendieron a Segunda hace unos quince años y les ha costado mucho volver a ser lo que fueron. Por tanto, insisto, ellos no han dado un salto. Ellos han regresado al lugar que les corresponde por capacidad económica y dimensión. El Sevilla, sin embargo, se encuentra desde hace un tiempo en un lugar bastante por encima al que sería el suyo natural en función de esas variables. ¿Más salto queremos dar? ¿Adónde? ¿Al abismo?

El Sevilla tiene un modelo de gestión admirado y respetado en todo el orbe futbolístico, el cual nos está llevando a crecer año tras año, paulatinamente, hasta límites que hace una década eran absolutamente impensables. Aquí vienen jugadores de talla mundial después de rechazar ofertas de clubes que de toda la vida han sido inmensamente superiores a nosotros. (Ben Yedder, el último). Y esto ocurre precisamente en la época en la que hay  más equipos en Europa que nos burrean en lo económico, a la vista del calamitoso reparto de los dineros de la televisión en España (que hanmejorado, pero sigue siendo mucho peor que en otras ligas)

Pero es aquí cuando surge una pregunta que considero importante porque contradice de alguna manera todo esto que estoy diciendo: ¿por qué entonces hay jugadores que se empeñan en irse de aquí siendo todo tan aparentemente bonito? ¿Por qué se quiere ir Bacca a un Milan que ni siquiera iba a competir en Europa? ¿Por qué Gameiro tenía tantas ganas de dejarnos para marcharse al Atlético de Madrid, nuestro "rival directo"? ¿Y Banega? ¿Y...?

La respuesta más contundente es por dinero. ¿Y por qué, entonces, no hacemos un esfuerzo nosotros y les pagamos más? ¿Por qué no damos ese "salto"?

Pues, límites salariales impuestos y fair play financiero aparte, porque no es sólo dinero. Y lo otro, lo que también es, no se consigue de la noche a la mañana. No hay salto que valga en ese sentido, y me explico. 

Jugadores como Banega, como Krychowiak o como Gameiro, después de ganar dos o tres veces la Europa League con el Sevilla y aparte de recibir ofertas estratosféricas de clubes superiores al nuestro, pueden considerar que aquí en Sevilla no es posible aspirar a más. Que han llegado al techo y que para crecer tienen que marcharse. No digo que tengan razón, digo que lo pueden pensar. Al Sevilla aun no le ha dado tiempo a demostrar al mundo futbolístico que puede ir más allá de donde ha llegado ya. Nosotros, los sevillistas, intuimos que sí que podemos, pero eso es porque sabemos de lo que hablamos, ya que llevamos aquí toda la vida. Pero en el orbe futbolístico, al Sevilla se le conoce desde hacer dos días, como quien dice. Y esa mentalidad, esa percepción, no se cambia de la noche a la mañana. No se cambia dando un salto, sino siguiendo un camino. Nuestro camino. El que llevamos recorriendo desde hace un tiempo y que nos está haciendo crecer mientras cosechamos un éxito tras otro.

El Sevilla tiene el privilegio de haber encontrado su piedra filosofal y me parece un despropósito abandonar ese camino. Da muchísima rabia ver cómo tus mejores futbolistas se van a otros equipos año tras año, pero también es cierto que los mejores futbolistas de otros equipos presionan a muerte para venir aquí, año tras año también. Y cada vez son mejores esos futbolistas y esos equipos a los que presionan. Y cada vez son menos los clubes capacitados para hacer que un futbolista de los nuestros quiera salir. Lo que pasa es que si a un PSG, a un Inter, un Barça etc., se le mete entre ceja y ceja que quiere un jugador, es prácticamente imposible retenerlo. Eso es así y siempre lo será, por mucho que crezcamos y mucho salto que demos. Además, es parte de nuestro modelo de gestión. Sin esas ventas, no hay nada que hacer. Otra cosa es que no se sepa explicar bien, pero es que las cosas son como son. 

Por tanto, yo opino que debemos disfrutar de nuestro camino porque el destino que nos hemos marcado es el correcto. Que más que saltar, lo que tenemos que hacer es seguir avanzando. Que no merece la pena poner en riesgo lo que llevamos conseguido. O más en riesgo aún, que el modelo del Sevilla ya es súmamente arriesgado de por sí. Y que hay pocas decisiones peores que las que se toman olvidando quién eres, de dónde vienes, adónde quieres llegar y cuál es el ritmo que te puedes permitir. En el fútbol y en cualquier ámbito de la vida.

jueves, 28 de julio de 2016

Histeria colectiva


"Nunca dejes que la verdad te arruine un buen titular"


Dicen los periodistas honestos que esta es la máxima inquebrantable de los periodistas deshonestos. De los que sostienen que, antes que informar, lo importante es vender. Y aunque yo siempre he comprendido que el periodismo (como cualquier otro negocio) vive de las ventas y las necesitan para sobrevivir, también es evidente que entre una extensa variedad de oferta, el comprador puede elegir entre lo que es de calidad y lo que no (otra vez, como en cualquier otro negocio).

Lo que ya cuesta más comprender es que haya (muchos) compradores que se decanten una y otra vez por lo que no es de calidad, aun incluso sabiendo perfectamente que están adquiriendo algo que vale bien poco, por no decir absolutamente nada. En lo que se refiere al periodismo, algo que es mentira o, en todo caso, una verdad tergiversada. 

Esto siempre ha sido así, pero, en los últimos años, con el auge de las redes sociales, el fenómeno se ha multiplicado, hasta el punto que podemos extrapolar la frase a este ámbito para acabar diciendo algo así como "nunca dejes que la realidad te arruine un buen tuit", lo cual puede llegar a ser bastante certero porque un tuit, por su límite de 140 caracteres, no deja de ser un titular de algo. De lo que sea. Incluso, yo extrapolaría también la función del periodismo, diferenciando entre los verdaderos periodistas, los gurús (simples aficionados con ínfulas y un ego insaciable) y los que son mezcla de ambas cosas. Los verdaderos periodistas se limitan a informar, guste o no guste el contenido acerca de lo que informan. Los gurús no tienen más afán que el de alimentar sus egos, enfermos de un hambre voraz que nunca se sacia. Y luego están los otros. Los que manipulan, tergiversan, enredan y sacan mayúsculas conclusiones de minúsculos detalles, llegando a traspasar con frecuencia la frontera del ridículo y provocando, muy a menudo, la carcajada del personal. 

Lo ocurrido ayer alrededor de la figura de Jorge Sampaoli y el creciente rumor de que le podrían estar ofreciendo nada menos que el banquillo de la selección argentina es un clarísimo ejemplo de esto que estoy diciendo. Hubo periodistas que hicieron su trabajo e informaron de lo que se viene hablando en Argentina en los últimos días en lo que a este tema se refiere. Hubo gurús que se agarraron a estos rumores para atizar sin piedad al club, como suelen hacer continuamente, da igual que se trate de razones importantes o nimias. Y luego están los otros que..., en fin, gracias a algunos de ellos pudimos echar unas buenas risas anoche. 

Pero hete aquí que, en un momento dado, nos llega desde Argentina el audio de una entrevista radiofónica al abogado de Sampaoli. Es decir, el señor cuyas palabras fueron las que lo incendiaron todo. Y cuando digo sus palabras, me refiero a los titulares con los que se encabezaron sus palabras. Titulares que luego se convirtieron en tuits contundentes que dejaron a muchos sevillistas tiritando. Recordemos, "nunca dejes que la verdad arruine un buen titular, y mucho menos un buen tuit". Pero en el audio podemos oír que "a Sampaoli le encantaría dirigir a Argentina, pero la AFA llegó tarde, Jorge tiene un compromiso con el Sevilla y va a cumplir su contrato", lo cual es muy diferente a "Sampaoli no puede dirigir a la albiceleste porque el Sevilla no le deja" o "Sampaoli se queda en el Sevilla contra su voluntad". Y resulta muy curioso que los titulares tendenciosos se repitieran una y otra vez por multitud de frentes y el audio con las palabras completas tuviera que llegarnos a través de tuiteros anónimos. O sea, por personas que no son periodistas ni tienen ánimo de pretenderlo.

Pero, de todo esto, lo que me parece más grave es el hecho de que no aprendemos. Los aficionados de a pie no aprendemos y acabamos sucumbiendo a una especie de estado generalizado de histeria colectiva, atizado por unos que sólo piensan en saciar su ego y otros cuyo objetivo es vender, sin importarles si lo que venden es de calidad o no. Los verdaderos periodistas permanecieron en silencio, o se limitaron a opinar que Sampaoli debería zanjar todas estas historias con una declaración contundente, cosa que, por otra parte, no estaría nada mal. Aunque a mí, con que sea fiel a sus compromisos, trabaje duro y gane cosas me es suficiente. Pero, insisto, una declaración de ese estilo no estaría nada mal. 

Y lo peor es que seguiremos sin aprender. Seguiremos dando pábulo a iluminados que creen estar en posesión de la verdad absoluta y a personajes tendenciosos que, además, tienen el título de periodistas. Seguiremos dando coba a esta caterva y alimentando su ego y/o su cuenta corriente. Seguiremos creyéndonos cualquier cosa, elevándola a verdad definitiva, cuando no tenemos ni idea de lo que se está hablando. Y miraremos para otro lado cuando la verdad, la auténtica verdad, deje con el culo al aire a quienes la tergiversaron. Da igual. No darán marcha atrás. Seguirán inventando y tergiversando y no darán marcha atrás, y todo porque su ejército de adláteres le seguirá dando coba. 

Hablo en primera persona del plural porque yo soy débil y a veces caigo en esa misma histeria. Yo me incluyo, pero también insisto en que deberíamos tomarnos las cosas con más calma. Que todo parece un desastre, cuando nos encontramos en una de las mejores situaciones de nuestra centenaria historia. Precisamente ayer me tuiteaba un compañero sevillista, diciéndome "¿te imaginas si en el verano del 95 hubiéramos tenido twitter". 

No me lo quiero ni imaginar, le contesté. No me lo quiero ni imaginar. 

sábado, 23 de julio de 2016

¿Cláusula o nada? Los problemas de comunicación del Sevilla FC

La segunda esposa de Julio César, el dictador (que no emperador) del Imperio Romano hasta el año 44 a.c., se llamó Pompeya Sila y de ella decían que su belleza competía en intensidad con su falta de seso. Era nieta de Lucio Cornelio Sila, quien también fue dictador romano con anterioridad. Fue un matrimonio evidente de conveniencia, en función de la situación política de la época, la cual no viene al caso, y eso tiene consecuencias. Pompeya atraía las miradas de otros hombres y uno de ellos, un joven patricio llamado Publio Clodio Pulcro, fue acusado de tener una relación con ella, después de haberse disfrazado de señora para colarse en la celebración de los misterios de Bona Dea, una fiesta en la que sólo se permitía acceso a mujeres. El objetivo de Clodio, según cuentan, era acceder a la esposa de César, todos imaginamos para qué. Hubo un juicio y fue absuelto (se dice que sobornando al jurado), pero Julio César, a raíz de ese suceso, decidió romper su matrimonio con Pompeya, y como argumento empleó una frase que pasó a la posteridad:

"La esposa del César no sólo tiene que ser honesta, sino también parecerlo"

Esta frase, ya digo, ha pasado a la posteridad porque es aplicable a muchísimas situaciones y circunstancias. Y a mí hace tiempo que se me viene automáticamente a la cabeza cada vez que algún dirigente sevillista hace una declaración acerca de los rumores de venta de algún jugador. El que sea.

Yo soy de los que piensan (y sé que no soy el único) que el Sevilla tiene un serio problema de comunicación que hace que operaciones brillantes, que deberían hacer sentir orgullo al aficionado, provoquen todo lo contrario: un encabronamiento generalizado que, afortunadamente, es acallado una vez llega mayo y el capitán del equipo levanta la enésima Europa League de nuestra Historia. 

Y es que las operaciones brillantes no sólo tienen que serlo, sino también parecerlo. 

Hablando en román paladino, tú no puedes decir que tal jugador no sale del Sevilla si no es previo pago de la cláusula y luego venderlo por la mitad de dicho importe, por mucho que esa mitad suponga una plusvalía de la hostia y sea muy beneficiosa para el club, para el modelo de gestión del club y para el sostenimiento de dicho modelo, deficitario año tras año según ingresos corrientes y cuyo déficit es enjugado por estas ventas (jugosas, aunque no tanto). Eso convierte una operación brillante en motivo de enfado del aficionado que, al fin y al cabo, es en torno a quién gira este bendito negocio. 

Sinceramente, yo creo que el Sevilla como institución no se expresa en condiciones. Puede que sí en lo que se refiere a los mensajes que interesa que lleguen a los implicados en las operaciones, pero no para el entendimiento del aficionado de a pie. Y es cierto lo que dice Pepe Castro cuando asegura que él no está para contentar a una parte de la afición, sino para gobernar bien el club, pero una buena política de comunicación también debería estar incluida en eso de "gobernar bien el club".

Aquí hay varias cosas que son evidentes. El Sevilla no podría haber contratado a un buen número de jugadores que han venido estos últimos años si Monchi, al venderles lo que él llama la "marca Sevilla", no les dijese que, si lo hacen bien, en dos años darán el salto a un equipo más grande y eso no se refrendase con hechos. Y cuando digo hechos, me refiero a que los jugadores que vienen vean desde el mismo momento que pisan Sevilla que, efectivamente, a los que llevan un tiempo aquí se les facilita la salida cuando tienen ofertas de postín. Y, claro, facilitar la salida es incompatible con agarrarse al pago de una cláusula que, además, es perjudicial para todas las partes, incluido el Sevilla. Porque, remitiéndose estrictamente a la cláusula, y por culpa del tratamiento fiscal de la misma, el Sevilla cobraría menos dinero que arreglando el asunto con un traspaso por un importe inferior. 

Obviamente, si la cláusula es de 40M€, el precio de salida en la negociación es superior que si es de 30M€. Por eso, el invierno pasado se renovó a Krychowiak y se le puso una cláusula superior, aunque luego parece que la venta se produjo por un importe incluso inferior a la que tenía con el anterior contrato. La pregunta es ¿por cuánto se hubiese vendido si el precio de salida en la negociación hubiese sido el importe de la cláusula anterior? Probablemente, por bastante menos. Esto no es más que especulación, pero la idea, el concepto, va por ahí.

Yo creo que una gran parte de la afición ya es consciente de todas estas cosas y sus quejas no son por este motivo. Año tras año, vendemos, remodelamos la plantilla y ganamos cosas. Ganando cosas es mucho más fácil de convencer al personal de la bonanza de un modelo que no haciéndolo, por lo que dicho personal está, en general, conforme con que las cosas se sigan haciendo así. Pero lo que no puede ser, y aquí le doy la razón a quien se queja, es que un día diga el vicepresidente que Gameiro no sale ni por 25, ni por 35 ni por 39, sino por la cláusula y al siguiente salte Castro o Monchi con que ya si eso tal y que lo importante es lo bonita que va a quedar la plantilla a 1 de Septiembre. 

No, eso no puede ser. Yo entiendo que las cosas que se dicen son las que benefician al Sevilla como club, pero eso no puede ser. No se puede encabronar al personal porque si luego el capitán de la plantilla no levanta una copa en mayo (por llevar las cosas al extremo, no tomen esto de un modo literal), pues pasan las cosas que pasan y el mal rollo se apodera de la grada. No se pueden hacer las cosas así y luego pedir el apoyo del sevillismo para lo que sea, como tantas veces se hace. Al sevillismo no hace falta que nadie le pida que apoye al equipo porque a quien se apoya es al equipo, no a quien dirige al equipo. En última instancia, ni siquiera a quien defiende la camiseta del equipo. Al fin y al cabo, las personas vienen y van y quien se queda es el Sevilla (escudo, bandera y afición).

Yo no tengo ni idea de lo que pasará con Kevin Gameiro, pero si sé que vender a un jugador de 29 años por 25 o 30 M€, cuando costó lo que costó y ha dado tres años de éxitos al club, es una operación extraordinaria, pero que, de darse así, quedará como una especie de bodrio, enfadará al personal y dejará a los directivos como mentirosos por segunda vez este verano y por enésima en los últimos años. Y esto no puede ser, porque además es hasta injusto para lo bien que lo están haciendo dichos directivos (o un buen número de ellos).

Yo no sé si esto tiene fácil o difícil solución, pero sí que deberían ponerse a ello. El modelo de gestión del Sevilla es admirado en mundo del fútbol. Debemos sentirnos orgullosos de, gracias al mismo, ser capaces de competir a unos niveles que no se corresponden para nada con nuestra verdadera situación. Es tremendo, alucinante incluso, que jugadores de talla mundial rechacen ofertas superiores para venir a pasar unos años aquí. Esto es lo nunca visto, al menos para los que ya hemos tocado la cuarentena y vivido los años de mediocridad más absoluta. Y lo bueno es que cada vez vamos a más y no paramos de crecer. 

Pero esto se basa en un modelo de gestión cuya piedra angular es que esos jugadores saben que se les facilitará una salida cuando llegue el momento. Todos sabemos que jugadores como Navas, Rakitic, Krychowiak, etc., salieron del Sevilla por cantidades inferiores a lo que marcaban sus cláusulas y nos lamentamos al ver cómo otros futbolistas de menos renombre y palmarés son traspasados por auténticas burradas. Sin embargo, en esto consisten las cosas en el Sevilla. Esa es la base del éxito. Y eso es lo que deben explicar mejor los dirigentes. Ese es el fallo en la política de comunicación que veo en el Sevilla. 

Como decía antes, hace dos o tres días, Del Nido Carrasco dijo que Gameiro no saldría ni por 39M€. Dos días después, Castro reculó y Monchi habló de la belleza de la plantilla. La afición está de uñas con este tema y se teme lo peor, a pesar de saber que, si se va el francés, no pasará absolutamente nada y que vendrá otro que, probablemente, hasta le mejorará. Pero las cosas no se deben hacer así.

Hay otra frase célebre que dice que "si lo que vas a decir no mejora el silencio, mejor calla". Y yo, sinceramente, antes que este baile de palabras contradictorias, prefiero el silencio.

lunes, 13 de junio de 2016

Sampaoli, un loco cuerdo para el banquillo sevillista.

Por @RASAMA_

Soy un enamorado de Sampaoli, técnico que supe de él gracias a aquella U de Chile de los años 2011 y 2012 que maravilló a toda Sudamérica y a mi en particular, aquellos 2 años no me perdía ningún partido de la U, madrugadas mirando embelesado como aquel enano calvito movía a aquellos jugadores, desconocidos entonces, sobre el campo con la única intención de atacar y atacar y si quedaba algo volver a atacar la meta contraria de mil maneras diferentes, era un espectáculo, por suerte ese espectáculo táctico lo vamos a poder disfrutar en nuestra casa, en nuestro Ramón Sánchez-Pizjuán, os aseguro diversión al máximo.

Jorge Sampaoli un enamorado de Bielsa, aunque no es una copia barata de su paisano argentino, tácticamente para mi es mucho mejor y su forma de jugar mucho mas flexible,  a veces mucho mas loca, aunque con una misma filosofía, solo se gana atacando la portería rival.

Es difícil analizar los equipos de Sampaoli, por no decir imposible, no encasillen al de Casilda (Santa Fe) en un sistema o esquema de juego porque os volveríais loco.
Obsesivo, serio en el trabajo, una de sus frases es “con trabajo se consigue todo” estudioso hasta el más mínimo detalle del rival, buscador paranoico de la perfección, obsesionado con tenerlo todo bajo control, minucioso en los entrenos, si algo no sale se repite, se repite y se vuelve a repetir, incansable.
Amante del futbol de ataque, de querer la pelota pero de quererla para ir arriba nada de lo que yo llamo tonti-toque, de un futbol atrevido, intenso, de presión asfixiante arriba, lleva a sus jugadores al límite de lo físico, de atacar y atacar al rival.
No tiene lo que conocemos aquí como un esquema o un sistema de juego, para él por encima de dibujos lo más importante es la filosofía de juego, las formas, sus sistemas de juego son asimétricos, lo mismo parece un 4-1-3-2, que un 3-5-2, cuando crees que has dado con su esquema, te descuelga un lateral, te mete al otro por el centro, te adelanta un mediocentro a falso 9 y te saca un punta a banda y ya te has vuelto a perder, una bendita locura para los amantes del futbol táctico, conforme va leyendo el partido va desordenando al equipo en ataque y ordenándolo en defensa, si los jugadores asimilan toda esa locura, a veces esquizofrénica, el disfrute tanto de ellos como de los que los ven jugar llega a ser mágico. Todo ideado para crear futbol y atacar, para ello utiliza muchas posiciones, mucho movimientos de futbolistas sobre el campo, una de sus “locuras” es poner a mediocentros de central para ganar en salida de balón. Su idea de futbol, la que defiende y ejecuta es pensar mas en mirar la portería contraria que la propia, algo que como hemos dicho antes va mucho mas allá de un dibujo táctico, no tiene miedo a perder en los partidos, todo está pensado y trabajado para la victoria, lo que a veces le lleva a una maravillosa locura de cambios tácticos y movimientos de jugadores, magnífico estratega, mente privilegiada para buscar espacios por donde atacar al rival, si para eso necesita cambiar de sistema o de jugadores 600 veces se cambia, la portería rival siempre es el objetivo.
Una frase suya me gustaría rescatar para acabar, una frase que no queda solo en una frase sino que lo lleva a la práctica “jugamos por un escudo y por una camiseta y ese escudo y esa camiseta hay que defenderla a muerte”.
Disfruten del espectáculo, Sampa ya está aquí.

@RASAMA_

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