jueves, 1 de septiembre de 2016

Nasri: ¿Un modelo de gestión que salta por los aires?

Vaya por delante que, para mí, el hecho de que un jugador del nivel y el prestigio de Nasri quiera venir al Sevilla me parece una verdadera pasada y una muestra más del espectacular crecimiento del club en los últimos años. Esto, hace una década, era impensable. Que un jugador de esa categoría internacional sufra un año malo, pierda el sitio en su equipo y considere al Sevilla el lugar ideal para relanzar su carrera es una cosa que a quienes hemos vivido la época del "otro año igual" y todo lo que vino a continuación nos parece alucinante. Es para estar orgulloso de hasta dónde ha llegado nuestro equipo, pero como la autocomplacencia no es precisamente lo que nos ha traído hasta aquí, sino más bien todo lo contrario, no podemos dejar de ser realistas. Yo al menos no, y tengo que reconocer que en este bonito paisaje veo un feo nubarrón.

A ver, por mucho que el Sevilla haya crecido en los últimos tiempos, es evidente que Nasri no es un jugador para nosotros. La ficha que cobra ese futbolista está fuera de nuestro alcance. Incluso, la mitad de la misma también lo estaría. De hecho, se dice que el Sevilla se hará cargo solo de un tercio de ella, y aun así será uno de los jugadores mejor pagados de la plantilla, si no el que más. Y, oye, que está muy bien que hayamos sido capaces de "engañar" al Manchester City para poder disfrutar de este futbolista durante un año (esperemos que sea eso, y no sufrirlo), pero las cosas no cuadran, las mires por donde las mires. Y aunque, debido a los problemas de comunicación del Sevilla, yo ya me estoy acostumbrando a no entender algunas decisiones, pero aceptarlas porque intuyo que no se han explicado bien (de tantas veces como este tipo de cosas están ocurriendo en los últimos tiempos), voy a explicar por qué este fichaje no me cuadra. Por qué considero que no es propio del Sevilla. Por qué me chirría, en definitiva. 

El éxito del Sevilla en lo que llevamos de siglo y el motivo por el que somos un club admirado en el mundo del fútbol se basa en un modelo de gestión que consiste en comprar barato a jugadores en un momento inicial o intermedio de su carrera y venderlos caros cuando dicha carrera se encuentra en un punto álgido, obteniendo una plusvalía que compensa el hecho de que los presupuestos del club son deficitarios según ingresos corrientes y necesitan de esas ventas para cuadrarlos. Esto permite al Sevilla competir a unos niveles muy superiores a su verdadera dimensión, sin arruinarse a los pocos años. No me voy a poner ahora recitar ejemplos de jugadores que han contribuido al crecimiento del club en los últimos años en base a este modelo de gestión porque todos los conocemos de sobra. Pero es evidente que Nasri no cuadra de ninguna de las maneras en dicho modelo. Como tampoco lo hace Kranevitter, por poner un ejemplo, aunque lo de Nasri es mucho más llamativo por su edad y por su coste salarial. Porque tú puedes tener la esperanza (ingenua o no) de que el argentino, por la razón que sea, acabe quedándose una vez finalizada la temporada y, dado que es muy joven, pueda entrar en esa rueda en la que se basa el modelo. Pero con Nasri, eso es imposible, tanto por coste como por edad. El caso es que el año pasado se hizo algo parecido con Llorente, y la cosa acabó en fracaso. ¿Qué pasa? ¿Que estamos viendo el principio del fin de ese exitoso modelo y que puede que el Sevilla cambie de política en los próximos años?

Evidentemente, no. No lo creo para nada.

La explicación que yo encuentro para este caso, y esto es no es más una intuición mía que me apetece compartir, es que esto es una consecuencia de lo ocurrido con Konoplianka. 

El ucraniano era el jugador mejor pagado de la plantilla, pero su rendimiento no era acorde a ello y, lógicamente, un club como el Sevilla no se puede permitir pagar una ficha así para tener al jugador en el banquillo y que salga como revulsivo en los segundos tiempos. La duda estaría en si darle una nueva oportunidad y dejarlo un año más en la plantilla, o no. Sampaoli, el nuevo entrenador, decide que quiere verle jugar y competir. De hecho, le pone en varios partidos de pretemporada, pero cuando llega la hora de la verdad, le deja fuera. Yo no estoy dentro del club, pero no hay que ser muy lumbrera para comprender lo que pasa. Eso aparte de las declaraciones del jugador en su país, mostrándose disconforme con su situación, que estas cosas ya sabemos que suelen ser la antesala de una salida. Salida que se produce en los últimos días del mercado, ya sin tiempo para encontrar un sustituto cuyas características se ajusten a lo que se necesita y a los parámetros del modelo de gestión, y se opta por cubrir esa plaza con un jugador de gran nivel, pero cedido, sólo por un año, de manera que para el próximo venga el verdadero sustituto. El jugador "barato" que se encuentra en una fase inicial o intermedia de su carrera y que puede ser vendido en el futuro para obtener una plusvalía. 

El ahorro de la ficha que no se va a pagar a Konoplianka se puede destinar al tercio (según se dice) que le corresponde al club de la de Nasri. Es una cantidad que ya está presupuestada, con lo que no supone un gasto extra. Y así se cubre la baja del ucraniano con un jugador de una calidad inmensa, aunque está por ver si la explota. Sea como sea, será complicado que rinda menos que lo que lo hizo Konoplianka, de manera que hay poco que perder. Ante una situación así, planteada de este modo, la cesión es la mejor fórmula. Se cubre una baja de la mejor manera posible y se gana tiempo para buscar al jugador que verdaderamente cuadre con el modelo de gestión.

Esto no es más que elucubración por mi parte. No me cabe duda de que en el club saben lo que hacen y que no se van a pegar tiros en el pie. Pero es que estos fichajes tan "extraños" y tan mal explicados llevan a los aficionados a eso: a elucubrar. 

Sea como sea, ojalá Nasri triunfe aquí, relance su carrera y vuelva el año próximo al City dejando aquí un buen recuerdo y, si es posible, algo de plata, que eso es lo verdaderamente importante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esperemos que haga un buen año y deje buen sabor. Ahí tenemos al gran Banega que vino desesperado y desconectado de Valencia y ahora está en plena madurez gracias al Sevilla FC

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