jueves, 27 de junio de 2013

El modelo elegido

Las tonterías que uno hace cuando adolescente se convierten, a menudo, en motivo de sonrojo al recordarlas una vez cumplida cierta edad. Eso cuando el descaro propio de cada uno le permite hacer dichas tonterías, que luego estaba lo que no se hacía, pero se pensaba. Lo que se pensaba. Los pensamientos e ideas adolescentes son, en esos momentos de amanecer de la vida adulta, irrefutables, imperturbables y eternos para las aun infantiles cabecitas. Creo que pocos nos podíamos imaginar cuando chavales que con los años cambiaríamos tanto. Hasta el punto de reírnos de nosotros mismos.

Por ponerles un ejemplo, yo, con catorce años, decidí hacerme "rocker". Fue tras escuchar el tema de Loquillo "La Mataré". Yo acababa de tener un desencuentro amoroso y me sentí absolutamente identificado con la estrofa que dice "Uuuuuh, por favor - Uuuuuh, sólo quiero matarla - A punta de navaja, besándola una vez más". Les ruego que valoren el enorme esfuerzo que me supone reconocer en público algo así de ridículo, pero en la época me sentía hasta poderoso simplemente por tararearla. Eso sí, es posible ese virus estuviese latente en mi interior, toda vez que mi padre me ponía baladas de Elvis Presley para que me durmiera cuando pequeño. Y me dormía, oigan. Al menos, eso aseguraba él. 




Por supuesto, adopté toda la simbología del movimiento. Chaquetas de cuero negras, tupé (tenía pelo para ello, no nací calvo), la bandera de los Estados Confederados de América pegada en el hombro de la chaqueta (era tan ignorante que no sabía que eso simboliza tambien la esclavitud de los negros)..., en fin, toda su parafernalia. Tuve que empezar a fumar, porque ya me dirán a dónde va un "rocker" sin un pitillo (por cierto, mi primer cigarro fue en el Sánchez Pizjuán, viendo un partido). Automáticamente aborrecí por concepto cualquier tipo de música con la vitola de comercial y comencé a empaparme de todo lo que oliese a rock. Desde el rock'n roll de los cincuenta hasta el rock duro de finales de los ochenta, pasando por el punk. Pero no un rock cualquiera. Por ejemplo, el de Bon Jovi no valía porque le gustaba a las niñas, o sea, era comercial. A U2 los rechazaba por ser de masas también, aunque con el tiempo cambié de opinión. Y menos mal, porque de no haberlo hecho, jamás habría aceptado tampoco a Nirvana y todo lo que el grunge trajo consigo. Porque el grunge fue la siguiente parada en mi ridículo y adolescente camino. De todos modos, eso de rechazar lo que es seguido ciegamente por la mayoría es una actitud que sigo manteniendo. El sevillismo tiene algo de eso. En estos tiempos en los que te bombardean continuamente para que seas del Madrid o del Barça, ser de otro equipo resulta bastante alternativo.


Por cierto, por mucho que uno cambie, siempre queda un poso de todo. Así, he de reconocer que cada vez que escucho aquel tema de Loquillo, se me ponen los vellos de punta. Ya no es mi estilo preferido, pero me recuerda tantas cosas.

Mis gustos musicales de verdad, los que perduraron y aun se mantienen, se forjaron a lo largo de la década de los 90. Vamos, cuando abandoné la adolescencia y comencé a tener un criterio más maduro a la hora de decidirme por unas cosas o por otras. Me pasó con la música y me pasó también, por poner otro ejemplo, con el fútbol. En ambos sentidos, el año 95 fue clave porque aquel año descubrí a Los Planetas y conocí más a fondo al Ajax de Amsterdam. 



En mi modesta opinión, Los Planetas es la mejor banda de por-rock en español de todos los tiempos. Lideraron la escena independiente española durante toda la década y parte de la siguiente. Con dicha escena me refiero a un movimiento emergente, los "indies" que se les llamó y que se postulaban como una alternativa al mainstream, es decir, a aquello con lo que sistemáticamente te imponían desde las radio-fórmulas. A la música comercial, hablando en claro, aunque dentro de esta había mucho bueno. Yo encajé de calle en ese movimiento. Y ya no era por una admiración poco racional hacia un personaje o las letras de unas canciones (como me pasó años antes), sino porque era lo que defendía el movimiento lo que casaba con lo que yo pensaba. Con lo que a mi me gustaba. Me convertí en un friki de la música, coleccionaba discos y discos de decenas de grupos desconocidos para el gran público. Para mi fue como una liberación, como cuando alguien que se siente diferente del resto se da cuenta de que no está solo en el mundo y de que hay otros como él. Ya no era tan raro. 

Comencé a moverme con otra gente, a comprar revistas especializadas gracias a las cuales iba conociendo a más y más bandas. Me convertí en un habitual de los conciertos en el Fun Club, donde coincidíamos siempre los mismos y ya hasta nos conocíamos. Hasta realicé un proyecto de fin de carrera (Marketing) referido a esto. Cuando Internet empezaba a llegar al gran público, ideé un proyecto para vender música mediante esa plataforma. Eso aún no existía, y viendo lo común que es hoy día, se me escapa la risa floja cada vez que recuerdo la cara de asombro del profesor y de mis compañeros mientras les exponía la idea. Me llevé un pedazo de sobresaliente que aún hoy me llena de orgullo cuando pienso en él. 


Pero la música no lo era todo en mi vida. Aquel año 95 me quedé entusiasmado viendo cómo la cuadrilla de futbolistas casi imberbes que conformaban el Ajax de Amsterdam del momento le ganaba al todopoderoso Milan la final de la Champions de aquel año. Aquel Ajax entrenado por Louis Van Gaal jugó de inicio con Van der Sar, Reiziger, Blind, Rijkaard, F. De Boer, Seedorf, Davids, R. De Boer, Litmanen, Finidi y Overmars. En el segundo tiempo salieron Nwankwo Kanu y Patrick Kluivert, que a la postre fue el autor del gol que les dio la victoria a cinco minutos del final. Pero es que el Milan jugó con Rossi, Panucci, Baresi, Costacurta, Maldini,

Donadoni, Desailly, Albertini, Boban, Massaro y Simone. Fíjense qué equipazo, qué barbaridad, Baresi, Costacurta, Maldini, Donadoni, Desailly, Boban... ¡qué barbaridad! Y aquella panda de casi adolescentes, completados con jugadores experimentados como Blind o Rijkaard, se los merendaron. En una final de Champions. Y aquí, en Sevilla, cada vez que un chaval despunta, lo primero que se nos ocurre decir es que hay que cederlo porque le falta experiencia. Van der Sar, Reiziger, Seedorf, Davids, Kluivert... apenas llegaban a los 20 años y se comieron a Baresi, Maldini, Donadoni... Escandaloso. 



Me sentí tan impresionado que, dentro de las posibilidades de la época (sin Internet), me dediqué a buscar información sobre este equipo. A investigar más sobre él. Sabía que había ganado títulos en los 70 gracias a Johann Cruyff y compañía; y que fueron los abanderados del fútbol total, de la filosofía que el mencionado astro holandés acabó por aplicar en aquel Barcelona de los Koeman, Bakero, Laudrup y demás. Pero apenas sabía de lo que era ese club en aquel momento. Y me llamó muchísimo la atención su funcionamiento. El que tenían entonces y el que siguen teniendo ahora. Una cantera espectacular y un sensacional equipo de ojeadores capaz de encontrar talento en cualquier rincón perdido del planeta. Se dedican a sacar chavales y a traer jóvenes promesas, los van metiendo en el equipo, van preocupándose por su crecimiento, las convierten en estrellas, las venden por millonadas y vuelta a empezar. No hay más que ver a donde llegaron los jugadores que disputaron aquella final. Luego vinieron otros: Ibrahimovic, Huntelaar, Snejder, Van der Vaart, Babel... Hace no mucho vendieron a Luis Suárez al Liverpool. O a Stekelenburg (portero titular de la selección), Van der Wiel, Emanuelson, Vermaelen...


Y ahí siguen. Con su misma filosofía. Unas veces les va mejor y otras peor, pero siempre con su misma filosofía. 

El destino (y mi propia voluntad, un poco, también) me llevó a vivir en aquel país durante un tiempo. A conocer más de cerca la forma de trabajar y de jugar que tienen. Incluso a ver algún partido en el Amsterdam Arena. Eso fue durante 1999 y 2000. Luego, más tarde, el Sevilla, nuestro Sevilla, alcanzó la gloria gracias a la cantera y a jugadores desconocidos, que se dieron a conocer con nosotros y que algunos de ellos triunfaron fuera posteriormente. Aún lo hacen, como es el caso de Dani Alves o Sergio Ramos. Parecía como si el equipo de mis amores fuera a adoptar el mismo patrón de trabajo que el Ajax. Una magnífica cantera y un trabajado grupo de ojeadores capaces de traerse a buenos jugadores jóvenes antes de que despunten lo suficiente como para que se vayan a un grande. Era una idea que me entusiasmaba. 

Sin embargo, las cosas no han salido como se esperaban. O como yo esperaba. Ni se cuenta con la cantera del modo necesario ni se acierta con los fichajes que vienen de fuera. Quizás podríamos decir que se ha intentado implantar el sistema del Ajax, pero que se ha fracasado. Sin embargo, este año, con esa idea del volver a empezar, parece como si se estuviese intentando de nuevo. Vender a las estrellas para conseguir dinero, contar con los mejores canteranos y darles la oportunidad, y traerse jugadores muy jóvenes que puedan crecer aquí y servir, o bien para hacer crecer al equipo deportivamente, o bien permitir hacer caja caso de ser necesario. Justo lo que hace el Ajax año tras año desde hace décadas. 

No sé si esta vez repetiremos éxito. Y de hacerlo, no sé si se sabrá mantener el sistema sin que el equipo se descalabre. No puedo decir con rotundidad que los encargados de llevarlo a cabo sean los más indicados, ya que, igual que triunfaron, también fracasaron. Como no queda otra alternativa, pues me acordaré de cuando triunfaron para armarme de ilusión, que sólo faltaba que, con lo dura que está la vida, el fútbol fuera otro motivo de preocupación. De eso nada. O me ilusiono, o lo dejo. Pero, sea como sea, el modelo elegido parece ser ese. Y como concepto, a mi me parece magnífico. Es justo como creo que se deben hacer las cosas. Como a mi me gusta que se hagan. 

Otra cosa es que las decisiones sean las correctas. Esperemos que sea así. 

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