lunes, 7 de abril de 2014

Diez minutos

El pasado jueves, pocos minutos antes de las once de la noche, justo cuando el árbitro pitó el final del partido en Oporto, el sevillismo mostraba en las redes sociales su contrariedad ante un resultado peligroso, cosechado tras un partido malo por parte del equipo (o bueno por parte del rival, que también lo fue). Se criticaba la alineación, la actitud de los jugadores, los cambios, los fallos cometidos..., en fin, lo normal después de una derrota. Siempre ocurre y es normal. Todos necesitamos descargar nuestra frustración, y cada uno lo hacemos de la manera que más conveniente creemos. 

Diez minutos. La crítica duró diez minutos. Al minuto once, ya estaba la inmensa mayoría de la afición expresando su convencimiento de que se puede remontar. Pero no un decir por decir porque es lo que toca y si no se apela al optimismo pues apaga y vámonos, sino un decir desde el convencimiento. Desde el saber que, en casa, con todos empujando a una, cualquier equipo - CUALQUIER EQUIPO - es batible. Hace diez días le remontamos un 0-1 al Real Madrid. Una semana antes, (aunque a domicilio) se remontó el 0-2 de la ida al Betis. Que el Betis no es el Oporto, pero remontar un 0-2 a domicilio tampoco es hacerlo con un 1-0 en casa. ¿Una por otra? El jueves lo veremos, pero el sevillismo CREE que sí. 

Y esto no es cualquier cosa. Esto es grandeza. Que igual que me quejo cuando nos rebajamos a la altura del nivel de Betis para entrar en la refriega con ellos, también digo lo otro. Esto es grandeza. Esto no es la tìpica bravuconada de una afición mediocre venida arriba por una buena racha de su equipo. Esto es la reacción de una afición más que centenaria que sabe de sobra de lo que es capaz la plantilla y que le exige - anima en función de ello. Y lo sabe porque no es la primera vez que se ve en una de estas. Lo sabe porque ha visto jugar a jugadores horrendos, malos, regulares, buenecitos y a leyendas vivas. Porque sabe distinguir entre unos y otros. Porque este año ve equipo, ve potencial, ve plantilla, ve algo más. Porque conoce. Porque ya vivió hace justo ocho años una temporada cuyo desarrollo fue asombrosamente parecido al de la actual. Y eso, inevitablemente, pone los pelos de punta, eriza la piel, hace latir fuerte al corazón..., nos engorila, hablando en jerga. Que somos humanos, joder. Que podemos intentar racionalizar las cosas, pero al final, en el fondo, somos humanos.  

Ni yo ni nadie sabemos qué pasará el jueves, pero sí que estamos donde tenemos que estar. Donde ya estuvimos y de donde no debimos de irnos. Que una cosa es ganarlo todo todos los años, que es imposible, y otra estar ahí, cosa que no se ha cumplido últimamente. Jugar un partido como el del jueves es un privilegio que sólo hemos tenido en tres ocasiones anteriores. Sólo jugarlo supone dicho privilegio. Muchos equipos han disfrutado de ello (e incluso más) en alguna ocasión. Así a bote pronto recuerdo al Alavés, al Español, a Osasuna, Real Sociedad, Athletic de Bilbao, Zaragoza (que llegó a ganar un título europeo)..., pero ninguno de ellos se asentó en ese nivel. Ninguno de ellos convirtió en costumbre el disputar este tipo de encuentros. Nosotros ganamos dos títulos europeos y rozamos los cuartos de final de la Champions en otras dos ocasiones. Nosotros aspirábamos a conseguir eso, a convertir en habitual estos compromisos, como lo son, aparte de los dos grandes, para Valencia, Atlético de Madrid (salvo en su década maldita tras su descenso), o como lo fue para aquel SúperDepor que ya es historia. Estuvimos ahí, lo tocamos con las manos, durante un lustro fuimos eso, pero en los últimos tres años nos vinimos abajo. 

Y ahora...

Ahora es nuestra oportunidad de nuevo. Ahora nos toca demostrar que sólo hemos tenido dos o tres temporadas malas. Ahora es momento de comprobar que lo que ha ocurrido es que la dirección deportiva no ha acertado a la hora de dar relevo a aquella plantilla legendaria y que ese relevo ha tardado un poco más de lo esperado en llegar. Ahora se nos brinda la ocasión de mostrar que no hemos vuelto a lo que éramos en los años 80 - 90 del siglo pasado, sino que hemos crecido de verdad como club de fútbol y que, como digo, hemos tenido un par de temporadas de transición. Y eso lo sabemos los sevillistas. 

Y eso es lo que nos hace tener estas cosquillas en el estómago. Porque sabemos lo que es. Porque lo conocemos. Porque lo hemos vivido. Porque, para colmo, el equipo está demostrando que es capaz. Porque lleva una racha de resultados que está comenzando a perder la condición de eso, de racha, para convertirse en tendencia, en algo normal. Normal que ganemos. Como hace pocos años. Porque vemos a esos jugadores hechos piña en el campo, al principio y al final de los partidos, y nos dan ganas de meternos ahí dentro, a unirnos a ellos. Porque hacía ya tiempo que no se veía esta comunión entre grada y jugadores, y ya sabemos lo que se consigue cuando eso ocurre. ¿Cómo no vamos a estar temblando? ¿Cómo no nos van a brillar los ojos? Si es que lo vemos ahí. Lo tenemos delante. ¿Cómo va a ser de otra manera?

Diez minutos. Eso le duró el cabreo al Sevillismo el jueves pasado. No hay tiempo para ello. No hay tiempo para cabrearse. Lo que hay en juego es muy grande como para eso. La cuarta plaza (si Caparrós nos echa una manita) y la Europa League. El reto es demasiado ilusionante como para perder más minutos enfadados por un mal partido. Y encima ayer ganamos. Goleamos. Cuatro a uno. Como contra el Valladolid. Como en la jornada previa a la remontada en Heliópolis. Si es que parece estar escrito. Si es que tiene que ser. 

No sé qué haremos el jueves próximo. Ni me importa no saberlo. Porque lo de verdad importante es estar, y estar, estamos. Y creer, creemos. Y equipo se va viendo que tenemos. Y si esto es el inicio de un nuevo ciclo, pues aquí estaremos. Para verlo. Como siempre. Como toda la vida. 

1 comentario:

EL PAPI MAGASE dijo...

http://youtu.be/zl0bkO_lPFc

te dejo otros diez minutos de esos mágicos,un abrazo fiera,precioso post antesala al partido del jueves.

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