viernes, 13 de marzo de 2015

El peso del escudo.

Los Potros se enfrentan a los defensores del título

Todos lo vimos hace un par de semanas. Este era el cartel que se podía ver en la ciudad alemana de Monchengladbach en la previa del partido de vuelta de dieciseisavos de final que nos enfrentó al Borussia. Un equipo fuerte, que tiene más presupuesto que el nuestro, que va tercero en una liga más competitiva que la nuestra y que sabe lo que es ganar títulos europeos. Quizás precisamente por eso nos mostraban ese respeto. Porque ellos saben lo que es ganar títulos europeos. Porque saben de lo que hablan. 

En contraste, en la previa del partido contra el Villarreal, nos encontramos con un entrenador rival compungido y medroso que ya ponía paños calientes antes de iniciar la batalla. Que se quejaba de la dureza del rival. Que ya parecía arrugado de antemano. Un entrenador pequeño. No por su estatura, sino por su actitud. La diferencia con el Borussia es monumental. Por su actitud, ya digo; por la forma de afrontar el partido. Por no mostrar respeto, reconocer la grandeza del rival y tratar de utilizar sus armas para vencerla, sino centrarse en estupideces como una supuesta excesiva dureza que al final resultó la que ellos emplearon en el partido, y no tanto nosotros. Es lo mismo que quien habla de suerte. Como si ganar tres veces la UEFA se pudiera lograr por suerte. Una siquiera. Estos no son el Borussia. Estos no tienen ni idea de lo que hablan. 

Supongo que es la diferencia entre un equipo que sabe lo que es ser campeón y otro que no. Supongo que el Villarreal es hoy lo que nosotros éramos en otra época: un buen equipo que se arruga en las citas gordas. Supongo que es el peso del escudo, algo que va más allá del potencial de las plantillas o del juego que se desarrolla en el campo. Seguramente, el partido de liga contra los castellonenses será más igualado. Pero el fútbol tiene estas cosas: dos equipos, los mismos equipos, en una competición van de igual por igual, pero en otra, uno es el campeón (tricampeón) y el otro, no. Y se nota. Joder, que si se nota. 

Y, en estas, con equipos alemanes de segundo escalafón de por medio, me acuerdo de otra eliminatoria UEFA contra otro club germano del nivel entonces del Borussia de ahora, cuando nosotros éramos lo que puede ser el Villarreal hoy: un buen equipo que no era capaz de dar el salto para convertirse en un grande. En un campeón, gane o no gane en un momento determinado. Quienes superen (o al menos ronden) la cuarentena, lo recordarán. Quienes no, simplemente habrán oído hablar de ello. Fue a finales de 1982. El Sevilla, que tenía un buen equipo con buenos jugadores como Buyo, Serna, Nimo, Alvarez, Pintinho o Francisco, venía de hacer la machada de remontar un 2-0 en contra ante el Paok de Salónica griego, al que se le ganó por 4-0 en el Sánchez Pizjuán en el que fue, quizás, el mejor partido del equipo en Europa hasta el siglo XXI. Y en la siguiente ronda (octavos de final) nos tocó el Kaiserslautern, un equipo alemán que (salvando las distancias) podría tener entonces el mismo nivel que tiene el Borussia ahora. Y al igual que al Borussia ahora, les ganamos en casa en la ida por 1-0. Claro que la forma en que nos recibieron para la vuelta no fue la misma que en la actualidad. Ni nuestra actitud (íbamos acojonados y a ver si sonaba la flauta). Y, como solía ocurrir, el resultado no fue, ni mucho menos el mismo. Ni parecido. Nos aplastaron con un contundente 4-0 y nos mandaron para casa sintiéndonos lo que éramos. Mediocres. Un buen equipo, pero mediocres. 

Las cosas han cambiado. Nosotros ya logramos dejar la mediocridad a un lado y dar ese salto del que hablaba antes. Nosotros ya no somos ese buen equipito venido a más que un año hace una buena temporada y al siguiente no es capaz de compaginar Liga y competición europea. ¿Cuántos ejemplos hay de clubes que se han venido abajo al año siguiente de hacer un temporadón por este motivo que comento? Sin ir más lejos, el Betis del año pasado. O el Athletic este mismo. No, nosotros ya no somos eso. Nosotros somos otra cosa, y no hay más que mirar un poco al pasado para comprobarlo. 

El cartel que colgaron en Monchengladbach es el ejemplo perfecto. Y nosotros no desmerecimos el respeto que nos mostraron. Les ganamos como ganan los campeones. Competimos contra un muy buen equipo y vencimos en ambos partidos, no por ser mejores que ellos, sino, quizás, porque el escudo del campeón pesa lo bastante como para desnivelar balanzas. Ellos sabían a lo que se enfrentaban e hicieron sus méritos. Pero igual que nosotros, a lo largo de nuestra historia, hemos perdido muchísimos partidos, no por jugar mal, sino porque nuestro escudo pesaba menos que el del rival, ahora pasa lo contrario. 

Y lo de anoche contra el Villarreal fue más de esto mismo.

No sé lo que acabará haciendo el Sevilla en esta Europa League, pero sí que es favorito para ganarla. No por presupuesto. No por plantilla.. Ni siquiera por el juego que está desplegando. Pero sí por escudo. Sí porque los rivales ya nos conocen. Sí porque no es lo mismo jugar contra un buen equipo que contra el campeón. Si porque nosotros sabemos que podemos, porque nos lo creemos, porque somos capaces, porque no es algo nuevo para nosotros. Y sí porque entrenadores de rivales muy buenos como el Villarreal hablan de chorradas en la previa de los enfrentamientos, dejando así claro el pánico que nos tienen. 

Y con pánico no se puede jugar bien al fútbol. 

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