martes, 14 de enero de 2014

El último indignado

Desde sus inicios, siempre me he sentido muy identificado con el movimiento del 15M: con los indignados. No comparto todas sus proclamas, pero sí las más importantes. Las básicas. A grandes rasgos, defender un nuevo modo de hacer las cosas, acercar la política a los ciudadanos para que los gobernantes sepan mejor cuáles son las verdaderas necesidades de estos, cambiar una serie de normas y leyes para hacerlas más justas y/o más adecuadas a la realidad actual. Y todo sin violencia. Manifestándose, pero sin violencia.
Tengo que reconocer que, en un acto de ingenuidad desproporcionada e impropia de alguien que no tardará en llegar a la cuarentena, me ilusioné. Me pareció un movimiento interesante. Y mucho más cuando despertó la simpatía de tanta gente. El problema fue que cometieron un "error". Error que no es error en puridad, porque era un pilar básico de su ideología. Rechazaron cualquier relación con ningún partido político. No ya con los grandes, sino incluso con los pequeños,

y me estoy acordando del abucheo que se llevó Cayo Lara en cierta ocasión. Como ingenuidad está bien, pero lo cierto es que los partidos políticos no pueden aceptar que haya una movilización ciudadana y no sacar beneficio. Ya sea apoyándoles o criticándoles. La izquierda, sobre todo, quedó en fuera de juego. Lo de movilizar gente es cosa suya, de toda la vida, y aquello les cogió a pie cambiado.

Sin embargo, hoy dia, tras imponerse la realidad, ese movimiento ya no parece tener el fuelle del principio. Siguen existiendo y tal, pero los partidos han vuelto a tomar el control. Unos u otros, de una forma o de otra, dando la cara o moviendo los hilos desde atrás, no importa. La pureza y las buenas intenciones que tenía el 15M ya no existe y la gente sigue sin tener un clavo al que agarrarse en su esperanza de que las cosas vayan a mejor. Los hay que agachan la cabeza y se resignan. Otros se desahogan en las redes sociales, que es algo parecido a encerrarse en un cuarto, gritar, y salir relajadito cuando proceda. Y también están los que optan por la violencia. O lo que es peor, por utilizar manifestaciones pacíficas para emplearse con violencia. Para tratar de reventar el sistema a base de fuego y destrucción.


Yo observo lo que está ocurriendo en nuestro país y no salgo de mi asombro. Los gobernantes actúan sin escrúpulos, de manera inmoral y con total impunidad. A los jueces los eligen los partidos políticos y luego, como es natural, pasa lo que pasa. El fiscal del Estado recurre una imputación cuando se supone que él está para acusar, no para defender a un acusado. En el congreso se subvencionan los gin-tonics, pero luego hacemos pagar las ambulancias a quien enferma y no tiene a mano un centro de salud. Se crea una ley para que sea casi imposible abortar, pero luego, caso de que el bebé nazca enfermo e incapaz, reducimos las ayudas a la dependencia. Mientras, no se invierte nada para crear empleo, y nos quieren hacer ver que el pero baja porque la gente no se apunta a las listas del Inem, cuando no lo hacen porque ya no les queda derecho a prestación. Lo que es un drama inmenso (cada vez más gente sin recursos) lo convierten en un dato macroeconómico positivo. Me es difícil imaginar algo más cínico, más sinvergüenza. 

Y la gente reacciona, claro que reacciona. Pero ya no es como cuando comenzó el mencionado movimiento 15M. Ahora no hay manifestación que no acabe en violencia. Y yo con la violencia no puedo. Hay quienes dicen que sin llevar las cosas al límite, los gobiernos no reaccionan. No estoy de acuerdo, y hay ejemplos históricos que rebaten ese argumento. Desde Ghandi hasta la Marcha Verde en el Sahara. Pasando por lo que ocurrió con los indignados, que pusieron al gobierno en una situación muy comprometida con una actitud pacífica y dialogante. 

Eso ya no es así. Nos estamos yendo a los extremos. Hoy he escuchado a alguien de cierto partido de izquierdas decir que lo del barrio de Gamonal en Burgos puede ser el inicio de la revolución en España. La chispa que lo haga arder todo. Eso es lo que quieren. Que arda todo. Y yo, que soy muy maniático y muy aficionado a la historia (las dos cosas), no puedo evitar recordar que justo así comenzó el nazismo. Justo así. Una enorme crisis económica, gente cabreada, desesperada, muchos sin nada que perder, y luego alguien que utliza ese malestar, esa enfado generalizado, canalizando tal energía hacia lo que a él le interesa. Buscar un culpable, un chivo expiatorio, cargar contra él, utilizar la demagogia de una forma salvaje, indecente, bochornosa, ocultar sistemáticamente que lo mismo de lo que se quejan de los otros es lo que hacen ellos cuando les toca..., y de repente, (algo que aquí no ha ocurrido... aún) surge la serpiente, el monstruo, la persona capaz de ejercer un liderazgo que consiga aglutinar a toda esa gente y..., pues que paro ya. Que las consecuencias de eso son impredecibles. 
Uno de los grandes errores que se cometen en lo que a ideología política se refiere es asimilar "fascismo" con "la derecha". El fascismo surge de las clases bajas, no de las altas. El fascismo es ese movimiento que consigue radicalizar a los indignados hasta el punto de emplearse con violencia y expulsar con ella a los que ellos consideran culpables de todo. A Hitler no le votó la clase alta alemana. Le votó la baja, la gente que quedó en la pobreza más absoluta por culpa de la crisis económica del 29 y a quienes convencieron de que la culpa de sus males era de los judíos que eran muy ricos y se quedaban con todo. El fascismo comenzó con manifestaciones violentas de gente de clase baja, de clase obrera. Así empezó. Justo lo que está ocurriendo ahora. Justo lo contrario a lo que promulgaba el 15M.

Me da pena que aquello no cuajara. Me da pena porque creo que hubiese podido cambiar las cosas. Hubiese podido canalizar la indignación de la gente para forzar los cambios de una forma pacífica. Eso ya no va a ser posible. Los radicalismos se están imponiendo. Dios (o quien sea) quiera que la cosa mejore lo bastante y a tiempo para no tener que revivir desastres pasados. 

A mí, personalmente, me está empezando a preocupar seriamente el asunto. 

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