miércoles, 4 de septiembre de 2013

Mis queridos fantasmas

Recuerdo la época en la que yo era un friki del fútbol y me parece increíble que haya podido cambiar tanto. No hace tanto de eso, pero ya no queda prácticamente nada. Eso sí, cada vez que rememoro aquella época, se me viene a la mente mi amigo Eduardo. Eduardo es uno de esos valientes que veraneaban en El Portil a primeros de los noventa (del siglo pasado, vaya jodienda esto del paso de los siglos). Porque veranear en El Portil hoy día es muy fácil, con esa autovía que llega casi hasta la playa, con tantas casas y pisos en venta o en alquiler, con todos los servicios disponibles, incluso con esa playa de La Bota justo al lado y con facilidades hasta para aparcar.... Pero hace 20 años..., hace 20 años había que echarle huevos. A principios de los 90, El Portil era un reducto diminuto y remoto que no se sabía bien si pertenecía a Punta Umbría o a Cartaya,  por lo que ambos ayuntamientos se quitaban el marrón de lo alto, pasaban de todo y tenían aquello dejado de la mano de Dios.. Allí estaba la tienda de ultramarinos de la Paca y el As de Oro, un bar que no tendría muchos clientes, pero mierda, del año que la pidieras. Esos eran los "servicios" de la localidad. Si necesitabas aspirinas, a Punta Umbría. Si querías comer en un sitio medio qué, a Punta Umbría. Si querías..., coño, lo que fuera que quisieras, tenías que coger el coche e irte porque allí no había ná. Y rogar por que no hicieran viento. Porque como lo hiciera, la carreterita esa tan bonita que va paralela a la costa, se llenaba de arena y..., y que fuera lo que Dios quisiera. Igual te quedabas allí atrapado y tenías que montártelo con un balón de rugby durante una temporada. Y no, la otra carretera que hay ahora un poco más para adentro es nueva. Antes no estaba. 

Eso sí, aquello era un paraíso en la Tierra. Y para una panda de adolescentes engorilados y asalvajados, pues mucho más. Allí no había control de ningún tipo y podías hacer lo que te saliera de la punta de... la nariz. De cuando en cuando pasaba un coche de la policía local de Punta (de Cartaya no, que estaba más lejos), llegaba hasta el límite del término municipal y se daba la vuelta. Apuesto a que a veces hasta paraban para darse un bañito. Sin mariconadas, eso sí. Aunque, a mí, eso de las parejitas de policías y guardias civiles siempre me ha dado un mal rollo considerable. Pero aquello era la ciudad sin ley y los veranos que yo he pasado allí (sobre todo los primeros, antes de que la Humanidad descubriera el reducto) rozaron la antología. Sin ningún género de dudas.

Pues bien, Eduardo, onubense y recreativista de pro, lo flipaba conmigo, no sólo porque supiera quienes eran Luzardo y Alzugaray (este último no viene ni en la wikipedia), sino porque era capaz de recitar la alineación de aquel Recre, que por entonces estaba en Segunda B. 

Eso ya no es así. A mí, el fútbol moderno me ha robado la afición. Ya no sigo nada que no sea el Sevilla. No tengo ni la app de la LFP en el móvil, el otro día la borré de coraje. No sigo la liga española ni las extranjeras (antes era incondicional de la holandesa y muy asiduo de la alemana y la inglesa). He pasado de sufrir con la selección, al aborrecimiento, pasando por el pasotismo de los ultimos años. Y mira que me jode. Tanto pasarlo mal durante tanto tiempo, para que, cuando llega la época de los títulos, te la resbale del modo en que me pasa a mí ahora. En verdad, me han robado un montón de cosas, no sólo en lo que al deporte se refiere. Esto me pasa por leer tanto. Ya me lo dice mi mujer a menudo - "Limítate a los dibujitos del niño y a los monólogos de la Paramount Comedy cuando él se acuesta, que con las noticias te pones de una mala hostia que no hay quien te aguante"
Yo es que siempre he sido muy curioso. O, más que curioso, desconfiado. Me cuesta fiarme de la gente, soy de los que ven fantasmas por todas partes, a veces me come la susceptibilidad (aunque sé disimularlo hasta el punto que no se me note para nada). Siempre estoy mirando más allá, tratando de averiguar si quien sea me la está queriendo meter doblada. Y es algo que me pasa desde que era un crío. Recuerdo perfectamente el día en que mi madre me dijo que el ratoncito Pérez son los padres. Aquello para mi fue como un fogonazo en la oscuridad. De repente, lo comprendí todo, jamás se me olvidará. Fue algo que me marcó porque a partir de ese día dejé de confiar en mi madre. Al menos, a ciegas. Por supuesto, mi respuesta ante esa revelación fue: "Entonces, los Reyes Magos también, ¿no?" Tengo fotografiada en la memoria la cara de mi madre, con ese gesto de "¡qué hijoputa, el niño!" Evidentemente, tuvo que decirme que sí y rogarme que no le dijera nada a mis hermanos pequeños (tengo tres y yo soy el mayor). Y lo primero que pensé tras la segunda revelación del día fue: "¿y con qué otras cosas me estarán engañando?"

Genio y figura, señores. 

Esa desconfianza me ha llevado a ser muy curioso. Todo me interesa, me leo o me trago en TV cualquier cosa, suelo investigar cuando algo me llama la atención y, como suele decir mi amigo Javi, tengo la mente llena de datos absurdos y completamente inútiles e irrelevantes. He probado de todo. Joder, si me introducí hasta en el mundo de la religión. A mí me educaron bajo los valores católicos-apostólicos-romanos y en una época de crisis existencial, aprovechando que mi madre era tan asidua a la parroquia que yo la llamaba la adjunta del cura, me metí a catequista. De chavales que se querían confirmar, manda huevos lo mal que está la Iglesia para que aceptasen a alguien como yo. Por supuesto, no tuvieron más remedio que echarme cuando se enteraron de que me lié con una de las niñas del grupo al que "catequizaba". Por favor, no piensen mal, que yo tenía veintipocos años y ella diecisiete. Además, unos diecisiete muy bien armados. Que si fuera posible, retaría a cualquiera de ustedes a que se pusieran en mi lugar y  rechazasen tal proposición. 

El caso es que ya no me creo nada de lo que veo o leo por ahí. Nada de lo que me dicen quienes nos gobiernan, ya sea el Estado, lor organismos oficiales, las empresas que se publicitan..., nadie, quien sea. No me creo lo que dice la mayor parte de la prensa, me da igual el tema que se trate. No me creo nada, ya digo, y esto es una desgracia porque la vida de un no creyente como yo es pesadillesca. A veces acaricias la locura pensando en el modo en que se están aprovechando de ti en un lugar o en otro, de una forma o de otra. 

Para colmo, el opio del pueblo, mi chute habitual con el que me alejo del mundo real para abrazar el de fantasía, también está viciado. Lo que están haciendo con el fútbol es para colgar a alguno. O para tirarlo por la ventana. O para echarlo a los leones, yo qué sé, se me ocurren tantas barbaridades posibles. Y lo peor es que ya todo se mezcla. Ayer circulaba el rumor de que el Real Madrid ha fichado a Gareth Bale gracias a un crédito de Bankia, una entidad nacionalizada. Vamos, que lo hemos pagados todos con nuestros impuestos, tócate los huevos Manolito. Y esto me enerva, me enciende, me pone de una mala leche que mejor paso de ello y me pongo a pensar en otra cosa. 

¿En qué pienso...?

¿En qué...?

Joder, si es que no tengo remedio. Se me acaba de meter en la mente que faltan 3 días para que (ojalá) a Madrid la manden a la venta del nabo en el coñazo este de la carrera olímpica. A ver, yo en este tema soy muy respetuoso con la gente a la que le pueda hacer ilusión que los Juegos Olímpicos se celebren en España. Me parece muy bien que lo sientan así y lo respeto profundamente. A mí, sin embargo, me parece una aberración siquiera plantearlo. No digamos ya haber llegado en el proceso hasta la votación definitiva. Y eso que yo era de aquellos entusiastas que defendían la candidatura de Sevilla en su época. Angelito, criaturita, valiente mamarracho estaba hecho. Y no porque no creyera que algo así le viniera bien a nuestra ciudad. Vamos, que le vendría de puta madre, pero no es eso a lo que me refiero. Es que es ridículo pensar que una ciudad con las infraestructuras que tiene la nuestra le puedan dar unos Juegos. Que sí, que es cierto que a veces es antes el huevo que la gallina. Que gracias a los Juegos se crean las infraestructuras. Pero un mínimo se exije, joder. Y una ciudad sin metro, con malos accesos y un horror como el Puente del Quinto Centenario, en el que nos gastamos un pastón colosal para reducir a dos carriles una autovía que es de tres a la entrada y a la salida del mismo (en ambos sentidos), no puede en la vida ser merecedora más que de una hostia institucional como la que nos dieron en su momento. 

Madrid es distinto, claro que sí. Pero que, con la que nos está cayendo, con la crisis que padecemos, con servicios básicos recortados salvajemente, con unas medidas de presión sobre la población rayanas lo insoportable, se planteen un despilfarro como son unos Juegos Olímpicos me parecece inadmisible. No voy a entrar a enumerar las razones por las que pienso así, pero si alguien quiere conocer mi opinión, que se lea este artículo de Nuño Rodrigo (reputado economista que publica en Cinco Días). Eso sí, reitero mi respeto por quienes sienten ilusión ante esta posiblidad. De hecho, lo que me acojona de todo esto no es que haya gente que lo apoye, eso es normal. Lo que me acojona es otra cosa. 

Lo que me acojona, lo que me mosquea hasta el punto de cabrearme como una mona, es ver que ninguno de los partidos con poder se cuestiona ni por un segundo la conveniencia de gastarse un dineral en unos Juegos Olímpicos en la situación en la que estamos. Ninguno de los partidos con poder. Ninguno de los partidos con opciones reales de estar gobernando en 2020. En el Estado, en la Comunidad de Madrid, en la Comunidad donde sea que pueda haber una subsede o en cualquier diputación o ayuntamiento implicado. Ninguno. ¿Cómo es esto posible cuando están todo el día buscandose las vueltas por las cosas más nimias? ¿Se montan escándalos por chorradas y se pasa por alto este asunto? ¿Qué pasa aquí? ¿No les parece que esto va a ser un grandísimo negocio para unos pocos y quieren convencernos a los pobres ciudadanos de que es algo maravilloso de lo que vamos a salir todos ganando?

Seguramente, no. Seguramente sean cosas mías, que soy un paranoico. Seguramente la culpa sea de mi madre por no saber contarme bien la verdad sobre el ratoncito Pérez o del cura de la parroquia, al que no le parecía conveniente que disfrutara de mi juventud al lado de aquel angelito de diecisiete años. 

Si es que yo soy así, no lo puedo evitar. Siempre estoy igual, viendo fantasmas donde no los hay. 

Disculpen las molestias. 


3 comentarios:

EL PAPI MAGASE dijo...

Bendita paranoia la tuya Rafa,acabas de volver a regalarnos otro de esos posts batiburrillos en el cual dejas montones de cuestiones y misterios por resolver y encima hasta nos entretienes la sobremesa en mi caso que es cuando tengo un rato para entrar aqui,yo solo te digo lo que me dijo una vez y muy acertadamente un amigo que tenemos en común y que es otro de esos bichos raros,pero bendita rareza la suya,me decia,hermano cuando te levantes por la mañana miraté al espejo y dile antes de nada esta frase al que ves delante de ti "EL NORMAL ERES TÚ",puedes estar seguro de que ese ejercicio diario me lanza a comerme el mundo todos los dias con la sonrisa en el rostro,aunque por dentro lleve mas mala leche que un gato pisao por rabo,un abrazo crack.

Alberto H. dijo...

A mí me pasa más o menos como a ti. Cada día soy más incrédulo y estoy más asqueado con nuestras instituciones y la permisividad ciudadana ante sus desmanes, que son ya habituales.

En cuanto a los Reyes Magos, yo me enteré de la gran mentira a los cuatro años, porque me lo dijo mi hermano (que tenía cinco años). Así que mi madre --mi padre ya había fallecido-- ni siquiera se molestó en contarme el rollo del Ratoncito Pérez.

Y de igual modo, cada día estoy más desilusionado con el fútbol. Me asquea la mafia en la que se ha convertido el fútbol español. Sólo hay que ver al impresentable del Presidente de la FEF, a los del Comité Técnico de Árbitros y el injusto reparto de los derechos televisivos. Sigo viendo fútbol, pero porque soy adicto al Sevilla, aunque también reconozco que veo los partidos de Champions a partir de la fase de grupos, porque creo que el fútbol en Europa es más limpio, aunque tampoco mucho más.

Y por supuesto, la oferta a lo Padrino: "Tengo una oferta que no podrá rechazar", también lo entiendo. "Juventud, divino tesoro", dicen por ahí. Y yo estoy totalmente de acuerdo.

Un saludo

Jose MME dijo...

Yo estoy haciendo cuentas de si es peor que le den los JJOO ya o que no se los den y sigan tirando dinero en Madrid 2024. ¿Alguien que esté más puesto que yo puede ilustrarme?

Lo de cuando nos presentamos nosotros me hizo ilusión a mí también, era un chavalito. Luego viajas, comparas, y claro, te das cuenta de que no, que no había por dónde coger aquello por muy bonito que sonara. Aunque tampoco lo de Atlanta, pero ellos tienen la Coca Cola y nosotros la Cruzcampo. Me quedo con la Cruzcampo y los JJOO para ellos.

Gran artículo, se identifica uno en extremo. Yo con 21 años me lié con una alumna de clases particulares que tenía 16, hasta en eso coincidimos.

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