viernes, 31 de mayo de 2013

Mitos, leyendas y mentiras del Descubrimiento (IV)


EL PROYECTO

Capítulos anteriores:  (I) -  (II) -  (III)

Colón llega a Portugal

En 1476, después de que el barco en el que viajaba naufragase frente a las costas del Algarve tras una batalla contra corsarios, Cristóbal Colón llega a nado a Portugal. Esa batalla existió y está documentada, pero envuelve un misterio de lo más curioso, ya que el jefe del la escuadra pirata era un francés llamado Guillaume de Casenove, también conocido como “Colón el Viejo”. Como es de esperar, esto dispara las dudas y especulaciones, llegando incluso muchos historiadores a preguntarse en qué bando de la contienda se encontraba nuestro personaje. Esto es algo que se produce de una forma continuada en la biografía del Almirante. Cuando intentas investigar un poco para aclarar algún concepto, lo que consigues es encontrar otras cosas que aumentan las dudas. Y teniendo en cuenta la nebulosa que envuelve a los orígenes de Cristóbal Colón, ¿no resulta hasta escandalosa la casualidad de que un tal “Colón el Viejo” sea el capitán de uno de los bandos que entraron en batalla aquel día?

Portada del reportaje de ABC en el que se presenta la teoría de que
Cristóbal Colón era francés (1969)
Pero es que hay más. En el primer capítulo planteamos una serie de cuestiones acerca de asuntos que no tienen lógica alguna en la vida de Colón. En una de ellas nos preguntábamos qué quería decir nuestro personaje cuando aseguró a los Reyes Católicos que no era el primer almirante de su familia. Pues bien, este Guillaume de Casenove fue nombrado en su momento vicealmirante por el rey francés Luis XI, lo cual supera el mayor de los colmos. Y al hilo de esto, buscando información sobre este “Colón el Viejo”, encontré casi por casualidad en la hemeroteca de ABC un extenso reportaje publicado en 1969 y en el que se describe la teoría del historiador Fernando del Valle Lersundi (que perteneció a la Real Academia Española de la Historia) en la que asegura que, efectivamente, Colón fue familia de este Casenove, el cual habría nacido en Navarra. Puntualicemos que en Francia hay una provincia llamada Baja Navarra, (la provincia de Iparralde de lo que los vascos llaman País Vasco Francés). Y que la Baja Navarra pertenecía al Reino de Navarra durante ese tiempo, con lo que Casenove pudo haber nacido en la parte "francesa" de ese reino. Sin embargo, según las investigaciones que dan lugar a esta teoría, Cristóbal Colón sería gascón. La región de Gascuña es limítrofe por el norte con la Baja Navarra, con lo que todo se habría movido en esa zona. Pero esta es otra historia en la que no me voy a meter. Simplemente quise señalar otra teoría sobre el origen del Almirante, que nada tienen que ver con la historia oficial y que no había mencionado antes.

De la forma que fuera, Cristóbal Colón llegó a Portugal en 1476, y allí permaneció hasta finales de 1484. Es la época en la que, forzosamente, tuvo que dar forma a su plan. Además, estaba en el mejor sitio para ello. En lo referente a la navegación por mar, Portugal era, en la época, como Estados Unidos en la actualidad para la espacial. Evidentemente, no eran los únicos que la llevaban a cabo, pero sí, sin duda, los más avanzados en esas artes. En relación con esta estancia en el país luso, hay otros muchos interrogantes, como por ejemplo ¿por qué se quedó allí en vez de, simplemente, volver a casa? O el que señalamos en anteriores artículos, ¿cómo es posible que el hijo de un humilde tejedor genovés acabara casándose con una noble como Filipa Móniz de Perestrello? En verdad, interrogantes alrededor de este personaje surgen de un modo continuado, pero no me voy a parar en ellos en este momento. Vamos a hablar del proyecto.

La Escuela de Sagres y la Volta da Mina

Descubrimientos portugueses en el s.XV
www.magnaverum.com
Siguiendo con el símil utilizado anteriormente, la Escuela de Sagres era para la navegación por mar en el siglo XV como la NASA en la actualidad para la navegación aero-espacial. Alguno puede preguntarse por qué Portugal se desarrolló tanto en estas materias. Probablemente es debido a que su “Reconquista” acabó mucho antes que la de Castilla, con lo que, al ser un país completamente abierto al mar, sin otra frontera que la propia Castilla o el Atlántico, se entregaron por completo a este último, de igual forma que otras naciones hicieron lo propio con otras cosas, con otros objetivos. Aragón, por ejemplo, también expulsó a los moros que estaban en su parte mucho antes que Castilla, pero ellos, por su posición geográfica, se lanzaron al Mediterráneo. Lo que pasa es que en éste la competencia era mucho mayor, ya que había gran cantidad de naciones con intereses similares y las guerras entre ellos impidieron que pudieran centrarse en otros menesteres, como les ocurrió a los portugueses. A estos últimos, nadie les molestaba en sus exploraciones. Al menos hasta que se metió por medio Castilla.

Pero fue a raíz de la puesta en marcha de la llamada Escuela de Sagres cuando ese conocimiento se plasmó en éxitos de renombre. Fue fundada en 1417 en dicha localidad, situada en el Algarve, muy cerca del Cabo de San Vicente, por Enrique el Navegante, el hermano del rey Duarte I y tío del sucesor de este, Alfonso V el Africano, con quien se comenzó a abrir la ruta naval hacia el sur de Africa (de ahí el seudónimo, claro). Los descubrimientos se sucedieron a lo largo de aquellos años gracias a continuas exploraciones, casi siempre hacia el Sur. Y todo ello se pergeñaba desde este lugar del Algarve. Sin duda, la Escuela de Sagres fue el centro neurálgico del saber náutico de su tiempo, y todos los descubridores de la época fueron relacionados con ella, incluido Colón, por supuesto.

De los grandes avances náuticos impulsados por Sagres, podemos destacar la carabela, una embarcación mucho más acorde para el tipo de navegación que se estaba imponiendo (más veloz y ligera que la nao, pero con suficiente capacidad de carga para navegaciones largas). Pero, en mi opinión, el más sorprendente de todos, teniendo en cuenta que lo normal en la época era la navegación de cabotaje, es decir, a vista de tierra, fue la llamada Volta da Mina.

San Jorge de la Mina
La Volta da Mina
San Jorge de la Mina era una colonia portuguesa situada en el centro de la costa occidental africana, sobre el Golfo de Guinea, en la actual Ghana. Fue fundada en la segunda mitad del siglo XV y servía como puerto de carga de mercancías africanas con destino Portugal. Pero lo interesante no es eso, sino el recorrido que tenían que hacer los buques para volver desde allí al país luso (ver imagen). Llegar era más sencillo porque los vientos alisios favorecían la navegación por la costa. Pero esos mismos vientos obligaban a meterse muy mar adentro para regresar, teniendo que hacer una enorme parábola por el Atlántico para evitar que echasen a las embarcaciones más hacia el sur. Era lo que llamaban La Volta da Mina (la vuelta de la Mina). Sabemos que Colón fue testigo directo de cómo se debía hacer, y como veremos a continuación, es evidente que se trata de algo capital en su proyecto.

Los vientos alisios y contralisios

He aquí uno de los dos puntos vitales (el otro son las distancias) del proyecto de Colón: los vientos. ¿Recuerdan cuando, en el primer artículo, nos preguntábamos por qué el Almirante utilizó una ruta diferente para la ida y para la vuelta de su primer viaje? Pues la respuesta está a continuación.

Técnicamente, los vientos alisios son provocados por una subida de aire cálido en el Ecuador, la cual deja una zona de bajas presiones (un hueco, hablando en burdo), que es ocupada por otra masa de aire. Y ese movimiento de aire es lo que ocasiona estos vientos. El efecto de la rotación de la Tierra los desplaza hacia el oeste. Y como el eje de dicha rotación en nuestro planeta es oblicuo, estos vientos soplan del noreste al suroeste en el hemisferio norte (y no directamente de este a oeste), y en sentido contrario (de sureste a noroeste) en el hemisferio sur.

Por su parte, los vientos contralisios se producen porque esa masa de aire cálido del Ecuador, que subía dejando un hueco, se desplaza hacia otras zonas más frías (más al norte o al sur, según el hemisferio), provocando este otro viento. Ese desplazamiento se produce en dirección noreste en el hemisferio norte, y sureste en el hemisferio sur.
Vientos alisios y contralisios en el Atlántico - Hemisferio Norte

Al final, la cosa queda como se ve en la imagen, es decir, como si los vientos hicieran un recorrido casi circular en el sentido de las agujas del reloj en la zona atlántica del hemisferio norte (y en sentido contrario en el sur). Claro que esto lo sabemos hoy. En el siglo XV apenas se había navegado por el Atlántico, más allá de las expediciones portuguesas, por lo que el manejo de estos vientos era algo absolutamente innovador. Un espectacular avance en el saber náutico. Por eso se considera a la Volta da Mina como algo rompedor en su época (y no tanto por alejarse un gran trecho de la tierra firme), ya que con dicha ruta se utiliza la fuerza de los vientos alisios/contralisios como “motor” de los barcos. Y eso era algo desconocido y descubierto por los portugueses.

Primer viaje de Cristóbal Colón
¿Y qué tiene que ver esto con la aventura de Cristóbal Colón? Pues basta con mirar el recorrido que siguió en su viaje de ida y luego en el de vuelta para comprender que utilizó los alisios y los contralisios para impulsar sus barcos y hacer factible la travesía. Factible en el tiempo, es decir, que se pudiera realizar en un tiempo prudencial y acorde con la capacidad de carga de suministros de las naves de la época; y también factible para asegurar el regreso, ya que de nada sirve utilizar unos vientos para la ida si luego esos mismos vientos te van a impedir regresar. Por eso se da por sentado que Colón conoció la técnica empleada para realizar la Volta da Mina. Porque era la única ruta utilizada en la época que aprovechaba los vientos alisios y contralisios. Los primeros para la primera parte del recorrido y los segundos para la parte final.

Las distancias

Ya sabemos qué solución planteó Colón en su proyecto al problema de la velocidad de los buques y las rutas a seguir. El otro pilar del edificio era la distancia a recorrer, y aquí la cosa se complicó bastante, ya que las incertidumbres en este sentido eran enormes en la época. Hemos de tener en cuenta que don Cristóbal tuvo que presentar su proyecto a juntas de expertos tanto en Portugal como en Castilla. Es decir, a la flor y la nata del saber náutico de cada uno de los países. Por tanto, tenía que hablar con argumentos muy sólidos para tratar de convencerles, ya que no eran precisamente unos cualquieras. Hablar de los alisios, por muy innovador que fuera aquello en su tiempo, era fácil. Bastaba con poner el ejemplo de la ruta seguida por los portugueses para volver de San Jorge de la Mina. Eso ya estaba inventado, como se suele decir. Pero explicarles a esos señores que la distancia entre Castilla o Portugal y las tierras que él pretendía alcanzar era factible de hacer en un tiempo suficiente para no morir en el intento era otra cosa completamente diferente.

Lo primero que debemos decir es que Cristóbal Colón leyó mucho. Muchísimo. Más allá de la formación que recibiera y del modo en que lo hiciera, la biblioteca que legó a su muerte fue extensísima, y actualmente se conserva precisamente aquí, en Sevilla. Y fue en base a lo que leyó como llegó a sus conclusiones acerca de las distancias. Antes de juzgar estas conclusiones (erróneas de cabo a rabo), hay que ponerse en el lugar del Almirante y en la época en la que vivió. Esas conclusiones se obtuvieron en base, como digo, a la información que se tenía entonces. No había otra forma posible de hacerlo.

Así, según lo expuesto por Toscanelli, la masa de agua del planeta se extendía por 160º, de los cuales, 20º estarían explorados y 15º sería la distancia entre Japón y China. Por tanto, si se resta 20 y 15 a los 160º totales, el resultado es 125º, que debía ser la extensión del Atlántico de orilla a orilla. Esta cantidad se acercaba mucho a los 120º que intuía Marino de Tiro que ocupaba dicho océano. Y lo que hizo Colón fue restar a eso la ya conocida distancia que había entre Canarias y Africa, quedando el objetivo final en 45 - 50º. Para colmo, otro de los autores que leyó, el profeta Esdras, aseguraba que el mar era una séptima parte de la obra de Dios. Y como un séptimo de la circunferencia (360º) es 51º, nuestro personaje concluyó que todas las piezas encajaban.
Biblioteca Colombina

A la hora de pasar los grados a millas, volvió a confiar en las explicaciones de Toscanelli y en lo que decía Pierre D'Ailly en su Imago Mundi (otra de sus obras de referencia), y concluye que un grado equivale a 56 millas y 2/3, cometiendo el error final de basarse en la milla latina y no en la árabe (más corta la primera), quedándole una circunferencia de la tierra más pequeña aún. Según sus conclusiones, dicha circunferencia sería de 20.400 millas, que es una cuarta parte menos de la que en verdad tiene. Claro que eso lo sabemos ahora. En aquella época, era un dato tan difícil de hallar como de rebatir. Sin embargo, esos 50º (aproximadamente) de los que hablaba antes es la distancia real que hay entre Canarias y las Antillas. Las 700 leguas que dijo a su tripulación que navegarían.

Y en este punto, es fundamental preguntarse de nuevo a dónde pretendía llegar Colón. Yo lo lamento mucho por mis profesores de historia, pero no me creo para nada que Cristóbal Colón pretendiese llegar a Asia y tomar aquellas tierras en nombre de Castilla con tres barcos y una tripulación de marineros hambrientos y agotados. Tierras que pertenecían a poderosas naciones como China o Japón. No es que pretendieran entrar en guerra con ellos para conquistarlas, no, es que se trataba directamente de tomar posesión y punto. Eso no puede ser, no tiene lógica de ningún tipo. Por tanto, lo que dicha lógica indica es que Colón, de la forma que fuera, sabía de la existencia de tierras intermedias que no estaban dominadas por nadie, de modo que pudieran ser anexionadas y que sirvieran de puente con Asia. Recordemos que el objetivo final (según la historia oficial) era encontrar una ruta alternativa para comerciar con las especias, ya que la terrestre por Turquía estaba cortada, y la marítima que pretendían los portugueses aún no estaba completada y era considerablemente larga. Para eso no hace falta anexionarse los dominios de los chinos, sino simplemente tenerlos a tiro de navegación para comprar mercancías, cargar buques y trasportarlas. Y a mí me parece que lo más lógico es que el proyecto de Colón consistiese en llegar a esas islas intermedias y, a partir de ellas, encontrar la ruta hasta Asia. De hecho, los Reyes Católicos le prometieron títulos nobiliarios y derechos económicos a cambio de la consecución de un objetivo. Y le dieron esos títulos y derechos sin haber llegado a Asia, con lo que no podía ser ese el objetivo. Lo lógico es que tal objetivo fueran unas tierras intermedias,  las que efectivamente alcanzó y de las que se hablan en el contrato que suscribieron, en la Capitulaciones de Santa Fe, de las que trataremos en el próximo capítulo. Y aunque es cierto que Colón nunca fue consciente de que descubrió todo un continente, eso no es incompatible con la lógica de la que acabo de hablar. Es la consecuencia de los errores de cálculo en los que cayó por la poca información que se manejaba en la época. Sin duda, Colón estaba convencido de que Asia estaba cerca de las islas a las que quería llegar, pero el objetivo tenían que ser esas islas, no la propia Asia.

A las conclusiones a las que nuestro personaje llegó después de tanto leer, hay que añadir los indicios de los que hablamos en capítulos anteriores y, sobre todo, su experiencia. El hecho de haber estado navegando durante tanto tiempo y de haberlo hecho durante años con los mejores de su época, los portugueses. Cuando un hombre con la capacidad que se le supone a Colón, y sus inquietudes, ve tanto como vio, adquiere tantísima experiencia como adquirió navegando por todo el Atlántico conocido, escuchando las historias de tanta gente de lugares tan dispares (desde Islandia hasta San Jorge de la Mina), habiendo estado en contacto presumiblemente con sabios en la materia como Toscanelli, como Behaim u otros en la Escuela de Sagres, habiendo podido consultar los archivos de su suegro, Bartolomé de Perestrello, nada menos que el descubridor de Porto Santo, una de las islas de Madeira..., cuando todo eso se junta, sólo hace falta que alguien crea en ello de verdad y se decida a poner el dinero encima de la mesa. En el fondo, no es más que eso. Alguien que desarrolla un proyecto revolucionario, que es mirado por encima del hombro por los supuestos expertos en la materia, que es tildado de loco, que se harta de dar vueltas buscando a alguien que crea en él, que persevera, persevera, persevera..., hasta que por fin encuentra quien le da la oportunidad y ocurre lo inevitable: que gracias a él surge algo que cambia el mundo. 

No es Cristóbal Colón el único ejemplo, los hay a montones en la Historia. Lo que ocurre es que lo que Cristóbal Colón descubrió acabó por irse mucho más allá de lo que hasta él mismo pudo haber imaginado en el mejor de su sueños. Pero ese es otro tema. Lo cierto es que el futuro Almirante desarrolló su proyecto, lo presentó donde consideró conveniente, luchó por él y, finalmente, hubo alguien que acabó por darle credibilidad. Alguien con la misma altura de miras, con la misma grandeza. Alguien adelantado a su tiempo. Alguien como Isabel la Católica. 

Ya hablé de ella en su momento y me reafirmo ahora en lo que dije entonces: en mi opinión, el mejor gobernante que ha tenido España en toda su historia. En el próximo artículo hablaremos de cómo se desarrollaron los acontecimientos en Castilla para que, finalmente, Cristóbal Colón lograra su objetivo de ser enviado por los reyes a descubrir nuevas tierras.

Capítulos siguientes: (V) - (VI) - (VII)

lunes, 27 de mayo de 2013

Mitos, leyendas y mentiras del Descubrimiento (III)

LOS INDICIOS

Capítulos anteriores (I) -  (II)

El objetivo de este artículo no es otro que tratar de demostrar que en el siglo XV se aceptaba con naturalidad entre los expertos cartógrafos la existencia de tierras desconocidas al otro lado del Atlántico, del Mar Tenebroso, como también era conocido por entonces. No pretendo quitarle méritos a Cristóbal Colón, pero sí desmitificar un poco su figura. Ponerla en el sitio que merece, ni más alto, ni más bajo. Citando de nuevo el ejemplo de una supuesta exploración a Marte, una cosa es desarrollar la tecnología necesaria para hacerlo, y otra descubrir el planeta. Lo que pretendo hacer hoy es demostrar que el Marte del s.XV ya se conocía; o mejor, que se intuía su existencia, que no era nada nuevo hablar sobre ello. Otra cosa es que nunca se hubiera colonizado aquel lugar, o que su tamaño y forma fueran infinitamente superior y diferente respectivamente a como se suponía o intuía. 

Observen el mapa que se ve en la imagen de la derecha.


Fíjense en los archipiélagos cercanos a la costa noroccidental de Africa. La existencia de las Islas de Madeira era conocida desde el siglo XIV, pero fue en 1418 cuando los portugueses las “redescubrieron” y colonizaron. Algo parecido ocurre con las Canarias, descubiertas, también en el siglo XIV, por el navegante genovés Lancelloto Mallocello (a él debe su nombre Lanzarote), pero que no fueron colonizadas hasta el siglo XV por los castellanos. De hecho, su conquista definitiva no se produce hasta la última década de dicho siglo.

Vemos que son islas que están cerca de la costa. En aquella época, dada la tecnología existente, imperaba la llamada navegación de cabotaje, es decir, a vista de tierra. Los navíos sólo se adentraban en el interior del océano cuando sabían a donde iban, por lo que los descubrimientos y colonizaciones se producían no muy lejos de la costa. Así, los portugueses, que se llevaron todo el siglo XV bordeando Africa en busca de una ruta por mar hacia Asia, realizaron otros descubrimientos, como el de las Islas de Cabo Verde (véase en la imagen, más al sur) en 1444, también cerca de la costa.

Dicho esto, ¿qué llevo a los portugueses a navegar en línea recta hacia Occidente para acabar por descubrir las Islas Azores en 1427? Teniendo en cuenta lo comentado sobre la tecnología naval de la época, ¿a alguien le cabe en la cabeza que hubiera algún loco que dijera “voy a meterme en el Mar Tenebroso a ver si encuentro alguna isla perdida”? Evidentemente, eso no es lógico. Lo normal sería que hubiera indicios de la existencia de tierra hacia occidente y se organizaran expediciones hasta descubrirlas.

¿Y cómo se obtienen esos indicios? Pues a veces se trataba de leyendas tipo Atlántida o tipo Isla de San Barandán. Según esta última, un abad irlandés, en compañía de algunos de sus monjes, inició un largo viaje que le llevó por el océano de Barandán, atravesando varias islas, para luego cruzar un mar de densas nieblas y llegar al fin a la tierra en la que se encontraba el Paraíso Terrenal. La cuento porque más adelante cobrará sentido hacerlo. Sin embargo, lo normal era que los indicios se obtuvieran por testimonios de navegantes que se desviaron de su ruta por motivo de condiciones climatológicas y que “vieron algo”; o porque el mar, tras alguna tormenta, trajese restos de hojas o de madera procedente de occidente; o simplemente por observar la llegada de aves desde esas latitudes. 

Imaginen un buque mercante que hace la ruta entre Sevilla y Londres, y que durante la misma atraviesa el Atlántico varias millas al oeste de la costa portuguesa. Si desde ese navío observan la llegada de restos de madera desde más hacia occidente, o simplemente el paso de bandadas de aves desde ese dirección, lo normal es suponer que en algún lugar hacia allá hay tierra. Es el paso previo a que algún rey se decida a financiar la exploración de algún intrépido marinero.     

El caso de las Azores es sintomático. Si los portugueses obtuvieron indicios de la existencia de islas en un lugar tan apartado de la ruta normal de sus navegaciones (Africa), es perfectamente asumible que, una vez allí, también se obtuvieran de tierras incluso más allá.

Observen ahora la siguiente foto.

Zona del Atlántico conocida en el S. XV como "Ultra Thule"

L'Anse Aux Meadows - Asentamiento vikingo
en Terranova (Canadá)
Cristóbal Colón aseguraba haber viajado “Ultra Thule” durante su periplo portugués. En el siglo XV se conocía de esa forma a las islas más septentrionales del Océano Atlántico, con lo que, si creemos a nuestro personaje, estuvo en Islandia, Groenlandia y/o las Islas Feroe. De ser así, pues, estuvo en contacto con los descendientes de los vikingos. Se sabe que los vikingos, en sus famosas expediciones, llegaron hasta Terranova, una isla que en la actualidad pertenece a Canadá. Y se sabe porque en esa isla se han encontrado restos de esa civilización.


Regiones del actual Canadá enumeradas
en las sagas nórdicas
Se entiende que llegaron hasta allí, pero, por la razón que fuera, no se quedaron. No la colonizaron. No obstante, en las sagas nórdicas (relatos anónimos sobre las hazañas de los vikingos), en concreto en las llamadas “sagas groenlandesas”, se habla de cuatro regiones llamadas Groenland (tierra verde), Helleland (tierra de arroyos), Markland (tierra de bosques) y Vinland (tierra de viñedos). La primera es, evidentemente, Groenlandia, mientras que las otras tres están en la actual Canadá, siendo la última Terranova, donde se conserva el asentamiento vikingo llamado L'Anse Aux Meadows, que en la actualidad es patrimonio de la UNESCO.


Por tanto, es perfectamente factible que Colón escuchara de primera mano las leyendas sobre la existencia de tierras al oeste. No se trataría más que de nuevos indicios, ya que las sagas nórdicas mezclan fantasía con realidad, y los investigadores han tenido que trabajar duro para conseguir, en parte, separar el grano de la paja. Pero indicios sobre indicios, parece lógico pensar que Colón fue dando forma a su proyecto en sus tiempos de navegante al servicio de los portugueses.

El Mapa de Toscanelli

Paolo dal Pozzo Toscanelli (1397 - 1482) fue un matemático, cosmógrafo y astrónomo italiano de muchísimo renombre en su época, aunque nunca plasmó por escrito sus conocimientos, con lo que, lo que de él se sabe, es por lo que enseñó a sus alumnos o por sus colaboraciones con distintos gobernantes a quien prestó sus servicios. Uno de estos fue el rey de Portugal, a quien advirtió de la posibilidad de que fuera más fácil alcanzar la India navegando hacia occidente que bordeando Africa, como lo estaban intentando ellos. En 1474, dos años antes de la llegada de Colón a aquel país, llegó incluso a enviar un mapa al rey luso que no se conserva, pero que gracias a Bartolomé de las Casas (biógrafo de Colón), sabemos que pudo ser semejante al que ven en la imagen:

Mapa de Toscanelli
Clic para ver más grande
¿No resulta curioso ver lo cerca que se coloca Canarias de una isla llamada Antilia? ¿Y no resulta más curioso todavía que Colón llamara Las Antillas a las primeras islas a las que llegó? Aún hoy se llaman así. También es llamativo que incluya en el mapa la Isla de San Barandán (que en verdad no existe) o una isla junto a Irlanda llamada “Brasil”.

Aunque hay quienes ponen en duda su veracidad, según muchos historiadores, Cristóbal Colón habría tenido acceso a este mapa. Incluso, bastantes de ellos aseguran que se habría carteado frecuentemente con el propio Toscanelli, siendo él mismo quien se lo envió. Por otro lado, algunos llegan a preguntarse si no sería este mapa el motivo por el que don Cristóbal tuvo que huir de Portugal con problemas con la justicia, aunque esto último es mera especulación. Es especulación que fuera ese el motivo, no que tuviera que huir, ya que ese extremo lo confirma el propio rey portugués en aquella carta que le envió y de la que hablamos con anterioridad.

Como tantas cosas en la vida del descubridor, esto es un misterio. Pero lo importante en este caso es que estas teorías no eran exclusivas de Colón. No fue él quien se inventó que hacia occidente se podían encontrar tierras, sino que era algo sobre lo que había muchos indicios. Y ni siquiera fue el primero en promulgarlo abiertamente, ya que el propio Toscanelli dibujó este mapa con anterioridad.

El Erdapfel - El primer globo terráqueo, obra de Martin Behaim
Erdapfel - Museo Nacional Germano
Nuremberg


Martin Behaim (o Martin de Bohemia 1459 - 1507) fue un navegante, astrónomo y geógrafo alemán que prestó sus servicios a Portugal , donde vivió gran parte de su vida (fue incluso miembro de la Junta de Sabios que estudió el proyecto de Colón cuando lo presentó en aquel país), pero que es más conocido por ser el autor del primer globo terráqueo de la historia. Se trata del llamado Erdapfel (literalmente, "manzana de la Tierra" en alemán). Lo elaboró en 1492, antes de conocerse el descubrimiento de Cristóbal Colón, ya que éste no regresó de su primer viaje hasta 1493. 


Se entiende que Behaim y Colón se conocieron durante la estancia de este último en Portugal. Incluso, que compartieron información. De hecho, Antonio Herrera, cronista e historiador del s. XVI - XVII, así lo asegura en su Historia General de las Indias, en la que dice, acerca del proyecto de Colón, que "Colón confirmó su opinión con su amigo Martin de Bohemia ... un cosmógrafo de gran criterio"


Proyección a papel del Océano Atlántico en el Erdapfel
Si nos fijamos en la proyección al papel del mapa dibujado en el globo (la parte que nos interesa), observamos que tiene un gran parecido con el mapa de Toscanelli. La particularidad es que el de Toscanelli no se conserva (y hay quien pone en duda que existiera), mientras que el globo terráqueo de Behaim se encuentra en el Museo Nacional Germano de Nuremberg. Es decir, que existió y existe.


Lo importante de esto no es que se conserven o no, sino el tener la certeza de que, en la época, la idea de que había tierra a occidente era contemmplada por los expertos. Expertos con los que, aunque no hay seguridad absoluta, la lógica dice que Colón tuvo contacto. 


Los Mapas de Martellus Walsperger 

Estos mapas se elaboraron a partir de las indicaciones explicadas en el siglo II d.C. en la Geografía de Ptolomeo. No se conserva ningún mapa que este dibujara, pero en el s.XV se recrearon siguiendo sus escritos, quedando como ven en la foto:

Mapa de Ptolomeo
En la parte más oriental de Asia se dibuja un gran trozo de tierra que no se corresponde con nada conocido. Es como si China se extendiese más al oeste y más al sur. Esto hizo que geógrafos del s. XV fueran más allá e hicieran mapas de su propia cosecha, como es el caso del alemán Henricus Martellus, que prolongó esa parte más occidental de Asia hacia el sur, haciendo un cono que se parece demasiado a Sudamérica como para que tal hecho pase desapercibido. Incluso, hay investigadores que se atreven a encontrar más que semejanzas, comparando los ríos dibujados en el mapa con los realmente existentes en el cono sur de América. Esto último es una especulación descabellada, pero el hecho de que se dibuje ese trozo tan extraño de tierra en el s.XV nos debe hacer ver que en aquella época se intuía la existencia de territorios más allá de India o China.

Mapa de Martellus
Detalle del Mapa de Martellus que se compara con Sudamérica

Sin embargo, al mapa que a mi más me llama la atención es el de Andreas Walsperger, cartógrafo alemán que en 1448 dibujó lo que ven a la derecha.
Mapa de Walsperger

Tengan en cuenta que el mapa está volteado. El Sur está arriba y el Este, a la izquierda. En este mapa no se prolonga hacia el sur esa ampliación de Asia, sino que directamente se la separa casi por completo, creándose un gran trozo de tierra con bastante poco sentido y que no tiene nada que ver con los mapas conocidos hasta el momento. En dicho trozo de tierra se dibuja un castillo que representa el Paraíso Terrenal justo en el nacimiento de un río. Y en este punto, hay investigadores que recuerdan una anotación de Colón que carece de demasiado sentido lógico. Fue en 1498, durante su tercer viaje, cuando descubrió y cartografió Venezuela y la desembocadura del Orinoco. Y escribió a los Reyes Católicos asegurando que había visto un río que provenía del Paraíso. Hay historiadores que califican esto como un delirio del Almirante, pero otros intentan encontrar una relación con la leyenda de la existencia del Paraíso Terrenal en una tierra desconocida. Recuerden ahora la leyenda que conté antes sobre el monje que atravesaba el Mar de Barandán hasta llegar a la tierra donde se encontraba dicho paraíso. Toscanelli y Behaim incluyen la Isla de Barandán en sus mapas (haciendo ver que dicho mar estaba en el Atlántico), y Walsperger, el Paraíso Terrenal en el suyo (habría que atravesar el Atlántico para llegar a la tierra donde está el paraíso). Leyendas e interpretaciones, sin duda. No digo, para nada, que esto sea cierto (más que nada porque hoy por hoy sabemos que no lo es), pero sí que es verdad que en el siglo XV se intuía con fuerza que había tierras más allá del Mar Tenebroso. 


La leyenda de Alonso Sánchez de Huelva

Estatua dedicada a Alonso
Sánchez, en Huelva
Con este nombre es conocido un supuesto piloto onubense que, desviado de su ruta por una gran tormenta, habría sido arrastrado hasta alguna de las islas Antillas. Allí contactó con los indígenas, que le acogieron a él y a su tripulación mientras preparaban el viaje de vuelta. Un mes después atracaron en la isla portuguesa de Porto Santo, Madeira, donde por entonces residía Colón con su esposa Felipa. Alonso sería uno de los pocos supervivientes y contó a nuestro personaje lo que le había ocurrido y el lugar donde había estado.


Esta historia la cuenta Fray Bartolomé de las Casas en su biografía de don Cristóbal. Es bueno recordar que esta biografía, junto a la de Hernando Colón, es la base sobre la que se sustenta la historia oficial del Almirante y del Descubrimiento de América. Bien es cierto que De las Casas no lo cuenta como algo que ocurriera de veras, sino como una historia con mucho predicamento entre las gentes que en la época poblaban la costa onubense. De hecho, en Huelva hay una estatua que conmemora a este personaje.

No se puede demostrar que esta persona existiera, pero muchos historiadores creen firmemente en la posibilidad de que Colón recibiera confirmación de lo que ya intuía (la existencia de islas al otro lado del Atlántico) por parte de alguien a quien le ocurriera algo semejante a lo que se cuenta de este Alonso Sánchez.

Como han podido comprobar, este artículo está plagado de especulaciones, leyendas y con bastante poco rigor histórico. No era mi intención que lo tuviera, por otra parte. Lo único que pretendo con todo lo que he contado es hacer ver que en la época en la que vivió Cristóbal Colón, decir que había tierras en la otra orilla del Atlántico no era ninguna barbaridad. El pueblo llano, ignorante e inculto, manejaba leyendas sobre paraísos terrenales y lugares fantásticos. Pero incluso entre la gente de más alta cultura, entre los expertos en navegación, cartógrafos y demás, la idea de que hubiera tierras no conocidas allende los mares era perfectamente aceptada. Sólo faltaba que alguien elaborara un proyecto creíble para ser puesto en marcha y descubrir eso que ya que se conocía (o se intuía), pero a donde nunca antes se había llegado (o mejor, que nunca antes se había colonizado). Cristóbal Colón fue ese alguien, pero para nada el primero en concebir tal idea. 

En la próxima entrega veremos en qué consistió dicho proyecto.


Capítulos siguientes:  (IV) - (V) - (VI) - (VII)

jueves, 23 de mayo de 2013

Mitos, leyendas y mentiras del Descubrimiento (II)

EL PERSONAJE


Capítulos anteriores: (I)


Cristóbal Colón es, sin duda, uno de los personajes más controvertidos que ha dado la Historia. Sin ningún género de duda. Prácticamente nada de lo que se sabe de él se puede afirmar de un modo categórico: ni el lugar donde nació, ni su condición social, ni su nivel de formación, ni el modo en que fue capaz de desarrollar su proyecto... ni siquiera el lugar donde está enterrado. Pero es que él mismo se encargó de que eso fuera así. Algo muy, muy gordo tenía que ocultar para empeñarse en emborronar su pasado continuamente. La historia oficial es la que es, y está bastante bien documentada, pero eso no es óbice para que surjan un sinfín de dudas al respecto: de cosas que no cuadran, que no encajan, que no tienen explicación. Y lo peor es que, mientras más trata uno de informarse y documentarse, más dudas surgen. La vida de Cristóbal Colón es un galimatías, una especie de laberinto en el que, mientras más avanzas, más perdido estás.



Cristóbal Colón
Todo esto le convierte, por supuesto, en un personaje fascinante. No sólo por la curiosidad que despierta y que uno no puede saciar, sino por lo absolutamente descomunal de su hazaña. Tan descomunal que es imposible creerse muchas de las cosas que la historia oficial cuenta sobre él. Y como la nebulosa que envuelve su vida hace que a menudo hablemos sobre especulaciones o suposiciones, es necesario aplicar la lógica y el sentido común para evitar que agrandemos su mito más de lo necesario, o para comprender que, por mucho que nos hayan contado en clases de historia, la realidad tuvo que haber sido de otra manera.


Pero vayamos por partes y analicemos algunas de esas muchas cosas que es complicado creer en su biografía oficial.

Fecha y lugar de nacimiento


Sobre la fecha y, sobre todo, el lugar de nacimiento de Cristóbal Colón hay multitud de teorías, unas disparatadas y otras con cierta base. Y, entre estas últimas, unas explican algunos de los misterios que existen y otras, otros; pero todas dejan alguno sin solución. Ninguna lo explica todo, con lo que siempre dejan abierta la duda sobre su veracidad. De Colón se dice que nació en Italia, en Francia, en Castilla, en Portugal, en Cataluña, en Mallorca, en Ibiza, en Extremadura, en Galicia..., hasta en Grecia, en Suiza o en Noruega. Hay teorías para todos los gustos.

No obstante, la más aceptada es la de que nació en Italia, en concreto en Génova, en 1451. Más que nada porque existen documentos de la época que certifican que un tal Doménico Colombo y su esposa, Susana Fontanarosa, vivieron en Génova y tuvieron cinco hijos llamados Christóforo, Bartolomé, Giacomo, Juan Peregrino y Bianchinetta. Christoforo sería Cristóbal, Bartolomé, el hermano que le acompañó en tantos avatares, Giacomo sería el otro hermano que vivió con él en Castilla (aunque aquí se le conoce por Diego y nadie explica el por qué de ese cambio) y de los otros dos, nada más se supo. Esta familia existió, pero eso no quiere decir que fuera la de Colón. Que Christóforo fuera don Cristóbal. Sin embargo, eso sí, es la oficialmente aceptada. 

Como digo, esta teoría está basada en muchos documentos que no voy a empezar a desarrollar. Pero es, digamos, la más sólida en ese sentido, aunque deja en el aire muchísimas preguntas. Ya he comentado una: ¿por qué Giacomo pasa a llamarse Diego? Bueno, se podría decir que él se lo quiso cambiar al llegar a Castilla y que sus razones tendría. No se puede tumbar una teoría respaldada por tantos documentos sólo por eso. Pero es que no es sólo eso. Hay muchos interrogantes más.

El idioma de Colón

Cristóbal Colón jamás utilizó el italiano en sus escritos. Y escribió mucho. Muchísimo. No sólo sus diarios de a bordo en los viajes (el correspondiente al primero es verdaderamente fascinante porque cuenta, día por día, el viaje por mar más alucinante de toda la Historia), sino una cantidad ingente de correspondencia con personajes de todo tipo. Muchos de ellos italianos. Y ni siquiera con estos utilizó su supuesto idioma de cuna. Por ejemplo, se carteó frecuentemente con Nicolo Oderigo, embajador genovés ante los Reyes Católicos, pero lo hizo en castellano, a pesar de ser compatriotas. O con los responsables de la genovesa Banca de San Jorge en Sevilla (genoveses ellos también), que eran quienes gestionaban sus dineros (cuando los tuvo). Es que ni en las cartas que dirigió a su hermano Bartolomé (como, por ejemplo, la que le envió a Inglaterra para decirle que dejara de presentar el proyecto porque Castilla lo había aceptado y partía inmediatamente). Escribió en portugués, en castellano, incluso en catalán, pero jamás, jamás en italiano.

Clase social y conocimientos

Según la historia oficial, Cristóbal Colón era hijo de unos humildes tejedores genoveses. Sin embargo, fue capaz de casarse con una noble portuguesa dos años después de llegar a aquel país a nado, tras un naufragio, y cuando no era más que miembro de la tripulación de un buque mercante. Eso, en aquella época, (e incluso, en ocasiones, en la actualidad), es inaudito. Se puede llegar a comprender que, gracias a esa posición ganada con el matrimonio, pudiera tener acceso al rey para presentarle el proyecto, pero lo difícil de entender es que obtuviera el primer logro. El de casarse con una noble.
Felipa Móniz de Perestrello
Primera esposa de Colón

Pero es que la cosa no queda ahí. Cuando abandonó Portugal para marcharse a Castilla (una vez fallecida su esposa y trayendo de la mano a su pequeño hijo Diego), llegó a nuestro país casi a escondidas, por mar, no por tierra, y pidiendo refugio en el convento de franciscanos de La Rábida. ¿Cómo es posible algo así en una persona que alcanzó la nobleza y trató con el rey de Portugal? Para colmo, años más tarde, cuando ya estaba en tratos con la reina de Castilla, el rey de Portugal le mandó una carta en la que le llamaba “amigo”, le invitaba a regresar al país luso y le aseguraba que la justicia no tomaría medidas contra él. ¿A qué se refiere esto? ¿Qué hizo Cristóbal Colón en Portugal para que, siendo “amigo” del rey y esposo de una noble, tuviera que huir de allí del modo en que lo hizo y pedir caridad en La Rábida? Y más aún, aceptando que pudiera tener acceso al rey portugués gracias a la familia de su esposa (y hasta que entablara amistad con él), ¿cómo es posible que también llegara a contactar con la reina de Castilla, así como enviar a su hermano a Francia e Inglaterra para que departiera con los reyes de aquellos países? ¿Es eso normal en el hijo de un humilde tejedor genovés?

Y luego están sus conocimientos. Por mucho que navegara durante años, incluso con los mejores de la época, los portugueses, los conocimientos que demostró tener Cristóbal Colón van mucho más allá de lo que se podía llegar a adquirir con esa experiencia. Hablamos de los conocimientos necesarios para hacer un viaje que nunca antes, jamás en la Historia, nadie osó hacer. Conocimientos suficientes para convencer a reyes y a su cohorte de expertos en cada una de las materias. Conocimientos avanzados, no sólo en navegación, sino en matemáticas, en astrología, en cartografía, etc. Eso, como digo, no se adquiere como grumete o como marinero. Al principio de la serie comparaba la odisea de Colón con un supuesto viaje tripulado a Marte. Y siguiendo con esa comparación, una cosa es ser un magnífico ingeniero aero – espacial y otra muy diferente ser capaz de organizar una expedición tripulada a Marte, volver y establecer una ruta permanente con la que colonizar el planeta rojo. Es que no es lo mismo. Y aun aceptando que Colón era algo así como un superdotado (que lo era, no puede ser de otra forma), en algún sitio tuvo que recibir la formación, porque las matemáticas no se aprenden en la cubierta de un buque y rodeado de rudos marineros.

En este sentido, en la biografía que su hijo Hernando Colón escribió sobre él, asegura que estudió en la Universidad de Pavía, pero eso no casa para nada con lo que se dice de que estuvo en la mar desde muy joven. Sin duda, la el tema de la formación de Cristóbal Colón es un auténtico enigma.

El extraño caso del Papa Inocencio VIII

A continuación, y también a lo largo de los siguientes capítulos de esta serie, voy a comentar algunas de las teorías heterodoxas que tratan de explicar los orígenes de Cristóbal Colón. Como decía antes, las hay para todos los gustos, pero yo voy citar solo las que me parecen más interesantes. Y empezaremos por la que concierne al papa Inocencio VIII.

Inocencio VIII
Giovanni Battista Cybo fue el papa número 213 bajo el nombre de Inocencio VIII, y su pontificado duró desde el 29 de agosto de 1484 hasta el 25 de julio de 1492. Es, casi con exactitud (primera casualidad), el periodo que transcurre desde que Cristóbal Colón tuvo que huir a escondidas de Portugal y el de la partida del primer viaje, el del Descubrimiento. La primera noticia que tenemos de Colón en Castilla (su llegada a La Rábida) es de la primavera de 1485, pero los tres o cuatro meses anteriores a esa fecha son un misterio, ya que se supone que sale de Portugal a finales de 1484. Un misterio del que hablaré más adelante porque puede tener una importancia capital en toda esta historia. Pero ahora lo que interesa es que Colón se va de Portugal casi justo después del nombramiento de Inocencio VIII como Papa. Y además, para elevar bastantes enteros la curiosidad, este señor fallece justo una semana antes de que Colón parta del puerto de Palos rumbo a lo desconocido.

Sin embargo, el colmo de los colmos en lo referente a este papa es lo que pone en su epitafio, en su tumba:

Novi orbis suo aevo inventi gloria”.

Que en castellano quiere decir, Suya es la gloria del descubrimiento del Nuevo Mundo”

Tumba de Inocencio VIII - Vaticano
¿Cómo puede ser esto si falleció una semana antes de comenzar el viaje descubridor, o sea, dos meses y medio antes de que se produjera dicho descubrimiento? ¿Qué hizo Inocencio VIII para merecer tal honor? Porque algo grandísimo tuvo que hacer, ya que América se descubrió bajo el papado de Alejandro VI, el Papa Borgia, otro que tiene su miga, pero que no viene al caso.

Inocencio VIII nació en Génova (segunda casualidad) en 1434, aunque como era hijo de un político, pasó su infancia en la corte napolitana de Alfonso V de Aragón, ya que allí se encontraba su padre. Estudió en Padova y en Roma, donde comenzó su carrera eclesiástica al servicio del cardenal Calandrini, hermanastro del Papa Nicolás V. Esas relaciones le permitieron ser nombrado Obispo de Savona (tercera casualidad) en 1467, época en la que Colón ya debía andar de grumete de barco en barco, pero aún con base en Italia, ya que no llega a Portugal hasta 1476. De hecho, en 1467 se supone que su familia reside allí, en Savona. En 1473 fue nombrado cardenal y en 1484, papa.

Durante su papado, y dado el peligroso dominio que tenían los musulmanes en el Mediterráneo Oriental, urdió un plan para reconquistar la ciudad de Jerusalén, tratando de emular a los cruzados. Para ello necesitaba la colaboración de las grandes potencias, pero el rey de Hungría, uno de los países involucrados, murió al poco y la coalición no pudo realizarse. Sin embargo, el papa no cejó en su empeño y siguió organizando su plan, centrándose en el ámbito financiero. Y es aquí, según los historiadores a los que me referiré a continuación, cuando coge la fuerza definitiva el proyecto de Colón (y todas las riquezas que prometía), el cual por entonces estaba ya en Castilla, recibiendo una larga tras otra por parte de los Reyes Católicos. Pero tras la muerte del rey húngaro en abril de 1490, los acontecimientos para don Cristóbal se precipitaron, a pesar de que hubo que esperar a la conquista definitiva de Granada (que también tenía la calificación de Cruzada, dada por el propio Papa Inocencio VIII). De hecho, tras la toma de Granada en enero de 1492, se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe en abril, y en agosto ya estaba la expedición en los mares.

Pues bien, los historiadores a los que me refería antes, los italianos Lionero Boccianti y Renato Biagioli (que deben ser de esos que creen más en la causalidades que en las casualidades) decidieron estudiar todas estas coincidencias y presentaron sus conclusiones en un congreso sobre Cristóbal Colón celebrado en Génova en 2004. Y sus conclusiones fueron que Colón pudo ser hijo ilegítimo de Inocencio VIII tras una aventura con una noble italiana llamada Anna Colonna. Los Colonna no son cualquiera en aquel país, sino una familia histórica entre cuyos miembros encontramos hasta papas. De hecho, la tal Anna era sobrina del papa Martín V y esposa de otro noble, Antonio del Balzo Orsini, príncipe de Otranto. Ese escarceo habría tenido lugar cuando el futuro papa era aún muy joven; y como se trataba de una situación ciertamente embarazosa (un niño hijo de un monje y de una noble ya por entonces casada), dicho niño fue dado en adopción a la pareja considerada por la historia oficial como los padres de Colón.

Esta es la última teoría con cierto sentido, y respaldada por algunas posibles pruebas, que se ha conocido y que se enfrenta a la oficial. Esto no quiere decir que yo me la crea o que suponga que pueda ser cierta. Hay otras muchas teorías con cierta base y bien presentadas. La pongo como simple ejemplo para mostrar hasta qué punto el personaje es oscuro y despierta el interés de historiadores que no se creen la versión oficial. Y no se la creen porque, al igual que todas las demás, tiene enormes lagunas. Esta teoría que presento, por ejemplo, mantendría los sólidos argumentos que defiende la historia oficial, y además explicaría algunos de los interrogantes de la misma, como son la facilidad que tenía ese hijo de tejedores para moverse entre nobles y reyes (en la época, si uno iba respaldado por el Papa, todo era posible); la formación, ya que, según estos historiadores, Inocencio VIII siempre tuvo a ese niño algo así como apadrinado, con lo que pudo haber tenido acceso a estudios sólo al alcance de unos pocos; el mimo con el que nuestro personaje ocultó su pasado (ser hijo ilegítimo de un papa es para estarse calladito); o ese empeño que tuvo en repetir ante los reyes españoles que el objetivo final del proyecto era la conquista de Jerusalén.

Sin embargo, sigue sin dar explicación al hecho de que Colón jamás se expresase en italiano, cuando no tuvo inconveniente en hacerlo en otros idiomas. Y deja la puerta abierta a especulaciones acerca del conocimiento previo que se debía de tener de esas islas y tierra firme al otro lado del Atlántico, ya que, incluso, el propio Papa confía en ello la financiación de un proyecto tan ambicioso como la guerra contra los musulmanes en Tierra Santa.

Estatua dedicada a Colón en la localidad
portuguesa de Cuba (Alentejo)
Y lo mismo ocurre con otras tesis muy bien argumentadas también. La del origen catalán de Colón está respaldada incluso por expertos en caligrafía que aseguran que su forma de escribir y expresarse en castellano indica que su lengua materna era, muy probablemente, el catalán. O la que defiende el origen portugués del descubridor, que, según ella, habría nacido en una localidad del Alentejo llamada nada más y nada menos que Cuba, y en base a la cual sería hijo ilegítimo de un importante noble luso emparentado con las casas reales castellana y portuguesa.

En definitiva, todas las teorías serias explican lagunas importantes de la historia oficial, pero dejan en el aire otros muchos aspectos que hacen que se tambaleen de igual modo que todas las demás. Y, por descontado, convierten al personaje y a su hazaña en algo verdaderamente fascinante para cualquiera medio interesado en la Historia, mucho más allá de la importancia que tuvo lo que hizo. Porque lo que hizo no es sólo un hecho histórico. Lo que hizo significa un cambio oficial de Era. Lo que hizo, impulsado por el avance musulmán por el Mediterráneo (que empujó a los europeos al Atlántico) y por la nueva forma de interpretar el mundo que trajo consigo el Renacimiento (en las artes, las ciencias y la política), es la frontera entre la Edad Media y la Edad Moderna. Ni más ni menos. 

Y entre esas grandes lagunas, hay una que el sentido común obliga a plantearse seriamente: ¿de verdad Cristóbal Colón pretendía llegar a Asia por la ruta occidental? ¿De verdad no sabía que entre medias había otros territorios? ¿Fue el Descubrimiento una enorme sorpresa para los hombres de su tiempo? ¿O quizás se sabía ya algo y lo que hizo Colón fue ser el primero en plantearse en serio el proyecto y lanzarse a la aventura?


El sentido común, como digo, indica más esto último. Y es lo que trataré de explicar en el siguiente capítulo. 



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martes, 21 de mayo de 2013

Mitos, leyendas y mentiras del Descubrimiento (I)


¿Imaginan ustedes que de repente surge alguien asegurando que ha desarrollado la tecnología necesaria para hacer un viaje tripulado a Marte? No sólo la posibilidad de hacerlo, sino con costes asumibles y con una duración de viaje prudente. Además, asegurando el regreso de la tripulación y la posibilidad de crear una colonia en el planeta rojo, desde la que ocuparlo por completo y habitarlo. Evidentemente, ese hombre pasaría a la Historia de la Humanidad como alguien único. Y sería estudiado en los colegios por los siglos de los siglos. Es lógico, ya que, gracias a su obra, la Humanidad iniciaría una nueva era. Se trataría de una revolución brutal que cambiaría para siempre el devenir de nuestra Historia.

Sin embargo, reconociendo la inmensa grandeza de la obra de ese supuesto hombre, ¿le concederíamos el mérito de ser el descubridor de Marte? No, ¿verdad? Pues, salvando las distancias, y por mucho que nos hayan contado en clases de Historia, se trata de un caso semejante al que la lógica dicta para Cristóbal Colón. Porque una cosa es que el lugar a donde llegas no tenga nada que ver con lo que habías imaginado, y otra bien diferente que vayas a un sitio y a mitad de camino te encuentre con otro diferente. 

Cristóbal Colón
Es absolutamente descabellado pensar que Colón se encontró con América al azar cuando lo que buscaba era las costas de Japón, China o India. Es increíble que aún se nos cuente que fue él quien “inventó” que la Tierra es redonda (y la chorrada esa del huevo de Colón), cuando eso se sabía ya desde los tiempos de Marino de Tiro o de Ptolomeo, o sea, del siglo II d.C. Es absurdo imaginarse que se podía encontrar a pirados suficientes como para completar la tripulación de tres buques si de verdad creyesen que después del Mar Tenebroso había una gran cascada que los mandaba a todos directos al infierno.

Lo normal (y esto es comúnmente aceptado entre los historiadores) es que sí se conociera la esfericidad de la Tierra, pero no su diámetro, las millas totales de su circunferencia. Es decir, no se sabía si sería factible, con la tecnología de la época, hacer una navegación de esa índole sin morir en el intento. Si los buques podrían cargar con suministros suficientes para tantos días y si navegarían a la velocidad necesaria como para que no se pudrieran antes de llegar a la otra orilla del océano. Si se supiera con exactitud ese diámetro, bastaría restar al mismo la distancia conocida desde Portugal hasta Japón en su ruta por oriente para conocer la distancia entre esos dos países, pero por su ruta occidental. O sea, la que pretendía hacer Colón. Y lo más sensato apunta a que don Cristóbal sabía (o creía saber) esa distancia y, sobre todo, (y de esto hablaremos en adelante) que había tierras de por medio en las que hacer escala. Tierras no dominadas por ninguna potencia, que podían ser anexionadas por Castilla y servir de puente entre los puertos europeos y los asiáticos por la ruta occidental. Otra cosa es que no tuviese ni idea de que lo que había de por medio no eran sólo unas islas, sino todo un continente, que de eso caben pocas dudas. Pero el objetivo de Colón no podía ser Asia. Debían ser esas “Islas y Tierra Firme” (como se las nombra en las Capitulaciones de Santa Fe firmadas antes del viaje) que había en medio.

Pero esto no es más uno de tantos enigmas que rodean a un personaje absolutamente fascinante y del que se sabe la mitad de lo deseable. Un personaje oscuro, casi siniestro, elevado a la categoría de mito por lo grandioso de su hazaña, pero que esconde una gran cantidad de misterios porque él mismo se empeñó en ocultar su origen y el de sus conocimientos.

Génova S.XV - Grabado
Repasando la historiografía oficial, Cristóbal Colón nació en Génova en 1451 en el seno de una familia de humildes tejedores. Pasó su infancia allí, primero, y luego en Savona, muy cerca de Génova, a donde se mudó su familia. No siguió el oficio de su padre y desde muy joven anduvo embarcado y navegando por un sinfín de lugares. En principio como grumete, en expediciones comerciales, y más tarde se supone que como marinero. En 1476, cuando se dice que iba embarcado rumbo a Inglaterra en un navío mercante, su expedición sufrió una emboscada pirata frente a las playas del Algarve, y tras una batalla, el buque en el que iba naufragó y él tuvo que llegar a la costa portuguesa a nado, con la ayuda de una tabla de madera. Dos años después, estaba casado con Felipa Móniz de Perestrello, la hija de  Bartolomé de Perestrello, un importante noble portugués. Tan importante, que fue uno de los descubridores de las Islas Madeira, a una de las cuales (Porto Santo) se traslada a vivir nuestro marino genovés. Sigue embarcándose, ya que ese es su oficio, y navega con los portugueses (la máxima potencia naval del momento) desde Islandia hasta San Juan de la Mina, en el centro de la costa occidental africana. Se supone que fue en esa época, junto a los expertos portugueses, cuando aprendió las más modernas artes de navegación. Y cuando comenzó a gestar su maravilloso plan. Recordemos que tras la toma de Constantinopla por parte de los turcos en 1453 (y su absoluto dominio del Mediterráneo Oriental) la ruta de las especias por la que se traían estos preciados bienes desde Asia hasta Europa estaba cortada para los cristianos.
Rutas comerciales desde Extremo Oriente
Y los portugueses llevaban décadas tratando de abrir una nueva bordeando Africa, con la esperanza de llegar a Extremo Oriente por mar, y no por tierra. No lo lograrían hasta 1496, cuando Vasco de Gama alcanzó las costas de la India, pero Colón vivía allí cuando se produjeron muchos de los logros de aquellos magníficos marinos de nuestro país vecino. Y fue en esas circunstancias cuando nuestro hombre vio clara su gran oportunidad. Si ya tenía avanzado su plan para llegar allí donde querían los portugueses, pero por el otro lado, por occidente, sólo le faltaría financiarlo para adelantarse a los grandes descubridores lusos y llevarse al agua el gato de la gloria.

Pero en Portugal rechazaron su propuesta y se vio obligado a marcharse de allí para ofrecerla en Castilla, a donde llega en la primavera de 1485. El problema fue que Isabel, su reina, andaba en aquellos tiempos enfrascada en la conquista del Reino de Granada, con lo que, a pesar de mostrarse interesada desde un principio, fue dando largas a Colón hasta que este se hartó y mandó a su hermano Bartolomé a ofrecer el proyecto a los reyes de Francia e Inglaterra. No obstante, Isabel, al ver el peligro de perder esa oportunidad, vuelve a llamar a Colón y finalmente lo arreglan todo.


El resto de la historia ya la conocemos. Se descubren unas islas, Colón toma posesión de ellas en nombre de Castilla, se suceden los viajes posteriores y España acaba por convertirse en el mayor imperio colonial que ha visto la humanidad en toda su Historia.

Esto es lo que nos enseñaron en el colegio. Sin embargo, hay una serie de preguntas sin respuesta que ponen en duda esta versión casi al completo. Preguntas como:

- ¿Por qué, si Colón era genovés, jamás utilizó el idioma italiano en ninguno de sus muchísimos escritos? Ni siquiera cuando mandaba cartas dirigidas a otros italianos.

- ¿Cómo es posible que un simple marinero de origen humilde sea capaz, en sólo dos años, de seducir y casarse con la hija de un noble de un país diferente al suyo, al cual llegó casi como los africanos que hoy arriban a nuestras costas en patera?

- Es más, ¿cómo tiene esa facilidad para relacionarse en las cortes portuguesa, castellana, aragonesa, inglesa, francesa? Y no sólo él, sino también su hermano, Bartolomé.

- ¿Dónde adquirió esos conocimientos matemáticos, cartográficos, náuticos, etc. tan avanzados? Se sabe que utilizaba números arábigos, cuando en la época los normales eran los romanos. ¿Estudiaba a la vez que navegaba?

- ¿Por qué utilizó una ruta absolutamente diferente a la ida que a la vuelta?

- Las Capitulaciones de Santa Fe son el contrato que selló el acuerdo entre Colón y los reyes, de manera que uno anexionaba las tierras prometidas, y los otros lo convertían en Almirante, el más alto rango nobiliario posible. Pues bien, en dicho contrato se habla de “lo que ha descubierto en las Mares Océanas”. ¿Cómo es posible eso si las capitulaciones se firman antes del primer viaje?

- ¿Cómo es posible que manden a Colón a tomar unas tierras en nombre de Castilla cuando esas tierras, si de verdad se dirigía a Asia, pertenecían a poderosos países como Japón o China? Y sólo con tres buques, sin ningún soldado.

- ¿Por qué recordó Colón a los reyes, en alguna de las muchas cartas que les envió, que el motivo último del proyecto era la conquista de Jerusalén? ¿Qué sentido tiene esa afirmación?

- ¿A qué se refería Colón cuando dijo a los Reyes Católicos que él no era el primer almirante de su familia?

- ¿Qué hizo el Papa Inocencio VIII para que en su tumba aparezca un epitafio que dice “Suya es la gloria del descubrimiento del Nuevo Mundo”, cuando murió una semana antes de que Colón partiera en su primer viaje, o sea, antes de que ese Nuevo Mundo se “descubriera”?

Como comprenderán, si durante siglos los historiadores no se han puesto de acuerdo, no voy a ser yo quien dicte sentencias ahora. Pero, a lo largo de la serie de artículos que publicaré en adelante, trataré de exponer la densa nebulosa que rodea la vida de Cristóbal Colón, incluyendo, por supuesto, su gran gesta. Intentaremos aplicar la lógica, el sentido común, a la hora de creernos o no un buen número de capítulos de la historia oficial (que, ya les digo de antemano, no hay por donde cogerla en muchos aspectos). Procuraremos no dejarnos llevar por teorías disparatadas, sino aplicar la sensatez en cada uno de los asuntos que generan dudas. Y, en definitiva, haremos un esfuerzo por encontrar una secuencia lógica para el sensacional acontecimiento que fue el Descubrimiento de América y a la vida de la persona que lo hizo posible. Una vida llena de claroscuros, de cosas sin sentido, de misterios, de incongruencias. Una vida emborronada a drede porque hubo muchos intereses contrapuestos entre los poderosos de su tiempo. Una vida absolutamente fascinante de la que, por desgracia, conocemos bastante menos de lo que quisiéramos.

Por mucho que nos contaran en el colegio.

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