miércoles, 27 de febrero de 2013

Hemos recuperado el hambre

Si yo fuera aficionado atlético, estaría más mosqueao que un pavo cuando escucha un villancico. No es el Sánchez Pizjuán precisamente el mejor lugar para jugarse el pase a una final de lo que sea. Da igual que el Sevilla esté haciendo la peor temporada de la década, y el Atlético la mejor de los últimos quince años. Da igual que Simeone le haya dado una vuelta impresionante a su equipo y que el Sevilla lleve ya años dando bandazos. Da igual que ellos tengan a Falcao y nosotros a Negredo. Da igual de todo, nada de eso tiene importancia. Nada de eso influye una mierda sobre el hecho de que jugarse el pase a una final en el Sánchez Pizjuán no es precisamente lo más adecuado. 

El Sevilla actual ha cambiado respecto al que era, no hace una década, sino al de hace apenas unos meses. El Sevilla ha crecido gracias a aquella sucesión mágica de títulos. Ahora hay exigencia. Ahora se pide al equipo que no sólo sea grande, sino que además lo parezca. Ahora nos lo creemos, sabemos que podemos porque lo hemos hecho antes. Y nos acordamos, no hace falta que venga el abuelo a contarnos sus batallitas. 

Sin embargo, hay algo más. Hemos sufrido una pequeña travesía del desierto. Hemos vivido unos años de decadencia, de frustraciones, de desilusiones. Pero, como digo, el Sevilla ha cambiado. Ha vuelto a cambiar. Hemos recuperado la ilusión porque volvemos a ver que el equipo funciona. O puede funcionar. Ahora tenemos un entrenador de verdad, un entrenador apto para dirigir a una plantilla con las aspiraciones de la nuestra. Esto no quiere decir que vaya a triunfar a la fuerza. Quiere decir que nos ha de vuelto la esperanza. Y con ella la ilusión. Y con ella, otra cosa que habíamos perdido: una cosa muy importante. 

EL HAMBRE. 

El hambre de ganar, de vencer, de llegar lejos, de recuperar viejos laureles. O no tan viejos. 

Hambre de grandeza, de machacar a los contrarios, de recuperar sensaciones, de volver a ser lo que somos, no simplemente nuestra sombra, como hasta hace muy poco. 

Hambre, ganas, ilusión... fuerza. 

Nos importa un bledo el rival. Y nos importa un bledo porque sabemos que en casa, cualquier cosa es posible. O mejor, lo volvemos a saber. 

Por tanto, que venga quien quiera, que aquí nos encontramos. Que venga quien toque, que haremos lo que sea para machacarlos.

¿Que toca el Atlético?

Que venga. Que venga el Atlético. 

Venid, no lo dudéis... 

Os estamos esperando. 





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