martes, 30 de abril de 2013

Las desventuras de un autónomo español

Empecemos hoy con un dato objetivo: el 90% de de la masa productiva en España la conforman autónomos o pymes de menos de 5 trabajadores. 

Sigamos ahora con otro: se estima que desde 2008 hasta finales de 2012 habían desaparecido en España alrededor de 450.000 empresas. Evidentemente, la inmensa mayoría eran autónomos o pymes de menos de 5 trabajadores. 

Y, por último, un tercero: el año pasado salieron de España 180.000 millones de euros. Fuga de capitales le llaman. Quien tiene dinero, se lo lleva a un lugar con mejores perspectivas donde invertirlo. Si ustedes tuvieran dinero ¿no harían lo mismo?

Conclusión: Si desaparecen empresas, aumenta el paro. Si quien tiene dinero se lo lleva de España, no se invierte aquí, con lo que no se crean nuevas empresas. Si hay menos empresas que antes y no se crean nuevas, el paro no baja. Y si el Gobierno no deja de apretar la soga a las empresas que sobreviven y a los ciudadanos de a pie, la cosa no mejorará, desaparecerán más empresas, habrá más paro...

Se habla mucho del número de parados, pero no del número de empresas que podrían dar trabajo a esos parados. Cada vez hay menos de estas. Para controlar el paro hay que evitar que desaparezcan empresas. Para reducirlo, hay que crearlas. Pero si la gente que tiene dinero no lo quiere invertir aquí, ¿cómo podemos  crear más empresas?

Observen este gráfico:




Con esto podemos intuir lo costoso que es hacerse autónomo en España. Es decir, crear una empresa. Porque un autónomo es una empresa. Un autónomo inicia una actividad y si le va bien, mañana puede necesitar un ayudante. O sea, crear un empleo. Hablamos de un señor que estaba en paro y cobraba un subsidio, que deja de cobrarlo (ahorro para el Estado), que comienza una actividad que genera impuestos (ingreso para el Estado) y que si le va bien, puede sacar a otra persona del paro (más ahorro para el Estado) y darle un trabajo que también generará impuestos (más ingresos para el Estado). Eso por no hablar de que consumirán, tanto uno como otro, más que en el paro. O sea, que gracias a ese autónomo, otras empresas venderán más porque esa gente de la que hablo consumirá más. Por tanto, aumentarán sus ingresos, sus beneficios, sus impuestos y, al final, los ingresos del Estado. Además, si esto se convierte en tendencia, estas empresas necesitarán producir más (al aumentar la demanda), con lo que necesitarán más empleados, lo que significa que habrá menos gente en paro (ahorro para el Estado) y más gente trabajando y pagando impuestos (más ingresos para el Estado). Menos gente en paro (ahorro para el Estado) que consume más. Al consumir más, las empresas tendrán que producir más (ingresos para el Estado vía impuestos), necesitarán contratar más personas, lo cual hará bajar el paro... ¿a que suena bien?

Visto así, ¿no creen que a aquel primer autónomo hay que ponerle una alfombra roja por delante? O sea, facilitarle al máximo las cosas para que el proceso que a continuación he descrito se produzca a gran escala, a nivel nacional. ¿Es posible que parte de la solución de la crisis esté ahí, en facilitar el autoempleo?

Ahora, por favor, vuelvan a mirar el gráfico anterior y muéranse de la pena. Y si a eso le unen que estamos fritos a impuestos, pues apaga y vámonos. Para colmo, dentro de la culturilla rancia española, el autónomo no es considerado como esa persona valiente y arriesgada sobre quien recae el peso de un altísimo porcentaje del PIB del país, sino simple y llanamente como un pringao. Si alguien te pregunta a qué te dedicas y dices que eres autónomo, la miradita de pena está casi garantizada. 

Pero hay algo más. Ahora voy a hablar de mi caso. Yo soy un autónomo que tiene una micro empresa, la cual da para pagarme a mí mismo un sueldo y gracias. Ahora mismo no puedo contratar a nadie, a pesar de que el plan de crecimiento de mi negocio lo tengó clarísimo. Pero como nadie me financia, la cosa no está para invertir, no tengo empleados (fundamentales para poder crecer) y me tienen frito a impuestos, pues me limito a sobrevivir en espera de tiempos (y/o decisiones gubernamentales) mejores. 

Mi negocio tiene como clientes fundamentales a otras pequeñas empresas y a estudiantes. O sea, gente que imprime mucho, pero que, por motivos económicos, no tiene acceso a grandes máquinas con consumibles incluidos en el contrato de mantenimiento. O que no impriman tanto como para merecerles la pena comprar consumibles en grandes cantidades (y menores precios unitarios)

Como comprenderéis, a mi, los días de fiesta, puentes y vacaciones me destrozan. En esos días mis clientes principales no consumen, con lo que yo vendo menos. Evidentemente, no estoy en contra de fiestas y vacaciones, faltaría más, ni que fuera gilipollas. Pero ¿y si se gestionasen mejor dichas fiestas y vacaciones? 

A continuación les expongo lo que ocurre al respecto mes a mes en nuestra bendita ciudad de Sevilla:


Enero: La primera semana es prácticamente nula.

Febrero: tiene 28 días, y uno es fiesta. A veces cae en puente (como este año)

Marzo: Suele ser el mes de Semana Santa. En los pocos años que no es así, suele ser un buen mes. Este año, en concreto, no ha sido así. 

Abril: Siempre es el mes de la Feria, y a veces también de Semana Santa. Este año, para colmo, al lumbreras ds turno del Ayuntamiento se le ha ocurrido poner como fiesta local el miércoles de Feria, justo a mitad de semana, para que si hubiera algún atisbo de medio salvar el periodo, quedara enterrado definitivamente. No el lunes, el martes o el viernes, no. El miércoles.

Mayo: A veces acoge parte de la Feria. Y el Día del Trabajo. Y San Fernando. Y normalmente el Rocío. Y este año, además, el Corpus. Y, a menudo, con sus respectivos puentes.  

Junio: A veces acoge el Rocío, y normalmente el Corpus. A partir de la última semana, los niños no tienen colegio, y eso afecta mucho al negocio.

Julio: Verano

Agosto: Más verano aún. Y el 15 es fiesta. A veces, con su puente.

Septiembre: Los primeros quince días son verano, aunque afecta bastante menos que julio y agosto, eso hay que reconocerlo. La segunda mitad suele ser muy buena.

Octubre. El 12 es fiesta. A veces con su puente incorporado, aunque suele ser un buen mes.

Noviembre: El 1 es fiesta, a veces con su puente, aunque, igual que Octubre, suele ser un buen mes.

Diciembre: Medio mes, y muchas gracias. Comienza con el acueducto de los días 6 y 8, continúa con que los viernes son pa ná por lo de las comidas de empresa y acaba con las navidades. Un verdadero horror.

Que digo yo, ¿no sería posible organizar las fiestas de mejor modo para que hubiera más de dos o tres meses buenos al año? ¿No nos damos cuenta de lo terriblemente ineficientes que somos?

Habrá quien dirá que cuanto más tiempo libre tengan las personas, más se beneficiarán los negocios de hostelería y demás. Y puede ser verdad, pero es que para que eso sea así, esas personas tienen que tener un trabajo que les reporte unos ingresos con los que poder consumir. Pero es que el trabajo lo dan las empresas, y si las empresas solo tienen dos o tres meses buenos al año, su sostenibilidad se tambalea. Y con ella los ingresos que permiten a las personas de calle consumir. 

Además, si ya de por si quien tiene capital para invertir se lo está llevando a otro sitio que le de más garantía,  ¿no hace esto de la ineficiencia que el atractivo de nuestro país sea aún más bajo? Insisto, no hablo de cargarse las fiestas ni de trabajar más y descansar menos, sino de organizarse mejor. De no permitir que de 12 meses que tiene el año, sólo dos (o a lo sumo tres) sean verdaderamente buenos. 

Por cierto, no sé a qué será debido, pero, curiosamente, el de hostelería y restauración es el tercer sector con la tasa de supervivencia más baja. O sea, el tercer sector con el porcentaje más alto de desaparición de empresas. Y tiene su lógica. Si su negocio depende de la capacidad de la población para salir y consumir, en situaciones de crisis serán de los primeros en caer, ya que la gente preferirá concentrar sus gastos en sus necesidades básicas. 

De hecho, el sector con la tasa de supervivencia más alta es el de alimentación y bebidas. 

Por algo será. 

lunes, 29 de abril de 2013

La ilusión y el negocio


No hay equipos pobres, hay sentimientos de pobreza. El problema del fútbol es cuando la ilusión por ganar se convirtió en el negocio al ganar”. Esta frase fue tuiteada anoche por Agustín Castellote y cuadra a la perfección con los pensamientos que ya rondaban mi mente cuando la leí, y sobre los que pensaba escribir hoy.

Él se refería al éxito de la Real Sociedad, equipo creado a base de cantera, en comparación con otros que han destrozado su economía fichando mal y que están por debajo de ellos. Yo no voy a poner al equipo vasco como ejemplo. Es muy fácil hacerlo hoy, visto su éxito, pero la realidad es que no conozco su evolución en los últimos tiempos, ni tampoco el nombre de la mayoría de sus jugadores. Sin embargo, el argumento base sí que me vale.

Somos muchos los que lo venimos advirtiendo desde hace bastante. El fútbol está a punto de estallar. Es más, a mí en concreto me sorprende que no lo haya hecho ya. Y la política más sensata (igual que pasa en cualquier hogar) es adecuar tu volumen, tus gastos, tu nivel de vida... tu plantilla (en fútbol) a lo que realmente puedes pagar, no a lo que se supone que podrías si las televisiones no se echan atrás y si te clasificas para tal o cual competición europea, dejándolo todo en manos de unas empresas que buscarán su máximo beneficio (no el tuyo, sino el suyo, aunque para eso te acribillen a partidos los lunes) y a algo tan poco previsible como que la pelotita entre. Y si añadimos a esa imprevisibilidad el “efecto” mafia del fútbol, pues apaga y vámonos.

Ayer, viendo al Sevilla, pensaba que el once titular que tenemos es bastante apañado, pero que en cuanto faltan un par de sus miembros, el nivel se desploma. Y en ese sentido, si tenemos un once apañado, tenemos una base sobre la que trabajar. A partir de ahí, cantera. No hay otra, ahí está el futuro. Meter ilusión en el negocio. Dejarse de “oportunidades de mercado” que no sienten el escudo, pero que cobran demasiado, y darle esa oportunidad a quienes van a llenar el vestuario de ilusión. Que uno puede entender que era muy difícil que un canterano entrara en el Sevilla de los títulos. Pero en el de ahora, por Dios. ¿Tanto va a desentonar comparado con Babá, con Stevanovic, con Manu o con Hervás? Yo creo que todos nos acordamos de jugadores canteranos que se han ido y que no son peores que algunos de los futbolistas que chupan del bote en la plantilla actual. Y creo también que lo normal sería ahorrarse esas fichas e insuflar ilusión, la ilusión de los que sienten el escudo. Nos ahorraríamos dinero, no perderíamos fútbol (los hay bastante malos en esta plantilla), pero ganaríamos en ganas, que de eso también andamos escasos a veces.

Esto es fácil de decir, pero no tanto de hacer, porque para hacerlo es necesario el absoluto convencimiento de los encargados de ello. Empezando por el entrenador y continuando por los que contratan al entrenador y que tienen que darle el margen necesario, o sea, que no lo echen en tanto en cuando los resultados no acaben de llegar, porque los jóvenes necesitan su tiempo. Si el entrenador está dispuesto a seguir esa política y es apoyado por los demás estamentos, se habrá ganado mucho. Si no, como ocurrió con Manzano, Marcelino o Michel, seguiremos en las mismas.

Me gustó mucho el debut ayer de Israel Puerto. Ya lleva dos Emery (aunque, formalmente, Alberto Moreno ya había debutado antes de llegar el vasco). ¿Puede que sea este el entrenador que de una vez sepa sacar partido de lo bueno que viene por debajo? Eso sería extraordinario, porque uno se imagina a gente como al propio Israel, al propio Alberto, a Campaña, a Luis Alberto, a Alex Rubio, incluso al mismo Rabello, sacando a relucir todo lo que tienen, al tiempo que mantenemos esa base del once apañadito actual, y no puede hacer otra cosa que ilusionarse.

Pero eso tiene su trabajo. Un trabajo distinto al que se ha desarrollado hasta ahora. Una manera un tanto diferente de hacer las cosas. En vez de buscar la perla en el extranjero, pulir a las que tenemos aquí. No es lo mismo; el trabajo de facilitar el salto al primer equipo de un canterano es diferente al de hace crecer a un jugador con algo de experiencia y venido de fuera. Sin embargo, creo que ahí está el futuro. Es fácil subirse ahora al carro de la alabanza a la Real Sociedad, pero somos muchos los que venimos defendiendo un modelo así para el Sevilla desde hace tiempo. Y creo que al final será ese tiempo quien nos dará la razón. Porque no hay equipos pobres, sino sentimientos de pobreza.


Artículo publicado en Number 1 Sport

sábado, 27 de abril de 2013

El engaño de las pensiones y el horror que está por venir

En estos tiempos de crisis económica que venimos padeciendo desde hace ya unos años, el tema de bajar o no las pensiones ha sido de lo más recurrente. Es lo que nadie osa a tocar. Es como el gran tabú, lo que de verdad podría abrir la Caja de Pandora de un modo definitivo. Y es lógico, sobre todo porque las pensiones son buena parte de la respuesta a algo que cualquier persona en sus cabales se pregunta respecto a España: ¿cómo es posible que un país con un tercio de su población activa en paro siga adelante y no haya habido un estallido social de magnitudes históricas? Pues, aparte de la economía sumergida (que siempre la ha habido y cuya tasa, curiosamente, coincide con la del paro), gracias a la solidaridad familiar. Entre otras cosas, a que hay muchas familias en las que las pensiones de los abuelos mantienen a los hijos y a los nietos. 

Por tanto, aparte de que vayan a subir la edad de jubilación a los 67 años (al menos) a partir de la década de los 20 de este siglo, el tema de las pensiones es algo que no se toca, aunque sí que se menta. Y es perfectamente lógico, por un motivo evidente. El actual sistema es absolutamente inviable. 

Los gráficos que ven a cotinuación son las pirámides de población actual, y las previstas para 2025 y 2050. De abajo a arriba, vemos las edades de la población (abajo, más jóvenes; arriba, más viejos) Y del centro a los extremos, la cantidad de personas que tienen cada una de esas edades (a la izquierda, hombres; a la derecha, mujeres). 



Actualmente, vemos que la pirámide no es una pirámide (lo cual es preocupante, créanme) Hay pocos niños, mucha gente de mediana edad y, aún, pocos viejos. La gente de mediana edad es la que trabaja, la que paga impuestos y la que, con ellos, mantiene las pensiones de los mayores y la formación de los más jóvenes. Estos últimos serán los que tomen el relevo dentro de unos años, para pagar las pensiones de los que las están pagando ahora. El primer problema que podemos percibir es que, de esa gente de mediana edad que debe pagar las pensiones y la formación con sus impuestos, hay 6 millones en paro. 6 millones que, no sólo no pueden aportar lo suyo a base de impuestos a las pensiones y a la formación, sino que, muchos de ellos, además, reciben dinero de ese saco en forma de subsidios. Por tanto, el problema actual respecto a las pensiones y a la educación (la sanidad y resto de servicios públicos también, pero no es el objeto de lo que escribo) no es que vivamos por encima de nuestras posibilidades, sino que hay mucha gente en paro que no puede aportar lo suyo. Si toda esa gente pudiera trabajar (y pagar sus impuestos), ninguno de estos problemas de los que habño existirían. El gran problema es el paro. 

Pero ese no es lo único que nos debería preocupar. Como decía, hay pocos niños. Muchos menos que gente de mediana edad. ¿Qué pasará cuando esa gente de mediana edad comience a jubilarse? Sigamos. 




He aquí la pirámide de población que se estima para 2025. El grueso de la población tiene más de 50 años. Aún se sonstendrá el sistema, sobre todo si, como va a ocurrir, la gente se jubila más tarde. Es decir, se lleva más años aportando con sus impuestos y sin recibir pensión de ellos. Pero lo que viene por detrás es lo que de verdad es preocupante. Hay poca gente tomando el relevo (y menos que habrá si nuestros jóvenes más preparados se siguen marchando al extranjero, dejando aquí a los que menos lo están). Pero peor aún. Esa gente que debe tomar el relevo es la misma gente que ahora mismo está en paro en un 57%. O sea, el paro juvenil. ¿Cuánto tardarán en incorporarse al mercado laboral? ¿En qué condiciones? ¿Cuánto cotizarán? Mientras menos coticen, menos impuestos pagan y menos dinero tendrá el Estado para pensiones y demás. Por tanto, nos vamos a encontrar con que habrá menos gente trabajando y, además, pagando menos impuestos porque sus condiciones de trabajo serán más precarias. Eso por no hablar del nivel de paro que podría haber, cosa que es imposible de prececir. 

Pero sigamos, que lo peor aún está por llegar. 

                       

Aquí tienen la pirámide población estimada para 2050, cuando mi generación estará ¿jubilada? Se prevé que para entonces habrá tantas personas mayores de 65 años como menores. Añadamos aquí un nuevo concepto para comprender mejor el problema. El de tasa de dependencia. 

La tasa de dependencia mide cuántas personas hay en edad de trabajar por cada persona inactiva (se entiende que la suma de menores y de jubilados). Según el INE: 

2012 - 50,39
2022 - 58,17 
2032 - 67,79
2042 - 86,56
2052 - 99,54

La tasa en 2012 (la última publicada con datos reales, no estimados) es del 50,39. Es decir, por cada 10 personas en edad de trabajar hay 5,039 inactivas. O visto del revés, una persona inactiva es mantenida por el trabajo de dos personas activas. 

Observen la evolución y si tienen mi edad o semejante (si nacieron en los años 70, más o menos) échense a temblar. Yo nací a finales de 1974, con lo que cumpliré 65 a finales de 2039. Se supone que me jubilaré con 67, o sea, a finales de 2041. Vean la tasa de dependencia en 2042. Por cada 10 personas en edad de trabajar, habrá (¿habremos?) 8,656 personas inactivas.

Y en 2050, se estima que cada persona en edad de trabajar tendrá que mantener a otra que no tiene dicha edad. 

Y esto no incluye la tasa de paro. Es decir, supone que todas las personas en edad de trabajar, trabajan de hecho. 

Después de leer esto, ¿alguien piensa que, con el sistema actual, yo me voy a jubilar alguna vez?

Cuando se habla de pensiones en la actualidad, se mezclan churras con merinas. Se sacan argumentos que no tienen nada que ver unos con otros, se utiliza escandalosamente la demagogia y se dice una cosa o la contraria en función de si se está en el gobierno o en la oposición. 

Se engaña a la gente de una forma vil, en definitiva. 

El que se suban, bajen o mantengan las pensiones actuales no tiene absolutamente nada que ver con que se suba la edad de jubilación dentro de unos años. ABSOLUTAMENTE NADA QUE VER. El sistema de pensiones español hay que cambiarlo a la voz de ya. Pero a la voz de ya, simple y llanamente porque es totalmente insostenible a futuro. Pero no a futuro lejano, sino a nuestro futuro. Al de las personas que ahora rondamos los 40 años. En España hay una culturilla errónea respecto a esto que me hace gracia. Muchos jubilados actuales se quejan de que se han llevado toda la vida cotizando para que al final les quede tal o cual pensión. Como si esas cotizaciones se hubiesen guardado en una cajita y ahora se les tuviera que devolver, cuando eso, en España, no es así. En España, las pensiones de los jubilados las pagan las personas que trabajan en cada periodo. En Noruega, por ejemplo, no es así. En Noruega, lo que cotiza cada persona es lo que va a recibir cuando se jubile, y es el Estado quien gestiona ese dinero para que su valor se vaya actualizado en la medida en que pasa el tiempo. Vamos, que el Estado hace de gestor de fondos de pensiones, como si fuera un banco o una compañía de seguros. 

¿Puede que sea ese el modelo que deberíamos empezar a aplicar nosotros? Sinceramente, no tengo ni idea. No dispongo de la formación necesaria para afirmarlo o desmentirlo, aunque, visto lo visto en las pirámides de población anteriores, no me extrañaría que los tiros debieran de ir por ahí. Si cuando yo me jubile no va a haber personas en activo suficientes para pagarme una pensión, más me valdría ir ahorrando para ser yo quien me la pague. Pero claro, si el dinero de mis cotizaciones actuales se destina a ser ahorrado y gestionado para que venga de vuelta dentro de 30 o 35 años, ¿quién paga las pensiones actuales?

El problema, no es que sea grave, es que es de órdago. Y nuestros políticos se pierden en la demagogia y en los intereses partidistas, mientras no hay cojones de echarle valor al asunto y reformar las cosas de la forma que sea para solucionar este asunto. Esa reforma no puede venir de la mano del partido que esté en el poder en un momento dado, sino que ha de ser en absoluto consenso, de modo que sea quien sea quien gobierne, lo mantenga. Pase lo que pase. Y, por desgracia, eso es algo cercano a la quimera o a la utopía en estos momentos. 

Tal y como están las cosas, no es que me vayan a retrasar la edad de jubilación (a mí y a los de mi generación). Es que la gente de mi edad y similar no se va a poder jubilar. Simple y llanamente. 

Reformas no es sinónimo de ajustes, como se nos quiere hacer ver por parte de quien en cada momento está en la oposición (antes el PP, ahora el PSOE). Reformas es cambiar el sistema para hacerlo sostenible, gestionar mejor, o de otra forma, utilizar los recursos de diferente manera, ajustándolos a las circunstancias de los tiempos que corren.

Este es el engaño en el que vivimos. Y más nos valdría ponerle remedio porque la crisis actual puede ser un juego de niños comparado con lo que puede estar por venir. 

viernes, 26 de abril de 2013

Y los alemanes hicieron la justicia que a nosotros se nos niega


Después de las humillantes derrotas sufridas por Real Madrid y Barcelona esta semana en Alemania, una gran parte del sevillismo (y supongo que de otras aficiones también) se ha estado riendo de ellos y mostrado una satisfacción que en principio podría parecer absurda, ya que su equipo no estaba involucrado en esa guerra.

Vaya por delante que a mi me parece hasta patético alegrarse de las desgracias ajenas. Nosotros, los sevillistas, nos metemos con los béticos porque ellos lo hacen a menudo cuando dichas desgracias sobrevienen a nuestro equipo. Consideramos que eso es un reconocimiento implícito de nuestra grandeza. De que ellos son más pequeños. Sin embargo, y dicho esto, yo no he podido evitar alegrarme también de la caída de los grandes españoles en tierras germanas.

No puedo hablar por los demás, pero sí por lo que siento yo. Y lo que siento yo no tiene nada que ver con grandezas o pequeñeces, sino con justicia. Yo no me alegro de que equipos que no tienen nada que ver con el mío pierdan en una competición en la que no está presente el Sevilla. Yo me alegro de que esos equipos reciban lo que merecen, ya que la oportunidad de hacerlo se nos niega a nosotros por medios que no tienen nada que ver con el deporte. Voy a intentar explicarme.

En el deporte, los conceptos de victoria, derrota, incluso de humillación son inherentes al mismo. En una competición, uno gana y otro pierde. Y el que gana puede llegar a aplastar o humillar a su contrario. Esto es así y no creo que nadie se escandalice. Si juegas a algo, tu rival es mejor y te gana, pues bien por él. Y si mañana te vuelves a enfrentar a él y has aprendido de tu errores, pues tienes la oportunidad de tomarte la revancha (otro concepto inherente al deporte). Si luchas, trabajas duro, explotas tus virtudes y eres capaz de anular las de tu rival, le puedes ganas, aunque ese rival sea, en teoría, mejor que tú. Y eso te genera una enorme alegría. Hablo de deporte. Puro y duro.

Sin embargo, eso no se produce de ese modo en el fútbol español. En el fútbol español, lo normal es que los grandes te ganen. Incluso que te aplasten. Pero cuando tú has luchado, has trabajado duro, has explotado tus virtudes y has sido capaz de anular las de tu rival hasta el punto de ponerle contra las cuerdas y aspirar a ganarle, comienza lo otro. Las otras artes. Las cosas raras. Un árbitro que te pita en contra (siempre en tu contra, nunca a tu favor), un comité que utiliza una vara de medir distinta, una prensa militante que miente descaradamente para hundirte y ensalzar al otro, una empresa televisiva que te impone continuamente unos horarios demenciales...

Cualquier aficionado en sus cabales entiende que un árbitro se puede equivocar, pero no que lo haga siempre en un sentido, o que un comité sancione o perdone a un jugador en función del equipo en el que juegue. Ese mismo aficionado acepta que, dados los contratos televisivos que existen y el dinero que dejan, haya ocasiones en las que te toque un partido en lunes, pero no que siempre sea así para unos, y nunca para otros. Podemos comprender que en Madrid se defienda a los equipos de Madrid, pero no que se mienta y se manipule. Me estoy acordando del día en el que Diarrá partió la cara a Crespo y no se llevó ni la amarilla. Recuerdo, en concreto, una foto en la que se ve perfectamente la jugada, y al fondo podíamos divisar a Adriano con algodón taponándole la nariz porque, un momento antes, creo que fue Guti quien le agredió sin tampoco recibir sanción. Recuerdo también que el Sevilla ganó aquel partido por 2-0. Y, por último, recuerdo que la portada del día siguiente de un diario madrileño fue algo así como “robo al Madrid” porque, cuando ya íbamos ganando por ese 2-0, Sergio Ramos fue expulsado por ver una segunda amarilla que podía ser dudosa.

Estas humillaciones extradeportivas están a la orden del día. Son continuas. A Luna le sancionan con dos partidos por decir “pita alguna, hombre” y a Diego Costa le quitan la amarilla. Al Sevilla le ponen una multa por aquello de “Ujfalusi, muérete”, pero se mira para otro lado cuando lo de “Puerta se marea”. Podía seguir todo el día contando casos y me dejaría muchos en el tintero. Humillación tras humillación, siempre extradeportivas, una afición se llega a sentir eso, humillada. Y sin posibilidad de revancha, porque no hablamos de deporte. Esto ha sido así toda la vida. Toda la vida. En 2007, cuando por una vez hicimos las cosas tan bien en lo deportivo que llegamos a optar a ganar la liga, nos impidieron hacerlo con métodos extradeportivos. Insisto, y sin posibilidad de revancha, ese concepto inherente al de deporte.

Todo equipo derrotado, y mucho más humillado, necesita tener la posibilidad de resarcirse. Al menos la posibilidad. Y si la tiene y no lo consigue porque el rival sigue siendo mejor, pues se entiende. Pero a nosotros no nos dan esa posibilidad. No nos dejan, nos mangonean continuamente. Nos humillan una vez, dos veces, tres veces..., infinitas veces. Y sentimos que es injusto, pero los encargados de impartir justicia, también nos humillan.

Resultado: como no nos dan a nosotros la oportunidad de resarcirnos, de tomarnos revancha, nos alegramos cuando son otros los que les ganan. Y no nos alegramos por esas derrotas en sí, sino porque, por fin, alguien les pone en su sitio. Alguien hace justicia. Alguien se toma la revancha, que a nosotros se nos niega continuamente utilizando métodos antideportivos. Y este, y no otro, es el motivo por el que yo no puedo dejar de alegrarme por esas derrotas. Aunque reconozca que es algo patético.

Artículo publicado en Number 1 Sport

martes, 23 de abril de 2013

Los Comuneros

Según la RAE, en su acepción psicológica, un complejo es un conjunto de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias del sujeto, que perturban su comportamiento. 

Yendo un poco más allá, un complejo de inferioridad es el que tiene un sujeto con su comportamiento perturbado por esas emociones y tendencias reprimidas y asociadas a experiencias propias, y cuya consecuencia es sentirse menos que otros. 

Emociones y tendencias reprimidas y asociadas a experiencias propias. Si extrapolamos esta definición (que se refiere a un sujeto) a un pueblo, región, nación, etc., podríamos interpretar que la historia del mismo definirá su complejo, caso de tenerlo. O mejor, los pasajes de la historia que se destacan. Por ejemplo, los españoles tenemos demasiado reciente en nuestra extensa Historia el terrible acontecimiento de la Guerra Civil, la dictadura posterior y el aislamiento internacional que trajo consigo. Mientras Europa avanzaba en la democracia y el bienestar, nosotros nos quedábamos atrás y éramos despreciados. Resultado: complejito al canto. Y todavía nos dura. A pesar de ello, nuestra Historia está llena de ejemplos gloriosos, dignos de elevar la conciencia propia de cualquiera. Y uno de ellos es utilizado para conmemorar nuestro día nacional: el Descubrimiento de América. 

Tenemos un complejo, pero digamos que hacemos algo para tratar de reducirlo. 

Hay pueblos que ni eso. Por ejemplo, los catalanes celebran su día nacional, la Diada, recordando una derrota. A la muerte sin descendencia de Carlos II (el último rey Austria) en 1700, se produjo en España la llamada Guerra de Sucesión, que enfrentó a los partidarios de la Casa de Borbón (que reinaba en Francia) y la casa de Austria (que, aparte de España hasta entonces, gobernaban el Sacro Imperio Romano Germánico). Ambas alegaron derechos sucesorios, entraron en guerra y en España hubo quien apoyó a unos y quien apoyó a otros. Con sus matices, los catalanes apoyaron a los Austrias (defendían el continuismo, pues), y su derrota definitiva fue el 11 de septiembre de 1716, con la toma de Barcelona por las tropas borbónicas. 

Pues bien, el 11 de septiembre es la Diada, el día nacional de Cataluña. Recordemos, los complejos son ideas, emociones y tendencias asociadas a experiencias del sujeto. Yo lo veo bastante claro. El 11 de septiembre de 1716 es muy proclive a romanticismo nacional-catalanista, pero una derrota es una derrota. ¿No tiene el nacionalismo catalán otros momentos históricos más alegres e igualmente celebrables? ¿No es esto propio del típico victimismo que los catalanes llevan tan a gala?

Como contrapunto, los arrogantes asturianos celebran su día el 8 de septiembre, en honor a su patrona, la Virgen de Covadonga. Y eso es así porque la tradición dice que fue esta virgen la que dio aliento a Don Pelayo para guiar a sus hombres a la primera victoria contra los moros que invadieron la península. La tradición asturiana ha convertido una escaramuza a base de pedradas en un desfiladero inhóspito en una gloriosa victoria contra los invasores. Y lo celebran como su fiesta regional. 

Los asturianos, arrogantes. Los catalanes, victimistas. Cada uno escoge de entre sus vivencias las que consideran más importantes, y ello redunda en su forma de ser. En sus complejos (de superioridad, de inferioridad, de víctima..., de lo que sea).

Pero no es el catalán el único caso. De hecho, hoy, 23 de Abril, es el día de Castilla y León. Y lo es porque un 23 de abril tuvo lugar una batalla entre castellanos rebeldes y el rey de la época. Hablo de la batalla de Villalar, que puso fin a la revuelta de los llamados Comuneros contra el recién nombrado rey Carlos, el grandísimo Carlos I de España y V de Alemania. Curiosamente, el primer rey Austria (en el caso catalán, hablábamos del último). Bueno, esto no es del todo cierto. El primero fue su padre, Felipe el Hermoso, el marido de la incapacitada Juana la Loca. Lo que pasa es que Felipe sólo fue rey de Castilla (no de Aragón, ya que Fernando el Católico aún vivía), y únicamente durante dos meses (entre julio y septiembre de 1506). Fue Felipe I, es cierto, pero en verdad, no reinó. No le dio tiempo. 

La revuelta de los Comuneros vino precedida de una etapa de inestabilidad en el poder de Castilla muy grande. A la muerte de Isabel la Católica en 1506, se dio un problema importante, ya que no había un heredero claro. En principio, debía serlo su hija Juana, casada con Felipe el Hermoso, el hijo de Maximiliano, el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Pero Juana fue declarada incapaz. Hay cierta controversia en este asunto. No se sabe bien si fue antes el huevo o la gallina. No se sabe si Juana estaba loca, o si la locura le vino por no ser capaz de sobrellevar a un personaje tan siniestro como su marido, que le era infiel continuamente y que maquinó todo lo imaginable para arrebatarle el poder que le correspondía en Castilla. 

Como decía antes, ante la incapacidad de su mujer, Felipe fue declarado rey. Pero murió dos meses después, y las Cortes de Castilla decidieron aceptar como heredero a su hijo Carlos, nieto de Isabel la Católica. Pero Carlos tenía sólo seis años. Entre tanto, a pesar de que la reina nominal era Juana, al ser considerada incapaz, ejerció la regencia el Cardenal Cisneros (Arzobispo de Toledo) y luego Fernando el Católico, hasta su muerte en 1516. A continuación, Cisneros volvió a la regencia, aunque sólo hasta la llegada de Carlos, que se produjo en 1517. 

Carlos era un muchacho de 17 años que había nacido en Gante (actual Bélgica) y que siempre vivió en Flandes. Ni siquiera hablaba castellano, y de repente se presenta en Castilla para reinar. Evidentemente, se rodeó de gente de su confianza, quitando de los cargos más importantes a los nobles castellanos. Estos últimos, al verse desplazados, acabaron por rebelarse. Se les conoció como los Comuneros. Era un juego de poder, aunque la "excusa oficial" les llegó cuando Carlos fue nombrado heredero del Sacro Imperio Romano Germánico, y la nobleza sacó a paseo el sentimiento nacionalista castellano de la época, alertando sobre la posibilidad de que Carlos convirtiera el "glorioso Reino de Castilla" en una "provincia" más del imperio alemán (siempre los alemanes tratando de dominar Europa, qué curioso). Llegaron a entrevistarse con la reina Juana, que ya estaba recluida en Tordesillas (donde permaneció hasta su muerte en 1555), pues su intención es que fuese ella quien reinase: una castellana, una persona que amaba la patria, no un jovenzuelo llegado del extranjero, por mucho que fuera hijo de esta. De todos modos, Juana nunca llegó a apoyar el movimiento, aunque tampoco se opuso a él con firmeza. 

La revuelta se produjo, los enfrentamientos se sucedieron, las batallas tuvieron lugar y la contienda cayó del lado del bando real el 23 de abril de 1521, cuando los Comuneros fueron derrotados en Villalar. 

Hoy, esa población es conocida como Villalar de los Comuneros. Os encontraréis con ella si cogéis la A-6, la autovía que une Madrid con La Coruña, justo después de pasar Tordesillas, en la provincia de Valladolid. 

Y esta es la fecha que Castilla y León ha decidido escoger para conmemorar su día regional. Si no tendrán Castilla y León momentos gloriosos en su Historia para elegir, van y se decantan por una derrota. Como si los Comuneros fueran los adalides del sentimiento castellano en contra de los invasores extranjeros, cuando no fue más que la revuelta de unos nobles enfadados porque les quitaron el bote del que chupaban, y utilizaron a la ignorante población para recuperarlo. Que la población fuera ignorante en los albores del siglo XVI y apoyaran el movimiento se entiende. Pero que en el siglo XX haya quienes defiendan ese acontecimiento como el más relevante de la Historia del Reino de Castilla y León, hasta el punto de erigirlo como su fiesta regional, creo que clama al cielo. 

Por cierto, para los que no lo sepan, lo de Castilla y León es algo forzado. Los leoneses no reconocen esa fecha como su fiesta. De hecho, hay allí un semtimiento generalizado de que ellos no son castellano - leoneses, sino solo leoneses. Ellos quieren que la cosa sea como antes, cuando estaba la región de León por un lado, y las de las Castillas por otro (la Nueva y la Vieja). 

En verdad, vayan donde vayan a lo largo de la península, encontrarán rencillas semejantes. Es nuestra querida España, este país medio real, medio inventado, acomplejado, incapaz de comprender la absoluta grandeza de su Historia y empeñado en fomentar enfrentamientos por cosas nimias, en lugar de defender la unión alrededor de lo otro: de esa Historia común tan grande, tan espectacular, tan inigualable. 



P.D. Como curiosidad, decir que Carlos I acabó por amar España de tal modo que, en su momento, decidió abdicar y retirarse aquí, en el Monasterio de Yuste, donde murió en 1558. Y respetó muchísimo a su madre. A pesar de la enorme responsabilidad que pesba sobre él (España, la conquista de América - que se llevó a cabo con él -  el Imperio Germano, la Reforma Protestante que se produjo en la época en Europa), la visitó con cierta regularidad en su retiro de Tordesillas. Y los documentos oficiales del Reino de Castilla no los firmaba sólo con su nombre, sino que añadía el de su madre. Firmaba como "el Rey y la Reina". Siempre consideró a Juana la Loca, su madre, como la verdadera Reina de Castilla. Aunque gobernara él. Será por lo que me gusta esta parte de la Historia, pero a mi me parece  verdaderamente conmovedor. 


lunes, 22 de abril de 2013

Lo que te quitan por un lado, ¿te lo dan por otro?


Tras el partido de la jornada anterior contra el Betis, reconociendo de antemano el modo tan flagrante en que el árbitro nos perjudicó, defendí que, a pesar de eso, el Sevilla debería estar capacitado para aguantar un resultado de victoria aun jugando con uno menos. Sobre todo ante un rival inferior.

Decía que no es lo mismo que te piten un penalty en el último minuto, cuando ya no hay tiempo de reacción, a que te dejen con diez a falta de media hora, ya que, en este último caso, un equipo fuerte con un buen entrenador debe tener los recursos necesarios para mantener el tipo de una manera mejor a como lo hizo el Sevilla en aquel partido. Creo que hay que levantar la voz contra los mangazos (cosa que no se viene haciendo, por cierto), pero también, a la vez, analizar los errores propios. Más que nada por nuestro bien.

No obstante, lo de ayer contra el Atlético es diferente. Ayer, el Sevilla no fue inferior al que es actualmente el tercer mejor equipo de España y que pugna por ser segundo. Al vigente campeón de la Europa League y de la Supercopa de Europa. A uno de los equipos que jugarán la próxima final de la Copa del Rey. Tampoco superior, pero sin duda, inferior no fue. Y perdió un punto por culpa, otra vez, de un clamoroso error arbitral. Eso aparte de ese doble rasero a la hora de impartir ¿justicia? al que los colegiados nos tienen acostumbrados desde hace ya demasiado tiempo. Creo que es necesario recordar que el Atlético de Madrid disparó una sola vez a puerta, y fue gol. Y creo también que eso fue mérito de un Sevilla que jugó un buen partido, que era muy difícil, contra once jugadores más uno.

Lo del Sevilla este año es difícil de comprender. A pesar de lo mal que, en mi opinión, se han hecho muchas cosas (empezando por la planificación deportiva y terminando por la extraña gestión de las altas y bajas en el mercado invernal), a pesar de la terrible rémora que supuso la etapa de Michel en la primera vuelta del campeonato, a pesar de no tener banquillo, de la débil actitud de muchos jugadores en muchos partidos, de los errores infantiles en defensa y en el remate, de tirar puntos a la basura contra rivales perfectamente ganables..., a pesar de todo eso y de mucho más, si hubiéramos tenido un trato medianamente normal por parte de los árbitros (lo que se suele decir de que lo que te quitan por un lado, te lo dan por otro), el equipo estaría a estas alturas en puestos europeos sin demasiadas complicaciones. Lo que pasa es que a nosotros nos han quitado mucho, pero no recuerdo bien cuando nos han dado algo. Cuándo hemos tenido la suerte de recibir un arbitraje favorable. Cuándo alguno de nuestros rivales se ha subido por las paredes, como lo hacemos nosotros tan a menudo, tras perder puntos por errores arbitrales en partidos contra el Sevilla. Puede que haya alguno, pero yo no lo recuerdo.

Por supuesto, no creo que sea de recibo justificar el fracaso de esta temporada con las actuaciones arbitrales. Pero tampoco olvidarlas, tachándolas de excusas de equipo pequeño y definiendo a los sevillistas indignados como todos sabemos que muchos les definen. Cuando un equipo de fútbol fracasa, se debe a muchos factores. Y, entre ellos, está el arbitral. Al menos, en la lista de motivos del fracaso del Sevilla este año se debe incluir el tema arbitral. No quedarse ahí, pero tampoco apartarlo.

Eso sí, a pesar de que estoy escribiendo la palabra fracaso varias veces, soy de los que piensan que la temporada no ha acabado. Para mí será un fracaso termine como termine, (la trayectoria que llevamos no puede ser calificada de otra forma, en mi opinión), pero no podemos bajar los brazos. Bajo ningún concepto. El Sevilla, por el mero hecho de serlo, por ser un equipo histórico al que consideramos grande, no puede conformarse de ninguna de las maneras. Todos, absolutamente todos los estamentos del club han de esforzarse al máximo en lo que queda para acabar lo más arriba posible. Me da igual que sea 10º, 9º, 8º y con plaza europea por sanción al Málaga, 8º sin plaza europea, 7º..., lo que sea. Los técnicos y, sobre todo, los jugadores ganan mucho dinero como para que les podamos tolerar que se pongan ya las chanclas.

Por su lado, la dirección deportiva debe hacer lo que sea para no volver a repetir nunca más los errores de los últimos tiempos. Doy por hecho que no se van porque así lo dijo el presidente. Pero es que debe haber más. Esto de los árbitros es algo que clama al cielo. Supera la normalidad, no se trata de los típicos fallos arbitrales que ocurren siempre y que se dan y quitan hacia un lado y hacia el contrario. Esto es ya un cachondeo. E igual que les exijo a los técnicos y jugadores, creo que hay que exigirles también a quienes procedan para que peguen de una vez un puñetazo sobre la mesa. Al menos para que, en lo que queda de temporada, no perdamos más puntos después de merecerlos. Que al final, un solo punto puede ser la frontera entre el fracaso absoluto y el lavadito de cara.  

Artículo publicado en Number 1 Sport

lunes, 15 de abril de 2013

Hervé Falciani

Ayer salió en las noticias

Hervé Falciani es un ciudadano italo - francés que trabajaba como informático para el banco británico HSBC en su sede en Ginebra (Suiza). Gracias a su labor en dicho banco, fue capaz de obtener información escabrosa y confidencial sobre 130.000 clientes en el país helvético, gracias a la cual se les metió mano a un gran número de evasores fiscales y se destaparon casos de corrupción y blanqueo de capitales en diversos países como Francia, Alemania, Gran Bretaña y la propia España. El juez del caso Gurtel tiene importantes intereses en la información que este tipo facilitó. Incluso, es posible que el caso Bárcenas tomara consistencia gracias a la misma. 

Falciani fue descubierto por las autoridades suizas, las cuales le acusaron de diversos delitos tipificados en el código penal de aquel país, como por ejemplo el de revelación de secretos bancarios, y emitiron una orden de detención a nivel internacional que fue ejecutada el 1 de julio de 2012 en España, concretamente en Barcelona, en un control aduanero. Pero antes, a partir de 2008, había estado ofreciendo esa información en diferentes países, se supone que a cambio de dinero, aunque eso no se ha podido demostrar. Y gracias a ella se pudieron abrir un gran número de expedientes administrativos contra las personas de las cuales se revelaba información. Este señor estuvo preso en España hasta el 17 de diciembre, fecha en la que quedó en libertad, aunque se le retiró el pasaporte y se le obligó a presentarse periódicamente en la comisaría más próxima hasta que se decidiese el tema de su extradición. Cosa que ha hecho sin mayores problemas. 

Pues bien, el tema de su extradición se decide hoy. Hoy, la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional debe decidir si se extradita o no a Falciani a Suiza. En su contra obra, evidentemente, la petición de dicho país, que no es precisamente una república bananera donde puedan peligrar los derechos humanos. Pero a su favor cuenta con la importantísima colaboración que prestó a diferentes países para el descubrimiento y esclarecimiento de muchos casos de fraude fiscal. La información que Falciani aportó fue fundamental para ello, permitió procesar a muchos delincuentes (de corbata y maletín, pero delincuentes a fin de cuentas) y también obtener buenas cantidades de dinero evadido a las arcas públicas de dichos países. En Suiza se asegura que eso lo hizo a cambio de su propio beneficio, no porque fuera así de buena gente, pero eso no se ha podido probar. Y ya sabemos que en la Justicia, lo que no se puede probar no vale para nada. 

Y aquí se nos presenta un problema moral importante. ¿Qué debe hacer la Audiencia Nacional? ¿Respetar las leyes internacionales y las de un país democrático como Suiza, o "premiar" la importantísima labor de Falciani, desvelando una informaciòn que permitió detener a delincuentes? ¿Es justo que metan en la cárcel a quien prueba que una persona ha robado? ¿Aunque sea delinquinedo también?

Este dilema va mucho más allá de un caso concreto como el de esta persona. Este dilema entra de lleno en algo sobre lo que Europa, la moderna, liberal y democrática Europa, lleva pasando de puntillas y mirando para otro lado desde hace demasiado tiempo. Me refiero a Suiza, a lo que pasa en Suiza, al motivo por el que Suiza es un país rico cuando no tiene nada y por el que nunca se ha visto inmerso en ninguna guerra. Por el que siempre fue neutral y nunca nadie, ni siquiera el lunático de Hitler, levantó un dedo para intentar anexionárselo. Y también por el que no es miembro de la Unión Europea, algo que no se plantean ni por asomo. 

Hace no mucho se publicó una noticia curiosa que contaba que se había hecho una consulta popular en Suiza, en la que preguntaban algo así como si los ciudadanos querían más vacaciones (en concreto, pasar de cuatro semanas al año a seis) y estos votaron que no. En España nos estuvimos riendo de nosotros mismos al respecto durante un tiempo. ¿Qué resultado obtenría dicha votación en nuestro país? Sólo el pensarlo nos da la risa, ¿verdad? Pero esto es un reconocimiento implícito (hecho por nosotros mismos sobre nosotros mismos) de que somos un país de vagos y de que estos suizos sí que son unos tíos trabajadores y responsables. 

Me van a permitir una expresión un poco soez a continuación:

¡Y un mojón!

Suiza, el país, no tiene legitimidad ninguna para dar lecciones de ética o de moral a prácticamente nadie en el mundo. El dilema que se crea con el caso Falciani es debido a que Suiza ampara y defiende a todo tipo de personajes (a menudo siniestros), que son delincuentes, que son evasores fiscales, que son de lo peorcito de cada casa con tal de que lleven allí su dinero. Y les da igual la procedencia del mismo, ya sea por extorsión, por robo, por evasión fiscal, por tráfico de drogas, de armas..., les da igual, no importa con tal de que lleven allí su dinero. Y gracias a ese dinero (y a que en otros países más "vagos" no se protege a sus dueños), los suizos tienen uno de los niveles de vida más altos del mundo. 

Suiza defiende el anonimato de esas personas, protege que no se divulgue su identidad. En el caso de Falciani, uno de los delitos es precisamente divulgación de datos, de identidades. Suiza sabe que esos tipos son delincuentes, pero si no asegura su protección, el chiringuito se les derrumba. 

En Suiza tienen intereses todos los países europeos. En la II Guerra Mundial, Europa fue devastada, pero Suiza (situada en pleno corazón de la misma) se fue de rositas porque en Suiza estaba el dinero. De unos y de otros. Y Suiza era quien financiaba la guerra, claro, ¿quién la va a financiar si no quien tiene el dinero? Quien no tiene dinero no puede financiar nada. Y dicho esto ¿qué coño de lecciones nos van a dar estos tipos? Si con tal de mantener su estatus son capaces de prestar dinero a tiranos, de proteger la identidad de delincuentes, de recibir dinero sucio o directamente manchado de sangre. 

Esto puede ser muy hipócrita por mi parte. Las zapatillas que hoy calzo son "made in Vietnam", seguramente fabricadas por niños. Lo sé y miro para otro lado. Todos lo hacemos. Pero una cosa es eso y otra hacer de ello tu modo de vida, basar toda tu riqueza y todo tu bienestar en eso. Y encima querer dar lecciones a los demás. 

Lo siento, pero no. Me niego. Yo no seré un ser humano perfecto y tendré mucho que callar, pero a mí los suizos no me dan lecciones. Puede que otros, sí. Pero los suizos, precisamente los suizos, no, queridos. 

Hervé Falciani es un sinvergüenza que robó información confidencial y quiso traficar con ella en beneficio propio. Que una cosa es que se pueda demostrar en un juzgado y otra que el personal se chupe el dedo. Pero es que, con esa información, se pudo detener a otros sinvergüenszas que nos habían quitado un dinero que es nuestro. Quien defrauda a Hacienda está quedándose con un dinero que es de todos. Y para recuperar ese dinero que nos han robado a todos hay que contar con sinvergüenzas como Falciani. Sinvergüenzas que también son delincuentes porque han violado la ley. Otra cosa es que esa ley se atenga a la ética...

Por tanto, como decía antes, este dilema se debe a que Europa ha permitido lo de Suiza durante muchas décadas. Todo esto es debido a que hay leyes en Suiza que no son éticas. Y lo peor es que todos lo sabemos. Suiza no da datos de personas que se sabe que son delincuentes, y la única forma de dar con ellos es utilizando a otros delincuentes. 

Yo no sé qué se debe hacer con Falciani, pero si en Europa hubiera vergüenza (y no oscuros intereses), deberían empezar por acabar con los paraísos fiscales. Como el de Suiza, por ejemplo. 

sábado, 13 de abril de 2013

Cuando Pablo Alfaro era nuestro líder

Este es el último artículo que he publicado en Number 1 Sport


Minuto uno del partido de anoche: Paulao presenta sus credenciales en forma de entrada contundente a Negredo. Tanto, que al sevillista se le quedan marcados los tacos en el muslo. El árbitro pita falta, pero no enseña tarjeta. Y el mejor delantero de uno de los equipos ya sabe que la defensa rival no se va a andar con chiquitas.

Lo primero que pasó por mi cabeza cuando vi la jugada fue el recuerdo de Pablo Alfaro. En concreto, de la de veces que éste hizo una jugada semejante. Seguramente, Paulao sabía que el árbitro es joven, debutante en primera, y que un partido como un Betis – Sevilla le podía venir grande. Para colmo, jugaba en casa. Normalmente, un árbitro debutante no se atreve a mostrar una amarilla en la primera jugada a un jugador del equipo que juega en casa. Se arriesgó y acertó. Eso en fútbol se llama oficio. Y a base de escudriñarme la cabeza en busca de algo que explique por qué el Sevilla demuestra poder jugar bien, pero es incapaz de cerrar los partidos fuera de casa, creo haber llegado a la conclusión de que lo que le falta es justo eso: oficio.

Entre otras muchas cosas, decía Monchi el otro día en la entrevista que publicó Diario de Sevilla que una de sus obligaciones al conformar una plantilla es pensar en el futuro. Lo hacía como explicación al aparentemente inexplicable fichaje de Stevanovic, definiéndolo como una inversión de eso, de futuro. Decía que no es complicado crear un equipo como el Levante, lleno de jugadores baratos, pero veteranos y, por tanto, con muchísimo oficio. Pero que el Sevilla debe pensar en una plantilla de futuro. Esto está muy bien, pero cuando se analiza una plantilla como la nuestra, aparte de enormes carencias (sobre todo en defensa y delantera), uno se da cuenta de que es joven. Muy joven.

Ayer, en el primer tiempo, el Sevilla demostró que, en fútbol, meramente en fútbol, es muy superior al Betis. Pero en el segundo dejó claro que de oficio andamos cortos. Ayer, al Sevilla le robaron. El penalty no fue penalty y la expulsión de Medel (justa) tuvo que venir acompañada del mismo castigo para Cañas. A partir de ahí, el Sevilla fue inferior al Betis. Un robo es un robo, pero también una circunstancia que puede pasar. Que les pasa a todos los equipos del mundo. Pero los equipos con oficio saben superar esa adversidad, y los que no lo tienen, pues no. Nosotros no lo tenemos y acabamos empatando un partido que ganábamos 0-3.

El Sevilla, jugando con 10 y ganando por 2-3 fue incapaz de salir de su área. El Betis (no el Barça de Guardiola, sino el Betis) nos asedió. Y cuando un equipo asedia a otro durante casi media hora, lo raro es que no marque. Es más, lo raro es que sólo marcaran un gol, y tan al final. Se entiende que un equipo en inferioridad sea inferior (valga la redundancia), pero no que no sepa aguantar el tipo de una manera medio decente ante un rival de más bajo nivel. El Betis demostró tener (desde el minuto uno) mucho más oficio que el Sevilla. Esa es la losa que nos lleva aplastando desde el principio de la temporada.

El Sevilla tiene jugadores sin oficio. Un jugador de la calidad de Reyes no jugaría en el Sevilla si no tuviera la cabeza tan frágil que tiene. Un futbolista de la talla de Navas hace tiempo que estaría en un súper grande de no ser tan especial como es. Alguien de la clase de Negredo sería el nueve indiscutible de España si no se perdiese en tantos y tantos partidos. Si Fazio no tuviera su error nuestro de cada semana, sería un central de muchísima categoría. Y, por supuesto, un elemento como Medel estaría en otro lugar bien distinto si no se le fuera la olla del modo en que lo hace. Si a eso le unimos a jugadores jóvenes y/o inexpertos en la élite como Alberto, como Kondogbia, como Botía, como Hervás, como Stevanovic, como Babá, como el propio Coke, o Campaña..., ¿qué nos queda? Una plantilla en la que muchos no tienen experiencia; y los que sí que la tienen, son, cada uno a su manera, especialitos.

El Sevilla no tiene jugadores con oficio. Jugadores capaces de manejar partidos como el de anoche. Jugadores a los que no le tiemblen las piernas cuando la afición rival está en ebullición y el equipo al que animan se crece. Jugadores que sepan mantenerse serenos y que transmitan esa serenidad a los compañeros más jóvenes, más inexpertos o más especialitos. Jugadores como Pablo Alfaro, por poner un ejemplo, de quien tanto me acordé anoche. No hablo de figuras, de cracks mundiales, de futbolistas de enorme calidad y grandísimas habilidades. Hablo de futbolistas que saben hacer una falta en el momento y lugar indicados, o pegar una voz, o desquiciar al contrario sin necesidad de meter una hostia a un rival delante del árbitro.

Como defendía Monchi, creo que este Sevilla puede tener futuro. Este año está medio perdido, pero puede tener futuro. Y si el año próximo podemos contar con promesas como Rabello o Luis Alberto, pues mucho más. Pero si no cubrimos esa carencia de oficio, difícilmente lograremos alcanzar los objetivos.  

jueves, 11 de abril de 2013

La musa de acento francés.

Buenos días, me llamo Rafa,

Digo buenos días porque es por la mañana cuando empiezo a escribir esto. Siéntanse libres de adaptar la expresión al momento de la jornada en que se encuentren, o al huso horario correspondiente si lo leen desde otro país. 

Como digo, buenos días, me llamo Rafa. 

Nací en ese gran año que fue 1974, aunque muy al final del mismo. O eso me aseguran, ya que yo no me acuerdo. Digo que fue un gran año porque las evidencias así lo dicen. Hay muchos ejemplos de ello: por citar uno, después de lo ocurrido en 1974, a Franco sólo le quedaron fuerzas para aguantar once meses más. Que habrá quien diga que, en ese caso, el año grande sería 1975 porque fue en él cuando murió el dictador, a lo que yo respondo que sin el 74, el 75 nunca hubiera existido. Esto es irrefutable. Puede ser una chorrada, pero es irrefutable. 

Me llamo Rafa porque así lo quisieron quienes me engendraron. No es que me disguste, aunque yo hubiera escogido otra cosa. Pero como mi padre se llamaba Rafael, tuvieron a bien concederme el honor de ponerme el mismo nombre; es sí, lo individualizaron adoptando un diminutivo. La elección del mismo fue uno de los mayores favores que me hicieron en la vida. Gracias a Dios, escogieron Rafa. De haberse decantado... qué se yo... por Rafalito, creo mi vida hubiera sido diferente. Diferente a peor, quiero decir, por supuesto. 

De hecho, el padre de un buen amigo mío es conocido como Rafalito. Así fue cuando era niño, adolescente (o mocito, que se decía en la época), joven, pureta, cuarentón..., y así es hoy día, cuando ya está jubilado. Por supuesto, no tuvo lugar a ponerle el mismo nombre a su hijo. Si a él le llaman Rafalito, ¿cómo lo harían con un vástago? ¿Rafalillo? ¿Rafalitito? No. Eso no podía ser, así que se decidió por otra cosa y le puso Amador Joaquín, igual que los primogénitos de sus otros dos hermanos. Tres primos hermanos que se llaman Amador Joaquín...

Lo dicho, dadas las circunstancias, el que me pusieran Rafa es uno de los mayores favores que me hicieron mis padres en toda mi vida. 

Me llamo Rafa y soy Licenciado en Marketing y Diplomado en Empresariales. O al revés, como gusten, total, ¿qué más da? Para lo que me ha servido. Dicen que estudiar te de cultura, aunque la mucha o poca que tengo no la obtuve en las carreras, sino de un modo autodidacta. Me gusta la literatura (tanto leerla como escribirla), la música (en plan friki de grupitos de rock alternativo), el fútbol  (el deporte, no el negocio) y fumarme un cigarrito a media luz por la noche, cuando todos están acostados y el silencio es lo único que se oye. ¿Para qué me sirve, por tanto, lo que he estudiado? Cualquiera puede ser mejor que yo en cualquiera de las cosas a las que dedico mi tiempo (por afición u obligación) sin necesidad de haber estudiado. Son líneas escritas en mi currículum. Al menos, no cometo la estupidez de creerme más que nadie por haber podido terminar un par de carreras. 

Mi idioma de cuna es el castellano, el cual hablo con cierta fluidez. Además, me defiendo con dignidad en inglés. Hace no mucho podía decir lo mismo del francés, aunque a base de no utilizarlo, se me está olvidando. Y mira que me gusta el francés (el idioma), en especial cuando lo hablan las mujeres. Me quedo embelesado escuchándolo. Sobre todo cuando la mujer está de buen ver, aunque en estos casos me queda la duda del motivo de mi embelesamiento. En el fondo, da igual. Me quedo embelesado escuchando a una mujer hermosa hablando en francés. Incluso, pensar en eso me producen ganas de fumar un cigarrito. Aunque no sea de noche ni haya media luz. 

Me llamo Rafa y soy sevillista. No desde antes de nacer, como presumen muchos, ya que mi madre es bética. O la que dicen que es mi madre, porque si la conocen a ella y me conocen a mí, tendrán que hacer un auto de fe para creerlo. Ella es morenísima y yo..., yo, todo lo contrario. Físicamente no nos parecemos en nada, y en nuestra personalidad, menos aún. Es un caso tan llamativo que despierta mi desconfianza. Y ya que, como intuirán, me parezco una barbaridad a mi padre, a veces se me ha pasado por la cabeza la idea de si no seré yo el resultado del desliz de mi progenitor con cierte turista sueca, danesa o algo semejante (tan famosas en la época), la cual renunció a mi para volver a su país y obligó a mi padre a hacerse cargo. Luego mi madre aceptó la situación (obviamente, se conocieron posteriormente al desliz) y adoptó el papel de eso, de mi madre. Todo ello explicaría el hecho de que sea, con diferencia, el más rubio de entre mis hermanos, que sólo me parezca a mi padre, que aparente algo más de edad de la que tengo (no habría nacido en 1974, sino un par de años antes) y que mi madre haya tenido siempre un puntito de predilección hacia sus otros hijos y en contra de mi. 

O igual soy un paranoico incapaz de comprender los secretos de la genética, que tampoco lo descarto. Aunque, a pesar de esto último, mantengo una lejana esperanza de que en unos años, cuando mi verdadera madre noruega fallezca, en uno de esos cargos de conciencia que te entran de repente cuando ves el final tan cerca, se acuerde de su hijo español y me incluya en su testamento. Que una ayudita económica, aunque sea inesperada, no me vendría nada mal. 

Como decía antes, me llamo Rafa y soy sevillista, aunque no de cuna. A mi me hizo sevillista mi abuelo por parte de padre, con quien tuve una relación estrechísima hasta que murió en 1986. Ese sí que fue un año malo. Murió mi abuelo y España entró en la Unión Europea. Ya ven a donde nos ha llevado dicha Unión. Eso lo digo ahora, que hace unos años, cuando tenía dinero y me dedicaba a viajar, adoraba el hecho de poder pagar en tantos países con la misma moneda que utilizo en el mío. Que para estas cosas me siento identificado con Groucho Marx cuando dijo aquello de "estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros". 

Como digo, me hizo sevillista mi abuelo paterno, un hombre estupendo que lloraba cuando marcaba el equipo y veía los partidos en la tele y los escuchaba a la vez por la radio. Esto lo hace mucha gente, pero es que mi abuelo no quitaba el volumen de la televisión. Oía ambas retransmisiones y volvía locos a todos. Mi abuelo pasó impedido sus dos últimos años de vida, pero eso no era óbice para que pegara contundentes patadas cada vez que consideraba que el delantero tenía que chutar. Eso lo he heredado yo. No sé la de veces que he desplazado la mesa, las sillas, el sofá, o cabeceado al aire viendo un partido. Mi mujer se descojona observándome en esas circunstancias. Yo no soy de los que gritan ni de los que protestan. Cuando voy al campo, soy de los que se comen las uñas en un rincón, no de los que cantan y animan. Eso sí, las patadas se me escapan, no lo puedo evitar. Y en el tercer anillo, mi abuelo será conocido por ese tipo de cosas también. 

Me llamo Rafa y mi mayores defectos son la vanidad y la arrogancia, como podéis comprobar hoy. Una persona que escribe sobre si mismo tiene que ser, cuanto menos, vanidosa. Pero el reconocerlo es el primer paso para solucionarlo. Lo reconozco, soy vanidodo, arrogante, soberbio, hasta engreído. No voy por la vida de sobrado, de creído. Al revés, soy muy discreto, escucho a todo el mundo, hablo lo justo, nada más. Y procuro, no solo ser respetuoso, sino reconocer el valor de las demás personas. Valorar lo que han conseguido y con qué medios para darles el mérito que merecen. 

Pero si me pincháis un poco, veréis como sale a la luz esa tara existencial que arrastro desde siempre. 

Esto último lo digo para pedir perdón. Perdón por el acto de petulancia que es, sin duda, el dedicar tantas líneas a uno mismo. En mi descargo, debo deciros que no es culpa mía, sino de una musa que se ha sentado a mi lado y me lo ha susurrado todo al oído. 

Ha sido irresistible. Con esos ojazos, esas enormes pestañas, su sonrisa entre tímida y pícara, su dulce timbre de voz..., el mismo perfume que me embriagaba, casi me hipnotizaba. 

Además, para colmo, hablaba con un marcado y adorable acento francés. 

Irresistible.

Espero que se quede mucho tiempo. 

Gracias. 

martes, 9 de abril de 2013

Cuando sólo un poco es un abismo (Number 1 Sport)

Extracto de mi último artículo en Number 1 Sport:


Si nos fijamos, muy pocos equipos han demostrado ser claramente superiores al Sevilla. Muy pocos partidos hemos dejado de ganar sin haber tenido opciones reales para haberlo hecho. Siempre nos quedamos cerca, siempre nos falta muy poco. Siempre es igual. Pero lo cierto es que no los ganamos. Ayer estuvimos a punto de sufrir otra vez lo mismo: dominar al rival, controlar el partido en la mayor parte de sus fases, no pasar excesivos apuros, pero si no es por un gol postrero, se nos hubieran escapado dos puntos.
Y lo cierto es que no se tienen razones para suponer que las cosas van a cambiar. Nos falta, como digo, ese poco, pero es algo que se convierte en mucho, en un abismo. En una desesperación continua por ver que el equipo puede, pero no lo hace. Por generar una ocasión tras otra y fallarlas. Y por tener siempre el corazón en un puño, esperando ese fallo atrás que siempre se produce y que nos cuesta el gol en contra.
Puedes leer el artículo completo aquí

miércoles, 3 de abril de 2013

La solución la tienen los del taco (Number 1 Sport)

Extracto de mi último artículo en Number 1 Sport:

"Yo no tengo ninguna duda de cual es el motivo por el que el Sevilla es uno de los mejores equipos de la liga como local, pero no es capaz de sacar apenas puntos de visitante. Lo tengo clarísimo. El motivo es el mismo que el que llevó a Segunda División a grandes equipos como el Valencia en los ochenta, el Atlético de Madrid o el propio Sevilla en los noventa, o el Villarreal el año pasado. Exactamente el mismo."

Podéis leerlo al completo aquí.

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