viernes, 26 de abril de 2013

Y los alemanes hicieron la justicia que a nosotros se nos niega


Después de las humillantes derrotas sufridas por Real Madrid y Barcelona esta semana en Alemania, una gran parte del sevillismo (y supongo que de otras aficiones también) se ha estado riendo de ellos y mostrado una satisfacción que en principio podría parecer absurda, ya que su equipo no estaba involucrado en esa guerra.

Vaya por delante que a mi me parece hasta patético alegrarse de las desgracias ajenas. Nosotros, los sevillistas, nos metemos con los béticos porque ellos lo hacen a menudo cuando dichas desgracias sobrevienen a nuestro equipo. Consideramos que eso es un reconocimiento implícito de nuestra grandeza. De que ellos son más pequeños. Sin embargo, y dicho esto, yo no he podido evitar alegrarme también de la caída de los grandes españoles en tierras germanas.

No puedo hablar por los demás, pero sí por lo que siento yo. Y lo que siento yo no tiene nada que ver con grandezas o pequeñeces, sino con justicia. Yo no me alegro de que equipos que no tienen nada que ver con el mío pierdan en una competición en la que no está presente el Sevilla. Yo me alegro de que esos equipos reciban lo que merecen, ya que la oportunidad de hacerlo se nos niega a nosotros por medios que no tienen nada que ver con el deporte. Voy a intentar explicarme.

En el deporte, los conceptos de victoria, derrota, incluso de humillación son inherentes al mismo. En una competición, uno gana y otro pierde. Y el que gana puede llegar a aplastar o humillar a su contrario. Esto es así y no creo que nadie se escandalice. Si juegas a algo, tu rival es mejor y te gana, pues bien por él. Y si mañana te vuelves a enfrentar a él y has aprendido de tu errores, pues tienes la oportunidad de tomarte la revancha (otro concepto inherente al deporte). Si luchas, trabajas duro, explotas tus virtudes y eres capaz de anular las de tu rival, le puedes ganas, aunque ese rival sea, en teoría, mejor que tú. Y eso te genera una enorme alegría. Hablo de deporte. Puro y duro.

Sin embargo, eso no se produce de ese modo en el fútbol español. En el fútbol español, lo normal es que los grandes te ganen. Incluso que te aplasten. Pero cuando tú has luchado, has trabajado duro, has explotado tus virtudes y has sido capaz de anular las de tu rival hasta el punto de ponerle contra las cuerdas y aspirar a ganarle, comienza lo otro. Las otras artes. Las cosas raras. Un árbitro que te pita en contra (siempre en tu contra, nunca a tu favor), un comité que utiliza una vara de medir distinta, una prensa militante que miente descaradamente para hundirte y ensalzar al otro, una empresa televisiva que te impone continuamente unos horarios demenciales...

Cualquier aficionado en sus cabales entiende que un árbitro se puede equivocar, pero no que lo haga siempre en un sentido, o que un comité sancione o perdone a un jugador en función del equipo en el que juegue. Ese mismo aficionado acepta que, dados los contratos televisivos que existen y el dinero que dejan, haya ocasiones en las que te toque un partido en lunes, pero no que siempre sea así para unos, y nunca para otros. Podemos comprender que en Madrid se defienda a los equipos de Madrid, pero no que se mienta y se manipule. Me estoy acordando del día en el que Diarrá partió la cara a Crespo y no se llevó ni la amarilla. Recuerdo, en concreto, una foto en la que se ve perfectamente la jugada, y al fondo podíamos divisar a Adriano con algodón taponándole la nariz porque, un momento antes, creo que fue Guti quien le agredió sin tampoco recibir sanción. Recuerdo también que el Sevilla ganó aquel partido por 2-0. Y, por último, recuerdo que la portada del día siguiente de un diario madrileño fue algo así como “robo al Madrid” porque, cuando ya íbamos ganando por ese 2-0, Sergio Ramos fue expulsado por ver una segunda amarilla que podía ser dudosa.

Estas humillaciones extradeportivas están a la orden del día. Son continuas. A Luna le sancionan con dos partidos por decir “pita alguna, hombre” y a Diego Costa le quitan la amarilla. Al Sevilla le ponen una multa por aquello de “Ujfalusi, muérete”, pero se mira para otro lado cuando lo de “Puerta se marea”. Podía seguir todo el día contando casos y me dejaría muchos en el tintero. Humillación tras humillación, siempre extradeportivas, una afición se llega a sentir eso, humillada. Y sin posibilidad de revancha, porque no hablamos de deporte. Esto ha sido así toda la vida. Toda la vida. En 2007, cuando por una vez hicimos las cosas tan bien en lo deportivo que llegamos a optar a ganar la liga, nos impidieron hacerlo con métodos extradeportivos. Insisto, y sin posibilidad de revancha, ese concepto inherente al de deporte.

Todo equipo derrotado, y mucho más humillado, necesita tener la posibilidad de resarcirse. Al menos la posibilidad. Y si la tiene y no lo consigue porque el rival sigue siendo mejor, pues se entiende. Pero a nosotros no nos dan esa posibilidad. No nos dejan, nos mangonean continuamente. Nos humillan una vez, dos veces, tres veces..., infinitas veces. Y sentimos que es injusto, pero los encargados de impartir justicia, también nos humillan.

Resultado: como no nos dan a nosotros la oportunidad de resarcirnos, de tomarnos revancha, nos alegramos cuando son otros los que les ganan. Y no nos alegramos por esas derrotas en sí, sino porque, por fin, alguien les pone en su sitio. Alguien hace justicia. Alguien se toma la revancha, que a nosotros se nos niega continuamente utilizando métodos antideportivos. Y este, y no otro, es el motivo por el que yo no puedo dejar de alegrarme por esas derrotas. Aunque reconozca que es algo patético.

Artículo publicado en Number 1 Sport

2 comentarios:

Alberto H. dijo...

Yo he sido de los que se ha alegrado de la goleada a Madrid y Barcelona. Sólo he visto el Bayern 4 - Barcelona 0, y me alegró además de que el Barcelona recibiera un par de goles que nunca debieron haber subido al marcador.

Una derrota así nunca la habrían tenido en España, y me gusta que sepan qué se siente perdiendo así.

Un saludo.

@Ravesen_ dijo...

Más o menos lo que vengo a decir. Es de justicia.

Gracias, un saludo

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